Google
 

lunes, 12 de noviembre de 2018

Hablar en cubano



“Al margen de la literatura están estas faenas abnegadas, sin las cuales la literatura no medra. Los escritores artistas desdeñan al lexicólogo, al gramático, al retórico, al colector de frases célebres, al antologista; pero ¿les ocurrirá alguna vez pensar en la cantidad de genuino y humilde amor literario que tales empresas suponen? Un espíritu agudamente justiciero, nunca podrá mirar sin respeto esas obras de literatos malogrados: ellas son como tributos de adoración íntima a una beldad ofrecidos por amadores feos. El beso furtivo y distante del Jorobado de Notre Dame a su Esmeralda…”.

He decidido iniciar este trabajo con un fragmento del artículo que mi admirado Jorge Mañach publicó en el diario habanero El País a fines de 1925. Y lo he hecho porque pienso que, aunque esas palabras no fueron escritas a propósito de ellas, constituyen un elogio mucho más justo y más hermosamente escrito que el que yo pueda pergeñar sobre los dos libros que esta semana y la próxima voy a reseñar. Ambos son esfuerzos muy loables que se deben mirar con respeto, pues en ellos se invirtió una cantidad ingente de amorosa faena.

Ante los dos voluminosos tomos del Diccionario ejemplificado del español de Cuba (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2016, 544 y 593 páginas), lo primero que se me ocurrió pensar fue: ¿cuántos años llevó a Antonia María Tristá Pérez (1940-2006) y Gisela Cárdenas Molina (1930-2010) realizar este libro? Seguro que unos cuantos, aunque ya no lo sabremos con exactitud. La edición ni siquiera incluye una breve nota en la contraportada. Es cierto que cuenta con una extensa introducción de las autoras, pero es de carácter puramente técnico y expone la motivación y finalidad del diccionario.

En esas páginas, las investigadoras, quienes durante varios años laboraron en el Instituto de Literatura y Lingüística, señalan que el presente libro tuvo como antecedente directo el Diccionario de español de Cuba (2000), confeccionado por ellas para la Universidad de Augsburgo, Alemania. Después que la terminaron, agregan, se imponía “la elaboración de una obra que no solamente incluyera vocablos y acepciones no registradas en el diccionario contrastivo, sino también que registrara los usos con su contextualización, cuestión de suma importancia para el usuario que necesite entender la realidad cubana”.

Respecto a sus características generales, las lexicólogas definen el suyo como “un diccionario sincrónico, en sentido amplio, pues comprende desde principios de siglo hasta la década de los años noventa”. Asimismo, especifican que es descriptivo porque se limita a informar sobre el inventario léxico, a definir su significado de acuerdo al uso, “pero sin pretender establecer criterios normativos acerca de la corrección o incorrección de dicho uso”. Su objetivo es, por tanto, registrar lo que es y no lo que debería ser; “servir de decodificador del discurso cubano”.

En cuanto a sus destinatarios, Tristá Pérez y Cárdenas Molina expresan que el diccionario está concebido para un público amplio: profesores de lengua, traductores, intérpretes, filólogos y lectores no especializados, tanto nativos como extranjeros, que necesiten conocer el universo lexical de la variante cubana. De esto debe deducirse que el diccionario es una obra complementaria, “y, en ningún caso, está llamada a sustituir los diccionarios de lengua que se utilizan diariamente”.

No voy a extenderme más en explicaciones sesudas, pues pienso que un par de ejemplos han de da dar más precisa y gráfica del diccionario. El primero corresponde a una palabra que ha caído en desuso, aunque es posible que ocasionalmente aún se pueda escuchar: “achujar v. 1 tr. coloq. Incitar una persona a un perro para que ataque: Pero un cuñao le achujaba los perros y los perros lo mataron (Feijóo, S., 1965: 300). | 2 tr. coloq. Incitar a alguien a pelear o a tomar partido en una disputa: Primero siento unos gritos del público que avisan el final de una pelea, y después la voz de Gastón achujando al Caña (Viera, F.L., 1989: 205) |enchufar”.

Anoto el significado de las abreviaturas, aunque algunas son fáciles de deducir: v, verbo; tr. transitivo; coloq., indica que el vocablo es propio de un estilo informal (marca estilística). Las otras que acompañan los fragmentos citados para ejemplificar remiten a la bibliografía que aparece al final del segundo volumen: Samuel Feijóo. Sabiduría popular, Universidad Central, Las Villas, 1965, página 300; y Félix Luis Viera. Con tu vestido blanco, Ediciones Unión, La Habana, 1989, página 205. En cuanto a la inclusión de enchufar, obedece a que ese cubanismo tiene, entre otras acepciones populares, una similar a la de achujar, que lo convierte en su sinónimo.

Una palabra que se escuchaba mucho en la década de los 60 del pasado siglo era ñángara, que después fue cayendo en el olvido. Significa “persona que tiene ideas izquierdistas o milita en el Partido Comunista de Cuba. Obs.: Es usada por quienes sustentan ideas contrarias a estas personas: Siempre has sido el más estúpido entre los estúpidos. ¿No te das cuenta que los contra pusieron una bomba hoy y mataron a cuatro, y los ñángaras están que arden? (Moya, R., 1985a: 189)”. Se empleaba indistintamente como sustantivo y como adjetivo, y uno dos de sus sinónimos eran ñángara y comecandela. Tristá Pérez y Cárdenas Molina registran ambos, pero de este último no incluyen esa acepción.

