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lunes, 17 de junio de 2019

Yusimí, un avestruz habanero



Incluso ahora, que la gente llega buscándola con curiosidad desmedida, Yusimí está triste. Nació así, lamentablemente morirá así. Nada le dará un vuelco a su desolación. Le tocó una vida difícil y su angustia no la deja disfrutar -como tal vez el resto de los avestruces en Cuba- de su momento de fama.

Yusimí teme a los flashes y huye de quienes se agolpan del otro lado de la cerca y la llaman -como a los otros tres avestruces del Zoológico de La Habana- para brindarle pequeños ramilletes de hierbas, galleticas dulces, barquillos de helado, pan con pasta, pastelitos de guayaba, maníes, a cambio de un retrato suyo o, mejor, de posar junto a ella para hacerse un selfie.

Anda sola, siempre lejos del bullicio. Se entretiene comiendo marpacíficos y, cuando termina, va y se sienta en la caseta de guano o en medio del establo. A veces corretea junto a los antílopes. Julito, su pareja, es todo lo contrario. Desde que la vida les cambió, a ellos, los avestruces, no deja de pintarles gracias a los visitantes. Mete la cabeza entre las rendijas de la verja, abre el pico y las alas, emite una suerte de sonido nasal, come sin parar lo que le brinda la gente y, en ocasiones, posa para las fotos. Dicen los técnicos veterinarios que Julito es otra ave "desde que el público se ha interesado por ellos".

En 80 años que tiene el Zoológico de La Habana -el más viejo del país- nunca antes tantos visitantes se interesaron por los avestruces. Siempre fueron de las especies menos atractivas. Por eso, quizás, es que los han ubicado, junto a los antílopes, en un cerco que se encuentra en un extremo del parque. Ni siquiera los carteles guías de la entrada indican dónde encontrarlos. Leyéndolos uno sabe dónde hallar el único casuario que hay en la isla, el estanque de los cocodrilos, el rinoceronte, la jaula de los chimpancés, el foso de los leones, la cueva del oso, pero no dónde están los cuatro avestruces del Zoológico.

A Yusimí, Julito y los otros dos, que no tienen nombre, nadie les prestaba demasiada atención; si alguien se acercaba por allí era porque ya iba de salida, en busca de una de las puertas traseras, o porque buscaba algo de comer en la cafetería cercana. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, todo cambió: los leones dejaron de ser la máxima atracción, los cocodrilos posan con la boca abierta para menos visitantes, las cebras corretean y levantan polvo a solas, los chimpancés tienen que hacer más monerías que antes para llamar la atención, y los trabajadores del Zoológico solo deben responder una pregunta: ¿dónde están los avestruces?

El último día de la semana de receso escolar llovió en la mañana. Eso no impidió que miles de niños, adolescentes y padres hicieran una fila enorme bajo el agua para entrar al Zoológico. Varias familias, guarecidas bajo paraguas, llegaron hasta allí para visitar a los avestruces. "Míralo ahí, mamá, parece un dinosaurio", dijo luego un niño, mientras se acercaba al establo. "Bueno, pues en unos meses vas a comer dinosaurio", respondió la madre.

En abril de 2019 la palabra más buscada por los cubanos en Google fue AVESTRUZ. Según Google Trends, una plataforma que estudia las tendencias de búsquedas, el ave africana suscitó mayor interés que el término VISA, en un contexto marcado por las recientes modificaciones del gobierno de Trump para limitar el visado a nacionales cubanos, y que el propio DÍAZ-CANEL, quien abril arribó a su primer año como Presidente.

Tal repentino interés lo despertó Guillermo García Frías, comanndante de la revolución de 91 años. El también director de la Empresa Nacional Flora y Fauna compareció hace algunas semanas en el programa de televisión Mesa Redonda para explicar ciertas alternativas que el gobierno estudia para hacer frente al desabastecimiento alimentario en la isla.

Con el regreso a la política de mano férrea de Estados Unidos hacia Cuba y la crisis sistémica por la que atraviesa Venezuela, lo que ha provocado una reducción de las importaciones de crudo, el país ha vuelto a los tiempos duros: las tiendas y mercados se encuentran desabastecidos y encontrar alimentos básicos es una odisea. "La situación pudiera agravarse en los próximos meses", dijo recientemente Raúl Castro, primer secretario del Partido Comunista de Cuba.

Ante las cámaras, Guillermo García explicó que, previendo lo que se viene, el gobierno llegó a la conclusión de que la dieta de los cubanos podría basarse en la carne de jutía, cocodrilo o avestruz. De esos tres exóticos animales, el avestruz fue en el que más énfasis puso el comandante: "Produce más que una vaca". Y agregó: "Un avestruz produce 60 huevos. De los 60 huevos, estamos teniendo la experiencia de que salen 40 pichones. Esos 40 pichones tienen cuatro toneladas de carne, a 100 kilos cada pichón… Mientras la vaca pare un ternero y al año es un añojo, que no tiene ese peso, ni esa cantidad de carne".

Según García, en el país existen siete granjas destinadas a la cría de avestruces, y tienen la intención de abrir alguna más. Esta no es la primera vez que, en tiempos de crisis, el gobierno cubano intenta paliar la situación con experimentos alimentarios. En la década de 1990, luego de que se desplomara el campo socialista en Europa del Este y, en consecuencia, Cuba perdiera sus prebendas comerciales y se contrajera su producto interno bruto en un 36 por ciento, Fidel Castro sacó a su ingenio a pasear.

Comenzaron a venderse pollitos en las bodegas estatales y pronto la mayoría de las casas cubanas albergaron, en los patios o en los rincones de las habitaciones, cajas de cartón donde un bombillo incandescente calentaba a las criaturas. Se habló, aunque no se llegó a ejecutar, de la cría doméstica de vacas enanas que facilitarían el consumo de leche en los hogares. La claria, un pez de agua dulce que es capaz de sobrevivir en tierra, fue introducido en el país por su rápida reproducción. Y en sus últimos años de vida, Castro llegó a decir de la mata de moringa que sus cualidades nutritivas igualaban las de la carne, el huevo y la leche.

Cuba era otro país en los años 90. La urna de cristal en la que vivían enclaustrados los cubanos se ha ido resquebrajando, sobre todo, después de la llegada de internet pública en 2014 como parte de un paquete de reformas socioeconómicas que implementó Raúl Castro. Hoy, a pesar de las altas tarifas, el 56 por ciento de los cubanos tiene vida en la red y eso cambió por completo el escenario. De ahí que las declaraciones del comandante García Frías se hayan vuelto la comidilla del mes en la isla y provocasen un alud de burlas y memes en las redes sociales. El avestruz como protagonista. El avestruz como nueva ave nacional sustituyendo al tocororo. El avestruz vestido con la chamarra militar y los grados de Guillermo García. Fidel Castro bajándose de un tanque de guerra con forma de avestruz.

En Revolico, el sitio online de clasificados más popular entre los cubanos, se puede leer un anuncio que dice: "Ganga. Vendo avestruz macho y hembra traídos del Congo, tiene carne y huevos garantizados para el nuevo período especial, te lo dejo en 1 peso cubano, con transporte incluido (los llevamos en el carro de Zoonosis). Tenemos otras ofertas: sobres de polvos de uñas de jutía conga, rico en calcio. Gracias. Si solicitas nuestro servicio no te arrepentirás. El cubanito".

Todos pensaron que era un desequilibrado o que era alguien a quien el tiempo le sobraba y por eso se entretenía en llamar por teléfono cada día de la semana para fastidiar. Hasta que un día tocaron a la puerta y, cuando abrieron, un hombre les dijo: "Yo soy el que tiene un avestruz en su casa". Miguel y Julio no supieron qué responder. Solo atinaron a escanear con la vista al recién llegado, y se dijeron para sí mismos que al menos pinta de loco no tenía.

Miguel y Julio son técnicos veterinarios del Zoológico. Hoy, Miguel se ocupa de los monos, mientras que Julio, jefe de la clínica del lugar, atiende las aves. Pero nueve años atrás, ellos se encargaban específicamente de los avestruces y fue entonces cuando aquel hombre, de quien no recuerdan el nombre, ni la dirección exacta de su casa, se presentó ante ellos en las oficinas del parque. El hombre quería donar su avestruz. Miguel y Julio le dijeron que pasara, que se sentara, y le brindaron un vaso de agua. Después del último sorbo, dijo: "Necesito que me ayuden, no puedo más, todas estas heridas me las ha hecho el avestruz". Tenía brazos y pies marcados con arañazos. Algunas heridas parecían recientes, una de ellas supuraba sangre y pus a la vez. Mostrando las fotografías del animal, les contó la historia.

La vida del hombre no iba del todo bien: se había divorciado, estaba desempleado y acababa de sufrir una fractura en la muñeca izquierda después de rodar por las escaleras del edificio de sus padres. Para sacarlo de la depresión, unos amigos lo invitaron a una boda en La Hiedra, un círculo social del Ministerio del Interior. El lugar de la fiesta era un patio enorme al aire libre con algunas hamacas y varios parquecillos con aparatos de juegos infantiles. Por todo aquel terreno pasaban corriendo de vez en cuando avestruces. En un momento de la boda el hombre se fue a caminar solo con una cerveza en la mano y se topó con unos huevos enormes. Entonces le vino a la mente el consejo que le había dado un excompañero de trabajo practicante de la región Yoruba: "Pásate un huevo por todo el cuerpo, límpiate; y verás que todo lo malo se va".

El hombre se cercioró de que nadie anduviera cerca, tomó uno de los huevos y se largó de la boda sin despedirse de sus amigos. Cuando llegó a casa, se arrepintió. Se dijo que eso de la brujería con él no funcionaría pues era ateo. No tenía ánimo para regresar a La Hiedra y devolver el huevo a su nido. No iba a cometer el crimen de botarlo en la calle y no conocía a nadie que viviera en el campo y pudiera querer un avestruz. Decidió colocarlo en un cuarto de la casa hasta que se le ocurriera qué hacer.

Miguel y Julio cuentan que semanas después el hombre entró en la habitación y vio cómo el huevo se movía: se acercó y cargó los casi dos kilogramos que ya pesaba. Minutos más tarde, el cascarón comenzó a rasgarse y un polluelo asomó la cabeza. El hombre terminó de sacarlo y, cuando tuvo al animal en sus manos, sintió que no podía deshacerse de él. El comienzo de una vida lo conmovió. Despejó el cuarto de todo estorbo y lo acondicionó para el ave. Buscó un veterinario y le pidió consejos sobre cómo alimentarlo y cómo evitar enfermedades. El veterinario le dejó una lista de tareas que debía cumplir, y en una visita, tiempo después, le dijo que el avestruz era hembra. El hombre la llamó Yusimí. Miguel y Julio no le preguntaron por qué.

Cuando Miguel y Julio llegaron a la casa del hombre, en el municipio Cerro, sintieron miedo. Nada más entrar escucharon unos potentes golpes que venían del fondo. Era Yusimí que se lanzaba contra la puerta cerrada de su cuarto. Llevaba casi tres años encerrada entre aquellas cuatro paredes. En varias ocasiones el hombre había recibido picotazos y salvajes laceraciones con las pezuñas, y fue por eso que decidió buscar en las Páginas Amarillas de la Guía Telefónica el número del Parque Zoológico de La Habana. "Era como si un monstruo estuviera enjaulado", recuerda Miguel su primera impresión. El cuarto tenía una ventana que daba a un pasillo, por donde el hombre le echaba la comida al avestruz.

