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jueves, 21 de febrero de 2019

De cuando Estados Unidos devolvió a Cuba restos de indios taínos



El 9 de enero de 2003, los habitantes de La Caridad de los Indios, intrincado paraje de la comunidad La Ranchería, en el municipio guantanamero de Manuel Tames, asistieron a una sencilla y anónima ceremonia de inhumación de los restos de siete indocubanos taínos, de ellos seis adultos y una menor, que durante casi un siglo reposaron en las vidrieras y almacenes del Museo Nacional del Indio Americano, de la Smithsonian Institution, Estados Unidos.

Oscar Montoto Mayor, escritor, investigador y promotor cultural de Baracoa, uno de los testigos presenciales de la ceremonia, en un pequeño libro titulado El descanso definitivo. Repatriación del ancestro indocubano (Ediciones Catedral, Santiago de Cuba, 2006), recogió sus memorias sobre la devolución de las osamentas a la Mayor de las Antillas. Entrevistado a través de Facebook, Montoto relató que “los restos mortales llegaron a La Habana el 19 de junio de 2002, custodiados por Richard West, director del Museo del Indio Americano, Jim Pepper Henry, del Programa de Repatriación, John E. Huerta, del Consejo General del Smithsonian Institution, y otros especialistas estadounidenses.

El pequeño cofre fue entregado en un emotivo acto a la señora Lupe Veliz, viuda del doctor Antonio Núñez Jiménez y presidenta de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre, que lleva el nombre del científico considerado el cuarto descubridor de Cuba. Presentes en el acto estuvieron el doctor Ángel Graña González, asistente por décadas de Núñez Jiménez, y Sergio Pastrana, secretario de la Academia de Ciencias de Cuba, entre otros invitados. Un tiempo después, el historiador de la ciudad de Baracoa,

Alejandro Hartman Matos, recibió la pequeña caja para custodiarla hasta el día en que se efectuaran los funerales, los cuales tuvieron lugar en enero de 2003, durante la celebración de en ocasión de celebrarse la IX Conferencia Legado Indígena del Caribe, con sede en Baracoa, la Ciudad Primada. Al evento asistió Francisco Ramírez Rojas “Panchito”, líder comunitario (Cacique) de La Ranchería, su hija Idalis, un grupo musical, una veintena de pobladores de esa localidad y varios descendientes de grupos étnicos de Estados Unidos y Canadá como los navajos, mohawk, kaw, algonquín, chicanos y varios puertorriqueños, suramericanos y estudiantes norteamericanos.

Concluida la IX Conferencia en Baracoa, los participantes partieron en ómnibus hacia Guantánamo, la capital de la provincia, donde la comitiva fue recibida por el General de Brigada, ya retirado, Francisco González López (Pancho), Héroe de la República de Cuba quien estuviera al frente del plan de desarrollo del macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa. El 9 de enero de 2003, desde el Hotel Guantánamo los invitados partieron hacia La Ranchería. Tras un largo y tortuoso camino por empinadas lomas, finalmente llegaron a La Caridad de los Indios, donde los esperan los vecinos.



“En el pequeño poblado, recordaba Montoto en Facebook, en lento peregrinar, el Cacique Panchito nos condujo hasta el cementerio donde fue construida una bóveda atípica.El silencio prevaleció en el solemne ritual. Nos agrupamos en un círculo alrededor de la urna mortuoria y la caja contenedora de los restos que estaban en manos de una venerable anciana. En la bóveda se colocaron ofrendas florales de los asistentes. Entonces Panchito miró hacia el cielo, quizás intentando atrapar el tiempo, solicitó permiso a las mujeres y hombres mayores, y dijo: Esta es la historia. Nosotros queremos que nuestros nietos vean.

“Acto seguido, encendió un tabaco y pronunció la tradicional oración dirigida a las cuatro direcciones (Estaciones) y a la Tierra Madre, al Sol, el Agua, el Viento, la Luna y las Estrellas. En coro espontáneo, los pobladores de La Ranchería entonaron las notas de La Mamalina, copla popular convertida en símbolo de tradición y mensaje espiritual. Entonces la anciana colocó el pequeño cofre en el sitio destinado al reposo final y eterno. Las voces de los cantores, en una mezcla de alegría y dolor, iniciaron sus plegarias que retumbaron en nuestros corazones

“Los doctores Jim Pepper Henry (de origen kaw y muscogee), por el Smithsonian Institution; José Barreiro, por el Legado Indígena, y Ángel Graña González, por la Fundación Antonio Núñez Jiménez y la Sociedad Espeleológica de Cuba, agradecieron a los habitantes de La Caridad de los Indios por la permanente vigilia. Panchito, por su parte, abrazó a todos los presentes y dedicó una nueva oración”.

Así materializó su anhelo el Cacique guantanamero, quien después de conocer la presencia de restos de sus ancestros en el Museo del Indio Americano, dirigió una especial petición a José Barreiro, profesor de la neoyorquina Cornell University, en la que expresaba: “En nombre de mi comunidad, en nombre de todos los cubanos, queremos que nuestros hermanos mayores, los que están por allá, en la otra orilla, que vengan a descansar tranquilamente en su tierra, junto a nosotros, para nosotros cuidarlos”.

De esa manera fructificaron las gestiones que condujeron a la repatriación de los restos humanos, en cumplimiento de una ley federal de Estados Unidos. En las negociaciones, Cuba fue oficialmente representada por la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, y la Dirección Nacional de Patrimonio.

Usted se preguntará cómo osamentas indígenas cubanas fueron a parar al Museo Nacional del Indio Americano, con sede en Washington. Entre 1910 y 1920, el arqueólogo estadounidense Mark Raymond Harrington en diversas ocasiones visitó la Isla. Estudioso del Caribe precolombino y conocedor de la riqueza arqueológica sepultada en los suelos antillanos, Harrington localizó en la región de Baracoa, específicamente en Maisí, numerosas cuevas funerarias y artículos de procedencia taína. Allí desenterró todo lo que pudo y después de inventariar miles de piezas y objetos, que fueron embalados en 36 cajas, las embarcó en goletas que partieron desde el puerto de Baracoa rumbo a Nueva York.

Oscar Montoto Mayor subrayó que “cuanto llevó Harrington para su país, además de enriquecerle personalmente, le dio prestigio como investigador, pero dejó a Cuba casi esquilmada de la riqueza arqueológica más importante hallada entonces”. Entre los hallazgos más significativos de Harrington se encontraba el tótem o ídolo de Patana (1915), escultura con figura humanoide labrada sobre una estalagmita en la cueva de igual nombre en Maisí.

Alejandro Hartman, historiador y director del Museo Matachín, aclaró que "ese ídolo es representación de una deidad, de la adoración de nuestros antecesores. Era el concepto de respeto espiritual, de aquellas creencias de la época y de todo lo que representaba para ellos". En una entrevista concedida a Prensa Latina, Hartman aseguró que el regreso del petroglifo a su ubicación original “es una aspiración de los habitantes de Patana”.

Aunque Harrington cortó el petroglifo en varios pedazos y lo llevó a Estados Unidos, Hartman estima que en realidad no fue un depredador, porque todavía las cinco mil piezas sacadas por ese investigador se conservan en el Museo del Indio Americano, como él mismo comprobó. Y recordó que las autoridades cubanas de aquella época le permitieron sacar todas las piezas. "No robó nada, fue autorizado a hacer las investigaciones y a extraer lo encontrado. Eran los contubernios de gobiernos que permitían el saqueo".

Jorge Cantalapiedra
Periódico Venceremos, 29 de diciembre de 2018.
Fotos de la Fundación Antonio Núñez Jiménez. de la bóveda que en Guantánamo guarda los restos de los indios taínos devueltos a Cuba por Estados Unidos y del ritual oficiado por el Cacique Panchito el 9 de enero de 2003 en La Caridad de los Indios.

lunes, 18 de febrero de 2019

La impronta china en Caibarién



Aunque no constituyeron mayoría entre los inmigrantes desde mediados del XIX, los chinos aparecieron en casi cada rinconcito de Cuba exhibiendo sus típicos frenesíes comerciales. En Las Villas, entonces una provincia central, se establecieron los que en La Habana, saturada de negocios, no hallaron rescoldo promisorio que avivar.

