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lunes, 22 de abril de 2019

Los olvidados Hermanos Rigual


El Trío Hermanos Rigual fue fundado en 1941 en La Habana por los hermanos Carlos, Mario y Pedro Rigual Rodríguez. Ellos no eran habaneros: eran banenses, pues vinieron al mundo en Banes, hoy uno de los 14 municipios de la actual provincia de Holguín (y no erróneamente como en algunos sitios se dice, que eran naturales de Guantánamo). Los Rigual tuvieron la dicha de haber nacido y haberse educado en el seno de una de las más importantes familias de músicos de la antigua provincia de Oriente. Sus primeras lecciones musicales la recibieron de su madre, Juana Rodríguez, después del guitarrista y pedagogo Vicente González Rubiera (Guyún).

Además de Santiago de Cuba, cuna del bolero y del son, en otras ciudades, zonas rurales y pequeños poblados orientales, surgieron figuras de gran prestigio internacional, como fue el caso de los Hermanos Rigual y de sus primos Pedro Jústiz Rodríguez (Peruchín) y Absalón Pérez, relevantes pianistas y directores de orquesta quienes realizaron significativos aportes a la música cubana y también eran oriundos de Banes.

El mayor de los tres, Pedro, nació el 29 de junio de 1918. Le seguía Carlos, el 4 de noviembre de 1920 y Mario, el menor, el 19 de noviembre de 1922. Desde pequeño, a Pedro le decían Pituco y con ese apodo se quedó (en internet aparece con k, pero lo he puesto con c porque dudo que en los albores del siglo XX en Cuba la k, como la y, fueran tan usadas como ahora). Sus abuelos maternos, Emilio Rodríguez y Juana Pérez, fueron dos talentosos músicos de Gibara que se radicaron en Banes a finales del siglo XIX y allí fundaron orquestas, bandas y academias en las cuales se formaron varias generaciones de instrumentistas, como Absalón Pérez, que en 1934 viajó a México con la orquesta de la compañía lírica de Ernesto Lecuona, llegó a ser pianista de Toña La Negra y Pedro Vargas y se convirtió en director de una de las más populares orquestas de la capital mexicana. Fue precisamente Absalón, primo de los Rigual, uno de los que influyó para que los tres hermanos se establecieran en ese país en la década de 1950.

En 1925, Ángel Rigual consigue un empleo en el Ministerio de Hacienda y se traslada a La Habana con su esposa Juana y sus hijos Pituco, Carlos y Mario. Aunque ninguno de los tres había cumplido los diez años, en la capital recibieron la influencia de los tríos trovadorescos, de moda en ese momento, igual que las canciones mexicanas y los grupos vocales estadounidenses. En 1940 comenzaron a acoplar sus voces en audaces armonías y pronto, gracias a la radio, fueron escuchados en otros países. En octubre de 1941 el Trío Hermanos Rigual debuta en Regalías El Cuño, uno de los programas estelares de CMQ-Radio. Dos años después, centralizaban los espacios radiales Canciones Internacionales, en la emisora Mil Diez, y La Hora Alegre, de la emisora RHC Cadena Azul. En 1945 con la orquesta de Arcaño y sus Maravillas graban el danzón Cubanita.

El debut internacional de los Rigual se produjo en California, Estados Unidos, pero sin gran repercusión. Muy diferente a lo sucedido en México. Según la revista Bohemia del 9 de noviembre de 1947, un empresario azteca los oyó y los contrató para inaugurar el Teatro Río de la capital mexicana.

México se convertiría en su segunda patria y llegaron a ser el primer trío en recorrer el circuito completo del mundo del espectáculo, al triunfar en radio, discos, cabaret y cine, como en esta escena de una película mexicana, donde los Rigual interpretan Fidelidad, mientras una jovencísima Olga Guillot observa desde la barra. Los primeros discos grabados por los Rigual contenían boleros cubanos y su participación en filmes como Ahí vienen los Mendoza y La Venus de Fuego, en los que alternaron con artistas de la talla de Pedro Vargas y Avelina Landín, entre otros, cimentaron su prestigio en el continente americano.

Al retornar a Cuba tras su primera gira por México, la revista Bohemia del 16 de mayo de 1948, publicaba una amplia información sobre su nuevo contrato en la CBS norteamericana. De sus triunfos en México resaltaba su estilo único y una grabación del bolero Qué te parece, del maestro Julio Gutiérrez, que llegó a encabezar el hit parade mexicano. Incluía una foto de una de las actuaciones de los Hermanos Rigual con sus guitarras, trajes estrafalarios y ojos saltones junto a Agustín Lara y su orquesta del Teatro Follies.

Al igual que Rosita Fornés, Benny Moré, Pérez Prado y otros artistas cubanos, en poco tiempo, los Rigual cimentaron un alto prestigio. En Cuba, llegaron a desplazar a tríos de corte tradicional, como el de Servando Díaz, y ocuparon el primer lugar en las famosas encuestas de la Asociación de la Crónica Radial e Impresa, que en 1948 y 1950 los eligió como mejor conjunto vocal. Esos tres años fueron de intenso bregar artístico en Cuba y en el extranjero. Se presentaron a lo largo de la isla y también en Banes, donde vivía parte de su familia. Periódicos locales como El Pueblo se hicieron eco de esas actuaciones, de los estrenos de sus películas y otros éxitos de su carrera.

Antes de concluir la década de 1940, los Rigual se habían presentado en importantes escenarios de Estados Unidos, Panamá y Colombia, entre otras naciones donde sus discos competían por los primeros lugares con el trío mexicano Los Panchos, el gran rival que siempre tuvieron los Hermanos Rigual. Pero a diferencia de aquéllos, los banenses impusieron un estilo moderno que incluía guitarras y maracas, efectos sonoros originales, se acompañaba de grandes orquestas y se movían y bailaban según lo que cantaran. Por su complejidad vocal-instrumental tuvieron muchos seguidores, pero no tantos como Los Panchos, quienes se convirtieron en arquetipo de modelo acústico tradicional, mientras el cubano lo fue como trío moderno. De ahí que la publicidad en cada una de sus presentaciones a raíz de su apoteósico triunfo en México subrayaba que era “el mejor trío armónico de América”.

Otra de las peculiaridades de los Rigual fue su asimilación de los recursos del filin. En su libro El jazz en Cuba, el musicólogo Leonardo Acosta afirma que fue el único trío vinculado directamente al filin, los primeros que grabaron y contribuyeron a popularizar internacionalmente canciones como Hasta mañana vida mía, de Rosendo Ruiz, Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz y Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, entre otros creadores. Y sin dejar de incluir sones, guarachas y números afrocubanos en su repertorio.

En la década de 1950, el Trío Hermanos Rigual siguió manteniendo al bolero como centro, pero con el auge del cha cha chá, género creado por Enrique Jorrín, en sus frecuentes giras por América y Europa, hicieron variantes del bolero-cha. En esa línea se destacan Te adoraré más y más, de la autoría de Pituco, y la versión de Vereda tropical que el maestro Rafael de Paz realizara del antológico bolero de Gonzalo Curiel. En 1954, esas dos piezas los Rigual se las entregaron en La Habana a Tito Gómez, que las grabó con la Orquesta Riverside y tuvo una extraordinaria acogida.

A partir de 1954, los Rigual comenzaron a dar a conocer su faceta autoral. El primero fue Pituco, quien en binomio con el cubano Mario Álvarez compuso la canción Mi nave, interpretada por Pedro Infante en la cinta El rayo justiciero. Posteriormente fueron contratados para participar en películas como Cucurrucú paloma y Despedida de casada. En un filme mexicano, acompañan a Fernando Martínez, el crooner de México.

Su apretada agenda artística en México no les impidió hacer presentaciones y giras junto a otros artistas y orquestas, entre ellos los cubanos Chico O'Farrill y Mario Bauzá y el italiano Ennio Morricone. O producir el disco La Guayabita con Avelino Muñoz, pianista y organista panameño. Tampoco seguir dando a conocer boleros de su autoría, que lograron gran popularidad en las voces de Nelson Pinedo, Panchito Riset y Luis García, entre otros. En esta película, el chileno Antonio Prieto canta Eres mi locura, bolero de Pituco que los tres hermanos acompañan con sus guitarras. De esa época son Trompo de juguete, Yo soy tu amigo y Especialmente para ti.

Carlos, por su parte, lanzó éxitos como Tengo una esperancita, El pollo de Carlitos y un cha cha chá estrenado en el filme Sube y baja (1958), protagonizado por Cantinflas. Se titula Corazón de melón y lo interpretaron las cinco Hermanas Benítez:


Sesenta años después, Corazón de melón, en la versión de Pérez Prado y su Orquesta, formaría parte de la banda sonora de Roma, premiada cinta del mexicano Alfonso Cuarón, que en la gala de los Oscar 2019 ganó tres premios: Mejor fotografía, Mejor director y Mejor película extranjera.

Los Rigual siguieron dando conocer a composiciones propias en sus actuaciones en Argentina, Venezuela, Canadá, Portugal y España, donde compartieron escenarios con Josephine Baker, Ernesto Lecuona, Eddy Duchin, Ezzio Pinza y Xavier Cugat, entre otros. A inicios de los 60, los aires renovadores que vivía la música popular en todo el mundo no les fueron ajenos a los tres hermanos. En 1961, Carlos y Mario concibieron Cuando calienta el sol, pieza que representa la transición del bolero a la balada, aunque en Cuba y otros países se cantó como bolero por infinidad de solistas, tríos y agrupaciones musicales. Junto a Llorando me dormí, del puertorriqueño Bobby Capó, Cuando calienta el sol está considerada una de las dos primeras baladas-rock latinoamericanas.

A mediados de la década de 1960, Cuando calienta el sol ya se había convertido en un hit universal. Los Hermanos Rigual la interpretaron en Nueva York, Londres, París, El Cairo, Roma, Venecia, Trípoli... Grabaron discos en inglés e italiano y se convirtieron en los primeros artistas de América que en Italia actuaron en el Festival de la Canción de San Remo, en 1964, interpretando en italiano Sole sole, de Zanin-Cascadei. En uno de sus discos, los Rigual incluyeron Sole sole en español. En el LP titulado Las Guitarras de los Hermanos Rigual se pueden escuchar versiones instrumentales de Historia de un amor, Colina Rosa, Tiernamente (Tenderly), Caminito, Ramona, Siempre (Always), Yo te quiero mucho, Currucucú paloma, Malagueña, La paloma, Anita y Cuando calienta el sol.

A propósito de Cuando calienta el sol en El Nuevo Diario de Nicaragua se publicó la siguiente nota:

"Un famosísimo trío cubano conformado por tres hermanos de apellido Rigual, hace más de cincuenta años consiguieron un éxito que los lanzó al estrellato, la fama y al reconocimiento universal, abriéndole todas las puertas del mundo artístico. El tema que les trajo tan grande fama es el que se titula Cuando calienta el sol.Sin embargo, como siempre ocurre, la maledicencia o la envidia tejió conjeturas que todavía no se han podido destejer. Se dice que la pieza musical no es de ninguno de los integrantes del trío, sino de un modesto compositor nicaragüense de nombre Rafael Gastón Pérez,, quien en una noche de copas vendió la canción por una irrisoria e irritante suma y, dicen, que quien la adquirió se la vendió a los Hermanos Rigual. Estos pusieron la música y cambiaron algunas estrofas y la canción, que originalmente se llamaba Cuando calienta el sol aquí en Masachapa, el pueblo de donde es oriundo Rafael Gastón Pérez, se convirtió en Cuando calienta el sol. No hay prueba ninguna para la inculpación a los Rigual, aunque los maledicentes dicen que sí y nombran a un testigo de excepción, don Lucho Gatica. Este último, dicen, en una oportunidad le entregó dinero a la viuda de Gastón Pérez, asegurándole que era para compensarla por el tantísimo dinero que la canción produjo a quienes no la habían compuesto".

