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lunes, 5 de diciembre de 2016

Zenaida Manfugás, piano virtuoso en pie de guerra (II)


Sin dudas, el amor de la joven Zenaida Manfugás por la música se evidencia en la tozudez y el estoicismo con que enfrenta cada humillación, cada rechazo, cada desplante. Parece ser que no le quedaron muchas puertas por tocar para conseguir lo que era su meta inamovible.

En 1952 el periódico Alerta se suma a las muestras de apoyo a la joven pianista y publica a toda página un reportaje sobre su crítica situación y la carencia de recursos para continuar los estudios que su talento merecía, denunciando la hipocresía y desdén con que estaba siendo tratada por las autoridades culturales y políticas del gobierno de turno: portazos en su cara en la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación; una asignación a cargo de la Primera Dama de sólo 90 pesos para mantenerse estudiando en La Habana con su madre y hermana, y que en muchas ocasiones llega con retraso; un piano de uso, manejado como señuelo mediático electoral; la renuencia de la Sociedad Amigos de la Música, que atendía el trabajo de la Filarmónica, a que la joven pianista negra se presentara en el escenario del Teatro Auditorium, cuando es rechazada la propuesta que en este sentido promoviera Fausto Martínez, director de la revista Germinal.

Se le promete ser el centro de un concierto auspiciado por el Ministerio de Educación en el circuito CMQ, para el que ensaya y se prepara a conciencia junto al Maestro Gonzalo Roig, y luego se suspende sin explicación alguna, para frustración de la pianista, quien, a pesar de todo, no se amilana. En el artículo-denuncia firmado por Paquita Cao, se afirma que el gobierno español de Francisco Franco, a instancias del Padre Rubinos, le había concedido una beca de 1,500 pesetas españolas mensuales, que podría comenzar a disfrutar desde los primeros días de septiembre de 1952.

Con estas noticias, parece ser que la nueva Primera Dama de facto, Marta Fernández Miranda de Batista se decide a patrocinar finalmente la tan llevada y traída beca del gobierno cubano. No es posible valorar la implicación gubernamental en el caso Manfugás -como en otras acciones de idéntico corte- sin tomar en cuenta la necesidad del gobernante de turno -mulato por demás- de mejorar su imagen, ganar adeptos y congraciarse con negros y mestizos tras el cruento golpe que lo llevó al poder.

Y así es como en 1953, Zenaida viaja a Madrid, con ambos auspicios, para iniciar estudios en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y en vísperas de su partida -la prensa obviamente presente- recibe un homenaje de despedida en el salón Ensueño de los Jardines de La Tropical, al que asiste Ernesto de la Fe, entonces Ministro de Información. La Manfugás diría que para ese entonces ya se sabía y podía tocar más de treinta conciertos. Cinco meses después de haber llegado a España, debuta tocando Beethoven con la Orquesta Sinfónica de Madrid.

En la capital española, la Manfugás estudia con el prestigioso profesor Tomás Andrade de Silva, cuyo magisterio, en palabras de la guantanamera, fue crucial en su formación como pianista. Ofrece conciertos y recitales y en los programas siempre estarán presentes, junto a los clásicos, las obras de los cubanos Manuel Saumell, Ignacio Cervantes, Ernesto Lecuona, y como remarcara el columnista de la revista Bohemia, “ha añadido los nombres de Edgardo Martín, Luis Morlote Ruiz y Harold Gramatges, de quien en 1953 en España estrenaría Dos Danzas”.

Viajaría después a París, donde recibiría clases con el importante pianista y pedagogo Walter Gieseking. De regreso a Madrid,en marzo de 1955, el Teatro del Instituto de Segunda Enseñanza Ramiro de Maeztu acoge un recital de la pianista, y dos meses después, el 18 de mayo, se presenta en el Instituto de Cultura Hispánica junto a la soprano española Carmen González Falcón. En marzo de 1956 participa en el Festival Beethoven de la Orquesta Sinfónica de Madrid, interpretando el Concierto No. 1 para piano y orquesta del gran músico alemán, y bajo la batuta del finés Eric Fougstedt, entonces director de la Filarmónica de Helsinki. El diario ABC destacaba su desempeño, calificando su ejecución como “versión de fina calidad y técnica pulcra dentro del estilo más correcto”.

