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lunes, 30 de noviembre de 2020

Magawa, rata premiada por detectar minas


 

Magawa es una rata originaria de Gambia, mide 75 centímetros de largo y pesa poco más de un kilo. Este roedor, que se ha convertido en toda una eminencia en África y ahora en el Reino Unido, ha estado durante años trabajando en la detección de minas, bombas y artefactos explosivos en Camboya.

El animal tiene el destacado mérito de haber descubierto 39 minas y otros 28 dispositivos altamente explosivos en seis años, lo que la convierte en la rata más eficaz utilizada para remover estos escondidos y peligrosos objetos. Debido a su envidiable "carrera", la organización benéfica veterinaria People's Dispensary for Sick Animals (PDSA) del Reino Unido le ha entregado una medalla de oro por sus años de servicio.

Magawa fue adiestrada por la ONG Apopo (Anti-Personnel Landmines Removal Product Development), con sede en Bélgica, la cual se especializa en esta actividad humanitaria desde 1990. Gracias a su trabajo, se ha podido despejar un terreno de casi 141 mil metros cuadrados de tierra, lo que equivale a 20 campos de fútbol.

La organización no gubernamental belga lleva años entrenando este tipo de animales en Tanzania. Para poder detectar un explosivo, a los roedores se les enseña a detectar un compuesto químico dentro de los explosivos. Una vez que han encontrado una mina, comienzan a excavar en la zona para avisar de la presencia de este tipo de objetos. Al ser relativamente livianos, pueden caminar sin activar la mina. Con esta técnica puede registrar el área de una cancha de tenis en menos de media hora, algo que a un humano le tomaría hasta cuatro días con detectores de metal.

La ONG Apopo posee 45 ratas adiestradas para realizar este tipo de trabajo. Gracias a los roedores, se han descubierto y retirado más de 83 mil minas. Según cifras de PDSA, entre 1975 y 1998, se ocultaron entre 4 y 6 millones de minas en Camboya, las cuales ya han causado la muerte de más de 64 mil personas y han causado heridas a más de 25 mil.

Magawa ya tiene siete años, está a punto de retirarse de su heroica labor. El promedio de vida de ese tipo de ratas es de ocho años, según el zoológico de San Diego, California, Estados Unidos.

Texto y foto de Deutsche Welle, 25 de septiembre de 2020.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Si en Tailandia esclavizan a los monos, en Cuba matan a las tortugas

 


De lo que está ocurriendo con las tortugas carey en las playas cubanas me enteré leyendo Cementerio, reportaje que Julio Batista, premio Rey de España de Periodismo 2018, publicó en Periodismo de Barrio y del cual extraigo varios párrafos.

Primero fue una sospecha. Luego, las manchas de sangre, la arena removida y los buitres revoloteando nos indicaron dónde escarbar. Entonces tuvimos la confirmación que tanto temíamos: dos caparazones, aún impregnados de sangre y restos de intestinos, eran la prueba de que allí, en medio de un Área Protegida, se cazan tortugas. La caza de tortugas marinas no es un negocio nuevo en Cuba. Si bien ha estado regulada por ley desde los años 30 del pasado siglo, no fue hasta 2008 que el país vedó por completo la captura de estos animales.

Por más de tres décadas, a partir de 1960, la flota pesquera cubana tuvo entre sus objetivos la captura a gran escala de tortugas carey (Eretmochelys imbricata), de la cual se exportaba su concha (con gran valor para las artesanías) y la carne se destinaba al consumo en el mercado interno.

Declarar la veda total en aguas nacionales le tomó a la dirección del país casi dos décadas, después de la entrada de Cuba a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés) en julio de 1990; aunque la reducción en la caza de tortugas fue notable en 1992, tras el cierre del mercado internacional de productos de tortugas marinas, bajo los acuerdos de CITES.

Entre 1994 y 1995, ya sin mercado internacional para los caparazones, el Ministerio de la Industria Pesquera (MIP) impuso una veda permanente para la caza de tortugas marinas en las aguas cubanas, con dos excepciones: la captura tradicional de las especies en Isla de la Juventud y en Nuevitas, Camagüey (...).

Desenterrar los caparazones en Playa Cadenas, en la Península de Guanahacabibes, Pinar del Río, nos tomó casi una hora. Sin palas ni utensilios tuvimos que retirar la arena con lo que encontramos: un pedazo de remo, un pedazo de tanque plástico, nuestras manos… A medida que buscábamos “herramientas” encontramos también los restos de matanzas anteriores: fragmentos de petos secos al sol, aletas dispersas entre la maleza, rocas manchadas de sangre. Lo que a la distancia semejaba un paraíso tropical, se nos revelaba como un cementerio.

Cazar tortugas, en esos lares, no es una ciencia oculta. Muchos de los pobladores locales pueden sentar cátedra de cómo hacerlo con eficiencia. En nuestro caso, la explicación nos la dio uno de los visitantes que tuvimos. Luego supimos que ese muchacho que apenas llegaba a los 20 años, hablaba de las tortugas diciéndoles “pejes con concha” y disertaba sobre caza ilegal, era el hijo de uno de los guías del Parque Nacional.

En Guanahacabibes hay un momento en el que los cazadores furtivos pueden aprovechar para cazar a las tortugas con facilidad: el desove. Mientras ponen los huevos en la arena, estarán totalmente quietas, indefensas ante su mayor depredador en tierra: el hombre. La brutalidad del acto en sí mismo, aterra. Escondidos en la maleza, los cazadores esperan a que las hembras lleguen a la playa, entonces las golpean en la cabeza –puede ser con una piedra, un tronco o cortándolas con un machete. Luego las viran bocarriba para cortarles el cuello. Con un poco de suerte, caerán con el primer golpe, de lo contrario morirán degolladas, entre estertores.

Muchas veces los cazadores furtivos viran varios ejemplares al mismo tiempo, los cuales permanecen en esa posición, totalmente indefensos, hasta que llegan sus turnos de ser sacrificados. El siguiente paso es una carnicería: separar el peto, cortar y botar las aletas, destajar los músculos y guardarlos en sacos, vaciar las vísceras hasta que de la tortuga apenas queda la concha y algunos despojos: un cuenco vacío y sanguinolento que luego será enterrado para cubrir las huellas de la matanza.

