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lunes, 20 de mayo de 2019

"Yo ya no soy presidente"



Escrupulosamente honesto, íntegro, austero, modesto, obstinado, testarudo, frugal al borde de la penuria. Todos esos adjetivos fueron aplicados a Don Tomás Estrada Palma en algún momento. Existen numerosas anécdotas que apoyan esta imagen.

La honestidad de Estrada Palma es memorable, pero brilla más cuando se compara con la corrupción imperante en muchos de los gobiernos que vinieron después del suyo. El subtítulo que en su biografía puso Pánfilo Camacho, publicada en 1938 es "el gobernante honrado". La inscripción en la corona de flores enviada a su funeral por Charles Magoon, gobernador provisional Cuba (1906-1909), decía "A la memoría de un hombre honrado".

Durante sus años como Delegado del Partido Revolucionario Cubano (1895-1898), Estrada Palma dirigía las actividades de recaudar fondos para los insurgentes cubanos que habían iniciado la revolución contra España el 24 de febrero de 1895. Cada semana, publicaba en el periódico Patria, que se editaba en Nueva York, las cantidades recibidas y los nombres de los contribuyentes. El 30 de enero de 1899 había un millón 513 mil dólares.

Asombrosamente, ni una sola acusación de malversación o mal manejo de fondos fue dirigida contra él.

La única insinuación vino de un tal William O. McDowell de una llamada Liga Cubano-Americana, quien afirmó que una gran cantidad de fondos se habían usado para sobornar a políticos y periódicos americanos. Estrada Palma negó vehementemente los cargos y declaró que no sabía nada de ese grupo. En realidad existía una Liga Cubana de los Estados Unidos, formada originalmente durante la Guerra de los Diez Años y resucitada en 1895.

Una gran parte de la razón por la cual los fondos recaudados se extendieron lo suficiente para cubrir compras de armas y otros pertrechos de guerra, rentas o compras de naves para financiar 51 expediciones, gastos de representación en el extranjero y ayuda monetaria a familias necesitadas, fue la frugalidad legendaria de Don Tomás, cuyas consecuencias él y su propia familia eran los primeros en sufrir. Cuenta el comandante Luis Rodolfo Miranda, que "todos los cubanos sabíamos en Nueva York que Don Tomás, por ahorrarle gastos a la Junta Revolucionaria, muchas veces reducía su almuerzo a unos uvas y un poco de pan".

Horacio Rubens, el abogado de la Junta Cubana de Nueva York en los días agitados de la actividad revolucionaria, relata algunas anécdotas, como la de los zapatos de Charles Silva y la entrevista con Richard Croker, líder de Tammany Hall. Charles Silva era uno de los miembros de la tripulación de los barcos encargados de llevar pertrechos a las cosas cubanas. En una de esas operaciones, se tiró al mar para tratar de salvar un bulto de mercancías que se había caído y en la maniobra perdió sus zapatos. Cuando regresó a Nueva York, Silva le pidió dinero a Estrada Palma para comprarse un nuevo par, pero éste se lo negó, alegando que la Junta ya le había proporcionado un par de zapatos hacía solo tres meses. Costó trabajo convencer al Delegado que Silva había perdido su calzado en servicio a la causa y estaba usando unos zapatos prestados que no le servían.

El abogado Rubens había hecho contacto con el Tammany Hall de Nueva York y Richard Croker, su líder, le había dado indicios de que "de fondos de campaña inesperados", podían hacer una contribución a los cubanos. Antes de ir a esa reunión con los políticos demócratas, tuvieron que reparar los puños de la camisa de Estrada Palma que estaban demasiado desgastados, porque Don Tomás se negaba a comprarse ropa.

Hacia fines de 1895, después de haber sido nombrado Delegado Plenipotenciario y Agente General en el extranjero de la aún no oficialmente reconocida República de Cuba, Don Tomás tuvo que establecer residencia en la ciudad de Nueva York y solamente podía visitar Central Valley, donde había fundado y dirigido el Instituto Estrada Palma, en algún que otro fin de semana. Como él era el principal sostén del Instituto, éste empezó a declinar, los alumnos disminuyeron y el dinero de la matrícula prácticamente dejó de llegar. Don Tomás alquiló una habitación de soltero en uno de los pisos altos del Hotel Astor, que había sido construído al lado del Waldorf, llamándose al complejo de los dos hoteles Waldorf=Astoria (con un símbolo de igual, no un guión entre los dos nombres), en la Quinta Avenida y Calle 34. Aunque el nombre Waldorf=Astoria siempre ha sido sinónimo de opulencia, la sección correspondiente al Hotel Astor fue construida con la intención de incluir habitaciones de soltero a precios moderados.

Don Tomás pagaba 14 dólares a la semana por su cuarto, un precio que podía haber sido especial, porque su dueño, John Jacob Astor IV, era miembro de la Liga Cubana de Estados Unidos, un grupo que abiertamente apoyaba la causa cubana. Los 14 dólares por la habitación y los 16 adicionales a la semana para otros gastos (30 dólares en total) era la única remuneración recibida por Don Tomás como Delegado del Partido Revolucionario Cubano. A pesar de frugal, esta cantidad no era suficiente para mantener una esposa y seis hijos. La propiedad de Central Valley fue entonces hipotecada por 1,500 dólares en enero de 1897 para poder sostener a la familia.

Cuando la noticia de la posible pérdida del edificio del Instituto Estrada Palma en Central Valley llegó a los oídos de la influyente emigrada cubana Marta Abreu en París, ella inmediatamente le mandó un cheque por la cantidad total de la hipoteca. Don Tomás enseguida se lo devolvió y le escribió a Marta: "Yo le he mandado su carta a mi esposa para que sea preservada como un documento sagrado; ella le enseñará a nuestros hijos a bendecir su nombre. Permítame devolver su cheque, la hipoteca no me causa angustia".

El hábito de vida simple y la economía de Don Tomás lo acompaña a la residencial presidencial en La Habana en 1902. Poco después de haber asumido el cargo de Presidente de la República, devolvió al tesoro nacional un cheque de 3 mil dólares que el gobernador norteamericano Leonard Wood le había dado para gastos iniciales. Es más, no aceptó ninguno de los fondos que estaban en el presupuesto destinados a "gastos de representación" del presidente.

Cuando sus amigos de Central Valley lo visitaron en Cuba después de haber sido proclamado presidente, el 20 de mayo de 1902, Estrada Palma les entregó una servilleta doblada que años atrás se había llevado sin darse cuenta de un establecimiento llamado Vienna Coffee Shop and Bakery en Nueva York, con el ruego que se la devolvieran a los dueños y le dieran sus excusas.

Cuando Estrada Palma renunció a la presidencia de Cuba en 1906, sobre el escritorio dejó un reloj de oro que le habían dado los banqueros de Speyer & Cia, quienes habían suscrito un empréstito a la república por 35 millones de dólares para pagar a los veteranos del ejército cubano de liberación. "Se lo dieron al presidente", cuentan que dijo, "y yo ya no soy presidente".

Margarita García
Fragmento de su libro Antes de "Cuba Libre". El surgimiento del primer presidente Tomás Estrada Palma (Editorial Betania, Colección Ensayo, 2015).

Acerca de la autora.- Margarita García nació en La Habana, donde asistió al Colegio Trelles y al Ruston Academy. Después que emigrara a los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Columbia en Nueva York, obteniendo los títulos de Bachelor of Science (BS), Master of Arts (MA) y Doctor of Philosophy (PhD), todos en Psicología Experimental. Durante 38 años trabajó como profesora en el Departamento de Psicología de la Universidad Monclair en Nueva Jersey, de la cual se retiró con el grado de Profesora Emérita. En 2004 comenzó a estudiar la vida de Tomás Estrada Palma y ha visitado los lugares donde estuvo antes de ser proclamado primer presidente de la República de Cuba, el 20 de mayo de 1902. Está casada con Guillermo Estévez y tiene una hija llamada Victoria.

Acerca del libro.- En su debut como escritora, la Dra. Margarita García ha creado un retrato del hombre antes de que éste encontrara el "oceáno de dificultades" de la presidencia -como dijo George Washington al ser elegido y que terminarían por abrumarlo. En el libro se narran antecedentes pocos conocidos de Estrada Palma antes de convertirse en el primer mandatario electo de la Isla. El texto se desarrolla a través de tres continentes, desde celdas de prisiones hasta preparación de expediciones de filibusteros e ingeniosos esquemas de recaudación de fondos. Y se muestran fotos nunca antes vistas e ilustraciones difíciles de encontrar. Es el relato íntimo de un patriota, un maestro de vocación y profesión, un revolucionario idealista, un hombre escrupulosamente honesto y un presidente testarudo.

lunes, 13 de mayo de 2019

Niño Rivera y la orquesta neoyorquina Típica 73


A continuación, fragmento del libro El Niño con su tres. Andrés Echevarría, Niño Rivera, de Rosa Marquetti Torres, en homenaje al centenario del nacimiento del gran músico cubano, el 18 de abril de 2019.

James Carter había asumido en 1977 la presidencia del gobierno de los Estados Unidos, para un mandato que se extendería hasta 1981. Con una política menos agresiva hacia Cuba, su gestión propició una flexibilización legal a los viajes de norteamericanos a Cuba. Se abrieron oficinas de representación de intereses en Cuba y Washington y se dictaron medidas impulsadas por Carter para contribuir a relajar las tensiones acumuladas y con apariencia y pronóstico de ser insalvables.

Así, con la anuencia de las autoridades gubernamentales de ambos países se produjeron algunos acercamientos entre los músicos, quizás los primeros que ocurrían desde el establecimiento del bloqueo-embargo norteamericano a Cuba: Dizzy Gillespie visita por primera vez la Isla ese mismo año 1977; Irakere, con Chucho Valdés al frente, se presenta y triunfa en 1978 en el Festival de Jazz de Newport; y en 1979 se producen los ya legendarios conciertos conocidos como Havana Jam, que entre otras muchas luminarias trajeron a La Habana a los norteamericanos Billy Joel, Rita Coolidge, Jaco Pastorius y Weather Report, y a la Fania All Stars.

Pero los precursores de esta apertura, los primeros de todos fueron los músicos de la Típica 73. Su llegada a La Habana en noviembre de 1978 y las grabaciones que realizaran con músicos cubanos fue el preludio del Havana Jam y de la interacción entre músicos norteamericanos y cubanos en medio de la hostilidad política que inauguró una nueva y prolongada etapa de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos.

Al decir del periodista y discógrafo José Arteaga, la Típica 73 era la mejor orquesta de música cubana de su tiempo en el ámbito musical neoyorkino. Con una fuerte influencia de las orquestas charangas cubanas, sus integrantes eran devotos seguidores de la música tradicional bailable cubana y de sus más destacados hacedores.

La Típica 73 es la primera formación afincada en Estados Unidos –y teniendo como integrantes a algunos músicos cubanos viviendo allí– que logró pasar por encima de las prohibiciones que establece el bloqueo-embargo norteamericano hacia Cuba, pues no solo visitaron la Isla, sino que también grabaron y tocaron en La Habana.