En Wikipedia se afirma que "otra composición importante, con una polémica historia, es la que realizara Gastón Pérez en una playa del Pacífico nicaragüense, la cual tituló Cuando calienta el sol en Masachapa y que vendió por unos pocos córdobas. Posteriormente, apareció grabada por los Hermanos Rigual con el título Cuando calienta el sol, constituyendo el mayor éxito internacional del trío cubano. Sin embargo, no se reconoció la autoría del compositor nicaragüense". La polémica sigue servida.

En 1980, el Trío Hermanos Rigual recibió en Estados Unidos un trofeo de la Broadcast Music Inc al arribar Cuando calienta el sol al millón de ejecuciones en radiodifusoras estadounidenses. Se calcula en más de mil las versiones de esta pieza, entre ellas la de Nancy Sinatra, Luis Miguel y Gente de Zona. Después del éxito mundial de Cuando calienta el sol, los Rigual siguieron cantando números suyos y de otros autores. Pero en 1994, cuando Carlos murió en México, Mario y Pituco decidieron abandonar definitivamente los escenarios. Entre sus últimas composiciones más versionadas se encuentra el bolero de Pituco, Camino del puente, popular en Cuba en la voz de Vicentico Valdés, los sones Mulata a go go y Maní tostao y la guaracha Muñeca viajera.

Otros hits de los Hermanos Rigual fueron María Isabel, que en los 60 se escuchaba en la radio cubana por Los Payos, pero no por José Feliciano, entonces censurado en la Isla. Piel canela también fue un número muy conocido y entre otros lo han cantado Bobby Capó y la Sonora Matancera, Los Panchos, Natalia Lafourcade y Tin Tan. El pollo de Carlitos, de Carlos Rigual, formó parte del repertorio de las Hermanas Benítez, del boricua Tito Rodríguez y su Orquesta y de la Orquesta Hermanos Castro, no emparentados con los Castro de Birán.

Se sabe que en 1994, a los 74 años, Carlos Rigual Rodríguez murió en México. Pero se desconoce si los otros dos hermanos se quedaron viviendo en México, en otro país o regresaron a Cuba, a La Habana o a su Banes natal. Pedro (Pituco), el mayor de los tres, nacido en 1918, debe haber fallecido y Mario, de vivir, rondaría los 97 años. Lamentablemente, por realizar en el exterior la mayor parte de su carrera artística, la historiografía musical cubana, no ha justipreciado los extraordinarios aportes a la evolución e internacionalización del formato al que se mantuvieron fieles durante toda su vida: el trío.

Forjados en la tradición de una modesta e insoslayable familia de músicos holguineros, con su particular impronta, fueron grandes embajadores del bolero y la música cubana. Y lo seguirán siendo, porque algunas de sus composiciones son verdaderos clásicos que continuarán escuchando, cantando y bailando las nuevas generaciones en Cuba y el mundo. Un ejemplo de su vigencia es que Cuando calienta el sol, el número que los hizo famosos a nivel global (en la España de los 60 se convirtió en Canción del Verano), más de cinco décadas después, era incluida en el programa La mejor canción jamás cantada, de TVE, trasmitido el 22 de febrero de 2019:


Según Discogs, los Rigual grabaron 53 discos en distintos formatos y aparecieron en cinco compilaciones. Por lo menos en cuatro, grabados para la RCA Victor, contaron con el acompañamiento de Ennio Morricone y su orquesta. En 1963, el LP Los Hermanos Rigual con 12 piezas, y Blanca como paloma, un sencillo con La piú bella della spiaggia por una cara y Blanca como paloma por la otra. En 1964, un disco con cuatro números: Dondolano, Marcella, Cuando el cielo y la luna En una tarde de verano. También un sencillo con dos canciones interpretadas en italiano, Mezzanotte y Sole sole.

Entre los temas del Trío Hermanos Rigual, compuestos o interpretados por ellos, que en You Tube se pueden localizar se encuentran Cuando brilla la luna, Se acabaron los millonarios, La del vestido rojo, Ven, amorcito, ven, Caliente, caliente, Vuela, vuela mariposa, El chiqui-cha, Cansancio, Frenesí, Envidias, Hipócrita, Corazón de papel, De quién estás enamorado, Nace el amor, Una miradita, Besito en cha cha chá, Señora Doña Cibeles, Guitarra enamorada, Poinciana, Eres diferente, Noche maravillosa, Linda caleñita, Medianoche, Amapola, El león duerme esta noche, Mi último bolero, Juanita bonita, Alma adentro, Chamaca, Como amigos, Luna de Xelaju, Cielo eterno, Nube gris, Pobre gente de París, Caray caray, Cautivo de tus labios, Besos de cereza, Andalucía, Tu calle, Ansiándote, Ensalada de melón y pollo, Chinita, Ay de mí, El cantante del amor, Cierra los ojos, La chica que me vuelve loco, Un pollito asao. Silvia, Julia, María Elena, Zalamera, La perica, Rancho de tejas, Las mariposas, Cuando no sé de ti, Espérate tantito, Al fin sucedió, Cabecita loca, Mi gallo pinto, Café con leche, Una mañana gris, La vela, Soñar, Aquella nochecita, Y el mundo era mío, Cuando me pierdas, Verdad amarga, No te desesperes, Lo mucho que te quiero, Vamos a bailar, Que se mueran de envidia, Nadie comprende, Alguien cantó, Soy, Como un tatuaje, Si tu no estás te extrañaré, No por madrugar. Desdémona, El twist del tirabuzón, Tu alegría, Rosa rica, Nocturnal, Un secreto, Amor y rosas para ti, Flor del campo, Lamento borinquen, Mujer perjura, Enamorado y apasionado, Caminos diferentes, Que nadie sepa mi sufrir, Nada quedó, Perdónala señor, Aleluya, Canción de la paz y La vida es un sueño, de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso.

Tania Quintero, a partir de la biografía sobre los Hermanos Rigual, publicada por César Hidalgo en su blog Aldea Cotidiana, el 30 de noviembre de 2017. Hidalgo es locutor, guionista y director de programas de Radio Angulo de Holguín.

Leer también: Cuando calienta el sol.

lunes, 15 de abril de 2019

Santiago de Cuba: más hoteles, menos viviendas



De siete hectáreas y media es el espacio aproximado destinado a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, que pretende ser el primer centro turístico de esa categoría en Santiago de Cuba. El imponente y ambicioso inmueble, cuya construcción apenas ha comenzado, se ubica cerca del complejo teatral Heredia y a unos 500 metros de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, un espacio privilegiado dentro de la urbe santiaguera y localizado en un área bastante concurrida y céntrica.

Cuando se termine la obra, la edificación se unirá al Hotel Manzana Kempinski y al Hotel Grand Packard, ambos ubicados en La Habana, como las únicas instalaciones categoría 5 Estrellas Plus de la Isla.

El hotel santiaguero estará concebido a partir del concepto de arquitectura sustentable, así lo adelantó al diario Sierra Maestra el arquitecto Josué Pérez Acosta: “Usaremos las tecnologías más novedosas existentes en el planeta. En la fachada acristalada del hotel está previsto usar una tecnología denominada ‘muro cortina’, que tendría incluidos vidrios fotovoltaicos. Nuestra ambición será alcanzar que el inmueble sea capaz de generar el 25 o 30 por ciento de la energía total consumida, logrando así estar a la cabeza en materia medioambiental”.

Serán un total de 452 habitaciones de lujo distribuidas en dos torres de 72 y 58 metros, respectivamente, que asemejarán dos enormes y antiguos rollos fotográficos. Cubiertas verdes para ahorrar agua y pequeños generadores eólicos son otras de las peculiaridades que resaltan medios oficiales y sobre las cuales ya comienzan a circular imágenes y bocetos.

Mientras se planifica y se destinan cuantiosos recursos a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, Priscila Ferrer y su hermana Damaris residen en el peor de los escenarios, después que su vivienda fuera convertida en escombros tras el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba en 2012. Los escombros que quedaron tras la destrucción generada por Sandy, ahora son parte de sus improvisadas paredes y techos.

En esas circunstancias habitan las hermanas Ferrer y su familia de 22 miembros. “Nos acomodamos donde podemos, unos en el cuarto y los demás en la sala”, dice Priscila, mientras señala las camas rústicas en malas condiciones.



Siete años han pasado desde que el huracán obligó a los santiagueros a recomenzar de nuevo. Viven entre el dolor de ver sus casas convertidas en recuerdos y los temores de no saber a dónde ir, ni qué hacer. Damaris no olvida los momentos posteriores a la catástrofe de 2012 y dice que no fue fácil ver todo desbaratado, y lo peor, saber que no lo volverán a recuperar.

“¿Con qué nosotros vamos a levantar de nuevo nuestra casa, si ni siquiera nos alcanza para comer?. Sandy nos destruyó todo, ahora está en peligro de derrumbe y cuando llueve tenemos que sacarlo todo. El agua entra tanto por el techo, como por el piso, porque las aguas albañales de las fosas vecinas se meten en toda la casa. Así tenemos que estar viviendo, en un desguazo completo”, cuentan las hermanas Ferrer.

Con su madre enferma de 79 años de edad y niños pequeños conviviendo bajo el mismo techo, más por la desidia gubernamental que por el fenómeno atmosférico, a ellas, damnificadas desde hace siete años, ya no les quedan opciones. Los gobiernos municipal y provincial no han hecho nada, solo prometerles y pedirles que llenen planillas.

Mientras la familia Ferrer de 22 miembros, apenas sin espacio, acomoda sus pertenencias en improvisados armarios y compartimentos en el techo, sorteando las filtraciones y las paredes en peligro de derrumbe, Santiago de Cuba planifica el aumento del turismo, aunque según datos de la consultoría The Havana Consulting Group, en 2018 se registró una baja considerable de los visitantes a la Isla, por la inadecuada infraestructura, mal servicio y déficit del transporte terrestre y aéreo.

Pese a esa realidad, el sector turístico en Cuba continúa expandiéndose sin tener en cuenta que la mitad de las instalaciones hoteleras permanecen vacías.

En 2016, Priscila Ferrer viajó La Habana y entregó una carta en el Consejo de Estado, pidiendo ayuda. “Si el gobierno cubano no me ayuda entonces que permita que el presidente Barack Obama me ayude”, escribió la mujer en referencia al discurso que el expresidente de Estados Unidos pronunciara en el Gran Teatro de La Habana en marzo de 2016 y en el cual prometía ayudar al pueblo cubano.

Según Priscila, por haber dicho eso en esa carta, le acusaron de un supuesto delito de propagación de epidemias. “El gobierno me fabricó un delito porque los de la campaña antivectorial pasaron fumigando por un lugar donde nosotros no vivimos, en un terreno abandonado y me dijeron que yo estaba contribuyendo a la propagación de epidemias”.

