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viernes 20 de noviembre de 2009

¿Quién soy yo?

Canek Sanchez Guevara (nieto del Che) por Valeria Gentile.

Por Canek Sánchez Guevara

Nací en La Habana en 1974, en una casona en Miramar, sobre la Quinta Avenida: en resumen, en plena Aristocracia esquina con Burguesía. La vida en casa, empero, era cualquier cosa menos aburguesada. Además de mis padres (Hilda Guevara Gadea y Alberto Sánchez Hernández) habitaba el lugar un grupo de guerrilleros mexicanos llegados a la isla un par de años atrás. Ellos no eran técnicos extranjeros ni nada por el estilo, eran unos malditos revoltosos que estaban en Cuba -digamos- sin haber sido invitados por el gobierno (en otras palabras: secuestraron un avión en México y aterrizaron en La Habana; para hacer corta la historia).

Creo que vivíamos unas doce o quince personas en aquella casa, no sé bien -por supuesto, mis recuerdos de aquella época no son míos, sino recuerdos de los recuerdos de otros, recuerdos de conversaciones, pues. En algún momento los revoltosos mexicanos (comunistas, anarquistas, socialistas libertarios, qué se yo) decidieron que esa realidad socialista distaba mucho del ideal de libertad que ellos tenían, así que mandaron a la mierda la realidad y se largaron de Cuba en pos de la Idea (creo recordar que alguno de ellos, incluso, fue invitado a salir del país…). Y allá nos fuimos todos -me llevaron, quiero decir- hasta la lejana Italia.

Durante los años 70, Italia era un hervidero de refugiados latinoamericanos de todas las tendencias de la izquierda. No "refugiados" en el sentido pasivo del término, sino militantes de sus respectivas causas en el exilio. Había argentinos, colombianos, nicaragüenses, salvadoreños, peruanos y sí, mexicanos también. Qué hacían mis padres en Italia es algo que no concierne al texto en cuestión, baste saber que cuando me preguntan algo relacionado con canciones infantiles, siempre respondo: Bandiera Rossa... Sí, creo que Bandera Roja y La Internacional fueron las primeras canciones que aprendí de niño. Recuerdo (no sé por qué) que en esos años llevaba siempre colgada del cuello una tira de cuero negro con un puño verde olivo. Tengo vagos recuerdos también (como flashazos) del minúsculo departamento que habitábamos en Milán. En serio, minimalista...

Cuando tenía cinco años mi madre y yo volamos a La Habana. Durante varios meses (y ya sabes como es el tiempo en las Eras Infantiles: un verano puede ser infinito y un año entero apenas un segundo) vivimos en un apartamento en un edificio recién estrenado, justo tras el Hotel Riviera. En realidad eran dos edificios, de esos que llaman de Microbrigada, de unos siete pisos, pequeñas ventanas y balcones aún más chicos. Y yo la pasaba de lo más bien: había tantos niños con los que jugar, tanto sol y tanta vida...

Bien, ese año en La Habana asistí al preescolar y francamente, no tengo muchos recuerdos de la escuela... En realidad sí: recuerdo los días de vacunación (no tienes idea de lo cobardón que era -soy- para las inyecciones). Recuerdo también a un par de gemelos (jimaguas) que eran un verdadero desastre juntos, y ahora me vienen a la memoria las interminables repeticiones de ejercicios caligráficos. En fin, cosas de preescolar.

Terminado ese curso, mi madre y yo viajamos a Barcelona para reunirnos con mi padre. Habían pasado pocos años desde la muerte de Francisco Franco (estoy hablando del setenta y nueve u ochenta) y las izquierdas estaban, como quien dice, desatadas. Mis padres siempre colaboraron con sindicatos y publicaciones diversas, tanto periódicos como revistas de izquierda. Colaboraron profundamente, quiero decir.