John Rodríguez Jr., bongosero y productor, se confiesa fanático incondicional de la música cubana y al descubrir que ya era posible viajar legalmente a Cuba, no lo pensó dos veces y organizó un viaje a La Habana desde Nueva York vía Canadá junto a su esposa: “Estuvimos 10 días, disfrutamos, vacilamos, conocimos a todos los músicos, pues algunos músicos de aquí de New York llamaron allá y avisaron que un músico que había tocado con Tito Puente va para allá, me recibieron y me trataron como un rey. Regreso y le cuento a los músicos aquí y les digo: Hay que ir a Cuba. Los músicos se vuelven locos. Conocí a Tata Güines, a Juan Pablo... Y un día hablando con Johnny Pacheco, de Fania, le cuento y le digo: 'Oye, cómo me gustaría grabar en Cuba'. Y resulta que su socio Jerry Masucci, que era abogado, iba a Cuba y tenía amistades políticamente heavy duty allá, me responde: 'En serio quieres grabar en Cuba? Pues déjame hacer unas llamadas'. Y se organizó todo, aplicamos y para allá fuimos.”

Sonny Bravo era entonces el pianista y director de la Típica 73. Ése es su nombre artístico, porque en realidad su verdadero nombre es Elio Osácar y su vínculo con Cuba era inmediato, genético y emocional: su padre, Santiago 'Elio' Osácar era el bajista del Cuarteto Caney, que fue famoso en el Nueva York Latino de las décadas 1930 y 1940. Su abuela materna -recordó en entrevista con la autora- se llamaba Fidelina Bravo de Douguet y había nacido en Santiago de las Vegas. Para Sonny Bravo –lo dice con firmeza- Cuba es su tierra ancestral.

Cuenta Bravo: “Originalmente, el formato de la Típica 73 era de conjunto. El primer LP se grabó sin tres, pero para el segundo y el tercer LP La Candela, el tresero boricua, Nelson González ya estaba integrado en el grupo. Yo siempre fui fanático del Niño Rivera. Todavía tengo el LP de los años 60 Niño Rivera y su ConjBand, Panart LD-3106. Y Nelson (González) ni hablar! Siempre fue su ídolo. Cuando fuimos a La Habana a grabar, el formato del grupo ya había cambiado varias veces. Alfredo de la Fe (violín) reemplazó a Nelson. Sin el tres, ya no era un conjunto. A las dos trompetas, les agregamos un saxo tenor/flauta y más tarde, un saxo soprano/barítono. También se había eliminado el trombón. Pero cuando se presentó la oportunidad de grabar en la EGREM, mi socio Johnny Rodríguez y yo decidimos encargarle a Luis Cruz el arreglo del tema Un pedacito, pensando siempre en El Niño.”

Según las emocionadas notas del disco, escritas por Roberto Gerónimo, “la Típica 73 se convirtió en la agrupación que reanudó las relaciones artísticas entre los Estados Unidos y la República de Cuba.” Las sesiones de grabación se realizaron en los legendarios Estudios Areíto de la EGREM (antiguo Estudios Panart). Sonny Bravo recuerda:

“Las sesiones de grabación comenzaron el martes 14 de noviembre de 1978 y terminaron el viernes 1 de diciembre del mismo año. En la primera semana se grabó la orquesta. Hubo sesiones el 14, 15, 16 y 17. El 18 tocamos una tanda en el Salón Mambí y otra en Tropicana. Descansamos el 19 y 20. El 21 terminamos con las pistas de la orquesta. El 22, 23, 24 y 25 se grabaron los coros y las voces principales, también se sobregrabaron los solos instrumentales de Richard (Egües), Chapo (Félix Chappottin), Juan Pablo (Torres) y El Niño (Rivera)”.

La parte cubana designó al prestigioso compositor, productor y director orquestal Tony Taño como director de la grabación y a Adalberto Jiménez, como ingeniero. Los músicos norteamericanos fueron hospedados en la zona turística de la entonces muy popular playa El Mégano, a escasa media hora de La Habana en auto. A pesar de las circunstancias que por aquellos años rodeaban a los vínculos entre cubanos y norteamericanos, los músicos de las dos orillas compartieron y disfrutaron de la música y el conocimiento mutuos.

Sonny Bravo desgrana sus recuerdos sobre Niño Rivera a cuarenta y seis años de aquellas grabaciones: “El Niño apareció en la tercera semana. Cuando le puse la partitura en el atril y le dije que sólo tenía que improvisar en el estribillo, me dijo que no, que él quería tocar el arreglo completo. ¡Y así lo hizo! De todos los íconos de nuestra música que participaron en nuestra grabación, incluyendo a Egües, Chapo, Barretico, Tata, Juan Pablo, Bacallao y Changuito, el que más recuerdo desde mi juventud es al Niño Rivera. Cuando Arsenio estaba en su apogeo a mí me agradaba más el estilo del Niño. Y yo fui criado oyendo el tres y la guitarra las veinticuatro horas los siete días de la semana”.

El proceso de masterización transcurrió en Nueva York, bajo el cuidado de Bob Ludwig. Fueron posibles el viaje y la grabación, lo que no era posible era que mediara un pago por los servicios prestados por EGREM. La solución para esto fue una consola de grabación. Así lo contó John Rodríguez Jr. a José Arteaga: “Se hizo un contrato porque no pudo haber intercambio de billetes: Fania nos pagó a los músicos como si estuviéramos en New York, y a la EGREM de Cuba en pago, se le mandó, vía Europa un equipo de sonido, una consola de 16 canales, porque el estudio de Cuba era anticuado, ellos estaban viviendo en los 50 todavía, con los equipos que había grabado la Aragón y otros. Jerry (Masucci), que tenía esas relaciones, lo pudo armar todo para que llegara.”

Cuando se hicieron las grabaciones, el cantante principal de la Típica 73 era José Alberto 'El Canario' en una formación que sumaba a Sonny Bravo, en el piano; Alfredo de la Fe, violín; René López, trompeta líder ; Lionel Sánchez, trompeta; Rubén 'Cachete' Maldonado, en las tumbadoras y los batá; Nicky Marrero, timbales; Dick 'Taco' Meza, saxo tenor; Dave Pérez, bajo; Mario Rivera, saxos soprano y barítono y John Rodríguez Jr., bongó.

Como era un intercambio musical, como invitados participaron quizás los músicos más legendarios en sus respectivos instrumentos que en ese momento vivían en Cuba: Guillermo Barreto en los timbales; Félix Chappottin en la trompeta; Richard Egües en la flauta; Arístides Soto (Tata Güines), en las tumbadoras; Juan Pablo Torres, trombón; Raúl Cárdenas 'El Yulo' , José Luis Quintana 'Changuito' y Eddie Pérez en la percusión. En los coros, Felo Bacallao, el cantante y bailarín de la Orquesta Aragón. Y por supuesto, en el tres, Niño Rivera, quien hace valer su estirpe en el solo registrado en el tema Un pedacito, de Sabino Peñalver.

Así resumió Johnny Rodríguez Jr. aquella experiencia inolvidable: “Estuvimos diez días, que era lo que duraba el paquete turístico por el que fuimos por Air Canadá, por conexiones pudimos tocar gratis en el Tropicana, en el salón ese que tiene techo. También en el Salón Mambí, donde bailaba el pueblo, ahí se vacila, fue un great time. Nos aceptaron porque el grupo era muy cubano. Conocí a todos mis ídolos, a los maestros Chappotín, Niño Rivera, Bacallao, Changuito, Tata Güines, Barreto, a todos. Y yo en el medio del salón, dirigiendo a esos monstruos. Le decía a Sonny (Bravo): ¡Estoy soñando! No puede ser. ¡Dirigiendo a toda esta gente que son mis ídolos desde niño! ¡Un sueño hecho realidad!”.

El LP se tituló En Cuba- Intercambio Cultural de la Típica 73 y fue publicado incialmente por el sello Inca, subsidiario de Fania, y luego por la propia Fania Records en 1979 con referencia JM 00542. Sería distribuido en cualquier lugar del mundo, menos en Cuba. Tuvo reediciones, al menos, en España, Venezuela, Japón y Estados Unidos.

Si este libro recoge los recuerdos emocionados de los músicos newyorricans Sonny Bravo y Johnny Rodríguez Jr cuatro décadas después de aquellas históricas grabaciones, es para demostrar cuán profundo había calado la música popular cubana en ellos y de qué modo había quedado intacta la idolatría por sus más virtuosos exponentes, que habían permanecido en Cuba y no habían emigrado, tras el triunfo de la Revolución de 1959.

El paso del tiempo que marcó la diáspora y la desconexión entre los músicos hizo que nombres como el de Niño Rivera se fueran convirtiendo cada vez más en mitos vivientes y reverenciados por quienes desde lejos continuaban haciendo música cubana, no importa si eran cubanos, puertorriqueños o de otras nacionalidades. Las obras más populares y valiosas de muchos de los músicos que permanecieron en Cuba, Niño Rivera entre ellos, no dejaron nunca de grabarse y difundirse en las comunidades latinas de Estados Unidos, y otros países.

El viaje a Cuba de la Típica 73, sus grabaciones y actuaciones en La Habana fueron el preludio del fin de la orquesta neoyorquina, que a su regreso tuvo que lidiar, para su sorpresa, con las acciones hostiles de una parte influyente de la comunidad cubana residente en Estados Unidos y enfrentada al gobierno revolucionario, que condenaron ese viaje y ese intercambio cultural. “Ese viaje a mi tierra ancestral ¡me costó la orquesta! Poco a poco se cerraron todas las puertas. Jamás volvimos a tocar en Miami, en Union City, New Jersey o en el Club Círculo Cubano. Pero si tuviera que hacerlo de nuevo, ¡lo haría mil veces! Aquellas tres semanas llenas de memorias ¡no las cambio por nada”, dijo Sonny Bravo.

Rosa Marquetti Torres
Texto y foto de Niño Rivera tomados de On Cuba News, 1 de abril de 2019.

lunes, 6 de mayo de 2019

Príncipe Charles en Cuba: entre el folclor y la política



Mojitos, guarapo, croquetas de frijoles negros, música, baile, bromas. Charles tuvo de todo un poco en su primera visita a Cuba. El príncipe británico no pudo haberse mostrado más relajado, divertido y afable. Los cuatro días que pasó en la isla, junto su esposa Camilla, la duquesa de Cornwall, tuvieron más tintes de un viaje romántico o de placer que una visita de Estado.

La pareja real parece haber sucumbido a los encantos de su gente. Al igual que los turistas que pasean por la parte hermosa la Habana Vieja, llena de colores y música, el heredero de la corona británica y su esposa solo percibieron la imagen folclórica de una ciudad que solo existe en los folletos de compañías turísticas que venden a la isla como destino para vacacionar, o en los programas del gobierno comunista para visitantes de alto rango.

Charles y Camilla se perdieron la otra parte de Cuba, la más representativa, la verdadera, la de los avatares de su población. Hubiese sido muy revelador para Charles salirse de la agenda pactada y el protocolo y caminar un poco más allá de lo que se ha denominado el Casco Histórico de La Habana, que no es más que esa zona de la capital que ha sido restaurada manteniendo sus características centenarias y originales, y una de las razones por las cuales es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No tenía que moverse tan lejos, hacia los destartalados barrios del Cerro o Diez de Octubre. Con solo salirse un poco del diámetro del recorrido propuesto por el gobierno, en el mismo corazón de la Habana Vieja, Charles hubiese podido palpar la miseria en la que viven la mayoría de los habaneros, en solares al borde del derrumbe y edificios declarados inhabitables, ahogados por la basura, el hambre, la insalubridad, la desesperanza y donde la mayoría de los vecinos no se pueden dar el lujo de fumarse un Habano, que tanto disfrutan los británicos en la terraza del Hotel Nacional o al otro lado del Atlántico. En lugar de mojitos, piña colada, ron Havana Club o agua ardiente, no les queda más opción que beber 'alcohol de bodega'.