Como dejaron señalado las autoras, su diccionario puede interesar a un amplio espectro de lectores. Cada cual lo consultará o simplemente se asomará a sus páginas con distinto propósito. Quien esto escribe hizo un primer repaso de sus 8 mil entradas con el mero ánimo de curiosear. Eso me ha permitido verificar, en primer lugar, la vivacidad y el gracejo que caracteriza a nuestro lenguaje popular. Hace pocos días conversaba con unos amigos y recordamos, entre risas, lo ingeniosamente gráfico que es el vocablo bajaychupa, que se aplicaba a una blusa que dejaba al descubierto los hombros. Y qué decir de matapasiones, con el cual los jóvenes conocían a los calzoncillos de pata que les disgustaba usar.

Igualmente creativas son expresiones como dar matarile (matar), pegarse a la chupeta (desempeñar un cargo público bien remunerado), echar una alpargata (marcharse precipitadamente de un sitio), jugar ambo y diestro (lavarse solo las axilas y las partes pudendas), caerse para atrás (quedar estupefacto por asombro o sorpresa), no ser baúl (ser indiscreto, no guardar los secretos ajenos), buscarse los billetes (ganarse la vida), pararse bonito (adoptar una actitud firme y decidida), coger una calentada (irritarse, ponerse de mal humor), al canto del pitirre (muy temprano por la mañana), caminar con los codos (se dice de una persona que es tacaña y cicatera), pensar en la inmortalidad del cangrejo (estar distraído, sin pensar en nada serio o importante), tirar un llorado (tratar de convencer a una persona por la vía sentimental), hacerse la manuela (masturbarse un hombre), a la marchita (sin prisa ni precipitación), el que más mea (persona de mayor influencia, autoridad o poder de decisión), estar flojo de vientre (tener diarrea), coger entre primera y segunda (sorprender a alguien cuando está haciendo algo indebido o que quiere ocultar), poner un telegrama (evacuar el vientre).

Asimismo, cuando se echa una ojeada u hojeada al diccionario se advierte la movilidad del español que se habla en la Isla. Ya se sabe que los idiomas experimentan un permanente proceso de evolución y transformación, de acuerdo con el tiempo y las necesidades de la población. Son un hecho vivo, están en constante cambio y nunca van a dejar de hacerlo. Dado que el libro objeto de estas líneas cubre casi todo el siglo XX, he hallado términos que conozco, pero presumo que no lo han de ser para los más jóvenes.

Dudo, por ejemplo, que una muchacha de hoy sepa qué son las cocalecas, aquellas sandalias con dos tiras que se ajustaban dando vueltas a las piernas en forma de cruz. Ni tampoco el bobito, que aparte de ser el diminutivo de bobo, nombraba una prenda de dormir femenina, holgada y escotada, que solo llegaba hasta la parte superior del muslo. Mucho menos aquel camisón corto, generalmente de tela transparente, que se designaba con el anglicismo baby-doll. No digamos ya hacerse el croquinol, procedimiento que permitía ondular artificialmente el pelo durante largo tiempo. Es lógico que esos vocablos en la actualidad no se empleen, pues correspondían a prendas de vestir y hábitos que ya pasaron de moda.

En cambio, hay otros que designan cosas que se mantienen vigentes, pero a los que la falta de uso ha jubilado y recluido en el asilo lexicográfico. Muchos los decía este cronista cuando era un chamaquito, pero duda que hoy se utilicen. ¿Se sigue diciendo fiñe a un niño? ¿Fricandó al frío? ¿Combo a un grupo musical? ¿Meter el delicado a cometer un error? ¿Bofe a una persona antipática o pesada? ¿Apolismada a una fruta magullada? ¿Comefana para insultar a alguien?

Por otro lado, a otras palabras y expresiones la realidad del país las ha convertido en obsoletas. A ningún niño o niña se le ocurriría pedir la contra o la ñapa tras comprar algo, en un país que está en la fuácata y donde en las tiendas ni siquiera dan un cuartucho o una bolsa para llevar los productos adquiridos. Tampoco es extraño que hayan dejado de escucharse vocablos como garapiña, chicha o cusubé, puesto que se trata de dos bebidas que se preparaban con piña y un postre elaborado con yuca.

A partir de que esta gente llegó al poder, el corpus del español hablado en Cuba incorporó una cantidad considerable de palabras y expresiones. Ilustro con algunas: integrado, gusanera, concientizar, ausentismo, pugilatear, camilito, barbacoa, anapista, microbrigada, becado, lista de fallos, antisocial, camilito, asamblea de balance, sábado corto, alzadora, y, más recientemente, jinetera, cuentapropista, fula, quimbe, cocotaxi, almendrón...

Algunos términos ya existentes sumaron nuevas acepciones. Así, libreta pasó a ser también el cuadernillo donde se apuntan las entregas de los productos alimenticios racionados. A su significado tradicional, aspirina agregó el de autobús pequeño que, a fines de la década de los 80, se empleó para reforzar el servicio de transporte en la hora pico. De igual modo, una expresión como quemar el plástico solo se entiende en el contexto de la etapa en que se distribuyeron los zapatos hechos de ese material (recuerdo que popularmente se les llamaba ollas de presión, por el fuerte calor que desprendían).

Preparar un diccionario como ése constituye una tarea ciclópea, que además tiene la dificultad adicional que implica reunir un material de carácter oral. Eso explica que a las autoras se les quedasen sin registrar algunos vocablos.

Personalmente, he echado en falta narra (chino), bolo (ruso), echar un palo (tener relaciones sexuales), dar el piojito (asumir una actitud humilde o sumisa). Pero como ya digo, es algo que resulta comprensible dada la vastedad del campo que el libro cubre. Hay, sin embargo, algunas inclusiones que sí me parecen refutables. Jacket, all right, rating, short, cold cream, cake, bullpen, background y tráiler, entre otros, pertenecen al inglés y en Cuba se usan con el mismo significado que poseen en la lengua original. Incluirlos como cubanismos carece de sentido, pues en otros países también se emplean tal cuales.