En 1957, Gaspar Pumarejo, uno de los nombres más prominentes de la industria televisiva cubana, y famoso por su extraordinario instinto para el marketing, a través de su canal-empresa Escuela de Televisión, organiza un homenaje a una treintena de músicos cubanos que en distintos países tienen exitosas carreras. En el mes de febrero los trae a La Habana con todos los gastos pagados y un amplio barraje publicitario del evento, que denominó Cincuenta años de música cubana. Un gran programa musical que transcurrió en el antiguo Stadium del Cerro (hoy Estadio Latinoamericano). Zenaida Manfugás es una de las distinguidas con esta elección junto al resto de los músicos invitados, verdaderamente notorios más allá de las fronteras de la Isla.

Aún era una becada del gobierno y la revista Bohemia se encargaría de exponer la penosa situación que atravesaba por ese tiempo en España: “Es una carrera heroica, porque Zenaida Manfugás se sostiene desde hace tiempo con ochenta y tantos pesos mensuales, que es a lo que ha quedado reducida la ayuda oficial de su patria. Vive en una habitación de un octavo piso en Madrid, sin calefacción. ¿Qué más puede hacerse con los ochenta y tantos pesos mensuales con que cuenta como becaria? A la invitación de Pumarejo dijo que sí, enseguida, y vino porque era la única manera de ver a su madre y su familia –gente pobre- tras cuatro largos años de separación. Pospuso por un mes la que sería su turné profesional de prueba: 40 conciertos por la Península, marcados por el empresario Ernesto Caballero, tras recitales en el Palacio de la Música de Barcelona y la Sociedad Filarmónica de Valencia, y presentación con la Sinfónica madrileña bajo la dirección del maestro Horstein.”

Sin embargo, la joven Manfugás no llega a cumplir este programa, pues tras el homenaje colectivo permanece en La Habana, por alguna razón imperiosa. En Madrid, además de una promisoria inmediatez en lo artístico, ha dejado a su pequeño hijo de apenas año y medio, Andrés Montes Manfugás, al cuidado de Lorenza, una nana española que, por razones lógicas y extrañas al mismo tiempo, se convertiría en su madre de crianza. Andrés había nacido el 27 de noviembre de 1955, fruto de la unión de Zenaida con el empresario gallego Antonio Montes Seoane, quien moriría tempranamente cuando el niño tenía apenas 11 años. Sus padres no podían imaginar que el hijo llegaría a ser uno de los más carismáticos y famosos periodistas y narradores deportivos de toda España.

En La Habana, la Manfugás recibe propuestas y acepta compromisos: el 27 de abril de 1957 ofrece un recital en la Casa Continental de Cultura y en agosto se presenta en el canal televisivo del circuito CMQ interpretando un concierto de Schumann con el respaldo de la Orquesta de la emisora. De esos años deben ser los recuerdos que atesora quien era entonces, un niño con pantalones cortos y un saxofón demasiado grande en las manos. Paquito D’Rivera no era aún el eminente músico que es hoy, pero integraba una banda escolar.

En su novela autobiográfica Oh, La Habana, narra su primer encuentro con la joven pianista: “Algunas veces acompañábamos solistas, y una ocasión muy especial fue cuando trajeron a Zenaida Manfugás, que entonces era una chica tímida y asustadiza acabadita de llegar de Baracoa. Recuerdo su carita siempre seria y como desconfiada, pero cuando la pequeña Zenaida, concentrando sobre el instrumento una mirada casi feroz atacó con furia indescriptible el teclado con sus manitos negras e insospechadamente fuertes, la experiencia fue algo inolvidable. El torrente que saltó fuera del piano como fiera a la que abrieran su jaula, nos envolvió a todos haciéndonos desaparecer detrás de aquella sonoridad firme y poderosa. La música pasó devastadora como un temporal, y cuando terminó de tocar, tanto el público como nosotros tras los atriles estábamos tan intimidados, que nos costó unos segundos salir del estupor y aplaudir como merecía tan descomunal interpretación. Todos al unísono nos pusimos de pie para ovacionarla, y fue sólo entonces que la cara de niñita africana de la talentosa jovencita sonrió, y tallando en sus ojitos de ónix una mirada pícara, saludó al público con una profunda reverencia.”