Atraídos por las bonanzas de una isla que crecía agigantadamente con capitales mixtos -cuyas fuerzas laborales no sobraban ni resultaban, como ahora, mal remuneradas-, comenzaron a pulular sin aspavientos.

Hasta Caibarién, entonces un puerto en pleno apogeo desarrollista, llegó la familia Lou Su Ting, de Cantón (hoy Guangzhou), en la meridional costa China, tratando de importar directamente provisiones de aquellas lejanías.

A principios del XX ya existían sólidas colectividades -sin registro oficial en Caibarién-, como la Colonia Internacional Min Chi Tang.

El 8 de enero de 1902 se produjo la “legalización de una casa, de madera y tejas, en la calle de Patria 247, por el Sr. E. Achón, natural de la China Imperial, y zapatero de oficio”, de acuerdo al Folio 185, Tomo XIII del Ayuntamiento. Allí radicaría, a partir 1903, la Asociación China de Caibarién reunida en Junta General que tendría centenares de miembros. Esa sociedad quedó plasmada de acuerdo con lo dispuesto en la Ley de Asociaciones, hoy extinta.

La agrupación virtualmente “ocupa” todavía aquel inmueble -roto y vacío-, que según copia notarial, “fue construido por el maestro-carpintero Manuel del Toro, quien lo concluyó en septiembre”, aunque la ficha date de 1890. Hasta la fecha, ni la Embajada de la República Popular China en Cuba ni el Comité Central del Partido Comunista Chino, los copropietarios, han dispuesto un yuan para ayudarles.

Las famosas parrandas de Caibarién se enriquecieron cuando los inventores de la pólvora introdujeron sus alegres explosivos. No solo por el ruido y deslumbramiento que producían, sino por los dineros que hicieron falta en lo adelante para ganar las competencias inter-barriales. En crónicas de 1892 (Gacetillas y El Criterio Popular), consta que Chau Gomá, exfarolero cameral del Imperio, construyó “aditamentos exclusivos” para el desfile triunfal del barrio La Marina.

El mástil del farol asiático -diferente del tradicional- en forma de L invertida, mejoraba la manejabilidad y podían añadírsele velas, banderillas y borlas. Apenas quedan vestigios de aquellos precursores, pero los recuerdos perviven en el apego del pueblo.

En la parranda de 2009, por ejemplo, el barrio La Loma exhibió una carroza inspirada en una leyenda titulada “Chang-Ge, la diosa de la luna”. A lo largo del siglo anterior, devinieron exóticos temas de obligada recurrencia.

Algún 10 de octubre de la era republicana, por otro aniversario del inicio de nuestras guerras de independencia, fue mostrada la entonces iniciática Comparsa del Dragón, de sutiles imprecaciones esotéricas.

El asentamiento de la Asociación se hacía llamar “La Casa de La Patrona de Cuba”, más por ventajas políticas que por afinidad patriótica. Y era coronada por una hibridación clara y achinada de la popular virgen mambisa. El Kung Fu, Tai Chi -Chuan y Kun-, se asimilaron bien y extendieron sus experiencias a la acupuntura y la fisioterapia.

Se celebraban festividades como la llegada del año nuevo lunar, a finales de enero, principios de febrero, resguardando la autoctonía. Los nacidos en Caibarién aprendieron poco o nada del idioma original, consecuencia de discordancias lingüísticas (dialectales) con parientes naturalizados.

Los conocimientos se limitaron a ciertas expresiones, saludos y voces asociadas a la gastronomía: nombres de comidas o recetas de cocina; y no hubo aportes notables al castellano, excepto en locuciones que los estigmatizaban como objetos de mofa.

Difiriendo de la africanidad, no primó un sincretismo afín, aún cuando la Asociación llevó el nombre de la Caridad del Cobre, una estratagema para el visto-bueno, y gran parte de la membresía asumiera la religión católica, pues las creencias enraizaban en el culto a sus antepasados.Tampoco contribuyeron a la música del patio.

En cambio, la práctica de las artes marciales atrajo no solo a oriundos -reclutada asimismo por el Departamento de Seguridad del Estado como arma de combate contra “el enemigo”-, sino a muchos que continuaron con más o menos estabilidad en el espacio de la Asociación, de forma voluntaria y supervisada por “profesores-herederos”.

Aunque los españoles se adueñaron del amurallado cambalache insular, los asiáticos se colaron maravillosamente por un resquicio para hacerles competencia. Las bodegas La Trocha, de Antonio Chong y La Paloma, de Joaquín Wong; los bares La Chinita, El Madrugón, de Francisco Ley Chang y La Estrella de Oriente, así como la popular Tienda de Canuto, fueron plazas abiertas por cantoneses en Caibarién. En Remedios era muy popular La Joven China, céntrico complejo de fonda, cafetería y bar, entre otros comercios muy rentables.

Aparte de las lavanderías baratas que los chinos tenían en toda la Isla, no pueden olvidarse los vendedores ambulantes y hojalateros, carretilleros repletos de frutas y vegetales a precios también asequibles.

El mayor establecimiento asiático de Caibarién fue La Japonesa (1900), suerte de nombre transnacional que acercaba al Parque La Libertad su espectacular fachada. Su copropietaria hasta 1968 (fecha de la intervención 'contrarrevolucionaria') fue Gladys Lou Chang y ella la había heredado de sus fundadores, José Lou Su Ting y Rogata Chang, quienes con 15 y 13 años respectivamente, arribaron a Cuba en la barriga de un buque. Con tres pisos que incluían ferretería, materiales de imprenta, objetos de decoración, porcelanas, sedas, confecciones, calzado y bisutería, daba cobijo también a toda la estirpe.

Hacia 1917, tras el conflicto del gobernante chino Yuan Shikai con el Marqués japonés Ōkuma Shigenobu, el nombre cambió al de Casa Lou, pero para la gente siguió siendo La Japonesa, aún cuando el atarantado nuevo régimen se desentendió de preservarla en calidad de patrimonio.

Entre los muchos establecimientos prósperos del pueblo, quizá La Japonesa fuera el más pintoresco y desigual si lo comparamos con los pequeños negocios de empresas familiares; tiendas judío-polacas abarrotadas y toscas bodegas gallegas, pero nunca fue un simple bazar de antigüedades. Además de ropa y sombrerería, se vendían artículos para cumpleaños, juguetes, efectos eléctricos, aparatos musicales, artículos como el memorable papel crepé, cohetes y triquitraques, inciensos y objetos procedentes de disímiles culturas planetarias. Se incluían, por supuesto, obras de arte manufacturadas en Japón; finos jarrones, pinturas duraderas, y miniaturas de papel. El ambiente era estrictamente asiático y los empleados todos de la misma raza.

Entrar a La Japonesa era como atravesar una frontera, respirar perfumes Maderas de Oriente, opiáceos, curtidos olorosos y libros traducidos y recién impresos de fábula y misterio. Del techo colgaban guitarras y violines auténticos, un lugar donde podías adquirir uñas de carey, tijas y accesorios instrumentales; adornos femeniles y abanicos de sándalo. Las dependientas, todas muy refinadas. Y en la quincallería el viejo investido de japonés siempre servicial y serio.

Hoy contemplamos las ruinas insultantes que nos remontan a ese pasado en que se acudía por un avioncito impulsado por ligas, un yoyo o cuerdas para papalotes o instrumentos musicales, cuando se podían imaginar vocaciones futuras gracias a aquellos tenderos únicos. La Japonesa fue un lugar atractivo en su abigarramiento, y nos regaló tempranos atisbos del que sería el próximo amo voraz e industrial del mundo: el lejano -luego cercano- imperialismo chino (que no japonés).