Puede que Charles haya escuchado o leído sobre las calamidades de los cubanos de a pie, pero él no fue a Cuba a expresar ningún tipo de empatía con esta situación. Tampoco fue a abrazarse con Miguel Díaz-Canel o a encontrarse con amigos dentro de la teocracia cubana. Ni la familia real ni el gobierno del Reino Unido, los que le pidieron incluir a Cuba en el itinerario caribeño, comparten los principios del comunismo. Pero cuando se trata de explorar mercados y nuevas oportunidades de negocios, la realeza y los gobernantes británicos suelen hacerse de la vista gorda e ignorar la crítica situación de los derechos humanos.

Por eso nunca estuvo en los planes de sus altezas reunirse con grupos disidentes. Tampoco un encuentro con Raúl Castro, el máximo jefe del Partido Comunista que antes de pasarle el poder a Díaz-Canel se cercioró de que los puestos claves de la política y la economía sigan ocupados por círculos cercanos a él. Una reunión con Raúl hubiese sido demasiado para Charles, quien en su misión exploratoria, además de mostrarse abierto y relajado ante las autoridades locales, tiene que cuidar su imagen ante los ojos de los aliados que han seguido esta visita con recelo y suspicacia. El coqueteo es aceptable, pero tiene límites: de ser cruzados, podría irritar e incomodar al histórico aliado Estados Unidos, no importa cuán independiente ha sido la política de Londres hacia La Habana con respecto a Washington.

El Reino Unido ve potencialidades de incrementar sus negocios y reforzar su relación económica con Cuba. Probablemente Cuba tuvo para los visitantes la mayor importancia dentro de su periplo por el Caribe, si juzgamos por el tiempo gastado en la isla -cuatro días- que fue mayor que las estadías en los otros países en una gira que duró trece días. Entre los destinos seleccionados, Cuba es el único país que no pertenece a los territorios de ultramar de la Commonwealth, donde la reina Isabel II -madre de Charles- es regente.

Una nota que pone en evidencia a la Secretaría de Relaciones Británicas del Reino Unido detrás de las bambalinas del periplo real fue el envío del ministro británico de la Commonwealth, Lord Ahmad, a La Habana, con el objetivo de acompañar a Charles y representar al gobierno británico, evidenciando la importancia que Londres concedió a la visita. En un periodo de apenas cinco meses, Charles ha sostenido dos encuentros con Díaz-Canel. El primero tuvo lugar en Clarence House -residencia oficial del príncipe en Londres- en noviembre de 2018, cuando el presidente cubano hizo escala en la capital británica en su regreso a La Habana después de una gira que lo llevó a Rusia, China, Viet Nam, Laos y Corea del Norte, enemigos de diferente rango para Occidente.

Entonces trascendieron a la prensa británica los rumores de la visita que Charles planeaba hacer a Cuba, lo que quedó confirmado dos meses después con una declaración oficial de Clarence House ofreciendo la fecha del viaje y algunos detalles de lo que Charles y su esposa planeaban hacer en la isla. Si el encuentro de noviembre tuvo como objetivo discutir una fecha y preparativos, no era necesario que Díaz-Canel y Charles se vieran las caras y se estrecharan manos en Clarence House, al ser asuntos que los organizadores podían haber discutido. Pero al parecer, hubo un interés diplomático por parte de Londres, de transmitir confianza y cordialidad al gobernante cubano.

Más allá de las bromas gastadas en su recorrido por las callejuelas del centro histórico de La Habana, o de sus comentarios sobre el mojito y algunas recetas de la cocina cubana, y de las visitas al Centro de Inmunología Molecular e instituciones culturales, la ofrenda floral a José Martí, o el recibimiento oficial ofrecido por Díaz-Canel, nada trascendió sobre lo que en concreto fue a buscar Charles a Cuba. El gobierno cubano no ha dicho nada al respecto. El Ministerio de Relaciones Exteriores no publico una sola nota en su sitio web sobre la estancia de Charles en la isla, más allá de un escueto despacho anunciando la llegada la llegada del príncipe y su esposa.

Los dos periódicos de circulación nacional, Granma -órgano oficial del Partido Comunista de Cuba-, y Juventud Rebelde -vocero de la Unión de Jóvenes Comunistas-, solo publicaron breves y frías notas, desconociendo la importancia del acontecimiento, de acuerdo con las instrucciones del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista -censor y controlador de los medios en la isla- de no darle realce a los visitantes y la debida connotación a los hechos, como si las casas reales europeas fueran dadas a aceptar invitaciones oficiales de gobiernos comunistas.

Tampoco Clarence House u otra fuente oficial real británica se ha pronunciado sobre los propósitos de este viaje, a no ser la verborrea diplomática de resaltar los “vínculos culturales e históricos”, como si ello ameritara el envío de príncipes por cuatro días a un país en el que ningún primer ministro británico ha puesto sus pies. Habrá que esperar para ver qué tipo de resultados puede dar la visita de Charles a Cuba.

Aunque este viaje parece haber carecido de un carácter político -al menos públicamente, aún no sabemos lo que Charles le dijo a Díaz-Canel durante su encuentro privado-, y haber estado enfocado en lo comercial y financiero, el inmovilismo del régimen, al no querer emprender una sincera y verdadera apertura política y económica es la principal causa que ha frenado el desarrollo del país, así como la posibilidad de favorecerse al máximo de las propuestas de inversión y cooperación que vienen desde el exterior.

Despues de esta visita, es presumible que se darán otros pasos para acercarse más a Cuba, tal y como ha empujado la llamada Iniciativa Cuba, que reúne a un gran grupo de empresas que abogan por mayores vínculos con La Habana. No se descarta entonces la futura visita de algún alto ministro del gobierno británico.

Ya en 2016, Philip Hammond, entonces secretario de Relaciones Exteriores, se convirtió en el primer canciller británico en visitar Cuba desde 1958. El titular llegó a La Habana pisándole los talones a Barack Obama, apenas un mes después que el entonces presidente de Estados Unidos, decidiera ir a La Habana para recomponer las relaciones bilaterales congeladas desde 1959.

Actualmente, Hammond es la segunda figura del gobierno británico. Quizás debiera darse de nuevo una vuelta por Cuba y comprobar que el gobierno comunista no ha cambiado para nada su terca y arbitraria postura, que la denominada apertura económica no avanza porque no hay una verdadera voluntad política, y que el tema de los derechos humanos, asunto tratado entonces con el canciller Bruno Rodríguez, sigue en la misma situación crítica. Y puede que se cuestione que aún así, decidimos mandarle a un príncipe.

Jorge González
Café Fuerte, 31 de marzo de 2019.
Foto: El príncipe Charles y la duquesa Camilla prueban el mojito que aprendieron a preparar en un bar habanero. Tomada de Daily Mail.

lunes, 29 de abril de 2019

Maikol, de la cuna al tambor


¿A qué edad pusiste por primera vez las manos sobre el cuero que te hizo famoso?, pregunta la abuela. “Desde que nací me gustó la percusión”, responde el nieto

Así juega a ser un músico famoso Maikol Pentón González, de 5 años. Involucra a su abuela Noemí, quien debe fingir ser la conductora que lo entrevista en un programa televisivo de fama internacional.

El despegue de Maikol en la percusión comenzó cuando solo tenía 2 años. Sin que ninguno de sus familiares se lo propusiera, el niño envió el primer mensaje de lo que quería ser cuando comenzó a golpear los juguetes con las baquetas improvisadas con lápices.

Actualmente Maikol pertenece a un grupo musical infantil de su escuela nombrado Los Kini-Kini, donde su conocimiento empírico inyecta la base rítmica de la música cubana con los tambores.

Es justo señalar que el pequeño musico nació cerca del sonido de los tambores de su tía, la percusionista Ivett González Kessel, que desarrolla su carrera artística en la conocida agrupación musical Canela.

Ivett asegura no haber inculcado el talento que bendice a su sobrino, a quien muchos en el barrio consideran una revelación similar a la de Miguel 'Angá' Díaz, una leyenda de la percusión en Cuba. “A medida que ha pasado el tiempo se ve el progreso de Maikol. Tiene una pegada muy buena”, dice Ivett en su valoración como músico profesional.

La limpieza del golpe y la técnica utilizada por el niño al pegarle a los tambores salen de los conciertos que le gusta ver al pequeño. Entre sus preferidos, un espectáculo del percusionista puertorriqueño Giovanni Hidalgo, un entretenimiento más atractivo que cualquier dibujo animado o video juego que le propongan sus amiguitos.

En su corto tiempo de vida, el pequeño domina casi todos los instrumentos de percusión, como el güiro, las maracas y el bongó. Los que faltan deben su ausencia a la economía de la familia, que no puede pagar 100 cuc (86 dólares) por unos tambores batá. Eso no desanima a Maikol, que utiliza el deseo como un sueño infantil, siempre alcanzable, de poseerlos sobre un atril para iniciar el reto de someterlos. “No hemos tenido posibilidad de comprarle unos tambores batá, pero le gusta la batería que arma con cubitos, todo lo que suene; coge un par de lápices y ésa es su batería, su obsesión”.

Al cumplir los dos años, la aptitud musical de Maikol fue valorada por varios maestros de la música como Eduardo Córdova, el llamado Rey del Tambor, y Federico Arístides Soto Alejo (Tata Güines). Todos estimaron que la corta edad provocaba la falta de atención, que conspiraba contra la instrucción de su habilidad. Tres años después, el apasionado gusto del niño por la música lo concentra tanto en su objetivo que ha llegado a convertir su alegría en improvisaciones musicales.

“Hace poco llegamos de la ciudad de Bayamo, y le gustó tanto estar allá que improvisó una canción con los tambores”, cuenta Ivett, quien asegura que la principal fuerza del talento de su sobrino, está en la pasión que siente por la música.

Augusto César San Martín y Rudy Cabrera
Cubanet, 26 de febrero de 2019.
Leer también: Carlos Mario, un niño colombiano que ama la música cubana.

lunes, 22 de abril de 2019

Los olvidados Hermanos Rigual


El Trío Hermanos Rigual fue fundado en 1941 en La Habana por los hermanos Carlos, Mario y Pedro Rigual Rodríguez. Ellos no eran habaneros: eran banenses, pues vinieron al mundo en Banes, hoy uno de los 14 municipios de la actual provincia de Holguín (y no erróneamente como en algunos sitios se dice, que eran naturales de Guantánamo). Los Rigual tuvieron la dicha de haber nacido y haberse educado en el seno de una de las más importantes familias de músicos de la antigua provincia de Oriente. Sus primeras lecciones musicales la recibieron de su madre, Juana Rodríguez, después del guitarrista y pedagogo Vicente González Rubiera (Guyún).

Además de Santiago de Cuba, cuna del bolero y del son, en otras ciudades, zonas rurales y pequeños poblados orientales, surgieron figuras de gran prestigio internacional, como fue el caso de los Hermanos Rigual y de sus primos Pedro Jústiz Rodríguez (Peruchín) y Absalón Pérez, relevantes pianistas y directores de orquesta quienes realizaron significativos aportes a la música cubana y también eran oriundos de Banes.

