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lunes, 14 de octubre de 2019

Diez bárbaras barbaridades del Bárbaro del Ritmo



El 24 de agosto se cumplieron 100 años del nacimiento de Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, el gran Benny Moré, inmortalizado como el Bárbaro del Ritmo y el Sonero Mayor de Cuba.

El artista, que puso en el mapa mundial a su natal Santa Isabel de las Lajas, querida, poseía un innato sentido musical que desplegó en géneros como el son montuno, el mambo y el bolero.

Sin apenas estudios, pues abandonó la escuela a muy temprana edad para dedicarse a las labores del campo, su natural talento lo llevó a convertirse en director de orquesta, showman, trovador, bolerista inimitable e inspirado intérprete, tanto de sus propias composiciones como las de otros. Entre otros géneros, sones y guarachas y boleros compuso más de doscientas canciones.

En el centenario de su natalicio, lo recordamos con diez canciones, unas más populares que otras. :

1) Lo romántico es una constante en su música, por eso abrimos esta lista con gran bolero: Cómo fue, compuesto por Ernesto Duarte, del que podemos disfrutar en una de las pocas grabaciones del Benny que circulan por YouTube, acompañado por su Banda Gigante. "Cómo fue,/ no sé decirte cómo fue,/ no se explicarme que pasó,/ pero de ti me enamoré".

2) No hay amor sin conflicto: "Te he pedido perdón con el pensamiento,/ te he pedido perdón,/ vida, sin saberlo tú,/ y es tan grande la pena que llevo en mi existencia,/ que no sé,/ no sé si es posible resistir el dolor…", así le canta Benny a Margarita Bocanegra Durán, una exenfermera de Querétaro con la que se casó en 1945 en México. Dolor y perdón, escrita por el propio Moré, es el tema con el que cualquier romántico querría disculparse, aunque sea mentalmente.

3) Babarabatiri es un mambo que grabó con Dámaso Pérez Prado en su incursión con las big bands, un formato donde el Bárbaro del Ritmo desplegó su genialidad.

4) "Este tiempo/ sin tus besos,/ yo sufro./ Son mis horas/ de agonía/ sin ti./ Oh, oh,/ oh, vida, no te alejes", suplica este bolero compuesto en 1955, con letra de Luis Yáñez y música de Rolando Gómez, que no podía faltar en nuestra lista: Vida.

5) Benny Moré también hacía mover las caderas a cubanos y foráneos, aquí un temazo para recordarlo bailando: Qué bueno baila usted, un son montuno de su autoría que luego han interpretado numerosos artistas, como el venezolano Óscar D' León.

6) "Te quedarás porque te doy cariño,/ te quedarás porque te doy amor,/ te quedarás cuando llegues al nido/ de mi corazón", afirma Benny en esta canción compuesta por Alberto Barreto, otro clásico bolero de su repertorio: Te quedarás.

7) Mi amor fugaz, escrito por Moré, es una ruptura llena de poesía: "Tengo fe en que tú comprendas/ como yo lo he comprendido/ que nuestro amor se ha perdido/ como una estrella fugaz".

8) Con este son del cubano Ernesto Duarte, el Bárbaro del Ritmo puso a bailar a los mexicanos en la película El revoltoso (1951): Dónde estabas tú.

9) Esta composición del cubano Juan Arrondo nos regresa a esos temas de victrolas y cantinas, a esos boleros dolorosos que tan bien quedaban en la voz del Benny. "Arráncame, Dios mío/ esta idea tan morbosa/ de desearla siempre/ sobre todas las cosas", dice una de las estrofas de Fiebre de ti.

10) Cerramos esta playlist con Preferí perderte, un bolero de Ángel Lores: "Dime, por fin, qué sientes/ ahora que estamos separados/ dime, por fin, sinceramente/ si ya me has olvidado…"

Pues no, Benny, no te olvidamos.

Diario de Cuba, 24 de agosto de 2019.
Foto: Benny Moré 1963. Agnes Varda/The Guardian. Tomada de Diario de Cuba.


lunes, 7 de octubre de 2019

Los cien años del Benny


Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez, más conocido por Benny Moré, físicamente no estará presente para celebrar el centenario de su natalicio, el 24 de agosto de 2019. Pero en Cuba y en varios países recordarán al músico más querido y respetado por los cubanos, por los de adentro y los de afuera, al margen de su posición política, su ideología y sus gustos musicales.

Los cubanos todos recordaremos al cantante de voz inigualable, al director de una orquesta, la Banda Gigante, que puso a bailar y divertirse a la gente de su isla, y también a mexicanos, colombianos, peruanos y venezolanos, entre otros ciudadanos del continente. Al compositor autodidacta que escribió más de 200 canciones. Al hombre cuyos defectos no opacaron su sencillez y humildad y que se fue demasiado pronto, el 19 de febrero de 1963, a los 44 años. La mayor parte de las celebraciones tendrán lugar en Santa Isabel de las Lajas, su pueblo natal, actualmente un municipio de la provincia de Cienfuegos, a 235 kilómetros al sureste de La Habana.

Lajas, su rincón querido, Cienfuegos, la ciudad que más le gustaba y Varadero, la playa donde conoció la paz, aparecen en Canto a mi Cuba (EGREM 2006) junto a No hay tierra como la mía, Me voy pa'l pueblo, Mi saoco, Marianao, Maracaibo oriental, Guantánamo, Soy campesino, Santiago de Cuba, Soy del monte, Guajiro, Adiós Palma Soriano, Cómo está mi conuco, A la bahía de Manzanillo y Guajiro de verdad. El disco hubiera quedado más completo si hubieran incluido Vertientes-Camagüey (Florida y Morón), El brujo de Trinidad, Francisco Guayabal, La culebra, El marranito y Como arrullo de palmas, de Ernesto Lecuona y de la cual el Benny hizo una excelente versión.

En Santa Isabel de las Lajas se ha programado una gala cultural frente a la Casa de la Cultura, con artistas lajeros y cienfuegueros. El Centro de las Artes Benny Moré de Cienfuegos, ha sido el espacio escogido para la velada Esperando el Centenario, en la noche del viernes 23, con las actuaciones del maestro Pancho Amat y su Cabildo del Son, del Septeto Unión, Ingrid y su Trova Jazz y otros invitados. En la Cafetería Bartolo, en Avenida 26 entre 25 y 27, Cienfuegos, se iba a presentar el trago Loca Pasión, ganador de un concurso local de coctelería en homenaje al Benny, momento que será acompañado por el Trío Bohemios y Los Naranjos.

El sábado 24, la habitual peregrinación a la tumba donde yacen los restos del artista mayor de Cienfuegos, en el cementerio de Santa Isabel de las Lajas, con la acostumbrada descarga musical. A las once de la mañana, el Toque de Macuta en El Casino de los Congos o Cabildo de San Antonio. Antes, a las diez, inauguración de una exposición dedicada al Bárbaro del Ritmo, con obras del creador cienfueguero Irving Torres, en el Centro de las Artes Benny Moré. Después, una conferencia del proyecto cultural Siempre Bonito y Sabroso de Sagua la Grande, y la proyección de un audiovisual acerca de la vida y la obra del admirado cantante y compositor.

También en la mañana del 24 de agosto, se colocará una ofrenda floral y se realizará un performance del artista plástico Santiago Ermes, en el espacio que ocupa la escultura de bronce del Benny, en el Prado de Cienfuegos, realizada por José Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008. Otras actividades programadas: una parranda campesina, un guateque, una rumba y una descarga con Héctor Téllez. A las 9 de la noche, un concierto en el Parque Martí, con la participación de Bobby Carcassés y artistas cienfuegueros y villaclareños y a las 11, un gran baile popular. Hilda Moré, la hija mayor del Benny y otros familiares estarán presentes en las conmemoraciones en Cienfuegos, ciudad que en octubre acogerá una nueva edición del Festival Benny Moré.

En La Habana, Joaquín Betancourt y su Jazz Band ofrecerán una actuación especial, el 24 de agosto. Los días 6, 7 y 8 de septiembre, el teatro Karl Marx será sede de conciertos a cargo de reconocidos representantes de la música cubana. La Fábrica de Arte Cubano, situada en Calle 26 entre 11 y 13, Vedado, entre los días 22 y 25 de agosto exhibirá materiales audiovisuales, entre los cuales destacan el documental Con la misma pasión, Constante Diego, estrenado en 1980, y la película El Benny, de Jorge Luis Sánchez, que cuando en 2006 se proyectó en los cines cubanos tuvo gran acogída de público. Ese mismo año se presentó en el Festival de Cine de Locarno, Suiza y fue candidata a los Premios Oscar. Por su parte emisoras nacionales y provinciales de radio han diseñado programaciones dedicadas al Bárbaro del Ritmo.

Pero uno de los espectáculos más originales para recordar al Benny, tuvo lugar hace cuatro años en el teatro Karl Marx y se llamó Sinatra Meets Benny Moré. Lo organizó el compositor, guitarrista y conductor de orquesta Leo Brouwer y la interpretación de los números del Benny y de Sinatra estuvieron a cargo del cantante cubano Augusto Enríquez y de la agrupación canadiense The Back Alley Band. La primera parte estuvo dedicada a Benny Moré y la segunda a Frank Sinatra. "La voz de Augusto fue impresionante, su amplia tesitura, su pasión al interpretar los temas del cubano y el estadounidense, evidenció el respeto que siente por cada uno de ellos. Por su parte, la jazz band canadiense hizo un destacado trabajo, sonando como una excelente orquesta criolla", escribió Irina Pino en Havana Times en octubre de 2015.

El peruano Khalil Farach Niebuhr subió a You Tube su personal homenaje al Benny, el cubano que con su bastón y su sombrero para él es sinónimo de sabor, saoco y siguaraya. Las 35 canciones seleccionadas duran casi dos horas.

Por su parte la historiadora musical Rosa Marquetti Torres ha rememorado al cienfueguero más universal con la publicación de dos investigaciones inéditas en su blog Desmemoriados: Mapa inconcluso de Benny Moré en USA y Marta Castillo, la muchacha de la foto con el Benny, y con el artículo Benny Moré, los cien años de un genio, publicado en On Cuba y que el pasado 2 de septiembre reproduje en el blog. Juan Juan Almeida García, en el programa que de lunes a viernes realiza en Miami y trasmite por Facebook, auspiciado por Diario Las Américas, entrevistó a Roly Moré, nieto del Benny, quien contó anécdotas de su abuelo y de su familia.

Un llamativo homenaje ha preparado el profesor colombiano Henry Manyoma GIl, productor, conductor y director del programa Lo que trajo el barco, de Radio Univalle Estereo 105.3 FM, de Cali, Colombia, que lleva más de diez años rescatando canciones perdidas de los vinilos que no alcanzaron fama comercial, muchas desconocidas para los bailadores y seguidores de la música popular, entre ellas la cubana, de la cual Manyoma es un apasionado y en particular de Benny Moré. Al final de un texto titulado "Henry Manyoma Gil y su programa etnoeducativo y musical Lo que trajo el barco se unen a la conmemoración del natalicio de Benny Moré en sus 100 años (1919-2019)", se informa que el Club Tequendama de Cali será testigo de la audición musical que el sábado 24 de agosto, a partir de las 8 de la noche realizará Manyoma Gil y constará de cuatro facetas relacionadas con el Benny: académica e ilustrativa, escuela rítmica, medición de conocimientos y ruta bailable.

