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lunes, 18 de marzo de 2019

A La Habana se le fue su Ambia



El lunes 28 de enero fallecía en La Habana Eloy Machado, El Ambia, el poeta de la rumba.

Eloy Machado Pérez nació en La Habana el de 13 de mayo de 1940 y desde niño se vinculó a la rumba. Con su madre, Jacinta Pérez, vivió en el solar El Reverbero, donde se rumbeaba sin descanso. Allí conoció a los hermanos Pantaleón, rumberos de pura cepa, oriundos del barrio de Jesús María.

Van Van hizo musicalizó un poema del Ambia:


No hay habanero que haya estado cerca del arte, la cultura y la música de Centro Habana (donde nació el feeling y la rumba tuvo y tiene un trono del mismo tamaño que el de Matanzas), que no haya conocido al Ambia, el personaje negro más popular de la ciudad, como en su momento fue El Caballero de París.

Cuando para el Noticiero Nacional de Televisión cubrí el sector cultural, muchas veces coincidí con El Ambia, que era muy amigo de mi querido Pablo Milanés. Entrevista que le hiciera el músico Alfredo Hernandez Gómez (1971-2012), hijo menor de la cineasta Sara Gómez (1942-1974) y el sonidista de cine Germinal Hernández (1944-2007).

El Ambia tenía una peña en la UNEAC, muy distinta a la que Sirique en Santa Rosa e Infanta, Cerro, y a la cual en 2016 recordé en mi blog.

"La patria del Ambia es su jerga y la rumba. A Eloy Machado Pérez, el Ambia, le conocí en su patria legal y emocional, Cuba, en su querida ciudad natal, La Habana; le conocí en el contorno que ha formado al hombre y al autor, le conocí tras largas conversaciones donde abordamos lo divino y lo humano, y mi conclusión seguía y sigue siendo la misma: la patria del Ambia es su jerga y la rumba", subrayaba la escritora española Zalín de Luis en el primer número de la revista Autogiro, en el otoño del 2000.

En el dialecto Efik, Ambia significa hermano.

Tania Quintero
Foto: Tomada de Aché pa'ti, Ambia, de Rui Ferreira.

lunes, 11 de marzo de 2019

La tardía rehabilitación de Ela O'Farrill


No tiene comparación la cara dura e hipocresía de los comisarios que rigen la cultura oficial en Cuba: han dedicado a la compositora Ela O´Farrill el Festival Longina de la Trova Cubana, del 8 al 13 de enero de 2019 en Santa Clara.

Todo estaría muy bien con ese homenaje, más que merecido, en la ciudad donde nació la compositora en 1930. Solo que los organizadores del evento hicieron como si tal cosa y no tuvieron la decencia de explicar a los que no saben quién fue Ela O’Farrill, por qué durante décadas estuvo borrada de los anales de la música cubana, explicarles que en los años 60 fue censurada, vejada, calificada de “gusana”, sometida al ostracismo y forzada al exilio -sí, porque fue un exilio aunque en sus últimos años le permitieran venir varias veces a Cuba a visitar a sus familiares y amistades- por el único delito de componer una canción de amor que se llamó Adiós felicidad, que fue considerada contrarrevolucionaria por unos ridículos censores a los que ya no se les ocurría qué más prohibir.

¿Qué pretenden los comisarios que nunca se arrepienten por sus errores y horrores, sino que si acaso, los justifican? ¿Desagraviar a Ela O´Farrill, reivindicarla, o como prefieren decir en su jerga, rehabilitarla? Es poco y demasiado tarde. La compositora se fue de este mundo sin que los comisarios le pidieran perdón por aquella ridícula prohibición de Adiós felicidad.

Los comisarios consideraron perverso que en la Cuba de 1962 alguien se atreviera a cantar “adiós felicidad, casi no te conocí…”. Había que estar feliz con la revolución, con las promesas del Máximo Líder, con el futuro luminoso del socialismo. No importaba que La Habana se llenara de mugre y de uniformes militares, que los boleros y el son fueran sustituidos por marchas guerreras, que hubiera fusilamientos a tutiplén, que las cárceles estuvieran repletas, que los alimentos hubieran sido racionados, que las vidrieras de las tiendas estuvieran vacías, que cada vez más familias estuviesen desgajadas, que el estado lo controlara todo, absolutamente todo, hasta con quién te acostabas, que el país estuviese a punto de ser borrado de la faz de la tierra debido a la decisión del Comandante en Jefe de instalar misiles nucleares soviéticos en Cuba… Así y todo había que ser feliz, no podía haber espacio para la tristeza.

La primera cantante que en 1962 grabó Adiós felicidad fue Doris de la Torre. Le siguieron Olga Chorens, Elena Burke, Bola de Nieve, Ela Calvo y la Orquesta Aragón. Después prohibieron la canción. Lo que azuzó la jauría fue un artículo de Gaspar Jorge García Galló, un bilioso plumífero estalinista que veía alusiones contrarrevolucionarias hasta en la sopa. Parece que, de tan atareado con las tareas comunistas y con la sensibilidad de una garrapata, nunca sufrió por penas de amor…

Una noche, a Ela O’Farrill, que tenía 32 años y trabajaba como maestra, no la dejaron entrar al lobby del hotel Saint John, en El Vedado, donde cantaba con su guitarra, alternando con José Antonio Méndez, y se la llevaron arrestada. La interrogaron, le preguntaron acerca de la gente con quien se relacionaba, qué se proponía al hacer canciones pesimistas y derrotistas como “Adiós felicidad”. Antes de ponerla en libertad, le dijeron que sabían que era homosexual -probablemente dijeron “Invertida” o “tortillera”, que eran los términos que empleaban entonces y hasta no hace mucho- y le advirtieron de las consecuencias que acarreaba violar “la moral revolucionaria”.

Poco después, la cantautora, desolada, se topó con Fidel Castro, que comía en un restaurante en la esquina de 23 y O, en El Vedado, y logró acercarse y darle las quejas. El Comandante la escuchó, y afable, risueño, con aires de perdonavidas, le dijo que no pensaba que “Adiós felicidad” fuera contrarrevolucionaria, que “los desengaños amorosos podían ocurrir en cualquier circunstancia”. Esa anécdota la contó la doctora Graciella Pogolotti en su libro Polémicas culturales de los años 60 en Cuba.

Pero contradiciendo el final feliz del asunto que da la doctora Pogolotti, mi amiga y colega Tania Quintero, que reside en Suiza, exiliada desde hace 15 años y que es la persona que con sus escritos en Penúltimos Días y en su blog, más ha hecho por rescatar del olvido a Ela O’Farrill -le hizo una excelente entrevista vía email en el año 2008- se pregunta si la compositora “encontró a Fidel antes o después de haber sido llevada a Villa Marista o si fue arrestada por la osadía de localizar y hablar con el Comandante”.

Lo cierto es que durante muchos años no se volvió a escuchar Adiós felicidad en la radio cubana, y a Ela O’Farrill la arrinconaron y ningunearon hasta que no encontró mejor opción que irse a vivir a México en 1969, donde murió en octubre de 2014.

Es bueno recordar estas historias de infamias, que de tan ridículas pueden parecer increíbles, para que los muertos que lo merecen puedan descansar en paz, para que los comisarios buitres no consigan saquear sus tumbas.

Luis Cino
Cubanet, 20 de enero de 2019.
Foto de Ela O'Farrill tomada de Cubanet.

