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lunes, 24 de enero de 2022

Casi un siglo después, desempolvan la Universidad Popular José Martí



De la noticia me enteré por el periódico Granma y por la Agencia Cubana de Noticias. Para los lectores del blog que no hayan escuchado hablar de la Universidad Popular José Martí que funcionó en La Habana entre 1923 y 1927, pueden tener una idea leyendo lo publicado en EcuRed y Wikipedia (Universidad Popular José Martí - Wikipedia, la enciclopedia libre)

Si hubiera sido posible que Julio Antonio Mella y Fernando Ortiz hubieran podido vivir hasta el 3 de noviembre de 2021, estoy segura que no permitirían que un gobierno autocrático, dictatorial, como el que actualmente hay en Cuba, refundaran una universidad que tuvo un objetivo claro: educar a obreros, campesinos, desempleados y amas de casa, aunque fueran analfabetos. Instruir a gente de a pie, de todas las razas, clases sociales, posturas políticas y creencias religiosas.

Independientemente de que Mella hubiera participado en la fundación del primer partido comunista en Cuba, el 16 de agosto de 1925, era un tipo demócrata, defensor de la libertad de prensa, opinión y asociación. Demócratas también eran los fundadores y profesores de la Universidad Popular José Martí, cubanos que se distinguían por su sabiduría, como Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Gustavo Aldereguía, Arturo Montori, Alfredo M. Aguayo, Salvador Massip, Sarah Isalgué, Rubén Martínez Villena, José Z. Tallet, Alfonso Bernal del Riego y Sarah Pascual a quien conocí cuando era niña y nucho tiempo después me reencontré con ella cuando en 1974-1976 trabajé como mecanógrafa con Juan Marinello en el Movimiento Cubano por la Paz, entonces situado en la Calle I entre 15 y 17, Vedado.

"Una primera etapa en el quehacer de la Universidad Popular José Martí se inició el 20 de diciembre de 1923, cuando se inauguraron sus primeros cursos en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. La enseñanza tenía diferentes niveles: los de primera enseñanza que comprendían las escuelas de analfabetos y la nacional. Para la segunda enseñanza el plan de estudio establecía las asignaturas Geografía Universal, Historia de la Humanidad y de Cuba, Psicología y Lógica, Gramática y Literatura, Cívica, Historia Natural, Estudios Generales (Medicina de Urgencia e Higiene), Homicultura, Maternidad y Profilaxis Sexual, Ciencias Naturales, Economía Política y Social, Derecho, Legislación del Trabajo, Moral Antidogmática y Rudimentos de Ciencias de las Religiones". Tomado de La Universidad Popular José Martí en la órbita del pensamiento político de Julio Antonio Mella.

"Aquella novedosa casa de altos estudios debía en muchos casos impartir educación prácticamente primaria, e incluso debió alfabetizar a algunos, algo que se asumió con naturalidad". Tomado de Universidad Popular José Martí a sus 95 años.

"La institución era dirigida de manera conjunta. La presidencia la desempeñaba Mella y el cargo de secretario lo ocupaba el tabaquero José Manuel Acosta. Cada sindicato designaba a dos delegados y la suma de éstos y de parte del profesorado formaba la dirección. Cuadros sindicales de la talla de Alfredo López apoyaron desde los inicios al novedoso organismo docente". Tomado de Siembra de cultura y de justicia.

Como todo lo que de corre-corre y en su desesperación está haciendo el régimen castrista para no perder 62 años de totalitario poder, sea abrir una tienda de conservas o desempolvar la Universidad Popular José Martí, está condenado al fracaso. Sobre las conservas: a partir de 1959 y sobre todo a partir de 1968, de Cuba desaparecieron las decenas de pequeñas, medianas y grandes empresas que fabricaban jugos, dulces y alimentos en conserva de calidad. Y sobre la Universidad Popular José Martí: ya no existe esa pléyade de personalidades que fundaron y formaron parte de su claustro de profesores (y que no todos eran comunistas).

Me imagino que para desempolvar la Universidad Popular José Martí tirarán mano de pedagogos e intelectuales que sean militantes del partido o la ujotacé, y los estudiantes serán previamente seleccionados, para cerciorarse de que si no son 'revolucionarios' al menos no son conflictivos. Probablemente escogidos entre el vecindario de San Isidro, La Timba, El Fanguito y otros barrios marginales recién descubiertos por los mediocres, incultos y barrigones mandamases, quienes a partir del estallido social del 11 de julio de 2021, empezaron a visitar y hacerse fotos y videos en barriadas, algunas no muy lejos de sus confortables oficinas y residencias. Darle un barniz de 'pueblo' a su impopularidad.

Como ya ni creatividad tienen, que desempolven también medios comunistoides como el periódico Hoy y la emisora Mil Diez. O clínicas accesibles a las clases bajas, como el Centro Benéfico Jurídico, en Lombillo y Calzada del Cerro. O lugares donde los habaneros se divertían con poco dinero, como los Jardines de La Tropical y La Polar. O que le permitan a negros y mulatos de Jesús María, Los Sitios, Belén, Lawton, Santos Suárez, tener clubes como Atenas, Las Águilas, Jóvenes del Vals... Y que España reabra, para sus descendientes y para los cubanos, sus hospitales (La Dependiente, Covadonga, Hijas de Galicia) y sus sociedades (Centros Gallego y Asturiano). Aunque el batazo sería que a los ex propietarios de los destruidos círculos sociales obreros, les permitan volver y darle el esplendor que una vez tuvieron esas instalaciones recreativas.

Tania Quintero

Foto: Rubén Martínez Villena, Raúl Roa, Sarah Pascual, Gustavo Aldereguía y José Zacarías Tallet, entre otros profesores de la Universidad Popular José Martí, inaugurada el 3 de noviembre de 1923, en la escalera del Palacio de los Torcedores, en San Miguel y Marqués González, Centro Habana y que desde abril de 2013 es sede del Museo Nacional de los Trabajadores Cubanos. Tomada del periódico Trabajadores.

lunes, 17 de enero de 2022

La memoria corta del periódico Granma



En esta nota del periódico Granma, no mencionan a Blas Roca Calderío, esposo durante medio siglo de mi tía Dulce María Antúnez, padre de mis primos Lydia, Francisco, Vladimiro y Joaquín, abuelo de Lázaro Yuri Valle Roca y el hombre cuya vida mi padre cuidó por más de veinte años, tío político mío y mi primer jefe (1959-1961).

A Blas era obligado mencionarlo en esa nota porque él era el presidente de la Comisión Nacional para la Constitución de los Órganos del Poder Popular en Matanzas. Entre 1974 y 1976, personalmente, Blas supervisó el funcionamiento del Poder Popular en Matanzas, provincia escogida para su puesta en práctica.

Si Susana Lee y Lázaro Barredo Medina estuvieran vivos, lo hubieran mencionado: ellos dos, Susana por Granma, Lazarito por Juventud

Rebelde, yo por la revista Bohemia, y dos o tres más de otros medios que ahora no recuerdo, semanalmente viajábamos a Matanzas a reunirnos con Blas en la Sala White y también a reportar sobre la marcha del Poder Popular en los diferentes municipios matanceros.

Aunque soy periodista autodidacta, Luis Camejo, subdirector entonces de Bohemia, me nombró "corresponsal viajera". Durante casi dos años, la revista ponía a mi disposición un auto con chofer y un fotógrafo y permanecíamos dos o tres días en Matanzas. El primer secretario del partido era Julián Rizo, pero quien atendía a los periodistas era el segundo secretario, Víctor Manuel González, que después sería vicejefe del DOR.

Si no me creen, hojeen ejemplares de la revista Bohemia de aquellos años y verán mis escritos, con fotos de Carlos Pildaín, Gilberto Ante, Raúl Castillo o Tony Martin. Han transcurrido 47 años: no es un tiempo tan largo para olvidar ni desvirtuar la historia y la realidad.

Tania Quintero
Foto: Blas Roca en la provincia de Matanzas, años 70. Tomada de Trabajadores.