El Instituto Latino de la Música, fundado en Ciudad México en 1921, anunció que en una ceremonia que se celebraría en el primer fin de semana de septiembre en La Habana, a Hilda Moré entregarían el premio Estrella del Siglo, que dicho Instituto otorga a figuras paradigmáticas del arte, como Marco Antonio Muñiz, Jorge Negrete, Pedro Infante, José Alfredo Jiménez, Javier Solís, Celia Cruz y Lola Flores.

De los numerosos discos, fotos y otros materiales sobre Benny Moré que posee la Colección Gladys Palmera, una de las más completas de música cubana y latinoamericana de Iberoamérica y a la cual ha dedicado parte de su vida Alejandra Fierro Eleta, mecenas por cuyas venas corre sangre panameña y española, se encuentra el disco-homenaje que la EGREM dedicara a Benny Moré en 1963, el año de su muerte. En la cara A del LP, aparecen cuatro números compuestos por el Benny, dos son montuno, Santa Isabel de las Lajas y Qué bueno baila usted, y dos boleros, Dolor y perdón y Conocí la paz. La lista la completan Y hoy como ayer, beguine de Pedro Vega, y Manzanillo, son montuno de Ramón Cabrera. En la cara B, un solo número de la autoría del Benny, la guajira Cienfuegos. El resto, Maracaibo oriental, changüí de José Artemio Castañeda; Santiago de Cuba, son montuno de Ramón Cabrera, y tres boleros: Tú me sabes comprender, de Ricardo Pérez Martínez, Te quedarás, de Alberto Barreto y Oh vida, de Luis Yáñez y Rolando Gómez. Una verdadera joya discográfica.

Por el centenario del natalicio del Benny, la EGREM lanzó un CD titulado Siempre tu voz, con la participación de Omara Portuondo y la Orquesta Failde, que dirige Ethiel Fernández Faílde, tataranieto de Miguel Faílde, creador del danzón en el siglo XIX. De las versiones más interesantes, las que hizo Omara con la rapera Telmary en Las mulatas del chachachá, de Evelio Landa (que el Benny grabó con su Banda Gigante y también es título de un disco del Cuarteto D'Aida) y con el cantautor William Vivanco, en Mata Siguaraya, número afro compuesto por Lino Frías, pianista de la Sonora Matancera, que ha quedado inmortalizado en las voces de Benny Moré y el venezolano Oscar D'León y cuya letra dice: "En Cuba nace una mata que sin permiso no se puede tumbar, porque son orishas, esa mata nace en el monte, esa mata tiene un poder, esa mata es Siguaraya".

Como invitado especial, el dominicano Johnny Ventura, que interpreta La múcura, original del colombiano Crescencio Salcedo y que después de haber sido cantada y bailada a ritmo de mambo por la vedette cubana Ninón Sevilla en la cinta mexicana Perdida (1950), con el acompañamiento de la Orquesta de Pérez Prado, el Benny la incorporaría a su repertorio. Ya en 1946, en el filme Carita de Cielo, con la Sevilla había interpretado Por el prado y Al compás del Tuñaré, de Juan Blez. Con la también cubana Amalia Aguilar, en Novia a la medida (1949), el Benny cantaría y bailaría El caballo y la montura, de Kiko Mendive, y El baile del sillón, de José Carbó Menéndez. De las películas en las cuales Benny Moré participó en México en las décadas de 1940-1950, una de las más recordadas es El revoltoso (1951), donde el cubano canta y baila Dónde estabas tú, de Ernesto Duarte, con Tin Tan, el célebre cómico mexicano.

La mejor definición del músico que en agosto celebramos el centenario de su natalicio, la dio el poeta nacional Nicolás Guillén: "El Benny extrajo de la vida su más rico jugo y lo devolvió en ritmo y armonía".

Tania Quintero

Video: Con la misma pasión, el documental que el cineasta Constante 'Rapi' Diego (La Habana 1949-México 2006) le dedicó a Benny Moré, fue estrenado en Cuba en 1980.


Aclaración.- En Por siempre Benny, publicado el 24 de agosto de 2019 en Tribuna de La Habana, se afirma que "Benny Moré también trabajó para la emisora RHC-Cadena Azul junto a la orquesta de Bebo Valdés. El presentador de ese programa le puso el sobrenombre de El Bárbaro del Ritmo, dicen que por una canción que interpretaba llamada ¡Oh, Bárbara!, y sin dudas, ya nunca dejó de serlo". Esa canción se titula Ah, Bárbara, fue compuesta por el mexicano Miguel Ángel Valladares (1919-1969) y aparece en el disco Mata Siguaraya (TQ).

lunes, 30 de septiembre de 2019

1969


El verano de 1969 fue especialmente memorable: en julio, el hombre llegó a la Luna y caminó sobre su superficie; en agosto, tuvo lugar el Festival de Woodstock, el más importante de la historia del rock.

La caminata de los cosmonautas norteamericanos Neil Armstrong y “Buzz” Aldrin sobre la superficie lunar (Michael Collins permaneció en la nave) ocurrió el 21 de julio, al día siguiente del alunizaje de la Apolo XI.

El Festival de Woodstock –que en realidad no ocurrió exactamente allí, sino en Bethel, también en el estado de New York- se desarrolló, día y noche, con sol y lluvia, del 15 al 18 de agosto.

Los cubanos supimos poco de la Apolo XI y la caminata lunar. Solo supimos lo que los mandamases creyeron pertinente informar a través del periódico Granma y el NTV (Noticiero Nacional de Televisión), restándole importancia al hecho y agregando la coletilla de que la millonaria suma que se gastó en la expedición hubiese sido mejor empleada para combatir el hambre y las enfermedades en los países del Tercer Mundo.

A los mandamases castristas les picaba que los yanquis lo hubiesen conseguido. Que, apenas una semana después del fallido alunizaje de la sonda soviética Luna 15, la bandera de las barras y las estrellas estuviera en la Luna en lugar del trapo rojo con la hoz y el martillo. Hasta se pusieron escépticos y se hicieron eco -todavía a estas alturas algunos gaznápiros lo hacen- de disparatadas teorías que afirmaban que había sido un montaje “hollywoodense”.

Recuerdo que algunos afirmaban que pudieron ver la caminata lunar a través de las emisoras de televisión de la Florida, como mismo podían ver Midnight Special y Soul Train cuando había buen tiempo, mediante artilugios en las antenas. Los demás nos tuvimos que conformar con las imágenes de solo segundos de duración que tuvieron a bien exhibir en el NTV, comentadas por Manolo Ortega.

Meses después, algunos mostraban con orgullo, como un preciado tesoro, unas postales tridimensionales, que mostraban a Aldrin saludando la bandera estadoundidense en la Luna, enviadas por sus parientes en Estados Unidos dentro de cartas, acompañadas con chicles y cuchillas Gillette, si tenían la suerte de que las cartas no se extraviaran por el camino o llegaran saqueadas y chapuceramente remendados los sobres.

Del Festival de Woodstock no hubo información en la prensa cubana. Qué iban a hablar de esa cochambre hippie, inmersos como estaban en la lucha contra el diversionismo ideológico. Y eso que por aquella época se había levantado la prohibición sobre la música anglosajona. En el programa Nocturno de Radio Progreso, Radio Cordón de La Habana y Radio Liberación, además de los grupos españoles, ya se podía escuchar a los Fifth Dimension en Aquarius, a Santana en Evil Ways (el video es de su actuación en vivo en el Festival de Woodstock en 1969)..


A aquella banda prodigiosa que se llamó Blood Sweat and Tears, los Creedence Clearwater Revival (que en Cuba llamaban Los Aguas Claras) en Proud Mary, a los Guess Who, algo de Led Zeppelin, que acababa de grabar sus dos primeros discos, y hasta los Beatles, que disparaban sus últimos cartuchazos y, pese a que les censuraron Revolution y Helter Skelter, ya habían dejado de ser el epítome de “la decadente música imperialista”.

Un par de años después, en 1971, vendría un nuevo espasmo prohibitivo, y por un tiempo ya no nos permitirían oír ni a los Fórmula V sólo la Nueva Trova y música andina, con quenas y charangos.

Las primeras noticias que tuve del mega festival hippie (y también de la ópera rock Tommy de The Who) me llegaron varios meses después, a través de una revista argentina (Pelo se llamaba) que me prestó un amigo, y de la canción Woodstock que tocaban Crosby, Stills, Nash and Young, y que no me cansaba de escuchar en la WQAM. Demoraría casi treinta años en ver -en video Betamax- las películas que sobre Woodstock hicieron Martin Scorsese y Ang Lee. No tengo que decirles -pueden imaginarlo- cuanto hubiese anhelado estar allí. Pero estaba aquí, sometido al proceso de formación del hombre nuevo.

En 1969, del mundo los cubanos solamente sabíamos lo que nos “informaba” la prensa oficial: que el Vietcong no paraba de dar palizas a los yanquis, que los pueblos latinoamericanos combatían para ser como Cuba, que la Unión Soviética era la mejor y que el futuro pertenecía por entero al socialismo.

Al Máximo Líder se le ocurrió en 1969 hacer una zafra de 10 millones de toneladas de azúcar, que según aseguraba, conseguiría sacar a Cuba del subdesarrollo. Para ello, puso todos los recursos en función de dicha zafra.

Con aquella manía de ponerle nombre a los años y para que tuviésemos una idea de lo que nos esperaba, 1969 fue bautizado “Año del esfuerzo decisivo”. Aboliendo las navidades y enviando oleadas de hombres a los cañaverales, empataron ese año con el siguiente. Si Manzanero decía que la semana tiene más de siete días, ¿cómo no iba a poder el Comandante en Jefe hacer que el año tuviese los meses de más que a él se le antojaran?

Resultó un disloque donde solo importaba cortar y moler caña, todo el tiempo martillando con el lema: ¡Los diez millones van…De que van, van! Y, ¡ay del que se atreviera a dudar que no irían! Pero no fueron, la economía cubana se hundió y tuvieron que acudir los soviéticos al rescate, mientras Fidel Castro se las arreglaba para “convertir el revés en victoria”. Del famoso lema lo único que resultó fue el nombre de la orquesta que creó Juan Formell en diciembre de 1969.

El peor de los malos recuerdos que guardo de la Zafra de los 10 Millones fue el período de la escuela al campo de 1969, que duró setenta días en vez de los habituales cuarenta y cinco. Se imaginarán el hambre que pasé en aquel campamento en San Antonio de los Baños. Estaba en octavo grado, aún no había cumplido los 14 años, y estaba perdidamente enamorado de una vecina y condiscípula llamada Isabelita. Bajito, flaco y esmirriado como un gato callejero, era un hervidero de hormonas y rebeldías.