Tania Quintero

Foto: Los cazadores furtivos de tortugas entierran los caparazones en la arena o los cubren con vegetación. Para los pobladores de Playa Cadenas, en la Península de Guanahacabibes, cazar tortugas es habitual. Lo ha hecho por generaciones y todavía lo siguen haciendo. Imagen de Jans Sosa tomada de Periodismo de Barrio.

lunes, 16 de noviembre de 2020

Tailandia utiliza monos para la recogida de cocos

 

Históricamente, el hombre ha utilizado animales en determinadas labores, sobre todo en la agricultura y en la transportación: caballos, burros, bueyes, perros que ayudan a pastorear los rebaños de ovejas... También los han utilizado en circos y atracciones callejeras. En unos y otros casos, a menudo no bien cuidados y maltratados.

Es que a veces el hombre es más animal que muchos animales.

Por 20 Minutos, un periodiquito que distribuyen gratuitamente en Lucerna, mi hija y yo nos enteramos que Tailandia utiliza monos para la recogida de cocos. En Suiza ya los del Partido Verde, PETA y otras organizaciones defensoras de los animales, están pidiendo que antes de comprarle leche de coco y otros productos a base de coco a Tailandia, se cercioren de que en su elaboración no se hayan utilizado monos, de la misma manera que se investiga si una ropa ha sido confeccionada en talleres donde exploten a los trabajadores, no cuenten con seguridad laboral o como mano de obra utilicen a menores de edad, sea de la marca que sea.

El consumo de coco se ha multiplicado a nivel global, por la industria cosmética y sobre todo por los vegetarianos y los veganos, muy exquisitos a la hora de comer, pero que salvo excepciones, no les importa demasiado de dónde proceden los alimentos que consumen, ni cómo han sido cosechados, recogidos, envasados y distribuidos.

Tania Quintero

lunes, 9 de noviembre de 2020

Guaguas que pasaban por la Esquina de Tejas o cerca

 


En febrero de 1979 me mudé del municipio Cerro al de Diez de Octubre y si la memoria no me falla, las guaguas que paraban en la misma la Esquina de Tejas, eran las rutas 2 (Párraga-Vedado), la 15 (Víbora-Habana Vieja) y 16 (Palatino-Terminal Pesquera), cuando hacían el recorrido de ida. En el recorrido de vuelta, además de la 2, la 15 y la 16, en la Calzada de Diez de Octubre casi esquina a Omoa, paraban también las rutas 5, 10, 14,  37, 54 y 68, cuando regresaban desde sus destinos finales hacia sus respectivas bases o paraderos en Guanabacoa (5), Jacomino (10), Palatino (14), Víbora (37), Lawton (54) y El Calvario (68).

Cuando las rutas 2, 5, 10, 14, 15, 37, 54 y 68 (la 16 tenía otro recorrido) llegaban a ese cruce de avenidas en la Vía Blanca conocida como Agua Dulce, la 2 y la 15 seguían recto por la Calzada de Diez de Octubre hasta la Esquina de Tejas y allí, por la calle Monte doblaban: la 2 hasta El Vedado, y la 15 y también la 16 hacia la parte vieja de la ciudad. Las rutas 5, 10, 14, 37, 54 y 68 entraban por San Joaquín, por un costado de la tienda El Zorro, y no paraban hasta llegar a San Joaquín y Monte, a una cuadra de la casa donde viví 35 años (1944-1979).

Después de parar en San Joaquín y Monte, seguían por San Joaquín, que siempre fue una calle estrecha. Al llegar a Cádiz, más amplia, en la cuadra siguiente, Santa Rosa, doblaban y salían a Infanta. La 5 doblaba por Amenidad en busca de 20 de Mayo, una de las calles que rodean al antiguo Stadium del Cerro, hoy Latinoamericano. Atravesaba y terminaba su recorrido en la Plaza de la Revolución, frente al Ministerio de Comunicaciones. El recorrido de la 5 hubiera sido mejor por la calle Manglar. Pero antes de 1959, la calle Manglar, que nacía en Monte o tal vez en Cristina, no estoy segura, sólo la asfaltaron hasta dos cuadras después de atravesar Infanta.

Manglar siempre fue una calle ancha y muy transitada, pero cuando cogías por Manglar, rumbo a Ayestarán, una vez transitado a pie esas dos primeras cuadras, te encontrabas que a partir de ahí, la calle estaba sin asfaltar, en malas condiciones. A un lado y otro, viviendas pobres, un barrio marginal, conocido por Saldo y que yo muchas veces atravesé en 1957, pues me acortaba para ir a la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, donde matriculé la carrera de contador, que finalmente abandoné en 1960.

La ruta 10 seguía por Infanta y en San Lázaro subía hasta la calle lateral a la Universidad de La Habana, y si mal no recuerdo, no paraba hasta 23 y L, en la heladería Coppelia. En mi infancia, los recorridos de las rutas 2 y 10 los terminaban en 23 y 12, a dos cuadras del Cementerio de Colón. Pero después fueron acortados: la 10 finalizaba en G o Avenida de los Presidentes y la 2 durante mucho tiempo tuvo su última parada en 25 y P, La Rampa.

La ruta 14 nacía en Palatino, atravesaba Santos Suárez y creo terminaba por Centro Habana. Cuando la 15 salía del Paradero de la Víbora, la primera parada la tenía en el Parque Córdoba, entraba al Reparto Sevillano, recorría la barriada de Santos Suárez y por la calle también llamada Santos Suárez, donde en la esquina había una pizzería y al lado el cine Apolo, la 15 subía por la Calzada de Diez de Octubre, paraba frente al hospital La Dependiente y después en la Esquina de Tejas. Luego doblaba por Monte y su recorrido en los años 90 terminaba por los muelles. Copio unas líneas de Reportando desde La Habana, publicado en 1996 en la revista Encuentro de la Cultura Cubana: "No hacía ni una hora que había llegado a la parada final de la ruta 15, en Cuba y Desamparados, Habana Vieja, cuando avisan que las guaguas están desviadas. En la zona del antiguo Muelle de Caballería han cerrado la calle por la filmación de una película. Son las ocho y media de la noche. No queda más remedio que caminar".