Priscila Ferrer pasó alrededor de 24 horas detenida en espera de juicio. “Me tuvieron un día entero sin desayuno, sin almuerzo y sin comida, me trasladaron como una delincuente hasta el Palacio de Justicia, sin representación legal. Me pedían un año con internamiento, pero por tener dos hijos pequeños me redujeron la condena a 10 meses de prisión domiciliaria”..

Debido a la grave situación que las hermanas Ferrer han tenido que enfrentar en Santiago de Cuba, en mayo de 2018 protagonizaron una protesta en el concurrido Parque Céspedes, frente a la antigua sede del Poder Popular municipal. La protesta pacífica sólo duró pocos minutos, en imágenes difundidas por la Unión Patriótica de Cuba, rápidamente un hombre les retiró un cartel que decía Recibimos una prisión en vez de una solución. Derrumbe total de Sandy sin solución.


“Mi cuerpo no aguanta más, no sé qué hacer, tengo 48 años y parece que tengo 80. Necesitamos solución para nuestro caso. ¡Estaremos donde haya que estar, pero que nos solucionen ya!”, confiesa Priscila.

No obstante las penurias que sufren día a día muchos santiagueros, las autoridades siguen dándole de lado a la difícil situación de la vivienda en la llamada Ciudad Héroe, una problemática que se agudiza con el paso del tiempo.

Ell megaproyecto del Hotel 5 Estrellas Plus, a cargo de la Empresa de Proyectos No. 15, pretende culminar su construcción en 2010. La instalación estará destinada, principalmente, a hombres de negocios y turismo de congresos, ferias, convenciones y eventos, excluyendo una vez más al cubano de a pie.

Texto y fotos: Ezequiel Fuentes
Cubanet, 6 de marzo de 2019.
Leer también: En busca de turistas adinerados.

lunes, 8 de abril de 2019

La personalidad única de La Habana



En 2019, La Habana arriba a los cinco siglos de su fundación, y tan significativa efeméride seguramente va a ser celebrada con numerosas actividades. A lo largo de los meses que vienen, este cronista planea contribuir humildemente a los festejos por el cumplesiglos de nuestra capital. Y para no dejar esa faena para luego, la inicio con un homenaje en el cual se unen dos relevantes escritores, norteamericano uno, cubano el otro.

Hoy apenas se menciona y casi nadie recuerda ni mucho menos lee a Joseph Hergesheimer (Filadelfia, 1880-Sea Isle City, 1954). Sus obras se publican poco y los ejemplares de las ediciones originales que quedan acumulan polvo en los áticos y en los estantes de las librerías de segunda mano. Para la mayoría de sus compatriotas, solo es un hombre que “también escribió” en los años cuando emergieron autores como Ernest Hemingway, William Faulkner y Scott Fitzgerald. Pero hubo una etapa en la que Hergesheimer significaba mucho en su país. Literary Digest llegó a votarlo en 1922 como “el más importante escritor norteamericano” de ese momento, y en los círculos intelectuales de Europa también se le apreciaba.

Durante las dos primeras décadas del siglo pasado, en Estados Unidos gozaba de una gran popularidad, que venía dada tanto por sus novelas como por las adaptaciones cinematográficas que se hicieron de ellas. En una carta al editor Alfred A. Knopf, Hergesheimer le confesó que en sus mejores tiempos llegó a ganar cien mil dólares al año, principalmente por los cuentos y reportajes que escribía para revistas como Saturday Evening Post. Hollywood le pagó cifras extravagantes por los derechos, y entre 1923 y 1935 se filmaron ocho películas basadas en sus textos. Hergesheimer fue además traducido a varios idiomas, entre ellos al castellano.

Para los cubanos, sin embargo, Hergesheimer posee un interés particular, pues tuvo con Cuba una relación especial, a pesar de que viajó por varios países e incluso publicó sobre Alemania un libro titulado Berlín. Asimismo, una de sus novelas, Tampico, está ambientada en México. En otra de sus obras narrativas, la titulada The Bright Shawl (1922), que figura entre las llevadas al cine, Hergesheimer cuenta una historia de amor y lealtad que se desarrolla en nuestro país, durante la guerra de independencia. Y es autor de una obra inmerecidamente poco conocida, que Cabrera Infante no dudó en calificar como uno de los libros de viajes más hermosos que había leído.

Se titula San Cristóbal de La Habana y pienso que en su momento debió tener una buena acogida. Lo deduzco del hecho de que, a la primera edición, aparecida en 1920, se sumaron otras dos, en 1923 y 1927. La última, no obstante, difiere de las anteriores: en ella Hergesheimer incorporó un prefacio, así como dieciséis ilustraciones en blanco y negro tomadas del Álbum Pintoresco de la Isla de Cuba. Fragmentos de su libro figuran en dos antologías de la época: Modern American Prose (1934) y Journeys in Time (1946). Esta última edición del libro es la que yo tengo y leí. Sobre San Cristóbal de La Habana publiqué en 2007 en este mismo diario un artículo en dos partes.

Como allí apuntaba, en San Cristóbal de La Habana no hay ninguna referencia a la fecha de esa visita a la Isla. No obstante, pude averiguar que Hergesheimer viajó por primera vez en 1918. Volvió en 1922, para asistir al rodaje de la película The Bright Shawl. Realizó un tercer viaje en 1932, y aunque no se conocen más detalles, se sabe que en alguna de esas estancias estuvo también en Camagüey. Lamentaba yo entonces el hecho de que San Cristóbal de La Habana no se hubiera traducido a nuestro idioma. Está próximo a cumplir un siglo de publicado y aún continúa inaccesible para los lectores cubanos.

Es un ejemplo de la escasa atención que solemos prestarle a las obras que se ocupan de nosotros mismos, algo que, según Jorge Mañach, constituye un índice de lo poco desarrollada que está nuestra sensibilidad cultural. Se refería en particular a los libros escritos por extranjeros, que aportan “una perspectiva distinta, libre de las turbulencias y abultamientos excesivos de la mirada inmediata”. Y recomendaba que deberíamos ver, “en cada libro que nos analiza a distancia, una oportunidad que se nos ofrece de mejor conocimiento propio”.

En un artículo publicado en los años 20, el propio Mañach sugirió que él mismo podía asumir la faena de traducir el libro de Hergesheimer. Pero prácticamente hasta el final de su vida estuvo sometido a lo que él llamaba la esclavitud del diarismo. Incluso algunos libros suyos que tenía empezados no llegó a concluirlos. Pero en los años 50 le dedicó al escritor norteamericano un artículo en la revista Bohemia, donde incluyó la versión al castellano de un fragmento de San Cristóbal de La Habana. Aplicando aquello del diablo, un pelo, a continuación lo reproduzco.

La llegada a La Habana

“Hay ciertas ciudades que, extrañas a primera vista, terminan por estar más cerca de nuestro corazón que aquella misma en que vivimos. No estará de más advertir que la palabra hogar tiene un sentido mucho más ancho y profundo que el de nuestro marco geográfico y familiar. Muchos hombres son forasteros en casas construidas con las tradiciones de su propia sangre, y las regiones más inaccesibles y ariscas de la tierra se han visto muchas veces ávidamente buscadas por individuos a quienes no impulsaba ninguna presión exterior, sino una extraña necesidad de habitar alguna árida montaña de cobre, alguna costa febril, o de seguir hasta el fin de la vida un río perdido en salvaje lejanía, ocultando en tales parajes el secreto de su insaciable afán.

“No fue esto precisamente lo que me ocurrió a mí al acercarme a La Habana con la primera luz mañanera: no era nada tan dominante y absoluto. Y, sin embargo, al contemplar el plateado verdor de Cuba sobre el mar azul, tuve el presentimiento de que miraba algo que había de tener para mí una peculiar importancia. Me sentí de súbito poseso de una impaciente curiosidad por ver cómo la masa nebulosa y verduzca se resolvía en los detalles de las densas laderas, cuya fronda oscura se alzaba desde el mar hasta las cimas.

“Lo sombrío del follaje inmediatamente me diferenció aquella tierra de la región de brillantes arces a que estaba acostumbrado. Eran hojas oscuras, buidas, pesadas, de un efecto visual que muchas veces me había esforzado por describir, y su presencia en aquella franja de horizonte me llenó de placer. Fue exactamente como si las suaves y lustrosas colinas que veía en lontananza hubieran sido creadas por obra de algún viejo y misterioso deseo de realizarlas en palabras.

“Sin duda, lo que daba esa impresión era el mar, el cielo y la hora. Tan azul era la superficie del mar, que el viento rizaba con fuerza voluntariosa y contraria, que el color se perdía en la intensidad misma del tono, mientras los velos del espacio se resolvían en arcos de luz expansiva. Parecía la isla insólitamente sólida y aislada, como una flor en el aire, y saturada de poesía. Ese fue mi sentir inmediato de Cuba.

“A medida que surcábamos el agua, de añil profundo, ella misma cobraba profundidad, cargándose de esa tensión emocional que siempre me incitaba a escribir”.

España tocada por el trópico

“Estaba ya muy cerca la costa de Cuba. Podía ver, a ras del agua, la línea de edificios blancos, a esa distancia puramente clásicos en su acento. Fue entonces cuando tuve el primer presentimiento de la ciudad hacia la cual adelantaba suavemente. Había de hallar en ella el espíritu clásico, no de Grecia, sino de un período posterior; el de esas ciudades imaginarias pintadas o grabadas con opulencia de cornisas y recortadas contra el mar tranquilo. Percibía ya en torno a ella esa atmósfera irreal que presidía el Embarque a Citerea.

“Nada podía hacerme más feliz que eso. Era como si un sueño obsesionante se convirtiera en sólida realidad. Multiplicábanse los edificios, bañados de radiosa claridad, y de pronto, a la otra orilla, vi surgir el Castillo del Morro. Pequeño, compacto, sorprendentemente idéntico a sus numerosas fotografías, me defraudó un poco. Pero la angostura de la entrada del puerto, una vena azul que se extendía tortuosamente tierra adentro, la apretazón de barcos y casas y las anchas avenidas sombrías, me dieron enseguida la impresión de la personalidad única de La Habana.

“Nada, sin embargo, más cautivador que la larga muralla de piedra coralina de La Cabaña, descendiendo a pico a la izquierda. Maciza y tocada de manchas rosáceas, complementaba maravillosamente la seudoclásica blancura del lado opuesto. Por aquí, un malecón seguía la línea de la costa, partiendo de una plazuela embanderada, llena de sillas de hierro, en el centro de la cual se alzaba una minúscula glorieta. Había alrededor pequeños jardines bajo las palmas reales, y más allá las altas ventanas mostraban balcones vacíos al sol de la mañana. Oí entonces la voz de La Habana, un agudo y activo rumor -según había de comprobar después-, que a veces se adormecía para despertar después de nuevo por la noche con un estruendo diferente y no menos perturbador.

“Lo que trataba yo de descubrir cuando me llevaban velozmente a lo largo de anchas avenidas y calles estrechísimas como pasajes, era lo más peculiarmente característico de aquella ciudad que ya me había conquistado. Ignorante de los procesos instantáneos que forman las palabras, me decía a mí mismo que aquello era una especie de Pompeya romántica. Modificaba así mi primera impresión, acercándome más a la realidad, pues esa fórmula describía mejor la imagen total de aquellas fachadas, inadmisibles arquitectónicamente y, sin embargo, integradas en una sorprendente y placentera unidad. Nadie, me dije con entusiasmo, había sabido apreciar bien La Habana; hacía falta para ello una completa sensibilidad. No era helénica, no; no tenía la sencillez de un gran estilo; de una época genuina; La Habana era artificial, exótica: España tocada en todas partes por el trópico; el trópico sin tradición, hecho semblanza barroca”.