El mayor de los tres, Pedro, nació el 29 de junio de 1918. Le seguía Carlos, el 4 de noviembre de 1920 y Mario, el menor, el 19 de noviembre de 1922. Desde pequeño, a Pedro le decían Pituco y con ese apodo se quedó (en internet aparece con k, pero lo he puesto con c porque dudo que en los albores del siglo XX en Cuba la k, como la y, fueran tan usadas como ahora). Sus abuelos maternos, Emilio Rodríguez y Juana Pérez, fueron dos talentosos músicos de Gibara que se radicaron en Banes a finales del siglo XIX y allí fundaron orquestas, bandas y academias en las cuales se formaron varias generaciones de instrumentistas, como Absalón Pérez, que en 1934 viajó a México con la orquesta de la compañía lírica de Ernesto Lecuona, llegó a ser pianista de Toña La Negra y Pedro Vargas y se convirtió en director de una de las más populares orquestas de la capital mexicana. Fue precisamente Absalón, primo de los Rigual, uno de los que influyó para que los tres hermanos se establecieran en ese país en la década de 1950.

En 1925, Ángel Rigual consigue un empleo en el Ministerio de Hacienda y se traslada a La Habana con su esposa Juana y sus hijos Pituco, Carlos y Mario. Aunque ninguno de los tres había cumplido los diez años, en la capital recibieron la influencia de los tríos trovadorescos, de moda en ese momento, igual que las canciones mexicanas y los grupos vocales estadounidenses. En 1940 comenzaron a acoplar sus voces en audaces armonías y pronto, gracias a la radio, fueron escuchados en otros países. En octubre de 1941 el Trío Hermanos Rigual debuta en Regalías El Cuño, uno de los programas estelares de CMQ-Radio. Dos años después, centralizaban los espacios radiales Canciones Internacionales, en la emisora Mil Diez, y La Hora Alegre, de la emisora RHC Cadena Azul. En 1945 con la orquesta de Arcaño y sus Maravillas graban el danzón Cubanita.

El debut internacional de los Rigual se produjo en California, Estados Unidos, pero sin gran repercusión. Muy diferente a lo sucedido en México. Según la revista Bohemia del 9 de noviembre de 1947, un empresario azteca los oyó y los contrató para inaugurar el Teatro Río de la capital mexicana.

México se convertiría en su segunda patria y llegaron a ser el primer trío en recorrer el circuito completo del mundo del espectáculo, al triunfar en radio, discos, cabaret y cine, como en esta escena de una película mexicana, donde los Rigual interpretan Fidelidad, mientras una jovencísima Olga Guillot observa desde la barra. Los primeros discos grabados por los Rigual contenían boleros cubanos y su participación en filmes como Ahí vienen los Mendoza y La Venus de Fuego, en los que alternaron con artistas de la talla de Pedro Vargas y Avelina Landín, entre otros, cimentaron su prestigio en el continente americano.

Al retornar a Cuba tras su primera gira por México, la revista Bohemia del 16 de mayo de 1948, publicaba una amplia información sobre su nuevo contrato en la CBS norteamericana. De sus triunfos en México resaltaba su estilo único y una grabación del bolero Qué te parece, del maestro Julio Gutiérrez, que llegó a encabezar el hit parade mexicano. Incluía una foto de una de las actuaciones de los Hermanos Rigual con sus guitarras, trajes estrafalarios y ojos saltones junto a Agustín Lara y su orquesta del Teatro Follies.

Al igual que Rosita Fornés, Benny Moré, Pérez Prado y otros artistas cubanos, en poco tiempo, los Rigual cimentaron un alto prestigio. En Cuba, llegaron a desplazar a tríos de corte tradicional, como el de Servando Díaz, y ocuparon el primer lugar en las famosas encuestas de la Asociación de la Crónica Radial e Impresa, que en 1948 y 1950 los eligió como mejor conjunto vocal. Esos tres años fueron de intenso bregar artístico en Cuba y en el extranjero. Se presentaron a lo largo de la isla y también en Banes, donde vivía parte de su familia. Periódicos locales como El Pueblo se hicieron eco de esas actuaciones, de los estrenos de sus películas y otros éxitos de su carrera.

Antes de concluir la década de 1940, los Rigual se habían presentado en importantes escenarios de Estados Unidos, Panamá y Colombia, entre otras naciones donde sus discos competían por los primeros lugares con el trío mexicano Los Panchos, el gran rival que siempre tuvieron los Hermanos Rigual. Pero a diferencia de aquéllos, los banenses impusieron un estilo moderno que incluía guitarras y maracas, efectos sonoros originales, se acompañaba de grandes orquestas y se movían y bailaban según lo que cantaran. Por su complejidad vocal-instrumental tuvieron muchos seguidores, pero no tantos como Los Panchos, quienes se convirtieron en arquetipo de modelo acústico tradicional, mientras el cubano lo fue como trío moderno. De ahí que la publicidad en cada una de sus presentaciones a raíz de su apoteósico triunfo en México subrayaba que era “el mejor trío armónico de América”.

Otra de las peculiaridades de los Rigual fue su asimilación de los recursos del filin. En su libro El jazz en Cuba, el musicólogo Leonardo Acosta afirma que fue el único trío vinculado directamente al filin, los primeros que grabaron y contribuyeron a popularizar internacionalmente canciones como Hasta mañana vida mía, de Rosendo Ruiz, Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz y Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, entre otros creadores. Y sin dejar de incluir sones, guarachas y números afrocubanos en su repertorio.

En la década de 1950, el Trío Hermanos Rigual siguió manteniendo al bolero como centro, pero con el auge del cha cha chá, género creado por Enrique Jorrín, en sus frecuentes giras por América y Europa, hicieron variantes del bolero-cha. En esa línea se destacan Te adoraré más y más, de la autoría de Pituco, y la versión de Vereda tropical que el maestro Rafael de Paz realizara del antológico bolero de Gonzalo Curiel. En 1954, esas dos piezas los Rigual se las entregaron en La Habana a Tito Gómez, que las grabó con la Orquesta Riverside y tuvo una extraordinaria acogida.

A partir de 1954, los Rigual comenzaron a dar a conocer su faceta autoral. El primero fue Pituco, quien en binomio con el cubano Mario Álvarez compuso la canción Mi nave, interpretada por Pedro Infante en la cinta El rayo justiciero. Posteriormente fueron contratados para participar en películas como Cucurrucú paloma y Despedida de casada. En un filme mexicano, acompañan a Fernando Martínez, el crooner de México.

Su apretada agenda artística en México no les impidió hacer presentaciones y giras junto a otros artistas y orquestas, entre ellos los cubanos Chico O'Farrill y Mario Bauzá y el italiano Ennio Morricone. O producir el disco La Guayabita con Avelino Muñoz, pianista y organista panameño. Tampoco seguir dando a conocer boleros de su autoría, que lograron gran popularidad en las voces de Nelson Pinedo, Panchito Riset y Luis García, entre otros. En esta película, el chileno Antonio Prieto canta Eres mi locura, bolero de Pituco que los tres hermanos acompañan con sus guitarras. De esa época son Trompo de juguete, Yo soy tu amigo y Especialmente para ti.

Carlos, por su parte, lanzó éxitos como Tengo una esperancita, El pollo de Carlitos y un cha cha chá estrenado en el filme Sube y baja (1958), protagonizado por Cantinflas. Se titula Corazón de melón y lo interpretaron las cinco Hermanas Benítez:


Sesenta años después, Corazón de melón, en la versión de Pérez Prado y su Orquesta, formaría parte de la banda sonora de Roma, premiada cinta del mexicano Alfonso Cuarón, que en la gala de los Oscar 2019 ganó tres premios: Mejor fotografía, Mejor director y Mejor película extranjera.

Los Rigual siguieron dando conocer a composiciones propias en sus actuaciones en Argentina, Venezuela, Canadá, Portugal y España, donde compartieron escenarios con Josephine Baker, Ernesto Lecuona, Eddy Duchin, Ezzio Pinza y Xavier Cugat, entre otros. A inicios de los 60, los aires renovadores que vivía la música popular en todo el mundo no les fueron ajenos a los tres hermanos. En 1961, Carlos y Mario concibieron Cuando calienta el sol, pieza que representa la transición del bolero a la balada, aunque en Cuba y otros países se cantó como bolero por infinidad de solistas, tríos y agrupaciones musicales. Junto a Llorando me dormí, del puertorriqueño Bobby Capó, Cuando calienta el sol está considerada una de las dos primeras baladas-rock latinoamericanas.

A mediados de la década de 1960, Cuando calienta el sol ya se había convertido en un hit universal. Los Hermanos Rigual la interpretaron en Nueva York, Londres, París, El Cairo, Roma, Venecia, Trípoli... Grabaron discos en inglés e italiano y se convirtieron en los primeros artistas de América que en Italia actuaron en el Festival de la Canción de San Remo, en 1964, interpretando en italiano Sole sole, de Zanin-Cascadei. En uno de sus discos, los Rigual incluyeron Sole sole en español. En el LP titulado Las Guitarras de los Hermanos Rigual se pueden escuchar versiones instrumentales de Historia de un amor, Colina Rosa, Tiernamente (Tenderly), Caminito, Ramona, Siempre (Always), Yo te quiero mucho, Currucucú paloma, Malagueña, La paloma, Anita y Cuando calienta el sol.

A propósito de Cuando calienta el sol en El Nuevo Diario de Nicaragua se publicó la siguiente nota:

"Un famosísimo trío cubano conformado por tres hermanos de apellido Rigual, hace más de cincuenta años consiguieron un éxito que los lanzó al estrellato, la fama y al reconocimiento universal, abriéndole todas las puertas del mundo artístico. El tema que les trajo tan grande fama es el que se titula Cuando calienta el sol.Sin embargo, como siempre ocurre, la maledicencia o la envidia tejió conjeturas que todavía no se han podido destejer. Se dice que la pieza musical no es de ninguno de los integrantes del trío, sino de un modesto compositor nicaragüense de nombre Rafael Gastón Pérez,, quien en una noche de copas vendió la canción por una irrisoria e irritante suma y, dicen, que quien la adquirió se la vendió a los Hermanos Rigual. Estos pusieron la música y cambiaron algunas estrofas y la canción, que originalmente se llamaba Cuando calienta el sol aquí en Masachapa, el pueblo de donde es oriundo Rafael Gastón Pérez, se convirtió en Cuando calienta el sol. No hay prueba ninguna para la inculpación a los Rigual, aunque los maledicentes dicen que sí y nombran a un testigo de excepción, don Lucho Gatica. Este último, dicen, en una oportunidad le entregó dinero a la viuda de Gastón Pérez, asegurándole que era para compensarla por el tantísimo dinero que la canción produjo a quienes no la habían compuesto".

En Wikipedia se afirma que "otra composición importante, con una polémica historia, es la que realizara Gastón Pérez en una playa del Pacífico nicaragüense, la cual tituló Cuando calienta el sol en Masachapa y que vendió por unos pocos córdobas. Posteriormente, apareció grabada por los Hermanos Rigual con el título Cuando calienta el sol, constituyendo el mayor éxito internacional del trío cubano. Sin embargo, no se reconoció la autoría del compositor nicaragüense". La polémica sigue servida.

En 1980, el Trío Hermanos Rigual recibió en Estados Unidos un trofeo de la Broadcast Music Inc al arribar Cuando calienta el sol al millón de ejecuciones en radiodifusoras estadounidenses. Se calcula en más de mil las versiones de esta pieza, entre ellas la de Nancy Sinatra, Luis Miguel y Gente de Zona. Después del éxito mundial de Cuando calienta el sol, los Rigual siguieron cantando números suyos y de otros autores. Pero en 1994, cuando Carlos murió en México, Mario y Pituco decidieron abandonar definitivamente los escenarios. Entre sus últimas composiciones más versionadas se encuentra el bolero de Pituco, Camino del puente, popular en Cuba en la voz de Vicentico Valdés, los sones Mulata a go go y Maní tostao y la guaracha Muñeca viajera.