Aclaración.- En la reseña publicada en el periódico Trabajadores por los 45 años del Poder Popular, Esteban Lazo, actual presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, mencionó a Blas Roca cuando habló con la prensa, pero al igual que Granma, Trabajadores eliminó el nombre de Blas en la implementación del Poder Popular en Matanzas durante dos años (1974-76). Blas fue la figura principal, y no los hermanos Castro, que en esa época estaban enfrascados en la preparación de tropas para enviarlas a Angola. Otra figura importante fue José Arañaburo, que al no encontrar su perfil en internet, copio estas líneas:

La Primera Legislatura de la naciente Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba se estableció el de 2 de diciembre de 1976, cuando se efectuó la Sesión Constitutiva de la Asamblea Nacional, la que extendió sus deliberaciones hasta el siguiente día. La sesión comenzó dirigida por la mesa de edad bajo la presidencia de Juan Marinello Vidaurreta, el diputado de más edad, y actuando como secretarias Lucía Perdigón Martín y Ramona Curbelo Hernández, las dos diputadas más jóvenes. Estuvieron presentes 479 diputados de los 481 que debían asistir para un 99,5% de asistencia, los que procedieron a elegir su Presidencia, integrada por los diputados Blas Roca Calderío, Raúl Roa García y José Arañaburo García, como Presidente, Vicepresidente y Secretario, respectivamente. Inmediatamente después, la Asamblea recién constituida adopta su primer acuerdo: que en la sala donde sesione la ANPP, junto a la enseña nacional, figure siempre en lugar de honor la bandera de La Demajagua.

lunes, 10 de enero de 2022

Chinolope, un genio olvidado


Ha muerto en La Habana, este 27 de octubre, a los 89 años, Fernando López Junqué, más conocido por Chinolope, uno de los más grandes fotógrafos que ha dado Cuba. Chinolope, que procedía de una familia muy pobre, nunca fue a la escuela. Fue autodidacta. La primera cámara fotográfica que tuvo, muy usada, se la regaló un amigo, durante su estancia en New York, adonde se fue en 1956 en busca de mejores oportunidades económicas. Con aquella cámara hizo sus primeras fotos como profesional, el 25 de octubre de 1957.

Ese día, cuando caminaba por las calles neoyorquinas, al pasar por la barbería del Hotel Park Sheraton, escuchó disparos. Al entrar en la barbería, vio que habían acabado de acribillar a balazos a un hombre. Chinolope, sin perder tiempo, empezó a apretar el obturador de la cámara sin parar y tomó varias fotos.

El hombre que fue asesinado por un pistolero mientras lo afeitaban era Albert Anastasia, jefe de una de las cinco bandas que controlaban la mafia neoyorquina. La revista Life le pagó dos mil dólares por las fotos a Chinolope y las publicó al día siguiente. Sobre la foto de Albert Anastasia muerto en la barbería comentaría, años después, el escritor uruguayo Eduardo Galeano en El libro de los abrazos: “Esa foto era una hazaña. El Chinolope había logrado fotografiar a la muerte. La muerte estaba allí. No en el muerto ni en el matador. La muerte estaba en la cara del barbero que la vio”.

Luego de su regreso a La Habana en 1958, Life siguió utilizando fotos de Chinolope, como la del mafioso Santo Trafficante, que se publicó a página completa. Por esa época, además de Life, Chinolope colaboraba con Time y Paris Match.

Con su amigo el fotógrafo estadounidense Andrew Saint George, Chinolope estuvo en la Sierra Maestra, donde retrataron a Fidel y Raúl Castro y, posteriormente, en los últimos días de diciembre de 1958, en la batalla de Santa Clara, donde, tomando fotos desde la azotea de un hotel, estuvieron a punto de ser baleados.

En Santa Clara conoció al Che Guevara. Desde entonces, Chinolope presumió de ser amigo de Guevara, a pesar de que reconocía que tenía un carácter muy difícil. Después del triunfo de los rebeldes en enero de 1959, Chinolope trabajó en los Estudios Revolución. De allí se fue disgustado, porque además de las fotos, tenía que entregar también los negativos, y perdía el derecho sobre las fotos que, según le argumentaron, ya no serían suyas sino de “la Revolución y la Patria”. Así, muchas fotos de aquella época se perdieron y otras no se las pagaron ni las acreditaron a su nombre.

Cuando salió de Estudios Revolución, el Che le encargó hacer una serie de fotos sobre los centrales azucareros y sus trabajadores. Con ellas, Chinolope haría el libro de fotos Temporada en el ingenio, que terminó en 1970, pero no fue publicado hasta 1987. El prólogo de aquel libro lo hizo José Lezama Lima, con quien Chinolope tuvo una gran amistad (hasta su muerte, el fotógrafo tuvo en la sala de su casa, junto a un enorme cartel de Che Guevara, una foto de Lezama).

El autor de Paradiso no fue el único escritor con quien intimó Chinolope. De hecho, tenía predilección por los escritores. Fue amigo de Guillermo Cabrera Infante, Julio Cortázar, Virgilio Piñera y Severo Sarduy. Otros escritores a los que fotografió fueron: Tennesee Williams, Allen Gingsberg, Jack Kerouac, Carlos Fuentes, Roque Dalton y Eduardo Galeano. También fotografió a los pintores Víctor Manuel, Wifredo Lam y René Portocarrero. Y retrató además a Alicia Alonso, Celia Sánchez, Haydée Santamaría, Sindo Garay, César Portillo de la Luz, René Portocarrero, el Caballero de París y el Chori, entre otros.

Chinolope trabajó en la Casa de las Américas y en la revista Cuba, donde sus fotos competían con las de otro grande, Iván Cañas. Durante el Decenio Gris, Chinolope, por ser considerado “conflictivo” y “contestón”, tuvo encontronazos y fue vapuleado por comisarios y burócratas. Desde entonces, lo relegaron. Pese a sus muchos méritos, nunca volvieron a concederle el reconocimiento que merecía.

Refiere el periodista Mario Luis Reyes -quien en 2016 le hizo al fotógrafo una muy interesante entrevista para El Estornudo- que tituló Retratos de Chinolope: “La última exposición de Chinolope fue en la galería Wifredo Lam, en Marianao. Chino expuso las imágenes que conformaron el álbum Temporada en el ingenio, pero como no hubo presupuesto, tuvo que recortar las fotos de uno de sus libros para colocarlas en los marcos”. Según Reyes, después de aquella exposición, Chinolope “se sintió derrotado y no le interesó volver a exponer”.

Chinolope, que afortunadamente contó con el cariño y los cuidados de su esposa Esperanza Rodríguez, pasó sus últimos años enfermo y en la pobreza, en un pequeño y deteriorado apartamento de Marianao.

Luis Cino
Cubanet, 28 de octubre de 2021.
Leer también: Una historia americana de Cuba.

lunes, 3 de enero de 2022

Tres eran tres, los tres Villalobos*


Los inigualables, los verdaderos, los auténticos Tres Villalobos. Lo siento por ustedes, muchachos, que nunca jugaron en esta liga. Sigan produciendo sus toneladas de obituarios en los que Lichi se repite sin cansancio en el acto de cocinar potajes para sus amigos, pero la madre el que diga que se formó como periodista en Verde Olivo, el órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y que fue militante del Partido Comunista de Cuba por decisión personal de Fidel Castro. En fin, contaminante política aparte, la única verdad se encierra en estos tres personajes de la primera foto (tengo más, para después).

El resto es coreografía. Noche del 23 de noviembre de 2005 en un patio de Miami. Raúl Rivero cumple 60 años. Los otros dos Villalobos acuden, como es debido. Norberto se ha agenciado su tabaquito. Lichi -no se dejen engañar- esconde por algún lado (bajo la silla, bajo la mesa) su prodigiosa poción de aguardiente. Nunca se conoció a Lichi sentado frente a una mesa en la que una botella no le estuviese observando.

A lo cortico. Raúl, el homenajeado -más sabio que los demás-, reserva para sí una vela que proveerá la luz que tanto agradecen los santos, y una vasija que estuvo hasta el tope de chambelonas. En otra foto, Rafaelito Andreu vino que se mataba para posar en la postalita. El bueno de Rafael Andreu (que también partió hace poco a algún limbo especial del paraíso reservado para los camarógrafos del Comité Central que en el exilio crean los video clips de Willy Chirino). Rosario Suárez, Charín, proclamada por Lichi como el amor de su vida, lo envuelve aún en su lejanía. Ya estaba sentada ahí cuando apareció Rafaelito.

"Pienso mucho en ti en estos días", me dice Raúl en un mensaje electrónico. Claro, cuando un Villalobos cae, uno piensa en el que queda. Esto lo publiqué -no recuerdo qué portal o blog lo acogió- en la fecha que se informa. Pero resulta que también a Raúl, como decíamos, le da por "irse del parque". Y ahora me veo impedido de virarme a buscar al que queda. La realidad es que el Gordo me la ha dejado en la estacada. Como él decía: "Me ha dejado solo como un center field". Igual el caso de que me quieren vender un Gordo de mentira. El método de distorsión de Lichi puesto a funcionar a plena capacidad. No más un Gordo irreverente, borrachín y buscapleitos. Señoras y señores, un aplauso para el nuevo mártir.

Uno que, según estos botones de muestra en los obituarios del Herald (de Miami, of course) no era la criatura obesa a punto de reventarse que fumaba y tomaba sin reposo enclaustrado durante meses en un miserable cuartucho de la Calle 8 y de donde salió por última vez hace cosa de un mes hecho un pellejo por un demoledor e incontenible bajón de peso y poseído por un ataque de delirio del que no se recuperó ("Rivero falleció en un hospital de Miami este 6 de noviembre, ciudad donde pasó sus últimos años"). Qué elegante, que limpias tonalidades de una ciudad reconocida por su desprecio por los artistas que de la misma manera abandonó y dejó morir a escritores de la talla de Reinaldo Arenas, Guillermo Rosales y Heberto Padilla.