Por otro lado, he consultado el diccionario de la Real Academia y exitoso, coctel, estancia, desempeñar, campismo, enojo, almíbar, camarógrafo, batuta, esgrimista, aparecen con idéntica acepción a la registrada por Tristá Pérez y Cárdenas Molina. De manera que tampoco pueden considerarse como ejemplos del español hablado en Cuba.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 14 de septiembre de 2018.
Foto: Tres cocotaxis y un almendrón. Tomada de Cubaencuentro.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Recordando a Bola de Nieve


A propósito de los 47 años de la muerte en México de Ignacio Jacinto Villa Fernández, Bola de Nieve, el pasado 2 octubre, queremos recordar a uno de los grandes de la música y la cultura cubana. Y nada mejor que iniciarlo con un documental de José Sánchez-Montes, estrenado en 2003 en la Televisión Española. A los 14.58 minutos abruptamente termina. Una pena, igual que la situación que en 2012 se encontraba su casa-museo en Guanabacoa. Ya en 2010, Iván García, Laritza Diversent y yo lanzamos un SOS, para que no se perdieran las casas de Bola de Nieve y Rita Montaner.

El Bola en siete textos




Los enigmas de Bola, primera y segunda parte.




Tres canciones de Bola de Nieve por intérpretes de tres países


Salvador Sobral: Ay, amor.

Fabiana Cozza, en TV de Brasil y cantando Vete de mí.

Tres intérpretes cubanos

Alma mía, con Pablo Milanés.

Bola de Nieve, de Carlos Varela, por Pancho Céspedes y Gonzalo Rubalcaba, del disco Con Permiso de Bola.

Carlos Varela estrenó su canción-homenaje a Ignacio Villa en abril de 1989.

Dieciocho números poco conocidos de Bola de Nieve



















Bola, en catalán, francés, italiano, portugués e inglés









Cinco poemas de Nicolás Guillén musicalizados por Bola de Nieve






Doce canciones de amor y boleros por el Señor Sentimiento














A modo de despedida. Durante casi 20 minutos, en ese video, escuchen a Bola Nieve hablando con una dicción perfecta, cantando con su irrepetible voz y tocando magistralmente el piano.

La treintena de canciones que he escogido para recordar a Bola de Nieve, son solo una muestra de la versatilidad de una de las glorias de la música cubana. Una música que sobrevivirá a pesar del olvido, la desmemoria, la indiferencia y la incultura.

Tania Quintero

lunes, 5 de noviembre de 2018

¿Y tu agüela, aonde ejtá?


La lectura de una revista, de amplio prestigio y cuyo primer ejemplar se remonta a finales del siglo XIX, que dedicaba completo un número al tema de las llamadas razas despertó mi interés por saber cómo se mezclaban en mi ADN esas diversas variaciones genéticas.

Soy blanco, de piel más bien rosada, pero ¿mis antecesores también lo eran? Por el lado paterno la procedencia estaba clara, mi abuelo había nacido en las montañas asturianas y, que yo sepa, los moros no habían llegado tan lejos en España. El lado materno me ofrecía dudas: un abuelo con raíces posiblemente portuguesas daba pie a algún gen de origen no tan blanco, pero ¿quién lo podría decir? Quedaba por dilucidar la genética de mis abuelas, materna y paterna, de quienes no tenía la menor idea, salvo que los hermanos de mi madre eran rubios y de ojos claros, y mi padre solo tenía una hermana, mi tía, y tan 'rosadita' como mi padre.

Decidí gastarme100 dólares y realizar el test genético que promocionaba esa revista. En menos de un mes tuve en mis manos los resultados: mis antecesores son 87 por ciento europeos (2), de los cuales 22 por ciento son vascos. No tengo nada en contra de ellos y me gustan los pintxos vascos tanto como los pinchos asturianos, el paisaje de San Sebastián es maravilloso, pero yo estaba más que seguro de mis antecedentes asturianos, pues mi apellido Acebo me vincula de refilón a los Príncipes de Asturias y, por tanto, al Reino de España, algo que lo veo algo comprometido. Un 15 por ciento de mi procede de Cerdeña, o sea por allá tengo un antecesor sardo.

Pero lo que realmente me sacó de paso es un 8 por ciento askenazí. Todavía si fuese sefardí lo podría entender, y lo vería como algún que otro judeoconverso que se refugió de los edictos de los Reyes Católicos y de las persecuciones del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en las lejanas montañas asturianas.

Pero askenazí jamás lo hubiera pensado. Finalmente tengo un 1,3 por ciento (qué exactitud) de neandertal. No hay problema, eso explica mi gusto por los buenos bistecs a la parrilla y casi crudos.

Ahora viene la parte del 13 por ciento no europeo, que claro está es africano, pero de dónde, difícil de decir ya que sólo dice 10 por ciento nilótico del sur de Sudán, Uganda, Kenia y el norte de Tanzania. Pero ésas no fueron regiones que aportaron esclavos y, por ende, genes al ajiaco criollo.

El otro 3 por ciento es más complejo, dado el desbarajuste dejado por el colonialismo francés e inglés cuando se produjo la descolonización de en la década de 1960 y actualmente existen 16 países en el África Occidental. El grueso de los esclavos llevados a Cuba fueron congoleses y angolanos, algún que otro bantú vino de la actual Nigeria, tal vez ése sea mí 3 por ciento africano.

Bastante frustrado con estos resultados nada esclarecedores, decidí optar por otro test, de una organización especializada en genealogía. Me gasté otros 100 dólares y los resultados fueron aún más frustrantes, aunque disminuyeron mi procedencia askenazí a solo un 3 por ciento, ahora me incluyeron procedencia de Finlandia, el norte de Rusia, el Cáucaso, Gran Bretaña, y otros impensables lugares.