En aquellas escuelas al campo, como muchos de mi generación, fugándome, despistando a los chivatones de la Juventud Comunista, robando comida del almacén y fajándome a palos con los “guaposos”, aprendí muchos de los mecanismos y mañas que me han ayudado a subsistir bajo el castrismo. Pero esa es otra historia.

Luis Cino
Cubanet, 24 de julio de 2019.
Video: Marilú, compuesta por Juan Formell, es uno de los doce temas de Los Van Van Vol. I, que el sello cubano Areíto lanzó en 1969. Los once restantes son El penoso, Yuya Martínez, La bola de humo, La campana del amor, La lucha, Laura Chancleta, Soy yo el que te busca, La composta, Chiquita di sí, Fracasé y Los momis.

Leer también: El Woodstock latino.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Eça de Queiroz en La Habana



En el contexto de las celebraciones por los cien años de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Portugal, fue presentada la coproducción cubano-portuguesa Nuestro Cónsul en La Habana. La premier tuvo lugar a las 17.30 del miércoles 17 de julio, en el Cine 23 y 12, en la barriada habanera del Vedado.

Al estreno, entre otros, asistieron el Secretario de Estado de las Comunidades Portuguesas del Ministerio de Negocios Extranjeros de la República Portuguesa, José Luís Carneiro; el embajador de Portugal en Cuba, Fernando de Brito Figueirinhas; el presidente del Instituto de la Cooperación y la Lengua, Luis Faro Ramos y Ramón Samada, presidente del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC),

En sus palabras, tanto el embajador Figueirinhas como el presidente del ICAIC, destacaron los lazos culturales que unen a las dos naciones y dijeron que la cinta contribuirá a dar a conocer la presencia en la Isla del escritor, periodista, traductor y diplomático José María Eça de Queiroz. A la velada también asistió el director de la cinta Francisco Manso (Lisboa, 1949), quien aclaró que la versión cinematográfica era una adaptación de la serie O Nosso Cõnsul em Havana, transmitida en trece capítulos por la RTP (Radio y Televisión de Portugal).

Esta iniciativa forma parte de las celebraciones por el centenario de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Portugal, acontecimiento ocurrido el 6 de mayo de 1919. El largometraje describe el trabajo de Eça de Queiroz como cónsul en La Habana, función que desarrolló entre diciembre de 1872 y marzo de 1874. Tiene locaciones grabadas en Portugal, España y Cuba. El guión es del escritor portugués Antonio Torrado y la producción del cubano Inti Herrera. En el elenco de actores destacan Elmano Sancho, en el papel de Eça de Queiroz, así como Antonio Capelo, Leonor Seixas, João Lagarto, Mafalda Banquart, Joaquim Nicolau, Jorge Pinto, Luis Cruz, Ricardo Barbosa y Bruno Schiappa, entre otros.


El 17 de julio, pero a las 15.00, en la Sala Raquel Revuelta, en Línea y B, Vedado, era presentada Mise em Abíme, a cargo de Teatro D'Dos bajo la dirección de Julio César Ramírez. La obra está basada en la vida del destacado intelectual portugués, que fue asiduo a La Columnata Egipcia, café de moda en La Habana, igual que La Bolsa, La Imperial, La Dominica, Café Arillaga y Escauriza. El café estilo europeo fue la antesala de la cantina y bar cubano actual, como Sloppy Joe's y Floridita, se afirma en Cuba Coctel. La Columnata Egipcia ya no existe, pero gracias a Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad, al Grupo Amorim que contribuyó con la instalación de un panel con azulejos, y piezas donadas por la Fundación Eça de Queiroz de Portugal y al interés personal del Embajador portugués en Cuba, fue posible que en El Café, un negocio privado abierto hace dos años por Nelson Rodríguez Tamayo, se recordara a Eça de Queiroz.

Situado en Amargura 358 entre Villegas y Aguacate, Habana Vieja, El Café ofrece desayunos, jugos, batidos, sandwiches, frutas frescas, yogurt de frutas, tostadas con mantequilla o mermelada de naranja agria y hummus de pepino, tomate y zanahoria, entre otras variedades. El pan es artesanal y tienen menús para vegetarianos, veganos y celíacos. Comentarios dejados por turistas en Tripadvisor lo consideran "el mejor lugar de La Habana, limpio, fresco, tranquilo, excelente servicio y que con 10 cuc puede almorzar una persona y se llena".

Desde 1580, cada 10 de junio, fecha del fallecimiento del escritor Luis Vaz de Camões, considerado uno de los mayores poetas en lengua portuguesa, se celebra el Día de Portugal, de Camões y de las Comunidades Portuguesas. Ese día del calendario marca también las celebraciones de la Lengua Portuguesa, del Ciudadano Nacional y de las Fuerzas Armadas y se dedica a su vez al Ángel Custodio de Portugal.

Este año, el 12 de junio, el Palacio del Segundo Cabo, en La Habana colonial, fue el espacio escogido para celebrar la fiesta nacional portuguesa. Además del acto oficial allí realizado, en el Castillo de la Real Fuerza se inauguraba la exposición Azulejos Portugueses; en la sala transitoria del Centro para la Interpretación de las Relaciones Culturales Cuba-Europa y una muestra titulada Presencia de Portugal en Cuba. Mientras, en el Museo Numismático, la cultura e historia del país ibérico era contada por sus monedas, medallas y billetes.

Un poco de historia. En 1607, el Capitán General Pedro Valdés confirmaba la existencia de una comunidad de portugueses en La Habana. Una parte significativa de las actividades desarrolladas por esa comunidad, en La Habana o en el interior de la Isla,general, se relacionaban con el comercio, a través de la Real Companhia da Guiné, con sede en Lisboa, y la navegación, en nombre del Reino de Portugal o a título privado.

Apenas un reducido número de portugueses se establecerá definitivamente en Cuba, sobre todo a partir del siglo XVII, cuando se casaron con miembros de familias locales, como Don Gaspar Ribeiro de Vasconcelos, hidalgo y capitán portugués que vivió en la casa conocida aún hoy por su nombre, en la esquina de Obrapía y San Ignacio, Habana Vieja. Algunos de esos portugueses y sus respectivas descendencias tendrán un importante impacto en la sociedad de su tiempo, en particular en cargos de índole militar (naval) y administrativa.

Son los casos del Almirante Don Francisco Diaz Pimienta, nieto de portugueses que se instalaron en las Islas Canarias; de Don Andrés Zequeira y Guedes, natural de Oporto, Capitán de la Real Armada Española y padre de Juan Francisco de Zequeira y Ramallo, alcalde de La Habana; del alférez Don Luis de Silva y Acosta, portugués, alcalde de la villa de San Salvador de Bayamo; de Don Antonio de la Luz y Do’Cabo, natural de Lisboa, de quien desciende el abogado, filósofo y educador José de la Luz y Caballero; y de Don Manuel Gomes da Lourença, natural de Coimbra, de quien a su vez descienden los Presidentes de la República de Cuba José Miguel Gómez y Gómez y su hijo Miguel Mariano Gómez y Arias.

En 1872, cuando el joven diplomático José María Eça de Queiroz es nombrado Cónsul de Portugal en La Habana, a la isla mayor de Las Antillas se dirige con el encargo de tratar de resolver el problema de 100 mil chinos, tratados como esclavos en las plantaciones de caña de azúcar y quienes habían salido de China a través de Macao, muchos de ellos con documentos portugueses (Macao fue administrada por el imperio portugués y sus Estados herederos, desde mediados del siglo XVI hasta finales de 1999, convirtiéndose en la última colonia europea en Asia). Queiroz viviría entonces alejado de su país natal, al que sólo regresaría durante breves períodos. En Cuba residió dos años, tiempo que aprovechó para viajar por Estados Unidos y América Central. En La Habana tendría un apasionado romance con Mollie Bidwell, una joven moderna, hija del general estadounidense Robert Bidwell, tenido por un héroe, pero después se descubre que traficaba con armas.

La lejanía no impidió que Queiroz prosiguiera colaborando con diarios portugueses. Queiroz se convertiría en uno de los más importantes escritores portugueses, exponente máximo de la corriente realista, con un estilo particularmente cortante. Su producción literaria fue vasta y constituye, aparejada con su valor estético, un documento excepcional sobre la época y la naturaleza humana en general. Entre sus novelas más conocidas se encuentran Los Maias, El El primo Basilio, El mandarín, La reliquia, La ilustre casa de Ramires y El crimen del padre Amaro, llevada al cine en 2002 por el director mexicano Luis Carlos Carrera y con Gael García Bernal como el padre Amaro.

En 2006, en Eça de Queiroz en La Habana, el periodista cubano Luis Sexto contaba que en una carta de 1873, dirigida a Ramalho Ortigao, Queiroz llama a La Habana “ciudad estúpida, fea, sucia, odiosa, innoble.” Y añade: “!Oh! la gente grosera. Esta ciudad¡qué miserable aldea es, con todos sus palacios, con todos sus trenes arrastrados por cuatro caballos cubiertos de plata! ¡Ah! La miserable, subalterna, rastrera manera de estos espíritus. ¡Ah! El terrible precio de una camisa. Detesto esta ciudad verdeada y millonaria, sombría y ruidosa -este depósito de tabaco, este charco de sudor, este estúpido palillero de palmeras. Disculpe mi cólera -ella nace de un tedio sin límites y de un despecho cruel: el despecho de sentirme un pobre diablo artista, encajado en una función oficial, y tener que ajustar el sentido artístico al código de los cónsules.” En 1874 se marchó de Cuba.

Mário Quartin Graça en Eça de Queiroz em Havana, texto publicado en 2013 en el blog Raíz e Utopía del Centro Nacional de Cultura de Portugal, sale en defensa de su compatriota:

"Homem do norte de Portugal, pouco habituado ao calor, desde jovem com uma saúde débil, que manteve até à sua morte com 55 anos, o clima de Cuba não lhe era propício. Já em 1869, ao regressar a Portugal de uma viagem de dois meses pelo Egipto e pela Palestina, voltara com a saúde muito abalada. Alguns dos melhores gastroenterologistas portugueses do nosso tempo, baseados nas referências escritas de Eça, além de familiares e amigos, admitem que o seu mal crónica fosse uma amebíase, então uma enfermidade endémica no Egipto, na Palestina e também em Cuba.

"Tal como aconteceria em Inglaterra (Newcastle e depois Bristol) e em França (Paris, onde faleceu em 1900), também em Cuba, Eça de Queiroz pouco ou nada se integrou na sociedade local. Era pessoa muito reservada e, então ainda solteiro, vivia num hotel e as suas conversas limitavam-se aos hóspedes, em geral americanos, que por lá apareciam. De resto, as suas ocupações profissionais pouca folga lhe davam. Talvez por isso, no seu período cubano, além de algumas, poucas, cartas a amigos, limitou-se a escrever o conto “Singularidades de uma rapariga loira”, oferecido como brinde aos assinantes do Diário de Notícias, de Lisboa.