Pedro Manuel González Reinosa
Cubanet, 1 de noviembre de 2018.
Foto: La Japonesa en 1907. Tomada de Cubanet.

jueves, 14 de febrero de 2019

Cuatro versiones de una canción cubana de amor




El autor de Tú, mi rosa azul es el guitarrista y compositor Jorge Mazón (La Habana, 1923), uno de los fundadores del feeling o filin. Además de Pablo Milanés, Tú, mi rosa azul, ha sido interpretada también por Vicentico Valdés y la Sonora Matancera, Moraima Secada con el Cuarteto de Meme Solís y la Señora Sentimiento, Elena Burke.

Tania Quintero

lunes, 11 de febrero de 2019

Boleros para Jeff Bezos


"Un bollo hala más que una carreta de bueyes", dicen en Cuba y en el caso de Jeff Bezos parece que así ha sido. O tal vez lo que ha acabado con su matrimonio de 25 años es su pene, del cual presume en estos mensajes enviados a la mujer que le ha robado el corazón.

Ella no es mucho más atractiva que la ex señora Bezos y su marido no es un mister universo, pero es mejor parecido que Bezos, con ese coco liso y esas orejas de palo. Aunque, claro, es el hombre más rico del mundo. Y el dinero al más feo lo embellece. Lo cierto es que el enamoramiento de Jeff Bezos se está convirtiendo en un culebrón mediático.

Cuando internet y los e-mails no habían invadido el mundo, y cuando twitter, facebook, whatsapp, instragram y toda esa vaina pública no había hecho su aparición, los hombres y mujeres del mundo occidental se declaraban su amor a solas, mirándose a los ojos, en un parque, a la orilla del mar, cenando en un restaurant o tomándose un trago en un club sin luces estridentes, escuchando una música suave y bailando apretados.

Por teléfono se decían cosas solo escuchadas por ellos. Si uno de los dos viajaba dentro o fuera del país, se mandaban cartas y postales, a veces acompañadas de fotos y solamente ellos tenían la posibilidad de leerlas y guardarlas... Hasta que se peleaban y rompían cartas, postales, fotos y regalos.

Pero ahora no. Ahora todo hay que decirlo, contarlo, fotografiarlo y subirlo a una red social. Y a pesar de contraseñas, nubes, llaves y candados, siempre alguien se entera y lo saca a la luz, como están haciendo con Jeff Bezos. A los Bezos se les rompió del amor y él se siente como una ola.

Si las mejores canciones de amor han nacido de los encuentros y desencuentros de una pareja, lo mismo puede decirse de los boleros, compuestos en Cuba, México o Puerto Rico. Para el hijastro de un santiaguero que a los 55 años se ha apasionado por Lauren Sánchez, estadounidense de origen mexicano de 49 años, Amor de otoño, de Pablo Milanés:



Si alguien tiene el correo electrónico de Jeff Bezos, favor hacerle llegar estos boleros y una botella de ron Bacardí.

Tania Quintero

jueves, 7 de febrero de 2019

Breves años cubanos de Anoland Díaz (II y final)



No encontramos más noticias sobre Anoland y su vida musical hasta que el 10 de marzo de 1943, tras la compra por el Partido Socialista Popular de la veterana Radio Lavín, se produce la inauguración de otra radioemisora que hizo mucho por la cultura nacional y por la cual pasaron la mayoría de los más prominentes nombres en la música y el arte en Cuba: la Mil Diez. Según refiere Oscar Luis López, historiador de la radio cubana, en su obra La radio en Cuba, Anoland Díaz fue una de las cantantes de planta, junto a nombres rotundos como los de Celia Cruz, Olga Guillot, Elena Burke, María Cervantes, Aurora Lincheta, Tomasita Núñez, Matilde Camejo, Estela Rodríguez -la hermana de Arsenio-, Alba Marina, Zoila Gálvez, Chiquita Serrano, Margarita Díaz; y entre los hombres, Miguelito Valdés, Miguel de Gonzalo, Bienvenido León, Alfredo León, Orlando Guerra Cascarita, Zephir Palma y muchos otros.

Anoland tenía cualidades musicales notables para haber transitado el mismo camino que muchas de las contendientes en el programa La Corte Suprema del Arte, donde resultó una de sus finalistas. A partir de 1938 en un momento que se considera de renovación y descubrimiento de nuevas figuras para el canto lírico cubano, las voces de Zoraida Marrero, María de los Angeles Santana, Esther Borja, Rosita Fornés y muchas otras irrumpieron en los escenarios, en la radio y hasta en el cine, y atendiendo a sus magníficos resultados era muy probable que Anoland, con su juventud y talento, pudiera seguir obteniendo como profesional éxitos similares.

Si damos crédito al periodista Daniel Domínguez, Anoland llegó a Panamá en 1947, tenía entonces 19 años. Aunque algunas fuentes indican que Anoland viajó con su familia para radicarse en Panamá, Domínguez pone en boca de Rubén Blades lo siguiente, referido a este hecho: “Abandonó su hogar porque no soportaba la situación familiar que vivía allá”. Y es muy probable que así haya sido, teniendo en cuenta la numerosísima familia que habían creado los padres de Anoland.

En la orquesta que la acompañaba en sus primeras incursiones musicales en Panamá, conoció al percusionista Rubén Darío Blades Bosques, bongosero por más señas, quien compartía su tiempo laboral como detective de la policía, según ha contado Iván García en su artículo La sangre cubana de Rubén Blades. Pero a Blades le apasionaba la percusión, y la música afrocubana. Tuvieron cinco hijos de los cuales Rubén es el segundo.

En su nuevo lugar, Anoland continuó su vida como cantante, pianista y actriz en radio novelas para la Red Panamericana y para RPC Radio. Algunas de las fuentes consultadas apuntan que Anoland Díaz tocó para la reina Isabel de Inglaterra, en alguno de los actos en homenaje a la soberana británica en ocasión de su visita oficial a Panamá en 1953.[27] Hizo también esporádicas apariciones cantando junto a su hijo Rubén y acompañándose ella misma al piano, de las que ha quedado este video.

A Anolan le gustaba cantar ópera, zarzuela, boleros y la música popular internacional. “El primer disco que se compró en mi casa, en 1959 o 1960, -contó Rubén- fue uno de Amad Jamal, pianista e intérprete de jazz. (…) No teníamos ni el dinero ni el espacio para tener un piano. Fue mucho después, cuando les compré a mis padres un apartamento, que le llevé su primer piano. Ella tocaba boleros y piezas clásicas, y algunas veces componía temas instrumentales.”

Sin embargo, Anoland nunca grabó un disco, y en cuanto a grabaciones comerciales, el único registro del que hasta ahora se tienen noticias, es el de su voz en ese clásico de la salsa que es Maestra Vida, la primera ópera salsa original en la historia del género y uno de los trabajos más trascendentales e inteligentes de su hijo Rubén como compositor, junto al puertorriqueño Willie Colón, quien fungió como productor y también músico. Grabada en 1980 y distribuida en un álbum doble bajo el sello Fania (LP F576/577), Maestra Vida marcó un antes y un después en el género salsa, al introducir la temática social que reflejaba los problemas y contradicciones en los espacios urbanos en los países latinoamericanos y en las zonas de Estados Unidos con gran presencia latina, a la vez que abordó en ella elementos de la narrativa literaria de Latinoamérica.

Musicalmente, Maestra Vida trascendió los límites estrictos de la salsa, al incluír boleros y un tratamiento instrumental que enriqueció ambos géneros haciéndolos acompañar de un formato sinfónico. Anoland aportó su voz al personaje de Manuela, que puede escucharse en el corte 5 del primer disco, un bolero bajo el título Yo soy una mujer, donde también hace un breve dúo son su hijo Rubén. También la voz de Anoland aparece fugaz al final del corte 3 Carmelo después (El viejo Da Silva) del segundo disco de Maestra Vida.