Lo único que me satisfizo es que el 3 por ciento de África Occidental se descompuso en 2 por ciento de Benín y Togo y 1 por ciento de Nigeria, pero eliminó lo de neandertal y lo nilótico pasó a ser África del Norte. Sin lugar a dudas, en mi pasado hay algún africano y tristemente no sé es de dónde era.

Estos tests, lejos de ayudarme me han confundido completamente. Si pudiese esperar quince o veinte años (demasiado tiempo dado mi sibaritismo y mi condición de fumador), entonces repetiría nuevamente los dos tests, con la esperanza de que con el lógico desarrollo de la genética fuesen un poco más precisos.

Waldo Acebo Meireles
Cubaencuentro, 14 de septiembre de 2018.
Notas

(1) El título del texto es de un poema de Fernando Fortunato Vizcarrondo (Puerto Rico 1895-1977), que a menudo recitaba Luis Carbonell (Santiago de Cuba 1923-La Habana 2014), el acuarelista de la poesía antillana.

(2) Según un reciente estudio, el 70 por de los cubanos tenemos un ancestro europeo.

jueves, 1 de noviembre de 2018

Dos zapatos y una vaca



Los turistas extranjeros, los viajeros desapercibidos y las nuevas generaciones de cubanos se quedan asombrados o estupefactos ante un monumento a unos enormes zapatos, instalado en la céntrica calle G de El Vedado. No se trata, desde luego, del culto y el fervor de los criollos por las hazañas de algún caminante incansable o de algún zapatero prodigioso. No. Es algo más complejo. Los zapatos pertenecen a lo que fue la estatua del primer presidente cubano don Tomás Estrada Palma (1902-1906), derribada a mandarriazos en el año 1959.



Los autores de la hazaña consideraron que Estrada Palma era un hombre muy cercano a Estados Unidos y que no merecía ese homenaje. Golpearon y destrozaron la figura del viejo político y maestro cubano y lanzaron a la basura sus brazos rotos, su pecho agujereado y su cabeza demolida. Pero los zapatos no los tocaron.

Por lo tanto, chapucería de por medio, lo único que quedó del trabajo del famoso escultor italiano Giovanni Nicolinni, fue la primera estatua mundial a un par de zapatos que permite, entre otras cosas, que los peregrinos ignorantes se devanen los sesos y el ridículo se eternice.

Los zapatos de Estrada Palma y la estatua que Fidel Castro mandó a levantar en Isla de Pinos a una vaca llamada Ubre Blanca, que producía los litros de leche que el dictador decidía, son dos de las más singulares piezas del movimiento escultórico cubano.



Hablo de este asunto, porque la Herencia Cultural Cubana, institución con sede en Miami, ha dado a conocer un informe donde se revela que en diciembre de 2017, los funcionarios comunistas han desmantelado también el monumento de Calixto García, enclavado desde la década de 1950 en el Malecón. Dijeron que era para repararlo, pero se teme que no regrese jamás a su sitio.

"Queremos estar seguros de que lo van a restaurar de verdad y que volverán a poner en el sitio en el que siempre ha estado", declararon directivos de la Herencia Cultural Cubana, quienes recordaron que en los últimos años de sus pedestales se han esfumado las estatuas del ex presidente Alfredo Zayas (1921-1925), Cristóbal Colón, Bartolomé Masó, Carlos III, Johann Strauss y un busto de Félix Varela.



El informe habla, además, del abandono oficial de importantes símbolos nacionales y del drama de una verdadera epidemia de profanación de tumbas, el robo de mármol, del bronce y los obeliscos fúnebres en los cementerios. Han desparecido lápidas y otras piezas de valor artístico y testimonial.

Al ver esta rapiña se prefiere el patriotismo entre comillas de los que dejaron solos los zapatos de Estrada Palma.

Raúl Rivero
Blog de la FNCA, 26 de julio de 2018.
Fotos: Monumento a Tomás Estrada Palma en la Avenida de los Presidentes o Calle G, Vedado, La Habana; la vaca Ubre Blanca en la antigua Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, y el monumento a Calixto García, al final de la Avenida de los Presidente, frente al Malecón. Tomadas del blog de la FNCA.

lunes, 29 de octubre de 2018

De las matrioshkas a los culebrones



A partir de 1983, con el estreno en la televisión cubana del serial Malú Mulher, protagonizado por Regina Duarte, el vicio de las telenovelas hizo su entrada en la isla del doctor Castro.

Todavía no se avizoraba la caída del Muro de Berlín y la URSS parecía ser la gran superpotencia rival de Estados Unidos. Veinte años llevábamos los cubanos al son de la balalaika, tomando té con azúcar prieta en samovares traídos de Moscú, colocando retratos de Lenin entre Fidel y el Che (mientras la imagen del Sagrado Corazón permanecía oculta en una puerta del escaparate), sin poder poner arbolitos de Navidad y adornando las casas con matrioshkas y pomos vacíos de fragancias rusas.

Los niños cubanos se divertían con Espera que ya verás, dibujo animado soviético y con el húngaro Gustavo. Filmes de Polonia, Checoslovaquia y la RDA formaban parte de las programaciones de nuestros cines, de oriente a occidente. Nos encantaban los jugos búlgaros, las sardinas de Albania, las blusas rumanas y para construir edificios, nada mejor que el sistema yugoslavo.

Por supuesto, también gustaba todo lo procedente del socialismo asiático: Mongolia, China, Vietnam, Laos, Cambodia o Corea del Norte, de donde importamos el gusto de Kim Il Sung por los grandes espacios expositores (un ejemplo, Expocuba, en las afueras de La Habana).

