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miércoles, 23 de abril de 2014

Desempolvando archivos (X): Del caviar a las salchichas alemanas


A los 18 años fui por primera vez a una recepción. En 1960, en el Palacio de Bellas Artes, hoy Museo Nacional de Bellas Artes, se había montado una exposición sobre la URSS y a la inauguración asistió el canciller soviético Anastas Mikoyán.

Como pez en el agua me sentí en aquel ambiente donde había tanto vodka como caviar. Probé las dos excelencias rusas y ninguna de las dos me gustaron. El vodka quemaba más que el alcohol de 90 grados y el caviar me supo a aceite de hígado de bacalao.

Varios años después, en calidad de periodista oficial, asistí a convites de los excamaradas de Europa del Este. Con los que más afinidad tuve fue con los alemanes de la RDA, país al que viajé en 1979, diez años antes de la caída del Muro de Berlín.

Dos veces al año, los germanorientales organizaban conferencias de prensa a propósito de las Ferias de Leipzig de primavera y otoño. Casi siempre íbamos los mismos periodistas y casi siempre la información era la misma. A la entrada o a la salida daban una jabita de nailon con souvenirs y propaganda, muy codiciadas entonces.

En una larga mesa ponían cigarros, fósforos y bandejas con salchichas y cuadritos de queso, mientras el consejero comercial hablaba. Los bebedores de cerveza se ponían las botas. El 'lagarto' (cerveza) era de primera. Y gratis.

Los checoslovacos también eran espléndidos. A mí me gustaba cubrir las actividades en la Casa de la Cultura Checa, en 23 y O, La Rampa, actual sede del Centro Internacional de Prensa, una dependencia del Ministerio de Relaciones Exteriores.

La cerveza Pilsen venía embotellada y la ofrecían en abundancia. Las salchichas eran grandes y sabrosas como las alemanas, y también las servían con catsup, mostaza y rebanadas de pan blanco de molde.

Los diplomáticos de la extinta Checoslovaquia solían hacer obsequios, por lo regular artesanías. El mantel de las celebraciones en mi casa era de aquella época.

En los años 70 y 80, cuando el dólar era ilegal y las "shoppings" no habían hecho su aparición en la vida cotidiana del cubano, con su carga de privilegios y diferenciaciones, lo máximo era todo lo proveniente de "los hermanos" del campo socialista. Desde Albania hasta Mongolia.

Tania Quintero
Lucerna, 9 mayo de 2005
Foto: Osvaldo Dorticós, Anastas Mikoyán, Fidel Castro y Antonio Núñez Jiménez durante la inauguración de la Exposición Soviética, el 5 de febrero de 1960. Tomada del blog Hotel Telégrafo. En ese mismo blog, La exposición soviética en La Habana.

lunes, 21 de abril de 2014

Desempolvando archivos (IX): Sexto sentido



Estaba yo cuidando a Cándida, una tía ciega ingresada en la sala geriátrica del hospital Calixto García, cuando por la tarde telefoneo a mi casa y me dicen: "Te llamo una tal Odilia Collazo, para que pases por la casa de Gustavo Arcos y recogas cien dólares de un dinero que envió Frank Calzon".

Eso fue el jueves 26 de junio de 1997. Lejos de alegrarme, la llamada me desagradó: un recado así, tan explicito, no lo deja un verdadero opositor, debido a la "buena costumbre" de la Seguridad del Estado de escuchar y grabar conversaciones de disidentes y periodistas independientes. (En abril de 2003, raíz de la razia contra un centenar de disidentes en toda la isla, la Seguridad del Estado decidió 'quemar' a varios de sus agentes infiltrados en las filas de la oposición, entre ellas Odilia Collazo).

Alrededor de las 6 de la tarde dejé a mi tía al cuidado de un familiar y me dirigí al domicilio de unos amigos que vivían cerca del hospital. Desde allí llamé a mi primo Pepe, como le decimos a Vladimiro Roca, para pedirle la dirección y teléfono de Gustavo.

-Qué bueno que me llamas, me dijo Pepe. Iba a llamarte esta noche, porque para mañana hemos convocado a una conferencia de prensa en casa de Martha Beatriz.