¿O tampoco Raúl era aquel demonio enfurecido que, bajo los efectos de una de sus monumentales borracheras, la emprendió a piñazos contra su mujer en la recepción de Casa de las Américas donde él esperaba que lo premiaran en el género de poesía por su libro Cantata por el Ejército Rebelde? La reyerta ocurría al unísono con sus declaraciones a voz en cuello (y ante el espanto de la distinguida concurrencia de la crema y nata de la intelectualidad latinoamericana) de que Armando Hart (ministro de Cultura a la sazón) era un bobo, y Alfredo Guevara (viceministro en la misma sazón) era (sic.) maricón. ¡Cantata por el Ejército Rebelde! Tal fue el episodio que le costó su democión de vicepresidente primero de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

Vicepresidente primero. Es decir, el tipo que distribuía los Ladas de la institución, y priorizaba los títulos a publicar y, por encima de él, solo Nicolás Guillén. Fue eso, y no como argumenta el Herald, que "había abandonado la oficialista Unión de Escritores y Artistas de Cuba" en una especie de acto de rebeldía intelectual de origen nunca aclarado. (El episodio en Casa de las Américas tuvo un final que no debe eludirse. Enterado de lo que Raúl acababa de proferir al otro lado del salón, Alfredo declaró: "No lo mato porque es un poeta".)

Por mi parte, el Raúl que yo voy a recordar es el de su época de corresponsal en la URSS, no porque tenga presente su imagen en el invierno moscovita de 1976 mientras rociaba una botella de gasolina sobre el motor de su Yigulí (versión anterior del Lada) para quebrarle la coraza de hielo y permitir que la ignición se despertara, sino por un poema que me enseñó entonces que era un poema de otro, del beatnik yanqui Paul Blackburn. En las dos primeras líneas de su pieza de cuatro, Paul se lamenta de la muerte de Roger Hornsby, el más grande bateador derecho de todos los tiempos, para continuar en las otras dos líneas con el gran poeta americano William Carlos Williams que sigue a Hornsby como objeto de los obituarios. Dios mío, decía Raúl que Paul exclamó. Y ahora tú, William Carlos William. Y con el tono de indignación que Raúl lo recitaba, como si fuera una falta de respeto de Dios y ante la cual había que alzarse en armas de inmediato, es lo mismo que yo digo ahora. Dios mío. Y ahora tú, Raúl Rivero Castañeda.

* Los Tres Villalobos era una serie de aventuras de la época de oro de la radio novela cubana. Lichi era el apodo del poeta Eliseo Alberto Diego.

Norberto Fuentes
Libreta de apuntes, 7 de noviembre de 2021.
Foto: De izquierda a derecha, Norberto Fuentes, Eliseo Alberto Diego y Raúl Rivero. Tomada del blog Libreta de apuntes.

lunes, 20 de diciembre de 2021

A propósito de los días navideños



"Ojalá pudiéramos meter el espíritu de la Navidad en jarros y abrir uno cada mes del año". Harland Miller (escritor, Inglaterra, 1964).

En vez de un jarro, una canción en la voz de Celia Cruz:


A los lectores del blog y a sus familias, deseamos que 2022 les traiga salud, dicha y esperanza.

Tania Quintero Antúnez y Marco Antonio Pérez López

lunes, 13 de diciembre de 2021

Dos crónicas, una foto y un monólogo



La agencia de prensa independiente Cuba Press nació el sábado 23 de septiembre de 1995, día del cumpleaños de Blanca Reyes, Blanquita, la esposa del poeta, escritor y periodista Raúl Rivero, quien se nos acaba de ir en Miami, también un sábado, cuando le faltaban diecisiete días para cumplir 76 años.

No estuve presente en el nacimiento de Cuba Press, en el apartamento del matrimonio Rivero-Reyes, en Peñalver 466, apartamento 9, entre Oquendo y Francos, Centro Habana. Pero cuando Raúl me preguntó si aceptaba que mi nombre apareciera entre los fundadores de Cuba Press, en una nota que ese mismo día o al siguiente, divulgaría Radio Martí, le dije que sí. El primer trabajo que redacté, El príncipe azul, era sobre una jinetera que me contó su vida en las cuatro horas que estuvimos esperando una ruta 4 en Prado y Cárcel.

A partir de entonces, y durante los ocho años (1995-2003) que reporté desde La Habana como periodista independiente de Cuba Press, los 23 de septiembre mi hijo Iván García y yo felicitábamos a Blanquita, los 10 de noviembre ellos me felicitaban a mí y los 23 de noviembre felicitábamos a Raúl. En 2015, por sus 70 años, Iván escribió Taller de prensa con Raúl Rivero.

Ahora, a mis 79 recién cumplidos, me gustaría compartir con los lectores, dos crónicas que me dedicara mi querido Raúl. La primera, Tania, palabra de mujer, la pueden leer en este blog. En la segunda, de las tres periodistas mencionadas, aunque yo era la más vieja de las tres, soy la única superviviente. Por eso quiero recordar aquella crónica femenina de Raúl Rivero, y rendirle un modesto homenaje a mis colegas que ya no están, Ana Luisa López Baeza e Iria González Rodiles y, por supuesto, a su autor. Se titula Tres mujeres al tiro y salió el 23 de abril de 2002 en la web Encuentro en la Red:

Esta es una galería pobre y opaca. Las personas que aparecen son unas damas de apellidos llanos. Sus maridos, sus novios, sus amantes, ya han muerto o viven en el olvido, es decir, en la sabiduría. Son mujeres que ya saben que el odio tiene su latido particular y se refugian en dos latitudes inconquistables: la familia y el trabajo. Tienen sus picardías y pequeños vicios soportables. Por caminos diversos y desde puntos distantes entre si y, a veces, muy opuestos, fueron llegando al sitio donde están.

Tania Quintero aparece en primer plano. Profesional y, desde luego, apasionada, es, a mi modo de ver, la más libre del periodismo alternativo cubano. Escribe a toda hora o toma nota y a sus ojos que algunas tardes parecen que dormitan no se les escapa nada. Es agnóstica, pero no llega a la herejía y ama el cine y la música. Tiene el don de narrar seis historias a la vez en medio de una corriente de incidentales y alegorías.

Cuando oye decir la palabra ‘política’ no saca su pistola porque anda siempre desarmada. Cocina mal y, sin embargo, come bien. Le gusta leer reportajes y testimonios. Odia la televisión.

Viene Ana Luisa López que está lejos, aunque estuvo tan cerca que se tuvo que ir. Con mucho oficio y una capacidad de trabajo que porfía con la salud y el sueño, enseñó a decir la verdad sin complicar las cosas. Su voz fue emblema en los años noventa y ahora es otro. Como es de Camagüey, lo añora y lee poesía.

Dios la ayudó a salir de la mentira y a quitarse unos espejuelos oscuros que le pusieron de joven. Con ellos se pasó años en la creencia de que aquello que veía era la vida. Tiene la ambición de ser pobre y lo consigue.

Iria González Rodiles llegó disfrazada de Ernestina Rosell a mediados de 1995. Venía de unas ruinas y estaba ilesa. Se sentía arrasada, pero con fuerzas y recursos para, en más o menos la mitad de la vida, empezarla otra vez. Contaba, cuenta, con su profesionalismo y talento especial para la crónica y el análisis.

La acompañaban, la acompañan, sus lecturas, la experiencia de sus viajes, sus encuentros con mucha gente y otros mares y la fidelidad al amor que según Margarita Yourcenar es la única fidelidad posible.

Estas señoras, cuyos leves retratos dibujo ahora a toda velocidad, le han dado fuerza, presencia y virtud al periodismo cubano. Ellas ayudan a iluminar nuestro país y sus amarguras, sus desvelos y el coraje que sustentan sus trabajos es una sustancia donde se diluye la miseria, la simulación y la maldad.

Como en los cumpleaños siempre hay fotos, he encabezado este post con una foto que dos periodistas suizos nos hicieron en el transcurso de unas grabaciones que estaban realizando en La Habana para un reportaje sobre el periodismo independiente cubano, a mediados del 2000. Raúl Rivero, a la derecha, con su habitual camisa de mezclilla, Iván García, de espalda a la izquierda, con un pulóver de los Bravos de Atlanta, y yo, en primer plano, con el veintiúnico vestido veraniego, en la casa de Ricardo González Alfonso, en la calle 86 entre 7ma. y 9na., Miramar.

Y como en los cumpleaños tampoco puede faltar algo risueño y dulce, termino con la guinda del pastel: el Monólogo del policía que a Raúl Rivero le publicaron en el número 16/17 de la revista Encuentro de la Cultura Cubana correspondiente a la primavera del 2000:

¿Queseto, Compay? Eta gente de labana no dise paletino a nojotro polque nazimo en Oriete.Yo no sé ni dónde etá la paletina esa y pa mi eta ila e una sola y toj lo que nazimo en ella somo iguale, dise el gobielno. Yo soy polisía del gobielno. A mí me llamaron a un lugal ahí de mi pueblo, Contramaestre, y cuando bine a ber ya etaba betío e polisía y uno me dijo, bueno Compay, ya etá, ere la autoridá y aora te ba pa labana.