De la experiencia personal que representó este trabajo con su madre, diría Rubén: “Cuando estoy en un estudio de grabación, suelo transformarme en un tirano. En aquella ocasión tuve que hacer un esfuerzo para calmarme, pues estaba más nervioso yo que ella, y eso no la ayudaba. Pero su voz es tan dulce y tan expresiva que le dio un sentido especial a ese número. Yo soy una mujer fue su única grabación en un disco, como intérprete. A pesar de su inmenso talento, nunca grabó un disco. Y quería darle la oportunidad de tener esa experiencia. Tiempo después estuvimos trabajando en un disco de boleros para grabar juntos, pero entonces enfermó y ya no pudimos continuar con el proyecto. Me quedó eso pendiente.”

Anoland moriría en Panamá en 1991, víctima de cáncer. Del impacto y el dolor de esos meses en los que vio morir cada día a su madre, de la lucha de Anoland por la vida, de sus personales vivencias como hijo enfrentando lo irreversible, surgió el tema Amor y control, que de manera póstuma Rubén Blades dedicó a su madre.


La relación de Rubén Blades con su madre fue no sólo especial, entrañable, sino decisiva en su carrera vital: “Mi madre fue una influencia determinante -comentó a Daniel Domínguez. Me orientó hacia el arte con su talento, pues ella cantaba y tocaba muy bien el piano con el que se acompañaba. Además, nos entregó su sacrificio, pues hizo a un lado su posibilidad como artista para dedicarnos su tiempo y esfuerzo como madre. Ella y mi abuela, Emma, fueron la razón principal para encaminarme como artista y como abogado”. Para el músico y comunicador venezolano León Magno Montiel, “Anoland fue su amor infinito, su musa; de ella heredó la sensibilidad musical y el alma de compositor.”


Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, noviembre de 2018.
Foto: Anoland Díaz, retratada en La Habana por Armand, el fotógrafo de las estrellas cubanas. Publicada en marzo de 1942 en la revista Ecos de la RHC. Tomada de Desmemoriados.

Aclaración: En todas las fuentes consultadas, el nombre de Anoland aparece indistintamente con “d” al final, y sin ella. Ver más fotos, notas y fuentes consultadas en Desmemoriados.

lunes, 4 de febrero de 2019

Breves años cubanos de Anoland Díaz (I)



Que uno de mis músicos preferidos -Rubén Blades- es hijo de una cubana, no es noticia. Incluso tampoco es para muchos una primicia decir que ella fue cantante y que triunfó muy joven desde las ondas radiales cubanas.

De modo que lo único que pretendo aquí es contribuir a documentar la breve, pero exitosa vida artística de Anoland Díaz en Cuba, a través del reflejo que tuvo en la prensa de la época, donde solo los periódicos y la radio -en caso de que se hubieran conservado grabaciones- podían dejar constancia de lo que ocurría en la escena musical cubana. Eso sí puede que tenga para los lectores alguna novedad, pues la presencia de la pequeña reglana en los principales programas radiales a partir de 1938 y hasta 1946, demuestra cuán hondo caló el talento de aquella chiquilla que cantaba con voz de soprano y hasta podía acompañarse al piano.

Acerca de su nacimiento y familia, el musicógrafo e investigador colombiano Sergio Santana aporta los siguientes datos: Nacida Anoland Bellido de Luna y Caramés, en el ultramarino pueblo de Regla, en La Habana, en 1927, su padre Louis Bellido de Luna Reinee, de Nueva Orleans marchó a Cuba, a luchar en la Guerra Hispano-Cubano-Americana a finales del siglo XIX. Le gustó el país y decidió quedarse, casándose en terceras nupcias con Carmen Caramés, natural de Galicia y con quien tendría 22 hijos, entre ellos, Anoland.

En 1938, los dueños de la radioemisora CMQ organizan un inusual programa en forma de concurso musical que denominaron La Corte Suprema del Arte y que en sus múltiples ediciones llegaría a ser decisivo en el surgimiento de nombres íconos de la música cubana. De ahí salieron Celia Cruz, Rosita Fornés, Elena Burque, Raquel Revuelta, Alba Marina, Merceditas Valdés, Ramón Veloz, Aurora Lincheta, Armando Bianchi, Obdulia Breijo, Radeúnda Lima, Xiomara Fernández, Olga Chorens, Vilma Valle, y muchos otros.

Entre los muchos adolescentes y niños que se presentaron a escrutinio en aquellas primeras audiciones estaban Aurora Lincheta, Olga Chorens, Magaly del Valle, Elsa Valladares, Siomara Fernández, Adria Catalá y una chiquilla hermosa que no rebasaba los 11 años de edad: Anoland Bellido de Luna, que desde su primera presentación decidió aparecer como Anoland Díaz, un apellido que a ella o a alguno de sus mayores debió parecerle más apropiado. A pesar de su corta edad, asombró a todos y resultó una de las finalistas triunfadoras de esa primera edición.

La Corte Suprema del Arte era el suceso del momento: presentaba una y otra vez largos conciertos y espectáculos no sólo en los estudios de la radioemisora, sino también en importantes teatros de la ciudad, que se abarrotaban de público para ver cantar a sus nuevos ídolos. El programa reventaba los ratings de radioaudiencia y engrosaba la recaudación de las taquillas de los teatros y cine-teatros. Era un éxito y una popularidad premonitorios: por sus micrófonos pasaron quienes llegarían a ser grandes figuras de la música y la actuación.

Ese mismo año, en los shows de La Corte Suprema, la voz de Anoland se unió a la de otra muchacha finalista, quien décadas después sería una de las imprescindibles en la escena musical y teatral en Cuba: Miriam Acevedo. Con sus once años, comienza para Anoland una verdadera vorágine de conciertos y presentaciones que la van haciendo conocida y hasta famosa, como niña prodigio.

Para conmemorar el primer año del exitoso programa radial, Arturo Liendo escribe el guión del espectáculo Un viaje musical, que subiría a la escena del Teatro Nacional, en La Habana, presentando a los ganadores del original programa-concurso: Aurora Lincheta, el dúo Busquet, la pequeñita Adria Catalá, Estrellita Díaz, y muchos otros, contando con el madrinazgo de la famosa soprano Zoila Gálvez. El mismo periódico en su edición del 22 de diciembre de 1938 anuncia la presentación de las niñas Anoland Díaz y Adria Catalá en el cine-teatro Moderno, en función a beneficio del colegio Fors, que combinaba pase de películas y la actuación de las nenas cantantes, como parte del segmento infantil de promoción de La Corte Suprema del Arte.

Anoland vuelve en enero de 1939 al Teatro Nacional optando por uno de los tres premios en metálico que concedía la RKO Radio entre los ganadores del programa. Tanto Anoland, como Irma Puentes, Rosita Bujones, Olga Sánchez, Rodolfo Cueto y Rafael Rodríguez, debían interpretar la canción tema del filme “Dí que me quieres”. Acompañada por el pianista Luis Mora, participa en un acto cultural con motivo de la celebración del 20 de mayo, en la sede de la Asociación de Emigrados Cubanos, y en el anuncio es calificada por la prensa como “soprano ligera de diez años”.

Cinco días después, se anunciaba al dúo Miriam y Anoland en el cartel del espectáculo que, organizado por la Unión de Empresarios, presentaría ese día el Teatro Nacional en homenaje a Heliodoro García, empresario de ese coliseo, y donde el numeroso elenco incluía nombres rotundos de la música cubana como Ernesto Lecuona, Rita Montaner e Ignacio Villa Bola de Nieve.

Era la primera vez que Anoland compartiría cartel con estos íconos de la cultura nacional, junto a otros famosos, como la declamadora Carmina Benguría, las cantantes líricas Zoraida Marrero, Georgina Dubouchet, Zoraida Beato y Lydia de Rivera; un tenor mexicano que llegaría a ser un grande del bolero y la canción: Pedro Vargas; los comediantes Garrido y Piñero, las orquestas Hermanos Lebatard y Hermanos Castro y como presentadores, José Antonio Alonso, Arturo Artalejo, Germán Pinelli y Gaspar Pumarejo.