-Pepe, qué lastima, no puedo asistir porque mañana le dan el alta a tía Cándida y quedé en estar a las 9 en el hospital. Excúsame con Martha, René y Bonne.

-No hay problema. El sábado vienes a mi casa y te pones al día (desde 1996 reportaba para Cuba Press las incidencias del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, al cual él, Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés pertenecían).

Al día siguiente, 28 de junio, Vladimiro me daría pormenores del lanzamiento de La Patria es de Todos así como un ejemplar del documento redactado por ellos.

Volviendo a Gustavo. Desde hacía años vivía con su esposa Teresita en una casa de huéspedes situada en la calle H entre 13 y 15, Vedado. Recuerdo que aquel día salió a recibirme con una impecable payama. En la mano traía un papel y la 'tabla', como en Cuba le dicen al billete de cien dolares. El papel era un recibo en el cual firmé y puse la fecha.

En varias ocasiones más y en distintos lugares, coincidí con Gustavo y Teresita, un matrimonio que por sus buenas maneras me recordaba al formado por Juan Marinello y Pepilla, la pareja mejor llevada, más educada y cariñosa de todas las que conocí en la vieja militancia del Partido Socialista Popular.

En particular no olvido una tarde de 1999 o 2000, en la residencia del Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en ese momento. Cuando ya habían llegado todos los invitados, en el salón principal, junto a un piano, se agruparon los presentes.

Unos minutos después, Odilia Collazo comenzó a hablar. Sin ninguna discreción salí y me dirigí a la terraza. Allí estaba Gustavo, con una guayabera blanca de mangas largas. Nos alejamos un poco y en voy baja me dijo:

-No soporto a esa mujer.

-Yo tampoco, Gustavo. Estoy convencida que trabaja para la Seguridad del Estado.

Y le conté del presentimiento que siempre tuve hacia ella, corroborado cuando el 16 de julio de 1997 detuvieron a Martha Beatriz, Gómez Manzano, Bonne y Vladimiro y ella solo fue "detenida" unas horas en Villa Marista, pese a encabezar el "comité de apoyo al Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna", un engendro creado por la Seguridad del Estado, para propiciar y justificar que la Collazo andara con los cuatro disidentes, quienes a menudo se reunían con diplomáticos de la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos y estaban en contacto con los principales corresponsales extranjeros acreditados en la isla.

Mis sospechas quedarían corroboradas en abril de 2003, durante los juicios contra 75 disidentes en toda la isla, cuando la Seguridad del Estado decidió 'quemar' a varios de sus agentes infiltrados en grupos opositores, entre ellos a Odilia Collazo.

Gustavo Arcos Bergnes, nacido en Caibarién en 1926, tenía muchísimas y valiosas vivencias dentro de las filas revolucionarias. Había sido atacante al cuartel Moncada y junto a su hermano Sebastián, fallecido el 22 de diciembre de 1997, se había dado cuenta de quién era Fidel Castro y del fracaso de su revolución.

Gustavo era dieciséis años mayor que yo, pero en común teníamos una intuición especial para percatarnos de quién era quién dentro de la disidencia y el periodismo independiente.

Gracias a ese sexto sentido, pudimos evitar que las ventosas de las medusas lanzadas al mar de la oposición por el Departamento de Seguridad del Estado se nos pegaran. O, al menos, no lo suficiente para que nos hicieran daño.

Tania Quintero
Lucerna, 9 de agosto de 2006
Foto: Gustavo Arcos Bergnes, activista de los derechos humanos, fallecido el 8 de agosto de 2006. Tomada del obituario escrito por Raúl Rivero.

sábado, 19 de abril de 2014

Al Gabo, dondequiera que esté


Con una selección de textos publicados en medios de distintos países, los realizadores de los blogs de Tania Quintero e Iván García queremos recordar a Gabriel García Márquez, quien a los 87 años se acaba de ir en México, su segunda patria.

A los lectores actuales -y también a los futuros-, el gran escritor colombiano nos dejó una formidable colección de reportajes y libros, encabezados por Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, El otoño del patriarca y Amor en los tiempos del cólera. A Mercedes, su viuda, y a sus hijos Rodrigo y Gonzalo, nuestro más sentido pésame.










El amigo de Fidel, El Mundo, 2014.