"Por quê uma actividade consular tão intensa em Havana? Porque então chegavam a Cuba, em sucessivos desembarques, milhares de chineses, recrutados por engajadores e embarcados em Macau, território administrado por Portugal, paras trabalhar no cultivo da cana-de-açúcar, numa situação muito próxima da escravatura e em condições infra-humanas. Vinham por contratos de oito anos mas, uma vez estes terminados, não tinham condições para regressar à China. Era, além de escravatura, uma escravatura sem fim à vista.

"Eça de Queiroz foi também testemunha da guerra de independência das Antilhas contra o domínio espanhol que decorreu entre 1868 e 1878, germe do que viria a ser mais tarde o conflito armado entre os Estados Unidos e Espanha, que levou à independência das Antilhas em 1898. Nas suas observações, porventura superficiais, Eça considerava que aquela insurreição não tinha em Cuba importância local, respaldo popular, nem força bastante; não obstante, julgava tratar-se de um movimento imparável, porque a sua força estava em Madrid, nos cubanos lá residentes e nos abolicionistas espanhóis; estava em Nova Iorque, na emigração cubana; estava na opinião pública dos Estados Unidos e estava na influência de certos jornais norte-americanos que iam propalando a ideia de uma intervenção do seu país. Mas, curiosamente, observava Eça, estava também nos cubanos ricos que, embora aparentemente dedicados a Espanha, apoiavam secretamente os revoltosos.

"Apesar da sua curta permanência em Havana, a influência de Eça de Queiroz nos escritores cubanos do início do século XX foi grande. Ángel Lázaro Machado, na revista Carteles, de Havana, escreveu que 'Eça de Queiroz foi um escritor que influiu muito beneficamente na literatura e no jornalismo cubanos da nossa época'. Ídolo da geração que em 1917 e 1918 trabalhava na revista Cuba Contemporánea, Eça era muito lido em Cuba, a tal ponto que nenhum prosador estrangeiro tenha sido tão admirado e seguido pelos seus homens de letras, fascinados pela sua ironia e pala sua arte de escrever. Enfim, Eça era aqui, em Cuba, tão familiar que a numerosa colónia galega de Havana lhe chamava 'o nosso Eça'. E, nos dias de hoje, para os cubanos cultos, Eça de Queiroz continua a ser uma referência e um exemplo como grande mestre do realismo que foi".

El 10 de febrero de 1886, Eça de Queiroz se casó con Doña Emilia de Castro Pamplona, aristócrata portuguesa, hija de los Condes de Resende. Con ella tuvo cuatro hijos: Antonio, María, Alberto y José María.

A modo de despedida, Salvador Sobral (Lisboa 1989) interpretando en español Ay, amor, de Bola de Nieve (La Habana 1911-Ciudad de México 1971).

Tania Quintero, con informaciones de internet y de la web del Historiador de la Ciudad.

Imagen: Panel de azulejos que recuerda el paso de Eça de Queiroz por la capital cubana (1872-1874). Puede verse en El Café, en Amargura 358 entre Villegas y Aguacate, Habana Vieja. Fue hecho en Portugal por la prestigiosa fábrica de azulejos Viúva Lamego. La foto, de João Correia, fue tomada del blog Cuba Aventura.


lunes, 16 de septiembre de 2019

Madan Bemba Colorá


Sí, es verdad que ahora hace dieciséis años que se murió. Lo que no ha podido hacer el tiempo, ni ninguna patología, es callarla, porque la voz de Celia Cruz, las sonoridades y las armonías de sus canciones, estallan y viven de pronto en las emisoras, los tocadiscos y todos los aparatos difusores.

Y es que escucharla es un placer sin fronteras y una necesidad rotunda, para sentirse uno como un ser humano y sensible que es parte y disfruta de ese planeta especial y cálido donde reina la música.

No hay nada que saque a aquella mulata habanera de las fiestas y los jolgorios del mundo hispano, porque esa mujer de 77 años, que se fue de viaje definitivo en New Jersey, el 16 de julio de 2003, dejó a las personas que suelen soñar por el oído unas 800 canciones, grabó unos 70 álbumes, se ganó 23 discos de oro y recibió cinco premios Grammy.

De Celia Cruz, permanece también su decencia y educación como ser humano. Su respeto por la libertad de Cuba, de la que salió en 1960. Su proverbial profesionalismo y el magnetismo de su trabajo en el mundo entero, donde llegaba a los escenarios con todas las lentejuelas del mundo en sus vestidos, las pelucas más desafiantes y rimbombantes y, cómo no, con los tacones tan grandes en sus zapatos que algunos se coleccionan hoy en museos y casas de cultura.

Para evocar a la gran artista, en su verdadera dimensión como una cubana natural por encima de premios, medallas, títulos, emblemas universitarios y elogios sin medidas, me gusta compartir con los lectores estas palabras de su albacea, Omer Pardillo: “Celia siempre tuvo un valor enorme que yo le reconozco: mujer, negra, pobre, que sale de una isla y conquista el mundo. Celia se hizo sola, no tuvo aquel padrino que la ayudara. Fue una mujer muy positiva, hasta en su propia enfermedad le miró el lado positivo. Fue una artista que subió a lo más alto, pero se quedó con los pies en la tierra.”

La figura que internacionalizó piezas como Burundanga, de Oscar Muñoz; Cao Cao maní picao, de José Carbó, o Bemba colorá, de José Claro Fumero, y que hizo bailar y cantar al público en el mundo, dejó bien clara su posición con relación al proceso político de su país después que el dictador Fidel Castro le negó la entrada a su patria para asistir al velatorio de la señora madre de la cantante, en abril de 1962.

Hay aquí unas ráfagas urgentes de Celia Cruz como ser humano, como persona sin pomposidades ni vanidades. Lo que viene ahora, lo que toca, es ponerse a oír su música y sin tener en cuenta desde que parte del cielo está cantando.

Raúl Rivero
Blog de la FNCA, 19 de julio de 2019.
Leer también: La bella historia de Celia Cruz y de su esposo Pedro Knight.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Cuatro horas en Locarno


Desde que el 26 de noviembre de 2003 llegamos a Suiza como refugiadas políticas, mi hija Tamila, mi nieta Yania y yo no habíamos podido hacer un viaje juntas fuera de Lucerna. Finalmente lo realizamos el lunes 3 de junio, día del 25 cumpleaños de Yania. Con tiempo, Tamila compró tres Tagekarte Gemeinde en la librería Bourbaki, que le costaron 144 chf. Decidimos ir a Locarno, donde anualmente se celebra un festival de cine

A las 9.18 cogimos el Inter City que después de hacer paradas en Arth-Goldau y Bellinzona, capital del Ticino, cerca de las 11.15 nos dejó en Locarno. Lo primero que hicimos fue ver los horarios de regreso de trenes a Lucerna, pero la información en el mural no señalaba que hubiera un tren donde pudiéramos volver a Lucerna sin bajarnos. No pudimos preguntar porque la estación de Locarno la están remodelando.

Decidimos buscar un sitio donde almorzar. Luego de caminar por tres o cuatro calles céntricas, decidimos entrar en Caffé Paolino, un bar-cafetería-restaurant cuyos usuarios prefieren comer en sillas y mesas situadas bajo grandes sombrillas en el exterior y no dentro del local, que es pequeño y por suerte a esa hora estaba vacío y con un suave aire acondicionado.

Yania comió panini con jamón fresco y vegetales, mi hija una pizza de salami en forma ovalada y yo una ración pequeña de espaguetis a la boloñesa. De beber, ellas pidieron gaseosa de limón del Ticino y yo Coca Cola. Los tres refrescos en botellas de cristal, a los vasos les echaron hielo en cubitos, algo que no suelen hacer en Lucerna, a no ser que lo pidas. Los cubiertos venían en unos sobres de papel cartucho y dentro la servilleta. Tenían más de veinte sabores de helados, mi hija y yo pedimos de coco. Yania prefirió crepe con helado de yogurt. Todo costó 52.60 chf.

No era aún la una de la tarde cuando salimos, con mucho sol y calor. Cruzamos hasta un parque con palmeras y otras plantas muy distintas a las de la Suiza alemana, había brisa, pues estábamos muy cerca del Lago Maggiore. Hubiéramos querido sentarnos un rato en uno de los bancos, a la sombra, pero todos estaban ocupados. Nos quedamos unos minutos sentadas en un murito, al lado de un gigantesco árbol. Salimos a caminar, entramos a una tienda de souvenirs y compramos cuatro postales de Locarno. Vimos una Gelatería y comentamos que después que viéramos los horarios de salida de los trenes rumbo a Lucerna, iríamos a merendar. Ya eran las 13.50 y a las 14.05 salía un tren con destino a Bellinzona.

Decidimos cogerlo. Es uno de esos trenes que en Cuba llaman 'lecheros', porque va parando en pueblos de los alrededores. Era un modelo S-20 y después que salió de Locarno, paró en Tenero, Gondola, Riazzino, Cadenazzo, San Antonio, Giubiasso y a las 14.30 llegó a Bellinzona.

No más bajarnos fuimos a averiguar qué tren podíamos coger para Lucerna. Una empleada ya mayor, que además de italiano, hablaba alemán e inglés, orientaba a los visitantes foráneos, en alemán nos explicó que debíamos coger el tren internacional que procedente de Basel y con destino a Zürich, a las 15.13 paraba en Bellinzona, pero como no pasaba por Lucerna, cuando parara en Arth-Goldau, debíamos bajarnos. Teníamos cinco minutos para abordar el tren que salía del andén 5 con parada final en Lucerna. Nos bajamos con rapidez y sin problemas subimos a ese tren, el cuarto del día, iba casi vacío, pero fue el peor de todos: era el más viejo y el único que no estaba climatizado. Poco antes de las 17.00 llegábamos a Lucerna.

En total estuvimos cuatro horas en el Ticino. Montamos en cuatro trenes, almorzamos en un restaurant de Locarno, en una tienda de souvenirs compramos postales y en un comercio llamado Avec adquirimos tres gaseosas ticinesas de la marca Fizzy, dos de mandarina y una de limón. En la estación de Bellinzona, pequeña comparada con la de Lucerna, tomamos café Chicco d'Oro, expresso, servido en una tacita, con un tubito de azúcar blanca, pero no pusieron crema, como es usual en la Suiza alemana.

Como en Bellinzona aún nos sobraba tiempo, nos sentamos en un parquecito al lado de la estación, debajo de árboles, el sol estaba muy fuerte, frente a una fuente con gorriones tomando agua. Tanto en la ida como en la vuelta atravesamos el túnel ferroviario del San Gotardo. La próxima vez nos gustaría ir a Montreux, sede del Jazz Festival, o a Vevey, al museo de Charles Chaplin. Pero cuando no haya demasiado calor.

Tania Quintero
Video con imágenes de los lugares por donde caminamos en Locarno.


lunes, 2 de septiembre de 2019

Benny Moré, los cien años de un genio


Benny Moré es un dios en Cuba. Se habla de él en presente, como si fuera un amigo cercano, un vecino inmediato, como si nunca se hubiera ido, como si todavía su voz estremeciera el Ali Bar, el night club que convirtió en guarida personal y donde sus seguidores solían esperarlo cada noche, no importaba la hora a la que irrumpiera por la puerta para que se desatara el delirio.