El viejo Inglaterra

“Tanto me cautivó, que durante el resto del día me fue indiferente lo que pudiera esperarme fuera. El vestíbulo profundo, con sus planos reflejos de luz atenuada y sus sirvientes vestidos de lino blanco; el patio, con su surtidor, sus arcos de irisados azulejos; el comedor de mármol, con las armas de Poncio Pilato en un panel; el bronceado lustre de las baldosas y las grandes ventanas, que daban al Parque exactamente como yo lo había esperado, producían la impresión de un extraño dominio. El corredor al que mi cuarto daba era todavía más seductor, con sus arcos de trenzada madera y, en un espacio octogonal, algunas sillas y plantas de hojas anchas. La elevada ventana era de impresionante dignidad; tenía dos juegos de persianas, y en lo alto de ella se abría un abanico de cristal de brillantes colores -carmín, naranja, púrpura, cobalto, amarillo. Era algo extraordinariamente vívido, como un montículo de fruta tropical. Dominaba durante el día la intimidad del corredor, y no solo desde su alto lugar, porque el sol, según se movía, iba proyectando una copia exacta del mediopunto en el piso, en las paredes… Podía uno sentarse allí indefinidamente, y quedarse contemplando fascinado, aquella violencia de color, que obligaba la mente a rendirse a sus sugerencias… También estas eran brillantes e ilógicas. Un cristal semejante, unos colores como aquellos, no se encontraban en los esquemas decorativos usuales. Yo solo recordaba insinuaciones parecidas en las casas del siglo XVIII, en ciertos conservatorios a guisa de pagodas, asociados a mis imágenes de la niñez. No es que hubiese ventanas como aquellas en Woodnest, tan sombrío bajo sus álamos; pero la impresión de lo uno suscitaba la emoción de lo otro, retrotrayendo mi espíritu, no sin perturbarlo, a las imágenes de una época lejana.

“Resultaba ser así La Habana como una parte auténtica de mi patrimonio. Sentí, allá en mis adentros, que no podía dejar de comprenderla, de reconocerla afectuosamente, con cierto sentimiento de familiaridad”.

La calle, la gente y el daiquirí

“Solo más tarde me decidí a asomarme al balcón. Al otro lado de la angosta hondura de San Rafael, la masa ornamental del Centro Gallego -sociedad y teatro a la vez-, formaba esquina contra el Parque Central. Hacia la derecha, por entre los reflejos de los escaparates comerciales, fluía una procesión de automóviles. Una gran columna del paseo se mostraba alegre de revistas; un limpiabotas, arrugado y activo, con un solo sillón en una alta tarima, limpiaba toda una hilera de zapatos blancos, evidentemente de huéspedes del hotel, y los vendedores de periódicos pregonaban La Política Cómica…

“Había mucha gente allá abajo, moviéndose con un aire resuelto. Los rostros de los hombres parecían más oscuros, por contraste con sus trajes de hilo; no podía verles las facciones. Pero lo que más me sorprendió enseguida fue que casi no había mujeres en la calle. Era una corriente masculina. Esto, al principio, me dio una impresión de monotonía y de estupidez, porque las mujeres son algo absolutamente esencial a la variedad de cualquier espectáculo, y allí no las había, fuera de algún vago grupo familiar que entraba aceleradamente en algún café.

“Pronto, sin embargo, comprendí, la razón. En espíritu, esto era todavía España, y España está saturada de Marruecos, tierra donde las mujeres, aun las más pobres, jamás se muestran en público. La Habana era una ciudad de balcones, de ventanas enrejadas, de casas impenetrables a la calle, abiertas solo a sus jardines y a sus patios. Pero de repente tuve -a pesar de la impresión primera- una intuición viva de la influencia penetrante de la mujer en La Habana. La reserva de su presencia la hacía aún más incitante que en los países donde todos los mercados las exhiben, unas veces como flores, otras como hortalizas… Aquí, en cambio, con refinada galantería, se miraba a las mujeres como criaturas peligrosas y siempre deseables y capaces de locura. Era una sociedad en que el sesgo de una camelia en el aire, el brillo de una mirada, el más leve movimiento de blonda sobre unos labios encendidos, no ocurría nunca en vano.

“Había llegado el momento del daiquirí. Sentado cerca del surtidor, donde una ligera brisa parecía agitar el mantón de bronce de la bailarina andaluza, me quedé absorto sobre la helada mezcla de ron y azúcar, con un rizo de verde lima. Era una composición delicada, no tan buena como la que había de descubrir después en el Hotel Telégrafo, pero ya una verdadera revelación. Me sentí contento de estar sentado a esa hora, en el Inglaterra, ante una bebida como aquella. Con divertido desasimiento recordé que allá en el Norte la Prohibición estaba en pleno vigor. Sin duda, el coctel sobre mi mesa era un agente peligroso, ya que contenía, en la copa de cristal, ligeramente escarchada de azúcar sin disolver, el poder de suscitar una desdeñosa indiferencia al destino, de liberar la mente de responsabilidades, el borrar, a la vez, la memoria y el mañana, dándole al corazón un sentimiento adventicio de superioridad y venciendo, por el momento, todos los consabidos, los eternos temores”.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 1 de marzo de 2019.
Foto: Hotel Inglaterra (https://es.wikipedia.org/wiki/Hotel_Inglaterra). Tomada de Cubaencuentro.
Leer también: Retrato de un país y una época.

lunes, 1 de abril de 2019

Para Mariana, que ya no está



El 2 de abril de 2018, cuatro días antes de cumplir 70 años, fallecía en Barcelona mi amiga Mariana Badell Yturriaga. A lo largo de diez años, el Alzheimer fue borrando todo lo que durante su vida había una mujer que no se limitó a profundizar en sus estudios de ingeniería química, si no que lo hizo también en economía, informática y tecnología. En vez de un video con alguna de sus canciones favoritas, decidí dedicarle las 38 predicciones que me envió Évora Tamayo, ex colega de la periodista Bohemia, hoy residente en Nueva Jersey. De Mariana haber estado buena y sana, se las hubiera reenviado a su correo electrónico. Con algunas predicciones hubiera estado de acuerdo, con otras no y no dudo que públicamente las hubiera rebatido.


38 predicciones que circulan por internet, de autoría desconocida:

1- Los talleres de reparación de automóviles desaparecerán.

2- El motor de gasolina/diésel tiene 20,000 piezas individuales. Un motor eléctrico tiene 20. Los automóviles eléctricos se venden con garantías de por vida y solo los reparan los concesionarios. Solo lleva diez minutos retirar y reemplazar un motor eléctrico.

3- Los motores eléctricos defectuosos no se reparan en el concesionario, pero se envían a un taller de reparación regional que los repara con robots.

4- La luz de mal funcionamiento de su motor eléctrico se enciende, por lo que conduce hasta lo que parece un lavado de autos, y su automóvil es remolcado mientras toma una taza de café y sale su automóvil con un nuevo motor eléctrico.

5- Las bombas de gasolina desaparecerán.

6- Las esquinas de las calles tendrán aparatos que dispensarán electricidad. Las empresas instalarán estaciones de recarga eléctrica; de hecho, ya han comenzado en el mundo desarrollado.

7- Los principales fabricantes de autos ya han designado dinero para comenzar a construir nuevas plantas que solo construyen autos eléctricos.

8- Las industrias del carbón desaparecerán, igual que las compañías de gasolina y petróleo. Las perforaciones de petróleo se detendrán. ¡Adiós a la OPEP. El Medio Oriente estará en problemas.

9- Las casas producirán y almacenarán más energía eléctrica durante el día y luego la utilizarán y venderán a la red, que la almacena y distribuye a las industrias que consumen mucha electricidad. ¿Alguien ha visto el techo de Tesla?

10- Los bebés solo verán autos personales en museos.

11- En 1998, Kodak tenía 170,000 empleados y vendió el 85% de todo el papel fotográfico en todo el mundo.

En tan solo unos años, su modelo de negocio desapareció y quebraron.

12- Lo que sucedió con Kodak y Polaroid ocurrirá en muchas industrias en los próximos cinco a diez años.

13- ¿Pensaste en 1998 que tres años después, nunca volverías a tomar fotos con un rollo? ¿quién tiene una cámara en estos días?

14- Con los teléfonos inteligentes, ¿quién tiene una cámara fotográfica en estos días? Las cámaras digitales se inventaron en 1975. Las primeras solo tenían 10.000 píxeles, pero seguían la ley de Moore. Así que, al igual que con todas las tecnologías exponenciales, fue una decepción por un tiempo, antes de que se volviera superior y se convirtiera en la corriente principal en solo unos pocos años.

15- Ahora volverá a suceder (pero mucho más rápido) con la inteligencia artificial, salud, automóviles autónomos y eléctricos, educación, impresión 3D, agricultura, empleos...

16- Olvida el libro Choque de futuro. ¡Bienvenido a la Cuarta Revolución Industrial!

17- El Software continuará penetrando la mayoría de las industrias tradicionales en los próximos cinco-diez años.

18- ¡Uber era solo una herramienta de software, no eran propietarios de ningún automóvil y ahora son la mayor compañía de taxis del mundo! Pregúntele a cualquier taxista si lo vio venir.

19- Airbnb es ahora la mayor compañía hotelera del mundo, pero no poseen ninguna propiedad. Los Hoteles Hilton no lo vieron venir.

20- Con la inteligencia artificial las computadoras se vuelven exponencialmente mejores para entender el mundo.

En 2019, diez años antes de lo esperado, una computadora venció al mejor jugador de Go-Player del mundo.

21- En Estados Unidos, a los abogados jóvenes les cuesta conseguir trabajo. Gracias a Watson de IBM, una persona puede obtener asesoramiento legal (hasta ahora, lo básico) en cuestión de segundos, con un 90% de precisión en comparación con el 70% de precisión cuando es realizado por humanos. Si piensas estudiar Derecho, piénsalo bien, porque en el futuro habrá un 90% menos de abogados. Solo quedarán especialistas eruditos.

22- Watson ya ayuda a los médicos a diagnosticar el cáncer, es cuatro veces más preciso que los humanos.

23- Facebook ahora tiene un software de reconocimiento que puede reconocer las caras mejor que los humanos.

En 2030, las computadoras serán más inteligentes que los seres humanos.

24- En 2018 llegaron los primeros coches autónomos. En los próximos dos años, toda la industria automovilística comenzará a verse afectada. Nadie querrá ser dueño de un automóvil: con su móvil llamará un auto, que en pocos minutos aparecerá en su ubicación y lo llevará a su destino.

25- No necesitará estacionarlo, solo pagará por la distancia recorrida. Los niños de hoy no necesitarán licencia de conducir pues nunca serán propietarios de un automóvil.

26- Esto mejorará la calidad de vida en nuestras ciudades, porque necesitaremos 90-95% autos menos y podremos transformar las antiguas plazas de aparcamiento en parques verdes.

27- Alrededor de 1.2 millones de personas mueren cada año en todo el mundo a consecuencia de accidentes automovilísticos. Gracias a la conducción autónoma se reducirá a un accidente en 6 millones de millas. Un millón de vidas serán salvadas en todo el mundo cada año.