El enclaustramiento volvió a Yusimí un animal en extremo violento. Por la ventana Julio lanzó una cuerda y le enlazó las dos patas. Yusimí cayó al piso y quedó casi inmovilizada. Miguel entró y le amarró el pico plano con otra soga. Junto al dueño cargaron a Yusimí y la subieron a una carretilla que un carro transportó hasta el Zoológico. Cuando ya los técnicos veterinarios se marchaban del Cerro, el hombre les suplicó: "Por favor, solo les pido que no le cambien el nombre".

Rememora Julio: "Ese pobre animal no sabía lo que era el mundo más allá de ese cuarto. Iba impresionado en esa carretilla, lo miraba todo, su cuello estaba estirado hasta más no poder. Giraba la cabeza de un lado a otro como preguntándose qué es esto que estoy viendo. Por primera vez respiraba aire libre". Miguel cuenta que en la calle, las personas se les quedaba mirando y, cuando paraban en los semáforos, les preguntaban sobre aquella impresionante ave que transportaban.

De haber tenido tiempo, ellos habrían respondido que se trataba del ave más grande y pesada del mundo (hasta 180 kilogramos, y tres metros de altura); que no vuela, pero que puede alcanzar velocidades de hasta 90 kilómetros por hora durante 30 minutos. Que es un animal mayormente herbívoro, pero en ocasiones presenta otros comportamientos alimentarios. Y no solo eso: habrían dejado atónita a la gente al contarles que tan solo uno de sus huevos equivale a veinticuatro de gallina.

En el Zoológico, Yusimí vio por primera vez a otro ejemplar de su especie, y también pudo estirar sus patas y desplegar sus zancadas para correr. "No paraba de moverse, husmeaba todo, pero no se relacionaba con los demás avestruces, les huía", dice Miguel. "Todo ha sido muy abrupto en su vida. Nació en un ambiente antinatural y sin siquiera recibir el calor de sus padres. Es totalmente entendible que su conducta sea agresiva y que sea un ave huidiza, solitaria", comenta Julio.

Algún tiempo después un grito apartó a Julio de las faenas burocráticas en la oficina. Miguel lo llamaba, desesperado. Julio salió a ver qué sucedía. Observó a la distancia que Miguel estaba a unos metros del establo sentado encima de una piedra. Con las dos manos sostenía su cabeza. Julio caminó hasta allí. "¿Qué sucede?", preguntó. "Esto es increíble; mira para allá", respondió Miguel. Julito, el avestruz que había sido bautizado con el nombre de su veterinario, estaba echado sobre sus patas.

Desde la tierra abría sus alas como un abanico y elevaba la cola y la contoneaba a un ritmo acompasado. Su cuello se movía en zigzag como si fuese la danza de una cobra. Yusimí presenciaba el cortejo nupcial. Miguel y Julio se emocionaron. Estuvieron observando aquel ritual hermoso durante los diez minutos que duró. Cuando los dos avestruces iban a comenzar el coito, Miguel le dijo a Julio: "La niña se nos hizo grande".

Texto y foto: Abraham Jiménez
El Estornudo, 29 de abril de 2019.

lunes, 10 de junio de 2019

De las memorias de un corresponsal polaco en Cuba



La Unión Soviética se había prácticamente desmoronado, solo faltaba su liquidación legal. Ya no existía el mundo bipolar, y Fidel Castro no sabía qué traerían los siguientes meses. Temía una derrota. Furioso hasta el último extremo, estaba dispuesto a sacrificar a toda la nación en nombre de la defensa de la revolución.

El IV Congreso del Partido Comunista de Cuba (octubre de 1991) descartó la posibilidad de cualquier tipo de perestroika, decidió que no habría ningún mercado agrícola limitado, y concedió al comité central competencias extraordinarias. El ambiente en el que tuvo lugar la celebración de clausura del Congreso, que se desarrollaba a puerta cerrada, habría alarmado hasta a los acólitos de Castro. Los congregados en la Plaza Antonio Maceo en Santiago de Cuba oyeron que el socialismo se mantendría a cualquier precio, y que la revolución ajustaría cuentas sin contemplaciones con quienes "capitulen o traicionen".

Según calaba la lluvia, bajo el majestuoso monumento al héroe de las luchas decimonónicas por la independencia y los potentes machetes de bronce, retumbaban reforzadas por el eco de los altavoces las siguientes palabras: lucha, sangre y muerte. En este escalofriante paisaje, parecía que se oía ya el silbido de los disparos. Castro tronaba:

-Como les decía hoy al finalizar el Congreso, somos invencibles, porque si tenemos que morir todos los del Buró Político, ¡moriremos todos los del Buró Político, y no seremos por ello más débiles! Aplausos.

-Si tenemos que morir todos los del Comité Central, ¡moriremos todos los del Comité Central, y no seremos por ello más débiles! Aplausos.

-Si tenemos que morir todos los delegados del congreso, ¡moriremos todos los delegados del congreso, y no seremos por ello más débiles! Aplausos.

-El ejemplo de cada uno se multiplicará, el heroísmo de cada uno se multiplicará, y si tenemos que morir todos los militantes del Partido, ¡moriremos todos los militantes del Partido, y no nos debilitaremos! Aplausos y exclamaciones.

-Si tenemos que morir todos los militantes de la juventud, moriremos todos los militantes de la juventud! Aplausos.

-Y si para aplastar a la revolución tuviesen que matar a todo el pueblo, ¡el pueblo, detrás de sus dirigentes y de su Partido, estará dispuesto a morir! Aplausos y exclamaciones ¡Sí!

-Y aun así no seríamos más débiles, porque detrás de nosotros tendrían que matar a miles de millones de personas en el mundo que no están dispuestas a ser esclavas, que no están dispuestas a seguir siendo explotadas, que no están dispuestas a seguir pasando hambre. Aplausos.

Cuando la habanera Caridad escuchó en televisión que todo el pueblo tenía que morir, se arrancó de su silla con la cara arrebolada: "¡Pero yo no! Está loco, no se va a solucionar nada". Tenemos que resolver nuestro problema solos, comentó José Luis, vecino de Caridad. (José Luis y Caridad eran amigos del excorreponsal cuando vivía en La Habana).

-¿Un problema? Pero si se cuentan por decenas, observé.

-No, chico, son tres problemas: desayuno, almuerzo y comida, respondió José Luis con una sonrisa.

Caridad, ironizó: "Que Fidel explique mejor cómo puedo conseguir algo para comer. Mira lo que nos han dado, dijo y abrió la cortina de plástico que tapaba un oscuro garaje. Allí, en el suelo, había unos pequeños polluelos.

-¿Oh, y eso qué es?, pregunté.

-Los pollitos asignados. Tenemos que alimentarlos, y luego ellos nos alimentarán. Él (Fidel)es un genio de las matemáticas. Primero dividió a las familias, luego restó la comida, todo lo multiplicó y al final dijo: ¡Súmate!

Por supuesto, Caridad sabía que estos pollos no tenían ninguna posibilidad de sobrevivir, porque cómo iba a alimentarlos y mantenerlos con vida en un garaje.

Para mantener la conversación, comenté: "A Robertico es a quien más le gusta decir Súmate. Ha sido gracias a él que esta palabra se ha vuelto tan popular".

Conocido por Robertico, Roberto Robaina, el primer secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas, eligió esta palabra como lema de la campaña para atraer a jóvenes cubanos a su organización. Matemático de formación, hizo una carrera política fulgurante. Era el miembro más joven del buró político. Intentó crear una nueva imagen del funcionario del partido, relajado, con ropa deportiva, y cercano a la gente. A menudo se dejaba ver en bici, animando a un uso activo del tiempo libre y a cuidar del medio ambiente. Tenía ideas nuevas sobre la propaganda visual, menos rígida que hasta entonces.

-Robertico, dices. Oh sí, unos muchachos que esperaban un ómnibus lo vieron, mientras se desplazaba en su Lada, y comenzaron a golpear con los puños en el techo del coche. "¡Robertico, súmate, súmate!", gritaban y aporreaban cada vez con más fuerza. Tuvo que acelerar, porque su "entusiasmo" hacía peligrar la carrocería, contó José Luis.

Krzysztof Jacek Hinz
14ymedio, 28 de abril de 2019.
Foto: El autor (izquierda) y el periodista español Pedro González muestran un ejemplar del libro Cuba, síndrome isla. Tomada de Cuba, fascinación y desengaño.

Nota.- Este texto corresponde a las páginas 157-160 del libro Cuba, síndrome isla, publicado a finales de 2018 por la editorial Fronteras de España. Krzysztof Jacek Hinz (Varsovia 1955), periodista y diplomático, estuvo en Cuba en tres momentos de su vida: como estudiante en los años 70, como corresponsal de la agencia PAP a partir de 1991 y como diplomático de 1998 a 2001.

lunes, 3 de junio de 2019

La influencia de la revolución cubana en la moda



Era como si Sinatra se fuera a presentar en Las Vegas. El 21 de abril de 1959, miles de fervientes neoyorquinos se agolparon para recibir a una joven celebridad que saldría de la estación Penn: Fidel Castro, el líder de los revolucionarios cubanos.

Menos de cuatro meses antes, había derrocado una dictadura militar despiadada a través de una campaña totalmente inusitada, además contaba con una tremenda popularidad: atrajo a multitudes más grandes que ningún otro líder extranjero en la historia de la ciudad. Mientras la gente coreaba “Fi-del, Fi-del, Fi-del”, Castro se abrió paso entre el cordón policial y comenzó a saludar de mano a los presentes, como si se tratara de un candidato presidencial.

Fue el comienzo de una serie de eventos de relaciones públicas en un recorrido de cuatro días que cautivó a Nueva York, y fue un hito en la historia de la moda. Según Sonya Abrego, historiadora de la moda masculina del siglo XX, fue el verdadero surgimiento de lo que más tarde se denominaría “radical chic” (el uso otrora provocador de marcadores visuales relacionados con causas militares que todavía influye en lo que vestimos hoy).

Cuando la fotografía de Castro apareció en la primera plana de The New York Times tras su llegada, el pie de foto era casi innecesario: todo mundo reconocía inmediatamente a aquel hombre por su estilo único al vestir, que combinaba un uniforme, una gorra militar de trabajo y una barba desaliñada.

Su séquito de setenta personas estaba repleto de exguerrilleros vestidos de pantalones color caqui, cuyo llamativo vello facial se había convertido en un símbolo tan poderoso en Cuba que se les conocía simple y llanamente como los Barbudos.

“En cierto sentido, Fidel, el Che y los Barbudos fueron los primeros jipis”, comentó Jon Lee Anderson, autor de Che: una vida revolucionaria y una biografía de Castro que está próxima a salir a la venta. “Irrumpieron en escena al inicio de la era de la televisión como los rebeldes más sexis. Su apariencia en conjunto, con el cabello largo, la barba y la boina, era fuerte y formaba parte del espíritu de la época”.

En aquel entonces, muchos jóvenes estadounidenses estaban mostrando las primeras señales de desencanto con lo que consideraban era el conformismo pesado de la época de la Guerra Fría. El himno a la libertad de Allen Ginsberg, Aullido, se publicó en 1956; En el camino, de Jack Kerouac, en 1957. El segundo sexo, de Simone de Beauvoir, se estaba traduciendo y el movimiento por los derechos civiles estaba ganando impulso.