En eso estábamos cuando en 1983 llegó Malú Mulher. Y detrás, verdaderos culebrones como La Esclava (A Escrava Isaura en portugués) interpretada por Lucélia Santos, que contribuyó a idiotizar a tres cuartas partes de la población.

El furor desatado en Cuba por las telenovelas brasileñas fue un 'remake' de los años 40, cuando la isla toda lloriqueó con la trama de El Derecho de Nacer, de Félix B. Caignet (Santiago de Cuba 1892- La Habana 1976).

A La Esclava le siguió otro arrollador folletín: Doña Beija, con la bonitilla de Maité Proença en el rol central. En cualquier país, las novelas exitosas contribuyen al aumento de la teleaudiencia.

Pero en Cuba, con solo dos canales en esa época, el boom de los culebrones brasileños representó mucho más que un alza en los ratings: reuniones y eventos se adelantaban o posponían, para no coincidir con el horario de las telenovelas. Y los sábados se dedicaba un espacio para su retrasmisión, destinado a quienes no pudieron ver los capítulos programados en la semana.

El colmo del furor llegó hasta el mismísimo Comandante: hizo huecos en su agenda y en su despacho del Palacio de la Revolución, en distintas fechas, recibió a las actrices Regina Duarte y Lucélia Santos.

Como en Cuba no existen paparazzis y la prensa del corazón está prohibida, la gente no podía enterarse de lo hablado en tan sui géneris encuentros.

La desinformación daba pie a toda clase de rumores y se llegó a especular acerca de un supuesto romance entre Lucélia Santos y FidelCastro.

Tania Quintero

Foto: Matrioshkas. Tomada de Conozca a Rusia.

jueves, 25 de octubre de 2018

Retrospectiva




La Heineken sobraba en aquellas tardes sabatinas de 1984 en casa del embajador de los Países Bajos en La Habana. El Sr. Kuhn no solo ponía a disposición de sus amigos cubanos cajas de la famosa cerveza, sino que su empleomanía se esmeraba en preparar y ofrecer platos típicos, donde no faltaban los tostones.

No sé si en otros países los diplomáticos holandeses eran igual de generosos, pero en Cuba lo eran. De los convites en las residencias de embajadores capitalistas a los cuales en la década de 1980 asistí, los holandeses, eran los mejores. Los austríacos también, aunque no tanto. Y con los españoles se podía comer y beber mejor los 12 de octubre, día de su fiesta nacional, pero ellos no solían abrir las puertas de sus residencias como lo hacía el Sr. Kuhn.

En 1990, coincidiendo con la implantación del "período especial en tiempos de paz" comenzó el boom de las bicicletas chinas en Cuba. En ese momento era una de las realizadoras del programa televisivo Puntos de Vista, basado en entrevistas y encuestas callejeras, y se me ocurrió hacer uno dedicado al tema.

No se puede hablar de bicicletas sin mencionar a Holanda. Cogí el directorio diplomático y llamé a la residencia del embajador. Una semana después, lo estaba entrevistando en su casa. El programa salió con el embajador hablando de bicicletas, mientras imágenes de un documental holandés las calzaba.

En los planos finales quería insertar el audio de una canción Joan Manuel Serrat, pero eran muy pocos los segundos de la estrofa donde menciona una bicicleta y los planos que teníamos no jugaban con la melodía.

Uno de esos 'dolores de cabeza' que suelen producirse en los cubículos de edición y que lograba superar gracias a los excelentes editores que siempre tuve en los 14 años que trabajé en los servicios informativos del Instituto Cubano de Radio y TV.

Uno de esos editores, Jorge Olivera Castillo, después se hizo periodista independiente y en la dura vida represiva que llevábamos, a menudo coincidimos. Olivera fue apresado el 18 de marzo de 2003 y condenado a 18 años de prisión, por suerte fue excarcelado a fines de 2004.

Durante los años que trabajé en la televisión, mi vínculo con Brasil se mantuvo. A los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano acudían muchos brasileños y tuve oportunidad de entrevistar a escritores de la talla de Jorge Amado y cineastas como Nelson Pereira dos Santos, de quien guardo la siguiente anécdota.

Como todos los invitados extranjeros, Pereira se hospedaba en el Hotel Nacional. La noche del estreno de su filme Memorias de la Cárcel (1984), me lo encuentro nervioso, a la entrada del hotel, tratando de conseguir un taxi. Lo acompañaba Elena, amiga brasileña. Entonces, casi todos los taxis eran rusos, de la marca Volga.

Salí a buscar uno y enseguida logré parar un Volga que venía por la calle 21. Cuando disminuyó la marcha en la esquina del Monseñor (bar-restaurante donde tocaba Bola de Nieve), para doblar por la calle O, en busca de 23, le hice señas, paró y le dije que necesitaba recoger a dos personas en la entrada del Nacional.

Me monté en el asiento delantero, en el de atrás los dos brasileños. Nos dejó en la misma puerta del cine, ya repleto de gente. Pereira fue a pagar y le dije "No, pago yo, ustedes son mis invitados". Del Nacional al Chaplin el taxista me pidió 3 pesos. Le di un billete de 5 y que se quedara con el vuelto. Dos pesos de propina en aquellos tiempos era una barbaridad. Pero, ¿acaso la ocasión no lo merecía?

Aquella noche de 1984 disfruté por la película (ganó el premio Gran Coral al mejor filme) y también por haber propiciado que Nelson Pereira dos Santos, uno de los más importantes cineastas brasileños, llegara a tiempo a la premier de su película.

Hoy me duele pensar lo poco que vale el peso cubano y lo poco que valen los cubanos: cada vez menos pueden invitar y pagar con su moneda.