28- La mayoría de las compañías automovilísticas tradicionales quedarán en bancarrota. Intentarán el enfoque evolutivo y simplemente construirán un mejor auto, mientras que las compañías tecnológicas (Tesla, Apple, Google) harán un enfoque revolucionario y construirán una computadora con ruedas.

29- A partir de este año, Volvo comenzará a eliminar motores de combustión interna en sus vehículos. Los modelos 2019 serán todos solo eléctricos o híbridos (la intención de eliminar los modelos híbridos).

30- Muchos ingenieros de Volkswagen y Audi, están completamente aterrorizados con Tesla, pero no es la única empresa que ofrece vehículos eléctricos. Algo inaudito hace solo unos años.

31- Las compañías de seguros tendrán problemas: sin accidentes, los costos serán más baratos. El negocio de seguros automovilísticos desaparecerá.

32- Los bienes inmuebles cambiarán: si puedes trabajar mientras viajas, la gente abandonará sus oficinas en altos edificios y se mudará a vecindarios más hermosos y asequibles.

33- Los automóviles eléctricos se convertirán en la tendencia principal en 2030. Las ciudades serán menos ruidosas porque todos los autos nuevos funcionarán con electricidad.

34- Las ciudades también tendrán un aire mucho más limpio.

35- La electricidad será increíblemente barata y limpia.

36- La producción solar ha estado en una curva exponencial durante 30 años, pero ahora se puede ver el impacto creciente. Y, sobre todo, seguirá incrementándose.

37- Las compañías de energía fósil están intentando limitar el acceso a la red para evitar la competencia de las instalaciones solares domésticas, pero eso no continuará: la tecnología se encargará de esa estrategia.

38- La tecnología ya ha llegado a la salud: El precio del Tricorder X será anunciado este año. Hay compañías que fabricarán un dispositivo médico (llamado Tricorder, por Star Trek) que funciona con su teléfono, realiza escáner de retina, muestra de sangre y de la respiración. También analiza 54 marcadores biológicos que identificarán casi cualquier enfermedad. Ya existen docenas de aplicaciones telefónicas disponibles con fines médicos.

lunes, 25 de marzo de 2019

El peso de los huesos es el peso de la muerte



Las cenizas del cadáver están guardadas en una caja rectangular de madera barnizada, sobre una especie de repisa o nicho azulejado muy cerca del techo, justo en el umbral que separa la cocina iluminada por el sol de la tarde del pasillo breve que desemboca en el baño y el dormitorio.

La caja tiene incrustada la chapa metálica de una paloma blanca con las alas dramáticamente abiertas como un águila herida. En la repisa también hay una gruesa vela apagada de cera blanca, un vaso de agua, la luz de una flor artificial mojada en incienso y aceite, y una foto cualquiera de Mayara Albite dentro de un portarretrato gris, el portarretrato de la muerte anticipada.

Cándida me pregunta si quiero que baje las cenizas y le digo que no, porque ya ella me ha dicho antes que nunca mueve los restos de lugar, y que a lo sumo se sube en una silla para pasar un trapo ligeramente húmedo por la madera y lustrar de vez en cuando esa suerte de ataúd pequeño en el que descansa su hija desde fines de abril de 2017.

Acaba de llover en el municipio Regla, al otro lado de la bahía de La Habana, y el vaho de la tarde irrumpe en el apartamento de Cándida y su esposo Nelson, una segunda planta en la esquina mal asfaltada de Ciruela con la calle 4. Antes de llegar ahí, Mayara Albite se pasó dos años congelada en las neveras del Departamento de Medicina Legal de Pichincha, Quito. En mayo de 2015, con 24 años, se había suicidado en su renta de La Floresta. Durante todo ese tiempo su madre emprendió una carrera a fondo para traer el cuerpo de su hija consigo.

Cándida y yo nos conocimos en medio de aquella vorágine, hacia agosto o septiembre de 2015. Pasamos seis meses en contacto, buena parte de ese tiempo juntos, y en marzo de 2016 publiqué su historia ya viviendo fuera de Cuba. Yo creía haber aprendido un año antes, después de escribir el relato de un enfermero cubano que había fallecido en África por paludismo, que no se debía estirar más allá de lo publicado, salvo casos muy excepcionales, la relación íntima con las personas de las que uno escribía, ni establecer ningún tipo de afecto que confundiera y que luego lo hiciera quedar a uno como un farsante, o que directamente perjudicara a uno o le quitara el sueño o cosas así.

Mucha gente desamparada tiende a creer que el periodista es algo que el periodista no es, y un periodista debe evitar desde muy temprano cualquier tipo de acercamiento emocional que luego no va a poder demostrar o sostener en los hechos, esencialmente porque todo lo que un periodista debe demostrar está en las palabras, y la devoción, el respeto e incluso el amor hacia un personaje suele cifrarse en la palabra de un modo tan particular que el personaje perfectamente puede luego llegar a creer lo contrario, es decir, que ha sido despreciado o calumniado o destruido.

Así como hay un momento en que el periodista tiene que hablar, hay también un momento en que debe hacer silencio, porque hablar en zona de silencio es balbucear. Pero en el verano de 2016 regresé a Cuba y, negando todo esto, Cándida y yo volvimos a vernos. Me contó que el Ministerio de Relaciones Exteriores le había respondido y que iban a traer el cadáver de su hija a La Habana.

A mí me parecía bien porque me servía para demostrar que a veces el periodismo arregla cosas. Ya había empezado a pensar de ese modo, ya me había separado un tanto de la historia, pero tampoco me sentí demasiado mal porque sé que si no puedes ganarle a tu egoísmo, solo debes enchufar tu cable al amplificador del prójimo y convertir todo eso en una misma cosa edificante en la que tú y el otro sean una fuerza idéntica que empuja hacia el mismo lugar, que era el estado, modestamente, que yo había creído alcanzar al menos con una parte importante de la vida de Cándida.

Después ella me dijo, por esos mismos días, que las dos últimas veces no le habían respondido de la Cancillería y en un arranque paranoico pensé que quizá, llegado a ese punto, las conversaciones conmigo la estaban perjudicando. Dejé de comunicarme y nunca más volvimos a hablar ni supo de mí, aunque a veces yo andaba por ahí, en Madrid o en Dallas o en Medellín, abundando en la historia de Mayara en eventos públicos, y me preguntaba muy íntimamente en qué había terminado todo eso.

Cándida tenía la respuesta, y el fin de año último me la dijo, cuando quiso marcar al celular de un primo suyo que se llama como yo, para felicitarlo por Navidad, y terminó marcando mi número, que yo pensé que ya no tenía. Si hubiera marcado unos días antes, nadie le habría respondido, porque yo casi acababa de aterrizar en Cuba.

Hoy, mitad de enero de 2019, Cándida me ha esperado con una olla de espaguetis recién cocinados. "Y sin cebolla, que a ti no te gusta nada, por eso estás desbaratado así como estás", dice. Me asombra que Cándida recuerde que no me gusta la comida. Incluso recuerda cuál era el almuerzo que por una vez sí acepté: pollo ripiado, arroz blanco, plátano maduro frito. "Pero escarbaste todo eso y lo dejaste a la mitad".

Yo ni siquiera recordaba ya cómo llegar a su casa. Su esposo Nelson, un plomero gentil con los ojos verde opacos, ha tenido que recogerme en la puerta de entrada al cementerio de Regla, un punto de referencia que se ajusta perfectamente con el motivo de nuestro reencuentro. De algún modo, si no suena demasiado grosero, lo que yo había hecho con Cándida durante aquellos seis meses de reporteo era habernos citado siempre a las puertas de un cementerio al que muchos cancerberos no nos permitían entrar, pero sobre todo el kafkiano cancerbero de la burocracia moderna.

Cándida me había dicho que ahora se encontraba peor. Le digo rápidamente que no es cierto. Tiene el cuello empolvado en talco, aretes puestos, el pelo corto y entrecano y elegante, la mirada más despejada, una mirada de cansancio y dolor seco, y no aquella mirada ciega enchumbada en lágrimas y rabia que tenía hace tres años, típica de los ojos que miran para adentro.

El color tumefacto del odio ha abandonado su cara, sobre la que se posaba antes una sombra obesa, y ahora la luz natural de la tarde de Regla puede abrirse paso a tientas en el bosque tupido de su malestar y caer finalmente sobre los rasgos de barro de Cándida, definir los contornos de su boca morada, o las aletas de su nariz de tierra entreseca y repartida, o esos surcos graves a cada lado del óvalo facial, dos tajos abiertos por el peso de la piel y el volumen de las mejillas.

Había antes una película que ya no hay, que el regreso del cadáver de su hija le ha borrado de la faz, y probablemente esa misma razón haga más evidente o permita ver mejor, en esta nueva imagen de Cándida, la contundencia de una verdad. Que a lo más que podía aspirar era a traer el cadáver, pero no a su hija. Se quita la máscara de una coyuntura y se queda en carne viva. Es por eso que me dice que ahora todo es peor.

De un total de diez mil dólares, Cándida tuvo que pagar de entrada cinco mil al gobierno para la repatriación de los restos, y luego le fijaron una cuota de setenta y cinco dólares mensuales, aunque hace ya tres meses que no entrega un centavo porque no tiene de dónde sacar. Nelson vendió su casa para cubrir el monto inicial, y ambos se mudaron a este apartamento, que han remodelado de modo paciente y curioso. Es el apartamento del que Cándida se apoderó en la segunda mitad de los 90, cuando una familia se largó al extranjero y ella se coló por la puerta del fondo y rompió el sello de seguridad. Ambos están especialmente orgullosos de la cocina, y también del piso antiresbalante del baño. En 2017, Cándida se quebró un brazo de un desmayo súbito en un ómnibus, y no puede volver a caerse.

El día que el cadáver de Mayara llegaba a Cuba, falló la electricidad en los equipos sensores de la aduana. El ataúd quedó del otro lado de la estera y los funcionarios no lo querían dejar pasar. Cándida empezó a darse cabezazos contra la pared. Luego me cuenta muchas otras cosas. Algunas ya me las había contado. Me hace reír constantemente.

Es ingeniosa y tiene un carácter recio y un tono chusma muy auténtico y pulido, como una gema finamente trabajada por la miseria de los años y que desenfunda cuando le viene en ganas. No le deja pasar nada a nadie, ni al bodeguero, ni a la vecina, ni al carnicero, ni a la santera que quiso despedir el cuerpo de Mayara sin que nadie se lo hubiera pedido, ni a la testigo de Jehová que viene a predicar por el día y después en la noche se pone una falda corta y sale provocativa para la calle.

Se dice para sí que ya está cumplida. Yo sé que ella va a complacerme en casi cualquier cosa que le pida, y como tiene una inteligencia relampagueante, que puede leer los gestos y los cuerpos, le dice a Nelson que baje la caja con las cenizas, que yo quiero ver. Nelson se sube a una silla y agarra el cofre. Lo pone luego en la meseta de la cocina, entre el fregadero de agua caliente, el escurridor de los platos y las ollas arroceras y de presión. Todo está limpio, impecable. En la tapa han tallado un Cristo redentor encerrado en un óvalo. Los brazos abiertos, la cabeza gacha. Lo cubre una manta copiosa, de muchos pliegues.