Tania Quintero e Iván García

Video: Fragmento de la conversación que hace unos años Gabriel García Márquez sostuvo con Ernesto McCausland, periodista colombiano fallecido en 2012.

viernes, 18 de abril de 2014

Desempolvando archivos (VIII): Silencio y oscuridad



La historia de la revolución cubana está plagada de acontecimientos sórdidos y tenebrosos. Siguiendo el patrón de los regímenes totalitarios, ha sabido deshacerse de ellos y "borrarlos" de su memoria.

Lo más probable es que cuando los estudiosos puedan libremente averiguar en la isla, muchos testigos ya hayan fallecido. Pero siempre se encontrará una huella que conduzca al descubrimiento de la verdad.

Por muy oscuro que sea el túnel de la represión y el autoritarismo, los investigadores tendrán suficiente paciencia para caminar por las tinieblas hasta encontrar la luz. Ese tesón lo ha demostrado en España el irlandés Ian Gibson, hispanista que desde 1965 investiga los últimos días del poeta Federico García Lorca, fusilado el 18 de agosto de 1936.

Cubanólogos no faltarán para descifrar la misteriosa desaparición de Camilo Cienfuegos, en octubre de 1959. Ni tampoco las circunstancias que llevaron al suicidio a figuras emblemáticas de la revolución como Osvaldo Dorticós y Haydée Santamaría, entre otros.

Una exhaustiva pesquisa pudiera aclarar episodios poco conocidos, como las discrepancias que en los años 60 se produjeron entre Fidel Castro y Aníbal Escalante, uno de los principales líderes del Partido Socialista Popular.

Después que un cineasta alemán descorriera el velo, en su momento se sabrá si los servicios cubanos de inteligencia tuvieron alguna vinculación con el atentado que el 20 de noviembre de 1963 le costara la vida al presidente John F. Kennedy y a su supuesto asesino, Lee Harvey Oswald.

Sobran las dudas acerca de cuestiones tan disímiles como la cifra exacta de los cubanos muertos en Angola o las razones que llevaron al régimen a establecer vínculos e incluso dar cobijo a miembros de organizaciones terroristas como ETA, entre otras.

A no ser por las revelaciones hechas en 2004 por la revista mexicana Proceso, poco se sabe de las conversaciones secretas sostenidas en 1985-86, durante el mandato de Ronald Reagan, entre emisarios de los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, frustradas por la salida al aire de Radio Martí el 20 de mayo de 1985.

Algun día conoceremos toda la trama que desembocó en la Causa 1/1989 y en el fusilamiento de los generales Arnaldo Ochoa y Tony de la Guardia. Dos años después, en 1991, otro de los hombres de confianza de Fidel Castro, José Abrantes, exministro del Interior, moriría de un "infarto" en la cárcel de Guanajay, donde cumplía una condena de 20 años de privación de libertad.

En Cuba viven cientos, tal vez miles, de cubanos condenados al silencio. No pueden hablar, so pena de ir a prisión o sufrir un "accidente mortal". Tampoco pueden salir legalmente del país.

La mayoría de estos amordazados han pertenecido a las FAR o el MININT o han sido dirigentes del partido o la administracion central del Estado. Protagonistas o testigos de hechos de los cuales nada se debe saber. Al menos por ahora.

En ocasiones ni siquiera se trata de "secretos estatales" o asuntos de importancia nacional. En la década de 1990, en el municipio de 10 de Octubre, a un simple empleado se le ocurrió denunciar la corrupción existente en la dirección de comercio y gastronomía municipal. Al hombre casi lo volvieron loco, luego de recluirlo en un hospital psiquiatrico y haber tenido que soportar amenazas de todo tipo.

En 2005, un periodista independiente desde La Habana ha venido denunciando el caso de una abogada perteneciente a la industria alimenticia, a quien le han hecho la vida un "yogurt" por denunciar turbios negocios con la leche en polvo y otros productos lácteos.

El "no comment" puede tener un origen trágico. En 1961-63 daba clases en una escuela de superación para antiguas criadas, cuando una de mis alumnas se ausentó una semana. Cuando volvió, me dijo que al terminar las clases hablaría conmigo en la calle.

Me contó que en medio de un fuerte temporal en Pinar del Río, su hermano iba en un yipi a toda velocidad y no se percató que por la carretera, en sentido contrario, venía una caravana de vehículos, tampoco de las señales que le hacían.

