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jueves, 17 de enero de 2019

RTV Martí: (Des)encuentro con la historia


Diciembre abrió en Radio y Televisión Martí con su proyecto más ambicioso: la serie Cuba, 60 años de dictadura comunista, que incluye el episodio de la participación (1962-67) de exiliados cubanos en la Crisis del Congo [1]. Ya que la serie se propone contar “la verdadera historia”, el adelanto noticioso Cubanos que lucharon en el Congo, reencuentro con la historia desentona en algunos detalles.

1. “De 1962 a 1967 un grupo de cubanos fueron partícipes de una operación dirigida por la CIA para combatir la expansión del comunismo en suelo africano .Los primeros enviados allá fue (sic) una docena de pilotos exiliados como Gustavo Ponzoa, Gastón Rodriguez, Tony Blázquez, Jack Varela, Fausto Gómez, Mario Ramos, Rene García, Luis Ardois, Alberto Pérez, Luis de la Guardia, Amado Cantillo…”

Esta operación de la CIA no se puso en marcha contra la expansión del comunismo en el Congo, sino contra la secesión de la provincia de Katanga, liderada por el político anticomunista Moise Tshombe [2].

Los primeros enviados no fueron ninguno de los antes mencionados ni doce, sino siete pilotos: Mario Ginebra, Rafael García, Eduardo Herrera, Luis Cosme, Antonio Soto, César Luaices y Alfredo Maza, más el mecánico Segisberto Fernández [3]. Poco después se incorporó Joaquin Varela.

La primera referencia oficial a estos pilotos en el Congo data del 15 de noviembre de 1962 [4]. Habían sido solicitados a USA por el Jefe de Gobierno Cyrille Adoula para enfrentar a la fuerza aérea de Katanga (AVIKAT). La Fuerza Aérea Congolesa (FAC) disponía de seis aviones T-6 sin tripulación ni armamento. Se preparó para entrar en combate hacia enero de 1963, pero el 29 de diciembre de 1962 AVIKAT quedó virtualmente destruida por el escuadrón aéreo de la ONU, que intervenía en el conflicto interno desde mediados de 1961. La ofensiva siguiente puso fin a la secesión de Katanga el 15 de enero de 1963. Tshombe marchó al exilio y los pilotos cubanos de CIA/FAC se quedaron volando en torno a Leopoldville (Kinshasa) to show the flag [5].

2. “Una rebelión, conocida como Simba (León en swahili), fue organizada por los izquierdistas congoleses, con el apoyo de Moscú, Pekín y La Habana. Las autoridades oficiales pidieron apoyo a Bélgica y Estados Unidos. Ya la actual provincia de Katanga se había proclamado en 1960 un estado independiente y la muerte de Patricio Lumumba solo complicaba el panorama político”.

A poco de estallar la rebelión simba en la provincia de Kwilu (1 de enero de 1964), los cubanos volaron ya en misiones contra los rebeldes liderados por Pierre Mulele, quien contaba con el apoyo de Pekín, pero no de Moscú ni de La Habana [6].

Hacía un año que Katanga había dejado de ser Estado independiente y retornado como provincia a la República Democrática del Congo. Lumumba había sido asesinado tres años atrás, luego de su arresto por oden del Comandante en Jefe Joseph Mobuto.

El panorama político vino a complicarse el 29 de septiembre de 1963. El Jefe de Estado, Joseph Kasa-Vubu, decretó la disolución del parlamento y la facción de izquierda formó enseguida el Consejo de Liberación Nacional, que para mayo de 1964 promovía otro alzamiento en la región de Fizi-Uvira.

Las fuerzas de la ONU se retiraron el 30 de junio y la cosa se puso tan fea que Kasa-Vubu trajo a Tshombe del exilio como recambio de Adoula. Tshombe reactivó las redes de mercenarios que había contratado durante la guerra de secesión de Katanga y emprendió una serie de campañas de contrainsurgencia que concluirían el 13 de octubre de 1965, al ser revocado por Kasa-Vubu. Entretanto la CIA/FAC fue creciendo a la sombra del Mobutu [7].

Sólo a partir de la rebelión simba pudiera aceptarse que la CIA convocara a exiliados cubanos a combatir el comunismo en el Congo. Aunque los simbas “no eran ciertamente comunistas”, tal como precisó un alto oficial de la CIA allí [8], sí representaban una amenaza para el gobierno pro-occidental en Leopoldville y recibirían ingentes recursos “de China y de la Unión Soviética fundamentalmente”, como anotó en su diario el Che Guevara, quien de paso indicó: “El único dirigente (genuino entre los simbas) me parece que es Kabila” [9].

RTV Martí soslayó otro detalle con la cita de que los exiliados cubanos “en un inicio ni siquiera sabían adonde partían, pero la convicción era la misma, combatir al comunismo y las huestes de Castro”. Sólo después del combate de Bendera, el 29 de junio de 1965, pudiera aceptarse que la CIA convocara estas salidas combinando ambas motivaciones [10]. Antes no tuvo información de la inteligencia de que Castro había ido con los simbas más allá de “la propaganda, el entrenamiento en Cuba y la provisión de armas y dinero” [11].

Aparte de personal para la FAC, la CIA reclutó también a exiliados cubanos para una compañía de infantería y una suerte de pocket navy en el Congo. En ambos casos invocó la lucha por el mundo libre, pero aquellos reclutados para la flotilla de bolsillo fueron engañados al descaro con la promesa de que después del Congo, vendría Cuba [12].

3. “Tras la embestida de los cubanos, (el Che Guevara), usando el lago Tanganica, pasó a Tanzania con varios de sus adeptos, y de ahí huyeron hasta Checoslovaquia”.

No hubo embestida de los cubanos que no fueran operaciones coordinadas por Mobuto y/o Tshombe con la CIA. Llegarían a combatir al Che tal como venían haciéndolo contra los simbas. Eso sí: la CIA reportó que la supremacía aérea y el patrullaje naval inclinaron la balanza a favor de las tropas contrainsurgentes en tierra [13].

Así y todo, el patrullaje no impidió que el Che apuntara en su diario: “Pasamos el lago sin problemas, a pesar de la lentitud de las lanchas y, en pleno día, llegamos a Kigoma” [14]. De este puerto lacustre en Tanzania había salido el 23 de abril de 1965 y llegaba de vuelta, derrotado, el 21 de noviembre. Sólo que no con varios, sino con casi todos sus adeptos, salvo dos que serían rescatados al mes siguiente. De Kigoma fueron por tierra a Dar es-Salam y de aquí volaron a Moscú rumbo a La Habana [15].

4. “Tras finalizar las operaciones militares para 1967-1968, varios cubanos, entre ellos René García, quedaron en el Congo, primero en la aviación civil como pilotos y después de instructores de B-26 y T-28 en la fuerza aérea”.

Las operaciones militares de los pilotos cubanos en el Congo incluyeron bombardear y ametrallar a compañeros de lucha contra los simbas: gendarmes katangueses (en julio de 1966) y mercenarios blancos (en julio de 1967), que eran partidarios de Tshombe y se amotinaron contra Mobutu [16].

A poco de ser revocado Tshombe como premier, Mobuto dio un golpe de Estado el 25 de noviembre de 1965 y llegaría a ser, como dictaminó la propia CIA, “el mejor aliado geopolítico de los Estados Unidos en el continente africano, pero también uno de los cleptócratas más vilipendiados del mundo, que acabaría arrastrando su país a la ruina económica y al caos político” [17].

RTV Martí citó también a uno de los pilotos, Amando Cantillo, con que la participación de los exiliados cubanos en la crisis del Congo es una historia “en la que ganamos”. Sólo que Hegel y otros han señalado el detalle de cómo los hombres actúan impulsados por ciertas motivaciones y persiguen determinados objetivos, pero la historia termina como le da la gana.

Los exiliados cubanos empezaron siendo reclutados por la CIA para combatir al anticomunista Tshombe y quedaron subordinados a Mobuto. Al seguir la rima de la contrainsurgencia, ya fuera frente a comunistas o anticomunistas, dieron pie a un dictador peor que Fidel Castro, como escribí en 2014.

Mobutu se proclamó “segundo héroe nacional” y exaltó como primero a… ¡Lumumba! Proscribió toda actividad política e impuso el régimen de partido único (Movimiento Popular de la Revolución - MPR) con militancia por nacimiento de todos los ciudadanos congoleses y repudio tanto del capitalismo como del socialismo.

Convocó a elecciones en 1970, pero sin voto secreto. Había que escoger entre una boleta verde (por aquello de la esperanza) para votar por él y otra roja (por su odio a los ñángaras) para votar en su contra. Ganó por 10 131 669 contra 157, con unos 30 mil votos más que electores registrados. Se reeligió en 1977 y 1984.