Leer también: El regreso de Ela O'Farrill y Las cosas de Ela y Recordando a ElaO'Farrill, los tres de Tania Quintero.

lunes, 4 de marzo de 2019

Las señales vienen del cielo



Tras el devastador tornado de la noche del 27 de enero y de los pedruscos cósmicos que hace unos días llovieron sobre Viñales y otras regiones de Pinar del Río, presuntamente debido a la explosión de un meteorito, los supersticiosos, que son muchos en Cuba, andan con los pelos de punta.

“Son señales del fin de los tiempos, la venida de Jehová se acerca”, asegura Antonia, una vecina de mi barrio, sexagenaria y adventista del Séptimo Día que antes fue católica. Conmina, Biblia en mano, a los que quieran salvarse, a acudir al Señor, arrepentirse de sus pecados y entregarse a Él, a su misericordia infinita, antes de que sea demasiado tarde.

Lo repite con fervor, gesticulando, con el rostro transfigurado, en las esquinas, en la bodega, en la cola del pan o de la guagua. En mi barrio, donde abundan Testigos de Jehová, nazarenos, adventistas, bautistas, pentecostales, la escuchan atemorizados y le dan la razón. Incluso cuando afirma que los cubanos (aun si están en Hialeah, donde también hubo un tornado) se merecen un castigo divino. “Por tantos años de negar a Dios, por tanta impiedad e idolatría, por tantos santeros como hay, por tanto desenfreno sexual, tantos abortos… Ahora, para colmo, quieren legalizar que los homosexuales se casen y romper el diseño de la familia original”.

Esto último, a propósito del matrimonio igualitario y la posibilidad de que parejas homosexuales puedan adoptar niños, se lo escucho repetir a muchos miembros de las iglesias evangélicas como principal motivo de la ira de Dios con los cubanos.

Los cristianos fundamentalistas, aunque envalentonados por haber conseguido la retirada del artículo 68 de la nueva constitución, no se dan por vencidos. Saben que el régimen hizo un malabarismo para cambiar de lugar en el articulado de la Constitución –del 68 al 81- y aplazar, siempre a su conveniencia, la cuestión del matrimonio igualitario. Y con eso, si bien logró desviar la atención de otros asuntos, quedó muy mal parado, tanto con la comunidad LGBTI como con los cristianos, que ahora auguran todo tipo de penalidades divinas, cual si Cuba fuese el equivalente caribeño de Sodoma y Gomorra.

Cuando le comenté los apocalípticos anuncios de Antonia al pastor Manuel Morejón, de la Alianza Cristiana, me dijo que interpretaba que Dios, con el tornado, quiso castigar a los idólatras. Para él, resulta significativo que Guanabacoa y Regla, las zonas más castigadas por el tornado, son los baluartes de la santería en La Habana.

Los santeros andan asustados y hacen ofrendas a sus santos para aplacarlos. Particularmente a Shangó y Yemayá. Aun así, esperan eventualidades peores en los próximos meses. La letra del año, que hace la Asociación Yoruba, predijo para este 2019, regido por Oshún y Oggún, además de enfermedades, desastres, catástrofes, destrucción…

Guillermo, un cincuentón residente en Boyeros al que le ha dado por el espiritismo luego de que lo desmovilizaran deshonrosamente de las FAR, atribuye el tornado y también el accidente aéreo del pasado año a la ira del espíritu de José Martí, y argumenta: “Martí está cansado de que este gobierno lo utilice y manipule para sus fines: que si el autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada, que si el antimperialismo, que si el partido único…Ya se cansó, no aguanta más. Fíjate, el accidente del avión, el año pasado, ocurrió el 19 de mayo, en el aniversario de su muerte en Dos Ríos, y el tornado, que se formó en el Reparto Martí, fue el 27 de enero, la víspera del aniversario de su natalicio. ¡Tú verás que en mayo, en el aniversario de la muerte del Apóstol, va a haber otro desastre!

Luis Cino
Cubanet, 4 de febrero de 2019.
Foto de Hansel Leyva tomada de Periodismo de Barrio.

jueves, 28 de febrero de 2019

Las Estrellas de Areíto (II y final)


En 1980, el sello japonés Vivid Sound publica un pack con los cinco LP (fabricación EGREM y bajo licencia de esta marca) con referencia VS5-8001, que años más tarde es reeditado en otro pack, pero concentrando todos los temas de esos 5 LPs en 3 CDs). En 1981, al regreso de la corta gira por Venezuela, se vuelven a reunir y graban otro LP que en sus créditos no sigue el orden de las ediciones de los discos anteriores (debió ser el Volumen VI), ni tampoco en cuanto a la marca artística: sale bajo el título “Las Estrellas Areíto de Cuba”, como un disco único, y la nómina ahora estaría integrada por:

Voces solistas: Teresa García-Caturla, Tito Gómez y Miguelito Cuní.
Piano: Rubén González.
Tres: Niño Rivera
Violines: Enrique Jorrín, Pedrito Hernández y Elio Valdés.
Bajo: Fabián García-Caturla.
Trompetas: Jorge Varona, Reynaldo Larrinaga, Luis Mirabal, Octavio Calderón y Félix Chappottin.
Trombón: Jesús 'Aguaje' Ramos.
Timbales: Amadito Valdés.
Bongó: Ricardo 'El Niño' León.
Congas: Arístides Soto, más conocido por Tata Güines.
Flauta: Joaquín Oliveros.

Esta nueva grabación, al parecer, no salió en Cuba en formato LP, sino en Venezuela publicada también por el sello Integra bajo licencia EGREM, en formatos de LP (EG-13-119) y cassette (EG.13.120) Años más tarde, en 1988, bajo el influjo enceguecedor del Buena Vista Social Club, el sello francés Edenways lo publica íntegramente bajo el nombre de Estrellas de Areito. Rubén González. Cuban All Stars (EDE-2004-2).

A instancias de Juan de Marcos González, en 1998 el productor inglés Nick Gold, el mismo de Buena Vista Social Club, asumió la producción bajo el sello Nonesuch (Ref. 9551-2) del CD Los Héroes, un reissue de la casi totalidad de los temas incluídos en los primeros 5 discos, a excepción de El Manisero.

Concebido como un proyecto discográfico, lo mismo que las Cuban Jam Sessions, las circunstancias en que se grabaron los discos de Las Estrellas de Areíto actuaron en su contra: en 1979, con la desconexión involuntaria de Cuba respecto a los circuitos de distribución internacional de la música, EGREM tenía el monopolio de la producción y fabricación de discos, siendo una empresa incapaz por sí misma de articular su inserción en el mercado internacional.

Con ejecutivos de nueva promoción y escasa o nula experiencia internacional, EGREM se centraba en la producción y la circulación de sus discos esencialmente dentro de las fronteras cubanas, más algunos acuerdos sueltos y esporádicos con los que intentaban burlar el aislamiento internacional, pero que no articulaban con el segmento comercial de la industria a escala planetaria, que permitiera la difusión de estos discos y la eventual realización de giras y conciertos.