En uno de los carros viajaba Fidel Castro. Al no detenerse, los escoltas dispararon sus metralletas. El hermano de mi alumna murió al instante.

Cuando se supo que habían matado a un inocente, por el Estado corrieron los gastos del funeral. Además de una indemnización monetaria, a la familia le construyeron una casa.

-Nos dijeron que no podíamos decírselo a nadie. Pero me gustaría que cuando pasen los años, usted contara cómo murió mi hermano.

Tania Quintero
Lucerna, 13 de agosto de 2006
Foto: Libro que recoge el Informe que Raúl Castro hizo al Comité Central en enero de 1968, para explicar (o justificar) los arrestos de Aníbal Escalante y otros viejos comunistas involucrados en la llamada Microfracción, la primera razzia ideológica llevada a cabo por Fidel Castro y su revolución.

miércoles, 16 de abril de 2014

Desempolvando archivos (VII): Treinta años atrás



La Heineken sobraba en aquellas tardes sabatinas de 1984 en casa del embajador de los Países Bajos en La Habana. El Sr. Kuhn no solo ponía a disposición de sus amigos cubanos cajas de la famosa cerveza, sino que su empleomanía se esmeraba en preparar y ofrecer platos típicos, donde no faltaban los tostones.

No sé si en otros países los diplomáticos holandeses eran igual de generosos, pero en Cuba lo eran. De los convites en las residencias de embajadores capitalistas a los cuales en la década de 1980 asistí, los holandeses, eran los mejores. Los austríacos también, aunque no tanto. Y con los españoles se podía comer y beber mejor los 12 de octubre, día de su fiesta nacional, pero ellos no solían abrir las puertas de sus residencias como lo hacía el Sr. Kuhn.

En 1990, coincidiendo con la implantación del "período especial en tiempos de paz" comenzó el boom de las bicicletas chinas en Cuba. En ese momento era una de las realizadoras del programa televisivo Puntos de Vista, basado en entrevistas y encuestas callejeras, y se me ocurrió hacer uno dedicado al tema.

No se puede hablar de bicicletas sin mencionar a Holanda. Cogí el directorio diplomático y llamé a la residencia del embajador. Una semana después, lo estaba entrevistando en su casa. El programa salió con el embajador hablando de bicicletas mientras imágenes de un documental holandés las calzaba.

En los planos finales quería insertar el audio de una canción Joan Manuel Serrat, pero eran muy pocos los segundos de la estrofa donde menciona una bicicleta y los planos que teníamos no jugaban con la melodía.

Uno de esos 'dolores de cabeza' que suelen producirse en los cubículos de edición y que lograba superar gracias a los excelentes editores que siempre tuve en los 14 años que trabajé en los servicios informativos del Instituto Cubano de Radio y TV.

Uno de esos editores, Jorge Olivera Castillo, después se hizo periodista independiente y en la dura vida represiva que llevábamos, a menudo coincidimos.

Olivera fue apresado el 18 de marzo de 2003 y condenado a 18 años de prisión, por suerte fue excarcelado a fines de 2004. Quiera Dios que el gobierno cubano lo deje salir y pueda viajar con su mujer e hijos a Estados Unidos, donde tienen familia.

Durante los años que trabajé en la televisión, mi vínculo con Brasil se mantuvo. A los Festivales Internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano acudían muchos brasileños y tuve oportunidad de entrevistar a escritores de la talla de Jorge Amado y cineastas como Nelson Pereira dos Santos, de quien guardo la siguiente anécdota.

Como todos los invitados extranjeros, Pereira se hospedaba en el Hotel Nacional. La noche del estreno de su filme Memorias de la Cárcel (1984), me lo encuentro nervioso, a la entrada del hotel, tratando de conseguir un taxi. Lo acompañaba Elena, una amiga brasileña. Entonces, casi todos los taxis eran rusos, de la marca Volga.

Salí a buscar uno y enseguida logré parar un Volga que venía por la calle 21. Cuando disminuyó la marcha en la esquina del Monseñor (bar-restaurante donde tocaba Bola de Nieve), para doblar por la calle O, en busca de 23, le hice señas, paró y le dije que necesitaba recoger a dos personas en la entrada del Nacional.