Desplegó una campaña de “autenticidad nacional” que incluyó desde cambiar la toponimia del país [ahora Zaire] y prohibir la moda occidental hasta nacionalizar las empresas extranjeras. Su culto a la personalidad llegó a que los medios se refieran sólo a él por el nombre (ahora Sese Seko) e identificaran a los demás funcionarios del Estado tan sólo por sus respectivos cargos.

Aunque China había apoyado la rebelión simba, Mobutu restableció relaciones diplomáticas en 1972 y al año siguiente se reunió en Pekín con Mao, de quien copiaría el título de Timonel. Al regreso implantó el Programa Salongo de “trabajo cívico obligatorio” y empezó a largar críticas contra Bélgica y Estados Unidos. Hacia 1990 levantó la prohibición de otros partidos políticos y montó un gobierno de transición, que entraría en crisis a fines de 1996 con la sublevación del grupo étnico Tutsis apoyada por Uganda, Ruanda y Burundi. Para el 16 de mayo de 1997, Mobuto salía espantado al exilio en Marruecos [18].

Al día siguiente ascendió al poder en Zaire -que retomó el bautizo de República Democrática del Congo- un tal Laurent Kabila, aquel simba que al Che le pareció buen dirigente.

Arnaldo M. Fernández
Cubaencuentro, 5 de diciembre de 2018.
Foto: Grupo de rebeldes congoleses conocidos como los Simbas, fotografiados en diciembre de 1964 en Stanleyville. Tomada de Al combate corred... hasta el Congo.


Notas

[1] La crisis puede enmarcarse desde la declaración de independencia [30 de junio de 1960] hasta el aplastamiento de la última revuelta de mercenarios [13 de noviembre de 1967].

[2] Hellström, Leif: The Instant Air Force: The Creation of the CIA Air Unit in the Congo, 1962, Universidad Södertörns (2005), 39.

[3] Villafana, Frank R.: Cold War in the Congo: The Confrontation of Cuban Military Forces, 1960-1967,Transaction Publishers (2011), 67.

[4] Telegrama 1133, del embajador americano Edward A. Gullion al Secretario de Estado Dean Rusk (Museo y Biblioteca Presidencial JFK, Archivo de Seguridad Nacional [Congo], Caja 33).

[5] Al ser entrevistado por Hellström en Oetwil am See (Suiza), el 3 de diciembre de 1994, Rafael “El Huevo” García empleó tal expresión para resumir este encuentro de dos culturas: el avión T-6 hacía tanto ruido que los cubanos no tardaron en apodarlo “el enano que le ronca” y como las supercherías congolesas incluían el ruido intenso como manifestación de poder, los vuelos rasantes infundían temor. Los oficiales del ejército congolés acuñaron Makasi [fuerte, poderoso, en sijualí] para designar la CIA/FCA.

[6] Ogunsawo, Alaba: China’s Policity in Africa, 1958-71, Cambridge University Press (1974), 175.

[7] La CIA/FAC empleó 79 pilotos extranjeros, casi todos cubanos, y 11 aviones T-6, 13 T-28, 7 B-26, 2 C-45, 3 C-46 y 1 Beech, así como 3 helicópteros Bell. Cf.: Robarge, David: “CIA’s Covert Operations in the Congo”, Studies in Intelligence, Vol 58, No. 3 (Septiembre 2014), 5.

[8] Holm, Richard L.: “A Close Call in Africa”, Studies in Intelligence, Vol 43, No. 3 (Invierno 1999-2000), 17. En febrero de 1965, Holm voló con el piloto cubano Juan Perón por la zona de Bunia. El mal tiempo provocó el aterrizaje forzoso y el T-28 se incendió. Holm salvó la vida gracias a Perón y vecinos de una villa de la tribu Azande. El piloto cubano del otro T-28 que participaba en esta misión, Juan Tuñón, despareció.

[9] Guevara, Che: Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo, Mondadori (1999), 30 s. 153.

[10] El cubano Norberto “Nine” Pío tuvo la ocurrencia de caer en combate con su pasaporte y diario encima. Cf.: “Congo has Diary of Cuban Agent”, Washington Post, 18 de julio de 1965.

[11] Inteliligence Memorandum (OCI No. 2326/65), 25 de septiembre de 1965.

[12] Villafana, Frank R.: Ob. cit., 40 s. 81 ss. Al mando de Rip Robertson, veterano de Bahía de Cochinos, la compañía tomó parte en la Operación Dragón Rojo, que el 24 de noviembre de 1964 liberó a rehenes europeos y americanos en Stanleyville (Kisangani). Los otros cubanos arribarían en septiembre de 1965 para tripular dos lanchas rápidas (Swift) de 50 pies, artilladas y con radar de vigilancia nocturna, en misiones de patrullaje del lago Tanganica.

[13] Robarge, David: Ob. cit., 6.

[14] Guevara, Che: Ob. cit., 138. Guevara elogió al capitán cubano Roberto “Changa” Hernández como “el inefable almirante Changa, dueño y señor del lago”.

[15] Villafana, Frank R.: Ob. cit., 169 s.

[16] Los motines fueron liderados por el coronel katangués Ferdinand Tshipola en 1966 y los jefes mercenarios Jean Schramme (belga) y Bob Denard (francés) en 1967. Vid.: Clarke, Stephen J. G.: The Congo Mercenary, South African Institute of International Affairs (1968), 70-78.

[17] Robarge, David: Ob. cit., 8.

[18] A poco de exiliarse murió de cáncer de próstata. Transparencia Internacional listó en orden descendente a Suharto (Indonesia), Marcos (Filipinas) y Mobutu como los peores cleptócratas.

lunes, 14 de enero de 2019

RTV Martí: Historia y estilo



El Colegio Universitario de Miami-Dade donó su serie de televisión educativa Historia Cultural de Cuba a RTV Martí, que irá tirando los 50 episodios sábados y domingos a las once de la mañana y once de la noche.

Tomás Regalado, director de la Oficina de Transmisiones a Cuba (OCB), parece haber definido la audiencia prevista con esta declaración: “Cuando nuestros jóvenes escuchen y vean estos programas se van a dar cuenta de que Cuba es un pueblo valeroso, de que Cuba es un pueblo orgulloso”.

La declaración es contrafáctica. ¿Un pueblo valeroso que lleva 60 años aguantando el castrismo? ¿Y orgulloso de qué? ¿Acaso de que ni Machado ni Batista pudieron llegar a una década en el ejercicio del poder dictatorial?

Así y todo, el meollo es otro.

Luego de arrostrar el bombardeo de la historia oficial por las vías escolares, mediáticas e incluso paisajísticas, los jóvenes cubanos jamás buscarán refugio en una historia alternativa, mucho menos los sábados y domingos por la mañana y por la noche. Muchísimo menos si la serie de historia cultural Made in Miami nada tiene que ver con su realidad ni sirve para nada en sus vidas.

La doctora Mercedes Cros-Sandoval principió esta serie hacia 2013, que aborda sobre todo la Cuba anterior a 1959. Como si fuera televisión de esa misma época, la producción abunda en cabezas parlantes e imágenes fijas. No en balde se pueden contar con los dedos los episodios que pasan de mil visitas en YouTube. Ninguno llega a dos mil.

Sobre la misma base, la Dra. Cros-Sandoval impartió Historia de Cuba a aquellos becarios del programa Somos un solo pueblo, de la Fundación Nacional Cubano-Americana, que explotó como un ciquitraque. Ya entonces se vio el abismo entre su serie y la pretendida audiencia juvenil de RTV Martí: “Yo no tengo carácter para explicar lo que pasó en Cuba después de 1959, pero mi padre, médico de profesión, tuvo que recoger tomates en Homestead y eso no lo puedo perdonar”.

Amén de soslayarse el problema histórico cardinal -qué pasó- la serie se queda solo con la nostalgia y la catarsis como guías de la “historia espectacular”, según Regalado, de un pueblo “completamente único”, según la doctora Cros-Sandoval.

La serie Historia Cultural de Cuba presenta a la nación cubana como algo grande. De este modo se apropia del pasado en clave de historia monumental.También insiste en figuras y hechos venerados por largo tiempo y así cultiva la historia anticuaria. A los jóvenes cubanos -tan oprimidos por las necesidades del presente y tan deseosos de librarse de cargas- solo les cuadra la historia crítica, que juzga y condena.

Esa historia vendría con la serie Cuba: 60 años de dictadura comunista, al aire a partir del 1 de diciembre de 2018 y Regalado califica como “el proyecto más ambicioso” en la propia historia de RTV Martí. Por televisión son seis episodios, uno por década, mientras que por radio son treinta y cuatro.