Cándida abre la caja. En la cara interior de la tapa hay una pegatina blanca de la Sociedad Funeraria Nacional con el nombre del fallecido y la fecha de cremación: Albite López Mayara/26-04-2017. La caligrafía de los datos es quebrada y ninguna letra termina de trazarse del todo, pues la siguiente letra enseguida se le echa encima, como signos deformes que se escribieron antes de tiempo. Dentro de la caja hay una bolsa azul. Podría pasar por una de esas bolsas de cuero, repletas de rupias o de dinares, que los bandoleros de cuentos muy remotos solían disputarse en los bosques a las afueras de su ciudad o en el interior de grutas y cuevas a las que solo se accedía a través de un código secreto.

No zafo el cordón. Miro por el boquete del nudo y dentro de un nailon veo las cenizas, que parecen la arena de un mar mustio de invierno, una playa en la que no se baña nadie a pesar de la calma. El color predominante es el gris terroso, con algunas piedrecillas blancas o de un amarillo muy pálido aquí y allá.

La bolsa es pequeña. Una sola mano basta para sostenerla. Cándida me pide que la tome. Este es el cuerpo, me digo. Intento sopesar y calcular. Es medible, cierto. Pero cuánto, exactamente. ¿Cinco kilogramos? ¿Siete? ¿Tres? Saber con precisión lo que pesa una bolsa así, adquirir ese conocimiento, puede tomar una vida.

Es una cifra más o menos estándar, mineral, que en el recuerdo adelgaza rápidamente, pero que engorda en el hueco de la mano. Ya no hay grasa ahí, no hay músculo ni sangre ni fisonomía. "¿Viste cómo pesa?", dice Cándida.

"Es el peso de los huesos". El humo del luto se había llevado lo demás.

Carlos Manuel Álvarez
El Estornudo, 22 de enero de 2019.
Foto del autor: Caja de madera donde en una bolsa azul se conservan las cenizas de Mayara.

Ver más fotos en El Estornudo.

lunes, 18 de marzo de 2019

A La Habana se le fue su Ambia



El lunes 28 de enero fallecía en La Habana Eloy Machado, El Ambia, el poeta de la rumba.

Eloy Machado Pérez nació en La Habana el de 13 de mayo de 1940 y desde niño se vinculó a la rumba. Con su madre, Jacinta Pérez, vivió en el solar El Reverbero, donde se rumbeaba sin descanso. Allí conoció a los hermanos Pantaleón, rumberos de pura cepa, oriundos del barrio de Jesús María.

Van Van hizo musicalizó un poema del Ambia:


No hay habanero que haya estado cerca del arte, la cultura y la música de Centro Habana (donde nació el feeling y la rumba tuvo y tiene un trono del mismo tamaño que el de Matanzas), que no haya conocido al Ambia, el personaje negro más popular de la ciudad, como en su momento fue El Caballero de París.

Cuando para el Noticiero Nacional de Televisión cubrí el sector cultural, muchas veces coincidí con El Ambia, que era muy amigo de mi querido Pablo Milanés. Entrevista que le hiciera el músico Alfredo Hernandez Gómez (1971-2012), hijo menor de la cineasta Sara Gómez (1942-1974) y el sonidista de cine Germinal Hernández (1944-2007).

El Ambia tenía una peña en la UNEAC, muy distinta a la que Sirique en Santa Rosa e Infanta, Cerro, y a la cual en 2016 recordé en mi blog.

"La patria del Ambia es su jerga y la rumba. A Eloy Machado Pérez, el Ambia, le conocí en su patria legal y emocional, Cuba, en su querida ciudad natal, La Habana; le conocí en el contorno que ha formado al hombre y al autor, le conocí tras largas conversaciones donde abordamos lo divino y lo humano, y mi conclusión seguía y sigue siendo la misma: la patria del Ambia es su jerga y la rumba", subrayaba la escritora española Zalín de Luis en el primer número de la revista Autogiro, en el otoño del 2000.

En el dialecto Efik, Ambia significa hermano.

Tania Quintero
Foto: Tomada de Aché pa'ti, Ambia, de Rui Ferreira.

lunes, 11 de marzo de 2019

La tardía rehabilitación de Ela O'Farrill


No tiene comparación la cara dura e hipocresía de los comisarios que rigen la cultura oficial en Cuba: han dedicado a la compositora Ela O´Farrill el Festival Longina de la Trova Cubana, del 8 al 13 de enero de 2019 en Santa Clara.

Todo estaría muy bien con ese homenaje, más que merecido, en la ciudad donde nació la compositora en 1930. Solo que los organizadores del evento hicieron como si tal cosa y no tuvieron la decencia de explicar a los que no saben quién fue Ela O’Farrill, por qué durante décadas estuvo borrada de los anales de la música cubana, explicarles que en los años 60 fue censurada, vejada, calificada de “gusana”, sometida al ostracismo y forzada al exilio -sí, porque fue un exilio aunque en sus últimos años le permitieran venir varias veces a Cuba a visitar a sus familiares y amistades- por el único delito de componer una canción de amor que se llamó Adiós felicidad, que fue considerada contrarrevolucionaria por unos ridículos censores a los que ya no se les ocurría qué más prohibir.

¿Qué pretenden los comisarios que nunca se arrepienten por sus errores y horrores, sino que si acaso, los justifican? ¿Desagraviar a Ela O´Farrill, reivindicarla, o como prefieren decir en su jerga, rehabilitarla? Es poco y demasiado tarde. La compositora se fue de este mundo sin que los comisarios le pidieran perdón por aquella ridícula prohibición de Adiós felicidad.

Los comisarios consideraron perverso que en la Cuba de 1962 alguien se atreviera a cantar “adiós felicidad, casi no te conocí…”. Había que estar feliz con la revolución, con las promesas del Máximo Líder, con el futuro luminoso del socialismo. No importaba que La Habana se llenara de mugre y de uniformes militares, que los boleros y el son fueran sustituidos por marchas guerreras, que hubiera fusilamientos a tutiplén, que las cárceles estuvieran repletas, que los alimentos hubieran sido racionados, que las vidrieras de las tiendas estuvieran vacías, que cada vez más familias estuviesen desgajadas, que el estado lo controlara todo, absolutamente todo, hasta con quién te acostabas, que el país estuviese a punto de ser borrado de la faz de la tierra debido a la decisión del Comandante en Jefe de instalar misiles nucleares soviéticos en Cuba… Así y todo había que ser feliz, no podía haber espacio para la tristeza.

La primera cantante que en 1962 grabó Adiós felicidad fue Doris de la Torre. Le siguieron Olga Chorens, Elena Burke, Bola de Nieve, Ela Calvo y la Orquesta Aragón. Después prohibieron la canción. Lo que azuzó la jauría fue un artículo de Gaspar Jorge García Galló, un bilioso plumífero estalinista que veía alusiones contrarrevolucionarias hasta en la sopa. Parece que, de tan atareado con las tareas comunistas y con la sensibilidad de una garrapata, nunca sufrió por penas de amor…

Una noche, a Ela O’Farrill, que tenía 32 años y trabajaba como maestra, no la dejaron entrar al lobby del hotel Saint John, en El Vedado, donde cantaba con su guitarra, alternando con José Antonio Méndez, y se la llevaron arrestada. La interrogaron, le preguntaron acerca de la gente con quien se relacionaba, qué se proponía al hacer canciones pesimistas y derrotistas como “Adiós felicidad”. Antes de ponerla en libertad, le dijeron que sabían que era homosexual -probablemente dijeron “Invertida” o “tortillera”, que eran los términos que empleaban entonces y hasta no hace mucho- y le advirtieron de las consecuencias que acarreaba violar “la moral revolucionaria”.

Poco después, la cantautora, desolada, se topó con Fidel Castro, que comía en un restaurante en la esquina de 23 y O, en El Vedado, y logró acercarse y darle las quejas. El Comandante la escuchó, y afable, risueño, con aires de perdonavidas, le dijo que no pensaba que “Adiós felicidad” fuera contrarrevolucionaria, que “los desengaños amorosos podían ocurrir en cualquier circunstancia”. Esa anécdota la contó la doctora Graciella Pogolotti en su libro Polémicas culturales de los años 60 en Cuba.

Pero contradiciendo el final feliz del asunto que da la doctora Pogolotti, mi amiga y colega Tania Quintero, que reside en Suiza, exiliada desde hace 15 años y que es la persona que con sus escritos en Penúltimos Días y en su blog, más ha hecho por rescatar del olvido a Ela O’Farrill -le hizo una excelente entrevista vía email en el año 2008- se pregunta si la compositora “encontró a Fidel antes o después de haber sido llevada a Villa Marista o si fue arrestada por la osadía de localizar y hablar con el Comandante”.

Lo cierto es que durante muchos años no se volvió a escuchar Adiós felicidad en la radio cubana, y a Ela O’Farrill la arrinconaron y ningunearon hasta que no encontró mejor opción que irse a vivir a México en 1969, donde murió en octubre de 2014.

Es bueno recordar estas historias de infamias, que de tan ridículas pueden parecer increíbles, para que los muertos que lo merecen puedan descansar en paz, para que los comisarios buitres no consigan saquear sus tumbas.

Luis Cino
Cubanet, 20 de enero de 2019.
Foto de Ela O'Farrill tomada de Cubanet.

Leer también: El regreso de Ela O'Farrill y Las cosas de Ela y Recordando a ElaO'Farrill, los tres de Tania Quintero.

lunes, 4 de marzo de 2019

Las señales vienen del cielo



Tras el devastador tornado de la noche del 27 de enero y de los pedruscos cósmicos que hace unos días llovieron sobre Viñales y otras regiones de Pinar del Río, presuntamente debido a la explosión de un meteorito, los supersticiosos, que son muchos en Cuba, andan con los pelos de punta.

“Son señales del fin de los tiempos, la venida de Jehová se acerca”, asegura Antonia, una vecina de mi barrio, sexagenaria y adventista del Séptimo Día que antes fue católica. Conmina, Biblia en mano, a los que quieran salvarse, a acudir al Señor, arrepentirse de sus pecados y entregarse a Él, a su misericordia infinita, antes de que sea demasiado tarde.

Lo repite con fervor, gesticulando, con el rostro transfigurado, en las esquinas, en la bodega, en la cola del pan o de la guagua. En mi barrio, donde abundan Testigos de Jehová, nazarenos, adventistas, bautistas, pentecostales, la escuchan atemorizados y le dan la razón. Incluso cuando afirma que los cubanos (aun si están en Hialeah, donde también hubo un tornado) se merecen un castigo divino. “Por tantos años de negar a Dios, por tanta impiedad e idolatría, por tantos santeros como hay, por tanto desenfreno sexual, tantos abortos… Ahora, para colmo, quieren legalizar que los homosexuales se casen y romper el diseño de la familia original”.

Esto último, a propósito del matrimonio igualitario y la posibilidad de que parejas homosexuales puedan adoptar niños, se lo escucho repetir a muchos miembros de las iglesias evangélicas como principal motivo de la ira de Dios con los cubanos.

Los cristianos fundamentalistas, aunque envalentonados por haber conseguido la retirada del artículo 68 de la nueva constitución, no se dan por vencidos. Saben que el régimen hizo un malabarismo para cambiar de lugar en el articulado de la Constitución –del 68 al 81- y aplazar, siempre a su conveniencia, la cuestión del matrimonio igualitario. Y con eso, si bien logró desviar la atención de otros asuntos, quedó muy mal parado, tanto con la comunidad LGBTI como con los cristianos, que ahora auguran todo tipo de penalidades divinas, cual si Cuba fuese el equivalente caribeño de Sodoma y Gomorra.