Junto a las niñas Marta Cervantes y Adria Catalá, el dúo Miriam y Anoland se gana el favor del público, toma parte en diversos programas radiales, espectáculos teatrales y hasta en campañas publicitarias, como aquel sorteo organizado por las bicicletas Niágara en julio de 1939. De su breve unión musical con Anoland Díaz, la Acevedo diría varías décadas después a la periodista y bloguera cubana Tania Quintero: “Me presenté en La Corte Supema del Arte como cantante y gané todos los premios. Anoland Díaz era también una niña excepcional. Desde pequeña tocaba el piano de afición como una verdadera profesional, era el asombro de todos. Ella cantaba con voz de soprano, y yo de contralto infantil. Y al dueño de la CMQ se le ocurrió que nuestras voces podían hacer un dúo perfecto. Se llamó “Myriam y Anoland, el dúo perfecto”.

Myriam y Anoland, como dúo infantil, aparecen en el malogrado filme Una aventura peligrosa, de Ramón Peón, estrenado el 1 de junio de 1939 en el Teatro Nacional, en medio del éxito de La Corte Suprema del Arte, y que significó el debut cinematográfico de quien sería la gran vedette cubana Rosita Fornés, quizás el único valor defendible del filme. Ahí las niñas interpretan Duerme muñequita, una canción de cuna de Ramiro Gómez Kemp, quien estaba encargado de la dirección musical del filme y a toda costa logró colar obras suyas de dudosa calidad, junto a las que eran propósito y objetivo de la producción del filme: las de Ernesto Lecuona y Nilo Menéndez, el autor de Aquellos ojos verdes, entonces prominente ejecutivo en la música y el cine en Estados Unidos.

Según anuncio publicado el 6 de octubre en el Diario de la Marina, y con escasos 12 años Anoland es invitada a integrar el cartel de la suite de conciertos que ha ideado y organizado el gran Ernesto Lecuona en el teatro Auditorium, en El Vedado. Anoland Díaz participaría en solitario en el tercero de ellos, titulado La Rumba, coincidiendo de nuevo con Rita Montaner , Zoraida Marrero y Georgina DuBouchet, y junto a los también cantantes Jorgelina Junco, Oscar López y Joseíto Núñez; las orquestas de los cantantes Paulina Alvarez, con su orquesta, y Fernando Collazo y con La Sonora Matancera, ya instalados en el favor popular, propiciarían la presencia de formatos de música popular en el exquisito escenario capitalino, reservado a la llamada música culta y el canto lírico.

Ramón Fajardo Estrada, en su libro Rita Montaner. Testimonio de una época glosa así la aparición de Anoland por primera vez en el importante coliseo de El Vedado: “A los espectadores se les propician dos atractivas ofertas: asistir a la primera actuación en Cuba de la cantante brasileña Malena Toledo y al debut de Anolan Díaz, una niña de ocho años de edad, que impresiona a todos en ¿Por qué no vienes?, de Lecuona, con la Orquesta de La Habana, y al acompañarse ella misma al piano en El amor de mi bohío, de Julio Brito.”

Al mes siguiente, en noviembre, se organiza un concierto de despedida al trío Habana, que acoge el cine-teatro Cuatro Caminos. Ahí está Anoland junto a prominentes artistas de la radio y el teatro, como Miguelito Valdés, René Cabell, María Ciérvide, Blanquita Amaro, Abelardo Barroso y las orquestas Casino de la Playa y Riverside, entre otros, y como presentadores Manolo Serrano y Germán Pinelli, y su desempeño es destacado por la prensa. Ese mismo mes canta en el Festival de la Prensa, junto a la orquesta Hermanos Lebatard y la mexicana Manolita Arreola. Ya para estas fechas, la pequeña estrella era artista exclusiva de CMQ Radio y se presentaba en el programa del mediodía, que patrocinaba la empresa jabonera Crusellas.

En ocasión de una función extraordinaria, a la espera de la celebración del 24 de febrero en 1940, una de las fiestas patrias, Anoland sube de nuevo a la escena del Teatro Nacional, en el mismo programa otra vez con Rita Montaner, con la soprano Esther Borja, los comediantes Garrido y Piñero, y Bola de Nieve, entre otros. Meses después ya la mencionan entre los artistas que el Diario de la Marina cataloga como famosos, esta vez participando en un gran festival organizado por el jabón La Llave en la ciudad de Cárdenas, Matanzas, en una comitiva musical encabezada por la Montaner, y en la que figuraban el libretista y compositor Félix B. Caignet, los cantantes René Cabel, Hortensia Coalla, Estrellita Díaz y la orquesta Cosmopolita, entre otros.

Para el 20 de junio de 1940 los artistas organizan un homenaje a Augusto Ferrer de Couto, columnista del periódico Alerta recién designado Concejal del Ayuntamiento de La Habana y Anoland es incluída en la revista musical que el coreógrafo y bailarín Julio Richards había ideado para la ocasión: Mujeres en La Habana, encabezada por Rita Montaner -con la que coincide ya por tercera vez- y en la que figurarían, en el profuso elenco, la bailarina Carmita Ortiz, la famosa actriz del teatro vernáculo cubano Luz Gil, la orquesta femenina Anacaona, la orquesta Riverside, el conjunto de música porteña Río de La Plata con sus cantantes Olga Chorens y Manolo Fernández.

Cuando Amado Trinidad Velazco decide crear la RHC Cadena Azul y el 1 de abril de 1940 irrumpe en el medio radial cubano con un empuje no visto, con prisa y sin pausa va a por los mejores músicos y artistas, y entre los emergentes, los más prometedores, la mayoría de ellos con contratos con otras radioemisoras como CMQ. Les ofrece jugosos contratos y logra llevarlos al cuadro artístico-musical de la RHC Cadena Azul. Entre ellos está Anoland Díaz, hasta ese momento, artista de CMQ.

En el número inaugural de la revista Ecos de la RHC Cadena Azul, en el que se presentaba a todo su cuadro director, técnico y artístico, la pequeña Anoland Díaz figuraba con una foto donde se le catalogaba como “la diminuta soprano con voz de angel”.Así se le presentaba en sus asiduas apariciones en los programas patrocinados por la marca cigarrera Trinidad y Hermanos, en la RHC Cadena Azul: “La Voz de Angel de la Radio”. En el número de agosto de 1941, en la misma revista, aparecía una foto suya, donde se le describía: “La Voz de Angel de la Radio es un verdadero valor en el campo lírico en Cuba. Esta simpática chiquilla es cada día más aplaudida y cada vez más imprescindible en la elaboración de buenos programas”.

Para diciembre de 1941, Anoland junto a su hermana Lina es anunciada como el Dúo Cuba, artista exclusivo de los programas auspiciados por Trinidad y Hermanos e integrando la extravagante caravana de Amado Trinidad y la RHC Cadena Azul que se presentaría durante ese mes en los teatros Iriondo (Ciego de Avila), Principal (Camagüey), Infante (Holguín) y Oriente (Santiago de Cuba como parte de un elenco encabezado por la orquesta Havana Casino dirigida en esta ocasión por Gilberto Valdés, el Conjunto Vocal Siboney (con Isolina Carrillo, Olga Guillot, Marcelino Guerra más conocido por Rapindey y Facundo Rivero, entre otros), Las Marvel Sisters, Reynaldo Henríquez, Rita María Rivero, Tomasita Núñez, Alfredito Valdés, Joseíto Núñez, Alfredito León, Chano Pozo, Adolfo Guzmán y la orquesta típica argentina Los Románticos Gauchos y la norteamericana Eleanor House, entre muchos otros.

Con una foto del Dúo Cuba, a toda contracubierta, las mostraba y anunciaba la revista órgano oficial de dicha emisora radial. La misma revista publicaba en marzo de 1942 una foto de Anoland firmada por el prestigioso Armand, considerado el fotógrafo de las estrellas, y que comentaba sus aplaudidas actuaciones en el programa “Eslabones de Oro Partagás”.