Raoul Diomandé, por su parte, enfrentó problemas para conseguir una distribución de mayor alcance para estos discos joyas, y lo más que logró fue hacerlos circular discretamente en Francia y algunos países del continente africano, con una carátula similar, aunque no igual a la original de EGREM. Con el paso del tiempo, fueron cayendo en el olvido, o quizás los nuevos que llegaban a decidir en la industria musical cubana ni siquiera supieran el calibre de lo que atesoraban. Lo cierto es que todavía, los vinilos de las Estrellas de Areíto -con poca tirada y escasas reediciones posteriores de manera íntegra- siguen siendo un tesoro valorado por los melómanos más acuciosos, pero desconocido y aún pendiente de difundir.

Hay patrones comparativos, si tenemos en cuenta que hubo después un Buena Vista Social Club donde alinearon algunos de los grandes nombres de las Estrellas de Areíto. Era tan perceptible el resplandor del olvido a que habían sido sometidos estos discos que un gran conocedor decidió honrar a aquellos músicos y aquellas jornadas: Juan de Marcos González lideró el proyecto de reeditar, remasterizadas, aquellas sesiones, que recogió en el CD doble Los Héroes bajo la misma denominación de Las Estrellas de Areíto, y que, como ya dijimos, es la única referencia que, salvos escasos tracks sueltos y bajo otras denominaciones, el melómano puede encontrar hoy día en las plataformas digitales de música.

En el blog Rutas en el aire, de la Fonoteca Torrente, su redactor anónimo expresa: “Y las descargas que grabaron estos cerca de treinta excepcionales músicos en 1979 (Pío Leyva, Miguelito Cuní, Paquito D’Rivera, Rubén González, El Niño Rivera, Arturo Sandoval) son para muchos una de las mejores grabaciones de Cuba en el último cuarto del siglo XX. Esto sí era auténtico, estaba hecho por intérpretes que lo habían mamado, lo llevaban en el ADN de serie. La 'respuesta' del conglomerado cubano al movimiento de la salsa se puede escuchar en la primera canción, Pónganse pa'las cosas. La declaración de intenciones no deja lugar a dudas al afirmar: “Pónganse pa’las cosas/ que sigue imperando el son/ si te hablan de la salsa/ mentira, se llama son”.

A punto de cumplirse casi 40 años de estas grabaciones, lo ocurrido con ellas permite concluír que no ocurrieron en el momento preciso, ni en el lugar adecuado para ese momento, lo que cambiaría cuando por esos azares de la vida y también por las circunstancias que concurrieron, cristalizó el Buena Vista Social Club y la industria estuvo lista para volver a abrirle los brazos del mundo a la música tradicional cubana.

En todo caso, al decir de Amadito Valdés, probablemente Las Estrellas de Areíto sean “el proyecto más aglutinador en la historia de la música nuestra”.

LOS DISCOS ORIGINALES DE LAS ESTRELLAS DE AREITO

Volumen I

A (Olmo y Bacallao)
Hasta Pantojo baila mi son – Son – Pedro Aranzola
(Miguelito Cuní)
Que traigan el guaguancó – guaguancó – Pedro Aranzola

B (Miguelito Cuní – Filiberto Hernández)
Guaguancó a todos los barrios – guaguancó – Pedro Aranzola.

Volumen II

A (Pío Leiva)
Póngase para las cosas – son – Pedro Aranzola
(Teresa García Caturla)
U-la-la – son montuno- Juan Pablo Torres y Humberto Cardonell

B (Pío Leiva)
Mi amanecer campesino – son montuno – Pedro Aranzola

Volumen III

A (Manolo Furé y Teresa García Caturla)
El manisero – son montuno – (Moisés Simons)
(Grupo Algo Nuevo)
Fefita – Danzón – José Urfé

B (Miguelito Cuní)
Yo sí como candela – Son montuno- Luis “Lilí” Martínez Griñán

Volumen IV

A (Tito Gómez)
Llora timbero – rumba – (Israel Rodríguez Scull)
(Pío Leiva)
Maracaibo Oriental – son montuno- José Artemio Castañeda

B (Magaly Tras y Teresa García Caturla)
Para mi Cuba yo traigo un son – son – D.R.

Volumen V

A (Carlos Embale y Teresa García Caturla)
Guajira Guantanamera – guajira son- Joseíto Fernández
(Pío Leiva)
Maracaibo Oriental – son montuno- José Artemio Castañeda

B (Magaly Tras y Teresa García Caturla)
Para mi Cuba yo traigo un son – son – D.R.

Volumen V

A (Carlos Embale y Teresa García Caturla)
Guajira Guantanamera – guajira son- Joseíto Fernández
(Pío Leiva)
El pregón de la montaña – son montuno- Pío Leiva

B (Estrellas de Areíto)
Prepara los cueros – son- Juan Pablo Torres.

LAS ESTRELLAS AREITO DE CUBA

Tema (Rubén González)
Taurema (Teresa García)
Mucho corazón (Enma Elena Valdelamar)
Santa Isabel de las Lajas (Benny Moré)
Celos de ti (Marcelino Guerra “Rapindey”)
Convergencia (Bienvenido Julián Gutiérrez)
Olga la tamalera
Azúcar con ají (Andrés Echevarría, Niño Rivera)
Bilongo (Guillermo Rodríguez Fiffe)
Trompetas en chachachá (Enrique Jorrín).

Rosa Marquetti Tores
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, diciembre de 2018.
Ver fotos, agradecimientos y citas en Desmemoriados.

Video inicial: Azúcar con ají, de Niño Rivera, con las voces de Miguelito Cuní y Teresa García Caturla, piano de Rubén González, trompeta de Félix Chappottín y Amadito Valdés en los timbales.

lunes, 25 de febrero de 2019

Las Estrellas de Areíto (I)



Las Estrellas de Areíto y los seis vinilos que grabaron están entre los grandes olvidados de la música cubana. Grabados en 1979 son conocidos y valorados por melómanos y coleccionistas, pero no han tenido la repercusión que su calidad amerita, ni la condición de grabaciones ya legendarias en las que participaron los mejores exponentes de la música popular, que vivían en Cuba en aquel momento.

Estas grabaciones no son tomadas en cuenta cuando se habla de descargas míticas de músicos all-stars en la música latina. Tuvieron que pasar muchos años para que en Cuba se reeditaran en formato CD (según catálogo EGREM, con referencias CD-141, 142 y 143) No están completos en Spotify, ni en Itunes y sólo la edición-homenaje a aquellas míticas sesiones, que impulsara años después Juan de Marcos González hacen que su nombre aparezca en los buscadores de las plataformas de distribución musical. Los nuevos distribuidores internacionales del catálogo patrimonial del sello EGREM/Areíto los ignoran hasta hoy. Pero Las Estrellas de Areíto son joyas verdaderas.

In opossite hace unas semanas el sello Craft Recording, división de Concord Music Group, de Los Angeles, con la acertada participación de la periodista e investigadora Judy Cantor-Navas, ha lanzado en formato LP y CD otros 5 discos que, de alguna manera están en los antecedentes de Las Estrellas de Areíto: me refiero a los vinilos de las míticas Cuban Jam Sessions, gestadas y fijadas por el sello Panart.

Grabadas a finales de la década de los 50, estos discos que recogen verdaderas descargas cubanas, con arraigo en el son, fueron protagonizadas por virtuosos en sus respectivos instrumentos y es un acierto que se pueda contar ahora no sólo con los discos organizados y en un único pack, sino también con un booklet con el resultado de las interesantes pesquisas realizadas por Judy a lo largo de varios años, en los que pudo entrevistar a algunos de los escasos participantes que habían sobrevivido, y también a la hija de Ramón Sabat, el creador y ex-dueño de Panart, en medio de un panorama de escasez de datos fidedignos, parquedad en los créditos que acompañaron a los discos originales, y casi inexistente repercusión en prensa al momento en que salieron por primera vez cada uno de esos discos al mercado.