Los cubanos formaron un puente estilístico entre los Beats y la contracultura de la década de los sesenta, según Abrego. “La historia de la moda no es lineal”, comentó. “Fácilmente podría haber habido jipis de pelo largo sin el Che, pero la impresión que los cubanos dejaron en el paisaje estilístico de la indumentaria es auténtica”, agregó. Su revolución era más fotogénica y el estilo rebelde de los cubanos se infiltró en Estados Unidos.

Las barbas nacieron por necesidad. Luego de un aterrizaje anfibio en el este de Cuba en diciembre de 1956, ni Castro ni su pelotón de unos veinte sobrevivientes tenían máquinas de afeitar.

No obstante, su floreciente vello facial no tardó en convertirse en un “símbolo de identidad”, explicó posteriormente el líder al periodista español Ignacio Ramonet, cuyas entrevistas con Castro están recopiladas en Fidel Castro: biografía a dos voces. El estilo accidental se volvió permanente “para mantener el simbolismo”.

Otros elementos del estilo revolucionario se combinaron durante la campaña, como ha quedado bellamente catalogado en las revistas de moda. En 1958, Raúl, el hermano menor de Fidel, fue fotografiado por Life con el cabello a la altura de los hombros y un garboso sombrero vaquero.

Las fotografías del misterioso y bien parecido médico argentino Ernesto Guevara, conocido como el Che, mostraban que este también se dejaba crecer el pelo y llevaba una boina negra que pronto se volvería famosa.

Además, no eran solo los hombres. A principios de 1958, una fotógrafa española viajó a la Sierra Maestra como enviada de Paris Match y regresó con imágenes que incluían a una de las principales lideresas de la guerrilla, Vilma Espín (egresada del Instituto Tecnológico de Massachusetts), con una flor de mariposa blanca detrás de la oreja, presagiando la prototípica imagen de los hippies y las flores.

En las fotografías, también aparecía Celia Sánchez, la principal organizadora de los rebeldes y quien había diseñado su propio uniforme con pantalones ajustados de sarga y una camisola militar con cuello en V (según Dickie Chapelle, una de las primeras fotógrafas de guerra estadounidenses, que viajaba con ellos).

En julio de 1958, Espín apareció en Life con un rifle recargado sobre la cadera, como la versión cubana de Bonnie Parker, de la famosa pareja compuesta por Bonnie y Clyde. En un mundo reinado por Doris Day, en la cúspide del movimiento feminista, la semiótica era subversiva.

Antes de la visita de Fidel Castro a Estados Unidos en 1959, los cubanos habían contratado al prestigiado agente de relaciones públicas de la avenida Madison, Bernard Rellin, por la generosa suma de 6 mil dólares mensuales, para que asesorara a su líder sobre cómo ser atractivo para los estadounidenses.

Cuando se conocieron en La Habana, Rellin le dijo a Castro que los revolucionarios debían cortarse el pelo. Castro se negó. Conocía el poder que tenía el estilo del “barbudo rebelde”. Se trató de una decisión astuta. Para abril, la imagen característica de Castro se había vuelto tan famosa, que una empresa estadounidense de juguetes produjo cien mil gorras militares con barbas quitapón para niños. Cada gorro militar estaba adornado con el logotipo negro y rojo del revolucionario Movimiento 26 de julio y las palabras El Libertador, que hacían referencia al héroe de la independencia Simón Bolívar.

La visita de cuatro días de Fidel Castro a Nueva York se desarrolló entre un torbellino de barbas y uniformes militares. Su pintoresca imagen aparecía en escenarios oficiales y turísticos: el alcalde Robert F. Wagner recibió a Castro en el ayuntamiento de la ciudad; saludó a estudiantes con miradas de asombro en la Universidad de Columbia; visitó las oficinas de The New York Times y habló ante una multitud de 16 mil personas en el auditorio de Central Park.

Todo esto ocurrió en el momento perfecto para influir en los estadounidenses, afirmó Nathaniel Adams, un escritor que se especializa en las subculturas de la moda. El torrente de imágenes mediáticas coincidió con el auge económico en Occidente, el cual generó una nueva clase de consumidores jóvenes con dinero para gastar.

“Esta era la primera vez que los adolescentes del mundo comenzaban a copiarse mutuamente el estilo de manera consciente”, explicó Adams. “Además, eran ellos mismos quienes creaban las distintas tendencias, sin la intervención de los adultos”. Castro, un hombre con educación superior, era como un James Dean con una agenda política progresista: un rebelde con causa.

A simple vista, la obsesión de Nueva York con Fidel pareció desvanecerse relativamente rápido. Cuando se dio su siguiente visita a la ciudad, para pronunciar un discurso ante las Naciones Unidas, en septiembre de 1960, Castro fue ridiculizado por el mismo estilo que antes había resultado tan seductor.

The New York Daily News se burló de él, llamándolo el Raro de la Barba o solo la Barba; el senador Barry Goldwater lamentó que el “caballero cubano de la armadura reluciente” hubiera acabado por ser “un vago sin rasurarse”. Al poco tiempo, algunos estadounidenses de corte militar estaban organizando mítines contra los hippies, con carteles que decían cosas como: “El cabello largo es comunismo”.

No obstante, la influencia de Castro en la moda perduraría. Para su visita a Nueva York en 1960, él y sus acompañantes no llegaron a la zona de la clase media blanca, sino a un hotel del Harlem, llamado Theresa, donde se encontraron con Malcolm X y otros líderes negros.

En esta ocasión, el momento cumbre del estilo fue una recepción en un salón de fiestas organizada por el grupo progresista Fair Play for Cuba a la que asistieron 250 luminarias de la vida bohemia, entre ellas, los poetas Allen Ginsberg y Langston Hughes, el fotógrafo Henri Cartier-Bresson y varios activistas de los derechos civiles.

“El personal del hotel, el uniforme verde olivo de los ‘guerrilleros’ y la falta de formalidad, ayudaron a enfatizar la atmósfera alegre y estimulante, aunque no revolucionaria, de la reunión”, escribió un invitado, el periodista europeo K. S. Karol, sobre la fiesta.

Diez años más tarde, el escritor Tom Wolfe acuñó el término “radical chic” para burlarse de los intelectuales de Nueva York hipnotizados con las modas revolucionarias en una fiesta organizada por Leonard Bernstein en honor a las Panteras Negras, quienes habían adoptado el estilo paramilitar de los cubanos y se habían apropiado de él.

Desde entonces, la moda no ha hecho más que seguir desnaturalizando el estilo, por lo que ahora se pueden encontrar pantalones de camuflaje en cualquier parte, desde Old Navy hasta Balmain.

“Radical chic es un término que parece tan del siglo XX”, reflexionó Abrego. “Hubo un tiempo en el que fue muy negativo, cuando hacía referencia a un estilo que se desarrolló de manera orgánica, pero que ha sido víctima de la apropiación y se ha convertido en una imagen de moda que no hace ningún comentario político ni asume un riesgo personal. Me cuesta trabajo explicárselos a los chicos que llevan puestas camisetas del Che en la actualidad”.

Tony Perrottet
The New York Times en Español, 19 de abril de 2019.
Fotos: Tomadas de Pe'ta-ki.

lunes, 27 de mayo de 2019

Alberto Cortez y la épica de lo cotidiano


Como tantos latinoamericanos nacidos a finales de los setenta o principios de los ochenta, crecí en una casa donde la revolución cubana y su promesa de “un sistema justo, un sistema mucho más humano, un sistema de verdadera igualdad”, no solo para Cuba sino para toda "la cintura cósmica del Sur" , se había ya desdibujado pero todavía estaba lejos de desaparecer.

Para mediados de los ochenta, cuando pude empezar a sentarme a la mesa donde mis padres y sus amigos hablaban de política, todavía había un buen puñado de músicos que, desde los tocadiscos ubicados en los salones de buena parte de la clase media intelectual latinoamericana, dibujaban un ideario cultural que entremezclaba cierta nostalgia acrítica por los inicios de la revolución; algunas ilusiones de izquierda bienpensante que contrastaban con la crisis galopante de casi todos nuestros países; historias de amor, casi siempre muy machas pero edulcoradas, que trataban a las mujeres como musas impávidas y a los hombres como los verdaderos hacedores de la Historia; y una nostalgia por el campo y una supuesta vida simple y honesta que la mayoría de sus compositores no había conocido jamás.

De entre esos cantantes que sonaban los fines de semana en casa de mis padres, a mí me llamaba la atención uno con la voz gruesa y juguetona, una voz dueña de un histrionismo y entonación trágica que resultaba casi cómica y parecía habitar las tablas de un viejo teatro porteño. Autor de unas letras sencillas, incluso cursis, que no hablaban de ese mundo mejor que ya casi estaba por llegar, sino que aludían a un mundo cercano, nostálgico y sentimentalón que hasta un niño pequeño como yo podía entender.


Las canciones del argentino Alberto Cortez, a diferencia de las de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Víctor Jara o Violeta Parra, algunos de los otros compositores que formaban la banda de sonido de cierta izquierda latinoamericana de salón en esos años, solían aludir a un universo doméstico, donde la relación entre padres e hijos, las complicidades de la amistad, la ternura de un perro admirable y las gestas del día a día -plantar un árbol, la dificultad del amor a la distancia, ver morir a un abuelo- ocupaban un lugar tan épico y necesitado de poesía como la construcción del socialismo en el Tercer Mundo, la lucha antiimperialista, la transformación de la Historia y el nacimiento del “hombre nuevo”.

Las letras de Cortez contaban historias de lo que nos ocurría a todos a diario, no de lo que llevaba más de dos décadas por ocurrir. En esa narrativa de confección casera y accesibilidad inmediata radicaba su mérito y atractivo para un niño de padres progresistas en un país que, como todos, vivía en una constante crisis y que oía hablar a los mayores, sin comprender, de justicia social o asesinados por alguna dictadura.


Alberto Cortez, nacido José Alberto García Gallo en 1940 en Rancul, Argentina, murió el 4 de abril en Madrid a los 79 años. Había cancelado su aparición en un par de conciertos programados para el fin de semana, luego de que fuera internado de urgencia el miércoles 27 de marzo en el hospital Hospital Universitario Puerta del Sur a las afueras del capital española.

De forma similar a lo que ocurre con buena parte del cancionero latinoamericano nacido al amparo de la ilusión revolucionaria, la gran mayoría de las canciones de Alberto Cortez difícilmente soportará el paso del tiempo o la muerte de aquellos que crecimos arrullados por ellas aspirando el humo de tabaco de nuestros padres. Pero esa nostalgia anticipada, esa rebeldía infantil y sí, cursi, que las poblaba nos acompañará, queramos o no, hasta la antesala de lo inevitable.

Diego Salazar
The New York Times en Español, 4 de abril de 2019.
Leer también: Cantar en la adolorida sucesión del tiempo.

lunes, 20 de mayo de 2019

"Yo ya no soy presidente"



Escrupulosamente honesto, íntegro, austero, modesto, obstinado, testarudo, frugal al borde de la penuria. Todos esos adjetivos fueron aplicados a Don Tomás Estrada Palma en algún momento. Existen numerosas anécdotas que apoyan esta imagen.

La honestidad de Estrada Palma es memorable, pero brilla más cuando se compara con la corrupción imperante en muchos de los gobiernos que vinieron después del suyo. El subtítulo que en su biografía puso Pánfilo Camacho, publicada en 1938 es "el gobernante honrado". La inscripción en la corona de flores enviada a su funeral por Charles Magoon, gobernador provisional Cuba (1906-1909), decía "A la memoría de un hombre honrado".