Esta serie daría respuesta a la pregunta cardinal de qué pasó, pero ya en los avances del primer programa se nota que la premisa es presentar a Cuba en la década de 1950 como la clásica tacita de oro, pero el don de avivar en lo pasado la chispa de la esperanza tiene que vérselas, como advertía Walter Benjamin, con “enemigo no ha dejado de vencer”.

A tal efecto no basta articular históricamente lo pasado “tal como realmente ha sido”, según adelanta la serie, pues todo el mundo sabe que los vencedores cuentan una historia y los perdedores, otra. El imperativo estriba en sacar, como principal lección histórica de lo que pasó, por qué pasó y para qué nos sirve eso ahora. Ojalá la serie consiga satisfacerlo.

Los juicios sobre las virtudes de Cuba y cubanos almidonados en el tiempo nunca llenarán el vacío que dejó dentro de la Isla la larga etapa castrista de usar la Historia con mayúsculas. Cuba anda hoy, como precisa el doctor en Historia Sergio López-Rivero, por el camino del “patriotismo quejumbroso y nostálgico del antiguo nacionalismo orgulloso de Fidel Castro”. Tras esfumarse el espejismo simbólico de ese fenómeno histórico denominado Revolución Cubana, se acabaron la Historia como vida de la nación y la Patria como religión dentro de los cubanos.

Cepillar la historia a contrapelo de la historia oficial no despertará interés si una época pasada se imagina nada más que virtuosa y el relato queda cifrado en episodios de los buenos contra los malos. Como éstos terminaron ganando, la historia alternativa corre el riesgo de inducir a la ironía con respecto al presente e incluso al cinismo en el actual contexto pragmático kubizhe.

El imaginario colectivo del insilio dejó atrás la noción de destino, tras arraigar la mera búsqueda de futuro sin base en historias alambicadas, ya sean producidas en La Habana o Miami. Hoy prevalece la pura razón práctica, pero la imaginación sociológica del exilio sigue empollando una imagen irrecuperable del pasado.

Para llegar con una historia crítica por radio y televisión a los jóvenes, hay que empezar por reconocer que ellos detestan las historias que instruyen sin animar y alegrar de inmediato, como la historia oficial. La alternativa está cargada de tristeza.

Quizás haga falta la historia, pero nunca como refinado paseo por estaciones selectas del pasado que “será pasado y no podrá nunca retornar”, como afirmaba San Nicolás del Peladero.

Arnaldo M. Fernández
Cubaencuentro, 26 de noviembre de 2018.
Nota de Tania Quintero.- Un amigo cubano residente en la Isla me envió su opinión sobre este artículo de Arnaldo M. Fernández:
"Tiene razón el periodista cuando cuestiona si es valeroso un pueblo que lleva 60 años aguantando el castrismo. Incluso yo diría que el problema no es tanto de falta de valor como de conciencia cívica. conciencia de cuáles deberían ser nuestros derechos. También cuando dice que los jóvenes cubanos jamás buscarán refugio en una historia alternativa, mucho menos los sábados y domingos. De todos modos da igual, porque aquí en Cuba nadie, ni joven ni viejo, pone TV Martí. No se ve, no existe, no se habla de eso".

jueves, 10 de enero de 2019

Carlos Mario, un niño colombiano que canta música cubana


Al inicio, video de la presentación y la audición a ciegas de La Voz Kid de Colombia 2018, donde Carlos Mario Castro, de 11 años, cantó Mi buen amor, del cubanoamericano Emilio Estefan, popularizada por su esposa Gloria Estefan, también cubanoamericana, y los dos residentes en Miami.

En otro momento del programa, Carlos Mario interpretó La gloria eres tú, de José Antonio Méndez


En la etapa de la batalla de La Voz Kid, Carlos Mario y dos niñas colombianas cantaron Flor pálida, de Polo Montañez, famosa por la versión que hiciera el puertorriqueño Marc Anthony.


Un niño negro oriundo de Tumaco, pueblo del Pacífico colombiano, se presenta en La Voz Kid de su país y canta tres números de autores cubanos.

Algo que nos debería avergonzar y hacer reflexionar: hoy en Cuba ningún niño de esa edad no sólo no conoce esas canciones, si no que desconoce quiénes son los Estefan y José Antonio Méndez (La Habana 1927-1989). Si es de Pinar del Río, tal vez recuerde a Polo Montañez, natural de esa provincia, fallecido en 2002, a los 47 años.

Hoy, lamentablemente, a la mayoría de los niños en la Isla lo que le gusta es el reguetón, con sus letras vulgares y machistas, salvo contadas excepciones y sus movimientos pélvicos, inapropiados a esas edades.

El caso de Carlos Mario no es el primero, ni será el último, de ciudadanos del mundo, de cualquier edad, que escogen compositores cubanos, de distintas épocas y géneros, a la hora de cantar, bailar, tocar piano o guitarra, entre otros instrumentos. En You Tube se pueden ver.

En Vietnam la última moda es el bolero, como reflejé en este blog. En México se sigue bailando danzón. Y si Carlos Mario escogió esos tres números es porque en Colombia la música cubana sigue teniendo seguidores. Muchos colombianos saben más de Arsenio Rodríguez, la Sonora Matancera, Celia Cruz y Benny Moré que muchos cubanos, de la isla y de la diáspora.

Carlos Mario no ganó esa edición de La Voz Kid, pero para mí es un triunfador. Si finalmente no puede ser cantante, de corazón deseo que pueda estudiar, terminar una carrera y tener un futuro en su patria.

Tania Quintero

lunes, 7 de enero de 2019

Alejandro Sanz: No tengo nada


Alejandro Sanz cumplió 50 años el 18 de diciembre. Dice que nació en Madrid y Cádiz y ha crecido en medio mundo. El mismo medio mundo que exactamente a las 00.00 del viernes 30 de noviembre, hora española, esperaba el estreno de No tengo nada, la primera canción del nuevo álbum de este artista español que ya es universal. Han pasado algo más de tres años desde su décimo trabajo de estudio, Sirope, y la madurez y la experiencia se han asentado en el rostro sereno de Alejandro Sanz, que no deja pasar oportunidad para que se le perciba como ese amigo al que incluso a los que no les enajena su música sentarían en su mesa para una charla agradable.

“Yo no tengo miedo, yo no tengo nada, tengo algo que me he tatuado en la piel: alma. No tengo nada pero tengo tu mirada”. Palabras de la canción que sirve de adelanto al nuevo disco que verá la luz en 2019 y que afirma son muy coherentes con lo que siente en esta sociedad muy comunicada y muy solitaria al mismo tiempo. “Por eso la gente se siente tan identificada con esta canción sin importar que sean de los que me escuchan o no, porque se ven reflejadas”, reflexiona el cantante. “Nos distanciamos mucho del presente. Tenemos esa costumbre de vivir en el pasado y en el futuro, siempre recordando o planeando pero nunca viviendo el momento y con la persona que tenemos al lado”.

En plena calle Alcalá de Madrid un nutrido grupo de periodistas, fotógrafos y cámaras hicieron cola para esperar las primeras palabras del cantante, pero el frío de la mañana madrileña se aliviaba con el calor de sonrientes chicos y chicas que regalaban abrazos en nombre de Alejandro Sanz. A quien le parezca cursi, le falta encontrarse frente a frente con el artista porque si no fuera porque el aforo era numeroso, uno podía llegar a imaginarle abrazando personalmente uno a uno a los presentes, sin pensar en que podía tratarse de un recurso del marketing.

"No soy ningún gurú”, contesta al preguntarle qué tiene que contar él como músico a esta sociedad. “Pero lo importante que tenemos que hacer los artistas es poner espejos y que la gente se vea, porque muchas veces lo que pasa es que no nos miramos. Es un recurso que también se utiliza en psicología, crear ese tipo de cosas que hacen un clic en el cerebro y nos despiertan”. En el momento del encuentro solo han pasado unas horas desde que el vídeo firmado por Jaume de la Iguana ha visto la luz. “Nunca había vivido un lanzamiento así, estaba en mi casa, rodeado de amigos y fue muy emotivo. No me preocupan los números, me preocupa más lo que sienta la gente al escucharlo”.