Grabadas en un marco absolutamente lúdico y descargoso, las Cuban Jam Sessions se convirtieron rápidamente no sólo en un referente paradigmático, que tanto los músicos cubanos que emigraron, como los que permanecieron en Cuba, evocaban con recuerdos de diverso signo, pero en general, coincidentes en la descripción del espíritu de libertad creativa, improvisación, gozadera y fraternidad que las caracterizaron, sino también en fuente de inspiración para otros músicos. Lideradas por el pianista, director y compositor Julio Gutiérrez, las sesiones contenidas en los dos primeros discos y por Niño Rivera, la del tercer volumen, se completarían con las del contrabajista Israel López 'Cachao' y el flautista y director José Fajardo. Grabadas todas en los antiguos estudios Panart (ahora Estudios Areíto, de EGREM), excepto una parte del volumen 5, que fue grabada en Nueva York, esas sesiones tuvieron lugar entre 1956 y 1964.

Como señala Judy Cantor-Navas, estas descargas grabadas inspiraron primero a Al Santiago, director del sello discográfico neoyorkino Alegre, a crear y grabar en 1961 The Alegre All-Stars, y años después a Johnny Pacheco, en alianza con el abogado Jerry Masucci –fundadores en 1964 del sello Fania-, para crear la famosa Fania All- Stars. Todos ellos han reconocido la influencia de las “cuban jam sessions” (también conocidas como “sesiones de Panart”), que, en todo caso, contribuyeron a cambiar el sonido de la música latina, con fortísima presencia e influencia de la música cubana, que se hacía en Estados Unidos.

Cuando en 1979 la Fania All-Stars llega a La Habana como parte de lo que hoy se conoce como Havana Jam, no podía ser mucho lo que sabían sus integrantes de lo que ocurría en música en Cuba a partir de octubre de 1960, cuando el gobierno norteamericano decretó el bloqueo-embargo hacia Cuba: las fluídas e incesantes comunicaciones entre músicos residentes en ambos países habían quedado si no truncas, al menos seriamente obstaculizadas. En Nueva York, los músicos cubanos emigrados continuaron creando y de algún modo se volvieron referentes para sus colegas latinos, pero en Cuba la creación y el surgimiento de nuevas figuras tampoco se detuvo.

En 1977 con la llegada a la presidencia de Estados Unidos de James Carter y su política menos beligerante hacia Cuba, se habían abierto ciertas brechas en el ámbito cultural: ese mismo año Dizzy Gillespie viaja por primera vez a La Habana, en una visita debida desde hacía tiempo, por lo mucho que era deudor del legado dejado por Chano Pozo y la percusión afrocubana al jazz en USA; Chucho Valdés y el grupo Irakere se presentan en el Festival de Jazz de Newport de 1978. Y en 1979 se hace realidad el Havana Jam con la presencia de músicos norteamericanos como Billy Joel, Weather Report con Jaco Pastorius y Joe Zawinul, Rita Coolidge, Kris Kristofferson, Stephen Stills y entre muchos otros, la Fania All-Stars.

Cuando llega se presenta en La Habana ante un público que poco sabía de ella: en 1979 casi no nos llegaba la música que se hacía en sectores latinos de los Estados Unidos, como Nueva York o Los Angeles. Había suerte, si nos topábamos con algún disco traído por un marino mercante o un diplomático, pues en materia de vínculos interpersonales con los cubanos que vivían más allá de la Isla, era casi nada lo permisible y posible. Los músicos, muy a pesar de todo, se buscaron y encontraron, fiestaron en casas habaneras de colegas anfitriones, que les acogieron como a viejos amigos. E intercambiaron músicas. Y contrastaron…

El sonido Fania había comenzado a inundar el mercado musical a nivel mundial con algo que era música cubana, pero que sin dejar de serlo era refractaria a la influencia de numerosos ritmos del área del Caribe. Los ejecutivos del ahora poderoso sello rentabilizaron la oportunidad que la política les sirvió en bandeja de plata. Y los músicos que quedaron y vivían en la Isla continuaron creando, pero marcados por la inexistencia de un vínculo de Cuba con la industria internacional de la música, bajo el estigma de la incomunicación. Y Cuba era la denominación de origen!

Acá muchos músicos y entendidos consideraban que la Fania usurpaba ese origen para escamotearlo bajo el nombre de salsa; otros reconocían el aporte de otros ritmos caribeños a ese cocinado. Las opiniones eran diversas y corrían como ríos: algunos llegaban a expresar que los de Fania, al fundamentar su diseño, habían llegado a alterar la narrativa histórica del surgimiento y auge de la música cubana, y que además era una música comercial sin grandes valores creativos originales.

Así estaban las cosas cuando Raoul Diomandé, un activo productor musical de Costa de Marfil, radicado en París y fanático de la música cubana, se entera de la movida Fania en La Habana. Diomandé tenía vínculos con EGREM, pues distribuía en Francia y algunos países de Africa, el catálogo de la única disquera cubana en aquel momento. Fue suya la idea de retomar el espíritu de las descargas de un Todos Estrellas de músicos cubanos que vivían entonces en Cuba, se dice que como una respuesta a la moda mundial de la salsa, a lo que hacía la Fania All Stars, pero reflejando la música cubana de raíz, con la mirada contemporánea de los músicos cubanos estrellas que residían en la Isla, sin un propósito lucrativo, más bien como una respuesta a lo que entonces algunos llamaban “música comercial cubana hecha en Estados Unidos”.

La directiva de EGREM aceptó la propuesta de Diomandé y encargó la dirección musical y desarrollo del proyecto al experimentado trombonista, compositor y productor Juan Pablo Torres, cuyo legado -dicho sea- no ha sido aún lo suficientemente valorado y estudiado. Si las primeras descargas se conocían como las sesiones de Panart, las que organizó Al Santiago fueron las de The Alegre All-Stars y las de la Fania, mantenían la referencia a su sello discográfico, pues éstas tenían que ser, Las Estrellas de Areíto.

Juan Pablo llamó a los mejores en sus respectivos instrumentos, pero los créditos de la edición primigenia de los vinilos no pudieron ser más parcos en cuando a información. Según los datos que guarda el percusionista Amadito Valdés, al ser parte de aquellas sesiones, la nómina general fue la que sigue:

Trompetas: Jorge Varona, Manuel 'Guajiro' Mirabal, Arturo Sandoval, Félix Chappottin y Adalberto 'Trompetica' Lara, Juan Munguía y Jorge Luis Varona.
Trombones: Juan Pablo Torres y Jesús 'Aguaje' Ramos.
Piano: Rubén González y Jesús Rubalcaba.
Violines: Rafael Lay Apesteguía, Miguel Barbón, Pedro Hernández, Elio Valdés, Angel Barbazán, Pedro Depestre, Félix Reina y Enrique Jorrín.
Bajo: Fabián García Caturla y Tony (se desconoce su apellido).
Tres: Andrés Echevarría más conocido por Niño Rivera.
Cuatro: Israel Pérez
Flauta: Richard Egües y Melquiades Fundora.
Saxo-clarinete: Paquito D’Rivera.
Congas: Guillermo 'Agapito' García y Tata Güines.
Bongó: Ricardo 'El Niño' León.
Güiro: Gustavo Tamayo y Otto Hevia
Pailas: Amadito Valdés y Filiberto Sanchez
Cantantes: Miguelito Cuní, Tito Gómez, Pío Leiva, Teresa García-Caturla Magaly Tars, Carlos Embale, Manuel Furé, Filiberto Hernandez.
Coros: Hermanos Bermúdez, Manolo Furé, Pepe Olmos y Felo Bacallao, Modesto Fusté Filiberto Sánchez, Eugenio 'Raspa' Rodriguez y Rolo Martinez.