Qué cosa, la pitola, el unifolme, unas botas de baquero y dociento cincuenta peso, catre y jama y lo que se buca uno con lo litero de la bolita, con la jente de lo negosito y si se puede, se le mete una belosidá a una jineta y te tiene que diñal uno fula pal jabón y una cobita. Estoy bibiendo en la unidá pero no hay momento fijo pa que me empate con una de esa de labana y me embase en el gabinete.

Ya yo tengo veintidó año y no boy pa trá pa Contramaestre, a la cañandonga y e solibio arriba e ti ocho hora y lo que diñan e uno sellito y cuando ma una bentana o una piedra fina. Quebá, Compay, aquí etá el turimo y lo etrangero y eto abanero alaldoso y bretero que ponen malo el picao de be en cuando polque la han cogío con nojotro. "Paletino, bete pa tu gao", diseme un negrón el otro día y me le rebiré y le soné un gomaso poel lomo que ese no le dice paletino a ma nadie.

Soi la autoridá y no le pelmito a ningún abanerito de eso que me diga paletino ni que eté preguntando diresiones polque e pa bulalse de uno. Te dise: "Ben acá, dónde etá el etadiu del serro y el opital calito galcia?". Eso e pa que tu no sepa y depué te dise: "Ben acá, asere, tu no ere polisía?".

Cuando se me benza lo mese del serbisio, yo rengancho y si a mano biene estoy trabao con un materialito y lebanto mi barbacoa, mando a bucal a mi helmano ma chiquito y lo meto en la unidá a barrel o a cocinero, él se le cuela eso. La cosa e -con el mayol repeto- no cogel pal berdolaga. En labana se le pega a uno de to, su selvecita boba, su uisqui sonso, su taquito ribú... Oigame, ese Oriete etá que alde.

En labana etán lo abanero que son uno pesao y alaldoso, se creen mejol que toel mundo, eso sí, yo soi la autoridá y ello me respetan. Ete gobielno me bitió de polisía y lo que diga ete gobielno e la beldá y en la actividade política de la unidá yo digo mi consina to lo día y folmo mi gritería que si el imperialismo, que si la revolución que si el paltido, que si la lei jelbuton, polque yo no estoy en ná. Pero lo mío no me lo pone malo ninguno de deso de lo derecho humano ni lo batitiano ni lo yuma, Soi la autoridá y decojono al pinto de la paloma, Compay.

Tania Quintero

lunes, 6 de diciembre de 2021

Raúl Rivero (Morón 1945 - Miami 2021)



Raúl Rivero Castañeda nació el 23 de noviembre de 1945 en Morón, localidad de la antigua provincia de Camagüey, hoy uno de los diez municipios de la provincia Ciego de Ávila. Poeta, escritor y periodista, ha publicado varios libros de poesía y relatos, en Cuba y el extranjero.

Perteneció a las primeras generaciones de periodistas que se graduaron en la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana tras el triunfo de la revolución. En 1966 fue uno de los fundadores de El Caimán Barbudo, junto al escritor y cineasta Jesús Díaz, el poeta Luis Rogelio Nogueras, el filólogo y profesor Guillermo Rodríguez Rivera y el trovador Silvio Rodríguez. El primer éxito literario de Raúl Rivero vino en 1969, de la mano del poemario Papel de hombre, ganador del Premio David para escritores jóvenes cubanos.

Entre 1973 y 1976 fue redactor de la revista Cuba Internacional y corresponsal de la agencia Prensa Latina (PL) en Moscú y a su regreso a la isla, estuvo a cargo de la redacción de ciencia y cultura en PL. En 1989 abandonó su trabajo en la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Dos años después, el 2 de junio de 1991, fue uno de los diez firmantes de la Carta de los Intelectuales, en la que se solicitaba a Fidel Castro la liberación de los presos de conciencia. Ese año abandonó el periodismo oficial, al que denunció como "una ficción sobre un país que no existe".

El 23 de septiembre de 1995 funda la agencia de prensa independiente Cuba Press. En 1997 recibe el Premio de Reporteros Sin Fronteras y en 1999 el prestigioso Premio Moors Cabot, otorgado por la Universidad de Columbia en Nueva York por su contribución excepcional al periodismo. En 2000 es distinguido por el Instituto Internacional de Prensa como uno de los cincuenta héroes de la libertad de prensa en el mundo. Fue representante en Cuba de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y miembro de los consejos editoriales de las revistas Encuentro de la Cultura Cubana y de la editada por la Fundación Hispano-Cubana, las dos con sede en Madrid.

En 2001, junto al periodista independiente Ricardo González Alfonso, crea la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling y dirige la revista De Cuba. En abril de 2003, fue condenado a 20 años de prisión, acusado de "realizar actividades subversivas encaminadas a afectar la independencia e integridad territorial de Cuba", escribir "contra el gobierno", haber organizado "reuniones subversivas" en su domicilio de Centro Habana y haberse entrevistado con el diplomático James Cason, entonces jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba.

Debido a una gran movilización mundial y presiones de intelectuales, periodistas y gobiernos, entre ellos el de España, fue excarcelado el 30 de noviembre de 2004, tras concederle una "licencia extrapenal" por motivos de salud. El 1 de abril de 2005, con el status de refugiado político, viajó a Madrid con su madre Hortensia Castañeda, su esposa Blanca Reyes, fundadora de las Damas de la Blanco, y su hija adoptiva Yeny.

En 2004, Raúl Rivero recibe el Premio Mundial de la Libertad de Prensa UNESCO. En 2005, en España, el Premio Gabarrón de Pensamiento y Humanidades. En 2006 es investido Doctor Honoris Causa en Letras y Humanidades por la Universidad de Miami. Un año después, en 2007 recibe en Madrid el Premio Ortega y Gasset a la mejor labor informativa. En diciembre de 2009 forma parte del grupo de periodistas cubanos que junto a Pablo Díaz Espí funda Diario de Cuba en la capital española.

Crónicas y comentarios publicados por Raúl Rivero en El Mundo y El Nuevo Herald se han reproducido en los blogs Desde La Habana, El blog de Tania Quintero y El blog de Iván García y sus amigos. Textos suyos también se pueden leer en sitios independientes cubanos y en revistas y periódicos de Europa, Estados Unidos y América Latina. Como periodista independiente, fue entrevistado por medios internacionales. A partir de su excarcelación en 2005, participa en innumerables eventos, imparte conferencias y presenta libros, suyos o de disidentes cubanos en España y otros países. En 2003, los realizadores suizos Ruedi Leuthold y Beat Bieri, le hicieron un documental titulado Nachrichten aus Fidels Gefängnis (Noticias desde la cárcel de Fidel), estrenado el 14 de febrero de 2004 en el Stattkino Luzern, Suiza.

Raúl Rivero deja una extensa obra poética y periodística, producida en la Isla y en el exilio, y recogida en más de una veintena de libros. Entre los títulos más notables figuran Papel de hombre (1969), Poesía sobre la tierra (1972), Corazón que ofrecer (1980), Cierta poesía (1981), Poesía pública (1983), Escribo de memoria (1985), Firmado en La Habana (1996), Estudios de la naturaleza (1997), Herejías elegidas (1998), Puente de guitarra (2002), Recuerdos olvidados (2003), Sin pan y sin palabras (2003), Corazón sin furia (2005), Vida y oficios: Los poemas de la cárcel (2006) y Contraseña para la última estación (2018), que asumió como su adiós a la creación literaria. Buena parte de su poesía se compiló en la antología Orden de registro. Poesía 1969-2003 (Editorial Hispano Cubana, Madrid, 2003), con un prólogo de Guillermo Cabrera Infante.

Poco antes de las diez de la mañana del sábado 6 de noviembre, Raúl Rivero fallecía en el Hospital Baptist de Kendall, Miami, donde se encontraba ingresado de urgencia, a causa de problemas cardiorespiratorios. Padecía de enfisema pulmonar y tenía una afectación cancerosa.

Le sobreviven, en Miami, su viuda Blanca Reyes, sus hijas Cristina y María Karla y sus nietos; en Puerto Rico su hija adoptiva Yeny, y en Canadá su hermano Humberto Rivero Castañeda. Sus restos serán cremados y su despedida tendrá lugar en una ceremonia familiar íntima.

Tania Quintero

Foto: Raúl Rivero. De cuando en el 2000 en La Habana estuvieron los suizos Ruedi Leuthold, periodista y guionista, y Beat Bieri, camarógrafo y realizador de la SRF-1, e hicieron un reportaje sobre Cuba Press. Raúl en ese momento se encontraba en casa del periodista independiente Ricardo González Alfonso, en la barriada habanera de Miramar.

lunes, 29 de noviembre de 2021

La esquina de L y 23



Una intersección importante del área donde residí en La Habana fue la céntrica esquina de L y 23 en el Vedado. Durante poco más de cuatro años, viví a cuatro cuadras y media de allí, en la calle 27. Recuerdo cuando en 1958 inauguraron el hotel Habana Hilton en el número 401 de la calle L, esquina sureste, obra del ingeniero cubano Manuel Ray Rivero con un mural de azulejos azules y blancos de Amelia Peláez en la fachada, y el portero lucía sombrero con penacho de plumas.