Me monté en el asiento delantero, en el de atrás los dos brasileños. Nos dejó en la misma puerta del cine, ya repleto de gente. Pereira fue a pagar y le dije "No, pago yo, ustedes son mis invitados". Del Nacional al Chaplin el taxista me pidió 3 pesos. Le di un billete de 5 y que se quedara con el vuelto.

Dos pesos de propina en aquellos tiempos era una barbaridad. Pero, ¿acaso la ocasión no lo merecía?

Aquella noche de 1984 disfruté por la película (ganó el premio Gran Coral al mejor filme) y también por haber propiciado que Nelson Pereira dos Santos, uno de los más importantes cineastas brasileños, llegara a tiempo a la premier de su película.

Hoy me duele pensar lo poco que vale el peso cubano y lo poco que valen los cubanos: cada vez menos pueden invitar y pagar con su moneda.

Tania Quintero
Lucerna, 12 de mayo de 2005
Foto: Nelson Pereira dos Santos cuenta a periodistas de Alagoas que lo entrevistaron en enero de 2010, las dificultades que en 1963 pasó por esa zona para rodar Vidas secas, filme basado en el libro homónimo del escritor brasileño Graciliano Ramos (1892-1953) y que en el Festival de Cannes de 1964 obtuviera la Palma de Oro. Tomada del blog Registros da Realidades, del fotorreportero Edison da Silva.

lunes, 14 de abril de 2014

Desempolvando archivos (VI): Retrospectiva



A mi padre, viejo comunista, no le importaba que oyera Divorciadas, novela radial de gran audiencia femenina en los años 50. Ni tampoco que leyera las novelitas de Corín Tellado en la revista Vanidades.

Tampoco consideraba "diversionista" mi preferencia por las películas de James Dean y Marlon Brando o por las canciones de Nat King Cole y Frank Sinatra. No le preocupaba que acompañara a mis amiguitas católicas a la Iglesia del Pilar o a las creyentes de la santería a comer chivo en una fiesta de santo.

Mis padres no me bautizaron ni me inculcaron ninguna religión. Es más, si en los primeros años de mi juventud creí que el socialismo era bueno, fue precisamente porque nadie trató de imponérmelo.

Por ello, rechazo todo tipo de adoctrinamientos. Las ideas no se obligan a seguirlas. Es peligrosísimo. La insistencia se convierte en un boomerang.

Puede que el sistema educacional antes de 1959 no fuera perfecto, pero era infinitamente superior al implantado después de la llegada de los barbudos. El primer gran disparate fue nombrar ministro de educación a un abogado llamado Armando Hart. ¿Por qué Fidel Castro no nombró a Salvador García Agüero o a cualquiera de los muchos pedagogos de renombre que estaban ejerciendo cuando él llegó al poder?

El problema es que, salvo excepciones, casi ninguno poseía curriculum revolucionario. Pero a diferencia de Hart, eran maestros de verdad . Ahora me percato por qué, al imaginar la debacle que se avecinaba, muchos profesores prefirieron irse de Cuba. De quedarse, nada hubieran podido hacer ante la nueva ola de improvisados.

Aceptemos por buenas las intenciones de los guerrilleros del Ejército Rebelde, pero tratando de acabar con lo que ellos consideraban malo y negativo, terminaron acabando con Cuba.

Y hoy no solamente es un desastre la educación, sino que la han convertido en un apéndice del "trabajo político-ideológico", rebautizado "batalla de ideas" a partir del 2000, cuando el culebrón de Elián, el niño balsero. Desastre es también la agricultura. Y desastroso el estado de la capital.

Baste caminar por la ciudad de La Habana y se tendrá real visión de cuánto hemos perdido los cubanos en medio siglo de totalitarismo.

Los sitios pintados e iluminados son para turistas o cubanos con "moneda dura". Es dolorosamente cierto: La Habana, la ciudad donde nací, no aguanta más. Está a punto de derrumbarse. O de estallar.

Tania Quintero
Lucerna, 8 de mayo de 2005
Foto: Tomada del blog de Angélica Mora.

viernes, 11 de abril de 2014

Desempolvando archivos (V): De las matrioshkas a los culebrones

)

A partir de 1983, con el estreno en la televisión cubana del serial Malú Mulher, protagonizado por Regina Duarte, el vicio de las telenovelas hizo su entrada en la isla del doctor Castro.