Él mismo ha tenido que enfrentarse a su propio espejo y aprender a sortear esa paranoia que significa desnudarse por dentro y tener que ponerse una coraza. “Ahora soy un patinador profesional”, bromea sobre su experiencia con la fama, “pero al principio es muy difícil vivir esa dualidad. Cuando me di cuenta por primera vez del éxito y vi que cualquiera podía opinar de mí. Unos me llamaban cantante de fans, otros cantante efímero, los chicos no se llevaban muy bien conmigo. Mi reacción fue irme y me encerré en una casa en Sánlucar de Barrameda (Cádiz) sin querer salir, me escondí durante seis meses”. Pero eso es ya historia de Alejandro Sanz: “Me gusta mi hogar, pero tengo una vida social muy ajetreada. A mí los cocineros me duran un mes”, dice con ironía, “porque no se sabe nunca cuántos van a aparecer ni cuándo, pero es así como me gusta vivir. Somos mucha familia, muchos amigos y no me gusta estar solo. La soledad solo me gusta para componer, para escribir y para navegar”.

Está contento, se le nota y por eso continúa jugando con las palabras cuando se le pide que diga qué cree que aporta con sus canciones: “El frescor de los limones del Caribe”, afirma a carcajadas. “Vengo de una cultura que es la flamenca”, enumera ya en serio, “tengo en mis genes parte italiana y parte cubana y todo eso aparecerá en este álbum”. El disco, del que no se sabe mucho más, asegura que ha nacido “del método de no tener método. Al principio tenía miedo que no me salieran las canciones. Tenía notas de voz, estrofas en un cuaderno, anotaciones en el iPad, en un papel, en una libreta, alguna improvisación... En cuanto a organización no había nada. Pero no se nota”.

Sabe que forma parte de los tiempos que nadie es capaz de agradar a todo el mundo y que además la tecnología permite que se sepa, pero no se siente coartado por ello. "Todo el mundo tiene derecho a tener una opinión, pero todo el mundo se molesta por algo. Son tiempos muy malos, por ejemplo para los humoristas porque solo hay un gremio con el cual se puede meter uno tranquilamente, que son los políticos. Hemos perdido un gran porcentaje del sentido del humor, aunque en algunas causas concretas me parece bien porque no todas las licencias valen. Es bueno que apartemos cierto lenguaje, pero igual que no metería en la cárcel a ningún humorista por hacer cualquier cosa de mejor o peor gusto, tampoco prohibiría una canción de hace veinte años porque piense que es machista. Aunque tengo que reconocer que hago un ejercicio en la forma de hablar para utilizar bien los géneros, pero lo hago porque creo que con ello estamos ganando. No hago nada que no sea natural para mí. Quien no sea feminista, no está en el mundo. Lo que está ocurriendo es algo necesario”.

También tiene opinión sobre esa España que afirma que no ve desde fuera porque siempre está en ella: “Siento que tenemos un país increíble y que muchas veces somos demasiado duros con nosotros mismos. Nos criticamos mucho mientras fuera se ven las bondades de este país y me entristece mucho que nosotros no seamos capaces de hacerlo”.

Se despide afirmando que ahora ya no se pierde aunque tenga por delante una larga gira: "Planeamos todo para no perderme a mis hijos", y sobre si actuar ante miles de personas puede hacer perder el sentido intimista de su música también lo tiene muy claro: "No sabes la capacidad que tenemos para crear un cuartito en un estadio".

Maite Nieto

El País, 1 de diciembre de 2018.

Nota de la periodista de El País.- "Soy coherente, no llevo nada en los bolsillos". Así contestó Alejandro Sanz a quien le preguntó sobre qué llevaba durante la presentación de No tengo nada, el primer disco del nuevo álbum que llegará en 2019. En el videoclip de esta canción ejerce de mago para que hasta los que se sienten más solos encuentren el calor de una mirada. Y la magia se ha propagado rápido, porque pocas horas después del estreno ya era número uno en España, México y Argentina. Y la presentación por el canal de YouTube la vieron en directo 14 millones de personas. “Es una canción muy sencilla, no como otras veces que he parloteado mucho y he tratado de buscar metáforas muy retorcidas”. Quizá por eso su nuevo trabajo se llamará #Disco y el tour La Gira. Así, sin más florituras. De momento, solo se conocen las fechas de cuatro conciertos: el 1 de junio de 2019 en Sevilla, el 8 en Barcelona, el 15 en Madrid y el 21 en Elche, Alicante. Del resto del álbum, el artista solo descubrió algunas pinceladas: que contará con Camila Cabello en una de las canciones, con la Orquesta de Praga y que "hay muchos estilos y por eso va a divertir y emocionar".

jueves, 3 de enero de 2019

Ir a La Habana



Era costumbre de todos los que vivían en la periferia de la capital, cuando iban al centro de la ciudad decir “voy para La Habana”, estando realmente en la misma Habana. Durante mi niñez, los viajes "a La Habana" eran principalmente a dos lugares: la Plaza de Cuatro Caminos y la obligada visita a las tiendas, sobre todo a las de la calle Galiano y a las de la calle Monte.

El viaje de los sábados con mi padre era a “la Plaza”, como se le decía a la Plaza de Cuatro Caminos o Mercado Único, y donde se hacían compras, a precios más bajos, de productos que se consumían en grandes cantidades o que allí se podían encontrar más frescos, como quesos, mortadellas, jamonadas, frutas y vegetales y los productos del mar: camarones, serrucho en ruedas, cherna, pargo y rabirrubia.

Una hemorragia de olores de todo tipo y un banquete visual al ver tantos artículos. Una expedición que los muchachos anhelábamos llegara el día dedicado a las compras en la Plaza, porque era una profusión interminable de cosas que no conocíamos. Lo primero que llamaba la atención era ver a los barberos ambulantes pelando a los clientes de pie, aprovechando los escalones existentes a todo lo largo de la calle, frente al Mercado Único por la parte de Monte. Sin contar las decenas de vendedores ambulantes que ofrecían lo inimaginable.

El otro recorrido, aunque a veces se convertía en aburrido para un niño, también tenía su encanto, era ir de recorrido por las tiendas. El paseo por la calle Galiano siempre se iniciaba por la calle Monte, con una cantidad impresionante de tiendas, casi no había local que no estuviera ocupado por una tienda. Las había de todo tipo, de tejidos, confecciones, por departamento, zapaterías, bazares, en fin, cualquier cosa que a uno quisiera o necesitara allí lo encontraba y a precios bajos. A veces al terminar Monte, se cruzaba la calle Monserrate y el recorrido se extendía hacia la Habana Vieja, a la calle Muralla, el paraíso de los "polacos", como le llamaban a casi todos inmigrantes provenientes de Europa Oriental y hasta algunos árabes del Medio Oriente. Era usual, sobre todo para las mujeres, comprar en Muralla la tela y en su casa coser los vestidos a su gusto y con un costo más económico.

Mi paseo preferido era por Galiano, desde su final en la calle Reina, hasta casi su comienzo, en Sán Lázaro una cuadra antes de donde empieza, en el Malecón. Galiano también estaba cundida de tiendas de todo tipo, pero había algunas verdaderamente interesantes, como Los Precios Fijos y Ultra, en Reina. Después venía la peletería California (a los pies de usted), con su famoso salón de ventas, sin olvidar que ya pasamos por la famosa panadería El brazo fuerte. de cuyos cangrejitos de chorizo era gran consumidor, por El Arte, establecimiento para artistas plásticos y fotografía, Le Trianon, de regalos exclusivos, la colchonería Komfort, la peletería Picanes y la joyería Riviera. Hasta llegar a uno de los lugares más concurridos de La Habana de entonces: Galiano y San Rafael.

En esa esquina confluían la gran tienda Flogar, frente a ella en la no menos impresionante Fin de Siglo, que tenía entradas y salidas por Galiano, Águila y San Rafael. Justo al cruzar San Rafael y contigua a Flogar, se encontraba mi preferida, el Ten Cents de Galiano, una de las ocho tiendas Woolworth’s existentes en Cuba y en las cuales se encontraban infinidad de variedades, algunas exclusivas, pero a bajos precios. Y con un atractivo muy particular: una cafetería de primera con una cancha siempre congestionada, donde había que esperar a que se vaciara una banqueta para sentarse y ser atendido. Que yo recuerde, había Ten Cents en Galiano, Monte, Obispo, 23 y 10 en El Vedado, en La Copa de Miramar, y en el interior del país en Cienfuegos, Matanzas y Santiago de Cuba.

Al lado del Ten Cents de Galiano había comercios importantes, como La Casa Quintana, especializada en regalos y bisutería y la fastuosa joyería El Cairo. Enfrente quedaba la "tienda de los ricos", El Encanto, que al quemarse en abril de 1961 fue convertido en un parque. El Encanto fue fundado en 1888 por dos hermanos asturianos emigrados a Cuba, creando un concepto moderno de tienda por departamentos y de gestión de ventas que con los años se convirtió en excelencia y al que muchos imitaron. El Encanto tuvo sucursales en varias provincias cubanas. La experiencia adquirida en Cuba por estos emprendedores españoles propició la fundación en España de Galerías Preciados, Sederías Carretas y El Corte Inglés.