Cuando le comenté los apocalípticos anuncios de Antonia al pastor Manuel Morejón, de la Alianza Cristiana, me dijo que interpretaba que Dios, con el tornado, quiso castigar a los idólatras. Para él, resulta significativo que Guanabacoa y Regla, las zonas más castigadas por el tornado, son los baluartes de la santería en La Habana.

Los santeros andan asustados y hacen ofrendas a sus santos para aplacarlos. Particularmente a Shangó y Yemayá. Aun así, esperan eventualidades peores en los próximos meses. La letra del año, que hace la Asociación Yoruba, predijo para este 2019, regido por Oshún y Oggún, además de enfermedades, desastres, catástrofes, destrucción…

Guillermo, un cincuentón residente en Boyeros al que le ha dado por el espiritismo luego de que lo desmovilizaran deshonrosamente de las FAR, atribuye el tornado y también el accidente aéreo del pasado año a la ira del espíritu de José Martí, y argumenta: “Martí está cansado de que este gobierno lo utilice y manipule para sus fines: que si el autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada, que si el antimperialismo, que si el partido único…Ya se cansó, no aguanta más. Fíjate, el accidente del avión, el año pasado, ocurrió el 19 de mayo, en el aniversario de su muerte en Dos Ríos, y el tornado, que se formó en el Reparto Martí, fue el 27 de enero, la víspera del aniversario de su natalicio. ¡Tú verás que en mayo, en el aniversario de la muerte del Apóstol, va a haber otro desastre!

Luis Cino
Cubanet, 4 de febrero de 2019.
Foto de Hansel Leyva tomada de Periodismo de Barrio.

jueves, 28 de febrero de 2019

Las Estrellas de Areíto (II y final)


En 1980, el sello japonés Vivid Sound publica un pack con los cinco LP (fabricación EGREM y bajo licencia de esta marca) con referencia VS5-8001, que años más tarde es reeditado en otro pack, pero concentrando todos los temas de esos 5 LPs en 3 CDs). En 1981, al regreso de la corta gira por Venezuela, se vuelven a reunir y graban otro LP que en sus créditos no sigue el orden de las ediciones de los discos anteriores (debió ser el Volumen VI), ni tampoco en cuanto a la marca artística: sale bajo el título “Las Estrellas Areíto de Cuba”, como un disco único, y la nómina ahora estaría integrada por:

Voces solistas: Teresa García-Caturla, Tito Gómez y Miguelito Cuní.
Piano: Rubén González.
Tres: Niño Rivera
Violines: Enrique Jorrín, Pedrito Hernández y Elio Valdés.
Bajo: Fabián García-Caturla.
Trompetas: Jorge Varona, Reynaldo Larrinaga, Luis Mirabal, Octavio Calderón y Félix Chappottin.
Trombón: Jesús 'Aguaje' Ramos.
Timbales: Amadito Valdés.
Bongó: Ricardo 'El Niño' León.
Congas: Arístides Soto, más conocido por Tata Güines.
Flauta: Joaquín Oliveros.

Esta nueva grabación, al parecer, no salió en Cuba en formato LP, sino en Venezuela publicada también por el sello Integra bajo licencia EGREM, en formatos de LP (EG-13-119) y cassette (EG.13.120) Años más tarde, en 1988, bajo el influjo enceguecedor del Buena Vista Social Club, el sello francés Edenways lo publica íntegramente bajo el nombre de Estrellas de Areito. Rubén González. Cuban All Stars (EDE-2004-2).

A instancias de Juan de Marcos González, en 1998 el productor inglés Nick Gold, el mismo de Buena Vista Social Club, asumió la producción bajo el sello Nonesuch (Ref. 9551-2) del CD Los Héroes, un reissue de la casi totalidad de los temas incluídos en los primeros 5 discos, a excepción de El Manisero.

Concebido como un proyecto discográfico, lo mismo que las Cuban Jam Sessions, las circunstancias en que se grabaron los discos de Las Estrellas de Areíto actuaron en su contra: en 1979, con la desconexión involuntaria de Cuba respecto a los circuitos de distribución internacional de la música, EGREM tenía el monopolio de la producción y fabricación de discos, siendo una empresa incapaz por sí misma de articular su inserción en el mercado internacional.

Con ejecutivos de nueva promoción y escasa o nula experiencia internacional, EGREM se centraba en la producción y la circulación de sus discos esencialmente dentro de las fronteras cubanas, más algunos acuerdos sueltos y esporádicos con los que intentaban burlar el aislamiento internacional, pero que no articulaban con el segmento comercial de la industria a escala planetaria, que permitiera la difusión de estos discos y la eventual realización de giras y conciertos.

Raoul Diomandé, por su parte, enfrentó problemas para conseguir una distribución de mayor alcance para estos discos joyas, y lo más que logró fue hacerlos circular discretamente en Francia y algunos países del continente africano, con una carátula similar, aunque no igual a la original de EGREM. Con el paso del tiempo, fueron cayendo en el olvido, o quizás los nuevos que llegaban a decidir en la industria musical cubana ni siquiera supieran el calibre de lo que atesoraban. Lo cierto es que todavía, los vinilos de las Estrellas de Areíto -con poca tirada y escasas reediciones posteriores de manera íntegra- siguen siendo un tesoro valorado por los melómanos más acuciosos, pero desconocido y aún pendiente de difundir.

Hay patrones comparativos, si tenemos en cuenta que hubo después un Buena Vista Social Club donde alinearon algunos de los grandes nombres de las Estrellas de Areíto. Era tan perceptible el resplandor del olvido a que habían sido sometidos estos discos que un gran conocedor decidió honrar a aquellos músicos y aquellas jornadas: Juan de Marcos González lideró el proyecto de reeditar, remasterizadas, aquellas sesiones, que recogió en el CD doble Los Héroes bajo la misma denominación de Las Estrellas de Areíto, y que, como ya dijimos, es la única referencia que, salvos escasos tracks sueltos y bajo otras denominaciones, el melómano puede encontrar hoy día en las plataformas digitales de música.

En el blog Rutas en el aire, de la Fonoteca Torrente, su redactor anónimo expresa: “Y las descargas que grabaron estos cerca de treinta excepcionales músicos en 1979 (Pío Leyva, Miguelito Cuní, Paquito D’Rivera, Rubén González, El Niño Rivera, Arturo Sandoval) son para muchos una de las mejores grabaciones de Cuba en el último cuarto del siglo XX. Esto sí era auténtico, estaba hecho por intérpretes que lo habían mamado, lo llevaban en el ADN de serie. La 'respuesta' del conglomerado cubano al movimiento de la salsa se puede escuchar en la primera canción, Pónganse pa'las cosas. La declaración de intenciones no deja lugar a dudas al afirmar: “Pónganse pa’las cosas/ que sigue imperando el son/ si te hablan de la salsa/ mentira, se llama son”.

A punto de cumplirse casi 40 años de estas grabaciones, lo ocurrido con ellas permite concluír que no ocurrieron en el momento preciso, ni en el lugar adecuado para ese momento, lo que cambiaría cuando por esos azares de la vida y también por las circunstancias que concurrieron, cristalizó el Buena Vista Social Club y la industria estuvo lista para volver a abrirle los brazos del mundo a la música tradicional cubana.

En todo caso, al decir de Amadito Valdés, probablemente Las Estrellas de Areíto sean “el proyecto más aglutinador en la historia de la música nuestra”.

LOS DISCOS ORIGINALES DE LAS ESTRELLAS DE AREITO

Volumen I

A (Olmo y Bacallao)
Hasta Pantojo baila mi son – Son – Pedro Aranzola
(Miguelito Cuní)
Que traigan el guaguancó – guaguancó – Pedro Aranzola

B (Miguelito Cuní – Filiberto Hernández)
Guaguancó a todos los barrios – guaguancó – Pedro Aranzola.

Volumen II

A (Pío Leiva)
Póngase para las cosas – son – Pedro Aranzola
(Teresa García Caturla)
U-la-la – son montuno- Juan Pablo Torres y Humberto Cardonell

B (Pío Leiva)
Mi amanecer campesino – son montuno – Pedro Aranzola

Volumen III

A (Manolo Furé y Teresa García Caturla)
El manisero – son montuno – (Moisés Simons)
(Grupo Algo Nuevo)
Fefita – Danzón – José Urfé

B (Miguelito Cuní)
Yo sí como candela – Son montuno- Luis “Lilí” Martínez Griñán

Volumen IV

A (Tito Gómez)
Llora timbero – rumba – (Israel Rodríguez Scull)
(Pío Leiva)
Maracaibo Oriental – son montuno- José Artemio Castañeda

B (Magaly Tras y Teresa García Caturla)
Para mi Cuba yo traigo un son – son – D.R.

Volumen V

A (Carlos Embale y Teresa García Caturla)
Guajira Guantanamera – guajira son- Joseíto Fernández
(Pío Leiva)
Maracaibo Oriental – son montuno- José Artemio Castañeda

B (Magaly Tras y Teresa García Caturla)
Para mi Cuba yo traigo un son – son – D.R.

Volumen V

A (Carlos Embale y Teresa García Caturla)
Guajira Guantanamera – guajira son- Joseíto Fernández
(Pío Leiva)
El pregón de la montaña – son montuno- Pío Leiva

B (Estrellas de Areíto)
Prepara los cueros – son- Juan Pablo Torres.

LAS ESTRELLAS AREITO DE CUBA

Tema (Rubén González)
Taurema (Teresa García)
Mucho corazón (Enma Elena Valdelamar)
Santa Isabel de las Lajas (Benny Moré)
Celos de ti (Marcelino Guerra “Rapindey”)
Convergencia (Bienvenido Julián Gutiérrez)
Olga la tamalera
Azúcar con ají (Andrés Echevarría, Niño Rivera)
Bilongo (Guillermo Rodríguez Fiffe)
Trompetas en chachachá (Enrique Jorrín).

Rosa Marquetti Tores
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, diciembre de 2018.
Ver fotos, agradecimientos y citas en Desmemoriados.

Video inicial: Azúcar con ají, de Niño Rivera, con las voces de Miguelito Cuní y Teresa García Caturla, piano de Rubén González, trompeta de Félix Chappottín y Amadito Valdés en los timbales.

lunes, 25 de febrero de 2019

Las Estrellas de Areíto (I)



Las Estrellas de Areíto y los seis vinilos que grabaron están entre los grandes olvidados de la música cubana. Grabados en 1979 son conocidos y valorados por melómanos y coleccionistas, pero no han tenido la repercusión que su calidad amerita, ni la condición de grabaciones ya legendarias en las que participaron los mejores exponentes de la música popular, que vivían en Cuba en aquel momento.

Estas grabaciones no son tomadas en cuenta cuando se habla de descargas míticas de músicos all-stars en la música latina. Tuvieron que pasar muchos años para que en Cuba se reeditaran en formato CD (según catálogo EGREM, con referencias CD-141, 142 y 143) No están completos en Spotify, ni en Itunes y sólo la edición-homenaje a aquellas míticas sesiones, que impulsara años después Juan de Marcos González hacen que su nombre aparezca en los buscadores de las plataformas de distribución musical. Los nuevos distribuidores internacionales del catálogo patrimonial del sello EGREM/Areíto los ignoran hasta hoy. Pero Las Estrellas de Areíto son joyas verdaderas.