A fines de la década de 1970, la 37 era otra de las rutas que salían del Paradero de La Víbora, en Calzada de Diez de Octubre y Patrocinio. Su primera parada la tenía en Santa Catalina y Párraga y al igual que la 15, recorría calles interiores de Santos Suárez. Tras recorrer toda Infanta al llegar a San Lázaro, otra de las grandes avenidas de la ciudad, la 37 subía, pasaba frente a la Universidad de La Habana y paraba en 25 y L, a un costado del hotel Habana Libre. Luego bajaba por L hasta Línea y finalizaba a la entrada del Túnel de Línea.

La 68 tenía su base en El Calvario, pasaba por La Palma, perteneciente al municipio Arroyo Naranjo. La Palma, como la Esquina de Tejas y Cuatro Caminos eran y siguen siendo tres de los cruce de vías más populosos de la capital. Si no estoy errada, creo que la 68 era la única ruta que entraba a reparto Víbora Park. A diferencia de la 37, no se desviaba por Santos Suárez, seguía por toda la Calzada de 10 de Octubre y al llegar a Agua Dulce, la 68 y la 37 hacían el mismo recorrido y tenían las mismas paradas en su viaje de ida, porque en el de vuelta, la 37 entraba por M y paraba frente al edificio Focsa, mientras la 68 subía por O y paraba frente al Hotel Nacional.

Volviendo a San Joaquín. En caso de rotura en la estrecha calle, las rutas 5, 10, 14, 37, 54 y 68 seguían por Diez de Octubre y en Omoa doblaban y dos cuadras después, doblaban en Romay, atravesaban Monte y en la cuadra siguiente, Zequeira, volvían a doblar, nuevamente doblaban por San Joaquín, atravesaban Cádiz y al llegar a la próxima cuadra, Santa Rosa, doblaban, volvían a doblar en Infanta y seguían sus respectivos recorridos por Infanta. Si había alguna interrupción en Santa Rosa, seguían por San Joaquín y en Pedroso, por un costado del Parque La Normal, o en Manglar, en la esquina del edificio Areíto, doblaban y seguían por Infanta.

En el Parque La Normal, que se llamaba así por quedar frente a la antigua Escuela Normal de Maestros de La Habana (San Joaquín entre Pedroso y Amenidad, Cerro), siempre hubo una parada de ómnibus, en Infanta y Amenidad. Allí se podía coger la 10, 14, 37, 54 y 68, que venían desde la Calzada de Diez de Octubre, y la 18, que en Palatino compartía terminal con la 14, 16 y 17, y recorría la Calzada del Cerro y creo que por Cruz del Padre doblaba para salir a Infanta. La 18 terminaba su recorrido en la Avenida del Puerto, Habana Vieja.

Cuando por arreglos o averías en San Joaquín los ómnibus, camiones y otros vehículos no hacían su recorrido habitual y se desviaban por Omoa, ese contínuo tráfico pesado por nuestra cuadra (Romay entre Monte y Zequeira), terminó de dañar el viejo edificio de dos plantas donde vivíamos, que ya se había agrietado cuando la explosión de La Coubre el 4 de marzo de 1960 y fue declarado inhabitable. Por eso en 1979 nos dieron un apartamento en Carmen entre Diez de Octubre y San Lázaro, cuadra que aunque queda al doblar del Paradero de La Víbora y frente a la plazoleta que alguien después de 1979 le puso Plaza Roja, pertenece a la barriada de Lawton.

Después de haber parado en Tejas, la 2, la 15 y la 16 doblaban por Monte. Al llegar a los Cuatro Caminos, la 2 doblaba hacia la izquierda, por Belascoaín, y la 15 y la 16 seguían por Monte hasta entrar en la Habana Vieja, donde en distintas zonas terminaban sus recorridos. Nosotros no teníamos que caminar dos cuadras hasta Tejas para coger la 2, la 15 o la 16: podíamos cogerla en una parada que había al doblar, en Monte y Fernandina, donde una vez estuvo el cine Roosevelt, después Guisa, ya desaparecido como la gran mayoría de los cines de barrio en Cuba. Afuera del cine paraban también las rutas 20 y 58, que venían por la Calzada del Cerro.

Y en la acera de enfrente, donde estuvo la cafetería Presno, paraban la 2, 15 y 16.

La 20 (Ceiba-Vedado), la 58 (Puentes Grandes-Habana Vieja) y la 61 (La Lisa-Habana Vieja), en su viaje de ida atravesaban toda la Calzada del Cerro y en el de regreso a sus terminales de ómnibus, paraban en Monte y San Joaquín, frente a la otrora mueblería La Casa Mimbre. Esa parada siempre solía estar muy llena, sobre todo por la 61, una de las rutas que entonces cargaba más pasajeros y sus paradas estaban distanciadas. La 54 nacía en Lawton y en 1979 su recorrido finalizaba por el Paseo del Prado, cerca del Parque Central y el Capitolio.

Por la Calzada de Cristina, a cuatro cuadras de nuestra casa en Romay, pasaban la 3 (Guanabacoa-Terminal de Trenes), 4 (Mantilla-Prado y Cárcel), 8 (Diezmero-Habana Vieja), 9 (Buena Vista-Luyanó), 12 (Jacomino-Habana Vieja) y 13 (Los Pinos-Parque de la Fraternidad) y que en última instancia se podían coger. La ruta 1 también hacía un extenso recorrido, como casi todas las guaguas antes de 1959 y en 1979 nacía en Poey, transitaba por la Calzada de Bejucal, me parece que por Santa Amalia entraba a la Calzada de 10 de Octubre y cuando llegaba a Pocito, doblaba, recorría una parte de Lawton y Luyanó y terminaba en la Avenida del Puerto.

De todas las guaguas que pasaban por la Esquina de Tejas o cerca, las más ligadas a mi infancia fueron dos: la ruta 10, que en su viaje de vuelta, entonces paraba en la acera aledaña al cine Valentino. Todos los domingos iba con mis padres a visitar a mi abuela paterna Matilde, quien junto a mi tía Lala y mis primos Nilda y Abelardo, residía en Herrera 388 entre Rosa Henríquez y Benavides, Luyanó. Algunos sábados fui con ellos a visitar a una familia que vivía en Jacomino, donde la 10 tenía su paradero. La otra ruta que más monté en mi niñez fue la 14, pues todas las semanas iba con mi mamá a casa de mi tía Dulce Antúnez, quien con su marido Blas Roca y sus cuatro hijos Lydia, Francisco, Vladimiro y Joaquín residía en Estrada Palma 107 entre Párraga y Heredia, Santos Suárez.