Todavía no se avizoraba la caída del Muro de Berlín y la URSS parecía ser la gran superpotencia rival de Estados Unidos. Veinte años llevábamos los cubanos al son de la balalaika, tomando té con azucar prieta en samovares traídos de Moscú, colocando retratos de Lenin entre Fidel y el Che (mientras la imagen del Sagrado Corazón permanecía oculta en una puerta del escaparate), sin poder poner arbolitos de Navidad y adornando las casas con matrioshkas y pomos vacíos de fragancias rusas.

Los niños cubanos se divertían con Espera que ya verás, dibujo animado soviético y con el húngaro Gustavo. Filmes de Polonia, Checoslovaquia y la RDA formaban parte de las programaciones de nuestros cines, de oriente a occidente. Nos encantaban los jugos búlgaros, las sardinas de Albania, las blusas rumanas y para construir edificios, nada mejor que el sistema yugoslavo.

Por supuesto, también gustaba todo lo procedente del socialismo asiático: Mongolia, China, Vietnam, Laos, Cambodia o Corea del Norte, de donde importamos el gusto de Kim Il Sung por los grandes espacios expositores (un ejemplo, Expocuba, en las afueras de La Habana).

En eso estábamos cuando en 1983 llegó Malú Mulher. Y detrás, verdaderos culebrones como La Esclava (A Escrava Isaura en portugués) interpretada por Lucélia Santos, que contribuyó a idiotizar a tres cuartas partes de la población.

El furor desatado en Cuba por las telenovelas brasileñas fue un 'remake' de los años 40, cuando la isla toda lloriqueó con la trama de El Derecho de Nacer, de Félix B. Caignet (Santiago de Cuba 1892, La Habana 1976).

A La Esclava le siguió otro arrollador folletín: Doña Beija, con la bonitilla de Maité Proença en el rol central. En cualquier país, las novelas exitosas contribuyen al aumento de la teleaudiencia.

Pero en Cuba, con solo dos canales en esa época, el boom de los culebrones brasileños representó mucho más que un alza en los ratings: reuniones y eventos se adelantaban o posponían, para no coincidir con el horario de las telenovelas. Y los sábados se dedicaba un espacio para su retrasmisión, destinado a quienes no pudieron ver los capítulos programados en la semana.

El colmo del furor llegó hasta el mismísimo Fidel Castro: hizo huecos en su agenda y en su despacho del Palacio de la Revolución, en distintas fechas, recibió a las actrices Regina Duarte y Lucélia Santos.

Como en Cuba no existen paparazzis y la prensa del corazón está prohibida, la gente no podía enterarse de lo hablado en tan sui géneris encuentros.

La desinformación daba pie a toda clase de rumores y se llegó a especular acerca de un supuesto romance entre Lucélia Santos y el Comandante.

Tania Quintero
Lucerna, 8 de mayo de 2005

miércoles, 9 de abril de 2014

Desempolvando archivos (IV): El príncipe azul

)

En 1986, debo aclarar, el "jineterismo" había comenzado a coger fuerza. Pero los que proliferaban en ese ambiente eran hombres, no tan dedicados al proxenetismo sino a la caza de dólares a través de negocios turbios y cambalaches con turistas y extranjeros residentes en Cuba.

El despegue del turismo vino en el 90, con la llegada del llamado "período especial en tiempos de paz". Fue cuando las "jineteras" dijeron AQUÍ ESTAMOS. Y a base de sexo se impusieron y desplazaron a los hombres. Después de todo, la cara y el cuerpo de ellas era más propicio para la búsqueda de "fulas".

El espíritu de Yarini había resurgido y el proxenetismo socialista está aún por escribir. La espinosa realidad era -y es- pasada por alto por la prensa oficial.

Entonces no se vislumbraba el nacimiento de un periodismo independiente. En el exterior el tema tampoco acaparaba espacio. Mas yo tuve la oportunidad de hablarlo personalmente con Fidel Castro. Y también de percatarme de que el "jineterismo" había llegado para quedarse.

No fue casual que la primera crónica que escribiera como periodista independiente, el 12 de octubre de 1995, fuera sobre una "jinetera". Se titulaba El príncipe azul. Estaba basada en un caso real.