En la esquina de Galiano y Neptuno se encontraba La Época, donde la gente hacía su “agosto”, pues en ese mes había grandes rebajas. Otras tiendas populares eran Cancha (la revancha la da Cancha) y La Ópera, en la "esquina del ahorro", en Galiano y San Miguel, cuyo edificio se derrumbara. A continuación, varios comercios gastronómicos como la cafetería El Camagüey y el complejo del Edificio América, con teatro, cines y cafeterías. Yendo por Neptuno, decenas de tiendas, como Roseland, Roberts & Company (los mayores importadores de cigarros norteamericanos), La Casa del Perro, con todo lo necesario para mascotas (aunque en esos tiempos, la mayor parte de los perros tenían por arreo una soga y comían las sobras y cuando mejor salían, piltrafa), La Casa Cofiño, El Palacio de Cristal, La Filosofía y la camisería La Casa Pérez, con camisas que nunca estuvieron a mi alcance. No recuerdo exactamente el nombre de la tienda, pero hacía referencia a Don Julio, para reseñar que durante el mes de julio muchísimos productos se venderían por solo 90 centavos.

Si bajábamos por San Rafael, nos encontrábamos con un sin fin de tiendas, como la peletería donde vendía el calzado Florsheim, Giralt, tienda de electrodomésticos, los concurridos cines Rex y Dúplex, hoy en ruinas, el Cinecito, la joyería y relojería Cuervo y Sobrinos, representante de Longines y que todavía existe en España y otros países. Cuba Radio Philco, de electrodomésticos, la joyería Bared, representante de los relojes Omega y Cartier, los almacenes Cadavid, El Bazar Francés, Belinda Modas, la peletería Ingelmo (cuando los zapatos cubanos Ingelmo y Amadeo no tenían nada que envidiarle a los Florsheim o los Tom McCann), la tienda por departamentos Sánchez Mola, establecimientos donde se podían comprar los discos Puchito, Kubaney y Columbia y la óptica El Telescopio.

En la concurrida J. Vallés, de ropa masculina, que se ufanaba de ser la que más barato vendía y donde pude darme el lujo de tener un crédito, y podía gastar y acumular una deuda de hasta 50 pesos (impresionante cifra en los años 50, cuando un pantalón McGregor costaba 5 o 6 pesos y una trusa Jantzen 3 pesos), abonaba 5 pesos mensuales como amortización. Por supuesto, era muy raro que comprara ropa en otro lugar que no fuera en J.Vallés.

En la década de 1950, Galiano era la arteria comercial más elegante de la capital, solo San Rafael le hacía competencia. Pero con el desastre habanero de las construcciones urbanas y un comercio deprimido, el movimiento actual de personas no tiene el encanto de cuando me llevaban de compras. Ahora la gente va a ver qué consigue. Ya no existen las vidrieras engalanadas y alumbradas que daba gusto ver en cualquier época del año, pero sobre todo al acercarse Navidad y Día de los Reyes Magos, cuando a Melchor, Gaspar y Baltazar le pedíamos que nos trajera el juguete que habíamos visto en nuestros paseos por Galiano. Años después de la revolución, la calle San Rafael se convirtió en un paseo peatonal de cinco cuadras, desde Galiano hasta el Paseo del Prado y ahora se denomina Boulevard de San Rafael.

La antigua Calzada del Monte empieza en la Habana Vieja, en la intersección donde termina Egido y comienza Monserrate, al frente a la Plaza de las Ursulinas y llega hasta la intersección con Infanta, en la llamada Esquina de Tejas, que cuando se dobla a la izquierda marca el inicio de la Calzada de 10 de Octubre. Si se sigue recto, se convierte en Calzada del Cerro, que llega hasta la Calle 26, en el Nuevo Vedado. A partir de ahí toma el nombre de Avenida 51 o Calzada de Puentes Grandes, la antigua Calzada Real de Marianao. Sin dudas, Monte es una de las calles con más historia. Atraviesa varios barrios, casi todos poblados por clases populares o de bajos ingresos.Su nombre oficial es Máximo Gómez, en honor al Generalísimo, pero a la ruta que inicialmente conducía al campo, al monte, y por ella se llegaba al ingenio Jesús del Monte, los habaneros le siguen llamando Monte.

Pero aparte de mis viajes a las tiendas con mi madre y mi hermano y mis visitas al Mercado Único con mi padre, cuando comencé a trabajar pasaba diariamente por Monte. Tomaba la ruta 16 en la esquina de mi casa y me bajaba en Monte y Zulueta, en la puerta de la famosa tienda La Sortija, y de ahí tomaba por transferencia, la ruta 12 que me dejaba a dos cuadras del lugar donde trabajaba, en Cuba y Chacón, Habana Vieja.

Entre las 7 y 7 media de la mañana, me maravillaba ver a los trabajadores baldeando y limpiando las vidrieras de todas las tiendas de la calle Monte, faena que se complicaba pues prácticamente la totalidad de la calzada, a ambos lados, por los portales, era como una gran acera bajo techo. Así y todo, se respiraba limpieza hasta en la tienda más modesta. En ocasiones, si tenía tiempo, cambiaba mi recorrido. Me quedaba en la parada de Cuatro Caminos e iba a pie hasta la Habana Vieja, lo que me permitía ver todas las tiendas de Monte. Después pasaba por los establecimientos de la calle Obispo, una caminata muy entretenida. Algunas veces me desviaba un poco, para pasar por el Paseo del Prado, casi frente al Capitolio Nacional, donde estaba la concurrida tienda El Machetazo, el palacio de las gangas en Cuba y que por suerte se ha perpetuado en Panamá, constituida ahora en una cadena de tiendas bien popular en ese país. También había tiendas pequeñas que vendían souvenirs a los turistas así como los muy baratos y excelentes Alligator Goods, artículos de piel de cocodrilo para hombre y mujer.

En aquella época estudiaba Comercio por las noches en el Plantel Jovellanos del Centro Asturiano y tenía un compañero cuyo padre era dueño de una tienda contigua a La Sortija, llamada El Novator, que estaba en liquidación. Al enterarme, fui de los primeros en ir a comprar y obtener verdaderas gangas, y por la confianza, hasta obtener un crédito para pagar a plazos, entre cuyas adquisiciones recuerdo un buenísimo jacket marca Saturno, que lo deseché muchísimos años después. Era una prenda irrompible y tapaba del frío que entonces hacía en Cuba.

Los hombres usaban traje, cuello y corbata en pleno verano, las mujeres con medias de nylon. Yo trabajaba con camisa de mangas largas y corbata. Las guaguas y la mayoría de los centros comerciales no tenían aire acondicionado y no se sentía el calor como hoy en día. Tampoco había aire acondicionado en el cine al que iba asiduamente, el Valentino, situado en la Esquina de Tejas, ya desaparecido junto con la valla de peleas de gallos contigua al cine. Ruinas es lo que queda hoy de la más popular de las calles comerciales habaneras.

Era impresionante el tramo de la calle Monte desde Zulueta hasta Cuatro Caminos: todo prácticamente eran negocios. En el resto de su recorrido había también negocios, pero menos, Ya mencioné La Sortija y El Novator, pero estaban la peletería El Cadete, la impresionante tienda Isla de Cuba, el que fuera lujoso Hotel Isla de Cuba, Los Precios Fijos, La Isla, La Nueva Isla, El Gallo, la cuchillería La Sin Rival... Múltiples mueblerías como La Casa Mimbre o tiendas como La Defensa, Casa de los Tres Quilos y por supuesto Ten Cents de Monte.

Los portales de Monte, de Cárdenas a Factoría, contaban con aceras anchas desde el inicio del Paseo del Prado hasta frente al Parque de la Fraternidad. Eran famosos porque siempre había decenas de vendedores ambulantes y kioscos que ofrecían desde pollitos con las plumas de colores, jicoteas pequeñas, manzanas acarameladas hasta miles de juguetes en las jornadas anteriores al Día de los Reyes Magos, alcanzando su máximo esplendor justamente en su víspera, el 5 de enero, o su gran movimiento en Navidad, Día de los Enamorados o de las Madres.

Pero hay que decir que a lo largo de sus dieciocho cuadras, en la actualidad,en Monte es muy raro encontrar una edificación en buen estado constructivo y apenas una décima parte de sus locales se mantienen como comercios. En la que fuera la arteria más popular para comprar en La Habana, hoy pulula la miseria y la delincuencia.