Nadie podía resistirse a su incomparable voz, a su inigualable carisma, a su singular manera de hacerlos bailar. Los cubanos de todas las partes del mundo hablan de él y lo tutean, le llaman simplemente El Benny, o El Bárbaro, El Bárbaro del Ritmo.

No hay un cubano que, en un trance de nostalgia, no eche mano a uno de sus grandes boleros. Oírle cantar Cómo fue, Oh, vida, Alma mía o Mi amor fugaz es suficiente para que afloren los sentimientos contenidos. No son pocas las veces que se le escucha en una celebración. Al compás de Qué bueno baila usted, Santa Isabel de las Lajas o Maracaibo oriental se desata la locura del ritmo y, en ese momento, se confirma la certeza de que El Benny es atemporal: sus sones, guarachas y boleros resisten el paso del tiempo.

Benny Moré es un genio popular, cuyo talento innato se impuso: tenía que cantar, siempre cantar, y lo hizo desde sus inicios en la calle, en las esquinas, como músico ambulante para ganar unos centavos que ayudaran a paliar la pobreza en la que vivía.


Debió estar muy seguro de lo que llevaba dentro, de su talento genuino y del coraje que demostraría después, cuando solo con unos cuantos pesos y su guitarra al hombro llegó a La Habana a probar fortuna. Su voz resonó en bares precarios, cabarets de dudosa reputación, fondas y cantinas, hasta que Miguel Matamoros lo descubrió cantando en un restaurante de la Avenida del Puerto y Benny, rápido y listo, aceptó enrolarse en el conjunto que el gran sonero armaba para viajar a México.

Ese fue el punto de giro en su vida y el inicio de una carrera musical histórica: vendrían su paso por México, sus primeras grabaciones para la RCA Victor, su trabajo en discos con Pérez Prado y su incursión en filmes del llamado cine de rumberas, en la Época de oro del cine mexicano, lo cual lo sitúa en los inicios de la eclosión internacional del mambo; Benny es la voz de la gran big-band con la que Bebo Valdés estrenó su ritmo batanga, referente decisivo al que apelaría luego el propio Benny para conformar la imbatible Banda Gigante.

Con ella reafirma su clase. Es excelente cantando lo mismo un son montuno, una guaracha, un bolero, que improvisando unas décimas campesinas. Pero lo que es aún más asombroso: es capaz de dirigir su gran orquesta de avezados músicos; hace brillantes arreglos y orquestaciones partiendo de los sonidos, sin haber estudiado música, ni poder leer una partitura.


Benny le pedía a su director musical y compadre, además de genial trombonista, Generoso Jiménez, lo que quería de cada instrumento en una pieza determinada. El resultado son esos extraordinarios y modernos arreglos, que Jiménez articulaba y llevaba al papel pautado, y causaban el asombro y la complacencia de todos.

Durante los años cincuenta, Benny Moré provocaría una auténtica locura en la música popular cubana. La certeza se iba adueñando de quienes lo veían y escuchaban cantar. Benny Moré es un fenómeno musical sin precedentes, es el gran genio musical de Cuba.

Así llegó con su música a Venezuela, Colombia, Perú, Panamá. También a Puerto Rico, a Los Ángeles y Nueva York. Acompañado por Tito Puente y su orquesta, actuó en 1960 en el Hollywood Palladium en una presentación única. Puente, al igual que Machito y sus Afrocubans, le acompañaría una que otra vez en el famoso Palladium de Nueva York. Con esas actuaciones, Benny pretendía iniciar en cierto modo una conquista: pocos allí le conocían. Su fama entonces se reducía a la comunidad latina y a los norteamericanos asiduos a estos escenarios, donde el mambo y el chachachá hicieron época.

Pero no pudo volver más a ellos. Moriría a los cuarenta y tres años, cinco meses y diecinueve días, en medio de una carrera triunfal que solo una terrible cirrosis hepática pudo detener. El alcohol y un ritmo de vida que disfrutaba -tanto como aborrecía-, adelantaron su final.

La leyenda ha sido fiera en enfatizar la informalidad y la incapacidad para atenerse a una disciplina cronométrica, como rasgos característicos del gran músico cubano. Sin embargo, aquí también sería contradictorio un juicio crítico definitivo, cuando se sabe que a cuarenta y ocho horas de morir y en condiciones alarmantes no canceló un baile pactado en el poblado cienfueguero de Palmira, a más de 200 kilómetros al sureste de La Habana. Lo dio todo sobre el escenario hasta que terminó de cantar y un vómito de sangre anunció el cercano e inminente final.

Quienes lo vivieron, aseguran que no se recordaba una manifestación de duelo popular tan grande y espontánea. El pueblo le acompañó con profundo dolor a lo largo del recorrido fúnebre desde la capital hasta su natal Santa Isabel de Las Lajas, querida, municipio que hoy pertenece a la provincia de Cienfuegos.

Le bastó su tiempo, sin embargo, para dejar un legado que lo coloca sin equívocos entre los más grandes músicos de Cuba y Latinoamérica. Ahí están sus grabaciones, en su mayoría con la RCA Victor, donde quedaron apresados su voz y su manera tan personal de ser cubano.

Bartolomé Maximiliano Moré (Santa Isabel de las Lajas 24 de agosto de 1919-La Habana 19 de febrero de 1963) no tuvo precedentes, ni ha tenido sucesor, de tanta genialidad y talento inigualables. Con él se cerró un ciclo en la música cubana que no ha podido ser renovado, porque Benny es único, es de esos genios naturales y raros, que nacen con escasa frecuencia.

La ausencia definitiva de Benny Moré sedimentó la percepción de su genialidad, y también la verdad y el mito, nunca tan rotundos y certeros, y alimentados cada vez más con el amor que solo un país bailador y de boleros es capaz de construir.

Si leyera esto, Benny, probablemente respondería con una sonrisa incrédula y despreocupada, porque, para él, cantar y guarachar era lo más natural del mundo, lo mismo en La Habana, Los Ángeles o Nueva York.

Rosa Marquetti Torres
On Cuba News, 14 de julio de 2019.
Video inicial: Benny Moré acompañado de su Banda Gigante interpreta el bolero Hoy como ayer, de Pedro Vega, en el filme mexicano No me olvides nunca (1956), rodado en La Habana con Rosita Fornés, Luis Aguilar y Armando Bianchi en los roles principales. Tomado del canal que el blog Desmemoriados de la Música Cubana tiene en You Tube.

Nota aclaratoria.- En el video realizado en Cuba con testimonios sobre el Benny, hacia el final se dice que actuó en unos Premios Oscar. En la excelente investigación hecha por Rosa Marquetti sobre los distintos viajes y presentaciones que el Bárbaro del Ritmo hiciera a Estados Unidos, publicada en Desmemoriados con el título Mapa inconcluso de Benny Moré en U.S.A., se aclara lo siguiente:

"El periodista Anthony Macias incluye a Benny entre los músicos cubanos contratados por Sesma para el Hollywood Palladium y también se presentaron en el Zenda Ballroom de Los Angeles, en única referencia encontrada sobre otras presentaciones del cubano en la gran urbe de la Costa Oeste. Y esta posibilidad, la de que Benny haya animado otros night clubes y fiestas durante su estancia en Los Angeles, parece estar en la base de las afirmaciones repetidas hasta el cansancio, acerca de una eventual actuación de Moré en la gala de los Premios Oscar. Al parecer fue su hermano Teodoro quien primero mencionó este hecho, no se sabe si, confundido, vinculando el nombre de Hollywood (Palladium) a los afamados Premios de la Academia. Sin embargo, tal posibilidad no ha podido ser confirmada, y la ausencia del nombre del cubano en los records históricos públicos de estos premios y de la Academia de Cine de los Estados Unidos, ni tampoco el de Luis Arcaraz asociado a él, como se ha dicho, como presunta orquesta acompañante, permiten confirmar tales aseveraciones: no es posible afirmar que Benny haya actuado en alguna gala de los Premios Oscar. No han podido ser encontradas ni fotos, ni noticias, ni documentos, ni testigos que lo confirmen. Consultados por la autora, tanto Santiago Peñalver, Filiberto Sánchez Aguilar como Enrique Benítez 'El Conde Negro' (en su caso, hace varios años), afirmaron no haber escuchado nunca decir que Benny había actuado en la ceremonia de entrega de los Oscar. Los tres son voces autorizadas por haber sido miembros de la Banda Gigante en diversas etapas y El Conde Negro, todo el tiempo que vivió Benny. Lo que sí pudo ser posible, en un plano especulativo, es que fuera contratado o invitado a cantar en alguna fiesta privada, de las que se celebran en el entorno de este evento, pero en cualquier caso, entre 1956 y 1958 estos eventos anuales tuvieron lugar a finales del mes de marzo, mientras que en 1959 y 1960 éstos transcurrieron los días 6 y 4 de abril, respectivamente. Los documentos migratorios consultados no registran entradas de Benny a USA en fechas cercanas a éstas".

lunes, 26 de agosto de 2019

Recordando a Rubén González


El 26 de mayo hubiera cumplido 100 años. La efemérides es un pretexto para dedicarle el post que le debía a Rubén González, quien junto a Lino Frías y Bebo Valdés son tres de mis pianistas cubanos preferidos. De los textos que sobre Rubén se localizan en internet, seleccioné la entrevista que en el 2000 le realizó el escritor Sigfredo Ariel (Villa Clara 1962), originalmente publicada en Ghaita, revista de folk y música tradicional, y cedida a Anapapaya, sitio especializado en jazz latino y música caribeña, de donde la reproduje para mi blog. Ya terminaba de revisar el trabajo cuando en la edición mexicana de Newsweek, descubro La herencia de la pianística cubana en México: Rubén González Jr.. "Rubén González murió sin homenaje alguno el 8 de diciembre de 2003, en su casa de La Habana, a los 84 años. Por eso, en el centenario de su nacimiento, su hijo y heredero de su tradición musical, Rubén González Jr., y el pianista mexicano Irving Lara lo homenajearán este viernes 31 de mayo, a las 20 horas, en el legendario Salón Los Ángeles de la Ciudad de México, con un concierto a dos pianos", dice la introducción. Al final de la breve entrevista, González Jr. recuerda: "Hay cosas que no se hicieron, como tomarnos una foto juntos, o, lo más importante, tocar el piano juntos". Grabación amateur del homenaje que en México le hicieron a Rubén González por el centenario de su nacimiento. Para Papá se titula uno de los once números del disco Mulatas Mágicas de Rubén González Jr.
Tania Quintero.

* * * * * * *

Vive en la misma casa desde hace más de medio siglo. Duerme en una barbacoa sobre la sala. En un extremo le han instalado un piano nuevo, reluciente, que toca todos los días. Claro, si está en La Habana. Su último instrumento había perecido hace años, presa del comején. Rubén González Fontanills nació el 26 de mayo de 1919. Ha ganado algunos kilos últimamente y se ha afeitado barba y bigote. Sonríe todo el tiempo. Camina con cierta dificultad, como si una pierna se resistiera al movimiento. Padece de una artrosis no muy severa que -me dice- desaparece de súbito en cuanto la mano se acerca a un teclado.