Durante sus años como Delegado del Partido Revolucionario Cubano (1895-1898), Estrada Palma dirigía las actividades de recaudar fondos para los insurgentes cubanos que habían iniciado la revolución contra España el 24 de febrero de 1895. Cada semana, publicaba en el periódico Patria, que se editaba en Nueva York, las cantidades recibidas y los nombres de los contribuyentes. El 30 de enero de 1899 había un millón 513 mil dólares.

Asombrosamente, ni una sola acusación de malversación o mal manejo de fondos fue dirigida contra él.

La única insinuación vino de un tal William O. McDowell de una llamada Liga Cubano-Americana, quien afirmó que una gran cantidad de fondos se habían usado para sobornar a políticos y periódicos americanos. Estrada Palma negó vehementemente los cargos y declaró que no sabía nada de ese grupo. En realidad existía una Liga Cubana de los Estados Unidos, formada originalmente durante la Guerra de los Diez Años y resucitada en 1895.

Una gran parte de la razón por la cual los fondos recaudados se extendieron lo suficiente para cubrir compras de armas y otros pertrechos de guerra, rentas o compras de naves para financiar 51 expediciones, gastos de representación en el extranjero y ayuda monetaria a familias necesitadas, fue la frugalidad legendaria de Don Tomás, cuyas consecuencias él y su propia familia eran los primeros en sufrir. Cuenta el comandante Luis Rodolfo Miranda, que "todos los cubanos sabíamos en Nueva York que Don Tomás, por ahorrarle gastos a la Junta Revolucionaria, muchas veces reducía su almuerzo a unos uvas y un poco de pan".

Horacio Rubens, el abogado de la Junta Cubana de Nueva York en los días agitados de la actividad revolucionaria, relata algunas anécdotas, como la de los zapatos de Charles Silva y la entrevista con Richard Croker, líder de Tammany Hall. Charles Silva era uno de los miembros de la tripulación de los barcos encargados de llevar pertrechos a las cosas cubanas. En una de esas operaciones, se tiró al mar para tratar de salvar un bulto de mercancías que se había caído y en la maniobra perdió sus zapatos. Cuando regresó a Nueva York, Silva le pidió dinero a Estrada Palma para comprarse un nuevo par, pero éste se lo negó, alegando que la Junta ya le había proporcionado un par de zapatos hacía solo tres meses. Costó trabajo convencer al Delegado que Silva había perdido su calzado en servicio a la causa y estaba usando unos zapatos prestados que no le servían.

El abogado Rubens había hecho contacto con el Tammany Hall de Nueva York y Richard Croker, su líder, le había dado indicios de que "de fondos de campaña inesperados", podían hacer una contribución a los cubanos. Antes de ir a esa reunión con los políticos demócratas, tuvieron que reparar los puños de la camisa de Estrada Palma que estaban demasiado desgastados, porque Don Tomás se negaba a comprarse ropa.

Hacia fines de 1895, después de haber sido nombrado Delegado Plenipotenciario y Agente General en el extranjero de la aún no oficialmente reconocida República de Cuba, Don Tomás tuvo que establecer residencia en la ciudad de Nueva York y solamente podía visitar Central Valley, donde había fundado y dirigido el Instituto Estrada Palma, en algún que otro fin de semana. Como él era el principal sostén del Instituto, éste empezó a declinar, los alumnos disminuyeron y el dinero de la matrícula prácticamente dejó de llegar. Don Tomás alquiló una habitación de soltero en uno de los pisos altos del Hotel Astor, que había sido construído al lado del Waldorf, llamándose al complejo de los dos hoteles Waldorf=Astoria (con un símbolo de igual, no un guión entre los dos nombres), en la Quinta Avenida y Calle 34. Aunque el nombre Waldorf=Astoria siempre ha sido sinónimo de opulencia, la sección correspondiente al Hotel Astor fue construida con la intención de incluir habitaciones de soltero a precios moderados.

Don Tomás pagaba 14 dólares a la semana por su cuarto, un precio que podía haber sido especial, porque su dueño, John Jacob Astor IV, era miembro de la Liga Cubana de Estados Unidos, un grupo que abiertamente apoyaba la causa cubana. Los 14 dólares por la habitación y los 16 adicionales a la semana para otros gastos (30 dólares en total) era la única remuneración recibida por Don Tomás como Delegado del Partido Revolucionario Cubano. A pesar de frugal, esta cantidad no era suficiente para mantener una esposa y seis hijos. La propiedad de Central Valley fue entonces hipotecada por 1,500 dólares en enero de 1897 para poder sostener a la familia.

Cuando la noticia de la posible pérdida del edificio del Instituto Estrada Palma en Central Valley llegó a los oídos de la influyente emigrada cubana Marta Abreu en París, ella inmediatamente le mandó un cheque por la cantidad total de la hipoteca. Don Tomás enseguida se lo devolvió y le escribió a Marta: "Yo le he mandado su carta a mi esposa para que sea preservada como un documento sagrado; ella le enseñará a nuestros hijos a bendecir su nombre. Permítame devolver su cheque, la hipoteca no me causa angustia".

El hábito de vida simple y la economía de Don Tomás lo acompaña a la residencial presidencial en La Habana en 1902. Poco después de haber asumido el cargo de Presidente de la República, devolvió al tesoro nacional un cheque de 3 mil dólares que el gobernador norteamericano Leonard Wood le había dado para gastos iniciales. Es más, no aceptó ninguno de los fondos que estaban en el presupuesto destinados a "gastos de representación" del presidente.

Cuando sus amigos de Central Valley lo visitaron en Cuba después de haber sido proclamado presidente, el 20 de mayo de 1902, Estrada Palma les entregó una servilleta doblada que años atrás se había llevado sin darse cuenta de un establecimiento llamado Vienna Coffee Shop and Bakery en Nueva York, con el ruego que se la devolvieran a los dueños y le dieran sus excusas.

Cuando Estrada Palma renunció a la presidencia de Cuba en 1906, sobre el escritorio dejó un reloj de oro que le habían dado los banqueros de Speyer & Cia, quienes habían suscrito un empréstito a la república por 35 millones de dólares para pagar a los veteranos del ejército cubano de liberación. "Se lo dieron al presidente", cuentan que dijo, "y yo ya no soy presidente".

Margarita García
Fragmento de su libro Antes de "Cuba Libre". El surgimiento del primer presidente Tomás Estrada Palma (Editorial Betania, Colección Ensayo, 2015).

Acerca de la autora.- Margarita García nació en La Habana, donde asistió al Colegio Trelles y al Ruston Academy. Después que emigrara a los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Columbia en Nueva York, obteniendo los títulos de Bachelor of Science (BS), Master of Arts (MA) y Doctor of Philosophy (PhD), todos en Psicología Experimental. Durante 38 años trabajó como profesora en el Departamento de Psicología de la Universidad Monclair en Nueva Jersey, de la cual se retiró con el grado de Profesora Emérita. En 2004 comenzó a estudiar la vida de Tomás Estrada Palma y ha visitado los lugares donde estuvo antes de ser proclamado primer presidente de la República de Cuba, el 20 de mayo de 1902. Está casada con Guillermo Estévez y tiene una hija llamada Victoria.

Acerca del libro.- En su debut como escritora, la Dra. Margarita García ha creado un retrato del hombre antes de que éste encontrara el "oceáno de dificultades" de la presidencia -como dijo George Washington al ser elegido y que terminarían por abrumarlo. En el libro se narran antecedentes pocos conocidos de Estrada Palma antes de convertirse en el primer mandatario electo de la Isla. El texto se desarrolla a través de tres continentes, desde celdas de prisiones hasta preparación de expediciones de filibusteros e ingeniosos esquemas de recaudación de fondos. Y se muestran fotos nunca antes vistas e ilustraciones difíciles de encontrar. Es el relato íntimo de un patriota, un maestro de vocación y profesión, un revolucionario idealista, un hombre escrupulosamente honesto y un presidente testarudo.

lunes, 13 de mayo de 2019

Niño Rivera y la orquesta neoyorquina Típica 73


A continuación, fragmento del libro El Niño con su tres. Andrés Echevarría, Niño Rivera, de Rosa Marquetti Torres, en homenaje al centenario del nacimiento del gran músico cubano, el 18 de abril de 2019.

James Carter había asumido en 1977 la presidencia del gobierno de los Estados Unidos, para un mandato que se extendería hasta 1981. Con una política menos agresiva hacia Cuba, su gestión propició una flexibilización legal a los viajes de norteamericanos a Cuba. Se abrieron oficinas de representación de intereses en Cuba y Washington y se dictaron medidas impulsadas por Carter para contribuir a relajar las tensiones acumuladas y con apariencia y pronóstico de ser insalvables.

Así, con la anuencia de las autoridades gubernamentales de ambos países se produjeron algunos acercamientos entre los músicos, quizás los primeros que ocurrían desde el establecimiento del bloqueo-embargo norteamericano a Cuba: Dizzy Gillespie visita por primera vez la Isla ese mismo año 1977; Irakere, con Chucho Valdés al frente, se presenta y triunfa en 1978 en el Festival de Jazz de Newport; y en 1979 se producen los ya legendarios conciertos conocidos como Havana Jam, que entre otras muchas luminarias trajeron a La Habana a los norteamericanos Billy Joel, Rita Coolidge, Jaco Pastorius y Weather Report, y a la Fania All Stars.

Pero los precursores de esta apertura, los primeros de todos fueron los músicos de la Típica 73. Su llegada a La Habana en noviembre de 1978 y las grabaciones que realizaran con músicos cubanos fue el preludio del Havana Jam y de la interacción entre músicos norteamericanos y cubanos en medio de la hostilidad política que inauguró una nueva y prolongada etapa de los vínculos entre Cuba y Estados Unidos.

Al decir del periodista y discógrafo José Arteaga, la Típica 73 era la mejor orquesta de música cubana de su tiempo en el ámbito musical neoyorkino. Con una fuerte influencia de las orquestas charangas cubanas, sus integrantes eran devotos seguidores de la música tradicional bailable cubana y de sus más destacados hacedores.

La Típica 73 es la primera formación afincada en Estados Unidos –y teniendo como integrantes a algunos músicos cubanos viviendo allí– que logró pasar por encima de las prohibiciones que establece el bloqueo-embargo norteamericano hacia Cuba, pues no solo visitaron la Isla, sino que también grabaron y tocaron en La Habana.

John Rodríguez Jr., bongosero y productor, se confiesa fanático incondicional de la música cubana y al descubrir que ya era posible viajar legalmente a Cuba, no lo pensó dos veces y organizó un viaje a La Habana desde Nueva York vía Canadá junto a su esposa: “Estuvimos 10 días, disfrutamos, vacilamos, conocimos a todos los músicos, pues algunos músicos de aquí de New York llamaron allá y avisaron que un músico que había tocado con Tito Puente va para allá, me recibieron y me trataron como un rey. Regreso y le cuento a los músicos aquí y les digo: Hay que ir a Cuba. Los músicos se vuelven locos. Conocí a Tata Güines, a Juan Pablo... Y un día hablando con Johnny Pacheco, de Fania, le cuento y le digo: 'Oye, cómo me gustaría grabar en Cuba'. Y resulta que su socio Jerry Masucci, que era abogado, iba a Cuba y tenía amistades políticamente heavy duty allá, me responde: 'En serio quieres grabar en Cuba? Pues déjame hacer unas llamadas'. Y se organizó todo, aplicamos y para allá fuimos.”