Las sesiones de grabación, según Amadito, transcurrieron los días 24, 25, 27 y 30 de Octubre y 1, 8 y 9 de noviembre de 1979 en los míticos Areíto, de EGREM (antiguos estudios Panart) que seguían en la calle San Miguel 410 entre Lealtad y Campanario, en el corazón de la zona hoy conocida como Centro Habana.

Juan Pablo Torres no quiso recurrir a temas ya conocidos, sino que en su mayoría se trata de composiciones de músicos en activo y menos conocidas entonces. La duración de los tracks no es para nada comercial, porque su productor respetó el ambiente descargoso que crearon los músicos, las inspiraciones prolongadas y los solos soberbios.

Era imposible que con estos músicos, lo que saliera de allí no fuera la excelencia. Otra cosa, y muy distinta, fue el destino que le esperó a aquellas grabaciones y al fenómeno mismo de Las Estrellas de Areíto. A Venezuela llegaron las noticias, y EGREM y Diomandé consiguen que el sello venezolano Integra Interamericana de Grabaciones S.A. publicara en 1980 estos discos con otro diseño de portada igual de minimalista, pero con más información sobre los integrantes. Un año después cierran un contrato para que Las Estrellas de Areíto se presenten, en vivo y en directo, en Caracas.

Eso ocurrió en mayo de 1981, dos años después de la grabación de los discos. Era probablemente, el primer gran grupo de músicos cubanos que conseguía presentarse allí después de 1960 y en él iban músicos veteranos que aún eran mitos venerados en esas tierras: Miguelito Cuní, Félix Chappottín, Niño Rivera, Rubén González, Tata Güines, Tito Gómez, Enrique Jorrín... Hasta los propios músicos venezolanos estaban expectantes con este encuentro. Cuenta Fabián García-Caturla que Oscar D’León mandó un aviso de su deseo de encontrarse con los músicos cubanos. Organizó una comida en su casa y allí, para sorpresa de los que asistieron, les esperaba D’León con Celia Cruz, junto a otros músicos venezolanos.

Los cubanos se presentaron con éxito total, y a juzgar por un video que ha circulado años después, aquella primera actuación en directo hizo justicia a las virtudes del registro fonográfico. “Tocamos dos conciertos, en el Poliedro de Caracas y en un teatro en Barquisimeto. También hicimos un programa televisivo en Venevisión", recordó Fabián. Por su parte, Amadito Valdés aclaró que “Juan Pablo no pudo ir al frente de la orquesta. Estaba de gira con su grupo Algo Nuevo y entonces, al frente de Las Estrellas de Areíto fue Enrique Jorrín.”

Rosa Marquetti Tores
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, diciembre de 2018.
Ver fotos, agradecimientos y citas en Desmemoriados.
Leer también: Cuando Billy Joel levantó tres días el embargo a Cuba.

jueves, 21 de febrero de 2019

De cuando Estados Unidos devolvió a Cuba restos de indios taínos



El 9 de enero de 2003, los habitantes de La Caridad de los Indios, intrincado paraje de la comunidad La Ranchería, en el municipio guantanamero de Manuel Tames, asistieron a una sencilla y anónima ceremonia de inhumación de los restos de siete indocubanos taínos, de ellos seis adultos y una menor, que durante casi un siglo reposaron en las vidrieras y almacenes del Museo Nacional del Indio Americano, de la Smithsonian Institution, Estados Unidos.

Oscar Montoto Mayor, escritor, investigador y promotor cultural de Baracoa, uno de los testigos presenciales de la ceremonia, en un pequeño libro titulado El descanso definitivo. Repatriación del ancestro indocubano (Ediciones Catedral, Santiago de Cuba, 2006), recogió sus memorias sobre la devolución de las osamentas a la Mayor de las Antillas. Entrevistado a través de Facebook, Montoto relató que “los restos mortales llegaron a La Habana el 19 de junio de 2002, custodiados por Richard West, director del Museo del Indio Americano, Jim Pepper Henry, del Programa de Repatriación, John E. Huerta, del Consejo General del Smithsonian Institution, y otros especialistas estadounidenses.

El pequeño cofre fue entregado en un emotivo acto a la señora Lupe Veliz, viuda del doctor Antonio Núñez Jiménez y presidenta de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre, que lleva el nombre del científico considerado el cuarto descubridor de Cuba. Presentes en el acto estuvieron el doctor Ángel Graña González, asistente por décadas de Núñez Jiménez, y Sergio Pastrana, secretario de la Academia de Ciencias de Cuba, entre otros invitados. Un tiempo después, el historiador de la ciudad de Baracoa,

Alejandro Hartman Matos, recibió la pequeña caja para custodiarla hasta el día en que se efectuaran los funerales, los cuales tuvieron lugar en enero de 2003, durante la celebración de en ocasión de celebrarse la IX Conferencia Legado Indígena del Caribe, con sede en Baracoa, la Ciudad Primada. Al evento asistió Francisco Ramírez Rojas “Panchito”, líder comunitario (Cacique) de La Ranchería, su hija Idalis, un grupo musical, una veintena de pobladores de esa localidad y varios descendientes de grupos étnicos de Estados Unidos y Canadá como los navajos, mohawk, kaw, algonquín, chicanos y varios puertorriqueños, suramericanos y estudiantes norteamericanos.

Concluida la IX Conferencia en Baracoa, los participantes partieron en ómnibus hacia Guantánamo, la capital de la provincia, donde la comitiva fue recibida por el General de Brigada, ya retirado, Francisco González López (Pancho), Héroe de la República de Cuba quien estuviera al frente del plan de desarrollo del macizo montañoso Nipe-Sagua-Baracoa. El 9 de enero de 2003, desde el Hotel Guantánamo los invitados partieron hacia La Ranchería. Tras un largo y tortuoso camino por empinadas lomas, finalmente llegaron a La Caridad de los Indios, donde los esperan los vecinos.



“En el pequeño poblado, recordaba Montoto en Facebook, en lento peregrinar, el Cacique Panchito nos condujo hasta el cementerio donde fue construida una bóveda atípica.El silencio prevaleció en el solemne ritual. Nos agrupamos en un círculo alrededor de la urna mortuoria y la caja contenedora de los restos que estaban en manos de una venerable anciana. En la bóveda se colocaron ofrendas florales de los asistentes. Entonces Panchito miró hacia el cielo, quizás intentando atrapar el tiempo, solicitó permiso a las mujeres y hombres mayores, y dijo: Esta es la historia. Nosotros queremos que nuestros nietos vean.