Otros hits de los Hermanos Rigual fueron María Isabel, que en los 60 se escuchaba en la radio cubana por Los Payos, pero no por José Feliciano, entonces censurado en la Isla. Piel canela también fue un número muy conocido y entre otros lo han cantado Bobby Capó y la Sonora Matancera, Los Panchos, Natalia Lafourcade y Tin Tan. El pollo de Carlitos, de Carlos Rigual, formó parte del repertorio de las Hermanas Benítez, del boricua Tito Rodríguez y su Orquesta y de la Orquesta Hermanos Castro, no emparentados con los Castro de Birán.

Se sabe que en 1994, a los 74 años, Carlos Rigual Rodríguez murió en México. Pero se desconoce si los otros dos hermanos se quedaron viviendo en México, en otro país o regresaron a Cuba, a La Habana o a su Banes natal. Pedro (Pituco), el mayor de los tres, nacido en 1918, debe haber fallecido y Mario, de vivir, rondaría los 97 años. Lamentablemente, por realizar en el exterior la mayor parte de su carrera artística, la historiografía musical cubana, no ha justipreciado los extraordinarios aportes a la evolución e internacionalización del formato al que se mantuvieron fieles durante toda su vida: el trío.

Forjados en la tradición de una modesta e insoslayable familia de músicos holguineros, con su particular impronta, fueron grandes embajadores del bolero y la música cubana. Y lo seguirán siendo, porque algunas de sus composiciones son verdaderos clásicos que continuarán escuchando, cantando y bailando las nuevas generaciones en Cuba y el mundo. Un ejemplo de su vigencia es que Cuando calienta el sol, el número que los hizo famosos a nivel global (en la España de los 60 se convirtió en Canción del Verano), más de cinco décadas después, era incluida en el programa La mejor canción jamás cantada, de TVE, trasmitido el 22 de febrero de 2019:


Según Discogs, los Rigual grabaron 53 discos en distintos formatos y aparecieron en cinco compilaciones. Por lo menos en cuatro, grabados para la RCA Victor, contaron con el acompañamiento de Ennio Morricone y su orquesta. En 1963, el LP Los Hermanos Rigual con 12 piezas, y Blanca como paloma, un sencillo con La piú bella della spiaggia por una cara y Blanca como paloma por la otra. En 1964, un disco con cuatro números: Dondolano, Marcella, Cuando el cielo y la luna En una tarde de verano. También un sencillo con dos canciones interpretadas en italiano, Mezzanotte y Sole sole.

Entre los temas del Trío Hermanos Rigual, compuestos o interpretados por ellos, que en You Tube se pueden localizar se encuentran Cuando brilla la luna, Se acabaron los millonarios, La del vestido rojo, Ven, amorcito, ven, Caliente, caliente, Vuela, vuela mariposa, El chiqui-cha, Cansancio, Frenesí, Envidias, Hipócrita, Corazón de papel, De quién estás enamorado, Nace el amor, Una miradita, Besito en cha cha chá, Señora Doña Cibeles, Guitarra enamorada, Poinciana, Eres diferente, Noche maravillosa, Linda caleñita, Medianoche, Amapola, El león duerme esta noche, Mi último bolero, Juanita bonita, Alma adentro, Chamaca, Como amigos, Luna de Xelaju, Cielo eterno, Nube gris, Pobre gente de París, Caray caray, Cautivo de tus labios, Besos de cereza, Andalucía, Tu calle, Ansiándote, Ensalada de melón y pollo, Chinita, Ay de mí, El cantante del amor, Cierra los ojos, La chica que me vuelve loco, Un pollito asao. Silvia, Julia, María Elena, Zalamera, La perica, Rancho de tejas, Las mariposas, Cuando no sé de ti, Espérate tantito, Al fin sucedió, Cabecita loca, Mi gallo pinto, Café con leche, Una mañana gris, La vela, Soñar, Aquella nochecita, Y el mundo era mío, Cuando me pierdas, Verdad amarga, No te desesperes, Lo mucho que te quiero, Vamos a bailar, Que se mueran de envidia, Nadie comprende, Alguien cantó, Soy, Como un tatuaje, Si tu no estás te extrañaré, No por madrugar. Desdémona, El twist del tirabuzón, Tu alegría, Rosa rica, Nocturnal, Un secreto, Amor y rosas para ti, Flor del campo, Lamento borinquen, Mujer perjura, Enamorado y apasionado, Caminos diferentes, Que nadie sepa mi sufrir, Nada quedó, Perdónala señor, Aleluya, Canción de la paz y La vida es un sueño, de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso.

Tania Quintero, a partir de la biografía sobre los Hermanos Rigual, publicada por César Hidalgo en su blog Aldea Cotidiana, el 30 de noviembre de 2017. Hidalgo es locutor, guionista y director de programas de Radio Angulo de Holguín.

Leer también: Cuando calienta el sol.

lunes, 15 de abril de 2019

Santiago de Cuba: más hoteles, menos viviendas



De siete hectáreas y media es el espacio aproximado destinado a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, que pretende ser el primer centro turístico de esa categoría en Santiago de Cuba. El imponente y ambicioso inmueble, cuya construcción apenas ha comenzado, se ubica cerca del complejo teatral Heredia y a unos 500 metros de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, un espacio privilegiado dentro de la urbe santiaguera y localizado en un área bastante concurrida y céntrica.

Cuando se termine la obra, la edificación se unirá al Hotel Manzana Kempinski y al Hotel Grand Packard, ambos ubicados en La Habana, como las únicas instalaciones categoría 5 Estrellas Plus de la Isla.

El hotel santiaguero estará concebido a partir del concepto de arquitectura sustentable, así lo adelantó al diario Sierra Maestra el arquitecto Josué Pérez Acosta: “Usaremos las tecnologías más novedosas existentes en el planeta. En la fachada acristalada del hotel está previsto usar una tecnología denominada ‘muro cortina’, que tendría incluidos vidrios fotovoltaicos. Nuestra ambición será alcanzar que el inmueble sea capaz de generar el 25 o 30 por ciento de la energía total consumida, logrando así estar a la cabeza en materia medioambiental”.

Serán un total de 452 habitaciones de lujo distribuidas en dos torres de 72 y 58 metros, respectivamente, que asemejarán dos enormes y antiguos rollos fotográficos. Cubiertas verdes para ahorrar agua y pequeños generadores eólicos son otras de las peculiaridades que resaltan medios oficiales y sobre las cuales ya comienzan a circular imágenes y bocetos.

Mientras se planifica y se destinan cuantiosos recursos a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, Priscila Ferrer y su hermana Damaris residen en el peor de los escenarios, después que su vivienda fuera convertida en escombros tras el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba en 2012. Los escombros que quedaron tras la destrucción generada por Sandy, ahora son parte de sus improvisadas paredes y techos.

En esas circunstancias habitan las hermanas Ferrer y su familia de 22 miembros. “Nos acomodamos donde podemos, unos en el cuarto y los demás en la sala”, dice Priscila, mientras señala las camas rústicas en malas condiciones.



Siete años han pasado desde que el huracán obligó a los santiagueros a recomenzar de nuevo. Viven entre el dolor de ver sus casas convertidas en recuerdos y los temores de no saber a dónde ir, ni qué hacer. Damaris no olvida los momentos posteriores a la catástrofe de 2012 y dice que no fue fácil ver todo desbaratado, y lo peor, saber que no lo volverán a recuperar.

“¿Con qué nosotros vamos a levantar de nuevo nuestra casa, si ni siquiera nos alcanza para comer?. Sandy nos destruyó todo, ahora está en peligro de derrumbe y cuando llueve tenemos que sacarlo todo. El agua entra tanto por el techo, como por el piso, porque las aguas albañales de las fosas vecinas se meten en toda la casa. Así tenemos que estar viviendo, en un desguazo completo”, cuentan las hermanas Ferrer.

Con su madre enferma de 79 años de edad y niños pequeños conviviendo bajo el mismo techo, más por la desidia gubernamental que por el fenómeno atmosférico, a ellas, damnificadas desde hace siete años, ya no les quedan opciones. Los gobiernos municipal y provincial no han hecho nada, solo prometerles y pedirles que llenen planillas.

Mientras la familia Ferrer de 22 miembros, apenas sin espacio, acomoda sus pertenencias en improvisados armarios y compartimentos en el techo, sorteando las filtraciones y las paredes en peligro de derrumbe, Santiago de Cuba planifica el aumento del turismo, aunque según datos de la consultoría The Havana Consulting Group, en 2018 se registró una baja considerable de los visitantes a la Isla, por la inadecuada infraestructura, mal servicio y déficit del transporte terrestre y aéreo.

Pese a esa realidad, el sector turístico en Cuba continúa expandiéndose sin tener en cuenta que la mitad de las instalaciones hoteleras permanecen vacías.

En 2016, Priscila Ferrer viajó La Habana y entregó una carta en el Consejo de Estado, pidiendo ayuda. “Si el gobierno cubano no me ayuda entonces que permita que el presidente Barack Obama me ayude”, escribió la mujer en referencia al discurso que el expresidente de Estados Unidos pronunciara en el Gran Teatro de La Habana en marzo de 2016 y en el cual prometía ayudar al pueblo cubano.

Según Priscila, por haber dicho eso en esa carta, le acusaron de un supuesto delito de propagación de epidemias. “El gobierno me fabricó un delito porque los de la campaña antivectorial pasaron fumigando por un lugar donde nosotros no vivimos, en un terreno abandonado y me dijeron que yo estaba contribuyendo a la propagación de epidemias”.

Priscila Ferrer pasó alrededor de 24 horas detenida en espera de juicio. “Me tuvieron un día entero sin desayuno, sin almuerzo y sin comida, me trasladaron como una delincuente hasta el Palacio de Justicia, sin representación legal. Me pedían un año con internamiento, pero por tener dos hijos pequeños me redujeron la condena a 10 meses de prisión domiciliaria”..

Debido a la grave situación que las hermanas Ferrer han tenido que enfrentar en Santiago de Cuba, en mayo de 2018 protagonizaron una protesta en el concurrido Parque Céspedes, frente a la antigua sede del Poder Popular municipal. La protesta pacífica sólo duró pocos minutos, en imágenes difundidas por la Unión Patriótica de Cuba, rápidamente un hombre les retiró un cartel que decía Recibimos una prisión en vez de una solución. Derrumbe total de Sandy sin solución.


“Mi cuerpo no aguanta más, no sé qué hacer, tengo 48 años y parece que tengo 80. Necesitamos solución para nuestro caso. ¡Estaremos donde haya que estar, pero que nos solucionen ya!”, confiesa Priscila.

No obstante las penurias que sufren día a día muchos santiagueros, las autoridades siguen dándole de lado a la difícil situación de la vivienda en la llamada Ciudad Héroe, una problemática que se agudiza con el paso del tiempo.

Ell megaproyecto del Hotel 5 Estrellas Plus, a cargo de la Empresa de Proyectos No. 15, pretende culminar su construcción en 2010. La instalación estará destinada, principalmente, a hombres de negocios y turismo de congresos, ferias, convenciones y eventos, excluyendo una vez más al cubano de a pie.