Sonny Bravo era entonces el pianista y director de la Típica 73. Ése es su nombre artístico, porque en realidad su verdadero nombre es Elio Osácar y su vínculo con Cuba era inmediato, genético y emocional: su padre, Santiago 'Elio' Osácar era el bajista del Cuarteto Caney, que fue famoso en el Nueva York Latino de las décadas 1930 y 1940. Su abuela materna -recordó en entrevista con la autora- se llamaba Fidelina Bravo de Douguet y había nacido en Santiago de las Vegas. Para Sonny Bravo –lo dice con firmeza- Cuba es su tierra ancestral.

Cuenta Bravo: “Originalmente, el formato de la Típica 73 era de conjunto. El primer LP se grabó sin tres, pero para el segundo y el tercer LP La Candela, el tresero boricua, Nelson González ya estaba integrado en el grupo. Yo siempre fui fanático del Niño Rivera. Todavía tengo el LP de los años 60 Niño Rivera y su ConjBand, Panart LD-3106. Y Nelson (González) ni hablar! Siempre fue su ídolo. Cuando fuimos a La Habana a grabar, el formato del grupo ya había cambiado varias veces. Alfredo de la Fe (violín) reemplazó a Nelson. Sin el tres, ya no era un conjunto. A las dos trompetas, les agregamos un saxo tenor/flauta y más tarde, un saxo soprano/barítono. También se había eliminado el trombón. Pero cuando se presentó la oportunidad de grabar en la EGREM, mi socio Johnny Rodríguez y yo decidimos encargarle a Luis Cruz el arreglo del tema Un pedacito, pensando siempre en El Niño.”

Según las emocionadas notas del disco, escritas por Roberto Gerónimo, “la Típica 73 se convirtió en la agrupación que reanudó las relaciones artísticas entre los Estados Unidos y la República de Cuba.” Las sesiones de grabación se realizaron en los legendarios Estudios Areíto de la EGREM (antiguo Estudios Panart). Sonny Bravo recuerda:

“Las sesiones de grabación comenzaron el martes 14 de noviembre de 1978 y terminaron el viernes 1 de diciembre del mismo año. En la primera semana se grabó la orquesta. Hubo sesiones el 14, 15, 16 y 17. El 18 tocamos una tanda en el Salón Mambí y otra en Tropicana. Descansamos el 19 y 20. El 21 terminamos con las pistas de la orquesta. El 22, 23, 24 y 25 se grabaron los coros y las voces principales, también se sobregrabaron los solos instrumentales de Richard (Egües), Chapo (Félix Chappottin), Juan Pablo (Torres) y El Niño (Rivera)”.

La parte cubana designó al prestigioso compositor, productor y director orquestal Tony Taño como director de la grabación y a Adalberto Jiménez, como ingeniero. Los músicos norteamericanos fueron hospedados en la zona turística de la entonces muy popular playa El Mégano, a escasa media hora de La Habana en auto. A pesar de las circunstancias que por aquellos años rodeaban a los vínculos entre cubanos y norteamericanos, los músicos de las dos orillas compartieron y disfrutaron de la música y el conocimiento mutuos.

Sonny Bravo desgrana sus recuerdos sobre Niño Rivera a cuarenta y seis años de aquellas grabaciones: “El Niño apareció en la tercera semana. Cuando le puse la partitura en el atril y le dije que sólo tenía que improvisar en el estribillo, me dijo que no, que él quería tocar el arreglo completo. ¡Y así lo hizo! De todos los íconos de nuestra música que participaron en nuestra grabación, incluyendo a Egües, Chapo, Barretico, Tata, Juan Pablo, Bacallao y Changuito, el que más recuerdo desde mi juventud es al Niño Rivera. Cuando Arsenio estaba en su apogeo a mí me agradaba más el estilo del Niño. Y yo fui criado oyendo el tres y la guitarra las veinticuatro horas los siete días de la semana”.

El proceso de masterización transcurrió en Nueva York, bajo el cuidado de Bob Ludwig. Fueron posibles el viaje y la grabación, lo que no era posible era que mediara un pago por los servicios prestados por EGREM. La solución para esto fue una consola de grabación. Así lo contó John Rodríguez Jr. a José Arteaga: “Se hizo un contrato porque no pudo haber intercambio de billetes: Fania nos pagó a los músicos como si estuviéramos en New York, y a la EGREM de Cuba en pago, se le mandó, vía Europa un equipo de sonido, una consola de 16 canales, porque el estudio de Cuba era anticuado, ellos estaban viviendo en los 50 todavía, con los equipos que había grabado la Aragón y otros. Jerry (Masucci), que tenía esas relaciones, lo pudo armar todo para que llegara.”

Cuando se hicieron las grabaciones, el cantante principal de la Típica 73 era José Alberto 'El Canario' en una formación que sumaba a Sonny Bravo, en el piano; Alfredo de la Fe, violín; René López, trompeta líder ; Lionel Sánchez, trompeta; Rubén 'Cachete' Maldonado, en las tumbadoras y los batá; Nicky Marrero, timbales; Dick 'Taco' Meza, saxo tenor; Dave Pérez, bajo; Mario Rivera, saxos soprano y barítono y John Rodríguez Jr., bongó.

Como era un intercambio musical, como invitados participaron quizás los músicos más legendarios en sus respectivos instrumentos que en ese momento vivían en Cuba: Guillermo Barreto en los timbales; Félix Chappottin en la trompeta; Richard Egües en la flauta; Arístides Soto (Tata Güines), en las tumbadoras; Juan Pablo Torres, trombón; Raúl Cárdenas 'El Yulo' , José Luis Quintana 'Changuito' y Eddie Pérez en la percusión. En los coros, Felo Bacallao, el cantante y bailarín de la Orquesta Aragón. Y por supuesto, en el tres, Niño Rivera, quien hace valer su estirpe en el solo registrado en el tema Un pedacito, de Sabino Peñalver.

Así resumió Johnny Rodríguez Jr. aquella experiencia inolvidable: “Estuvimos diez días, que era lo que duraba el paquete turístico por el que fuimos por Air Canadá, por conexiones pudimos tocar gratis en el Tropicana, en el salón ese que tiene techo. También en el Salón Mambí, donde bailaba el pueblo, ahí se vacila, fue un great time. Nos aceptaron porque el grupo era muy cubano. Conocí a todos mis ídolos, a los maestros Chappotín, Niño Rivera, Bacallao, Changuito, Tata Güines, Barreto, a todos. Y yo en el medio del salón, dirigiendo a esos monstruos. Le decía a Sonny (Bravo): ¡Estoy soñando! No puede ser. ¡Dirigiendo a toda esta gente que son mis ídolos desde niño! ¡Un sueño hecho realidad!”.

El LP se tituló En Cuba- Intercambio Cultural de la Típica 73 y fue publicado incialmente por el sello Inca, subsidiario de Fania, y luego por la propia Fania Records en 1979 con referencia JM 00542. Sería distribuido en cualquier lugar del mundo, menos en Cuba. Tuvo reediciones, al menos, en España, Venezuela, Japón y Estados Unidos.

Si este libro recoge los recuerdos emocionados de los músicos newyorricans Sonny Bravo y Johnny Rodríguez Jr cuatro décadas después de aquellas históricas grabaciones, es para demostrar cuán profundo había calado la música popular cubana en ellos y de qué modo había quedado intacta la idolatría por sus más virtuosos exponentes, que habían permanecido en Cuba y no habían emigrado, tras el triunfo de la Revolución de 1959.

El paso del tiempo que marcó la diáspora y la desconexión entre los músicos hizo que nombres como el de Niño Rivera se fueran convirtiendo cada vez más en mitos vivientes y reverenciados por quienes desde lejos continuaban haciendo música cubana, no importa si eran cubanos, puertorriqueños o de otras nacionalidades. Las obras más populares y valiosas de muchos de los músicos que permanecieron en Cuba, Niño Rivera entre ellos, no dejaron nunca de grabarse y difundirse en las comunidades latinas de Estados Unidos, y otros países.

El viaje a Cuba de la Típica 73, sus grabaciones y actuaciones en La Habana fueron el preludio del fin de la orquesta neoyorquina, que a su regreso tuvo que lidiar, para su sorpresa, con las acciones hostiles de una parte influyente de la comunidad cubana residente en Estados Unidos y enfrentada al gobierno revolucionario, que condenaron ese viaje y ese intercambio cultural. “Ese viaje a mi tierra ancestral ¡me costó la orquesta! Poco a poco se cerraron todas las puertas. Jamás volvimos a tocar en Miami, en Union City, New Jersey o en el Club Círculo Cubano. Pero si tuviera que hacerlo de nuevo, ¡lo haría mil veces! Aquellas tres semanas llenas de memorias ¡no las cambio por nada”, dijo Sonny Bravo.

Rosa Marquetti Torres
Texto y foto de Niño Rivera tomados de On Cuba News, 1 de abril de 2019.

lunes, 6 de mayo de 2019

Príncipe Charles en Cuba: entre el folclor y la política



Mojitos, guarapo, croquetas de frijoles negros, música, baile, bromas. Charles tuvo de todo un poco en su primera visita a Cuba. El príncipe británico no pudo haberse mostrado más relajado, divertido y afable. Los cuatro días que pasó en la isla, junto su esposa Camilla, la duquesa de Cornwall, tuvieron más tintes de un viaje romántico o de placer que una visita de Estado.

La pareja real parece haber sucumbido a los encantos de su gente. Al igual que los turistas que pasean por la parte hermosa la Habana Vieja, llena de colores y música, el heredero de la corona británica y su esposa solo percibieron la imagen folclórica de una ciudad que solo existe en los folletos de compañías turísticas que venden a la isla como destino para vacacionar, o en los programas del gobierno comunista para visitantes de alto rango.

Charles y Camilla se perdieron la otra parte de Cuba, la más representativa, la verdadera, la de los avatares de su población. Hubiese sido muy revelador para Charles salirse de la agenda pactada y el protocolo y caminar un poco más allá de lo que se ha denominado el Casco Histórico de La Habana, que no es más que esa zona de la capital que ha sido restaurada manteniendo sus características centenarias y originales, y una de las razones por las cuales es considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

No tenía que moverse tan lejos, hacia los destartalados barrios del Cerro o Diez de Octubre. Con solo salirse un poco del diámetro del recorrido propuesto por el gobierno, en el mismo corazón de la Habana Vieja, Charles hubiese podido palpar la miseria en la que viven la mayoría de los habaneros, en solares al borde del derrumbe y edificios declarados inhabitables, ahogados por la basura, el hambre, la insalubridad, la desesperanza y donde la mayoría de los vecinos no se pueden dar el lujo de fumarse un Habano, que tanto disfrutan los británicos en la terraza del Hotel Nacional o al otro lado del Atlántico. En lugar de mojitos, piña colada, ron Havana Club o agua ardiente, no les queda más opción que beber 'alcohol de bodega'.

Puede que Charles haya escuchado o leído sobre las calamidades de los cubanos de a pie, pero él no fue a Cuba a expresar ningún tipo de empatía con esta situación. Tampoco fue a abrazarse con Miguel Díaz-Canel o a encontrarse con amigos dentro de la teocracia cubana. Ni la familia real ni el gobierno del Reino Unido, los que le pidieron incluir a Cuba en el itinerario caribeño, comparten los principios del comunismo. Pero cuando se trata de explorar mercados y nuevas oportunidades de negocios, la realeza y los gobernantes británicos suelen hacerse de la vista gorda e ignorar la crítica situación de los derechos humanos.