En la foto de la Esquina de Tejas que encabeza este post, tirada en 2017 desde el lugar donde estuvo el cine Valentino y actualmente hay edificios prefabricados, similares a los de otros repartos construidos después de 1959, no se ve ni una sola guagua, ni por Infanta ni por Monte o por las Calzadas del Cerro y Diez de Octubre.

Tania Quintero
Foto: Tomada de Findery.

lunes, 2 de noviembre de 2020

La Esquina de Tejas



La Esquina de Tejas es la intersección donde termina la calle Infanta, nombrada en honor a la Infanta Eulalia, o Avenida Menocal, que corre de norte a sur, y empieza la Calzada de 10 de Octubre o de Jesús del Monte, y la calle Monte o Avenida Máximo Gómez que nace al este de Egido, frente al Palacio de las Ursulinas y continúa como Calzada del Cerro hacia el barrio elevado fundado en 1803, al oeste. Se le llama así porque las casas que se ubicaban allí durante la época colonial tenían techos de tejas francesas color terracota. También en el Siglo XIX vivió en la Calzada del Cerro, Felipe Tejas, dueño de dos casas situadas allí.

Los tramos de las calles en esa esquina eran muy estrechos, tanto que la calle Infanta que corría desde 23 y Malecón allí se hacía de una sola vía y sólo el tránsito que se dirigía hacia el sur pasaba por allí, el que iba por 10 de Octubre en dirección norte se desviaba por la calle Omoa hacia el este y continuaba por la calle contigua, San Joaquín, por un par de cuadras al norte quizás hasta Santa Rosa, para volver a salir a Infanta, antes de la Escuela Normal para Maestros. Recuerdo el letrero con flecha de la dirección del tránsito fijado a la pared del edificio en esa esquina. También eran muy estrechas las aceras y allí se hacía transferencia de muchas rutas de ómnibus que la atravesaban. La Calzada de Monte, que corre de este a oeste y en 1736 ya se encontraba pavimentada, era relativamente ancha, igual que su continuación como Calzada del Cerro.

En la esquina noreste había un edificio de tres plantas construido en 1926 y en los bajos estaba la panadería La Esquina de Tejas, nombrada antes La Cantábrica, de donde emanaba el aroma a pan fresco y tocaban un timbre para anunciar el café acabado de colar, al lado por Monte, una ferretería; en la acera de enfrente el bar Cantabria, en la otra esquina por la Calzada del Cerro, estaba el Bar Moral, nombrado así por el apellido de su propietario, Ramón Moral García, con una escalera estrecha al lado a la planta alta de esa edificación, el Juzgado Municipal del Oeste y a continuación la Quinta del Marqués San Miguel de Bejucal, en el número 1217.

En el patio de la casa con el número 1213, al lado de la residencia de Don Miguel de Cárdenas, Marqués de San Miguel, se encontró en 1944 un yacimiento petrolífero. La casa en la que vivían más de 40 personas fue adquirida por Miguel Martínez Chávez, campesino agricultor de papas en el municipio La Salud, en el interior de La Habana. Al comenzar el derribo del edificio, abriendo una fosa moura para el tratamiento de las aguas residuales domésticas, se sintieron emanaciones de gas procedentes de la excavación, y a 150 pies se encontró un fango negro y craso muy saturado de un líquido oscuro. El ingeniero Antonio Calvache Dorado determinó que había una roca no serpentínica y la arenisca estaba impregnada de un hidrocarburo, que indicaba algún combustible, petróleo, asfalto o gas. El ingeniero Jorge Brodermann Vignier continuó el estudio, pero no se tiene referencias de lo que sucedió después.

Al norte de La Esquina de Tejas, en la esquina de Velázquez, quedaba la fábrica La Fosforera Cubana, con su reja de hierro alta. En la esquina , radicaba el modesto y anciano cine Valentino, alto en una loma con una palma real delante. La entrada costaba 10 centavos, el martes era “Día de las Damas” y en una época exhibió la película mexicana Tania la bella salvaje, del año 1948, protagonizada por Rosa Carmina y Manuel Arvide. Detrás, por Infanta había una vieja valla de gallos, La Nacional. Como tantos cines de barrio en Cuba, el cine Valentino fue derribado. En el lugar, ahora nivelado y redondeado, y la calle ampliada, se construyeron dos edificios residenciales de 21 pisos, que demoraron 30 años en construirse y ya en 2010 estaban derrumbándose.

La calle Monte estaba llena de vidrieras que exponían ropa, zapatos y otros muchos productos, era la zona de la que se habían apropiado los campesinos recién llegados en los ómnibus del interior. En la acera sur, en la barriada de Atarés, había una Escuela Nocturna en la cual enseñaban mecanografía. Al lado, por10 de Octubre, quedaba la tienda de paraguas La Cubana, con su taller al que tantos habaneros llevaban sus sombrillas a reparar. Cruzando Omoa hacia el sur, en la esquina radicaba el gabinete de un dentista, el Dr. Ángel G. Alvarado, con el letrero vertical grande en la columna del portal. Se me hace ahora en la memoria que era azul marino.

Zilia L. Laje
Foto: La Esquina de Tejas en la década de 1950. Tomada de Facebook, del blog Cosas de Cuba.

lunes, 26 de octubre de 2020


Los cubanos de mi generación hallamos el modo de sacar provecho de algunas de las numerosas prohibiciones que nos impuso el régimen castrista en los años 60 y 70. Pudimos disfrutar de las obras de los mejores directores de cine de esa época (Fellini, Antonioni, Passolini, Wadja, Kurosawa, Truffaut, Godard) que preferían exhibir los comisarios del ICAIC con tal de que no viéramos películas norteamericanas.

Y cuando después del Primer Congreso de Educación y Cultura, en 1971, los mandamases quisieron sustituir “la decadente música pop capitalista” por la música latinoamericana, preferentemente la canción política o “comprometida”, descubrimos la música brasileña.

Cuando por la radio ya no pasaban ni siquiera las canciones de los intérpretes y grupos pop españoles con que los mandamases habían sustituido la música inglesa y norteamericana, lo mejor que se podía escuchar y lo que más tenía que ver con nuestro gusto y nuestro oído, entre tanta quena y charango, milongas y chamamés, y canciones-panfletos de Alí Primera y Daniel Viglietti, era la música brasileña.