Texto y fotos: Ezequiel Fuentes
Cubanet, 6 de marzo de 2019.
Leer también: En busca de turistas adinerados.

lunes, 8 de abril de 2019

La personalidad única de La Habana



En 2019, La Habana arriba a los cinco siglos de su fundación, y tan significativa efeméride seguramente va a ser celebrada con numerosas actividades. A lo largo de los meses que vienen, este cronista planea contribuir humildemente a los festejos por el cumplesiglos de nuestra capital. Y para no dejar esa faena para luego, la inicio con un homenaje en el cual se unen dos relevantes escritores, norteamericano uno, cubano el otro.

Hoy apenas se menciona y casi nadie recuerda ni mucho menos lee a Joseph Hergesheimer (Filadelfia, 1880-Sea Isle City, 1954). Sus obras se publican poco y los ejemplares de las ediciones originales que quedan acumulan polvo en los áticos y en los estantes de las librerías de segunda mano. Para la mayoría de sus compatriotas, solo es un hombre que “también escribió” en los años cuando emergieron autores como Ernest Hemingway, William Faulkner y Scott Fitzgerald. Pero hubo una etapa en la que Hergesheimer significaba mucho en su país. Literary Digest llegó a votarlo en 1922 como “el más importante escritor norteamericano” de ese momento, y en los círculos intelectuales de Europa también se le apreciaba.

Durante las dos primeras décadas del siglo pasado, en Estados Unidos gozaba de una gran popularidad, que venía dada tanto por sus novelas como por las adaptaciones cinematográficas que se hicieron de ellas. En una carta al editor Alfred A. Knopf, Hergesheimer le confesó que en sus mejores tiempos llegó a ganar cien mil dólares al año, principalmente por los cuentos y reportajes que escribía para revistas como Saturday Evening Post. Hollywood le pagó cifras extravagantes por los derechos, y entre 1923 y 1935 se filmaron ocho películas basadas en sus textos. Hergesheimer fue además traducido a varios idiomas, entre ellos al castellano.

Para los cubanos, sin embargo, Hergesheimer posee un interés particular, pues tuvo con Cuba una relación especial, a pesar de que viajó por varios países e incluso publicó sobre Alemania un libro titulado Berlín. Asimismo, una de sus novelas, Tampico, está ambientada en México. En otra de sus obras narrativas, la titulada The Bright Shawl (1922), que figura entre las llevadas al cine, Hergesheimer cuenta una historia de amor y lealtad que se desarrolla en nuestro país, durante la guerra de independencia. Y es autor de una obra inmerecidamente poco conocida, que Cabrera Infante no dudó en calificar como uno de los libros de viajes más hermosos que había leído.

Se titula San Cristóbal de La Habana y pienso que en su momento debió tener una buena acogida. Lo deduzco del hecho de que, a la primera edición, aparecida en 1920, se sumaron otras dos, en 1923 y 1927. La última, no obstante, difiere de las anteriores: en ella Hergesheimer incorporó un prefacio, así como dieciséis ilustraciones en blanco y negro tomadas del Álbum Pintoresco de la Isla de Cuba. Fragmentos de su libro figuran en dos antologías de la época: Modern American Prose (1934) y Journeys in Time (1946). Esta última edición del libro es la que yo tengo y leí. Sobre San Cristóbal de La Habana publiqué en 2007 en este mismo diario un artículo en dos partes.

Como allí apuntaba, en San Cristóbal de La Habana no hay ninguna referencia a la fecha de esa visita a la Isla. No obstante, pude averiguar que Hergesheimer viajó por primera vez en 1918. Volvió en 1922, para asistir al rodaje de la película The Bright Shawl. Realizó un tercer viaje en 1932, y aunque no se conocen más detalles, se sabe que en alguna de esas estancias estuvo también en Camagüey. Lamentaba yo entonces el hecho de que San Cristóbal de La Habana no se hubiera traducido a nuestro idioma. Está próximo a cumplir un siglo de publicado y aún continúa inaccesible para los lectores cubanos.

Es un ejemplo de la escasa atención que solemos prestarle a las obras que se ocupan de nosotros mismos, algo que, según Jorge Mañach, constituye un índice de lo poco desarrollada que está nuestra sensibilidad cultural. Se refería en particular a los libros escritos por extranjeros, que aportan “una perspectiva distinta, libre de las turbulencias y abultamientos excesivos de la mirada inmediata”. Y recomendaba que deberíamos ver, “en cada libro que nos analiza a distancia, una oportunidad que se nos ofrece de mejor conocimiento propio”.

En un artículo publicado en los años 20, el propio Mañach sugirió que él mismo podía asumir la faena de traducir el libro de Hergesheimer. Pero prácticamente hasta el final de su vida estuvo sometido a lo que él llamaba la esclavitud del diarismo. Incluso algunos libros suyos que tenía empezados no llegó a concluirlos. Pero en los años 50 le dedicó al escritor norteamericano un artículo en la revista Bohemia, donde incluyó la versión al castellano de un fragmento de San Cristóbal de La Habana. Aplicando aquello del diablo, un pelo, a continuación lo reproduzco.

La llegada a La Habana

“Hay ciertas ciudades que, extrañas a primera vista, terminan por estar más cerca de nuestro corazón que aquella misma en que vivimos. No estará de más advertir que la palabra hogar tiene un sentido mucho más ancho y profundo que el de nuestro marco geográfico y familiar. Muchos hombres son forasteros en casas construidas con las tradiciones de su propia sangre, y las regiones más inaccesibles y ariscas de la tierra se han visto muchas veces ávidamente buscadas por individuos a quienes no impulsaba ninguna presión exterior, sino una extraña necesidad de habitar alguna árida montaña de cobre, alguna costa febril, o de seguir hasta el fin de la vida un río perdido en salvaje lejanía, ocultando en tales parajes el secreto de su insaciable afán.

“No fue esto precisamente lo que me ocurrió a mí al acercarme a La Habana con la primera luz mañanera: no era nada tan dominante y absoluto. Y, sin embargo, al contemplar el plateado verdor de Cuba sobre el mar azul, tuve el presentimiento de que miraba algo que había de tener para mí una peculiar importancia. Me sentí de súbito poseso de una impaciente curiosidad por ver cómo la masa nebulosa y verduzca se resolvía en los detalles de las densas laderas, cuya fronda oscura se alzaba desde el mar hasta las cimas.

“Lo sombrío del follaje inmediatamente me diferenció aquella tierra de la región de brillantes arces a que estaba acostumbrado. Eran hojas oscuras, buidas, pesadas, de un efecto visual que muchas veces me había esforzado por describir, y su presencia en aquella franja de horizonte me llenó de placer. Fue exactamente como si las suaves y lustrosas colinas que veía en lontananza hubieran sido creadas por obra de algún viejo y misterioso deseo de realizarlas en palabras.

“Sin duda, lo que daba esa impresión era el mar, el cielo y la hora. Tan azul era la superficie del mar, que el viento rizaba con fuerza voluntariosa y contraria, que el color se perdía en la intensidad misma del tono, mientras los velos del espacio se resolvían en arcos de luz expansiva. Parecía la isla insólitamente sólida y aislada, como una flor en el aire, y saturada de poesía. Ese fue mi sentir inmediato de Cuba.

“A medida que surcábamos el agua, de añil profundo, ella misma cobraba profundidad, cargándose de esa tensión emocional que siempre me incitaba a escribir”.

España tocada por el trópico

“Estaba ya muy cerca la costa de Cuba. Podía ver, a ras del agua, la línea de edificios blancos, a esa distancia puramente clásicos en su acento. Fue entonces cuando tuve el primer presentimiento de la ciudad hacia la cual adelantaba suavemente. Había de hallar en ella el espíritu clásico, no de Grecia, sino de un período posterior; el de esas ciudades imaginarias pintadas o grabadas con opulencia de cornisas y recortadas contra el mar tranquilo. Percibía ya en torno a ella esa atmósfera irreal que presidía el Embarque a Citerea.

“Nada podía hacerme más feliz que eso. Era como si un sueño obsesionante se convirtiera en sólida realidad. Multiplicábanse los edificios, bañados de radiosa claridad, y de pronto, a la otra orilla, vi surgir el Castillo del Morro. Pequeño, compacto, sorprendentemente idéntico a sus numerosas fotografías, me defraudó un poco. Pero la angostura de la entrada del puerto, una vena azul que se extendía tortuosamente tierra adentro, la apretazón de barcos y casas y las anchas avenidas sombrías, me dieron enseguida la impresión de la personalidad única de La Habana.

“Nada, sin embargo, más cautivador que la larga muralla de piedra coralina de La Cabaña, descendiendo a pico a la izquierda. Maciza y tocada de manchas rosáceas, complementaba maravillosamente la seudoclásica blancura del lado opuesto. Por aquí, un malecón seguía la línea de la costa, partiendo de una plazuela embanderada, llena de sillas de hierro, en el centro de la cual se alzaba una minúscula glorieta. Había alrededor pequeños jardines bajo las palmas reales, y más allá las altas ventanas mostraban balcones vacíos al sol de la mañana. Oí entonces la voz de La Habana, un agudo y activo rumor -según había de comprobar después-, que a veces se adormecía para despertar después de nuevo por la noche con un estruendo diferente y no menos perturbador.

“Lo que trataba yo de descubrir cuando me llevaban velozmente a lo largo de anchas avenidas y calles estrechísimas como pasajes, era lo más peculiarmente característico de aquella ciudad que ya me había conquistado. Ignorante de los procesos instantáneos que forman las palabras, me decía a mí mismo que aquello era una especie de Pompeya romántica. Modificaba así mi primera impresión, acercándome más a la realidad, pues esa fórmula describía mejor la imagen total de aquellas fachadas, inadmisibles arquitectónicamente y, sin embargo, integradas en una sorprendente y placentera unidad. Nadie, me dije con entusiasmo, había sabido apreciar bien La Habana; hacía falta para ello una completa sensibilidad. No era helénica, no; no tenía la sencillez de un gran estilo; de una época genuina; La Habana era artificial, exótica: España tocada en todas partes por el trópico; el trópico sin tradición, hecho semblanza barroca”.

El viejo Inglaterra

“Tanto me cautivó, que durante el resto del día me fue indiferente lo que pudiera esperarme fuera. El vestíbulo profundo, con sus planos reflejos de luz atenuada y sus sirvientes vestidos de lino blanco; el patio, con su surtidor, sus arcos de irisados azulejos; el comedor de mármol, con las armas de Poncio Pilato en un panel; el bronceado lustre de las baldosas y las grandes ventanas, que daban al Parque exactamente como yo lo había esperado, producían la impresión de un extraño dominio. El corredor al que mi cuarto daba era todavía más seductor, con sus arcos de trenzada madera y, en un espacio octogonal, algunas sillas y plantas de hojas anchas. La elevada ventana era de impresionante dignidad; tenía dos juegos de persianas, y en lo alto de ella se abría un abanico de cristal de brillantes colores -carmín, naranja, púrpura, cobalto, amarillo. Era algo extraordinariamente vívido, como un montículo de fruta tropical. Dominaba durante el día la intimidad del corredor, y no solo desde su alto lugar, porque el sol, según se movía, iba proyectando una copia exacta del mediopunto en el piso, en las paredes… Podía uno sentarse allí indefinidamente, y quedarse contemplando fascinado, aquella violencia de color, que obligaba la mente a rendirse a sus sugerencias… También estas eran brillantes e ilógicas. Un cristal semejante, unos colores como aquellos, no se encontraban en los esquemas decorativos usuales. Yo solo recordaba insinuaciones parecidas en las casas del siglo XVIII, en ciertos conservatorios a guisa de pagodas, asociados a mis imágenes de la niñez. No es que hubiese ventanas como aquellas en Woodnest, tan sombrío bajo sus álamos; pero la impresión de lo uno suscitaba la emoción de lo otro, retrotrayendo mi espíritu, no sin perturbarlo, a las imágenes de una época lejana.