Ése fue el primer texto mío que leyó Raúl Rivero, quien unos dias antes, el 23 de septiembre, había fundado Cuba Press, la más profesional de las agencias de periodismo independiente que hasta la fecha han surgido en la isla.

Con Fidel Castro había hablado brevemente en 1960, en la tribuna de un acto de recibimiento a maestros voluntarios en Ciudad Libertad:

-Fidel, dice Lalo Carrasco que nunca le pagaste los libros de marxismo que te llevaste fiado.

-¿Y Lalo todavía se acuerda de eso?, me respondió.

Lalo Carrasco, viejo comunista como mi padre, tenía una librería en Carlos III y Marqués González, en el centro de La Habana. Entre 1959 y 1961 trabajé como mecanógrafa y bibliotecaria en las oficinas del comité nacional del Partido Socialista Popular y la librería de Lalo Carrasco la conocía bien: quedaba enfrente.

En esa época, no podía imaginar que en Cuba iba a un surgir un fenómeno social llamado "jineterismo".

Tania Quintero
Lucerna, 9 de mayo de 2005
Video: Fragmento de La bella durmiente, cinta infantil realizada en 1959 por Walt Disney Pictures. Está nspirada en cuentos de hadas escritos por el francés Charles Perrault y los hermanos alemanes Jacob y Wilhelm Grimm.

lunes, 7 de abril de 2014

Desempolvando archivos (III): Turismo imposible

)

Cuando en 1985 el gobierno cubano decidió apostar por el desarrollo del turismo, tropezó con una piedra: el jineterismo. La iniciativa marginal de buscarse la vida en el entorno turístico en veinte años se convirtió en un fenómeno social.

El reinado de los jineteros duró poco: en menos de una década fueron destronados por mujeres. Las jineteras se percataron del filón propiciado por turistas ávidos de sexo, se quitaron los delantales y se fueron a "hacer el pan" (ganarse el sustento).

Algunos de los precursores del jineterismo se transformaron en proxenetas o se "especializaron" como vendedores de cajas de tabaco y obras de arte. Otros prefirieron crear una red de "relaciones públicas" integrada por particulares que alquilaban habitaciones en sus domicilios, hacían viajes en sus autos y reservaban mesas en "paladares" (pequeños restaurantes privados).

Los más avezados extendieron sus dominios a porteros, maleteros, cajeros, dependientes, choferes y taxistas estatales. El jineterismo, improvisado y ocasional, comenzó en la ciudad de La Habana en los 80 y diez años después ya se había extendido a todo el país y convertido en un medio de vida para miles de mujeres y hombres de todas las razas, edades y preferencias sexuales.

El jineterismo, un concepto más amplio que la prostitución, ha contribuido a fortalecer ese monstruo de siete cabezas que es la economía subterránea cubana. En 2005 se calculaba que en el sector turístico laboraban unas 200 mil personas.

Buena parte de su empleomanía está formada por maestros, médicos, abogados, ingenieros y otros profesionales que dejaron sus malremunerados puestos de trabajo en busca de la "gallina de los huevos de oro" del turismo. Han emigrado a un sector que no era el suyo en busca de las imprescindibles divisas para sobrevivir.

La situación de extrema escasez vivida por los cubanos ha llevado a delinquir a padres de familia y también a sus hijos, quienes prefieren dejar los estudios y ganarse en la cama los 'fulas' difíciles de encontrar en otro sitio, a no ser que se tengan parientes en el exterior.

No se le pueden pedir peras al olmo. Si la mujer de la limpieza en un hotel no tiene jabón en su casa, sin el menor remordimiento se lo llevará de los baños. Igual hará el cocinero o un camarero: buscarán la manera de llevarse un poco de comida sobrante.

Ellos no se sienten culpables cuando entre sus pertenencias, envuelto en un nailon, se llevan un muslo de pollo o un pedazo de queso. No lo dicen, pero lo piensan: la culpa la tiene el gobierno, pues ha sido incapaz de garantizarle a la población no ya una vivienda y una muda de ropa decentes, sino algo mucho más sencillo y vital: un desayuno y dos comidas calientes diarias (desde marzo de 1962, los cubanos padecen el sistema de racionamiento de alimentos más duradero del mundo).