De las anécdotas que más recuerdo es la de La Casa Prado, una sastrería situada en la calle Belascoaín, que se hizo famosa por un concurso semanal. Se hizo habitual escuchar los domingos en la mañana el anuncio de Radio Progreso de localizar al Hombre de la Casa Prado. El que lo identificara recibía de premio una guayabera hecha a la medida. Mucha gente perseguía al Hombre de la Casa Prado. Enrique, un tío mío, acostumbraba almorzar los domingos en mi casa y estaba obsesionado con sorprender al citado hombre. Varias veces salió a buscarlo, pero nunca lo encontró. Creo que era más fácil responder la pregunta de los 64 mil pesos que encontrar al Hombre de la Casa Prado.

Cuando a alguien le preguntaban algo complicado o que no quería contestar, la respuesta más socorrida en Cuba en los años 50 era “Me hiciste la pregunta de los 64 mil pesos”. El Gran Premio de los 64 mil pesos era un programa televisivo creado por Gaspar Pumarejo, genio de la televisión cubana nacido en Santander, Cantabria, España, y conocido como "el hombre del choripán. Además de poner en funcionamiento la primera televisora en Cuba en 1950 y el primer canal a color en 1958, y crear la quizás única en su tipo emisora Radio Reloj, Pumarejo supo concebir éxitos televisivos tales como Hogar Club, Reina por un Día y El Gran Premio de los 64 mil pesos.

Y ya que abordamos el tema de las tiendas, vamos a recordar los Minimax. Sesenta años después de la desaparición de esta cadena de supermercados, los que vivíamos en el Reparto Fontanar le seguíamos diciendo Minimax a cualquier comercio de ese tipo. Minimax fue el pionero de los supermercados en Cuba, junto con Ekloh. Existían sucursales de Minimax en el Reparto Fontanar, en Kasalta en 5ta Avenida y Calle 2 en Miramar, en el Edificio FOCSA, en los Repartos Altahabana, Casino Deportivo y Sierra Maestra en Boyeros y en San Miguel del Padrón. A su vez Ekloh contaba con unidades en 41 y 42, Miramar, y en 17 y K, Vedado.

Se decía que Ekloh era una cadena alemana, pero realmente el empresario panameño de origen judío, David Brandon, era el presidente y propietario de la cadena de Supermercados Ekloh, S.A. Y lo sorprendente es que Brandon también era dueño de Minimax Supermercados S.A. la principal cadena de ventas al detalle que hubo en La Habana antes de 1959, con un almacén y once supermercados.

Mucho antes de casarme ya existía y era famoso el Reparto Fontanar. A su entrada se ubicaba un alto pino de siete pisos, que en Navidad se adornaba con luces de colores, siendo visible desde gran distancia y era visitado por mucha gente ,que daban el viaje hasta Fontanar exclusivamente para ver el gran árbol navideño. A su lado quedaba el flamante Minimax. Años después, al conocer a mi esposa, las historias más relevantes siempre estaban relacionadas con el Minimax. El reparto Fontanar surgió a la sombra del pino de siete pisos y del Minimax.

En esos tiempos, Minimax (Mínimos precios, Máxima calidad) era similar a los groceries norteamericanos, un tipo de comercio que extrañamente no existían en el país, al menos en esa escala, cuando era usual que todas las experiencias y negocios de Estados Unidos también se extrapolaran a Cuba y hasta probaran su eficacia en la Isla antes de ser masificados. Así que Ekloh y Minimax fueron precursores en este campo. Puede que yo vaya a Walmart, Publix, Sedano, Liverpool, Soriana, HEB, cualquier tienda por departamentos o supermercados en México o Estados Unidos y en cualquiera de ellos siempre voy a ver un Minimax, de los primeros que conocí, no los restos de lo que un día fue y al que solo le queda el nombre con el que se hizo famoso. Para los cubanos de entonces, Minimax es sinónimo de que hay de todo y a buenos precios, no importa donde sea.

Carlos Búa*
Blog Memorias de un cubano
*Cubano residente en México. Ingeniero industrial con experiencia enel área de informática, economía y administración.

Foto: Calle Neptuno antes de 1959, tomada de Memorias de un cubano, donde se pueden ver más fotos.

Nota de Tania Quintero.- Ir a La Habana se titula también un breve texto mío publicado en este blog en septiembre de 2009.
Leer también: Los canarios de Jesús del Monte.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Fufú de plátanos con chicharrones



Un ejemplo de cuánto aportaron los africanos a la cultura caribeña y en especial a la cubana, es el fufú de plátano con chicharrones. El mejor plátano para un fufú o puré es el que en Cuba llaman "plátano macho" y debe estar pintón, o sea, ni muy verde ni muy maduro.

Ingredientes

4 plátanos machos pintones
1 cebolla mediana bien picadita
4 dientes de ajos machacados
1 taza de empellitas o masitas de chicharrones
1/4 taza de aceite vegetal
Jugo de limón
Sal al gusto

Modo de preparación

Pele los plátanos y cada uno córtelos en tres trozos. Póngalos a hervir en una cazuela con agua, el jugo de limón y la sal. Cuando estén blandos, apague la candela y manténgalos en el agua hasta el momento de prepararlos. Aparte, en una sartén o cazuela llana, a fuego lento ponga el aceite, la cebolla, los ajos machacados y los trozos de plátanos hervidos. Mientras se fríe, vaya aplastando y haciendo un puré. Cuando se haya mezclado bien, añada las empellitas o masitas de chicharrones y líguelo con el resto de los ingredientes. Pruébelo y si lo desea, agréguele más sal.

Con esta cubanísima receta, queremos felicitar a los lectores del blog por las fiestas navideñas y la llegada de un nuevo año.

Tania Quintero Antúnez y Marco Antonio Pérez López

Foto: En Puerto Rico, al fufú de plátanos con chicharrones le llaman mofongo y lo hacen con plátano macho verde. También se puede hacer con carne de cerdo, pollo, pescado o camarones. Con plátano verde en República Dominicana preparan el mangú y suele formar parte del desayuno diario.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Celia y Bebo según Granma


Es conocida la afición del gobierno cubano por reconocer como parte de la nación a los artistas y escritores exiliados, una vez que mueren. Mientras viven son catalogados de "contrarrevolucionarios", "traidores" o, incluso, "anticubanos". Cuando mueren, por muy críticos que hayan sido del régimen de la isla, son sometidos a una apropiación simbólica, que llega a niveles insultantes. Insultantes no con el público sino con el que muere, al que se despoja de su dignidad. Retengamos esta última palabra.

Cuando murió Celia Cruz el 16 de julio de 2003, leímos en Granma una escueta nota que hablaba de una "importante intérprete cubana, que había popularizado la música de nuestro país en Estados Unidos", pero que "durante las últimas cuatro décadas se mantuvo sistemáticamente activa en las campañas contra la Revolución Cubana generadas desde Estados Unidos, por lo que fue utilizada como ícono por el enclave contrarrevolucionario del Sur de la Florida".

Como sabemos, Celia fue mucho más que una "intérprete", su música no fue únicamente "cubana" y su popularidad no se limitó a Estados Unidos. Sobre su participación en "campañas" o su "uso como ícono" político, lo que dicta el decoro cristiano, en una situación de duelo, es reconocer que si una persona profesó ideas distintas a las de otra, o distintas a las de un Estado, simplemente estaba en su derecho. Presentar esas ideas como actuación "contra la Revolución Cubana" es tergiversar la identidad del que muere, reafirmar su condición de enemigo y, a la vez, abrir la puerta para desligar su obra cultural de sus convicciones políticas. Algo que va contra lo que José Martí llamaba "culto a la dignidad plena del hombre". De la mujer Celia Cruz, en este caso.

Diez años después, cuando murió Bebo Valdés, el 22 de marzo de 2013, Granma, más cuidadoso en esta ocasión, dedicó un editorial en que se limitaba a destacar los aportes de Bebo a la música y su amplio reconocimiento internacional. No se dijo nada entonces, en medios oficiales, de la postura política de Valdés, lo cual era otra forma de irrespeto o escamoteo. Si a Celia se le fijaba como "traidora" en la prensa oficial, a Valdés se le despojaba de su rechazo genuino al sistema político instaurado en Cuba, que lo llevó al exilio.


Aquella discordancia en el trato oficial de la muerte de Celia y Bebo se acaba de corregir. Un artículo de Pedro de la Hoz en Granma, a propósito del cumpleaños número 100 de Valdés, que ha provocado muy buenas coberturas en la prensa iberoamericana, amplifica el enfoque que los medios cubanos dieron a la muerte de Celia. En el texto se reconocen las virtudes de Bebo como compositor, arreglista e intérprete, aunque se limita bastante su biografía al periodo habanero de los 50, del batanga, la orquesta Sabor de Cuba, Tropicana y el Benny.