El 31 de mayo de 1942 participa en el homenaje a Ibrahim Urbino en el teatro Fausto, con las orquestas de Ernesto Lecuona y Havana Casino, Rita Montaner, las cantantes líricas Hortensia Coalla, Zoraida Marrero, Hortensia de Castroverde, Rita María Rivero, los tríos Matamoros y Servando Díaz, René Cabel, entre otros. En septiembre de ese mismo año, Amado Trinidad es homenajeado por músicos, artistas, empresarios y políticos en un gran espectáculo en el cabaret Tropicana, y en el escenario, Anoland Díaz compartió micrófonos con los cantantes Wilfredo Fernández y Margot Alvariño.

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, noviembre de 2018.
Foto: Anoland Díaz en el primer número de la revista Ecos de la RHC Cadena Azul, abril de 1941. Tomada de Desmemoriados.

Aclaración: En todas las fuentes consultadas, el nombre de Anoland aparece indistintamente con “d” al final, y sin ella. Ver más fotos, notas y fuentes consultadas en Desmemoriados. Leer también la entrevista que Tania Quintero realizó en 2009 a Myriam Acevedo, publicada en este blog con el título Todo vuelve al principio y Recordando a Myriam Acevedo, una nota sobre su fallecimiento el 22 de julio de 2013 en Roma.

jueves, 31 de enero de 2019

Lucho gatica o la pureza melódica del bolero


La historia del bolero es una crónica de azares recurrentes: los principales países cultivadores del género (Cuba, México, Colombia, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela) tejen una red manchada por las tintas suplicantes del deseo. El mar Caribe, cómplice y testigo, baña con sus espumas el desborde de la pasión.

El chileno Luis Enrique Gatica Silva, más conocido por Lucho Gatica (Rancagua, 11 de agosto de 1928-Ciudad de México, 13 de noviembre de 2018) lo sabía muy bien. Con su atractiva figura y su estilo inconfundible se convirtió en el sueño de miles de admiradoras en Hispanoamérica. Llegó a Cuba en 1954 para cantar Sinceridad, del nicaragüense Gastón Pérez, el gran éxito que lo respaldaba en Chile. La bolerista Olga Guillot lo introdujo en el filin y a su repertorio incorporó Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz y En nosotros, de Tania Castellanos. El pianista y compositor Bebo Valdés dirigió la orquesta que lo acompañó en su gira por España en 1962.

Visitó a La Habana en ocho ocasiones y sedujo por la ponderación de su fraseo y por la acariciante delicadeza melódica que hacía suspirar a las damas. En una presentación en el estadio de béisbol del Cerro, apareció su madre entre el público: un show hábilmente preparado por el popular presentador Gaspar Pumarejo. Dicen que toda Cuba lloró cuando Gatica abrazó emocionado a su progenitora después de meses sin verla.

En México grabó No me platiques más (Vicente Garrido) y en esos años vendió un millón de discos. En la capital mexicana, el Teatro Capri era su escenario preferido. Caminaba por la Alameda, a un costado del Palacio de Bellas Artes, y la gente le mostraba su afecto. En aquellos tiempos de tríos y temas románticos, Lucho fue un ídolo.

Recuerdo de niño cómo de las victrolas de los bares habaneros brotaba la voz del hijo de Rancagua interpretando Tú me acostumbraste (Frank Domínguez), Historia de un amor (Carlos Eleta), Novia mía (José Antonio Méndez), La enramada (Graciela Olmo), Amor mío (Álvaro Carrillo) y Amor secreto (Gustavo Prado) que se escuchaban entre tragos de ron, aguardiente o cerveza. A los hombres desengañados les gustaba Encadenados: "Tal vez sería mejor que no volvieras / quizá sería mejor que me olvidaras. / Volver es empezar a atormentarnos / a querernos para odiarnos / sin principio ni final".

Pero las consonancias de La barca y El reloj, del mexicano Roberto Cantoral, inundaban los espacios íntimos. Mi madre cantaba a dueto con Lucho Gatica en la radio: “Reloj detén tu camino / porque mi vida se apaga / ella es la estrella / que alumbra mi ser / yo sin amor no soy nada”. El vocalista chileno detenía el tiempo, su voz tentaba quietamente a las mujeres de mi casa. Mi abuela tenía un almanaque con su rostro sonriente en el comedor y mis tías suspiraban y decían: “¡Qué hombre, Dios mío!”. Lucho Gatica y el actor mexicano Arturo de Córdova eran los máximos responsables de los sueños eróticos de muchas amas de casa cubanas en las décadas de 1950 y 1960.

El martes 13 de noviembre, en la Ciudad de México, el hombre que repetía tranquilamente “Yo no le temo a la muerte, soy muy feliz”, dejó de mirar por su ventana el mundo. En La Habana, viejos enamorados se fueron al Malecón a ver cómo la luz del sol se iba apagando y el mar se vestía de amargura, mientras a lo lejos se escuchaba un trío cantando La barca, de Roberto Cantoral, uno de sus grandes éxitos.


Carlos Olivares Baró
Cubaencuentro, 16 de noviembre de 2018.

Una nota de Tania Quintero.- A los 90 años fallecía en México el cantante chileno Lucho Gatica, quien antes de 1959 estuvo varias veces en La Habana. En 1957, año en que cumplí los 15, un grupo de muchachas que vivíamos cerca del Stadium del Cerro, esperamos a que saliera de una conferencia de prensa para que nos firmara un autógrafo, que era lo que se usaba. De hecho, fue la única firma de un artista que tuve en mi autógrafo forrado en piel verde que por 0.99 centavos compré en el Ten Cent de Galiano. La barca, El reloj, Amor mío, El bardo y No me platiques más figuraron en el hit parade de la radio, el principal medio que entonces había para escuchar música cubana y foránea.

En Cuba, Lucho Gatica no desplazaba al bolero, tampoco al feeling. Por igual se escuchaba a los intérpretes extranjeros como Nat King Cole, Frank Sinatra, Dean Martin, Doris Day o Elvis Presley que a los nacionales: José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Freddy, Elena Burque, Omara Portuondo, Moraima Secada, Fernando Álvarez, Vicentico Valdés, Orlando Vallejo, Blanca Rosa Gil y, por supuesto, al Trío Matamoros, María Teresa Vera, Celia Cruz y la Sonora Matancera, Benny Moré, Bola de Nieve y las Orquestas América y Aragón, los Conjuntos Casino y de Roberto Faz, entre otros muchos cantantes y agrupaciones de toda la Isla. Después llegarían las canciones protesta de la Nueva Trova que, por suerte, pronto incluyeron temas de amor como Yolanda y Para vivir de Pablo Milanés, y Unicornio y Óleo de mujer con sombrero, de Silvio Rodríguez.

lunes, 28 de enero de 2019

Antonella, repartera cubana


"Yo no sabía andar en La Habana. Ni siquiera había venido sola. Llegué a la terminal de ómnibus y pregunté cómo seguir para Centro Habana. Cogí un P12 hasta Infanta. Bajé hasta Manglar".

Antonella tiene 22 años, es de Viñales, un pueblo de Pinar del Río donde, dice, se vive bastante bien porque hay turismo y tranquilidad, pero donde el negocio de la música no funciona. Por eso accedió a la invitación de un amigo suyo de Facebook, al que le había mandado dos pistas de audio con sus únicas canciones, porque él se decía cantante, decía que trabajaba con los músicos de Laura Pausini y que no le podía dar su número porque no tenía línea cubana. Le dijo, sin embargo, que a las ocho de la mañana se encontrarían sin falta en Infanta y Manglar para grabar juntos en la Galaxy Music, uno de los estudios más mencionados por los reparteros, como les dicen a los músicos que hacen reparto, el reguetón de los pobres.