En marzo de 1957, su ciudad natal Baracoa, también le rinde tributo, entendiendo que regresaba triunfal de su estancia en España. Una multitud la recibe en el aeropuerto guantanamero Teniente Morlote y desde allí se traslada al Hotel Washington donde se había organizado una recepción oficial en su honor. El 6 de marzo, en un gran concierto en el Parque Martí al que asisten cerca de tres mil personas, es proclamada Hija Predilecta de Guantánamo, a propuesta del entonces Alcalde de la ciudad, Fermín Morales Ferrería y que es aceptada por la Cámara Municipal. Un segundo y exitoso concierto de la pianista en Baracoa, su ciudad natal tendría lugar en el cine Luque.

El Auditorium, inaugurado en La Habana en 1928, era la más importante sala de conciertos del país, construido por iniciativa y gestión de la Sociedad Pro-Arte Musical, de gran contribución a la difusión de la cultura musical habanera y cubana, pero de sentido esencialmente clasista y excluyente, tanto en su acceso a sus conciertos, como en el diseño de su programación. A pesar de todo y de sus éxitos en Europa, sus puertas fueron esquivas para la Manfugás, nunca se abrieron para que en ella pudiera mostrar con brillantez su arte, nunca fue invitada a sentarse delante de su gran piano de cola. Eso sólo ocurrió después de 1959 y en honor a la verdad, sería uno de los primeros actos reivindicativos en el ámbito cultural tras el triunfo revolucionario.

Según testimonio de la propia pianista, tras su triunfal regreso de España en 1957, se había propagado la idea de propiciar que -¡al fin!- fuera la figura central en el concierto del 21 de diciembre de 1958 en el Auditorium. “Eso fue en momentos muy difíciles, contaría Zenaida Manfugás años después. Pospusieron el concierto para el 9 de enero de 1959”, pero por razones históricas obvias, ese concierto no pudo realizarse, ante la conmoción resultante de la huída de Batista y la entrada de Fidel Castro y el Ejército Rebelde en La Habana el 8 de enero.

Antes de que dejara de ser una institución cultural privada, antes de que se le adjudicara el nombre de Teatro Amadeo Roldán, en 1960 la Manfugás toca por primera vez en el aún Teatro Auditorium. Otro acto reivindicativo de sus valores fue su nombramiento al frente de la Cátedra de Piano del Conservatorio Alejandro García Caturla de La Habana. Huberal Herrera recuerda que en 1961 la Manfugás es elegida junto a Iris Burguet, Leo Brouwer, Ivette Hernández, Luis González Rojas, Huberal Herrera, Luis Borbolla, Ñola Sahig, entre el grupo de intérpretes llamados a ofrecer los conciertos que pondrían la música clásica al alcance de los sectores populares, iniciativa promovida por José Ardévol, entonces director de música en el ámbito institucional de la cultura en Cuba. Sus manos sobre el piano estarán en los primeros conciertos del recién creado Teatro Nacional de Cuba, cuando el 29 de diciembre de 1961, en la sala Covarrubias interpreta el Concierto en Re Menor para piano y orquesta de Bach con el respaldo orquestal bajo la batuta de Félix Guerrero.

Al inicio de la década de 1960, el afamado director orquestal británico Rudolf Dunbar hizo saber a la embajada cubana en Londres su interés en presentarse en Cuba, y el 5 de febrero de 1962 por primera vez en América Latina y en Cuba un director negro se ponía al frente de una orquesta sinfónica. El hecho memorable ocurría en el antiguo Auditorium, desde marzo de 1961 ya convertido en Teatro Amadeo Roldán. En un programa que incluyó la Obertura de la ópera Oberon, de Carl María von Weber y la Sinfonía Fantástica del francés Hector Berlioz, brilló como solista Zenaida Manfugás, interpretando Noche en los Jardines de España, de Manuel de Falla.