En el último piso del Habana Hilton estaba el Sugar Bar con ventanas o paredes grandes de cristal por tres costados y una vista lindísima. En los bajos, por la calle 23, los restaurantes Trader Vic’s, estilo marino, decorado con sogas, redes y boyas, especializado en mariscos, y El Polinesio. En la esquina de M y 23, una sucursal del Banco Pedroso, en la que tenía mi cuenta corriente.

Ahí empezaba La Rampa, hacia el este, cinco cuadras hasta el mar. Por la calle M se localizaba también el restaurante español La Cibeles. Cruzando la calle 25 en dirección sur, en la esquina de L, había una sucursal del Banco Godoy-Sayán.

El edificio Radiocentro, perteneciente a la emisora y al Canal 6 del circuito CMQ, de los hermanos Abel y Goar Mestre Espinosa, se inauguró alrededor del año 1948. Las guías que conducían los recorridos por los estudios usaban sobrios uniformes de chaqueta, y el creyón de labios y el esmalte de uñas del mismo color. El cine en la esquina noreste se llamó originalmente Warner, donde exhibieron después Cinerama y vi cantar a Los Chavales de España , con Luisito Tamayo y José Lara. En los bajos estaba Radio Reloj CMCB, cuyos dos locutores de turno se podían ver por la vidriera desde el corredor.

A mí me llevaban a la transmisión de La Comedia los domingos a las 9 con Marta Casañas, José de San Antón, y a ver otros programas con Luis Echegoyen, Jesús Alvariño, Luis Carbonell y José Bohr. En la entrada por M conocí y les pedí su autógrafo, entre otros, a los actores Gina Cabrera, Lupe Suárez, Carlos Badía, Obdulia Breijo, Alberto Insua, Cascarita y al senador Eduardo Chibás quien se diera un tiro el 5 de agosto de 1951 y moría once días después, el 11 de agosto.

En M llegando a 23 había un café concurrido y en la misma esquina de M y 23, una farmacia, que estaba de turno los martes. Por 23 quedaba también la joyería L’Art Mondial, que en la vidriera exhibía relojes con manilla de oro "martillada", la sastrería Azor y una oficina del Trust Company of Cuba. En los altos estaba el restaurante chino Mandarín, al que se subía por una escalera ancha, tenía una barra y un piano, cuyo pianista acompañaba a Alba Marina). Desde el Mandarín podía verse una vista de la Calle M, con la Asociación de Ganaderos con la baranda de su portal de balaústres de madera barnizada, y el edificio Alaska. Al lado del cine Radiocentro (hoy Yara), por L quedaban la farmacia de la doctora Isabel Rico y la cafetería Kimboo. En los bajos del edificio del Retiro Odontológico, sede de las salas de teatro Talía e Idal, había una sucursal del Banco de Nueva Escocia.

Por la esquina de 23 y L pasaban los ómnibus de las rutas 32, 26, 27, 2, 57, 10 y 20, de color crema con franja verde, y los autobuses V-7 y V-5, blancos con franja azul prusia, que habían sustituido en 1954 a los tranvías de la antigua Havana Electric Railway.

En la esquina suroeste estaba el establecimiento de equipos quirúrgicos de Saúl Díaz, en 23 No. 301. En la azotea podía verse un anuncio lumínico del cabaret Tropicana con la popular ballerina. Por L, varios acogedores edificios de dos plantas con cuatro apartamentos cada uno, que 1957 tenían un alquiler mensual de 125 pesos. Más al sur quedaba el Café d’Artists, que en un tiempo fue una empresa de Otto Sirgo, más tarde la pizzería Embers de Paxton. La calle M pasaba frente a la escalinata de la Universidad de La Habana.

Por 23 quedaba el Laboratorio J. Márquez, donde en 1960 me hicieron el análisis de sangre para la solicitud de visa de residencia en Estados Unidos. También, varios comercios y más al oeste hasta la esquina de la calle K estaba la furnia, en la cual se podían ver restos de unos escalones de lajas que bajaban al fondo. Me intrigaba si habría existido alguna estructura abajo. Recientemente me enteré lo que hubo en el fondo de la furnia de 23 y K: la residencia del Sr. Bartolomé Aulet, propietario de los terrenos de La Rampa.

En 23 No. 302, estaba el Tropicream, establecimiento de helados, con mostrador, mesitas al aire libre, unos toldos con aire parisino y postes inclinados rojos y blancos, al estilo de los canales de Venecia, donde servían sabores variados y no había que hacer cola. En la manzana comprendida entre las calles 23, 21, M, L y K radicó el antiguo hospital Reina Mercedes, donde está el Coppelia, donde un ortopédico me reconoció la columna vertebral cuando tendría unos diez años. Mucha gente tiene la memoria confundida de ese lugar. Una amiga me porfía que en esa esquina, antes de la heladería Coppelia, con su cola y sus sabores de fresa y chocolate, hubo el parqueo del hospital, y "unas casuchas de madera" (salí de Cuba en julio de 1961 y nunca vi la heladería Coppelia).

Por la calle L ,hacia el norte, después de 1959, estuvo el Parque del INIT, que inauguraron en 1960 con una exposición de fotografías. Al llegar a esta cuadra, me percato que me he pasado de sus límites: al cruzar la calle 21 en dirección norte estaba el restaurante Las Delicias de Medina, antiguo, fresco, alto, sobre unas rocas, que recuerdo con simpatía en la misma esquina de L, una calle L que nace en el Malecón, a nueve cuadras de L y 23.

Zilia L. Laje
Foto: Febrero de 1957. Vista de la Calle 23 casi esquina a L. Al fondo, el hotel Habana Hilton en construcción. Tomada de Society of Architectural Historians (Scaffolding and a City in Section: An Introduction to La Habana (sah.org)), que a su vez la tomó de los archivos de la Universidad de La Habana.

lunes, 22 de noviembre de 2021

La isla de papel



En 1923, el escritor español Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) se hallaba en la cúspide de la popularidad. Atrás habían quedado los años en los que, acuciado por la falta de dinero, decidió irse a París a probar fortuna. Al pasar ese año por La Habana, en una entrevista le expresó al redactor de un periódico: “Yo no empecé a ganar dinero hasta después de los cuarenta. Toda mi juventud fui un pobre diablo, que no tenía dónde caerme muerto. ¡Las pasé muy duras! Fui periodista por… cuarenta duros al mes; nominales, que no siempre los pagaban. Por defender la independencia de Cuba, siguiendo a mi maestro Pi y Margall, estuve en presidio, muy rapado, con mi trochana de rayadillo… ¡Ah, amigos, no fue agua de rosas!... Y ahora, cuando vuelva a España, después de mi vuelta al mundo, constituiré un fondo de dos millones de pesetas para premiar todos los años la mejor novela por un escritor joven de habla española”.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916) fue la obra que lo catapultó a la fama de manera fulminante. La traducción al inglés, cuyos derechos vendió por 300 dólares, salió en 1918 y tuvo un enorme e inesperado éxito. En marzo del año siguiente iba ya por siete ediciones, cada una de 10 mil ejemplares, y en diciembre las ventas superaban el millón. De acuerdo a la revista Publisher Weekly, fue el libro más vendido del año. Asimismo, se vendían corbatas, pisapapeles, ceniceros y otros objetos con motivos alusivos a la novela.

Todos querían conocer a su autor, y por eso las editoriales, las grandes cadenas de periódicos y las productoras cinematográficas lo reclamaban. En 1919 la Hispanic Society lo invitó a dar una conferencia en la Universidad de Columbia, y luego Blasco Ibáñez recibió una oferta de James B. Pond, un conocido manager que antes había contratado a escritores como Rudyard Kipling, Máximo Gorki, Charles Dickens y H.G. Wells, para recorrer Estados Unidos dando conferencias. Se harían en español y un intérprete haría un resumen del contenido.

Con esas conferencias, el escritor ganó mucho dinero, aparte de que incrementaron su celebridad. Su firma era tan rentable, que una cadena de medios de prensa le ofreció un contrato por el cual recibiría mil dólares por artículo, una suma que hasta entonces nunca se había pagado. Asimismo, el 24 de febrero asistió como invitado a la sesión del Congreso de Estados Unidos, donde le tributaron una gran ovación.

Como era de prever, en 1921 Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue llevada al cine y acumuló 50 millones de espectadores. La película fue protagonizada por Rodolfo Valentino, quien también hizo lo mismo en la adaptación a la pantalla de Sangre y arena (1922). Todos esos ingresos le permitieron al escritor tener una residencia en Menton, Francia, una casa en París, un chalet en el madrileño Paseo de la Castellana y una villa en Valencia.