"Yo sin dinero. Le había dicho a mi mamá que me hacía falta plata para ir a La Habana, porque un cantante me esperaría ahí para hacer una colaboración. Ella me dio lo que pudo y dijo: niña, ¡ten cuidado!"

Y allí estaba Antonella, en Infanta y Manglar. Solo que cuando empezó a preguntarles a los del estudio por el fulano, nadie lo conocía. Allí, por lo menos, no tenía una canción. “Si es cantante, será en su casa”, le comentaron.

"Estábamos haciendo el background y el productor preguntó quién pagaría. Dije: el muchacho fue quien invitó. Habíamos quedado en eso. Antes de terminar quería que lo pagara yo. Yo que estaba sin dinero. ¡Eran 60 CUC! Por poco me da un infarto, lloré mucho, me subió la presión".

Siendo niña, Antonella perteneció por tres años a la compañía infantil Sueños y Esperanzas, de Pinar del Río. En ese momento, aunque solo le gustaba el baile, montarse en las carrozas de los carnavales con trajes repletos de lentejuelas, volantes, arrollar en las comparsas, trataba de colarse también en el coro cada vez que actuaba, pero siempre en la última fila, cuestión de que si desafinaba, el público no lo notara.

Con 14 años, mientras cursaba la secundaria básica, decidió cantar. Se apuntó en la Academia La Alameda, compañía pinareña privada donde impartían clases de guitarra, violín, clarinete, piano básico, canto lírico y solfeo durante tres años y daban certificado de graduación. Escogió canto lírico y piano. Lo dejó a mitad del segundo año.

Luego trató de matricular en un curso de canto que ofrecían en el teatro José Jacinto Milanés. Cuando fue, estaban las plazas cubiertas. Tampoco acabó el preuniversitario. Con 21 años empezó a estudiar de lunes a viernes, de cinco de la tarde a ocho de la noche en la Facultad Obrero Campesina, mientras se preparaba para los exámenes de ingreso a la universidad. En ese trayecto escribió canciones, se puso a buscar por internet un estudio donde grabar y encontró al fulano que la invitó a La Habana.

Esa mañana, Odalys, la madre del Mercenario, dueño de la Galaxy Music, dejó de ser la única mujer que merodeaba la zona de grabación. Le dio a Antonella un vaso de agua, un calmante y le dijo: “Tú tranquila. Vas a hacer tu canción solita y no vas a pagar”.

-Yo venía a cantar una balada, algo romántico, con mucha letra. Luego esta gente empezó a “descorchar” y me embullaron para hacer reparto. Improvisé una melodía: uy, papi, papi, yo sé que te gusta que mueva mi pom- pom- flow/ que mueva mi pom- pom- flow.

Terminó muy tarde en el estudio. No tenía dónde pasar la noche y salió en busca de un transporte para su provincia. Dejó dicho que vendría el mes siguiente. En Pinar del Río vendió un poco de ropa, pidió dinero prestado y volvió con el dinero suficiente para grabar varias canciones. Ahora se le ocurren muchos coros: Lentamente me acerqué/ lentamente te acercaste/ yo no quiero hacerme pero tú primero me miraste/ y disimuladamente con tu cuerpo me rozaste/ yo no lo puedo negar, bailando me enamoraste/ bailando me enamoraste…

Coge el móvil, los apunta y cuando reúne suficiente dinero los va a grabar en la Galaxy Music. Antonella es, si no la única, al menos es la mujer que ha desarrollado una trayectoria más estable y reconocida dentro del reparto, género relativamente nuevo, que por sus características, puede considerarse la versión cubana del reguetón.

-Considero que la revolución del reguetón apareció en Cuba en 2015, tras el éxito de Chocolate con su Guachineo. A partir de ese momento, el género se populariza, incorporándole los metales, la caja y el compás de la clave cubana.

Contigo es el título de la primera colaboración de Antonella con otro repartero. Había escrito el tema, pero sonaba muy sentimental, le hacía falta un poco de rapeo, algo más fuerte. Le propuso hacer un remix a El Kamel, uno de los más populares exponentes del reparto. En 15 días el tema sumó más de 8 mil reproducciones en YouTube, hasta que unos piratas se las agenciaron para quitarlo del canal del estudio.


Diez meses después de haber lanzado su primera canción oficial, prepara su primer disco titulado I am Antonella. Serán 12 temas de reparto porque “a mucha gente le gusta, es el reflejo de lo que se vive en el país y, a la vez, da deseos de bailar”. Se le ocurre que los reparteros podrían unirse y tratar de levantar el género, como en Puerto Rico Bad Bunny, Ozuna y Anuel AA con el trap. Ella también cree que esas letras no son las más convenientes, que es una cuestión que puede y debe ser cambiada.

"La gente quiere oír pocha, vamos para el descorcheo, vámonos pa'l party. Es el lenguaje de la calle, del cubano, pero no hay por qué decir vulgaridades. Se suele generalizar el reparto como propiedad de hombres, de machistas discriminadores de la mujer. En el compás de 3 por 4 yo veo la oportunidad de mezclar melodías pegajosas con letras más dulces como "Baby, tú me matas bailando/ cuando te me pegas/ tu cuerpo rozando/ me voy excitando/ y ya me estoy volviendo loco, loco, loco contigo/ tú loca, loca, loca conmigo/ ¿qué sientes cuando duermes conmigo?/ porque te juro que yo siento amor cuando duermo contigo, baby".

-No ves, y ríe, ellos son los pochos y yo la pocha.

Sabrina López Camaraza
El Toque, 23 de noviembre de 2018.
Foto de Antonella realizada por Marcos Paz Sablón y tomada de El Toque.
Leer también: Chocolate MC.

jueves, 24 de enero de 2019

Cuba, una jirafa solitaria



El fracaso de la gestión diaria del socialismo en Cuba sigue vigente por el poder de convicción de las metralletas y los tanques. Su desidia, su ineptitud y su torpeza de antología, enseña cada hora que la vida del hombre de la calle, la existencia de la familia y la estabilidad del hogar, está diseñada por una cuadrilla de incompetentes que se guían por un esquema social empantanado y en ruinas, que tiene la facultad de borrar del país lo mismo los trenes que los cocodrilos.

No hay nada que toquen aquellos funcionarios que funcione bien, como no sea en los primeros tres minutos del mecanismo que se inaugure y, de inmediato, comienza el padecimiento de la sociedad, de los hombres y mujeres que viven en la Isla, condenados al mandato de la izquierda del guarapo tibio que son apoyados por la solidaridad y la comprensión que le mandan por correos sus diversos amigos de Europa y otras zonas del extranjero.

Cuando hablo, entonces, de la borradura de los trenes en Cuba se debe a una reseña publicada en uno de los panfletos oficiales en la que se destaca que el diagnóstico del año 2018 “no puede ser peor” debido al “robo de combustible, de harina de trigo o cemento; la destrucción de los costosos silos constituyen alarmantes hechos delictivos contra el trasporte de mercancías por ferrocarril, esencial para la economía del país.”

El periódico acusa de tales robos a unos “ninjas de baja catadura moral”, aunque sabemos que los verdaderos responsables del movimiento de esas y otras mercancías son los personajes que deben de organizar y velar con recelo ese trabajo y dejar, por una horas, la estratosfera lujosa de una nación donde la abundancia no tiene nada que ver con todo lo que falta en la casa y en el entorno de los cubanos de a pie y de la bicicleta china.

Este asunto comprende también el uso de los ciudadanos como pasajeros de los trenes que parecen controlar, con gran eficacia, los ninjas de baja catadura. De los vagones de ferrocarril y sus agonías podemos pasar en tránsito surrealista al otro elemento mencionado: los cocodrilos.

Hablo de la devastación del famoso Zoológico de la Avenida 26, en Nuevo Vedado, donde queda una jirafa solitaria y melancólica que puede apreciar estos apuntes de su retrato: “El deterioro de las instalaciones es visible: el mal estado del parque infantil y de muchos de sus aparatos, falta de higiene, problemas en el sistema de drenaje y en la recogida de basura, estanques de agua vacíos. Todo ello sumado a la pobre oferta gastronómica, redondea una situación que, tal y como se ve, parece difícil de revertir.”