Entonces, la música en Brasil estaba en un momento muy interesante. A finales de los años 60, luego de la fiebre mundial por el bossa nova que desató Tom Jobin y su Garota de Ipanema, el Movimiento Tropicalista, iniciado por los cantautores Caetano Veloso y Gilberto Gil, redefinía la música popular en ese país.

En 1968, Caetano Veloso, Gal Costa, María Bethania y Nara Leao se unieron al grupo de rock Os Mutantes para grabar Tropicalia: ou panis et circense, un disco deslumbrante que, por sus tintes psicodélicos y su repercusión, es considerado el equivalente brasileño del Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band.

El Tropicalismo aportó arreglos elaborados con influencias rockeras y canciones con textos poéticos que muchas veces confrontaban abiertamente a la dictadura militar, como en los casos de Opinión, de Nara Leao, o de la famosa Prohibido prohibir, de Caetano Veloso, quien tuvo que exiliarse en Inglaterra entre 1969 y 1972.

En Cuba, a inicios de los 70, empezaron a escucharse cantantes brasileños que hoy son de culto para muchos de nosotros: Chico Buarque, Caetano Veloso, María Bethania, Gal Costa, Elis Regina, Simone y Milton Nascimento.

Pero los comisarios, siempre celosos de lo que nos permitían escuchar, selectivamente ideológicos, nos escamotearon a otros intérpretes brasileños de la época que no eran de su agrado por no ser lo suficientemente de izquierda o por ser demasiado melenudos y hippies, como los Novos Baianos, Secos e Molhados y otras bandas de rock de cuya existencia no nos dejaron enterarnos.

Y qué decir de Roberto Carlos, O Rei, que, en su momento de mayor popularidad, a mediados de los 70, fue prohibido en Cuba solo por el hecho de haber actuado en Chile unos años después de la instauración de la dictadura militar de Pinochet.

La música brasileña influiría notablemente en Cuba, particularmente en los jazzistas y cantantes de la Nueva Trova, que la preferían con creces antes que la aburrida melancolía de la música andina. Esa influencia sería la predominante entre los cantautores cubanos hasta que en los años 80 irrumpió el rock argentino de Fito Páez y Charly García, que marcó a la llamada generación de los Novísimos.

Los cubanos siempre nos la arreglamos para sacar provecho hasta de las prohibiciones. Porque no me negarán que haber descubierto la música brasileña es una dicha.

Luis Cino
Cubanet, 21 de agosto de 2020.
Video del Canal Biscoito Fino, subido a You Tube el 27.10.2013.

Leer también: Las cinco partes de Brasil en mi vida, testimonio inédito de Tania Quintero: Primera, Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta y final.

lunes, 19 de octubre de 2020

Inventario del desastre cubano (II)


En esta segunda parte de la entrevista con el profesor y doctor en Psiquiatría Sergio Pérez, él valora los perjuicios para Cuba de la existencia y mantenimiento de una casta militar, que consigue vivir en pesos, mientras el resto de los cubanos soporta las inclemencias del cuc (peso cubano convertible), la escasez y la amalgama de antivalores que corroe a la nación por imposición del castrismo.

¿Existe una casta militar en Cuba?

-Desde luego que la hay y la diferencia es que a ellos les vale el peso para vivir y a nosotros, el resto de los cubanos, el cuc. Los civiles cubanos deben romper sus hogares para ir a trabajar al extranjero y mejorar su nivel de vida material.

-Sin embargo, nuestros compatriotas militares no tienen que romper sus hogares, alejarse de sus seres queridos, exponerse a enfermedades, incluso a la muerte, para obtener en Cuba, en pesos cubanos, aquellos artículos que los civiles tienen que conseguir rompiendo sus hogares, alejados de sus familias y yendo a otros países, exponiendo sus vidas, como ocurre con los dos médicos secuestrados desde hace más de un año en Somalia; y a veces perdiéndola.

-Y a su regreso, para obtener lo mismo y mejorar su calidad de vida, tienen que pagar en CUC, no en pesos cubanos. Sería bueno que en Cuba existiera una sola moneda, cuyo valor fuera el mismo para los militares y para cualquier cubano.

-¿Por qué no se les paga a los civiles todo el dinero que perciben por su trabajo y, a su regreso, que paguen su tributo correspondiente a la Oficina Nacional de Administración Tributaria? Cuando otro administra y se apropia de la mayor parte de lo que es de uno, simplemente no es de uno. En las guerras modernas la población civil es a la que se le ocasiona la mayor cantidad de muertos, no a los ejércitos.

Queda claro que ser militar en Cuba implica ventajas materiales, a más grados y cargos, supone mayores ventajas, pero el discurso oficial insiste en presentar a los militares como centinelas sacrificados de la patria.

-Exigir lo que no se practica es una inmoralidad. La pérdida de la identidad también afecta a los individuos en sus sentimientos patrios pues se ha pretendido hacer sinónimos dos conceptos muy diferentes: patria y revolución, patriotas y revolucionarios.

-Mediante esa manipulación se hizo creer que la revolución era la obra final de las luchas patrióticas precedentes, lo cual no es cierto porque los objetivos de dichas contiendas eran diferentes en cada etapa, pero es un recurso utilizado para refrendar el poder, especialmente, el poder militar.

-Sería como considerar que Adán y Eva fueron los precursores históricos de los actuales campos nudistas, que Noé fue el precursor del alcoholismo; que Sansón, con su melena, fue el precursor de los hippies y que la Torre de Babel fue la precursora de la carrera universitaria de lenguas extranjeras.

¿Cómo se podrían transformar los estamentos militares cubanos de cara a una transición a la democracia?

-Las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior y la Policía Nacional Revolucionaria debieran unirse en el Ministerio de Seguridad Pública, que se encargaría de la seguridad ciudadana, el enfrentamiento al delito y la defensa de las fronteras del país contra el narcotráfico y crimen organizado. Las unidades militares podrían convertirse en viviendas o servir de albergues a ciudadanos desamparados.

Menuda revolución propone usted...

-Dejémonos de cuentos. El bloqueo (embargo) de Estados Unidos nos ha hecho menos daño que el caudillismo, el extremismo, el guerrillerismo, el narcisismo, el centralismo y la falta de pragmatismo, en ese orden de aparición. Y los cubanos vamos despertando.