El autor de La barraca sorprendió a todos cuando anunció que iba a realizar un viaje alrededor del mundo. Era, comentó, un sueño que arrastraba desde la juventud. No renunció, sin embargo, a su sentido mercantil y aceptó escribir crónicas acerca de los lugares que fuera visitando. Iban a aparecer en las publicaciones pertenecientes a William Randolph Hearst, quien poseía uno de los más grandes imperios mediáticos de la historia, y por cada trabajo le pagarían una gran suma. Blasco Ibáñez recogió sus impresiones en tres libretas, y con esas notas y con su prodigiosa memoria redactó los artículos. Posteriormente, los recopiló en el libro La vuelta la mundo de un novelista, que se publicó en tres volúmenes entre 1924 y 1925.

El viaje estaba concebido para millonarios, pues costaba la astronómica suma de 20 mil dólares de la época. En total, los viajeros eran 300. Partieron de un espigón del río Hudson, Nueva York, el 15 de noviembre de 1923. Lo hicieron en el SS Franconia, un trasatlántico de lujo de la compañía Cunard Line. La primera escala fue en La Habana, donde el escritor había estado ya en dos ocasiones. Pero antes de referirme a las impresiones que plasmó sobre nuestra capital, voy a hacer un alto para referirme a un hecho acaecido durante su breve estancia y sobre el cual nada comenta en su libro.

En 1920, Blasco Ibáñez publicó en la cadena de diarios de Hearst unos artículos injuriosos sobre México. Siguiendo su costumbre, los recopiló en un libro, El militarismo mejicano, que fue precedido por la traducción al inglés. En un trabajo que escribió en el Diario de la Marina, Jorge Mañach, quien cursaba estudios en Estados Unidos cuando aparecieron los textos del novelista, apunta que este “aportó el arriete de su prosa brutalmente descriptiva” a “la campaña insidiosa, llena de trucos y falacias, que contra México agitaban el Senador Fall, de Texas, los «petroleros» y los productores de películas de villanías”. Entonces, recuerda Mañach, “los estudiantes hispanoamericanos de la Universidad de Harvard nos reunimos para formular, contra el indiscreto o contra el mercenario, una indignada protesta”. Siguiendo ese ejemplo, cuando Blasco Ibáñez se detuvo en La Habana durante su viaje alrededor del mundo, los estudiantes cubanos quisieron darle un rapapolvo por su antipatía por los mexicanos y acordaron no asistir a una conferencia que iba a dar, y que, al parecer, fue solicitada por ellos.

Y paso ya a glosar lo que Blasco Ibáñez escribió sobre nuestra capital. Comienza expresando que en su niñez, cuando Cuba era aún colonia de España, no podía hablar de La Habana sin que lo agitara un sentimiento contradictorio de admiración y de terror. Y escribe: “Era para mí el país del azúcar una ciudad encantada, como las de los cuentos infantiles, donde las casas debían ser de caramelo y no había más que agacharse para comer tierra cristalina y dulce. Además, todos volvían de allá trayendo onzas de oro y hablaban de negritos como los que había yo visto danzar, desnudos y graciosos, en las funciones de teatro. Pero la entrada de este paraíso era estrechísima y la guardaban terribles monstruos, siendo el más carnicero de todos el llamado vómito negro. Muchas veces escuché la noticia de haber muerto en la isla lejana, hermosa y mortífera, personas a las que conocí fuertes y animosas en el momento de partir”.

Apunta que lo que le infundía terror desapareció hace años. En cambio, subsiste la Cuba que admiraba en sus fantasías infantiles, cada vez más amplificada por el progreso y la riqueza. Las enfermedades fueron derrotadas por la ciencia, y los médicos extranjeros y también cubanos, igualmente notables, acabaron por eliminar las antiguas enfermedades que hacían insegura la vida de los viajeros antes de su aclimatación. El resultado es que “hoy, la más grande de las Antillas es país de salubridad regular y constante, y La Habana una de las ciudades más higiénicas de la tierra. Su prosperidad económica ha ido desarrollándose en proporciones enormes, como su higiene pública”.

Opina que si fuese preciso dar un sobrenombre a la ciudad, al igual que lo ostentan los pueblos y los héroes de los poemas homéricos, se le podría llamar ‘Habana la Alegre’. Es una ciudad que sonríe al llegar, sin que pueda decirse con certeza dónde está su sonrisa”. Le encuentra cierto aspecto andaluz de antigua urbe colonial. Y apunta que “la influencia poderosa de la vecina República de los Estados Unidos, las comodidades de su civilización material, no han modificado aún su fisonomía añorada y tranquila de país con tradiciones de raza y un pasado histórico”.

Los nuevos monumentos en honor de los héroes patrios le parecen artísticamente desiguales: “unos son dignos de respeto, otros lamentables, como obras de confitería tierna”. En cambio, califica de magníficos los parques recién trazados, los nuevos barrios del ensanche de la ciudad, que “parecen recordar los sucesivos chaparrones de abrumadora riqueza que han caído sobre este país en los últimos treinta años”.

Vuelve sobre lo que antes comentó sobre la alegría de la ciudad y expresa que, “más que en sus paseos, en sus edificaciones y en el movimiento animado de sus calles, hay que buscarla en el carácter de las gentes; en la franqueza de los cubanos, que algunas veces parece excesiva a los extranjeros; en la belleza de sus mujeres, interesantemente pálidas y con enormes ojos”.

Cuenta que ha estado dos veces en La Habana por breve tiempo, y en ambas estancias, más que la hermosura de la ciudad atrajeron su atención dos manifestaciones características de su vida pública que no tienen semejante en ningún otro país: “los periódicos de La Habana y los casinos de La Habana son algo excepcional”. Quiso visitar las redacciones de los diarios más importantes y pese a que dedicó un día entero, no pudo verlas todas. “Unas ocupan enormes casas coloniales que son casi palacios; otras, edificios propios de reciente construcción. Tienen talleres vastísimos y máquinas de múltiple funcionamiento, como los primeros diarios de Nueva York. No existe una diferencia considerable entre los periódicos más célebres de los Estados Unidos y los de la capital de Cuba. Además se publican numerosos magazines y revistas especiales”. Como la población de la Isla entonces no llegaba a tres millones de seres, eso lo lleva a se preguntarse “dónde están los lectores necesarios para esta prensa, digna por su número, su calidad y su fuerza, de un país de veinticinco o treinta millones de habitantes”.

Comprueba que los comercios son casi todos propiedad de españoles, quienes consideran obra patriótica la continuación y el desenvolvimiento de los mismos. Las luchas entre españoles y cubanos están olvidadas. Unos y otros sienten similar interés por la prosperidad del país, y resalta que los hijos de los españoles son cubanos. Eso hace que en las antiguas sociedades se van confundiendo todos, sin diferenciar el origen. Respecto a estas, expresa que a ellas pertenecen “los edificios más grandes y ostentosos de la ciudad. El Círculo de Dependientes de Comercio tiene 40 mil socios, residentes en La Habana. No creo que en Europa ni en los Estados Unidos exista un club tan numeroso”.

Hace notar, asimismo, que el Círculo Gallego es un palacio que guarda en su interior uno de los teatros más grandes de la ciudad. Y que el Casino Español “posee un salón de mármoles diversos traídos de España y de estucos policromos, que parece el salón del trono en un palacio real”. Y concluye que todas estas sociedades, que unen lo útil a lo ostentoso, mantienen en los alrededores de La Habana hospitales y sanatorios, “instalados con tanta largueza y tales innovaciones, que de muchas partes vienen a estudiarlos como modelos”.

Escribe que un detalle que se advierte a las pocas horas de estar en la capital cubana, es que allí abunda el dinero. Eso lo lleva a comentar que “otras ciudades revelan igualmente riqueza y no tienen el aspecto atrayente y simpático de esta. Es que Habana la Alegre además de tener dinero lo gasta con una tranquilidad y un descuido rayanos en el derroche. Sus teatros son numerosos y están siempre llenos. Sus café y sus bailes nunca carecen de público”. Recuerda que aquí fue donde el tenor italiano Enrico Caruso y otros cantantes, pagados de un modo inverosímil, obtuvieron sus más altas remuneraciones. Añade que “en la Ópera de La Habana ha llegado a costar una butaca cien pesos oro por noche. Tan irritante pareció a algunos este despilfarro, que protestaron de él bárbaramente, arrojando una bomba en plena función”. Esa bonanza económica se refleja también en los escaparates de las tiendas, donde se ven las telas más caras y ricas. Y el escritor comenta que “las mujeres visten con un lujo en apariencia sencillo, para no salirse de las reglas del buen gusto, pero en realidad costosísimo”.

Al referirse a la arquitectura, apunta que en los nuevos barrios son cada vez más numerosos los palacetes particulares. En ellos predomina la antigua arquitectura española, con el aditamento de las comodidades de la vida norteamericana. Y se fija en que la jardinería del trópico da una nota de originalidad a estas construcciones, “que recuerdan a la vez los patios de Sevilla y los palacios de madera de Long Island”.