“Acto seguido, encendió un tabaco y pronunció la tradicional oración dirigida a las cuatro direcciones (Estaciones) y a la Tierra Madre, al Sol, el Agua, el Viento, la Luna y las Estrellas. En coro espontáneo, los pobladores de La Ranchería entonaron las notas de La Mamalina, copla popular convertida en símbolo de tradición y mensaje espiritual. Entonces la anciana colocó el pequeño cofre en el sitio destinado al reposo final y eterno. Las voces de los cantores, en una mezcla de alegría y dolor, iniciaron sus plegarias que retumbaron en nuestros corazones

“Los doctores Jim Pepper Henry (de origen kaw y muscogee), por el Smithsonian Institution; José Barreiro, por el Legado Indígena, y Ángel Graña González, por la Fundación Antonio Núñez Jiménez y la Sociedad Espeleológica de Cuba, agradecieron a los habitantes de La Caridad de los Indios por la permanente vigilia. Panchito, por su parte, abrazó a todos los presentes y dedicó una nueva oración”.

Así materializó su anhelo el Cacique guantanamero, quien después de conocer la presencia de restos de sus ancestros en el Museo del Indio Americano, dirigió una especial petición a José Barreiro, profesor de la neoyorquina Cornell University, en la que expresaba: “En nombre de mi comunidad, en nombre de todos los cubanos, queremos que nuestros hermanos mayores, los que están por allá, en la otra orilla, que vengan a descansar tranquilamente en su tierra, junto a nosotros, para nosotros cuidarlos”.

De esa manera fructificaron las gestiones que condujeron a la repatriación de los restos humanos, en cumplimiento de una ley federal de Estados Unidos. En las negociaciones, Cuba fue oficialmente representada por la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, y la Dirección Nacional de Patrimonio.

Usted se preguntará cómo osamentas indígenas cubanas fueron a parar al Museo Nacional del Indio Americano, con sede en Washington. Entre 1910 y 1920, el arqueólogo estadounidense Mark Raymond Harrington en diversas ocasiones visitó la Isla. Estudioso del Caribe precolombino y conocedor de la riqueza arqueológica sepultada en los suelos antillanos, Harrington localizó en la región de Baracoa, específicamente en Maisí, numerosas cuevas funerarias y artículos de procedencia taína. Allí desenterró todo lo que pudo y después de inventariar miles de piezas y objetos, que fueron embalados en 36 cajas, las embarcó en goletas que partieron desde el puerto de Baracoa rumbo a Nueva York.

Oscar Montoto Mayor subrayó que “cuanto llevó Harrington para su país, además de enriquecerle personalmente, le dio prestigio como investigador, pero dejó a Cuba casi esquilmada de la riqueza arqueológica más importante hallada entonces”. Entre los hallazgos más significativos de Harrington se encontraba el tótem o ídolo de Patana (1915), escultura con figura humanoide labrada sobre una estalagmita en la cueva de igual nombre en Maisí.

Alejandro Hartman, historiador y director del Museo Matachín, aclaró que "ese ídolo es representación de una deidad, de la adoración de nuestros antecesores. Era el concepto de respeto espiritual, de aquellas creencias de la época y de todo lo que representaba para ellos". En una entrevista concedida a Prensa Latina, Hartman aseguró que el regreso del petroglifo a su ubicación original “es una aspiración de los habitantes de Patana”.

Aunque Harrington cortó el petroglifo en varios pedazos y lo llevó a Estados Unidos, Hartman estima que en realidad no fue un depredador, porque todavía las cinco mil piezas sacadas por ese investigador se conservan en el Museo del Indio Americano, como él mismo comprobó. Y recordó que las autoridades cubanas de aquella época le permitieron sacar todas las piezas. "No robó nada, fue autorizado a hacer las investigaciones y a extraer lo encontrado. Eran los contubernios de gobiernos que permitían el saqueo".

Jorge Cantalapiedra
Periódico Venceremos, 29 de diciembre de 2018.
Fotos de la Fundación Antonio Núñez Jiménez. de la bóveda que en Guantánamo guarda los restos de los indios taínos devueltos a Cuba por Estados Unidos y del ritual oficiado por el Cacique Panchito el 9 de enero de 2003 en La Caridad de los Indios.

lunes, 18 de febrero de 2019

La impronta china en Caibarién



Aunque no constituyeron mayoría entre los inmigrantes desde mediados del XIX, los chinos aparecieron en casi cada rinconcito de Cuba exhibiendo sus típicos frenesíes comerciales. En Las Villas, entonces una provincia central, se establecieron los que en La Habana, saturada de negocios, no hallaron rescoldo promisorio que avivar.

Atraídos por las bonanzas de una isla que crecía agigantadamente con capitales mixtos -cuyas fuerzas laborales no sobraban ni resultaban, como ahora, mal remuneradas-, comenzaron a pulular sin aspavientos.

Hasta Caibarién, entonces un puerto en pleno apogeo desarrollista, llegó la familia Lou Su Ting, de Cantón (hoy Guangzhou), en la meridional costa China, tratando de importar directamente provisiones de aquellas lejanías.

A principios del XX ya existían sólidas colectividades -sin registro oficial en Caibarién-, como la Colonia Internacional Min Chi Tang.

El 8 de enero de 1902 se produjo la “legalización de una casa, de madera y tejas, en la calle de Patria 247, por el Sr. E. Achón, natural de la China Imperial, y zapatero de oficio”, de acuerdo al Folio 185, Tomo XIII del Ayuntamiento. Allí radicaría, a partir 1903, la Asociación China de Caibarién reunida en Junta General que tendría centenares de miembros. Esa sociedad quedó plasmada de acuerdo con lo dispuesto en la Ley de Asociaciones, hoy extinta.

La agrupación virtualmente “ocupa” todavía aquel inmueble -roto y vacío-, que según copia notarial, “fue construido por el maestro-carpintero Manuel del Toro, quien lo concluyó en septiembre”, aunque la ficha date de 1890. Hasta la fecha, ni la Embajada de la República Popular China en Cuba ni el Comité Central del Partido Comunista Chino, los copropietarios, han dispuesto un yuan para ayudarles.

Las famosas parrandas de Caibarién se enriquecieron cuando los inventores de la pólvora introdujeron sus alegres explosivos. No solo por el ruido y deslumbramiento que producían, sino por los dineros que hicieron falta en lo adelante para ganar las competencias inter-barriales. En crónicas de 1892 (Gacetillas y El Criterio Popular), consta que Chau Gomá, exfarolero cameral del Imperio, construyó “aditamentos exclusivos” para el desfile triunfal del barrio La Marina.

El mástil del farol asiático -diferente del tradicional- en forma de L invertida, mejoraba la manejabilidad y podían añadírsele velas, banderillas y borlas. Apenas quedan vestigios de aquellos precursores, pero los recuerdos perviven en el apego del pueblo.

En la parranda de 2009, por ejemplo, el barrio La Loma exhibió una carroza inspirada en una leyenda titulada “Chang-Ge, la diosa de la luna”. A lo largo del siglo anterior, devinieron exóticos temas de obligada recurrencia.

Algún 10 de octubre de la era republicana, por otro aniversario del inicio de nuestras guerras de independencia, fue mostrada la entonces iniciática Comparsa del Dragón, de sutiles imprecaciones esotéricas.

El asentamiento de la Asociación se hacía llamar “La Casa de La Patrona de Cuba”, más por ventajas políticas que por afinidad patriótica. Y era coronada por una hibridación clara y achinada de la popular virgen mambisa. El Kung Fu, Tai Chi -Chuan y Kun-, se asimilaron bien y extendieron sus experiencias a la acupuntura y la fisioterapia.