In opossite hace unas semanas el sello Craft Recording, división de Concord Music Group, de Los Angeles, con la acertada participación de la periodista e investigadora Judy Cantor-Navas, ha lanzado en formato LP y CD otros 5 discos que, de alguna manera están en los antecedentes de Las Estrellas de Areíto: me refiero a los vinilos de las míticas Cuban Jam Sessions, gestadas y fijadas por el sello Panart.

Grabadas a finales de la década de los 50, estos discos que recogen verdaderas descargas cubanas, con arraigo en el son, fueron protagonizadas por virtuosos en sus respectivos instrumentos y es un acierto que se pueda contar ahora no sólo con los discos organizados y en un único pack, sino también con un booklet con el resultado de las interesantes pesquisas realizadas por Judy a lo largo de varios años, en los que pudo entrevistar a algunos de los escasos participantes que habían sobrevivido, y también a la hija de Ramón Sabat, el creador y ex-dueño de Panart, en medio de un panorama de escasez de datos fidedignos, parquedad en los créditos que acompañaron a los discos originales, y casi inexistente repercusión en prensa al momento en que salieron por primera vez cada uno de esos discos al mercado.

Grabadas en un marco absolutamente lúdico y descargoso, las Cuban Jam Sessions se convirtieron rápidamente no sólo en un referente paradigmático, que tanto los músicos cubanos que emigraron, como los que permanecieron en Cuba, evocaban con recuerdos de diverso signo, pero en general, coincidentes en la descripción del espíritu de libertad creativa, improvisación, gozadera y fraternidad que las caracterizaron, sino también en fuente de inspiración para otros músicos. Lideradas por el pianista, director y compositor Julio Gutiérrez, las sesiones contenidas en los dos primeros discos y por Niño Rivera, la del tercer volumen, se completarían con las del contrabajista Israel López 'Cachao' y el flautista y director José Fajardo. Grabadas todas en los antiguos estudios Panart (ahora Estudios Areíto, de EGREM), excepto una parte del volumen 5, que fue grabada en Nueva York, esas sesiones tuvieron lugar entre 1956 y 1964.

Como señala Judy Cantor-Navas, estas descargas grabadas inspiraron primero a Al Santiago, director del sello discográfico neoyorkino Alegre, a crear y grabar en 1961 The Alegre All-Stars, y años después a Johnny Pacheco, en alianza con el abogado Jerry Masucci –fundadores en 1964 del sello Fania-, para crear la famosa Fania All- Stars. Todos ellos han reconocido la influencia de las “cuban jam sessions” (también conocidas como “sesiones de Panart”), que, en todo caso, contribuyeron a cambiar el sonido de la música latina, con fortísima presencia e influencia de la música cubana, que se hacía en Estados Unidos.

Cuando en 1979 la Fania All-Stars llega a La Habana como parte de lo que hoy se conoce como Havana Jam, no podía ser mucho lo que sabían sus integrantes de lo que ocurría en música en Cuba a partir de octubre de 1960, cuando el gobierno norteamericano decretó el bloqueo-embargo hacia Cuba: las fluídas e incesantes comunicaciones entre músicos residentes en ambos países habían quedado si no truncas, al menos seriamente obstaculizadas. En Nueva York, los músicos cubanos emigrados continuaron creando y de algún modo se volvieron referentes para sus colegas latinos, pero en Cuba la creación y el surgimiento de nuevas figuras tampoco se detuvo.

En 1977 con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de James Carter y su política menos beligerante hacia Cuba, se habían abierto ciertas brechas en el ámbito cultural: ese mismo año Dizzy Gillespie viaja por primera vez a La Habana, en una visita debida desde hacía tiempo, por lo mucho que era deudor del legado dejado por Chano Pozo y la percusión afrocubana al jazz en USA; Chucho Valdés y el grupo Irakere se presentan en el Festival de Jazz de Newport de 1978. Y en 1979 se hace realidad el Havana Jam con la presencia de músicos norteamericanos como Billy Joel, Weather Report con Jaco Pastorius y Joe Zawinul, Rita Coolidge, Kris Kristofferson, Stephen Stills y entre muchos otros, la Fania All-Stars.

Cuando llega se presenta en La Habana ante un público que poco sabía de ella: en 1979 casi no nos llegaba la música que se hacía en sectores latinos de los Estados Unidos, como Nueva York o Los Angeles. Había suerte, si nos topábamos con algún disco traído por un marino mercante o un diplomático, pues en materia de vínculos interpersonales con los cubanos que vivían más allá de la Isla, era casi nada lo permisible y posible. Los músicos, muy a pesar de todo, se buscaron y encontraron, fiestaron en casas habaneras de colegas anfitriones, que les acogieron como a viejos amigos. E intercambiaron músicas. Y contrastaron…

El sonido Fania había comenzado a inundar el mercado musical a nivel mundial con algo que era música cubana, pero que sin dejar de serlo era refractaria a la influencia de numerosos ritmos del área del Caribe. Los ejecutivos del ahora poderoso sello rentabilizaron la oportunidad que la política les sirvió en bandeja de plata. Y los músicos que quedaron y vivían en la Isla continuaron creando, pero marcados por la inexistencia de un vínculo de Cuba con la industria internacional de la música, bajo el estigma de la incomunicación. Y Cuba era la denominación de origen!

Acá muchos músicos y entendidos consideraban que la Fania usurpaba ese origen para escamotearlo bajo el nombre de salsa; otros reconocían el aporte de otros ritmos caribeños a ese cocinado. Las opiniones eran diversas y corrían como ríos: algunos llegaban a expresar que los de Fania, al fundamentar su diseño, habían llegado a alterar la narrativa histórica del surgimiento y auge de la música cubana, y que además era una música comercial sin grandes valores creativos originales.

Así estaban las cosas cuando Raoul Diomandé, un activo productor musical de Costa de Marfil, radicado en París y fanático de la música cubana, se entera de la movida Fania en La Habana. Diomandé tenía vínculos con EGREM, pues distribuía en Francia y algunos países de Africa, el catálogo de la única disquera cubana en aquel momento. Fue suya la idea de retomar el espíritu de las descargas de un Todos Estrellas de músicos cubanos que vivían entonces en Cuba, se dice que como una respuesta a la moda mundial de la salsa, a lo que hacía la Fania All Stars, pero reflejando la música cubana de raíz, con la mirada contemporánea de los músicos cubanos estrellas que residían en la Isla, sin un propósito lucrativo, más bien como una respuesta a lo que entonces algunos llamaban “música comercial cubana hecha en Estados Unidos”.

La directiva de EGREM aceptó la propuesta de Diomandé y encargó la dirección musical y desarrollo del proyecto al experimentado trombonista, compositor y productor Juan Pablo Torres, cuyo legado -dicho sea- no ha sido aún lo suficientemente valorado y estudiado. Si las primeras descargas se conocían como las sesiones de Panart, las que organizó Al Santiago fueron las de The Alegre All-Stars y las de la Fania, mantenían la referencia a su sello discográfico, pues éstas tenían que ser, Las Estrellas de Areíto.

Juan Pablo llamó a los mejores en sus respectivos instrumentos, pero los créditos de la edición primigenia de los vinilos no pudieron ser más parcos en cuando a información. Según los datos que guarda el percusionista Amadito Valdés, al ser parte de aquellas sesiones, la nómina general fue la que sigue:

Trompetas: Jorge Varona, Manuel 'Guajiro' Mirabal, Arturo Sandoval, Félix Chappottin y Adalberto 'Trompetica' Lara, Juan Munguía y Jorge Luis Varona.
Trombones: Juan Pablo Torres y Jesús 'Aguaje' Ramos.
Piano: Rubén González y Jesús Rubalcaba.
Violines: Rafael Lay Apesteguía, Miguel Barbón, Pedro Hernández, Elio Valdés, Angel Barbazán, Pedro Depestre, Félix Reina y Enrique Jorrín.
Bajo: Fabián García Caturla y Tony (se desconoce su apellido).
Tres: Andrés Echevarría más conocido por Niño Rivera.
Cuatro: Israel Pérez
Flauta: Richard Egües y Melquiades Fundora.
Saxo-clarinete: Paquito D’Rivera.
Congas: Guillermo 'Agapito' García y Tata Güines.
Bongó: Ricardo 'El Niño' León.
Güiro: Gustavo Tamayo y Otto Hevia
Pailas: Amadito Valdés y Filiberto Sanchez
Cantantes: Miguelito Cuní, Tito Gómez, Pío Leiva, Teresa García-Caturla Magaly Tars, Carlos Embale, Manuel Furé, Filiberto Hernandez.
Coros: Hermanos Bermúdez, Manolo Furé, Pepe Olmos y Felo Bacallao, Modesto Fusté Filiberto Sánchez, Eugenio 'Raspa' Rodriguez y Rolo Martinez.

Las sesiones de grabación, según Amadito, transcurrieron los días 24, 25, 27 y 30 de Octubre y 1, 8 y 9 de noviembre de 1979 en los míticos Areíto, de EGREM (antiguos estudios Panart) que seguían en la calle San Miguel 410 entre Lealtad y Campanario, en el corazón de la zona hoy conocida como Centro Habana.

Juan Pablo Torres no quiso recurrir a temas ya conocidos, sino que en su mayoría se trata de composiciones de músicos en activo y menos conocidas entonces. La duración de los tracks no es para nada comercial, porque su productor respetó el ambiente descargoso que crearon los músicos, las inspiraciones prolongadas y los solos soberbios.

Era imposible que con estos músicos, lo que saliera de allí no fuera la excelencia. Otra cosa, y muy distinta, fue el destino que le esperó a aquellas grabaciones y al fenómeno mismo de Las Estrellas de Areíto. A Venezuela llegaron las noticias, y EGREM y Diomandé consiguen que el sello venezolano Integra Interamericana de Grabaciones S.A. publicara en 1980 estos discos con otro diseño de portada igual de minimalista, pero con más información sobre los integrantes. Un año después cierran un contrato para que Las Estrellas de Areíto se presenten, en vivo y en directo, en Caracas.

Eso ocurrió en mayo de 1981, dos años después de la grabación de los discos. Era probablemente, el primer gran grupo de músicos cubanos que conseguía presentarse allí después de 1960 y en él iban músicos veteranos que aún eran mitos venerados en esas tierras: Miguelito Cuní, Félix Chappottín, Niño Rivera, Rubén González, Tata Güines, Tito Gómez, Enrique Jorrín... Hasta los propios músicos venezolanos estaban expectantes con este encuentro. Cuenta Fabián García-Caturla que Oscar D’León mandó un aviso de su deseo de encontrarse con los músicos cubanos. Organizó una comida en su casa y allí, para sorpresa de los que asistieron, les esperaba D’León con Celia Cruz, junto a otros músicos venezolanos.

Los cubanos se presentaron con éxito total, y a juzgar por un video que ha circulado años después, aquella primera actuación en directo hizo justicia a las virtudes del registro fonográfico. “Tocamos dos conciertos, en el Poliedro de Caracas y en un teatro en Barquisimeto. También hicimos un programa televisivo en Venevisión", recordó Fabián. Por su parte, Amadito Valdés aclaró que “Juan Pablo no pudo ir al frente de la orquesta. Estaba de gira con su grupo Algo Nuevo y entonces, al frente de Las Estrellas de Areíto fue Enrique Jorrín.”

Rosa Marquetti Tores
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, diciembre de 2018.
Ver fotos, agradecimientos y citas en Desmemoriados.
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