En tres líneas se alude la impresionante obra de Bebo en las tres últimas décadas. Se habla de Calle 54, de sus álbumes Lágrimas negras con Diego el Cigala, Juntos para siempre con su hijo Chucho Valdés y, sin mencionar propiamente el título, del clásico Bebo Rides Again, de 1994!, con Paquito D'Rivera, Arturo Sandoval, Patato Valdés y otros, a quienes, por supuesto, no mencionan. Como tampoco se menciona a Fernando Trueba o a Nat Chediak, de quienes, sencillamente, no se puede dejar de hablar si de la recuperación de la música de Bebo se trata.

Pero lo más insultante de la nota es que, a pesar de su parquedad y sus silencios a voces, Granma no pierde la oportunidad de callar ante lo que más le incomoda, que es que un artista, que para colmo vivió fuera de la isla por más de medio siglo, exprese libremente su rechazo al sistema cubano. Dice el articulista que Bebo "nunca entendió los cambios que tuvieron lugar en su país natal". Como si un Estado tuviera la potestad de decidir quién entiende o no la realidad o como si el no entender fuera prueba de alguna traición.

Antes, en el período soviético, en las publicaciones más serias de la isla, cuando había que referirse a algún intelectual exiliado luego del triunfo de la Revolución, se decía: "abandonó el país en desacuerdo con la ideología marxista-leninista". La frase, a pesar de su dogmatismo, era menos irrespetuosa que las que se utilizan para la valorar la obra de los grandes creadores cubanos exiliados, en las publicaciones de la isla desde los años 90.

El nacionalismo y sus parques temáticos son, en el fondo, más maniqueos e injustos que las viejas ideologías de la Guerra Fría.

Rafael Rojas
Libros del Crepúsculo, 14 de octubre de 2018.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Julián del Casal frente al olvido


La poesía y sus cauces hacia la perdurabilidad están asentados en inextricables misterios. Un ejemplo de ello reside en la obra de Julián del Casal de cuya muerte se cumplieron 125 años el pasado 21 de octubre. Junto con nuestro Apóstol José Martí conformó el binomio poético más significativo para la cultura nacional en el cierre decimonónico.

Casal nació en La Habana el 7 de noviembre de 1863, ciudad donde cursó sus estudios. Desde muy joven expresó inclinación hacia las letras al fundar con otros compañeros de escuela el periódico manuscrito y clandestino El Estudio, donde publicó sus primeros versos, aunque fue en El Ensayo, publicación semanal sobre ciencias, artes y literatura donde apareció su primera obra conocida en un medio de prensa.

Fue amigo de Nicolás Azcárate, un cubano que jugó un rol importante en los medios jurídicos y culturales habaneros y en cuyo bufete José Martí trabajó como pasante. Gracias a esa amistad Julián del Casal se vinculó con otros importantes intelectuales de ese momento como el novelista Ramón Meza.

En 1888 Casal viajó a España pero tuvo que regresar casi de inmediato a La Habana debido a su situación económica. Para ganarse la vida hizo periodismo en La discusión y La Habana Elegante, donde publicó un artículo sobre el Capitán General Sabás Marín y su familia, que le costó su puesto de trabajo en la Intendencia General de Hacienda. Otros medios que difundieron sus trabajos periodísticos y poemas fueron El Fígaro, La Habana Literaria, El Hogar, El País y La Caricatura, entre otros.

Hay seres que se acostumbran a la cotidianidad y someten todo a la satisfacción de los deseos más primitivos. Otros dedican más atención a su alma y la ejercitan de forma tal que pareciera que nada mundano les interesa. A este último grupo perteneció Casal, pues su vida fue una constante negación de la materialidad y una búsqueda permanente de la pureza poética que potenciaba lo idílico por encima de las circunstancias. De esa forma lo entienden algunos de los estudiosos de su vida y obra, advirtiendo que Casal buscó refugio en el arte y lo convirtió en el único espacio donde valía la pena vivir.

Ese hastío por la vida lo hizo una persona desinteresada por la política y los problemas del país, aunque esta fue una postura asumida por la mayoría de los poetas del modernismo, movimiento literario del cual Casal es iniciador junto con nuestro Apóstol, y los poetas Manuel Gutiérrez Nájera, de México y José Asunción Silva, de Colombia.

Estudiosos como Salvador Bueno aseguran que su obra poética evolucionó desde el romanticismo presente en sus primeros poemas de “Hojas al viento” hasta el parnasianismo y simbolismo de los poemarios “Nieve” y “Bustos y rimas”, en los que ya se aprecia la presencia modernista. Si en “Hojas al viento” es apreciable la influencia de clásicos españoles como Zorrilla, Campoamor, Núñez de Arce y Gustavo Adolfo Bécquer, en sus libros posteriores la influencia fundamental que recibió Casal procedió de los poetas franceses Baudelaire, Gautier, Leconte de Lisle, Verlaine y Moreas.

Al producirse su muerte, y un año y siete meses después la de José Martí, la poesía cubana recibió un golpe demoledor, al extremo de que después de la muerte del Apóstol y hasta 1913, cuando Regino E. Boti publicó su famoso poemario “Arabescos mentales”, el período ha sido considerado por algunos especialistas como sombrío para la poesía cubana.

Al conocer la muerte de Casal, José Martí publicó en el periódico Patria un hermoso artículo, en cuyo primer párrafo escribió: “Aquel nombre tan bello que al pie de los versos tristes y joyantes parecía invención romántica más que realidad, no es ya el nombre de un vivo. Aquel fino espíritu, aquel cariño medroso y tierno, aquella ideal peregrinación, aquel melancólico amor a la hermosura ausente de su tierra nativa, porque las letras sólo pueden ser enlutadas o hetairas en un país sin libertad, ya no son hoy más que un puñado de versos, impresos en papel infeliz, como dicen que fue la vida del poeta”.

Adorado por las mujeres y la sociedad elegante de La Habana finisecular de entonces, conocido en toda América, periodista brillante y excelso poeta, Julián del Casal es hoy otro gran poeta desconocido para la mayoría de los cubanos, aunque su obra jamás podrá ser relegada al olvido.

Roberto Jesús Quiñones Haces
Cubanet, 28 de octubre de 2018.
Foto: Tomada de Radio Reloj.

jueves, 13 de diciembre de 2018

Los ancianos en el socialismo post-fidelista



No hay dudas de que en este torneo por la subsistencia en que se ha convertido el socialismo post-fidelista, a quienes peor les va es a los ancianos.

Y no me refiero solo a los enfermos, los que andan con bastón, los que perdieron la mente o la vista, o a aquellos jubilados que tienen que recoger latas y botellas vacías en la basura, vender maní o revender periódicos para ganar unos pesos con que poder malcomer, o comprar los medicamentos que necesitan, si es que los hay en la farmacia, porque sus míseras y malamente simbólicas pensiones no les alcanzan ni para una semana, por mucho que planifiquen y se aprieten el cinturón.

Tampoco es envidiable la suerte de las personas que pasan los 70 años y se ven lúcidas, fuertes, saludables. Peor aún si andan bien vestidas, si denotan prosperidad. Son mal vistas, incomprendidas, sorda y maldisimuladamente rechazadas, cual si fueran culpables de algo.

En Cuba se ha vuelto malo ser viejo y estar bien. Es mejor no hacer demasiado ostensible la salud y el bienestar, a ver si tienen más consideraciones contigo, si te tratan mejor, si no te tienen roña.

A los ancianitos que se ven muy enfermos, seniles y deteriorados, todavía hay quien los ayuda a cruzar la calle, les da el asiento en las guaguas -sin importarles que no sea de los pocos asientos asignados a los impedidos físicos–, o un vecino les lleva un plato de comida a sus casas o les hace algún favor.

Pero si es un anciano que aparenta estar bien, como no inspira lástima, entonces es un “viejo de mierda”. Que no espere condescendencia alguna. La mayoría de las veces caerá pesado, y no le aguantarán ni una majadería. Ni siquiera si tiene la razón, como sería el caso si se quejara del reguetón a todo volumen en casa de los vecinos que no lo dejan dormir pasadas las once de la noche.

Solo le admitirán las majaderías y las pesadeces, y hasta se pondrán más que serviciales, serviles, si notan que tiene dinero, bastante dinero, para pagarles los servicios y los favores, de la índole que sean. Pero entonces tendrá que tener cuidado, mucho cuidado, para que no le cobren de más, le roben o le estafen. O lo que es peor, le asalten y lo maten, si preciso fuera.