Por eso nunca estuvo en los planes de sus altezas reunirse con grupos disidentes. Tampoco un encuentro con Raúl Castro, el máximo jefe del Partido Comunista que antes de pasarle el poder a Díaz-Canel se cercioró de que los puestos claves de la política y la economía sigan ocupados por círculos cercanos a él. Una reunión con Raúl hubiese sido demasiado para Charles, quien en su misión exploratoria, además de mostrarse abierto y relajado ante las autoridades locales, tiene que cuidar su imagen ante los ojos de los aliados que han seguido esta visita con recelo y suspicacia. El coqueteo es aceptable, pero tiene límites: de ser cruzados, podría irritar e incomodar al histórico aliado Estados Unidos, no importa cuán independiente ha sido la política de Londres hacia La Habana con respecto a Washington.

El Reino Unido ve potencialidades de incrementar sus negocios y reforzar su relación económica con Cuba. Probablemente Cuba tuvo para los visitantes la mayor importancia dentro de su periplo por el Caribe, si juzgamos por el tiempo gastado en la isla -cuatro días- que fue mayor que las estadías en los otros países en una gira que duró trece días. Entre los destinos seleccionados, Cuba es el único país que no pertenece a los territorios de ultramar de la Commonwealth, donde la reina Isabel II -madre de Charles- es regente.

Una nota que pone en evidencia a la Secretaría de Relaciones Británicas del Reino Unido detrás de las bambalinas del periplo real fue el envío del ministro británico de la Commonwealth, Lord Ahmad, a La Habana, con el objetivo de acompañar a Charles y representar al gobierno británico, evidenciando la importancia que Londres concedió a la visita. En un periodo de apenas cinco meses, Charles ha sostenido dos encuentros con Díaz-Canel. El primero tuvo lugar en Clarence House -residencia oficial del príncipe en Londres- en noviembre de 2018, cuando el presidente cubano hizo escala en la capital británica en su regreso a La Habana después de una gira que lo llevó a Rusia, China, Viet Nam, Laos y Corea del Norte, enemigos de diferente rango para Occidente.

Entonces trascendieron a la prensa británica los rumores de la visita que Charles planeaba hacer a Cuba, lo que quedó confirmado dos meses después con una declaración oficial de Clarence House ofreciendo la fecha del viaje y algunos detalles de lo que Charles y su esposa planeaban hacer en la isla. Si el encuentro de noviembre tuvo como objetivo discutir una fecha y preparativos, no era necesario que Díaz-Canel y Charles se vieran las caras y se estrecharan manos en Clarence House, al ser asuntos que los organizadores podían haber discutido. Pero al parecer, hubo un interés diplomático por parte de Londres, de transmitir confianza y cordialidad al gobernante cubano.

Más allá de las bromas gastadas en su recorrido por las callejuelas del centro histórico de La Habana, o de sus comentarios sobre el mojito y algunas recetas de la cocina cubana, y de las visitas al Centro de Inmunología Molecular e instituciones culturales, la ofrenda floral a José Martí, o el recibimiento oficial ofrecido por Díaz-Canel, nada trascendió sobre lo que en concreto fue a buscar Charles a Cuba. El gobierno cubano no ha dicho nada al respecto. El Ministerio de Relaciones Exteriores no publico una sola nota en su sitio web sobre la estancia de Charles en la isla, más allá de un escueto despacho anunciando la llegada la llegada del príncipe y su esposa.

Los dos periódicos de circulación nacional, Granma -órgano oficial del Partido Comunista de Cuba-, y Juventud Rebelde -vocero de la Unión de Jóvenes Comunistas-, solo publicaron breves y frías notas, desconociendo la importancia del acontecimiento, de acuerdo con las instrucciones del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista -censor y controlador de los medios en la isla- de no darle realce a los visitantes y la debida connotación a los hechos, como si las casas reales europeas fueran dadas a aceptar invitaciones oficiales de gobiernos comunistas.

Tampoco Clarence House u otra fuente oficial real británica se ha pronunciado sobre los propósitos de este viaje, a no ser la verborrea diplomática de resaltar los “vínculos culturales e históricos”, como si ello ameritara el envío de príncipes por cuatro días a un país en el que ningún primer ministro británico ha puesto sus pies. Habrá que esperar para ver qué tipo de resultados puede dar la visita de Charles a Cuba.

Aunque este viaje parece haber carecido de un carácter político -al menos públicamente, aún no sabemos lo que Charles le dijo a Díaz-Canel durante su encuentro privado-, y haber estado enfocado en lo comercial y financiero, el inmovilismo del régimen, al no querer emprender una sincera y verdadera apertura política y económica es la principal causa que ha frenado el desarrollo del país, así como la posibilidad de favorecerse al máximo de las propuestas de inversión y cooperación que vienen desde el exterior.

Despues de esta visita, es presumible que se darán otros pasos para acercarse más a Cuba, tal y como ha empujado la llamada Iniciativa Cuba, que reúne a un gran grupo de empresas que abogan por mayores vínculos con La Habana. No se descarta entonces la futura visita de algún alto ministro del gobierno británico.

Ya en 2016, Philip Hammond, entonces secretario de Relaciones Exteriores, se convirtió en el primer canciller británico en visitar Cuba desde 1958. El titular llegó a La Habana pisándole los talones a Barack Obama, apenas un mes después que el entonces presidente de Estados Unidos, decidiera ir a La Habana para recomponer las relaciones bilaterales congeladas desde 1959.

Actualmente, Hammond es la segunda figura del gobierno británico. Quizás debiera darse de nuevo una vuelta por Cuba y comprobar que el gobierno comunista no ha cambiado para nada su terca y arbitraria postura, que la denominada apertura económica no avanza porque no hay una verdadera voluntad política, y que el tema de los derechos humanos, asunto tratado entonces con el canciller Bruno Rodríguez, sigue en la misma situación crítica. Y puede que se cuestione que aún así, decidimos mandarle a un príncipe.

Jorge González
Café Fuerte, 31 de marzo de 2019.
Foto: El príncipe Charles y la duquesa Camilla prueban el mojito que aprendieron a preparar en un bar habanero. Tomada de Daily Mail.

lunes, 29 de abril de 2019

Maikol, de la cuna al tambor


¿A qué edad pusiste por primera vez las manos sobre el cuero que te hizo famoso?, pregunta la abuela. “Desde que nací me gustó la percusión”, responde el nieto

Así juega a ser un músico famoso Maikol Pentón González, de 5 años. Involucra a su abuela Noemí, quien debe fingir ser la conductora que lo entrevista en un programa televisivo de fama internacional.

El despegue de Maikol en la percusión comenzó cuando solo tenía 2 años. Sin que ninguno de sus familiares se lo propusiera, el niño envió el primer mensaje de lo que quería ser cuando comenzó a golpear los juguetes con las baquetas improvisadas con lápices.

Actualmente Maikol pertenece a un grupo musical infantil de su escuela nombrado Los Kini-Kini, donde su conocimiento empírico inyecta la base rítmica de la música cubana con los tambores.

Es justo señalar que el pequeño musico nació cerca del sonido de los tambores de su tía, la percusionista Ivett González Kessel, que desarrolla su carrera artística en la conocida agrupación musical Canela.

Ivett asegura no haber inculcado el talento que bendice a su sobrino, a quien muchos en el barrio consideran una revelación similar a la de Miguel 'Angá' Díaz, una leyenda de la percusión en Cuba. “A medida que ha pasado el tiempo se ve el progreso de Maikol. Tiene una pegada muy buena”, dice Ivett en su valoración como músico profesional.

La limpieza del golpe y la técnica utilizada por el niño al pegarle a los tambores salen de los conciertos que le gusta ver al pequeño. Entre sus preferidos, un espectáculo del percusionista puertorriqueño Giovanni Hidalgo, un entretenimiento más atractivo que cualquier dibujo animado o video juego que le propongan sus amiguitos.

En su corto tiempo de vida, el pequeño domina casi todos los instrumentos de percusión, como el güiro, las maracas y el bongó. Los que faltan deben su ausencia a la economía de la familia, que no puede pagar 100 cuc (86 dólares) por unos tambores batá. Eso no desanima a Maikol, que utiliza el deseo como un sueño infantil, siempre alcanzable, de poseerlos sobre un atril para iniciar el reto de someterlos. “No hemos tenido posibilidad de comprarle unos tambores batá, pero le gusta la batería que arma con cubitos, todo lo que suene; coge un par de lápices y ésa es su batería, su obsesión”.

Al cumplir los dos años, la aptitud musical de Maikol fue valorada por varios maestros de la música como Eduardo Córdova, el llamado Rey del Tambor, y Federico Arístides Soto Alejo (Tata Güines). Todos estimaron que la corta edad provocaba la falta de atención, que conspiraba contra la instrucción de su habilidad. Tres años después, el apasionado gusto del niño por la música lo concentra tanto en su objetivo que ha llegado a convertir su alegría en improvisaciones musicales.

“Hace poco llegamos de la ciudad de Bayamo, y le gustó tanto estar allá que improvisó una canción con los tambores”, cuenta Ivett, quien asegura que la principal fuerza del talento de su sobrino, está en la pasión que siente por la música.

Augusto César San Martín y Rudy Cabrera
Cubanet, 26 de febrero de 2019.
Leer también: Carlos Mario, un niño colombiano que ama la música cubana.

lunes, 22 de abril de 2019

Los olvidados Hermanos Rigual


El Trío Hermanos Rigual fue fundado en 1941 en La Habana por los hermanos Carlos, Mario y Pedro Rigual Rodríguez. Ellos no eran habaneros: eran banenses, pues vinieron al mundo en Banes, hoy uno de los 14 municipios de la actual provincia de Holguín (y no erróneamente como en algunos sitios se dice, que eran naturales de Guantánamo). Los Rigual tuvieron la dicha de haber nacido y haberse educado en el seno de una de las más importantes familias de músicos de la antigua provincia de Oriente. Sus primeras lecciones musicales la recibieron de su madre, Juana Rodríguez, después del guitarrista y pedagogo Vicente González Rubiera (Guyún).

Además de Santiago de Cuba, cuna del bolero y del son, en otras ciudades, zonas rurales y pequeños poblados orientales, surgieron figuras de gran prestigio internacional, como fue el caso de los Hermanos Rigual y de sus primos Pedro Jústiz Rodríguez (Peruchín) y Absalón Pérez, relevantes pianistas y directores de orquesta quienes realizaron significativos aportes a la música cubana y también eran oriundos de Banes.

El mayor de los tres, Pedro, nació el 29 de junio de 1918. Le seguía Carlos, el 4 de noviembre de 1920 y Mario, el menor, el 19 de noviembre de 1922. Desde pequeño, a Pedro le decían Pituco y con ese apodo se quedó (en internet aparece con k, pero lo he puesto con c porque dudo que en los albores del siglo XX en Cuba la k, como la y, fueran tan usadas como ahora). Sus abuelos maternos, Emilio Rodríguez y Juana Pérez, fueron dos talentosos músicos de Gibara que se radicaron en Banes a finales del siglo XIX y allí fundaron orquestas, bandas y academias en las cuales se formaron varias generaciones de instrumentistas, como Absalón Pérez, que en 1934 viajó a México con la orquesta de la compañía lírica de Ernesto Lecuona, llegó a ser pianista de Toña La Negra y Pedro Vargas y se convirtió en director de una de las más populares orquestas de la capital mexicana. Fue precisamente Absalón, primo de los Rigual, uno de los que influyó para que los tres hermanos se establecieran en ese país en la década de 1950.