A diferencia de otros puestos laborales en otras ramas de la economía, en el turismo un empleado es un verdadero "privilegiado": puede obtener moneda dura, conseguir articulos de primera necesidad, pedirle cosas a los turistas y hasta encontrar pareja.

Tania Quintero
Lucerna, 28 de febrero de 2005
Video: La jinetera es una de las canciones más conocidas del compositor cubanoamericano Willy Chirino.

viernes, 4 de abril de 2014

Desempolvando archivos (II): Las "otras almas" cubanas

)

No había transcurrido demasiado tiempo de su llegada al poder en enero de 1959, cuando Fidel Castro la emprendió contra los turistas procedentes de Estados Unidos.

A los americanos se les acusó de distorsionar la imagen de Cuba, presentándola como un paraíso de rumberas y prostitutas al alcance de la mano.

Varias décadas después, el rostro de aquel turismo de sexo y maracas es retomado por los propagandistas del régimen, utilizando los mismos estereotipos, con la intención de promover un turismo lejano e ingenuo.

Europeos despistados que se creen lo que pregonan los folletos turísticos y se van a la isla del doctor Castro, a aliviar el stress viendo menear fondillos de las cubanas, haciendo el amor por unos pocos "fulas", soltando el pellejo bajo el sol y moviéndose al compás de la timba y el reggaeton.

Fotos, charlas, filmes y música sirvieron a la Embajada de Cuba en Suiza para promocionar, del 21 de enero al 20 de marzo de 2005, una exposición titulada El otro lado del alma y en la cual los visitantes podían ver una isla irreal, donde negros y mulatos viven felices, bailando salsa, practicando la santeria y tomando ron.

En la muestra cinematográfica figuraron La muerte de un burócrata, Hello Hemingway, Soy Cuba, Guantanamera, Lista de espera, Suite Habana y Cuba feliz, cinta de 96 minutos de duración realizada en el 2000 por Karim Dridi.

Pero el mayor atractivo serán las "noches cubanas" de música salsa, rueda de casino, son y rumba a cargo de músicos y grupos muy conocidos en su casa. Y no donde faltarán mojitos y cubalibres (la firma Havana Club copatrocina la jornada).

Desde hace unos años, el gobierno cubano se ha percatado que "lo negro" vende. Y a su antojo manipula el folclor, la religión y cultura afrocubanos, para atraer turistas hacia un país donde, supuestamente, los negros y mestizos no solo son los principales protagonistas, sino que gran parte de su tiempo lo dedicarían a cantar, bailar y venerar a sus orishas.

La culpa no es solo del régimen y sus voceros: casi todos los documentales y reportajes realizados en Europa, utilizan como cliché a la todavía discriminada y marginada población negra cubana. A veces de un modo excesivo, dando la impresion de que en Cuba los únicos blancos son los gobernantes.

Es cierto que el porcentaje de negros involucrados en la música popular y en el credo yoruba es bastante alto. Pero esa realidad ha ido variando en la misma medida en que la revolución que le prometió villas y castillos a los negros, en la práctica los ha mantenido como ciudadanos de segunda y tercera categoría.

Un ejemplo del protagonismo que por su cuenta y riesgo ha ido asumiendo una parte de la población negra, es el incremento de su participación en las filas de la disidencia y el periodismo independiente.

La lista es larga: Jorge Luis García Pérez (Antúnez), Oscar Elías Biscet, Arnaldo Ramos, Angel Moya, Omar Pernet, Iván Hernández Carrillo, Miguel Valdés Tamayo, Berta Antúnez, Alejandro García, Maria Elena Alpízar, Jorge Olivera y Félix Bonne Carcassés, entre otros que me vienen a la mente.

No me opongo a que suizos y europeos viajen a Cuba a disfrutar de sus playas y sus ritmos. Si quieren hacerse santo, que se lo hagan y si desean probar el sexo con un nacional, que lo prueben.

Pero que sepan que Cuba tiene 'otras almas'. Y no precisamente festivas: desde la escasez de alimentos, transporte, viviendas y medicamentos hasta la ausencia de libertades.

Tania Quintero
Versión de trabajo publicado en enero de 2005 en Cubaencuentro.