Se celebraban festividades como la llegada del año nuevo lunar, a finales de enero, principios de febrero, resguardando la autoctonía. Los nacidos en Caibarién aprendieron poco o nada del idioma original, consecuencia de discordancias lingüísticas (dialectales) con parientes naturalizados.

Los conocimientos se limitaron a ciertas expresiones, saludos y voces asociadas a la gastronomía: nombres de comidas o recetas de cocina; y no hubo aportes notables al castellano, excepto en locuciones que los estigmatizaban como objetos de mofa.

Difiriendo de la africanidad, no primó un sincretismo afín, aún cuando la Asociación llevó el nombre de la Caridad del Cobre, una estratagema para el visto-bueno, y gran parte de la membresía asumiera la religión católica, pues las creencias enraizaban en el culto a sus antepasados.Tampoco contribuyeron a la música del patio.

En cambio, la práctica de las artes marciales atrajo no solo a oriundos -reclutada asimismo por el Departamento de Seguridad del Estado como arma de combate contra “el enemigo”-, sino a muchos que continuaron con más o menos estabilidad en el espacio de la Asociación, de forma voluntaria y supervisada por “profesores-herederos”.

Aunque los españoles se adueñaron del amurallado cambalache insular, los asiáticos se colaron maravillosamente por un resquicio para hacerles competencia. Las bodegas La Trocha, de Antonio Chong y La Paloma, de Joaquín Wong; los bares La Chinita, El Madrugón, de Francisco Ley Chang y La Estrella de Oriente, así como la popular Tienda de Canuto, fueron plazas abiertas por cantoneses en Caibarién. En Remedios era muy popular La Joven China, céntrico complejo de fonda, cafetería y bar, entre otros comercios muy rentables.

Aparte de las lavanderías baratas que los chinos tenían en toda la Isla, no pueden olvidarse los vendedores ambulantes y hojalateros, carretilleros repletos de frutas y vegetales a precios también asequibles.

El mayor establecimiento asiático de Caibarién fue La Japonesa (1900), suerte de nombre transnacional que acercaba al Parque La Libertad su espectacular fachada. Su copropietaria hasta 1968 (fecha de la intervención 'contrarrevolucionaria') fue Gladys Lou Chang y ella la había heredado de sus fundadores, José Lou Su Ting y Rogata Chang, quienes con 15 y 13 años respectivamente, arribaron a Cuba en la barriga de un buque. Con tres pisos que incluían ferretería, materiales de imprenta, objetos de decoración, porcelanas, sedas, confecciones, calzado y bisutería, daba cobijo también a toda la estirpe.

Hacia 1917, tras el conflicto del gobernante chino Yuan Shikai con el Marqués japonés Ōkuma Shigenobu, el nombre cambió al de Casa Lou, pero para la gente siguió siendo La Japonesa, aún cuando el atarantado nuevo régimen se desentendió de preservarla en calidad de patrimonio.

Entre los muchos establecimientos prósperos del pueblo, quizá La Japonesa fuera el más pintoresco y desigual si lo comparamos con los pequeños negocios de empresas familiares; tiendas judío-polacas abarrotadas y toscas bodegas gallegas, pero nunca fue un simple bazar de antigüedades. Además de ropa y sombrerería, se vendían artículos para cumpleaños, juguetes, efectos eléctricos, aparatos musicales, artículos como el memorable papel crepé, cohetes y triquitraques, inciensos y objetos procedentes de disímiles culturas planetarias. Se incluían, por supuesto, obras de arte manufacturadas en Japón; finos jarrones, pinturas duraderas, y miniaturas de papel. El ambiente era estrictamente asiático y los empleados todos de la misma raza.

Entrar a La Japonesa era como atravesar una frontera, respirar perfumes Maderas de Oriente, opiáceos, curtidos olorosos y libros traducidos y recién impresos de fábula y misterio. Del techo colgaban guitarras y violines auténticos, un lugar donde podías adquirir uñas de carey, tijas y accesorios instrumentales; adornos femeniles y abanicos de sándalo. Las dependientas, todas muy refinadas. Y en la quincallería el viejo investido de japonés siempre servicial y serio.

Hoy contemplamos las ruinas insultantes que nos remontan a ese pasado en que se acudía por un avioncito impulsado por ligas, un yoyo o cuerdas para papalotes o instrumentos musicales, cuando se podían imaginar vocaciones futuras gracias a aquellos tenderos únicos. La Japonesa fue un lugar atractivo en su abigarramiento, y nos regaló tempranos atisbos del que sería el próximo amo voraz e industrial del mundo: el lejano -luego cercano- imperialismo chino (que no japonés).

Pedro Manuel González Reinosa
Cubanet, 1 de noviembre de 2018.
Foto: La Japonesa en 1907. Tomada de Cubanet.

jueves, 14 de febrero de 2019

Cuatro versiones de una canción cubana de amor




El autor de Tú, mi rosa azul es el guitarrista y compositor Jorge Mazón (La Habana, 1923), uno de los fundadores del feeling o filin. Además de Pablo Milanés, Tú, mi rosa azul, ha sido interpretada también por Vicentico Valdés y la Sonora Matancera, Moraima Secada con el Cuarteto de Meme Solís y la Señora Sentimiento, Elena Burke.

Tania Quintero

lunes, 11 de febrero de 2019

Boleros para Jeff Bezos


"Un bollo hala más que una carreta de bueyes", dicen en Cuba y en el caso de Jeff Bezos parece que así ha sido. O tal vez lo que ha acabado con su matrimonio de 25 años es su pene, del cual presume en estos mensajes enviados a la mujer que le ha robado el corazón.

Ella no es mucho más atractiva que la ex señora Bezos y su marido no es un mister universo, pero es mejor parecido que Bezos, con ese coco liso y esas orejas de palo. Aunque, claro, es el hombre más rico del mundo. Y el dinero al más feo lo embellece. Lo cierto es que el enamoramiento de Jeff Bezos se está convirtiendo en un culebrón mediático.

Cuando internet y los e-mails no habían invadido el mundo, y cuando twitter, facebook, whatsapp, instragram y toda esa vaina pública no había hecho su aparición, los hombres y mujeres del mundo occidental se declaraban su amor a solas, mirándose a los ojos, en un parque, a la orilla del mar, cenando en un restaurant o tomándose un trago en un club sin luces estridentes, escuchando una música suave y bailando apretados.

Por teléfono se decían cosas solo escuchadas por ellos. Si uno de los dos viajaba dentro o fuera del país, se mandaban cartas y postales, a veces acompañadas de fotos y solamente ellos tenían la posibilidad de leerlas y guardarlas... Hasta que se peleaban y rompían cartas, postales, fotos y regalos.

Pero ahora no. Ahora todo hay que decirlo, contarlo, fotografiarlo y subirlo a una red social. Y a pesar de contraseñas, nubes, llaves y candados, siempre alguien se entera y lo saca a la luz, como están haciendo con Jeff Bezos. A los Bezos se les rompió del amor y él se siente como una ola.

Si las mejores canciones de amor han nacido de los encuentros y desencuentros de una pareja, lo mismo puede decirse de los boleros, compuestos en Cuba, México o Puerto Rico. Para el hijastro de un santiaguero que a los 55 años se ha apasionado por Lauren Sánchez, estadounidense de origen mexicano de 49 años, Amor de otoño, de Pablo Milanés:



Si alguien tiene el correo electrónico de Jeff Bezos, favor hacerle llegar estos boleros y una botella de ron Bacardí.