En 1925, Ángel Rigual consigue un empleo en el Ministerio de Hacienda y se traslada a La Habana con su esposa Juana y sus hijos Pituco, Carlos y Mario. Aunque ninguno de los tres había cumplido los diez años, en la capital recibieron la influencia de los tríos trovadorescos, de moda en ese momento, igual que las canciones mexicanas y los grupos vocales estadounidenses. En 1940 comenzaron a acoplar sus voces en audaces armonías y pronto, gracias a la radio, fueron escuchados en otros países. En octubre de 1941 el Trío Hermanos Rigual debuta en Regalías El Cuño, uno de los programas estelares de CMQ-Radio. Dos años después, centralizaban los espacios radiales Canciones Internacionales, en la emisora Mil Diez, y La Hora Alegre, de la emisora RHC Cadena Azul. En 1945 con la orquesta de Arcaño y sus Maravillas graban el danzón Cubanita.

El debut internacional de los Rigual se produjo en California, Estados Unidos, pero sin gran repercusión. Muy diferente a lo sucedido en México. Según la revista Bohemia del 9 de noviembre de 1947, un empresario azteca los oyó y los contrató para inaugurar el Teatro Río de la capital mexicana.

México se convertiría en su segunda patria y llegaron a ser el primer trío en recorrer el circuito completo del mundo del espectáculo, al triunfar en radio, discos, cabaret y cine, como en esta escena de una película mexicana, donde los Rigual interpretan Fidelidad, mientras una jovencísima Olga Guillot observa desde la barra. Los primeros discos grabados por los Rigual contenían boleros cubanos y su participación en filmes como Ahí vienen los Mendoza y La Venus de Fuego, en los que alternaron con artistas de la talla de Pedro Vargas y Avelina Landín, entre otros, cimentaron su prestigio en el continente americano.

Al retornar a Cuba tras su primera gira por México, la revista Bohemia del 16 de mayo de 1948, publicaba una amplia información sobre su nuevo contrato en la CBS norteamericana. De sus triunfos en México resaltaba su estilo único y una grabación del bolero Qué te parece, del maestro Julio Gutiérrez, que llegó a encabezar el hit parade mexicano. Incluía una foto de una de las actuaciones de los Hermanos Rigual con sus guitarras, trajes estrafalarios y ojos saltones junto a Agustín Lara y su orquesta del Teatro Follies.

Al igual que Rosita Fornés, Benny Moré, Pérez Prado y otros artistas cubanos, en poco tiempo, los Rigual cimentaron un alto prestigio. En Cuba, llegaron a desplazar a tríos de corte tradicional, como el de Servando Díaz, y ocuparon el primer lugar en las famosas encuestas de la Asociación de la Crónica Radial e Impresa, que en 1948 y 1950 los eligió como mejor conjunto vocal. Esos tres años fueron de intenso bregar artístico en Cuba y en el extranjero. Se presentaron a lo largo de la isla y también en Banes, donde vivía parte de su familia. Periódicos locales como El Pueblo se hicieron eco de esas actuaciones, de los estrenos de sus películas y otros éxitos de su carrera.

Antes de concluir la década de 1940, los Rigual se habían presentado en importantes escenarios de Estados Unidos, Panamá y Colombia, entre otras naciones donde sus discos competían por los primeros lugares con el trío mexicano Los Panchos, el gran rival que siempre tuvieron los Hermanos Rigual. Pero a diferencia de aquéllos, los banenses impusieron un estilo moderno que incluía guitarras y maracas, efectos sonoros originales, se acompañaba de grandes orquestas y se movían y bailaban según lo que cantaran. Por su complejidad vocal-instrumental tuvieron muchos seguidores, pero no tantos como Los Panchos, quienes se convirtieron en arquetipo de modelo acústico tradicional, mientras el cubano lo fue como trío moderno. De ahí que la publicidad en cada una de sus presentaciones a raíz de su apoteósico triunfo en México subrayaba que era “el mejor trío armónico de América”.

Otra de las peculiaridades de los Rigual fue su asimilación de los recursos del filin. En su libro El jazz en Cuba, el musicólogo Leonardo Acosta afirma que fue el único trío vinculado directamente al filin, los primeros que grabaron y contribuyeron a popularizar internacionalmente canciones como Hasta mañana vida mía, de Rosendo Ruiz, Contigo en la distancia, de César Portillo de la Luz y Tú me acostumbraste, de Frank Domínguez, entre otros creadores. Y sin dejar de incluir sones, guarachas y números afrocubanos en su repertorio.

En la década de 1950, el Trío Hermanos Rigual siguió manteniendo al bolero como centro, pero con el auge del cha cha chá, género creado por Enrique Jorrín, en sus frecuentes giras por América y Europa, hicieron variantes del bolero-cha. En esa línea se destacan Te adoraré más y más, de la autoría de Pituco, y la versión de Vereda tropical que el maestro Rafael de Paz realizara del antológico bolero de Gonzalo Curiel. En 1954, esas dos piezas los Rigual se las entregaron en La Habana a Tito Gómez, que las grabó con la Orquesta Riverside y tuvo una extraordinaria acogida.

A partir de 1954, los Rigual comenzaron a dar a conocer su faceta autoral. El primero fue Pituco, quien en binomio con el cubano Mario Álvarez compuso la canción Mi nave, interpretada por Pedro Infante en la cinta El rayo justiciero. Posteriormente fueron contratados para participar en películas como Cucurrucú paloma y Despedida de casada. En un filme mexicano, acompañan a Fernando Martínez, el crooner de México.

Su apretada agenda artística en México no les impidió hacer presentaciones y giras junto a otros artistas y orquestas, entre ellos los cubanos Chico O'Farrill y Mario Bauzá y el italiano Ennio Morricone. O producir el disco La Guayabita con Avelino Muñoz, pianista y organista panameño. Tampoco seguir dando a conocer boleros de su autoría, que lograron gran popularidad en las voces de Nelson Pinedo, Panchito Riset y Luis García, entre otros. En esta película, el chileno Antonio Prieto canta Eres mi locura, bolero de Pituco que los tres hermanos acompañan con sus guitarras. De esa época son Trompo de juguete, Yo soy tu amigo y Especialmente para ti.

Carlos, por su parte, lanzó éxitos como Tengo una esperancita, El pollo de Carlitos y un cha cha chá estrenado en el filme Sube y baja (1958), protagonizado por Cantinflas. Se titula Corazón de melón y lo interpretaron las cinco Hermanas Benítez:


Sesenta años después, Corazón de melón, en la versión de Pérez Prado y su Orquesta, formaría parte de la banda sonora de Roma, premiada cinta del mexicano Alfonso Cuarón, que en la gala de los Oscar 2019 ganó tres premios: Mejor fotografía, Mejor director y Mejor película extranjera.

Los Rigual siguieron dando conocer a composiciones propias en sus actuaciones en Argentina, Venezuela, Canadá, Portugal y España, donde compartieron escenarios con Josephine Baker, Ernesto Lecuona, Eddy Duchin, Ezzio Pinza y Xavier Cugat, entre otros. A inicios de los 60, los aires renovadores que vivía la música popular en todo el mundo no les fueron ajenos a los tres hermanos. En 1961, Carlos y Mario concibieron Cuando calienta el sol, pieza que representa la transición del bolero a la balada, aunque en Cuba y otros países se cantó como bolero por infinidad de solistas, tríos y agrupaciones musicales. Junto a Llorando me dormí, del puertorriqueño Bobby Capó, Cuando calienta el sol está considerada una de las dos primeras baladas-rock latinoamericanas.

A mediados de la década de 1960, Cuando calienta el sol ya se había convertido en un hit universal. Los Hermanos Rigual la interpretaron en Nueva York, Londres, París, El Cairo, Roma, Venecia, Trípoli... Grabaron discos en inglés e italiano y se convirtieron en los primeros artistas de América que en Italia actuaron en el Festival de la Canción de San Remo, en 1964, interpretando en italiano Sole sole, de Zanin-Cascadei. En uno de sus discos, los Rigual incluyeron Sole sole en español. En el LP titulado Las Guitarras de los Hermanos Rigual se pueden escuchar versiones instrumentales de Historia de un amor, Colina Rosa, Tiernamente (Tenderly), Caminito, Ramona, Siempre (Always), Yo te quiero mucho, Currucucú paloma, Malagueña, La paloma, Anita y Cuando calienta el sol.

A propósito de Cuando calienta el sol en El Nuevo Diario de Nicaragua se publicó la siguiente nota:

"Un famosísimo trío cubano conformado por tres hermanos de apellido Rigual, hace más de cincuenta años consiguieron un éxito que los lanzó al estrellato, la fama y al reconocimiento universal, abriéndole todas las puertas del mundo artístico. El tema que les trajo tan grande fama es el que se titula Cuando calienta el sol.Sin embargo, como siempre ocurre, la maledicencia o la envidia tejió conjeturas que todavía no se han podido destejer. Se dice que la pieza musical no es de ninguno de los integrantes del trío, sino de un modesto compositor nicaragüense de nombre Rafael Gastón Pérez,, quien en una noche de copas vendió la canción por una irrisoria e irritante suma y, dicen, que quien la adquirió se la vendió a los Hermanos Rigual. Estos pusieron la música y cambiaron algunas estrofas y la canción, que originalmente se llamaba Cuando calienta el sol aquí en Masachapa, el pueblo de donde es oriundo Rafael Gastón Pérez, se convirtió en Cuando calienta el sol. No hay prueba ninguna para la inculpación a los Rigual, aunque los maledicentes dicen que sí y nombran a un testigo de excepción, don Lucho Gatica. Este último, dicen, en una oportunidad le entregó dinero a la viuda de Gastón Pérez, asegurándole que era para compensarla por el tantísimo dinero que la canción produjo a quienes no la habían compuesto".

En Wikipedia se afirma que "otra composición importante, con una polémica historia, es la que realizara Gastón Pérez en una playa del Pacífico nicaragüense, la cual tituló Cuando calienta el sol en Masachapa y que vendió por unos pocos córdobas. Posteriormente, apareció grabada por los Hermanos Rigual con el título Cuando calienta el sol, constituyendo el mayor éxito internacional del trío cubano. Sin embargo, no se reconoció la autoría del compositor nicaragüense". La polémica sigue servida.

En 1980, el Trío Hermanos Rigual recibió en Estados Unidos un trofeo de la Broadcast Music Inc al arribar Cuando calienta el sol al millón de ejecuciones en radiodifusoras estadounidenses. Se calcula en más de mil las versiones de esta pieza, entre ellas la de Nancy Sinatra, Luis Miguel y Gente de Zona. Después del éxito mundial de Cuando calienta el sol, los Rigual siguieron cantando números suyos y de otros autores. Pero en 1994, cuando Carlos murió en México, Mario y Pituco decidieron abandonar definitivamente los escenarios. Entre sus últimas composiciones más versionadas se encuentra el bolero de Pituco, Camino del puente, popular en Cuba en la voz de Vicentico Valdés, los sones Mulata a go go y Maní tostao y la guaracha Muñeca viajera.