Tania Quintero

lunes, 22 de octubre de 2018

Del caviar a las salchichas alemanas



A los 18 años fui por primera vez a una recepción. En 1960, en el Palacio de Bellas Artes, hoy Museo Nacional de Bellas Artes, se había montado una exposición sobre la URSS y a la inauguración asistió el canciller soviético Anastas Mikoyán.

Como pez en el agua me sentí en aquel ambiente donde había tanto vodka como caviar. Probé las dos excelencias rusas y ninguna de las dos me gustaron. El vodka quemaba más que el alcohol de 90 grados y el caviar me supo a aceite de hígado de bacalao.

Varios años después, en calidad de periodista oficial asistí a convites de los excamaradas de Europa del Este. Con los que mas afinidad tuve fue con los alemanes de la RDA, país al que viajé en 1979, diez años antes de la caída del Muro de Berlín.

Dos veces al año, los germanorientales organizaban conferencias de prensa a propósito de las Ferias de Leipzig de primavera y otoño. Casi siempre íbamos los mismos periodistas y casi siempre la información era la misma. A la entrada o a la salida daban una jabita de nailon con souvenirs y propaganda, muy codiciadas entonces.

En una larga mesa ponían cigarros, fósforos y bandejas con salchichas y cuadritos de queso, mientras el consejero comercial hablaba. Los bebedores de cerveza se ponían las botas. El 'lagarto' (cerveza) era de primera. Y gratis.

Los checoslovacos también eran espléndidos. A mí me gustaba cubrir las actividades en la Casa de la Cultura Checa, en 23 y O, La Rampa, actual sede del Centro Internacional de Prensa, una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores.

La cerveza Pilsen venía embotellada y la ofrecían en abundancia. Las salchichas eran grandes y sabrosas como las alemanas, y también las servían con catsup, mostaza y rebanadas de pan blanco de molde.

Los diplomáticos de la extinta Checoslovaquia solían hacer obsequios, por lo regular artesanías. El mantel de las celebraciones en mi casa era de aquella época.

En los años 70 y 80, cuando el dólar era ilegal y las "shoppings" (tiendas recaudadoras de divisas) no habían hecho su aparición en la vida cotidiana del cubano, con su carga de privilegios y diferenciaciones, lo máximo era todo lo proveniente de "los hermanos" del campo socialista, desde Albania hasta Mongolia.

Tania Quintero

Foto: Osvaldo Dorticós, Anastas Mikoyán, Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez durante la inauguración de la Exposición Soviética, el 5 de febrero de 1960. Tomada del blog Hotel Telégrafo. En ese mismo blog, La exposición soviética en La Habana.

viernes, 19 de octubre de 2018

Costura y chocolate



En 1958, los estudiantes de los niveles superiores declararon una huelga general. Duró un año. Junto con otros alumnos de la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, me sumé a la huelga.

Durante mis estudios primarios, había asistido a una escuela gratuita de inglés y al terminar, por mis buenas notas, fui seleccionada para formarme como profesora de inglés en los Estados Unidos. Pero rechacé la beca.

Tenía 16 años y no me apetecía irme a estudiar a Estados Unidos ni a ningún otro país. Me sentía muy a gusto en Cuba. Mi padre se molestó. Aunque era comunista, quería que hubiera aceptado la beca.

En esa época, los militantes del Partido Socialista Popular no tenían esa fobia hacia los americanos. Pertenecía a una familia pobre y la oportunidad de estudiar gratuitamente en los Estados Unidos mi padre la veía como eso, una oportunidad.

En mi caso, el hecho de haber sido hija única nunca fue un atenuante. En 1958 mi padre estuvo de acuerdo con que me sumara a la huelga estudiantil, pero me dijo: "Nananina, no te vas a quedar un año en la casa sin hacer nada, oyendo radio y leyendo".

Y habló con su hermana Cuca, modista de alta costura, quien en su casa de 21 entre E y F, Vedado, daba clases por el método de María Teresa Bello. Y todo el año 1958 me lo pasé aprendiendo a coser con mi tía Cuca.

Las clases de corte y costura eran tres veces por semana. Mi padre solo me podía dar 0,20 centavos para ir y venir en guagua. El pasaje valía 0,06 centavos y con dos centavos más podía sacar una transferencia (boleto para continuar viaje en otra ruta).

A cuadra y media de mi casa, en San Joaquín y Monte, había una parada donde me servían dos rutas hacia el Vedado: la 10, que llegaba hasta el Cementerio de Colón y paraba en 23 y F, o el M-7, un autobús de la marca Leyland que por su color blanco los habaneros le decían "la enfermera".

Más cerca de la casa, en Monte y Fernandina, podía coger la 2, que también llegaba hasta el cementerio, y unas cuadras más abajo, en la calle Cristina, me servía la ruta 9, que iba desde Luyanó hasta Buenavista, en Marianao. La heladería Coppelia no existía: en el lugar quedaba el hospital Reina Mercedes. Enfrente estaban construyendo el Havana Hilton (actual Habana Libre).

Una vez al mes, cuando salía la revista Vanidades, iba y venía a pie. Con los 20 centavos ahorrados me compraba la revista, que eso costaba. Desde mi casa, a dos cuadras de la Esquina de Tejas, hasta la de mi tía Cuba, en 21 y F, habrían tres o cuatro kilómetros, distancia "normal" en aquellos tiempos. Además de zapatos cómodos, las calles y aceras invitaban a caminar, no como ahora, con tantos baches y huecos.

A mi padre nunca le gustó verme ociosa. Cuando llegaban las vacaciones, como no teníamos dinero para ir a la playa ni a pasear a ninguna parte, pagaba un peso al mes para que asistiera a la "escuelita de las maestricas".