El caso es que crecí entre salas de redacción y manifestaciones de tres días; el cuarto oscuro de revelado y un concierto de rock; entre mesas de diseño e interminables discusiones sobre el sujeto y el objeto de la revolución. Estudié el primer año de la primaria en una escuela bilingüe (castellano-catalán) de acuerdo con el discurso libertario de la época en España: el rescate de las Autonomías y sus valores culturales, comenzando por la lengua, claro. Recuerdo a mis amigos argentinos, hijos de unos refugiados amigos de mis padres, y recuerdo también las abiertas discusiones que los adultos sostenían por encima de la mesa -y los vinos- sobre la revolución permanente, mundial, en un sólo país, no sé; y siempre citando nombres en ruso, alemán, italiano o francés (vamos, no recuerdo qué discutían, sino el hecho de discutir -algo que, por supuesto, pasó a formar parte intrínseca de mi ser). Yo no entendía nada, y para ser franco, tampoco me interesaba: si Batman lucha por el bien, de qué se preocupan estos tontos, pensaba yo...
Mi padre pudo volver a México cuando el presidente López Portillo dictó una amnistía general para todos los involucrados en los movimientos armados de los 70. Mi madre tenía siete meses de embarazo y yo siete años de edad. (Aquí debo aclarar que apenas dos años atrás, cuando salimos de Italia, pude decir abiertamente los verdaderos nombres de mis padres, siempre sujetos al rigor del clandestinaje. Mi familia entonces eran los compañeros de ruta de mis padres, y sus nombres -los de todos ellos- otros muy distintos a los verdaderos...). Mi hermano Camilo nació en Monterrey, la ciudad de la que es mi padre y en medio de la numerosa familia paterna, tan ajena y acogedora a la vez: lo desconocido para mí.

Poco antes del primer cumpleaños de mi hermano nos mudamos a la ciudad de México -una mole impresionante que contiene un mundo alucinante- y mis padres, por ironía o yo-que-sé, me inscribieron en una escuela de nombre José Martí. Mi hermano era asmático y yo estudié un año y medio en esa escuela. (Ya sé que una cosa no tiene relación con la otra, sólo intento resumir dos hechos en una sola frase). Camilo pasó su segundo cumpleaños en una cámara de oxígeno en el hospital cercano a casa, y la casa -toda- medía unos siete metros de largo por cuatro de ancho: la sala era también la habitación de mis padres, con la cocina a un lado, apenas separada por una barra o una mesa, no recuerdo. El micro-mini-nano baño y una estrecha habitación que compartíamos Camilo y yo completaban nuestro hogar.

Tuve tres buenos amigos cuando viví en ese sitio; uno de ellos murió, no regresó de las vacaciones y cuando le pregunté a su mamá por él, ella se echó a llorar. Después mi madre me explicó. Fue mi primer contacto con la muerte. He perdido a muchos amigos. (El enfrentamiento con la Muerte, afirma Savater marca el inicio del pensamiento en el humano. Cuando por primera vez se piensa en la muerte, se Piensa, en realidad, por vez primera porque la muerte despierta la conciencia de la vida, despierta el miedo y despierta las preguntas también…).
Terminé la primaria en la ciudad de México, en una pequeña escuela de la que tengo buenos recuerdos y en la que hice buenos amigos. Por entonces vivíamos en el sur de la ciudad, en una unidad habitacional con cuarenta y siete edificios, lo recuerdo bien. Estaba cerca de la Universidad Nacional, así que vivían algunos profesores e investigadores de dicha institución... con sus familias, claro. Durante las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, México acogió a muchos perseguidos políticos de diversas nacionalidades, sobre todo argentinos y chilenos. Algunos de ellos encontraron trabajo en la UNAM, y unos cuantos vivían en los edificios cercanos al mío. De hecho, mi mejor amigo en esa época era un chileno a quien recuerdo con mucho cariño... nos hemos visto un par de veces después, seguimos siendo amigos. Entre nosotros teníamos un pacto, un secreto que nadie más debía compartir: éramos comunistas... (es decir, sabíamos que había algo diferente en nuestro pasado, en nuestra historia, y teníamos la vaga idea de que un vago sentimiento de justicia justificaba esa diferencia... En fin, todo un trabalenguas infantil).