Sin embargo, sus nudillos muestran su señal inequívoca. Acaba de grabar un nuevo disco que debe publicarse a mediados o finales del 2000. Tocó en el cd de Ibrahim Ferrer y en los primeros días de este año, en el de Omara Portuondo. En 1996 apareció Introducing...Rubén González, World Circuit, grabado al mismo tiempo que Buena Vista Social Club. Es su debut en solitario si exceptuamos una placa que grabó en 1974 en La Habana compuesta fundamentalmente por boleros.

"Me encantan los boleros. Me gusta la música triste, Chopin, los preludios. Y aunque no la puedo tocar exactamente como está escrita, siento regocijo al hacerla. Ese polaco tiene que haber sido muy sufrido porque en su música dice cosas muy tristes, como si estuviera llorando la pérdida de alguien muy querido. Un sentimiento real. Es una de las músicas más populares del mundo. Es difícil, pero no tanto. Hay compositores europeos, alemanes y de otros lugares que tienen más dificultades y más inventos. Chopin no es el más complicado. No quiero decir que sea simple ni sencillo, sino delicado y claro, que es lo más difícil conseguir en la música. Soy bastante sentimental. Mi amigo Enrique Jorrín también era muy sentimental".

Enrique Jorrín (1926-1987), violinista, compositor, director de orquesta, creó el chachachá a finales de la década de 1940, cuando tocaba con la Orquesta América. González tocó durante un tiempo con la América (1955) y a inicios de los 60 ingresó en la Orquesta Jorrín. Desafortunadamente, por un afán de modernización, en las grabaciones de los años 70 y 80, Jorrín sustituyó el piano acústico por una organeta eléctrica.

"Cuando murió Enrique, me quedé de director de la orquesta. Pero sinceramente, nunca me ha gustado dirigir nada. ¿Sabes por qué? Porque eso es un gran inconveniente para lo que yo quiero y me gusta hacer en la música. Hay que ocuparse de muchas cosas, de los problemas de cada músico, de diez o doce tragedias distintas, porque los músicos viven tragedias, no vidas. Entonces dije: 'No, caballeros, que se ocupe otro de ser director. Yo me voy a ocupar de mi música y de lo que voy a hacer en el piano'. La orquesta estaba muy desorganizada. Había pleitos y varios aspiraban a quedarse como director. Nada tenía que hacer yo allí. Estuve muy poco tiempo sin trabajar. Me jubilé para aprovechar una ley que hubo en Cuba para los artistas, que ganaban más dinero si se retiraban en determinado momento. De lo contrario comienza a bajar ese salario. Era una ley especial.

"Me retiré con 425 pesos, que era un buen sueldo, aunque ahora no alcanza para nada. Me vi obligado a trabajar en otra cosa. Salí al exterior con un grupo de músicos, cositas sin importancia. Gané algún dinero, pero era uno más y no me interesaba. No me ha gustado nunca estar en la casa cruzado de brazos sin hacer nada, pero tampoco perderme en el montón. Cuando voy a grabar leo el arreglo, si veo que la parte de piano es demasiado simple, dejo los papeles sobre el piano y me voy. Lo he hecho muchas veces. Uno debe hacer lo que le agrada, porque de lo contrario te sientes mal y el trabajo no sale bien o padeces haciéndolo".

¿Qué música escucha o toca fuera del escenario?

-La clásica primero. Me gusta también la música americana, tocar algunas canciones que me sé, como The man I love, de Gershwin, y Laura, que le gusta mucho a Ry Cooder, quizás porque le recuerda cosas. Pero pasa algo, nada te va a quedar mejor que lo tuyo, que las cosas de tu tierra. Yo me encontré en Japón (1989) a un gran pianista prieto, un negro fuerte, famosísimo. ¡Oscar Peterson!. Me puse a su lado y me quedé tranquilito. Así lo ví tocar, Peterson es un extraordinario pianista, y la rapidez que tiene. Me quedaba mirándolo y decía "es un bárbaro, no hay quien entre por ahí". Cuando terminó me dijo: "Oh, Rubén. yo quiero escuchar a usted también".

-Y empecé a tocar con la orquestica que llevábamos. Hice las cosas que toda la vida he hecho, desde que estaba con Arsenio Rodríguez, hace mil años. Y Peterson se sentó en el mismo asiento mío y sentí cierta reserva porque pensaba "este hombre es un pianista de una categoría extraordinaria". Empecé a tocar con cierto temor, te soy sincero, pero después se me quitó y me olvidé de todo, hasta de que Oscar Peterson estaba al lado mío. Cuando terminé, me abrazó y me cogió las manos con esas manazas suyas que son enormes y sentí lo que quería decirme, aunque no entiendo inglés: "Muy bueno, Rubén, muy bueno". Dijo otras cosas, pero eso es lo que a mí me llegó hondo de verdad. Le dije "Usted sí es muy bueno". Y repitió "No, usted también".

-Después me dio la mano otra vez y la mía parecía un pedacito. No he visto manos como las de Oscar Peterson. Agarra diez notas, no ocho. Por eso puede hacer las cosas que hace en el piano. Es una fiera. Lo que él hace lo sacó de Art Tatum, lo prolongó, porque en su época Art Tatum fue el mejor, pero no era un jazz tan avanzado como el de Peterson. Todas las músicas cambian con el tiempo. Lo que no puede perderse es el acento del país. Creo que hay muchas conexiones entre el jazz y la música cubana. Inclusive, muchas de las cosas que hacen en los Estados Unidos en jazz son una rumba, un son o una canción cubana. Eso a veces se puede notar. Y ellos lo hacen en jazz.

-Claro, la forma del jazz es distinta. El jazz escrito es difícil, hay que sentarse a deletrearlo. No es fácil. Hay que estudiarlo como si fuera un estudio de Chopin. La cosa está en la libertad que te permita, igual que en la cosa nuestra. Pero procuro no mezclarlo con la música mía. Me gusta el jazz por el sentido armónico. A veces hay una frase que viene del jazz, tú lo sientes, y no hay forma de evadirla. El swing gustó en Cuba de una manera bárbara, pero la música cubana tiene contratiempos y dificultades rítmicas que los jazzistas no saben resolver. Ellos dicen "Oh, Cuba, muy difícil, yo no puede".

-A mí no me gusta hacer las frases norteamericanas. Por eso muchos de ellos me admiran. Yo toco a la cubana. Me gusta sonar a son, a son cubano. Pero cuando tengo un rato me voy a ver lo que ellos hacen con el jazz, la armonía que emplean es superior a la de cualquier país. La música norteamericana es la mejor construida y armonizada. Hacen eso como una cosa clásica, y la hacen requetebién. Tan bien, que cuando llega un pianista de la música seria se queda mirando así y dice ¡qué cosa más linda hace ese hombre! Porque le hacen unos adornos sin quitarle el motivo de la música.

-Cada cual tiene una forma de sentir la música, ahí es donde está la persona viviendo. Eso es lo grande. Lo que hay que entender. Yo me presento a un persona, digo que soy pianista y que quiero oírlo tocar y entonces lo oigo, le digo que me gustó mucho, si es que me gustó y me hago amigo de la gente. Así fue con Oscar Peterson, estuvimos juntos muchísimo tiempo, nos tomamos unas cervezas. Es grandísimo. Yo le decía "Esos brazos que usted tiene, Oscar". Y él me decía "No, más o menos". Es un monstruo el tipo, es una persona enorme. Pero muy buena gente, un hombre sencillo.

-Hay quien cree que porque uno es buen músico, más o menos famoso, ya no habla con la gente. No, no. Yo hablo con todo el mundo. Con cualquiera. Y he tenido amigos en Chile, Argentina, Venezuela, en todas partes, y lo menos que he hablado es de que yo toco el piano. Cuando lo toco me dicen "Ché, pero cómo no nos dijiste eso". Más vale así. No se puede uno creer superior, porque a la larga es mentira. Si la gente dice que eres maravilloso, bien, y si no lo dice, bueno. Lo que me interesa a mí es tocar lo mejor posible, porque me siento bien tocando el piano. Entonces me siento dichoso, sin problema ninguno.



Conserva sus notas de la Academia Santa Cecilia de Cienfuegos de 1937, cuando se graduó de piano. En todas las disciplinas alcanzó el máximo de puntos. En 1941 se recibió de maestro en la Escuela Normal de Santa Clara. Sin embargo, en más de sesenta años de carrera no ha hecho otra cosa que música. Ha compuesto dos canciones, Melodía del río, con letra de su gran amigo Senén Suárez, un número muy versionado en formato instrumental. Como bolero fue incluido por Ibrahim Ferrer en el disco Mi Sueño de 2007. Su otra canción, Como siento yo, con letra de la pianista y compositora Josefa Cabiedes, fue interpretado por Cheo Feliciano y aparece en el disco Mi Tierra y Yo de 1971. Como siento yo es un tema muy sentimental y con él Ruben González siempre inicia sus presentaciones en vivo.

"Nací en Encrucijada, cerca de la ciudad de Santa Clara y allí me crié. Mi hermana Josefa era la que sostenía la casa. Era maestra de escuela, muy buena maestra. Cuando yo tenía seis años empecé a dar clases con ella, en la misma casa, que era muy amplia, linda, me parece estar ahí. Tenía un patio grande para que los muchachos pudieran jugar pelota sin molestar a los mayores. Comí muchos vegetales desde niño, teníamos tres vacas y a las tres de la mañana, las ordeñaban y de ahí, directamente me tomaba la leche. Creo que por eso me he mantenido saludable. Cerca de la escuela pasaba la línea del ferrocarril y en una zanja se acumulaban los trenes llenos de caña de azúcar y un poco más allá estaba el ingenio Nazábal. Diariamente tomaba guarapo (el zumo de la caña de azúcar), ¿crees tú que hay algo mejor que el guarapo?

"A los siete años comencé a estudiar el piano. El piano de casa era muy bueno, John Stowers. Era pianola también. Sonaba muy lindo. Cuando vi aquel instrumento me volví loco, me gustó mucho. Me costaba trabajo separarme de él, quería tocar las 24 horas del día. Parece que vieron que yo tenía algunas posibilidades de ser un buen pianista pues mamá quiso que diera clases con una profesora de Cienfuegos. Tenía que ir desde Encrucijada en el tren, hasta Cienfuegos donde me recibía la maestra en la estación. La recuerdo bien, se llamaba Amparo Rizo y la quise mucho.

"Gracias al ferrocarril, hice primer año, segundo, tercero, cuarto, quinto, hasta el octavo año. Asistía a clases una vez al mes, la maestra me dejaba señaladas las lecciones que yo debía aprender hasta que nos viéramos de nuevo. Estudié por el método Hubert de Blanck. Ella me decía: 'Rubén, vas a ser un gran pianista porque tienes mucha facilidad en las manos y te gusta hacer bien la música'. Yo me reía, era un niño cuando aquello, pero parece que tenía razón.