Así les decían los vecinos a dos buenas maestras, solteronas, a tres puertas de nuestro edificio, en Romay entre Monte y Zequeira. A mí me encantaba, porque no había que usar uniforme.

Ese tipo de escuelitas veraniegas existían por toda la isla. Muchos maestros aprovechaban el receso escolar para embolsillarse 20 o 30 pesos mensuales, dando clases durante los tres meses que duraban las vacaciones de verano.

Pero lo que más me gustaba eran las Semanas del Niño, una vez al año. Nos llevaban a visitar fábricas cercanas y nos regalaban o brindaban lo que allí se producía. En mi barrio, El Pilar, íbamos a Sabatés, una de las principales firmas productoras de detergente y jabón; a la embotelladora Canada Dry y a la fábrica de confituras La Estrella.

Nuestro periplo infantil terminaba en La Española, ya desaparecida, en Infanta y Estévez. Han pasado más de sesenta años y aún recuerdo el delicioso olor a cocoa. Entonces, cualquier cubano podía prepararse una taza de leche de vaca con una tabletica rayada de chocolate La Española.

Tania Quintero

Foto: Quienes no sabían coser, en cualquiera de las tiendas Ten Cents que habían en La Habana, por muy poco dinero se podía comprar un molde o patrón Simplicity, como el de la foto, tomada de Chantilly Dreams.

lunes, 15 de octubre de 2018

Chano Pozo de pies a cabeza



La investigadora, productora, musicógrafa y especialista en propiedad intelectual cubana Rosa Marquetti Torres, hace años viene realizando una labor increíble. Ejecutiva de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE) en Cuba, desde 1998 ha intervenido también colaborando en la supervisión musical de decenas de documentales sobre la música cubana, y producciones discográficas; ha escrito los libros Carlos Vidal Bolado, un cubano en el reino del jazz y Desmemoriados. Historias de la música cubana, tomo que salva del olvido a un grupo de músicos cubanos olvidados.

Pero Desmemoriados es también el blog en el que continuamente agrega otros “olvidados” de la música cubana. Las importantes revistas mensuales colombianas La Lira de Barranquilla y Melómanos de Cali, así como varias de Cuba y España, reproducen sus artículos.

Y ahora acaba de publicar Chano Pozo. La vida (1915-1948). Por supuesto que lo primero que debe tener una buena biografía, es estar respaldada por una tarea investigativa seria; profunda: Al final del libro, en sus “fuentes”, la autora enumera 117 libros, y a lo largo de la lectura de Chano Pozo van siendo citados esos libros, a veces en más de una ocasión, o sea, es una bibliografía realmente consultada, no simplemente citada. Le siguen ocho menciones de audiovisuales, once de documentos oficiales, también prolijamente usados, como son los registros de pasajeros con entrada y salida de Estados Unidos, trabajo muy tedioso, pero que le permite a la autora fijar con autoridad, los viajes de Chano, tanto en América como en Europa. Hay nueve entrevistas inéditas, publicaciones periódicas, once de Cuba, trece de Estados Unidos, y otras de Europa… Y trece sitios web.

Esta proeza investigativa le procuró las armas para escribir lo que es el más completo trabajo publicado sobre Chano Pozo hasta la fecha. Dividido hábilmente en períodos, la autora va siguiendo al biografiado desde su nacimiento en 1915 hasta 1941, de solar en solar, de pariente en pariente, de amigos, amoríos, lances, cárcel, comparsas, primeras creaciones, primeras grabaciones, y todo con lujo de detalles, la autora procura siempre, al narrar cualquier evento, contestar todas las preguntas que produce un hecho: quién, qué, cuándo, cómo, dónde, y por qué.

El siguiente capítulo (1941-1946) recoge la importante relación de Chano con Amado Trinidad y la emisora RHC. Y así llegamos al siguiente, que va a cubrir su salto a Nueva York (1946-1947). Las importantes grabaciones de Chano en el Nola Penthouse Studio, y sus primeros pasos en New York, son cubiertos en forma detallada, como no se había hecho hasta ahora…

“Ahora sí!” titula la autora el próximo capítulo, donde describe con lujo de detalles el encuentro de Chano y Dizzy Gillespie en Nueva York, y el histórico concierto del Carnegie Hall, donde va surgiendo una nueva música norteamericana, gracias al junte de estos dos genios.


Hago aquí un alto para explicar porqué fue tan importante este encuentro.

En la música africana, es fundamental el ritmo que llevan básicamente los tambores de diferentes estilos. Esto pudo transmitirse en Cuba, con dificultades, pero el tambor en Estados Unidos, fue prácticamente proscrito, y el ritmo quedó limitado a instrumentos de percusión europeos; en Estados Unidos, surge la batería, consistente básicamente de un tambor grande, que se toca accionado por un pedal; otro pequeño, el redoblante, que se toca con palos, y un platillo, también tocado con el palo. No se usan las manos, directamente. Así surge el jazz, y así estaban las cosas cuando apareció Chano Pozo en New York.

En “El año decisivo”, Marquetti aborda el período 1948-1949, donde recorre, paso a paso, lo que sucede después del concierto, la complicada tarea de Chano y Dizzy de ir convenciendo y enseñando a los músicos norteamericanos, las complejidades de la ritmática afrocubana.

El viaje a Europa es narrado con lujo de detalles y me pregunto cómo la autora pudo describir detalladamente ese tedioso proceso de Chano y Dizzy enseñando a los músicos a tocar el nuevo ritmo inventado por Chano, el cubop, y al público a aprender a disfrutarlo. Curiosamente, a veces hay más receptibilidad en los europeos, que en los norteamericanos. Hay, además, los tours por el sur de Estados Unidos, con sus reglas de discriminación, que deben haber sido muy duras para Chano, lo que explica que un momento, regresa a Nueva York.