Ya se sabe, entre otras cosas, ni trenes ni cocodrilos. Ni libertad.

Raúl Rivero
Blog de la FNCA, 30 de noviembre de 2018.
Foto: Jirafa en el Parque Zoológico Nacional de Cuba, en Calabazar, poblado en las afueras de La Habana. Tomada de 14ymedio.

lunes, 21 de enero de 2019

Lis Cuesta, la primera dama invisible


En la madrugada del miércoles 14 de noviembre, el gobernante cubano Miguel Díaz-Canel regresó de su gira por países del continente euroasiático, periplo ampliamente seguido por los medios estatales de prensa y en el cual lo acompañó una delegación ministerial. Como parte de ese grupo también se encontraba su esposa, la flamante primera dama Lis Cuesta, a pesar de que los cubanos nunca hayan escuchado su nombre precedido de tal apelativo en el noticiero nacional.

Sería falso afirmar que Lis Cuesta Peraza, holguinera de 47 años y segunda esposa de Díaz-Canel, nunca ha tenido visibilidad pública cuando, en realidad, ya se le había visto acompañando a su marido en giras anteriores por el exterior, cuando él era primer vicepresidente, así como durante las pasadas elecciones generales, momento en el cual su tatuaje causó revuelo en las redes sociales.

Ella es la Primera Dama de Cuba, un título que, si bien no está recogido en la Constitución y nunca se usó durante los años en que gobernaron los hermanos Castro, alegando rezagos burgueses contrarios a la Revolución, ahora puede cobrar fuerza en el vocabulario popular, cada vez más cercano a las tendencias internacionales.

“No puedo decir qué funciones tendrá a partir de ahora o qué significa que la llamen así, pero el hecho de que la mencionen en los medios como primera dama es realmente algo sin precedentes”, refería a BBC Mundo el exdiplomático cubano Carlos Alzugaray, tras escuchar una pequeña alusión en el noticiero del mediodía durante la visita a Cuba de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores. Luego, el título de Primera Dama fue eliminado de la voz en off para la emisión nocturna del mismo espacio.

Desde entonces, su figura es vista al lado de su esposo en importantes actividades políticas y de gobierno, pero sin mencionar su nombre y mucho menos su estatus. Cuando Díaz-Canel estuvo en septiembre en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, Lis formó parte de la delegación oficial que lo acompañó y tuvo una agenda propia.

Nunca se supo qué hizo ya que los medios nunca lo informaron, y aunque las redes sociales se inundaron con las imágenes de la pareja presidencial bailando salsa, el ciudadano desconectado nunca se enteró. De igual modo, el silencio la recubrió en esta última gira internacional por Rusia, Francia, Corea del Norte, China, Vietnam, Laos y el Reino Unido.

Contrario a lo que podría pensarse, el único medio que dedicó un espacio a la agenda de Lis Cuesta fue la Agencia Central de Noticias de Corea del Norte, cuando los días 5 y 6 de noviembre reportó sus visitas al Palacio de Escolares y Niños de Mangyongdae y a la Universidad de Música Kim Won Gyun, acompañada de su par norcoreana Ri Sol Ju. En los dos centros, Cuesta y su comitiva fueron atendidos por altos funcionarios del Partido del Trabajo de Corea y por profesores y estudiantes.

En el Palacio de Escolares y Niños de Mangyongdae “recorrió las salas de los círculos de danza coreana y kayagum (instrumento musical tradicional de Corea), la piscina y otros puntos escuchando explicaciones de cómo los alumnos coreanos desarrollan sus talentos y vocaciones en esa institución de educación extraescolar”; mientras, en la Universidad de Música, “Lis Cuesta Peraza estuvo en varios lugares, como el aula de la facultad de música vocal, escuchando las explicaciones sobre el historial de la universidad desarrollada como fidedigno centro de formación de los músicos competentes”.

Numerosos y diversos han sido los comentarios de los cubanos al respecto. A inicios de la presidencia de Díaz-Canel podían leerse en el sitio Cubadebate opiniones. Es el caso de una persona que se identificó como Luis Enrique: “Desde que triunfó la Revolución, ese título nobiliario, por así decirlo, se borró de nuestra constitución y sigo abogando porque así sea”.

Otro usuario nombrado Rigo se pronunciaba a favor de que mencionaran a Lis de la siguiente manera: “La que lo acompaña es su esposa…no una estatua o un búcaro…merece ser reconocida oficialmente”; mientras que otro identificado como Doctor, expresaba: “Qué bueno que tenemos la oportunidad de que nuestro nuevo presidente salga en público con su esposa, que es lo más normal y da ánimo de familia, que es la célula básica de la sociedad”.

Ahora, el criterio popular ha tomado un rumbo más concreto. Tal es el caso de Ludmila Ramos, una cuentapropista que expresa que presentar a su esposa “humaniza más a una figura como Díaz-Canel”. El hecho de que un presidente se muestre con su pareja en público hace que la gente quizás lo aleje del endiosamiento” que existía con Fidel y Raúl.

Por su parte, la socióloga Jazmín Zulueta identifica al fenómeno como “una práctica habitual en el mundo. Nos incorporamos a ella y lo estamos haciendo con tacto pues, aunque todos sabemos en qué consiste este tipo de títulos, todo tiene un primer y un segundo paso, teniendo en cuenta nuestras costumbres en el tema tras el triunfo revolucionario”.

Para el joven biólogo Lázaro Urrutia, tener una primera dama en Cuba es algo relevante “porque ella, en su condición, puede representar valores necesarios para el desarrollo familiar, así como impulsar proyectos culturales, sociales y representar al país en eventos internacionales de mujeres. Una mayor visibilidad suya en la prensa sería bien recibida por la gente porque como esposa del presidente también es la cara del país más alejada de la política cruda. Ella sería como el rostro suave y hermoso de la política”.

Con relación a este último tema, el profesor de idiomas Carlos García entiende que “si va a tener una agenda, esta debe hacerse pública. Si va a consumir el fondo público para viajar y acompañar al presidente o para representar a Cuba en encuentros de primeras damas, debe haber explicación de su agenda, aunque tenga su trabajo como lo que ella profesionalmente sea”.

En muchos países, se ve a la Primera Dama como un cargo político con presupuesto estatal, funciones y rutinas establecidas y amplias expectativas sobre quien lo ocupe. No obstante, algunas mujeres han decidido no asumir tal posición, como Julie Gayet, compañera del expresidente francés François Hollande, quien decidió no formar parte de la vida política que arrastraba a su marido y mostrar un modelo específico de mujer que mantiene su trabajo a pesar del cargo de su esposo.

Tras lograr la independencia de España, la primera mujer en ser denominada Primera Dama en Cuba fue Mariana Seba, pareja del presidente Mario García Menocal (1917-1921); mientras que la última vez que se utilizó el título fue durante el corto gobierno de seis meses de Manuel Urrutia, quien asumió la presidencia con el triunfo de la Revolución.

Quizás, si la nueva constitución llega a implementarse, la clase política modifique algo su discurso y se reconozca legalmente la figura de Primera Dama dentro del sistema político. Por el momento, el cargo no existe oficialmente y no dispone de un presupuesto propio como ocurría antes de 1959.

Marcelo Álvarez
Cubanet, 17 de noviembre de 2018.
Foto: Al regreso de una gira euroasiática, Raúl Castro y José Ramón Machado Ventura recibían en el aeropuerto al presidente Miguel Díaz-Canel y su esposa, Lis Cuesta, el 14 de noviembre de 2018. Tomada de Isla Local.

Leer también: Imagen de primera dama empieza a ser más visible y La esposa de Díaz-Canel es un fantasma en Cuba. En la información titulada Díaz-Canel en México Cubadebate, por primera vez puso que viajaba acompañado de su esposa Lis Cuesta, pero no fue mencionada en Granma.