Los dueños de negocios o los que reciben remesas de sus familiares en el exterior, no importa cuán desprendidos sean con el dinero, generalmente son considerados tacaños. La envidia y la maledicencia los rodean. Y siempre tienen tras ellos a alguien dispuesto a hacerles favores, a amarlos, a acompañarlos a compartir la vida, si no tiene familia, para que no se sienta tan solo en una casa tan grande…

Muy mal caerá el viejo que Viagra o PPG mediante, y pasmando dinero, se las arregla para presumir de una amante que descansadamente puede ser su hija o su nieta. Y ni hablar si es una vieja que se buscó un pepillo…

Decía que los mayores de 70 y pico de años son considerados por muchas de las personas más jóvenes como si fueran culpables. ¿De qué? De que estemos así, tan mal como estamos.

He escuchado a muchos jóvenes que suelen responsabilizar a la generación de sus abuelos de la situación del país. En unos casos, por haber apoyado irrestrictamente durante muchos años a la revolución de Fidel Castro. En otros, en los casos de los que nunca estuvieron con el régimen, por no haberse largado a tiempo, a Estados Unidos, a cualquier país, llevándose a sus familiares. Y si se hubiese ido solo, y no pudo o no quiso sacar a los demás, al menos ahora les enviaría remesas…

Muchos septuagenarios y octogenarios siguen apoyando al régimen. Echan de menos al Comandante en Jefe, leen el Granma cual si fuese la Biblia, y para ir a la cola del pan o la bodega, visten con orgullo el gastado pantalón verde olivo de sus años mozos y el pulóver rojo con la consigna “Ordene” que le dieron para alguna marcha o mitin de repudio. Se niegan testarudamente a ver el desastre, y tratan de mantener el fervor, o aparentarlo, como si aún estuvieran en los primeros años 60.

Y si algunos ven “los errores cometidos”, si los admiten, siempre hallan justificaciones: el bloqueo yanqui, el burocratismo, las orientaciones malentendidas, la indisciplina, los extremistas, “los oportunistas que engañaban a Fidel y no le decían la verdad”, etc. Por muy mal que les vaya, por mal que se sientan, sobre todo con ellos mismos, se niegan a dar su brazo a torcer y admitir que derrocharon su tiempo y sus energías en una causa, que más que equivocada, lo intuyen, resultó perversa.

Esos ancianos aferrados ciegamente al castrismo, a los que invariablemente la gente tilda de “chivatones”, son los que peor caen. Todavía son temidos, aunque ya no tanto. Ya ni siquiera la policía les hace demasiado caso a sus confidencias y sus informes. Ahora son el hazmerreír del barrio. Eso, en el mejor de los casos. Si no, son denostados, despreciados, odiados. A Marrero, uno de mi barrio, cuando pasa, maltrecho, le gritan con sorna y en falsete las consignas que hasta hace unos años repetía por las calles, a través del megáfono.

Conozco en San Miguel del Padrón, allá por la Loma de los Zapotes, a un tipo decente y jovial, cincuentón, tornero de los buenos, que elude hablar de política (no le interesa, dice). Jamás ha hecho daño a alguien, pero todavía no le perdonan que su ya hace varios años fallecido padre, que se decía más comunista que el camarada Vladimir Ilich, vestido de miliciano y con la Makarov al cinto, se jactara de que en su barrio jamás permitiría que “los gusanos asomaran la cabeza”.

En cualquier barrio habanero, hablan pestes y horrores de aquel viejo fanático y tremebundo, guarapito con tofa y jefe de vigilancia del CDR, que a tantos perjudicó con sus informes y chivatazos. Se niegan a aceptar que todos sus descendientes no sean iguales. Como si “eso” se llevara en la sangre o el ADN.

Y uno no puede evitar preocuparse cuando en vez de antídotos para la cura del mal totalitario, se percibe tanto odio y resentimiento acumulado durante demasiado tiempo, y que no cede, sino que crece, intoxicando aún más a esta sociedad.

Luis Cino
Cubanet, 2 de noviembre de 2018.
Foto: Tomada de Cubanet.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Cuidar ancianos para tener una casa en La Habana


La promesa de ser incluida en el testamento, 60 pesos convertibles al mes y un techo donde vivir en La Habana es lo que ha recibido Rebeca, una guantanamera que cuida a una pareja de ancianos en la barriada de La Víbora. Este es un fenómeno no exento de riesgos y cada vez más común en la Isla, donde crece el número de personas de la tercera edad.

Con un déficit de asilos y de asistentes sociales, las autoridades han reconocido que el cuidado de ancianos está plagado de lagunas legales. El Gobierno ha habilitado una licencia de trabajo por cuenta propia para ejercer de cuidador de ancianos, por la cual el cuentapropista recibe un pago, pero el resto de acuerdos entre cuidadores y ancianos (o sus familiares) son meramente verbales, están al margen de la ley y pueden ser incumplidos por una de las dos partes.

"Empecé a hacer este trabajo por necesidad, porque llegué a La Habana y no tenía donde vivir", recuerda ahora Rebeca, divorciada y con dos hijos, uno de los cuales reside con ella en casa de los jubilados. "Es una labor dura porque no solamente es velar porque coman, estén limpios y se tomen sus medicamentos, sino que también hay que darles afecto".

Trabajar como enfermera durante más de 15 años en un policlínico de la ciudad de Guantánamo le ha servido para ejercer su nueva profesión. "La mayoría de las personas que están ahora cuidando ancianos provienen del sector de la Salud Pública", asegura Rebeca. "Allí aprendemos muchos procedimientos que son importantes a la hora de velar por una persona de la tercera edad".

Sobre la repisa de la sala donde viven los ancianos hay una fotografía de hace más de una década donde se ve a los padres, que se quedaron en Cuba, junto a los hijos que emigraron. Puntualmente, los dos hijos mandan desde Estados Unidos el dinero para pagar a la cuidadora, comida y paquetes con pañales desechables. "Pero casi no llaman y hace tres años que ninguno ha venido", dice Rebeca.

En la misma cuadra, otros seis ancianos viven en situaciones similares, algunos reciben remesas y otros viven rozando la mendicidad. No faltan tampoco quienes sufren de falta de atención o malos tratos o que sólo sobreviven porque los vecinos se han hecho cargo de su cuidado.

La práctica de cuidar a ancianos dependientes para obtener a cambio algunos beneficios ha logrado que muchos cubanos vivan sus últimos años acompañados, pero también encierra grandes peligros cuando alguna de las dos partes incumple su parte del acuerdo, especialmente para los mayores dependientes.

"Se da mucho la situación de que vienen ancianos a poner en su testamento a alguien que los va a cuidar, pero después que esa persona se ve con ese derecho sobre la casa, muchas veces no cumple con su parte", lamenta Iloisa, trabajadora de una notaría en el municipio San Miguel del Padrón. "Los riesgos son altos si la familia no puede controlar que todo va bien y si el anciano está recibiendo una buena atención".

Marisabel Ferrer García, responsable de la Dirección de Trabajo del municipio Diez de Octubre, reconoció recientemente en la prensa oficial que "es muy complicado poner a un individuo desconocido dentro de una casa, debido al riesgo de robos y maltratos", pero que esa sigue siendo una solución muy socorrida.

En la Estación de Policía de la calle Zanja en La Habana son comunes los reportes sobre ancianos que sufren maltrato, explica un oficial que hace la guardia en la carpeta donde se recepcionan las denuncias. "Hemos tenido casos de personas muy viejas encerradas en cuartos pequeños para que no se escapen y hasta amarrados a las camas o con claras señales de desnutrición".

"Por regla general, cuando recibimos esas denuncias las pasamos a trabajadores sociales para que visiten el lugar, pero nosotros no podemos hacer mucho", reconoce. "Los casos más duros que hemos tenido ocurren con cuidadores que le dicen a la familia, que no vive en Cuba, que ellos se están ocupando bien del viejito, pero en realidad no es así, lo maltratan y hasta le roban".

"Muchas veces las personas que cuidan ancianos centran toda su atención en las necesidades de tipo físico, especialmente en aquellos que tienen problemas de movilidad y están recluidos dentro de sus casas, pero ese es un momento en que el individuo necesita muchísimo del afecto y el apoyo emocional", explica la psicóloga Indira Villavicencio.

Para Villavicencio, debido a la gran necesidad que existe "de cuidadores ahora mismo en el país está ocurriendo que personas sin preparación o que no están capacitadas para atender a los ancianos en todos los aspectos, están al frente de su cuidado y sin la presencia de hijos o familiares que supervisen su labor".

El maltrato a las personas de la tercera edad pocas veces se denuncia, puntualiza la psicóloga, "porque el anciano no tiene la capacidad de decirlo a una autoridad que lo ayude, porque teme quedarse más solo si pierde a su cuidador o porque tiene miedo de sufrir mayores represalias de parte de éste".

Zunilda Mata
14ymedio, 1 de noviembre de 2018.
Foto: Tomada de 14ymedio.