El último capitulo brega con la triste muerte de Chano, sometido a la intensa presión de tratar de enseñar a músicos y publico este nuevo ritmo que se llama cubop, y que termina trágicamente.

Dizzy siguió tratando de mantener vivo el cubop, pero no fue posible, era muy complicado para ejecutantes y bailadores. Habría que esperar unos cuantos años más, para que con el mambo, los norteamericanos aprendieran a bailar al estilo latino.

Pero el verdadero e importante legado de Chano, no fue el cubop, sino como claramente lo dice Rosa Marquetti en su capítulo “Chano después de Chano” fue dejar como saldo positivo la incorporación de la tumbadora y la percusión afrocubana en general, a los formatos de lo que después se llamaría latin jazz.

Sin Chano, no habría el auge del mambo en Estados Unidos en 1950, y después el chachachá, y la omnipresente tumbadora, bajo el nombre de conga, en muchas orquestas norteamericanas, ni hubiera tenido posiblemente entrada en la música norteña el bossa nova y sus instrumentos, sin este camino que abriera Chano Pozo. De todo esto habla Marquetti en su capitulo “Chano después de Chano”.

Pero no hemos terminado con Chano y Rosa. En el anexo I “Chano Pozo como compositor”, nos habla de la musicalidad extraordinaria de las composiciones de Chano, que dejó un grupo de canciones imborrables en el repertorio cubano, como Blen blen, Pin Pin, Ampárame y Tu gallo María, entre otras.

En el anexo II, la autora incluye la discografía mas completa que se ha hecho sobre su obra como compositor, y lo mismo sucede con el Anexo III, que es su discografía como intérprete principal y músico de sesión, trabajo difícil de investigación, siguiendo el rumbo del siempre activo Chano y esto es todavía mas cierto en el acápite siguiente “Grabaciones en Estados Unidos”, pues pese a su corta presencia allí, todo el mundo quería grabar con Chano Pozo. Supone este capítulo, un trabajo inmenso de revisar todas las grabaciones de esos años en un país como Estados Unidos, con una producción gigantesca. Otro logro inmenso de la autora.

Cristóbal Díaz-Ayala
Texto y foto: Cubaencuentro, 22 de agosto de 2018.
Leer también: El regreso de Chano Pozo.

jueves, 11 de octubre de 2018

Laura Pollán, la maestra a la que no le interesaba la política




El movimiento de las Damas de Blanco surgió la primavera de 2003 como reacción a la detención por el Gobierno cubano de 75 opositores, luego condenados, algunos hasta a 20 años de prisión. Uno de ellos era Héctor Maseda, marido de Laura Pollán, fallecida por un paro cardíaco en la noche del viernes 14 de octubre de 2011.

Según refería la propia Laura, hasta que cayó preso su marido, nunca se había interesado por la política. Era profesora de matemáticas. Junto a otras mujeres de presos, fundó el movimiento de las Damas de Blanco, del que se convirtió en alma. En su humilde casa de la calle de Neptuno, en Centro Habana, organizaba coloquios y reuniones. Acogía a todas las mujeres de presos que viajaban a La Habana y recibía a cualquiera que quisiera visitarla.

Conocí a Laura Pollán en el verano de 2006. En aquella época, las relaciones de una buena parte de la oposición cubana con el Gobierno español no eran buenas y el diálogo estaba prácticamente interrumpido. Ella fue una de las pocas personas -lo que le acarreó críticas importantes- que, más allá de las discrepancias, siempre mantuvo esos canales de comunicación abiertos.

Creía en el diálogo. "Yo no hablo de política, decía, sino de derechos humanos". Jamás le escuché una mala palabra contra nadie. "Mientras quede un solo preso, yo seguiré marchando", decía sonriente. Todos los domingos, al salir de misa en la parroquia de Santa Rita, las Damas de Blanco marchaban, en silencio, con un gladiolo en la mano.

El movimiento pasó por momentos difíciles que lo pusieron al borde de la desaparición. Pero Laura Pollán nunca dejo de encabezar aquella columna silenciosa que, en los momentos más complicados, llegó a estar integrada únicamente por ella y sus fieles Berta Soler y Julita Núñez. Damas de Salamina.

Luego vino el premio Sajarov, los reconocimientos. El movimiento creció, y las marchas llegaron a ser muy numerosas, con gran cobertura de prensa y televisión. Después de la muerte de Orlando Zapata Tamayo, el propio Raúl Castro expresó su respeto por las Damas de Blanco.

Luego vino el diálogo que permitió la liberación de los presos. El de Laura Pollán es uno de los nombres que propiciaron ese acuerdo histórico. Hubo otros; el cardenal Ortega, Raúl Castro, Fariñas, Moratinos... Pero estoy convencido de que sin la prudencia -no exenta de firmeza- de Laura Pollán aquel acuerdo no hubiese sido posible.

Ella solo quería enseñar matemáticas, pero su voluntad de concordia, encarnada en su gladiolo blanco y su eterna sonrisa la han hecho entrar en la historia de Cuba.

Carlos Pérez-Desoy Fages*
El País, 16 de octubre de 2011.

* Cuando El País publicó esa nota necrológica In Memoriam, al final aclaró que Pérez-Desoy había sido consejero de la Embajada de España en La Habana de 2006 a 2011. Actualmente es Cónsul General de España en La Habana.

Biografía de Carlos Pérez-Desoy, actualizada hasta 2014. Video de 2014 cuando Pérez-Desoy era Subdirector General de Cancillería en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España.