Tania Quintero

jueves, 7 de febrero de 2019

Breves años cubanos de Anoland Díaz (II y final)



No encontramos más noticias sobre Anoland y su vida musical hasta que el 10 de marzo de 1943, tras la compra por el Partido Socialista Popular de la veterana Radio Lavín, se produce la inauguración de otra radioemisora que hizo mucho por la cultura nacional y por la cual pasaron la mayoría de los más prominentes nombres en la música y el arte en Cuba: la Mil Diez. Según refiere Oscar Luis López, historiador de la radio cubana, en su obra La radio en Cuba, Anoland Díaz fue una de las cantantes de planta, junto a nombres rotundos como los de Celia Cruz, Olga Guillot, Elena Burke, María Cervantes, Aurora Lincheta, Tomasita Núñez, Matilde Camejo, Estela Rodríguez -la hermana de Arsenio-, Alba Marina, Zoila Gálvez, Chiquita Serrano, Margarita Díaz; y entre los hombres, Miguelito Valdés, Miguel de Gonzalo, Bienvenido León, Alfredo León, Orlando Guerra Cascarita, Zephir Palma y muchos otros.

Anoland tenía cualidades musicales notables para haber transitado el mismo camino que muchas de las contendientes en el programa La Corte Suprema del Arte, donde resultó una de sus finalistas. A partir de 1938 en un momento que se considera de renovación y descubrimiento de nuevas figuras para el canto lírico cubano, las voces de Zoraida Marrero, María de los Angeles Santana, Esther Borja, Rosita Fornés y muchas otras irrumpieron en los escenarios, en la radio y hasta en el cine, y atendiendo a sus magníficos resultados era muy probable que Anoland, con su juventud y talento, pudiera seguir obteniendo como profesional éxitos similares.

Si damos crédito al periodista Daniel Domínguez, Anoland llegó a Panamá en 1947, tenía entonces 19 años. Aunque algunas fuentes indican que Anoland viajó con su familia para radicarse en Panamá, Domínguez pone en boca de Rubén Blades lo siguiente, referido a este hecho: “Abandonó su hogar porque no soportaba la situación familiar que vivía allá”. Y es muy probable que así haya sido, teniendo en cuenta la numerosísima familia que habían creado los padres de Anoland.

En la orquesta que la acompañaba en sus primeras incursiones musicales en Panamá, conoció al percusionista Rubén Darío Blades Bosques, bongosero por más señas, quien compartía su tiempo laboral como detective de la policía, según ha contado Iván García en su artículo La sangre cubana de Rubén Blades. Pero a Blades le apasionaba la percusión, y la música afrocubana. Tuvieron cinco hijos de los cuales Rubén es el segundo.

En su nuevo lugar, Anoland continuó su vida como cantante, pianista y actriz en radio novelas para la Red Panamericana y para RPC Radio. Algunas de las fuentes consultadas apuntan que Anoland Díaz tocó para la reina Isabel de Inglaterra, en alguno de los actos en homenaje a la soberana británica en ocasión de su visita oficial a Panamá en 1953.[27] Hizo también esporádicas apariciones cantando junto a su hijo Rubén y acompañándose ella misma al piano, de las que ha quedado este video.

A Anolan le gustaba cantar ópera, zarzuela, boleros y la música popular internacional. “El primer disco que se compró en mi casa, en 1959 o 1960, -contó Rubén- fue uno de Amad Jamal, pianista e intérprete de jazz. (…) No teníamos ni el dinero ni el espacio para tener un piano. Fue mucho después, cuando les compré a mis padres un apartamento, que le llevé su primer piano. Ella tocaba boleros y piezas clásicas, y algunas veces componía temas instrumentales.”

Sin embargo, Anoland nunca grabó un disco, y en cuanto a grabaciones comerciales, el único registro del que hasta ahora se tienen noticias, es el de su voz en ese clásico de la salsa que es Maestra Vida, la primera ópera salsa original en la historia del género y uno de los trabajos más trascendentales e inteligentes de su hijo Rubén como compositor, junto al puertorriqueño Willie Colón, quien fungió como productor y también músico. Grabada en 1980 y distribuida en un álbum doble bajo el sello Fania (LP F576/577), Maestra Vida marcó un antes y un después en el género salsa, al introducir la temática social que reflejaba los problemas y contradicciones en los espacios urbanos en los países latinoamericanos y en las zonas de Estados Unidos con gran presencia latina, a la vez que abordó en ella elementos de la narrativa literaria de Latinoamérica.

Musicalmente, Maestra Vida trascendió los límites estrictos de la salsa, al incluír boleros y un tratamiento instrumental que enriqueció ambos géneros haciéndolos acompañar de un formato sinfónico. Anoland aportó su voz al personaje de Manuela, que puede escucharse en el corte 5 del primer disco, un bolero bajo el título Yo soy una mujer, donde también hace un breve dúo son su hijo Rubén. También la voz de Anoland aparece fugaz al final del corte 3 Carmelo después (El viejo Da Silva) del segundo disco de Maestra Vida.

De la experiencia personal que representó este trabajo con su madre, diría Rubén: “Cuando estoy en un estudio de grabación, suelo transformarme en un tirano. En aquella ocasión tuve que hacer un esfuerzo para calmarme, pues estaba más nervioso yo que ella, y eso no la ayudaba. Pero su voz es tan dulce y tan expresiva que le dio un sentido especial a ese número. Yo soy una mujer fue su única grabación en un disco, como intérprete. A pesar de su inmenso talento, nunca grabó un disco. Y quería darle la oportunidad de tener esa experiencia. Tiempo después estuvimos trabajando en un disco de boleros para grabar juntos, pero entonces enfermó y ya no pudimos continuar con el proyecto. Me quedó eso pendiente.”

Anoland moriría en Panamá en 1991, víctima de cáncer. Del impacto y el dolor de esos meses en los que vio morir cada día a su madre, de la lucha de Anoland por la vida, de sus personales vivencias como hijo enfrentando lo irreversible, surgió el tema Amor y control, que de manera póstuma Rubén Blades dedicó a su madre.


La relación de Rubén Blades con su madre fue no sólo especial, entrañable, sino decisiva en su carrera vital: “Mi madre fue una influencia determinante -comentó a Daniel Domínguez. Me orientó hacia el arte con su talento, pues ella cantaba y tocaba muy bien el piano con el que se acompañaba. Además, nos entregó su sacrificio, pues hizo a un lado su posibilidad como artista para dedicarnos su tiempo y esfuerzo como madre. Ella y mi abuela, Emma, fueron la razón principal para encaminarme como artista y como abogado”. Para el músico y comunicador venezolano León Magno Montiel, “Anoland fue su amor infinito, su musa; de ella heredó la sensibilidad musical y el alma de compositor.”


Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, noviembre de 2018.
Foto: Anoland Díaz, retratada en La Habana por Armand, el fotógrafo de las estrellas cubanas. Publicada en marzo de 1942 en la revista Ecos de la RHC. Tomada de Desmemoriados.

Aclaración: En todas las fuentes consultadas, el nombre de Anoland aparece indistintamente con “d” al final, y sin ella. Ver más fotos, notas y fuentes consultadas en Desmemoriados.