No escapa a su mirada el hecho de que para los ciudadanos de Estados Unidos, descontentos silenciosamente de ciertas leyes de su país, La Habana ofrece un atractivo especial. Es una ciudad a las puertas de su patria, donde no impera el llamado “régimen seco”. Les basta tomar un buque en Cayo Hueso, al extremo de la Florida, “para vivir horas después en la capital de Cuba, donde hay un bar en cada calle. Aquí no sufren retardos en la satisfacción de sus deseos, ni tienen que absorber bebidas contrahechas ofrecidas en secreto. La embriaguez puede ser franca, libre y continua”. Pero como es tierra de dinero abundante, que es derramado con mano pródiga, “los hoteles resultan carísimos, así como los otros gastos de viaje, y solo los ricos pueden pasar el canal de la Florida para venir a emborracharse bajo la bandera cubana”.

Tiene palabras para el recibimiento tan cariñoso que ha tenido “en esta amada ciudad de habla española”. El Municipio lo declaró su huésped, y comisionó al escritor Rafael Conte, antiguo amigo suyo, para que sea su anfitrión y lo guarde durante el tiempo de su estancia. Se refiere a los “simpáticos periodistas de incansable y sonriente preguntar, jóvenes escritores que revelan su talento en las curiosidades literarias y las paradojas de su conversación”, que lo acompañan en sus visitas a las redacciones de los diarios y en los dos banquetes amistosos y sin ceremonia con que fue obsequiado. Y tiene también la oportunidad de contemplar “la belleza del crepúsculo tropical en una lujosa «villa» de las afueras, donde vive con su esposa el joven conde de Rivero, hijo del célebre fundador del Diario de la Marina”.

El Ayuntamiento ha reservado para él las mejores habitaciones del Hotel Sevilla, el más caro de la ciudad, y su amigo Conte se esfuerza por convencerlo de que debo quedarse en ellas y volver al buque en las primeras horas de la mañana siguiente. Sería mal interpretado que prescindiese de usar dichas habitaciones, después de haber sido declarado “huésped de honor”. A la una de la madrugada al estar ambos frente al hotel, siente la necesidad de un pronto descanso, pues siente un dolor incesante en una pierna. Está dispuesto a aceptar el consejo de su amigo, pero al entrar en el hotel para acostarse se tropieza con un compañero de viaje.

Es un joven norteamericano, de buenas maneras, que sale del dancing del hotel. Ha aprovechado que verdaderamente está en un país libre y se ha embriagado de un modo lastimoso. Lo abraza como si viese a un hermano, enternecido por el encuentro, y le dice que ellos dos son los únicos viajeros del Franconia que están en tierra. Todos los demás se fueron a medianoche. El buque zarpará al amanecer, y no a las diez de la mañana como se había anunciado.

Conte y él salieron corriendo para el puerto. Allí el primero consiguió que una lancha del gobierno nos lleve hasta el Franconia, que tenía apagadas la mayor parte de sus luces y parece dormido. “Si ocupo mi cama de honor en el hotel, termina mi viaje alrededor del mundo en la primera escala”, anota Blasco Ibáñez. Y luego escribe: “Cuando al día siguiente despierto, en mi camarote, el buque está navegando hace ya varias horas. Las costas de Cuba se han esfumado en el horizonte. Nos rodea el hermoso mar de las Antillas, en el cual logra descender la luz a grandes profundidades, dando una claridad dorada a las aguas azules”.

Cuenta Blasco Ibáñez que pocas horas después de que el barco zarpara de La Habana, quedó postrado en su lecho por una parálisis de la pierna izquierda. El médico de a bordo declaró que era una ciática, provocada tal vez por la atmósfera húmeda del mar. Luego ambos pensaron bien pudo deberse a una imprudencia en el aireamiento de la habitación. El escritor explica que el Franconia no tenía ventiladores al uso antiguo, con hélices de molesto y tenaz abejorreo. “Cada camarote posee dos pequeñas esferas de bronce, metidas en alveolos del mismo metal. Estos ojos dorados, cuando tienen el agujero de su negra pupila hacia adentro e invisible, permanecen inactivos. Pero basta volverlos, para que de ambos orificios surja una manga silenciosa y fría que cambia el ambiente del camarote con sus pequeños huracanes. Durante el anclaje en los puertos, los mosquitos de agua muerta que se introducen por los ventanos se ven obligados a retroceder, volviéndose con rabiosos zumbidos por donde vinieron. Los dos chorros mudos los voltean con su ímpetu, lo mismo que un aeroplano pillado por una tormenta, y les hacen huir finalmente al otro lado de la pared del buque”.

El novelista había pasado una noche entera con ambos ventiladores enfilados hacia su cama. La proximidad del calor de Cuba le hizo emplear este refrescamiento imprudente. Mientras dormía, las dos mangas de helado viento, que hacen funciones de mosquitero, cayeron horas y horas sobre su cuerpo, en el que ahora sentía el llamado nudo ciático. El médico le advirtió: “Tiene usted para algunos días. Habrá que emplear los rayos violeta… No intente moverse”. Lo cual lleva al novelista a concluir: “¡Bien empieza el viaje alrededor del mundo!”.

Hasta aquí lo que el escritor narra en su libro. A eso podemos añadir que el viaje incluía escalas en Panamá, San Francisco, Hawái, Japón, Corea, China, Hong-Kong, Filipinas, Isla de Java, Malasia, Birmania, India, Ceilán, Sudán, Egipto, Italia, Mónaco, Gibraltar y Nueva York. En varios países, Blasco Ibáñez fue recibido con honores de Jede de Estado. A la vuelta, se quedó en Mónaco, desde donde se trasladó a su residencia de Fontana Rosa, en Menton. En el muelle descargaron veintitrés cajas grandes y bultos de equipaje, que contenían los numerosos objetos y recuerdos que recibió en los lugares visitados. Fue, en fin, uno de los inconvenientes que trae aparejada la celebridad.

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 30 de abril de 2021.
Foto: Vista del Malecón de La Habana en la década de 1920. Tomada de Cubaencuentro.

lunes, 15 de noviembre de 2021

Las fotos de la boda del "Cangrejo"



El 10 de agosto de 2021, casi un mes después de los sucesos de 11-J, la revista digital ADNCuba publicó “Randy Malcom acusa al régimen de filtrar fotos suyas con familia Castro: ese juego es viejo”. Entre las fotos filtradas, una mostraba a un grupo de cubanos de la raza negra que incluía a Randy Malcom. Sin embargo, mis ojos se posaron sobre la novia del 'Cangrejo' por ser mulata tipo Cecilia Valdés ('Cangrejo' le dicen a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, hijo de Déborah Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez-Calleja y nieto de Raúl Castro). Es que siempre tuve a los Castro como racistas que han utilizado a los negros como peones políticos.

Entonces pensé: el gobierno cubano filtró las fotos para limpiar su imagen manchada por los acontecimientos del 11-J, cuando miles de cubanos de la raza negra protestaron en las calles, y el castrismo no tolera protestas de ningún tipo, sobre todo si son negros quienes las hacen. No hay casualidades cuando se trata de un régimen que todo lo que hace es a propósito. Es por ello que le leo entre líneas y especulo.

Si bien la primera reacción del gobierno cubano frente al 11-J fue culpar al Covid19 y al bloqueo estadounidense, y llamar a una guerra civil (“la orden de combate está dada”, dijo el presidente Miguel Díaz-Canel en la televisión), la segunda reacción fue golpear y encarcelar a los manifestantes, y la tercera fue anunciar un paquete de medidas para allanar la sublevación. En menos de un mes, levantaron la prohibición a la importación de medicinas, alimentos y otros productos enviados por el exilio cubano; repartió gratis jabitas de comida y artículos de aseo procedentes de donaciones; aceptó ayuda humanitaria internacional; eliminó los topes de precios a los productos agrícolas; autorizó la empresa privada con hasta cien empleados cada una e invitó a la diáspora cubana a invertir en Cuba.

Hugo Cancio, cubanoamericano de la raza negra y director de On Cuba News, fue el primero en registrar sus empresas en la isla. ¿Casualidad eso? Y el 10 de agosto filtraron las fotos de la boda del 'Cangrejo'. ¿Otra casualidad? Randy Malcom lleva más de un año exiliado en Estados Unidos, así que la boda del Cangrejo ocurrió hace tiempo (Nota aclaratoria: En una de las fotos divulgadas, al lado de Raúl Castro, el abuelo del 'Cangrejo', sale Juan Almeida Bosque, que falleció el 11 de septiembre de 2009. En la foto, el padre de Juan Juan Almeida se ve aún saludable, así que esa boda debe haberse celebrado en 2006 o 2007).