Otros hits de los Hermanos Rigual fueron María Isabel, que en los 60 se escuchaba en la radio cubana por Los Payos, pero no por José Feliciano, entonces censurado en la Isla. Piel canela también fue un número muy conocido y entre otros lo han cantado Bobby Capó y la Sonora Matancera, Los Panchos, Natalia Lafourcade y Tin Tan. El pollo de Carlitos, de Carlos Rigual, formó parte del repertorio de las Hermanas Benítez, del boricua Tito Rodríguez y su Orquesta y de la Orquesta Hermanos Castro, no emparentados con los Castro de Birán.

Se sabe que en 1994, a los 74 años, Carlos Rigual Rodríguez murió en México. Pero se desconoce si los otros dos hermanos se quedaron viviendo en México, en otro país o regresaron a Cuba, a La Habana o a su Banes natal. Pedro (Pituco), el mayor de los tres, nacido en 1918, debe haber fallecido y Mario, de vivir, rondaría los 97 años. Lamentablemente, por realizar en el exterior la mayor parte de su carrera artística, la historiografía musical cubana, no ha justipreciado los extraordinarios aportes a la evolución e internacionalización del formato al que se mantuvieron fieles durante toda su vida: el trío.

Forjados en la tradición de una modesta e insoslayable familia de músicos holguineros, con su particular impronta, fueron grandes embajadores del bolero y la música cubana. Y lo seguirán siendo, porque algunas de sus composiciones son verdaderos clásicos que continuarán escuchando, cantando y bailando las nuevas generaciones en Cuba y el mundo. Un ejemplo de su vigencia es que Cuando calienta el sol, el número que los hizo famosos a nivel global (en la España de los 60 se convirtió en Canción del Verano), más de cinco décadas después, era incluida en el programa La mejor canción jamás cantada, de TVE, trasmitido el 22 de febrero de 2019:


Según Discogs, los Rigual grabaron 53 discos en distintos formatos y aparecieron en cinco compilaciones. Por lo menos en cuatro, grabados para la RCA Victor, contaron con el acompañamiento de Ennio Morricone y su orquesta. En 1963, el LP Los Hermanos Rigual con 12 piezas, y Blanca como paloma, un sencillo con La piú bella della spiaggia por una cara y Blanca como paloma por la otra. En 1964, un disco con cuatro números: Dondolano, Marcella, Cuando el cielo y la luna En una tarde de verano. También un sencillo con dos canciones interpretadas en italiano, Mezzanotte y Sole sole.

Entre los temas del Trío Hermanos Rigual, compuestos o interpretados por ellos, que en You Tube se pueden localizar se encuentran Cuando brilla la luna, Se acabaron los millonarios, La del vestido rojo, Ven, amorcito, ven, Caliente, caliente, Vuela, vuela mariposa, El chiqui-cha, Cansancio, Frenesí, Envidias, Hipócrita, Corazón de papel, De quién estás enamorado, Nace el amor, Una miradita, Besito en cha cha chá, Señora Doña Cibeles, Guitarra enamorada, Poinciana, Eres diferente, Noche maravillosa, Linda caleñita, Medianoche, Amapola, El león duerme esta noche, Mi último bolero, Juanita bonita, Alma adentro, Chamaca, Como amigos, Luna de Xelaju, Cielo eterno, Nube gris, Pobre gente de París, Caray caray, Cautivo de tus labios, Besos de cereza, Andalucía, Tu calle, Ansiándote, Ensalada de melón y pollo, Chinita, Ay de mí, El cantante del amor, Cierra los ojos, La chica que me vuelve loco, Un pollito asao. Silvia, Julia, María Elena, Zalamera, La perica, Rancho de tejas, Las mariposas, Cuando no sé de ti, Espérate tantito, Al fin sucedió, Cabecita loca, Mi gallo pinto, Café con leche, Una mañana gris, La vela, Soñar, Aquella nochecita, Y el mundo era mío, Cuando me pierdas, Verdad amarga, No te desesperes, Lo mucho que te quiero, Vamos a bailar, Que se mueran de envidia, Nadie comprende, Alguien cantó, Soy, Como un tatuaje, Si tu no estás te extrañaré, No por madrugar. Desdémona, El twist del tirabuzón, Tu alegría, Rosa rica, Nocturnal, Un secreto, Amor y rosas para ti, Flor del campo, Lamento borinquen, Mujer perjura, Enamorado y apasionado, Caminos diferentes, Que nadie sepa mi sufrir, Nada quedó, Perdónala señor, Aleluya, Canción de la paz y La vida es un sueño, de Arsenio Rodríguez, el ciego maravilloso.

Tania Quintero, a partir de la biografía sobre los Hermanos Rigual, publicada por César Hidalgo en su blog Aldea Cotidiana, el 30 de noviembre de 2017. Hidalgo es locutor, guionista y director de programas de Radio Angulo de Holguín.

Leer también: Cuando calienta el sol.

lunes, 15 de abril de 2019

Santiago de Cuba: más hoteles, menos viviendas



De siete hectáreas y media es el espacio aproximado destinado a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, que pretende ser el primer centro turístico de esa categoría en Santiago de Cuba. El imponente y ambicioso inmueble, cuya construcción apenas ha comenzado, se ubica cerca del complejo teatral Heredia y a unos 500 metros de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo, un espacio privilegiado dentro de la urbe santiaguera y localizado en un área bastante concurrida y céntrica.

Cuando se termine la obra, la edificación se unirá al Hotel Manzana Kempinski y al Hotel Grand Packard, ambos ubicados en La Habana, como las únicas instalaciones categoría 5 Estrellas Plus de la Isla.

El hotel santiaguero estará concebido a partir del concepto de arquitectura sustentable, así lo adelantó al diario Sierra Maestra el arquitecto Josué Pérez Acosta: “Usaremos las tecnologías más novedosas existentes en el planeta. En la fachada acristalada del hotel está previsto usar una tecnología denominada ‘muro cortina’, que tendría incluidos vidrios fotovoltaicos. Nuestra ambición será alcanzar que el inmueble sea capaz de generar el 25 o 30 por ciento de la energía total consumida, logrando así estar a la cabeza en materia medioambiental”.

Serán un total de 452 habitaciones de lujo distribuidas en dos torres de 72 y 58 metros, respectivamente, que asemejarán dos enormes y antiguos rollos fotográficos. Cubiertas verdes para ahorrar agua y pequeños generadores eólicos son otras de las peculiaridades que resaltan medios oficiales y sobre las cuales ya comienzan a circular imágenes y bocetos.

Mientras se planifica y se destinan cuantiosos recursos a la construcción del Hotel 5 Estrellas Plus, Priscila Ferrer y su hermana Damaris residen en el peor de los escenarios, después que su vivienda fuera convertida en escombros tras el paso del huracán Sandy por Santiago de Cuba en 2012. Los escombros que quedaron tras la destrucción generada por Sandy, ahora son parte de sus improvisadas paredes y techos.

En esas circunstancias habitan las hermanas Ferrer y su familia de 22 miembros. “Nos acomodamos donde podemos, unos en el cuarto y los demás en la sala”, dice Priscila, mientras señala las camas rústicas en malas condiciones.



Siete años han pasado desde que el huracán obligó a los santiagueros a recomenzar de nuevo. Viven entre el dolor de ver sus casas convertidas en recuerdos y los temores de no saber a dónde ir, ni qué hacer. Damaris no olvida los momentos posteriores a la catástrofe de 2012 y dice que no fue fácil ver todo desbaratado, y lo peor, saber que no lo volverán a recuperar.

“¿Con qué nosotros vamos a levantar de nuevo nuestra casa, si ni siquiera nos alcanza para comer?. Sandy nos destruyó todo, ahora está en peligro de derrumbe y cuando llueve tenemos que sacarlo todo. El agua entra tanto por el techo, como por el piso, porque las aguas albañales de las fosas vecinas se meten en toda la casa. Así tenemos que estar viviendo, en un desguazo completo”, cuentan las hermanas Ferrer.

Con su madre enferma de 79 años de edad y niños pequeños conviviendo bajo el mismo techo, más por la desidia gubernamental que por el fenómeno atmosférico, a ellas, damnificadas desde hace siete años, ya no les quedan opciones. Los gobiernos municipal y provincial no han hecho nada, solo prometerles y pedirles que llenen planillas.

Mientras la familia Ferrer de 22 miembros, apenas sin espacio, acomoda sus pertenencias en improvisados armarios y compartimentos en el techo, sorteando las filtraciones y las paredes en peligro de derrumbe, Santiago de Cuba planifica el aumento del turismo, aunque según datos de la consultoría The Havana Consulting Group, en 2018 se registró una baja considerable de los visitantes a la Isla, por la inadecuada infraestructura, mal servicio y déficit del transporte terrestre y aéreo.

Pese a esa realidad, el sector turístico en Cuba continúa expandiéndose sin tener en cuenta que la mitad de las instalaciones hoteleras permanecen vacías.

En 2016, Priscila Ferrer viajó La Habana y entregó una carta en el Consejo de Estado, pidiendo ayuda. “Si el gobierno cubano no me ayuda entonces que permita que el presidente Barack Obama me ayude”, escribió la mujer en referencia al discurso que el expresidente de Estados Unidos pronunciara en el Gran Teatro de La Habana en marzo de 2016 y en el cual prometía ayudar al pueblo cubano.

Según Priscila, por haber dicho eso en esa carta, le acusaron de un supuesto delito de propagación de epidemias. “El gobierno me fabricó un delito porque los de la campaña antivectorial pasaron fumigando por un lugar donde nosotros no vivimos, en un terreno abandonado y me dijeron que yo estaba contribuyendo a la propagación de epidemias”.

Priscila Ferrer pasó alrededor de 24 horas detenida en espera de juicio. “Me tuvieron un día entero sin desayuno, sin almuerzo y sin comida, me trasladaron como una delincuente hasta el Palacio de Justicia, sin representación legal. Me pedían un año con internamiento, pero por tener dos hijos pequeños me redujeron la condena a 10 meses de prisión domiciliaria”..

Debido a la grave situación que las hermanas Ferrer han tenido que enfrentar en Santiago de Cuba, en mayo de 2018 protagonizaron una protesta en el concurrido Parque Céspedes, frente a la antigua sede del Poder Popular municipal. La protesta pacífica sólo duró pocos minutos, en imágenes difundidas por la Unión Patriótica de Cuba, rápidamente un hombre les retiró un cartel que decía Recibimos una prisión en vez de una solución. Derrumbe total de Sandy sin solución.


“Mi cuerpo no aguanta más, no sé qué hacer, tengo 48 años y parece que tengo 80. Necesitamos solución para nuestro caso. ¡Estaremos donde haya que estar, pero que nos solucionen ya!”, confiesa Priscila.

No obstante las penurias que sufren día a día muchos santiagueros, las autoridades siguen dándole de lado a la difícil situación de la vivienda en la llamada Ciudad Héroe, una problemática que se agudiza con el paso del tiempo.

Ell megaproyecto del Hotel 5 Estrellas Plus, a cargo de la Empresa de Proyectos No. 15, pretende culminar su construcción en 2010. La instalación estará destinada, principalmente, a hombres de negocios y turismo de congresos, ferias, convenciones y eventos, excluyendo una vez más al cubano de a pie.

Texto y fotos: Ezequiel Fuentes
Cubanet, 6 de marzo de 2019.
Leer también: En busca de turistas adinerados.