"Nos mudamos para Santa Clara y comencé a tocar con los distintos grupos y orquestas que había allí en aquel momento. Tocamos en todos los pueblos y ciudades. Lo mismo había típicas, que jazz bands o conjuntos. Tenía muchos amigos entonces, muchas amistades, montones de gente querida y conocí a muchos buenos músicos que se quedaron en Las Villas, por ahí han de estar todavía. Había mucha camaradería en Santa Clara. Había un pianista que se llamaba El Ñato que era magnífico, muy amigo mío. También me acuerdo de un violinista llamado Ovidio. Los tres éramos inseparables. Me gustaría mucho encontrarme con alguno de esos músicos de Santa Clara para recordar aquellos tiempos buenos".

¿Qué pianistas de aquella época usted prefería?

-Cuando comencé en esto, oía por la radio a la orquesta Casino de la Playa, muy famosa en esa época, que tenía de pianista a Anselmo Sacasas. No lo conocí personalmente, sólo en fotografías. Era muy flaco y tenía una barbilla prominente. Me gustaba mucho como hacía sus solos e incluso me aprendí algunos cuando empezaba a tocar con las orquestas de Santa Clara. Tenía mucho gusto. Me acuerdo de algunas cosas que hacía en el piano. Sacasas era el mejor pianista de orquesta de aquella época. A lo mejor nunca se entera de que yo lo he elogiado. Hace años y años que nadie habla de él en Cuba. La distancia es terrible. Nota aclaratoria: Cuando en el 2000 Sigfredo Ariel entrevistó a Rubén González, hacía dos años que Sacasas había fallecido en Miami, lo que evidentemente Rubén desconocía. En 2008, al cumplirse diez años de su fallecimiento, Anselmo Sacasas fue recordado por Senén Suárez.

-Me gustaba oír también a Facundo Rivero, que era pianista de Belisario López y hacía cosas sencillas, pero muy bonitas con la música cubana. Un pianista muy claro. Pero más que cualquier pianista creo que quien me influyó de verdad y de quien aprendí lo que sé para tocar como yo toco, fue Arsenio Rodríguez, que tocaba el tres. Él me enseñó a escuchar el son.

¿Cómo conoció a Arsenio?

-Da la casualidad que alquilo una casa y él vivía al lado. Yo no lo conocía ni lo había visto jamás. Alguien me dijo que él había preguntado: ¿Quién es ese que toca el piano allá al lado? Le dijeron que era un tal Rubén. Las cosas de la vida. Por fin vino y me propuso tocar con su grupo. Yo le dije: sí, cómo no. El pianista que estaba con él se fue a Europa y entonces me dejó la plaza. Estuve tocando con Arsenio unos cuatro años. En aquel tiempo él tenía dos trompetas y una tumbadora, cosa que ningún grupo de son se había atrevido antes a hacer. Igual que incluir el piano. Una idea genial.

-Tuve mucha suerte, aprendí un montón de cosas, porque Arsenio me decía: "Tocas muy bien, y los solos de piano son buenos, pero fíjate, cuando los hagas, no repitas mucho las frases. Haz un tema mentalmente y entonces haces otra cosa, le metes lo tuyo". Me enseñó a pensar el solo antes de hacerlo. Así empecé y él me decía: "Muy bien, vas muy bien" y eso es para mí lo más grande, porque Arsenio no halagaba a cualquiera. Trabajábamos en los jardines de La Tropical, las matinées de los domingos eran increíbles, trabajaban dos orquestas típicas y un conjunto de son ¡figúrate! Le dije a Arsenio que me parecía que Lilí Martínez era el mejor para sustituirme a mí en el piano, porque Lilí era un bárbaro.

-Y Arsenio le dijo a la gente: "Miren, el único que ha quedado bien conmigo, que me dijo que se iba a ir ha sido Rubén... ustedes no, ustedes me han dejado solo y no sé adónde están metidos". Porque cuando Arsenio se ponía a discutir, la gente se ponía a responderle y entonces él se ponía bravo, enojado, porque tenía un carácter tremendo y ¿sabes lo que hacía? Se paraba y daba golpes en el aire a ver si alcanzaba al que había hablado. Como era ciego, él iba al lugar desde donde salía la voz para agarrar al tipo, con los puños cerrados para golpear y tú veías a la gente huyendo y escondiéndose de aquel elefante furioso. Arsenio se enojaba mucho cuando la gente le decía cosas como menospreciándolo ¿te das cuenta?. Era fuerte y gordo, así, gordote. Y salía para arriba de la gente y yo me reía cantidad.

-Nunca tuve problemas con Arsenio. Al contrario. Cuando empecé a tocar con él me dijo: "Rubén, el solo de piano lo haces muy lindo y todo, pero fíjate, tienes que hacer una cosa, que te vas a convencer que yo tengo razón. Haz esto y esto y esto". Lo atendía al pie de la letra. Yo decía "este hombre tiene una experiencia grande en la música cubana" y yo había venido de Encrucijada que es ¿cómo pudiéramos decir? un buen lugar, pero la música en el interior no se toca igual que en La Habana. Ni antes ni ahora. Siempre hay algo que es distinto, que es la manera especial que hay aquí, como el son oriental y el que se tocaba aquí cuando los septetos. Ni mejor ni peor, es algo distinto.

-Arsenio me dijo: "Mira, cuando vas a hacer un solo, tú terminas la idea tuya, la terminas completamente, pero cuando tú vas a entrar de nuevo al acompañamiento que tú venías haciendo, paras, te detienes un ratico, oyes la música por dónde va y entonces, entras. Todo eso sin que nadie se dé cuenta. ¿Para qué? Para que entres bien, porque si entras mal, echaste a perder todo lo que hiciste antes, por muy bueno que te haya quedado el floreo". Esa era la tesis de él. Y así lo hice siempre. Y lo hago. Yo empiezo ta tíquitiquitiquitiqui pá... Paro. Hago una cadencia, pero sigue el ritmo, entonces vuelvo, pero repito el motivo por el que venía caminando. Porque tú no puedes estar tocando y al mismo tiempo estar escuchando por donde va la orquesta. Tú haces la frase y cuando ya vas a parar, no entres, porque si entras, entras a lo mejor mal y si entras mal lo echas a perder todo, hay que parar. Yo no. Yo hago dos o tres notas, hago no sé qué cosa y paro un ratico así, y con la misma hago el motivo esencial y entro bien porque lo velo, lo espero. Un par de compases y ya está. Entro en el ritmo del son como en el paraíso.

-Se lo he explicado a algunos pianistas jóvenes que vienen a verme. Esas cuestiones de las orquestas de ahora tienen que ver con el cambio tan rápido que ha habido aquí. Porque todo fue rápido, de un día para otro. Se dejaron de oír a muchos músicos que se fueron de Cuba y a otros que se quedaron, pero que tampoco se escuchaban. No se puede decir a los muchachos "toquen son" y resolver ese asunto. En las escuelas no se enseña el son. Enseñan cosas universales de gran calibre musical, pero no la música típica. No sé por qué. Los pianistas graduados tienen un repertorio clásico, por eso les cuesta trabajo tocar el son.

¿Fue difícil para usted insertarse en el ambiente musical habanero?

-Bueno, creo que me busqué la suerte. Tocaba dondequiera que había un piano. Me ponía a tocar y la gente se amontonaba en la calle. Decían: ¡Mira el guajiro! Hasta que me comenzaron a conocer. Toqué en una academia de baile en la playa de Marianao. Empezaba a las nueve de la noche hasta las cuatro de la mañana sin parar. para ir al servicio tenía que buscar a otro pianista, porque no se paraba la orquesta. Los hombres pagaban para bailar con las mujeres. Eran unos salones muy grandes donde se iba a bailar. Trabajé en Marte y Belona y Rialto, que eran las más famosas.

-Había muchísimas mujeres inscritas para bailar. No necesariamente eran prostitutas. La madre de uno de mis hijos trabajaba en una academia. Ella sólo bailaba. Ganaba cuatro y cinco dólares cada noche, que era una fortuna en aquella época. Un pan con bistec costaba 15 centavos. Toqué en muchas academias. Allí me di a conocer, con la orquesta de Elósegui, una magnífica persona, la mejor persona que he conocido en mi vida. Me decía El Monstruo. Se tocaban 120 piezas cada noche. Se tocaba danzón, son, pasodobles, polka... Era una orquesta chica. Seis integrantes, una especie de jazzband pequeña. Ganábamos un peso cada noche. Tenía 19 o 20 años. Tuve como catorce novias en las academias. Me decían "Mira al mulato nuevo".

-Todos los músicos cubanos de la edad mía tocaron en las academias. Con Arsenio Rodríguez trabajaba en los jardines de la cervecería La Tropical. Las matinées, como se llamaban los bailes de los domingos, eran tremendos, buenísimos. Trabajaban dos orquestas típicas y un conjunto de son. El sonido de Arsenio era único. Sigue siendo único. Me dio consejos que me han servido siempre. En la música y en la vida. Cuando estoy tocando con un grupo y termino de hacer el solo, me acuerdo de Arsenio, él me enseñó a no salirme del ritmo. Los muchachos pianistas dicen que no se explican cómo yo hago lo que hago en el piano. Les digo "Es que ustedes siempre hacen lo mismo". Y les explico cómo se hacen los solos y creo que algunos han cambiado. Pero no entienden, porque la tradición se perdió. El piano no es la guitarra ni cualquier otro instrumento acompañante. Es un instrumento de ataque, que al mismo tiempo que acompaña, lanza, canta.

¿Cree que existe un estilo, o una manera cubana de tocar el piano?

-Claro que existe. Por ejemplo Papo Lucca toca a la manera cubana. Cuando era niño oía en Puerto Rico los programas de radio de La Habana en los que yo tocaba. Le decía a su padre "Papá, yo quiero tocar como ese hombre". Allá no se escuchaba la música cubana, que era perseguida. Eso poca gente lo sabe. A los nueve años oía los solos de piano míos. Lo conocí hace poco, cuando vino por primera vez a Cuba. Me tomó las manos y me dijo "Esas manos que tanto yo ansiaba ver". El modo de tocar música cubana es difícil para los extranjeros. Hay un estilo de síncopa, de contratiempo, y hay frases que la gente no concibe. No son pares. El secreto está en la clave cubana, un estilo de síncopa tiene que estar al tanto con la clave cubana. Los norteamericanos que han venido a mi casa se vuelven locos tratando de entender, de averiguar cómo es. Para tocar el son y el danzón hay que estar un rato en Cuba. Un rato largo. Como el que yo he vivido aquí..