-No hay nadie que sepa más que el pueblo. El pueblo, a los delatores de antes de 1959 les llamaba chivatos. Y a los delatores después del triunfo de la revolución, les llama chivatones que es el superlativo de chivatos. Hay una nueva generación de cubanos que detesta a los chivatos. Igual que las iglesias vuelven a estar llenas, los chivatones vuelven a ser despreciados.

Ha sido muy comentada la chivatería del ex espía Gerardo Hernández contra un taxista y un barman cubanos, durante uno de sus viajes secretos a Cuba.

-Para hacer eso, hay que nacer. Como ocurre con esa etiqueta de mercenarios que ponen a quienes desean que su verdad sea escuchada, es un viejo recurso que ataca a la persona, para no analizar la verdad que defiende esa persona. Ese truco lo usan con los cerebros manipulables. Yo no me lo trago y pido a mis amigos y a los lectores que no se lo traguen.

Carlos Cabrera
CiberCuba, 8 de julio de 2020.

lunes, 12 de octubre de 2020

Inventario del desastre cubano (I)


El profesor doctor Sergio Pérez, cubano con 40 años de ejercicio profesional y autoridad mundial en Psiquiatría, especialista en suicidios, abre en canal a la sociedad cubana contemporánea y -razonando- contrapone al discurso oficial de lo real maravilloso una Cuba de ahora mismo, que se mueve entre la simulación y el dolor; con más penas que alegrías y menos virtudes de las que asegura la politiquería simplona del tardocastrismo. El inventario del desastre de Cuba pasa por los antivalores adquiridos por una mayoría de cubanos que los usan en sus relaciones personales dentro y fuera de la isla.

Muchos cubanos, incluidos una parte de quienes viven fuera de Cuba, están persuadidos de ser originarios de un país único, llamado a desempeñar grandes roles en la historia de la humanidad y de ser 'lo máximo', expresión socorrida para identificarse como un ser superior.

-El estrecho chovinismo de quienes consideran a Cuba un país llamado a jugar un protagonismo importante en la historia de la humanidad, hace que el cubano inculto y desconocedor de otras realidades lo considere una verdad absoluta. Todos los países tienen su historia grandiosa para ellos y tienen su papel mayor o menor en el concierto de naciones.

-Muchos cubanos que nunca han podido viajar fuera de Cuba y sin acceso a fuentes de información objetivas sobre otras naciones y sobre el mundo, son víctimas de un discurso oficial que premia la amistad política hacia el gobierno -no hacia la nación y sus ciudadanos- y castiga al país y las personas donde gobiernan adversarios políticos.

¿Qué papel ha desempeñado la educación de las nuevas generaciones en su conducta y visión del entorno y del mundo y cómo ha sido permeada por el peso descomunal de la ideologización al servicio del poder?

-En Cuba no se educa: se domestica, desarrollando en la mayoría de los cubanos una indefensión aprendida que les hace aceptar lo inaceptable y les impide defender sus derechos ciudadanos por no saber valerse de sus propias fortalezas. La escuela cubana cercena las fortalezas personales y aquellos alumnos que intentan salirse del carril son amenazados. Generar miedo en los estudiantes es la mejor estrategia para evitar que piensen con cabeza propia. Además de una educación sesgada ideológicamente y utilitaria al servicio del poder, influyeron otros factores desestabilizadores para los cubanos, que fueron:

-La emigración a otros países, principalmente a los Estados Unidos, familiares y amigos a los que no se les vería nuevamente o con los que no te podías comunicar so pena de ser etiquetado como "gusano", término que se empleaba para referirse a los que no compartían las políticas gubernamentales. Y la imposibilidad de asumir abiertamente la fe religiosa pues el resultado era la marginación, la exclusión social.

-Estas realidades se pretenden negar actualmente lo cual refrenda otro antivalor que es adulterar la historia de Cuba, a conveniencia de quienes la dirigen, lo cual es un atentado a la memoria histórica, a la inteligencia del cubano y a los que sufrimos estas decisiones, que conspiraban contra la unidad de la familia cubana.

-El respeto se ha perdido entre los alumnos y sus maestros porque quienes imparten clases a los niños y adolescentes en nuestro país son otros adolescentes o muy jóvenes, que carecen de la debida maestría pedagógica, borrando las necesarias fronteras entre el educador y el educando. Incluso, algunos tienen serios problemas de carácter que les impiden contenerse o comportarse normalmente.

-Ahora se habla de la importancia de la relación familia-escuela-comunidad, pero los maestros no instruyen ni educan, en su mayoría, pues se han graduado generaciones de estudiantes de primaria, secundaria, preuniversitario y universitarios con múltiples faltas de ortografía y muchas carencias, que en otros tiempos impedían que el estudiante avanzara al grado inmediato superior.

La familia no ha corrido mejor suerte que la educación, que son pilares de cualquier nación, pero en Cuba sufren perversiones sistémicas.

-La familia, célula fundamental de la sociedad, ha sido blanco de diversos atentados a su integridad, estabilidad y buen funcionamiento por múltiples situaciones como:

-Los círculos infantiles a los cuales se podían llevar los lactantes con apenas cuarenta y cinco días de nacidos para que la madre trabajadora pudiera incorporarse a sus labores.

-Las becas desde el séptimo grado, cuando los niños apenas habían cumplido los 11 años en la generalidad de los casos y se les separaba de sus familiares que podían verles según el régimen de pases que tuvieran (semanal, quincenal o mensualmente).

-Las movilizaciones de trabajadores y estudiantes a laborar en lugares alejados de sus hogares en los que podían permanecer durante meses sin retornar al seno familiar.

En los últimos años, se empezó a usar en el discurso oficial la palabra integralidad como calificación académica de estudiantes. ¿Que significado real tiene ese vocablo?

-La integralidad es un recurso empleado para manipular a los estudiantes y ocasiona un resultado injusto, porque no son los resultados académicos los que predominan en las evaluaciones sino un perfil de graduados que responde a los intereses del poder y su discurso cacareante.

-Por ejemplo, equivocadamente, la integralidad presupone que a los pacientes les interese más que su médico sepa cantar, correr, bailar, que sea militante, que haga trabajo voluntario y que sea colaborador internacionalista. Cuando a un paciente lo que realmente interesa es que que el médico descubra la afección que le aqueja y le imponga el tratamiento adecuado para su mejoría o curación, nada más.

Doctor Pérez, hecho el diagnóstico, se impone el tratamiento y curación. ¿Qué sugiere para revertir los males educativos y familiares de Cuba?