“Resultaba ser así La Habana como una parte auténtica de mi patrimonio. Sentí, allá en mis adentros, que no podía dejar de comprenderla, de reconocerla afectuosamente, con cierto sentimiento de familiaridad”.

La calle, la gente y el daiquirí

“Solo más tarde me decidí a asomarme al balcón. Al otro lado de la angosta hondura de San Rafael, la masa ornamental del Centro Gallego -sociedad y teatro a la vez-, formaba esquina contra el Parque Central. Hacia la derecha, por entre los reflejos de los escaparates comerciales, fluía una procesión de automóviles. Una gran columna del paseo se mostraba alegre de revistas; un limpiabotas, arrugado y activo, con un solo sillón en una alta tarima, limpiaba toda una hilera de zapatos blancos, evidentemente de huéspedes del hotel, y los vendedores de periódicos pregonaban La Política Cómica…

“Había mucha gente allá abajo, moviéndose con un aire resuelto. Los rostros de los hombres parecían más oscuros, por contraste con sus trajes de hilo; no podía verles las facciones. Pero lo que más me sorprendió enseguida fue que casi no había mujeres en la calle. Era una corriente masculina. Esto, al principio, me dio una impresión de monotonía y de estupidez, porque las mujeres son algo absolutamente esencial a la variedad de cualquier espectáculo, y allí no las había, fuera de algún vago grupo familiar que entraba aceleradamente en algún café.

“Pronto, sin embargo, comprendí, la razón. En espíritu, esto era todavía España, y España está saturada de Marruecos, tierra donde las mujeres, aun las más pobres, jamás se muestran en público. La Habana era una ciudad de balcones, de ventanas enrejadas, de casas impenetrables a la calle, abiertas solo a sus jardines y a sus patios. Pero de repente tuve -a pesar de la impresión primera- una intuición viva de la influencia penetrante de la mujer en La Habana. La reserva de su presencia la hacía aún más incitante que en los países donde todos los mercados las exhiben, unas veces como flores, otras como hortalizas… Aquí, en cambio, con refinada galantería, se miraba a las mujeres como criaturas peligrosas y siempre deseables y capaces de locura. Era una sociedad en que el sesgo de una camelia en el aire, el brillo de una mirada, el más leve movimiento de blonda sobre unos labios encendidos, no ocurría nunca en vano.

“Había llegado el momento del daiquirí. Sentado cerca del surtidor, donde una ligera brisa parecía agitar el mantón de bronce de la bailarina andaluza, me quedé absorto sobre la helada mezcla de ron y azúcar, con un rizo de verde lima. Era una composición delicada, no tan buena como la que había de descubrir después en el Hotel Telégrafo, pero ya una verdadera revelación. Me sentí contento de estar sentado a esa hora, en el Inglaterra, ante una bebida como aquella. Con divertido desasimiento recordé que allá en el Norte la Prohibición estaba en pleno vigor. Sin duda, el coctel sobre mi mesa era un agente peligroso, ya que contenía, en la copa de cristal, ligeramente escarchada de azúcar sin disolver, el poder de suscitar una desdeñosa indiferencia al destino, de liberar la mente de responsabilidades, el borrar, a la vez, la memoria y el mañana, dándole al corazón un sentimiento adventicio de superioridad y venciendo, por el momento, todos los consabidos, los eternos temores”.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 1 de marzo de 2019.
Foto: Hotel Inglaterra (https://es.wikipedia.org/wiki/Hotel_Inglaterra). Tomada de Cubaencuentro.
Leer también: Retrato de un país y una época.

lunes, 1 de abril de 2019

Para Mariana, que ya no está



El 2 de abril de 2018, cuatro días antes de cumplir 70 años, fallecía en Barcelona mi amiga Mariana Badell Yturriaga. A lo largo de diez años, el Alzheimer fue borrando todo lo que durante su vida había una mujer que no se limitó a profundizar en sus estudios de ingeniería química, si no que lo hizo también en economía, informática y tecnología. En vez de un video con alguna de sus canciones favoritas, decidí dedicarle las 38 predicciones que me envió Évora Tamayo, ex colega de la periodista Bohemia, hoy residente en Nueva Jersey. De Mariana haber estado buena y sana, se las hubiera reenviado a su correo electrónico. Con algunas predicciones hubiera estado de acuerdo, con otras no y no dudo que públicamente las hubiera rebatido.


38 predicciones que circulan por internet, de autoría desconocida:

1- Los talleres de reparación de automóviles desaparecerán.

2- El motor de gasolina/diésel tiene 20,000 piezas individuales. Un motor eléctrico tiene 20. Los automóviles eléctricos se venden con garantías de por vida y solo los reparan los concesionarios. Solo lleva diez minutos retirar y reemplazar un motor eléctrico.

3- Los motores eléctricos defectuosos no se reparan en el concesionario, pero se envían a un taller de reparación regional que los repara con robots.

4- La luz de mal funcionamiento de su motor eléctrico se enciende, por lo que conduce hasta lo que parece un lavado de autos, y su automóvil es remolcado mientras toma una taza de café y sale su automóvil con un nuevo motor eléctrico.

5- Las bombas de gasolina desaparecerán.

6- Las esquinas de las calles tendrán aparatos que dispensarán electricidad. Las empresas instalarán estaciones de recarga eléctrica; de hecho, ya han comenzado en el mundo desarrollado.

7- Los principales fabricantes de autos ya han designado dinero para comenzar a construir nuevas plantas que solo construyen autos eléctricos.

8- Las industrias del carbón desaparecerán, igual que las compañías de gasolina y petróleo. Las perforaciones de petróleo se detendrán. ¡Adiós a la OPEP. El Medio Oriente estará en problemas.

9- Las casas producirán y almacenarán más energía eléctrica durante el día y luego la utilizarán y venderán a la red, que la almacena y distribuye a las industrias que consumen mucha electricidad. ¿Alguien ha visto el techo de Tesla?

10- Los bebés solo verán autos personales en museos.

11- En 1998, Kodak tenía 170,000 empleados y vendió el 85% de todo el papel fotográfico en todo el mundo.

En tan solo unos años, su modelo de negocio desapareció y quebraron.

12- Lo que sucedió con Kodak y Polaroid ocurrirá en muchas industrias en los próximos cinco a diez años.

13- ¿Pensaste en 1998 que tres años después, nunca volverías a tomar fotos con un rollo? ¿quién tiene una cámara en estos días?

14- Con los teléfonos inteligentes, ¿quién tiene una cámara fotográfica en estos días? Las cámaras digitales se inventaron en 1975. Las primeras solo tenían 10.000 píxeles, pero seguían la ley de Moore. Así que, al igual que con todas las tecnologías exponenciales, fue una decepción por un tiempo, antes de que se volviera superior y se convirtiera en la corriente principal en solo unos pocos años.

15- Ahora volverá a suceder (pero mucho más rápido) con la inteligencia artificial, salud, automóviles autónomos y eléctricos, educación, impresión 3D, agricultura, empleos...

16- Olvida el libro Choque de futuro. ¡Bienvenido a la Cuarta Revolución Industrial!

17- El Software continuará penetrando la mayoría de las industrias tradicionales en los próximos cinco-diez años.

18- ¡Uber era solo una herramienta de software, no eran propietarios de ningún automóvil y ahora son la mayor compañía de taxis del mundo! Pregúntele a cualquier taxista si lo vio venir.

19- Airbnb es ahora la mayor compañía hotelera del mundo, pero no poseen ninguna propiedad. Los Hoteles Hilton no lo vieron venir.

20- Con la inteligencia artificial las computadoras se vuelven exponencialmente mejores para entender el mundo.

En 2019, diez años antes de lo esperado, una computadora venció al mejor jugador de Go-Player del mundo.

21- En Estados Unidos, a los abogados jóvenes les cuesta conseguir trabajo. Gracias a Watson de IBM, una persona puede obtener asesoramiento legal (hasta ahora, lo básico) en cuestión de segundos, con un 90% de precisión en comparación con el 70% de precisión cuando es realizado por humanos. Si piensas estudiar Derecho, piénsalo bien, porque en el futuro habrá un 90% menos de abogados. Solo quedarán especialistas eruditos.

22- Watson ya ayuda a los médicos a diagnosticar el cáncer, es cuatro veces más preciso que los humanos.

23- Facebook ahora tiene un software de reconocimiento que puede reconocer las caras mejor que los humanos.

En 2030, las computadoras serán más inteligentes que los seres humanos.

24- En 2018 llegaron los primeros coches autónomos. En los próximos dos años, toda la industria automovilística comenzará a verse afectada. Nadie querrá ser dueño de un automóvil: con su móvil llamará un auto, que en pocos minutos aparecerá en su ubicación y lo llevará a su destino.

25- No necesitará estacionarlo, solo pagará por la distancia recorrida. Los niños de hoy no necesitarán licencia de conducir pues nunca serán propietarios de un automóvil.

26- Esto mejorará la calidad de vida en nuestras ciudades, porque necesitaremos 90-95% autos menos y podremos transformar las antiguas plazas de aparcamiento en parques verdes.

27- Alrededor de 1.2 millones de personas mueren cada año en todo el mundo a consecuencia de accidentes automovilísticos. Gracias a la conducción autónoma se reducirá a un accidente en 6 millones de millas. Un millón de vidas serán salvadas en todo el mundo cada año.

28- La mayoría de las compañías automovilísticas tradicionales quedarán en bancarrota. Intentarán el enfoque evolutivo y simplemente construirán un mejor auto, mientras que las compañías tecnológicas (Tesla, Apple, Google) harán un enfoque revolucionario y construirán una computadora con ruedas.

29- A partir de este año, Volvo comenzará a eliminar motores de combustión interna en sus vehículos. Los modelos 2019 serán todos solo eléctricos o híbridos (la intención de eliminar los modelos híbridos).

30- Muchos ingenieros de Volkswagen y Audi, están completamente aterrorizados con Tesla, pero no es la única empresa que ofrece vehículos eléctricos. Algo inaudito hace solo unos años.

31- Las compañías de seguros tendrán problemas: sin accidentes, los costos serán más baratos. El negocio de seguros automovilísticos desaparecerá.

32- Los bienes inmuebles cambiarán: si puedes trabajar mientras viajas, la gente abandonará sus oficinas en altos edificios y se mudará a vecindarios más hermosos y asequibles.

33- Los automóviles eléctricos se convertirán en la tendencia principal en 2030. Las ciudades serán menos ruidosas porque todos los autos nuevos funcionarán con electricidad.

34- Las ciudades también tendrán un aire mucho más limpio.

35- La electricidad será increíblemente barata y limpia.

36- La producción solar ha estado en una curva exponencial durante 30 años, pero ahora se puede ver el impacto creciente. Y, sobre todo, seguirá incrementándose.

37- Las compañías de energía fósil están intentando limitar el acceso a la red para evitar la competencia de las instalaciones solares domésticas, pero eso no continuará: la tecnología se encargará de esa estrategia.