Rubén viajó por casi toda Sudamérica. Acompañó a vedettes y guaracheros, formó grupos, una orquesta (Los Solistas), integró conjuntos de música cubana, como el de Senén Suárez que por entonces llevaba a Orlando Vallejo como cantante. Hizo radio, televisión, teatro. "Tenía muchos deseos de regresar a Cuba. Se enfermó mamá y quise volver a La Habana.. El recorrido por esos países lo hice con bastante esfuerzo, un pedazo con un carro, con un camión, otro pedazo con un ferrocarril, y así fui llegando al norte de la América del Sur. En Barranquilla tomé el avión. Llegué a La Habana, mamá estaba bien, pero decidí hacer un poco de tiempo aquí. Ya conocía algunos países y me quedé un rato para descansar y estar con mi familia. Acompañé a Paulina Álvarez. Ella tenía una orquesta muy bien adaptada a su modo de ser y de expresar la música. Cantaba muy bien. Siempre estaba riéndose. Después pasé por otras orquestas. Toqué con todo el mundo. Eso de leer una partitura a primera vista era una cosa que se estimaba mucho y yo soy un lector bastante rápido, no tanto como en aquel tiempo, pero me defiendo todavía".

Rubén González estudió cinco años en la Universidad de La Habana y estuvo a punto de recibirse de médico. Entonces era reclamado por varias orquestas a la vez. Cuando terminaba de tocar en el show en Sans Souci con un grupo -con Rolando Laserie en la batería y el canto, a quien conocía desde sus tiempos en Santa Clara y no había comenzado aún su meteórica carrera como 'el guapo de la canción'- Rubén debía comenzar a estudiar las tortuosas asignaturas de la carrera médica. A punto de graduarse la abandonó. El trabajo era incesante y producía lo suficiente para vivir con holgura.

Llegó a presentarse en cinco o seis programas radiales diarios: con la Orquesta América, Unión Radio a las 5 de la tarde; luego Radio Cadena Habana, de 7 a 8 de la noche; más tarde tocaba en los intermedios que presentaban los cines habaneros entre película y película -con la orquesta de Pidle-; después corría a CMQ para tocar con la formación que dirigía González Mantici en diversos programas de televisión. A las 11 estaba frente al piano del cabaret Parisién del Hotel Nacional. Sin contar con los bailes. Eran los años 54, 55 y 56. En este último, marcha a Venezuela con su familia donde trabaja hasta 1962. A su regreso se incorpora a la orquesta CMQ -luego ICR- hasta que Enrique Jorrín decide reorganizar su orquesta.


"Cuando Jorrín me dijo que iba a armar su charanga no lo pensé dos veces. Estuve al lado suyo más de veinticinco años. Era un músico extraordinario, muy inteligente. Él estaba conversando con uno y de pronto se apartaba a un rincón y escribía un número en un pedacito de papel, lo mismo en un carro que en el descanso de un baile. Tiene sesenta o setenta danzones extraordinarios, ahí están. Componía un número por la tarde y por la noche la orquesta lo estaba estrenando ya. La gente gritaba de alegría mientras bailaba con Jorrín. Un violinista afinadísimo. Varias veces me propusieron irme para otras orquestas, pero yo no podía hacerle eso a Enrique, que era mi gran amigo.

"He tocado mucha música de él. Acabo ahora de grabar Central Constancia y creo que a él le hubiera gustado de la forma que lo hicimos. Tú oyes eso y te das cuenta del talento que había dentro de aquel hombre. Todo lo que se le ocurrió era parte del sentido de la gente. Él hubiera podido vivir mejor de lo que vivió. Se murió antes de tiempo. Tenía sesenta años nada más. Por un disgusto que tuvo, duró menos de una semana desde que se enfermó. Después que él se murió yo le dije a la gente de la orquesta 'Búsquense a otro pianista porque ya no tengo nada que hacer aquí'. Ahora que estuve en México me acordé mucho de los éxitos que tuvimos allá durante tantos años. A ese país fuimos más de veinte veces. Los mexicanos se volvían locos con el chachachá, lo más grande de Cuba para ellos. Cuando salía la orquesta de Jorrín al escenario se acababa el mundo. Alguna gente lo engañó y lo traicionaron a veces con los contratos. Jamás le reclamó a la gente el dinero que le debían, le prestaba a cualquiera. A lo mejor era demasiado bueno".

¿Cómo es la vida hoy de Rubén González?

-Una locura. Pero me gusta. He seguido viajando por cientos de lugares. Toco el piano todos los días. Este mismo viaje a Nueva York, a ese teatro tan grande (Carnegie Hall) no soñé que iba a hacerlo, menos a la edad que tengo. Pensé que iba a viajar mucho, pero no tanto, resulta que prácticamente no me bajo del avión. Estoy bien, no exijo mucho de la vida. Sólo hacer lo que quiero y eso lo he logrado. La música que me inspira de verdad es la cubana, el son y el danzón, que es lo que hacemos nosotros hoy día. La clásica la escucho porque es bella y difícil, pero lo que me gusta sentir es el son. El son y también una canción bien hecha por un cantante como Miguelito Cuní, que ya murió. Esas cosas son las que te influyen, las que forman el estilo de un músico. Al menos es lo que pasa conmigo.

-A mí me gustaba acompañar a Cuní. Los dos habíamos estado en el conjunto de Arsenio. Cuando me lo encontraba, me decía gruñendo, porque él rezongaba mucho "Vamos, arriba Rubén". Estaba otro pianista tocando y le decía "Espérate, espérate". Y él "Oye, Rubén, coge el piano, coge el piano ahí". Y yo decía "Coño, Cuní, chico no le digas así, mira que el hombre se va a creer que yo lo estoy desplazando". Miguelito Cuní era así. Cantaba lindísimo. Lindísimo. Tenía una voz, una manera de decir única, a pesar de que no se cuidaba y tenía siempre catarro y siempre tosía, se metía en el baño a toser y yo le decía "Cuní, no fumes, compadre". Y me decía "Tengo que fumar, si no fumo, me siento mal". Cuando se ponía serio, bravo, era terrible, porque se iba y dejaba todo, no le hacía caso nada más que a Arsenio. Arsenio le decía "No, no, Cuní, siéntate ahí" y él obedecía. Pero no se cuidaba la voz, al no cuidarse la voz padeció mucho por eso. Últimamente yo lo vi cantando y ya no era ni la tercera parte de lo que él era, porque las cuerdas vocales también sufren. Hay que sacrificarse mucho para que no se dañen. A veces yo lo extraño mucho, porque hay canciones y sones que él cantaba como nadie va a poder hacerlo.

-Otro que fumaba bastante era Peruchín, tremendo pianista, lo único que siempre mezclaba el jazz con la música cubana. Nunca la hizo sola. Eso le dio un estilo. Por ejemplo, él siempre hacía lo que llamamos nosotros un funky. Un funky es, ¿cómo te lo diré? Es una frase que se caracteriza, por ser un momento de alegría-. Y él la usaba mucho. Está tocando un danzón y en el medio hace un funky. Le metía eso ahí. Entonces la gente decía "Ése es Peruchín". Tenía un sonido ágil y muy melódico. Siempre un tabaco en la boca. A veces en medio de lo que estaba tocando, se agachaba así para coger el pedacito de tabaco que le quedaba. Yo no he fumado nunca ni he comido carne. Hay quien fuma y come carne y se mantiene bien, pero no son cosas buenas. No son primordiales. No para mí.


Buena Vista Social Club llegó en un momento crucial, no sólo en la vida de Rubén, sino en la de otros músicos y cantantes cubanos (Ibrahím Ferrer, Pío Leyva y otros) que pensaban que su carrera había concluido ya. Juan de Marcos González –ex líder del grupo Sierra Maestra- fue el encargado de reclutarlos y llevarlos a los estudios de la calle San Miguel. Por aquellos días de 1996 se rumoraba que la empresa iba a demoler los viejos estudios, tal vez la experiencia de Buena Vista animó a Egrem a emprender la remodelación capital que se hizo en 1998, justo cuando Wim Wenders terminaba de filmar en La Habana su larga crónica acerca de Ry Cooder y las veteranas estrellas cubanas.

"Yo pensé que eso se iba a acabar a los dos o tres meses. Pero Juan de Marcos es muy inteligente, inteligentísimo. Él no interfiere en mis cosas. Me dice 'Vamos a ensayar tal número' y me dice cosas positivas 'Qué pasaje más lindo, qué bien está eso, Rubén' y con la misma, coge y se va. Me siento muy libre trabajando de esta forma. No me siento el trabajo. No me canso. La música es como todas las cosas, tiene una parte importante que llega hasta el corazón y otra parte que es el comercio.

"El primer día en que me citan, estaba Ry Cooder con su guitarra en un rincón y yo me puse a tocar. Él estaba afinando su instrumento. De pronto, dejó su guitarra y se quedó mirando hacia el piano. Vino y me dijo algo que no entendí. Luego llegó el viejo Compay Segundo y me dijo 'Oye Rubén, tienes loco al grande éste. Le gustó mucho lo que tú estabas haciendo con el piano. Yo vi que se puso la mano en la cabeza'. Así empezó la amistad de nosotros. Yo había hecho algunas grabaciones antes que no sé si él las oyó. Juan de Marcos me dijo 'el hombre está arrebatado contigo, así que firma el contrato y forma un grupo de tres o cuatro personas, sencillo, pero que sobresalga el piano'. Y así lo hice. En eso estoy.

"Lo que hacemos Cachaíto y yo, esos números, los ensayo a gusto mío, y el ritmo siempre sabe lo que tiene qué hacer: son excelentes. Amadito Valdés en el timbal, el bongosero, que es el que más se ha apegado a mí, todos son de primera y han trabajado en grupos famosos. Pero Cachaíto (Orlando López), que es el mejor contrabajista que puedes encontrar en La Habana, me conoce mucho, demasiado. Si yo muevo una mano, él ya sabe por dónde vengo y lo que voy a hacer. Podrá haber músicos mejores, pero yo me siento muy satisfecho de trabajar con ellos, me siento muy cómodo, como una familia de verdad, no son palabras. Eso es una cosa natural. Nos llevamos muy bien, igual que me llevo bien con Fabián García, el bajista que trabajó conmigo con Jorrín y ahora en México nos encontramos y él subió al escenario para tocar con nosotros. Tremenda alegría. El bajo y el piano tienen que comprenderse. Si no sucede así, es un fracaso.

"Lo que ha pasado conmigo es una cosa extrañísima. Si me preguntas por qué no hemos tocado aquí en La Habana, no sé. Yo quisiera que supieran lo que estamos haciendo, que es lo mismo que tocamos en Londres o en Bélgica que en Holanda. La música cubana. Cuando estuvimos en Nueva York la reacción de la gente no se podía creer. ¡Y eran danzones y guarachas y boleros! Pregunta en Cuba a quién le gusta el danzón. No lo encuentras en ninguna estación de radio, a ninguna hora. En Nueva York pasó algo raro: sentí un silencio como el que nunca había oído, salí al escenario y vi que eran como cinco o seis pisos llenos de personas calladas. Nunca había tenido tanta popularidad. Me sorprende y me alegra, quiere decir que lo que había hecho antes estaba bien, porque no he cambiado ni por dentro ni por fuera".

Videos: Fragmento del documental Del olvido a la grandeza. Tocando Siboney, de Ernesto Lecuona, en el programa Jazz Piano Gold de la BBC. Con la Orquesta de Enrique Jorrín, en Suena el piano, Rubén, número que Jorrín le dedicó. Y del documental Buena Vista Social Club (1998).