Son años en que la pianista exhibe una febril actividad concertística, que combina con su labor docente, en la que nombres luego importantes en la pianística cubana, como Tania León, Elvira Santiago y otros, figurarían entre los discípulos. Amplía su repertorio y se presenta con frecuencia como solista con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. Es parte activa de la creciente vida cultural que caracteriza La Habana de los 60 y lo que sigue será sólo una muestra de ello: en 1963 ofrece recitales en Casa de las Américas e interpreta el Concierto en Re Menor de Brahms con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba. A finales de mayo es acompañada por una orquesta de cámara dirigida por Manuel Duchesne Cuzán en una presentación donde interpretó el Concierto en La Mayor K-488 para piano y orquesta de W.A. Mozart.

El 27 de febrero de 1964, Ignacio Villa, Bola de Nieve, la invita a participar en un recital que protagonizaría en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Y hablando de Bola: la Manfugás aparece junto a Alejo Carpentier y otros intelectuales cubanos en el documental Nosotros, la música (1964), de Rogelio París, visitando la casa del genial músico guanabacoense. Entre 1964 y 1965 viaja al exterior y se presenta en Bélgica, Rusia, Japón, China, Corea y Vietnam, donde es recibida por las máximas autoridades gubernamentales en estos países, desde Ho Chi Minh hasta Mao Tse Tung, a quien, se cuenta, le exigió entre risas y bromas un ramo de flores el doble de grande del que había obsequiado el mandatario a Odilio Urfé, quien había antecedido en el escenario a la Manfugás el día anterior.

En Bellas Artes ofrece en 1965 un concierto en honor de Ernesto Lecuona bajo el título Danzas Cubanas, Valses y Danzas Afrocubanas y en 1966 vuelve a ese coliseo y centra un importante recital, que, según la prensa, congregó -como solía ocurrir siempre que ella tocaba- a un público en el que figuraban varios compositores y casi todos los principales pianistas, entre ellos, y saludado especialmente por la artista, el Maestro Gonzalo Roig, su mentor y casi descubridor, a quien dedicó esa noche un capricho cubano de José Marín Varona. Obras de Beethoven, Domenico Scarlatti, Benedetto Marcello, Musorgski, Villa-Lobos, Chopin completaron el repertorio.

Un mes después, en octubre, protagoniza un memorable concierto en el Teatro Amadeo Roldán bajo la batuta del director ruso Daniil Tiulin asumiendo como solista el Concierto Op. 15 para piano y orquesta de Beethoven en una interpretación tan extraordinaria que motivó una importante crítica del Maestro Edgardo Martin, sagaz y certero en eso de no prodigarse en elogios: “Si el primer tiempo, Allegro con brío, tuvo en la pianista un excelente nivel de limpieza y de interpretación comedida, obtuvo menos de lo posible en cuanto a sutileza interpretativa en la parte solística. Pero Zenaida Manfugás tocó su parte del Largo con una exquisitez, con una entrega tan total a su música, con tan elevada altura de concepto, que hizo pensar que su idea del primer tiempo era algo deliberado, para el mejor contraste entre ambos movimientos. En el rondó final mantuvo también un gran nivel de eficacia artística, de concepto de la obra. Y los tres tiempos con gran limpieza de ejecución. El público, enardecido de entusiasmo, hizo salir a escena repetidamente a Zenaida Manfugás y a Daniil Tuilin, desbordando su expresión de admiración y cariño por la pianista.”

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, junio de 2016.

Fotos y datos en Desmemoriados.

Ver también: CD Zenaida Manfugás: Lecuona Always, Vol. 1 y Vol. 2 y Zenaida Manfugás en iTunes.
Leer: Zenaida Manfugas en el Directorio de Afrocubanas.

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