Mi madre, mi hermano y yo nos fuimos a vivir a La Habana en el verano de 1986, e inmediatamente después, entré a la secundaria Carlos J. Finlay, en Línea y G, en pleno Vedado. Honestamente, fue un choque tremendo. No tanto por las diferencias tangibles, materiales, como por las otras, las incorpóreas, las no-cósicas: de ser la revolución una utopía o una conversación, se convirtió para mí en una realidad absoluta. Entendámonos, yo no entendía un carajo de la revolución, tan sólo intuía que era el núcleo de nuestra vida (de la vida que yo había vivido con mi familia) y que se trataba de algo de lo que sólo se hablaba en voz alta cuando se estaba en confianza. De hecho, mi relación familiar con Ernesto Guevara nació en Cuba, donde irremediablemente fui bautizado como El Nieto del Che, y eso ya a los doce años.

Me costó mucho aprender a lidiar con esa suficiencia revolucionaria tan llena de carencias, con ese discurso que se contradecía al abandonar el aula y con la maldita obsesión de algunos de mis profesores con que yo tenía que ser el mejor. Por otra parte, recuerdo con especial cariño a mi maestro de Español, a quien le agradeceré siempre la severidad con que revisaba mis trabajos; a cierta profesora de Matemáticas con quien de inmediato hice amistad, y a otro más de la misma asignatura, que era serio y jocoso a la vez; recuerdo a una profesora de Química de quien no aprendí mucho, pero me caía muy bien y a una de Fundamento de los Conocimientos Políticos que, involuntariamente, me hacía pensar.

Ser El Nieto del Che fue sumamente difícil; yo estaba acostumbrado a ser yo, a secas y de pronto comenzó a aparecer gente que me decía cómo comportarme, qué debía hacer y qué no, qué cosas decir y qué otras callar. Imaginen, para un preanarquista como yo, eso era demasiado. Por supuesto, me empeñé en hacer lo contrario. Mis padres me educaron (como a mis hermanos) con absoluta libertad. De hecho, a veces pienso que me educaron para ser desobediente... aunque quizás sólo esté buscando excusas, no lo sé. Lo cierto es que pronto comencé a sentirme a disgusto con tal situación.

Vivíamos en un apartamento amplio y confortable (quizá el único inconveniente es que estaba en un piso doce y el ascensor pocas veces funcionaba), pero bastante alejados de la nomenklatura. De los pocos contactos que tuve con la "alta sociedad" cubana no tengo recuerdos memorables (y no incluyo aquí a los buenos amigos que encontré en esos estratos: pocos pero sinceros), a no ser por el gusto amargo que me quedaba al comparar sus palabras y su forma de vida con las palabras y la vida del llamado Pueblo. Pero yo apenas me hacía adolescente, las valoraciones las hago ahora, en aquel momento no las comprendía del todo.
No quiero que pase por sus cabezas la idea de que yo era un niño superdotado o algo por el estilo, sencillamente fui educado en el análisis, y el análisis decía que algo andaba mal. Digamos que sabía sin comprender; o que comprendía sin saber a ciencia cierta qué demonios ocurría a mi alrededor. Porque yo no vivía encerrado en una burbujita de cristal, de ninguna manera. Mis amigos vivían en el Vedado mismo, o en Centro Habana, o en Marianao, o en Miramar, o en Alta Habana, o en Alamar o en La Lisa.