-Evitar programar el futuro de los seres humanos, que no son medios básicos ni fondos fijos de quienes -detrás de un buró- planifican la vida ajena, calculando cuántos maestros, médicos, etcétera, se necesitan, pues son dirigentes estadísticos, para quienes el sujeto es un número, no una persona con libertad para elegir lo que considere es su vocación.

-Enseñarles a pensar desde el inicio de la vida escolar, por lo que deben ocupar esos primeros grados los profesionales más capaces y con maestría pedagógica excelsa. Enseñarles el respeto propio y al otro, la tolerancia aceptando al otro, aunque no haya que imitarle. Enseñarles a negociar, no a resolver los conflictos a través de la violencia.

-Diversificar la educación, con la posibilidad de que existan escuelas laicas, pero también religiosas (católica, bautista, metodista y otras). Educar para hacer ciudadanos del mundo con conocimientos que les sirvan para adaptarse a cualquier cultura, incluido el aprendizaje desde edades tempranas de los idiomas principales que se hablan en el mundo, las principales corrientes filosóficas y de pensamiento, incluidas las nuevas tecnologías, informática y religiones.

-Enseñar a los alumnos reglas de urbanidad, para que aprendan cómo comportarse en un restaurante, en un cine, que sepan cómo comer y vestirse y cómo tratar con respeto y decencia a sus semejantes, empezando por su familia y amigos. Introducir valores ecológicos reales y no obligarles a repetir discursos políticos sobre la naturaleza, sino que adquieran cultura de respeto al medio ambiente.

-Enseñarles a estudiar para aprender no para vencer los exámenes. Respetar a los estudiantes en sus individualidades y tratarlos con autoridad, pero con justicia. Que el estudiante desee ir a la escuela no que tenga que ir a la escuela. No hacer pruebas de Matemática, Español, Historia para ingresar a las carreras universitarias, sino someterlos a pruebas de aptitudes y actitudes específicas para la carrera que aspiran.

Un problema de la educación mundial es la cantidad de jóvenes que aspiran a ser universitarios y la incapacidad de los mercados de trabajo de absorberlos a todos, una vez graduados.

-Quizá haya que estimular el promocionismo hasta el noveno grado y permitir el pase a preuniversitario a los que realmente hayan vencido los contenidos de secundaria básica. A los que han sido promocionados sin haber vencido los contenidos, dirigirlos a escuelas de oficios, escuelas talleres, etcétera. para que aprendan un trabajo mediante el que se puedan ganar la vida honradamente.

-En Cuba comienza a generarse una tendencia de parte de los graduados de noveno grado que optan por formación media para insertarse antes en el mercado de trabajo, unos por necesidades económicas familiares y otros por un afán de riqueza temprano, que no es del todo negativo, siempre que el marco jurídico asuma la riqueza como algo deseable y no convierta al joven con aspiraciones de progreso material en delincuente.

Carlos Cabrera
CiberCuba, 1 de julio de 2020.

lunes, 5 de octubre de 2020

Mi peor experiencia en Cuba



Alguien me ofendió en Facebook mediante un mensaje privado, por una opinión que di. Me dice que soy un cubano malo, un excubano. Y además se interesa por saber quién me paga por emitir criterios. Iba a tirarlo a guasa, pero pensándolo mejor, voy a hacer pública la peor experiencia que tuve en Cuba. Juro que es real. Y me gustaría que cada cubano que la lea cuente su peor experiencia en Cuba, una sola. Tan real como pueda. Quizás un día sirvan para un libro de la vergüenza.

Soy arquitecto, me gradué en 1989. Aprendí AutoCAD en contra de la voluntad de mi jefa, quien me prohibió "jugar" en la computadora. Aprendí entonces solo, leyendo en las noches el manual en inglés que me prestaban en secreto. En 1989 el inglés era para mí como chino. Pero tras dos años de perseverancia, ávido de conocimientos y joven como era, ya estaba yo entre los profesionales de arquitectura con mayor dominio del programa en el país. Hablamos de una época donde una 486X era lo más potente que había en la Isla y dibujar en ordenador era ciencia ficción.

Mientras mis colegas de estudios, obligados por el Período Especial colgaban el título y hacían zapatos o vendían caricaturas en las ferias para sobrevivir, yo, que no sabía hacer más nada que estudiar, me hundí más y más, doblemente hambriento, en los secretos de AutoCAD, 3DMax y otros softwares. Fue así como en 1993 logré entrar a trabajar en Cubacan, una firma cubano española que proyectó y construyó varios hoteles explotados por Meliá.

Fueron cinco años de trabajo intenso junto al arquitecto Abel García. Comenzábamos a trabajar a las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche, de lunes a sábado, los domingos de 10 de la mañana a 3 o 4 de la tarde. Así durante cinco años seguidos, sin pausa de vacaciones. Cinco años hasta que en 1998 se inauguró el hotel.

Salía los domingos de la oficina en Miramar e iba a casa de mis padres en Marianao. Mi padre, albañil, había trabajado en obras del arquitecto Antonio Quintana, entre ellas La Casa de los Cosmonautas, en Varadero y el Parque Lenin, en las afueras de La Habana. Fue el mejor albañil que he conocido en mi vida. Mis vacaciones de niño eran en la obra, con mi papá, enderezando puntillas, "para entretenerme". Así nació mi amor por la arquitectura y hacerme arquitecto fue el mejor regalo que le hice.

En esa época mi padre tenía cerca de 90 años. Cada domingo salía de la oficina e iba a verle. Yo sacaba dos sillones al portal y mi padre escuchaba con atención los cuentos de la obra, los avances de la estructura. Y él me oía orgulloso. A cuanto vecino que pasaba le decía: "Este es mi hijo, el arquitecto, está haciendo una obra grande". Y mi madre le replicaba: "Armando, ellos lo conocen, ¡si ha vivido aquí toda la vida!". En esas peroratas les prometí que cuando la obra terminase y el hotel abriera al público, los llevaría a conocer "la obra de su hijo".

En septiembre de 1998 se inauguró el hotel y pocos días después le dije a Abel García que llevaría a mis padres a ver la obra. Él dijo: "Por supuesto, no faltaba más". Ese día pasé a recogerlos. Pero mi papá, a tan avanzada edad, se negó a ir escudándose en sus achaques: "Ya me contará tu madre". Y fue mejor así. O menos malo.