¿Por qué demoraron tanto en publicar las fotos? ¿Por qué hacerlo apenas un mes después de los sucesos del 11/J? Intentaron chantajear a Randy, y no será ni el primero ni el último, porque el chantaje, como la sabiduría, es poder y los gobernantes cubanos lo saben bien. Por eso guarda con celo todo lo que sabe de sus amigos y enemigos sin importarle la raza, sexo y edad, y lo hace sin compasión.

En el caso de Randy, fue mostrado a propósito para decir, ‘hasta ayer participabas en nuestras fiestas y nos cantabas’. Sin embargo, Randy no es el centro de esa foto sino uno más de los pocos negros que asistió a la boda del 'Cangrejo' (excepto Juan Almeida Bosque, el resto de los cubanos de piel oscura eran los músicos de la Charanga Habanera, orquesta que dirige David Calzado, también presente en el enlace, al igual que la cantante Haila María Mompié). Así que la intención fue decir: “No somos racistas y prueba de ello es que invitamos a estos negros a nuestra fiesta”.

Pero esa fue tan solo una boda. ¿Y las demás? ¿Hubo otras bodas con negros como invitados? ¿Y los cumpleaños? ¿Invitaban a los negros a los cumpleaños? No todos los días los Castro-Espín ni los Castro-Soto del Valle celebran bodas, pero cumpleaños, todos los años conmemoran varios porque los familiares de Raúl y Fidel Castro son un montón. Por lo que cabe preguntar: ¿por qué no han publicado fotos con cubanos negros participando en otras de sus celebraciones? En cuanto a la esposa del 'Cangrejo', probablemente la utilizaron como mulata blanconaza, para gritar a cuatro vientos que ellos no son racistas. Pero si esa mujer sale mañana a protestar en las calles de La Habana o si se exilia en Miami, entonces la pasarán por photoshop y la desaparecerán de las fotos de su propia boda.

Las fotos filtradas no prueban nada porque el photoshop permite quitar y poner imágenes al antojo. Mucho antes de que esa técnica fotográfica existiera, Stalin borró de las fotos oficiales a Trotsky y a cuanto revolucionario soviético desgració. Fidel Castro y su gobierno hicieron lo mismo con Eloy Gutiérrez Menoyo, Carlos Franqui, Huber Matos y Marcos Rodríguez, entre otros. ¿Por qué creer entonces en las fotos de la boda del Cangrejo?

Es imprescindible recordar y preservar la memoria histórica. Y es que, en Cuba, que yo recuerde, nunca se filtraron fotos de ninguno de los Castro. ¡Todo lo contrario! La vida privada de esa familia siempre fue ocultada al pueblo. En la Isla nunca se dijo nada de las hermanas Castro exiliadas en México y Miami. Ramón Castro a veces salía por televisión hablando de vacas, pero nunca de su vida privada, si se casó, divorció, los hijos que tuvo o no tuvo. De Raúl se sabía que se casó con Vilma Espín, pero hasta ahí. Y de Fidel, sus amoríos, mujeres e hijos siempre fueron estrictamente ocultados, con la excepción de Fidelito, de quien se decía que estudió en la URSS.

En ocasiones, Castro I concedía entrevistas donde relataba algunas anécdotas de sus parientes. A mediados de los 80, el brasileño Frei Beto publicó el libro Fidel y la Religión, donde Fidel contó de su niñez y su familia. Y en los 90, el español Ignacio Ramonet publicó una biografía sobre la persona de Fidel, otra gran revelación para los cubanos como yo, nacidos después de la revolución y sin acceso a información relacionada con la historia de la familia Castro.

No fue hasta después de la enfermedad de Fidel en 2006 que sus hijos comenzaron a mostrarse públicamente -imagino que fueron autorizados- como lo que eran: los hijos de Fidel. Y algunos años después mostraron a una tal Dalia Soto del Valle, quien resultó ser esposa de Fidel y madre de la mayoría de sus hijos. Cuando Fidel falleció, el 25 de noviembre de 2016, Dalia desapareció como el éter. En general, el régimen castrista siempre consideró que divulgar la vida privada de sus líderes era “un rezago de un pasado capitalista-burgués” y de su “prensa amarilla”. Fidel quería dar la impresión de que él estaba casado con la revolución -como Jesús con Dios- y que sus hijos eran revolucionarios de Cuba y del mundo. Por eso, ¿a qué viene eso de filtrar las fotos de la boda del 'Cangrejo'? ¿Alguna razón en particular?

Fidel y su gobierno siempre promovieron a Cuba como un paraíso terrenal para los negros y mestizos cubanos. Fidel y su gobierno siempre dijeron que los cubanos de la raza negra eran los más beneficiados por una revolución que asumía que, para los negros, era más que suficiente con educación y medicina gratis, deporte, mucha música y alcohol, misiones internacionalistas y posiciones mediocres en la policía, las fuerzas armadas y como delegados del Poder Popular. ¿Para qué más? Pero al cabo de los años cientos de miles de cubanos negros y mulatos han dado vuelta a la tuerca y roto con Fidel Castro, su gobierno y su revolución.

Miles de ellos han cambiado el “paraíso revolucionario” por el “norte revuelto y brutal”. Cubanos negros y mulatos se han exiliado en Estados Unidos, Canadá, América Latina, Europa, Asia y hasta en Australia y Nueva Zelanda. El gobierno no soporta que los cubanos de la raza negra hagan disidencia y mucho menos que abandonen el país. Pretende ese gobierno no entender que los negros serán negros, pero no estúpidos, que pueden ver, oír, comparar y concluir que Estados Unidos, por ejemplo, es mucho mejor que Cuba como nación para vivir y prosperar, a pesar de todos sus defectos y desaciertos.

Los Castro se ensañaron con Celia Cruz, Olga Guillot, Rolando Laserie, Israel “Cachao” López, Bebo Valdés, Orlando El Duque Hernández y muchos otros cubanos negros no tan famosos, solo porque ellos prefirieron el exilio a la revolución. Por la misma razón se ensañan hoy con Randy Malcolm, Descemer Bueno, Gente de Zona, Yotuel Romero y Daymé Arocena, entre otros. Orlando Zapata Tamayo y Pablo Moya, cubanos de la raza negra, murieron de huelgas de hambre que el régimen ignoró y aborreció, no porque Tamayo y Moya fueran disidentes sino porque eran negros. El gobierno instaurado en Cuba a partir del 1 de enero de 1959 es racista hasta el tuétano.

Fue alentador ver a Luis Manuel Otero Alcántara, fundador del Movimiento San Isidro (MSI), haciendo huelga de hambre rodeado de cubanos blancos. Y ver al joven escritor y periodista Carlos Manuel Álvarez, de la raza blanca, viajar a Cuba y burlar el asedio de la Seguridad del Estado para visitar a Luis Manuel y a los huelguistas de hambre del MSI. Y aún más alentador, ver a miles de cubanos blancos, negros y mulatos coreando la canción Patria y Vida el domingo 11 de julio de 2021 por las calles cubanas, madrileñas, miamenses y de otras ciudades del mundo. Nada de eso significa que no haya racismo entre los cubanos de a pie, pero sí quiere decir que cientos de miles de cubanos de a pie, de todas las razas, concuerdan en una cosa: el gobierno cubano es incompetente y la revolución un fiasco.

Fue Fidel Castro, cubano blanco, quien pregonó incansablemente el lema Patria o Muerte. Fueron cubanos negros quienes compusieron la canción Patria y Vida, opción superior por ser más lógica y humana. Eso el castrismo no lo perdona. Informó Miguel Díaz-Canel que solo un manifestante murió el 11-J, y que sucedió en La Güinera. Está bien. Voy a creerle. Pero ese muerto, Diubis Laurencio Tejeda, era negro. ¿Casualidad? Y habiendo tantos santeros de la raza blanca en Cuba, Díaz-Canel escogió a una santera negra para hacerse fotos -sabe Dios si brujería también- y pasearse con ella del brazo cuando se tiró fotos La Güinera. ¿Casualidad también?

Concluyendo, no me cabe duda de que trataron de chantajear a Randy Malcom con la filtración de esas fotos, pero la intención iba mucho más allá: intentaban mostrar lo “bien” que los Castro se llevan con la gente negra. De todos modos, el exilio de Miami decidió ignorar las fotos y aceptar a Randy. Porque en Cuba son cada vez más los negros que se oponen abiertamente a ese sistema y que se marchan de su patria. Y son todavía más los que quieren marcharse, pero no pueden. Todo eso es de esperar ya que a los negros les ha ido terriblemente mal con el castrismo y su fallida revolución.

Manuel Rivero de León
Cubaencuentro, 24 de septiembre de 2021.

Foto: Randy Malcolm es el mulato en el extremo derecho. En el extremo izquierdo, con corbata amarilla, es Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias el 'Cangrejo'. El de la corbata roja y un tabaco en la mano es Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, padre del 'Cangrejo' y ex yerno de Raúl Castro. El del saco y corbata anaranjados es David Calzado, director de la Charanga Habanera. Los otros dos son músicos de la orquesta. Tomada de Cubaencuentro.