38- La tecnología ya ha llegado a la salud: El precio del Tricorder X será anunciado este año. Hay compañías que fabricarán un dispositivo médico (llamado Tricorder, por Star Trek) que funciona con su teléfono, realiza escáner de retina, muestra de sangre y de la respiración. También analiza 54 marcadores biológicos que identificarán casi cualquier enfermedad. Ya existen docenas de aplicaciones telefónicas disponibles con fines médicos.

lunes, 25 de marzo de 2019

El peso de los huesos es el peso de la muerte



Las cenizas del cadáver están guardadas en una caja rectangular de madera barnizada, sobre una especie de repisa o nicho azulejado muy cerca del techo, justo en el umbral que separa la cocina iluminada por el sol de la tarde del pasillo breve que desemboca en el baño y el dormitorio.

La caja tiene incrustada la chapa metálica de una paloma blanca con las alas dramáticamente abiertas como un águila herida. En la repisa también hay una gruesa vela apagada de cera blanca, un vaso de agua, la luz de una flor artificial mojada en incienso y aceite, y una foto cualquiera de Mayara Albite dentro de un portarretrato gris, el portarretrato de la muerte anticipada.

Cándida me pregunta si quiero que baje las cenizas y le digo que no, porque ya ella me ha dicho antes que nunca mueve los restos de lugar, y que a lo sumo se sube en una silla para pasar un trapo ligeramente húmedo por la madera y lustrar de vez en cuando esa suerte de ataúd pequeño en el que descansa su hija desde fines de abril de 2017.

Acaba de llover en el municipio Regla, al otro lado de la bahía de La Habana, y el vaho de la tarde irrumpe en el apartamento de Cándida y su esposo Nelson, una segunda planta en la esquina mal asfaltada de Ciruela con la calle 4. Antes de llegar ahí, Mayara Albite se pasó dos años congelada en las neveras del Departamento de Medicina Legal de Pichincha, Quito. En mayo de 2015, con 24 años, se había suicidado en su renta de La Floresta. Durante todo ese tiempo su madre emprendió una carrera a fondo para traer el cuerpo de su hija consigo.

Cándida y yo nos conocimos en medio de aquella vorágine, hacia agosto o septiembre de 2015. Pasamos seis meses en contacto, buena parte de ese tiempo juntos, y en marzo de 2016 publiqué su historia ya viviendo fuera de Cuba. Yo creía haber aprendido un año antes, después de escribir el relato de un enfermero cubano que había fallecido en África por paludismo, que no se debía estirar más allá de lo publicado, salvo casos muy excepcionales, la relación íntima con las personas de las que uno escribía, ni establecer ningún tipo de afecto que confundiera y que luego lo hiciera quedar a uno como un farsante, o que directamente perjudicara a uno o le quitara el sueño o cosas así.

Mucha gente desamparada tiende a creer que el periodista es algo que el periodista no es, y un periodista debe evitar desde muy temprano cualquier tipo de acercamiento emocional que luego no va a poder demostrar o sostener en los hechos, esencialmente porque todo lo que un periodista debe demostrar está en las palabras, y la devoción, el respeto e incluso el amor hacia un personaje suele cifrarse en la palabra de un modo tan particular que el personaje perfectamente puede luego llegar a creer lo contrario, es decir, que ha sido despreciado o calumniado o destruido.

Así como hay un momento en que el periodista tiene que hablar, hay también un momento en que debe hacer silencio, porque hablar en zona de silencio es balbucear. Pero en el verano de 2016 regresé a Cuba y, negando todo esto, Cándida y yo volvimos a vernos. Me contó que el Ministerio de Relaciones Exteriores le había respondido y que iban a traer el cadáver de su hija a La Habana.

A mí me parecía bien porque me servía para demostrar que a veces el periodismo arregla cosas. Ya había empezado a pensar de ese modo, ya me había separado un tanto de la historia, pero tampoco me sentí demasiado mal porque sé que si no puedes ganarle a tu egoísmo, solo debes enchufar tu cable al amplificador del prójimo y convertir todo eso en una misma cosa edificante en la que tú y el otro sean una fuerza idéntica que empuja hacia el mismo lugar, que era el estado, modestamente, que yo había creído alcanzar al menos con una parte importante de la vida de Cándida.

Después ella me dijo, por esos mismos días, que las dos últimas veces no le habían respondido de la Cancillería y en un arranque paranoico pensé que quizá, llegado a ese punto, las conversaciones conmigo la estaban perjudicando. Dejé de comunicarme y nunca más volvimos a hablar ni supo de mí, aunque a veces yo andaba por ahí, en Madrid o en Dallas o en Medellín, abundando en la historia de Mayara en eventos públicos, y me preguntaba muy íntimamente en qué había terminado todo eso.

Cándida tenía la respuesta, y el fin de año último me la dijo, cuando quiso marcar al celular de un primo suyo que se llama como yo, para felicitarlo por Navidad, y terminó marcando mi número, que yo pensé que ya no tenía. Si hubiera marcado unos días antes, nadie le habría respondido, porque yo casi acababa de aterrizar en Cuba.

Hoy, mitad de enero de 2019, Cándida me ha esperado con una olla de espaguetis recién cocinados. "Y sin cebolla, que a ti no te gusta nada, por eso estás desbaratado así como estás", dice. Me asombra que Cándida recuerde que no me gusta la comida. Incluso recuerda cuál era el almuerzo que por una vez sí acepté: pollo ripiado, arroz blanco, plátano maduro frito. "Pero escarbaste todo eso y lo dejaste a la mitad".

Yo ni siquiera recordaba ya cómo llegar a su casa. Su esposo Nelson, un plomero gentil con los ojos verde opacos, ha tenido que recogerme en la puerta de entrada al cementerio de Regla, un punto de referencia que se ajusta perfectamente con el motivo de nuestro reencuentro. De algún modo, si no suena demasiado grosero, lo que yo había hecho con Cándida durante aquellos seis meses de reporteo era habernos citado siempre a las puertas de un cementerio al que muchos cancerberos no nos permitían entrar, pero sobre todo el kafkiano cancerbero de la burocracia moderna.

Cándida me había dicho que ahora se encontraba peor. Le digo rápidamente que no es cierto. Tiene el cuello empolvado en talco, aretes puestos, el pelo corto y entrecano y elegante, la mirada más despejada, una mirada de cansancio y dolor seco, y no aquella mirada ciega enchumbada en lágrimas y rabia que tenía hace tres años, típica de los ojos que miran para adentro.

El color tumefacto del odio ha abandonado su cara, sobre la que se posaba antes una sombra obesa, y ahora la luz natural de la tarde de Regla puede abrirse paso a tientas en el bosque tupido de su malestar y caer finalmente sobre los rasgos de barro de Cándida, definir los contornos de su boca morada, o las aletas de su nariz de tierra entreseca y repartida, o esos surcos graves a cada lado del óvalo facial, dos tajos abiertos por el peso de la piel y el volumen de las mejillas.

Había antes una película que ya no hay, que el regreso del cadáver de su hija le ha borrado de la faz, y probablemente esa misma razón haga más evidente o permita ver mejor, en esta nueva imagen de Cándida, la contundencia de una verdad. Que a lo más que podía aspirar era a traer el cadáver, pero no a su hija. Se quita la máscara de una coyuntura y se queda en carne viva. Es por eso que me dice que ahora todo es peor.

De un total de diez mil dólares, Cándida tuvo que pagar de entrada cinco mil al gobierno para la repatriación de los restos, y luego le fijaron una cuota de setenta y cinco dólares mensuales, aunque hace ya tres meses que no entrega un centavo porque no tiene de dónde sacar. Nelson vendió su casa para cubrir el monto inicial, y ambos se mudaron a este apartamento, que han remodelado de modo paciente y curioso. Es el apartamento del que Cándida se apoderó en la segunda mitad de los 90, cuando una familia se largó al extranjero y ella se coló por la puerta del fondo y rompió el sello de seguridad. Ambos están especialmente orgullosos de la cocina, y también del piso antiresbalante del baño. En 2017, Cándida se quebró un brazo de un desmayo súbito en un ómnibus, y no puede volver a caerse.

El día que el cadáver de Mayara llegaba a Cuba, falló la electricidad en los equipos sensores de la aduana. El ataúd quedó del otro lado de la estera y los funcionarios no lo querían dejar pasar. Cándida empezó a darse cabezazos contra la pared. Luego me cuenta muchas otras cosas. Algunas ya me las había contado. Me hace reír constantemente.

Es ingeniosa y tiene un carácter recio y un tono chusma muy auténtico y pulido, como una gema finamente trabajada por la miseria de los años y que desenfunda cuando le viene en ganas. No le deja pasar nada a nadie, ni al bodeguero, ni a la vecina, ni al carnicero, ni a la santera que quiso despedir el cuerpo de Mayara sin que nadie se lo hubiera pedido, ni a la testigo de Jehová que viene a predicar por el día y después en la noche se pone una falda corta y sale provocativa para la calle.

Se dice para sí que ya está cumplida. Yo sé que ella va a complacerme en casi cualquier cosa que le pida, y como tiene una inteligencia relampagueante, que puede leer los gestos y los cuerpos, le dice a Nelson que baje la caja con las cenizas, que yo quiero ver. Nelson se sube a una silla y agarra el cofre. Lo pone luego en la meseta de la cocina, entre el fregadero de agua caliente, el escurridor de los platos y las ollas arroceras y de presión. Todo está limpio, impecable. En la tapa han tallado un Cristo redentor encerrado en un óvalo. Los brazos abiertos, la cabeza gacha. Lo cubre una manta copiosa, de muchos pliegues.

Cándida abre la caja. En la cara interior de la tapa hay una pegatina blanca de la Sociedad Funeraria Nacional con el nombre del fallecido y la fecha de cremación: Albite López Mayara/26-04-2017. La caligrafía de los datos es quebrada y ninguna letra termina de trazarse del todo, pues la siguiente letra enseguida se le echa encima, como signos deformes que se escribieron antes de tiempo. Dentro de la caja hay una bolsa azul. Podría pasar por una de esas bolsas de cuero, repletas de rupias o de dinares, que los bandoleros de cuentos muy remotos solían disputarse en los bosques a las afueras de su ciudad o en el interior de grutas y cuevas a las que solo se accedía a través de un código secreto.

No zafo el cordón. Miro por el boquete del nudo y dentro de un nailon veo las cenizas, que parecen la arena de un mar mustio de invierno, una playa en la que no se baña nadie a pesar de la calma. El color predominante es el gris terroso, con algunas piedrecillas blancas o de un amarillo muy pálido aquí y allá.

La bolsa es pequeña. Una sola mano basta para sostenerla. Cándida me pide que la tome. Este es el cuerpo, me digo. Intento sopesar y calcular. Es medible, cierto. Pero cuánto, exactamente. ¿Cinco kilogramos? ¿Siete? ¿Tres? Saber con precisión lo que pesa una bolsa así, adquirir ese conocimiento, puede tomar una vida.

Es una cifra más o menos estándar, mineral, que en el recuerdo adelgaza rápidamente, pero que engorda en el hueco de la mano. Ya no hay grasa ahí, no hay músculo ni sangre ni fisonomía. "¿Viste cómo pesa?", dice Cándida.

"Es el peso de los huesos". El humo del luto se había llevado lo demás.

Carlos Manuel Álvarez
El Estornudo, 22 de enero de 2019.
Foto del autor: Caja de madera donde en una bolsa azul se conservan las cenizas de Mayara.

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