Mi vieja se puso linda y partió conmigo. Esta vez era ella quien decía a los vecinos que yo era "el arquitecto del Meliá Habana". Era para ella un día especial. Un carro de un vecino nos dejó en la Avenida Primera y avanzamos, despacio, loma arriba, hacia la entrada. Mi vieja tomada de mi brazo. Así llegamos hasta la puerta.

Y ahí sucedió: la seguridad del hotel nos impidió el paso, aunque les dije que era uno de los arquitectos que acababa de proyectar el hotel. "Las ordenes que tenemos es de no dejar entrar a ningún cubano", me contestaron. Por más que dije, hablé, vociferé y amenacé con quejarme a la gerencia no hubo cambio. Mi madre, a mi lado, decía "mijo deja eso" y yo que no. Y ellos también no.

Los dos fuimos escoltados nuevamente hacia la avenida. Mi madre no dejaba escapar ningún sonido, pero su respiración acelerada no dejaba duda de su frustración. Nunca miró hacia atrás. Días después, la gerencia cubana ratificó la decisión: yo entraría solo por la puerta de empleados, llegando solo a las áreas autorizadas a los empleados. Pero como yo no era empleado, no había caso. Sin embargo, la gerencia española sintió vergüenza ajena y consiguió para mí un permiso especial, pero mi madre se negó a pisar ese hotel. Nunca lo visitó. "No es por ti mijo, créeme no es por ti", me decía. 

Mis padres ya murieron. La muerte fue para ellos un alivio, porque a pesar de sus achaques, empezaron a morir realmente aquel día. Ese fue el peor día de mi vida. Ese día comencé a irme de Cuba.

Esta es una historia real, una de tantas. Pero es la que me hizo sentir peor. El daño causado a mi madre anciana, la indignación, frustración, tantas cosas juntas, nunca pasó en mi vida. Y he pasado cosas dignas de un libro. Y ahora tú, cubano que lees, deja a un lado el miedo y cuenta una historia tuya, la peor. Una historia real. Una historia que te haya doblado las rodillas. Que te hizo decir por primera vez: "¡Me voy!"

Algo más: dos veces he ido al Hotel Meliá Habana, a tomar fotos para mi currículo en el extranjero. La primera vez, en 2005, me dejaron entrar porque iba acompañado por "una señorita" alemana, mi esposa. Fueron palabras textuales de la seguridad del hotel. De no ser así no habría podido pasar. Diez años más tarde, en 2015, me negaron nuevamente la posibilidad de entrar y tomar fotos, hasta comprobar con mis ex colegas que realmente yo era quien decía ser. Pero debía esperar hasta el lunes.

Dos días después, cuando mis ex colegas confirmaron quién era, me llamó al celular la persona encargada de las relaciones públicas del hotel. Al llegar, a modo de disculpa me dijo: "Es que no puedo creer a cualquiera que venga y diga que es el arquitecto del hotel". Le pregunté "¿No está entre sus funciones como relaciones públicas saber la historia de esta instalación? ¿Qué responde usted cuando le preguntan quién fue quien diseñó este hotel?". Y me respondió: "Los españoles".

Rafael Muñoz
Diario de Cuba, 20 de agosto de 2020.
Foto: Rafael Muñoz (derecha) con el arquitecto Abel García. Tomada del Facebook de Muñoz.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Juan Olaiz, un cienfueguero desconocido


El problema de los hombres que han marcado una generación sin tener la aspiración de trascender es que es muy difícil escribir sobre ellos. Nadie recogió sus palabras, pues no fueron dichas para ser recogidas, nadie escribió apuntes sobre su día a día, pues eso no era necesario.

Olaiz, o Juan para sus discípulos, fue el mentor de toda una generación de cienfuegueros que luego acudiría al llamado de José Antonio Echeverría, y en fecha tan temprana como noviembre de 1955 fundarían en secreto una célula del Directorio Revolucionario que muy pronto -en diciembre de ese año- se haría sentir en la ciudad con el llamado Paro de los cinco minutos y la declaración de Cienfuegos como Ciudad Muerta, en apoyo a una huelga de los obreros azucareros, de trascendentales influencias en el movimiento revolucionario local.

Supuestamente, la Academia Enrique José Varona era un colegio privado, pero Olaiz era maestro no mercader. Muchos de sus alumnos eran recogidos por él de las calles y sentados gratis en el aula, de su bolsillo sufragaba los gastos de los muchachos con potencial, tremendamente pobres de la zona. Por eso la academia casi nunca tenía dinero para pagar a sus profesores, -quienes seguían acudiendo, tal vez porque los conceptos de justicia social, civismo y decencia profesional de Juan eran tan grandes que casi significaban un compromiso- y los estudiantes organizaban colectas para ayudar al profesor a pagar las cuentas.

Juan Olaiz Ladrón de Guevara nació en Cienfuegos el 6 de junio de 1908. Tremendamente humilde solo cursó estudios hasta el 5to grado en la escuela de los Hermanos Maristas. Después seguiría superándose, como autodidacta. La importancia de la Academia Enrique José Varona en la formación de jóvenes revolucionarios de la década de 1950 en Cienfuegos seguramente se quedará por escribir, pero lo que si no puede dejarse de decir es la influencia de su fundador en aquella juventud.

Cuando el 1 de enero de 1959 huye Batista, en la ciudad se crean los llamados Tríos, constituidos por un miembro del Movimiento 26 de Julio, uno del Partido Socialista Popular y otro del Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Su tarea. gobernar esos primeros días. El hombre escogido por el Directorio sería Juan Olaiz, quien siempre sería un militante de fila más.

Antiguo fundador del Partido del Pueblo Cubano y presidente del Ateneo de Cienfuegos, insigne sociedad cultural, en 1976 fue elegido presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, y ese mismo año de la Asamblea Provincial.

Como pocos, Juan Olaiz encarnó los ideales pedagógicos libertarios del siglo XIX en Cuba y las ideas estoicas de Marco Aurelio. Sin embargo, hoy por las calles de Cienfuegos caminan miles de personas que jamás le han oído nombrar, más allá de una escuela secundaria básica que lleva su nombre.

Aries M. Cañellas Cabrera
La Joven Cuba, 8 de junio de 2020.
Foto: Juan Olaiz. Tomada de La Joven Cuba.