Mi vida no quedó circunscrita al discurso oficial, si bien formaba, consciente o inconscientemente, parte de ese discurso... Asistía a conciertos de rock (semi-clandestinos mas tolerados... a veces), vagaba por la ciudad como uno más de sus habitantes; era joven y por ello sospechoso. ¿Sospechoso de qué? Pues eso, de ser joven, supongo. A veces me detenían en la calle y revisaban mis papeles y mis pertenencias, y una vez me revisaron el culo. En serio, recuerdo que estaba en la cola de Coppelia y se me acercó un tipo vendiendo pastillas (psicotrópicas, claro). Le dije que no quería y en cuanto dio dos pasos me cayeron encima. Me llevaron a los baños de la heladería, hicieron que me desnudara y me obligaron a hacer cuclillas mientras uno de ellos, con su uniforme de civil (la sempiterna guayabera blanca) se asomaba a ver si alguna pastillita asomaba por el ano... Qué obsesiones las de los policías...

En fin, era yo un greñudo más, un "desafecto", "antisocial" y algo muy cercano -según los cánones policíacos- a un lúmpen. Claro que no lo era, pero eso no importaba, y además en cuanto salía a relucir mi árbol genealógico, simple y llanamente me soltaban, no sin antes recordarme que esas no eran las actitudes que se esperaban de alguien como yo: El Nieto del Che no podía frecuentar tales compañías; en otras palabras, que no me juntara con "el pueblo", que no me contaminara con ellos. Comencé a comprender que Pueblo es una hermosa abstracción que tiene múltiples usos, sobre todo retóricos... Tendría yo unos quince o dieciséis años y por entonces ya había abandonado el Pre.
Sí, como tantos otros estudiantes de mi generación fui un desertor escolar. Navegaba con bandera de NadaMeImporta entre otras cosas para restarme importancia o, mejor aún, para restarle importancia a la imagen que de mí se esperaba (si es que a estas alturas se esperaba algo de mí). Por esos años adquirí la costumbre de discutir, aún en términos superficiales, sobre lo real y lo simbólico, sobre el fondo y la forma, sobre la esencia y la apariencia. Comencé a enamorarme de las palabras y de las ideas. Me apasioné con Kafka y -lo admito con rubor- el primer pensador que en verdad me "llegó" fue Schopenhauer, tan antitropical él. Me interesaban por igual el rock y el mito de Trotsky, los dadaístas y el sonido electrónico; y al mismo tiempo, todo me daba igual. Era un chico un tanto silencioso: no triste ni nada de eso, por el contrario, siempre he sido feliz; quiero decir que era bastante introspectivo: Existencialista, decían mis amigos mayores, y aunque a mí no me quedaba muy claro qué significaba aquello, la palabrita me gustaba.

Comencé a interesarme en las formas culturales, a leer sobre pintura y música, a hundirme en novelas y películas, ensayos filosóficos y teorías artísticas; no sé, simplemente a buscar. Mi lucha, empiezo a darme cuenta, siempre ha sido cultural: digamos que el hombre es hombre a pesar de sí mismo, pero se hace plenamente humano por encima de su ser. Ser lo que somos es natural; lo cultural entonces, es preguntarnos qué somos, a dónde vamos, y también de dónde venimos. Y cuando afirmo que soy un hombre "culto" no refiero con esto al sentido aristocrático que se oculta tras el término; entiendo por hombre culto a aquel que sabe que además de su propia cultura hay otras más, ni mejores ni peores, tan sólo diferentes. Y en Cuba la dictadura es también cultural. O, ante todo, quizás... (Recuerdo ahora un acontecimiento que al igual que a tantos cubanos, me marcó como hierro candente. Me refiero al telenovelesco juicio al General Arnaldo Ochoa, a los hermanos De la Guardia y demás implicados en el tráfico de drogas, marfil, diamantes y divisas.

Si utilizo el término "telenovelesco" es sólo para acentuar el modo en que yo lo viví: a través del televisor, noche tras noche, a las ocho en punto, esperando un desenlace que de antemano conocíamos, con el morbo exacerbado y ese desagradable tonito inquisitorio que permeó todo el (pre)juicio… Entendámonos, no insinúo que esos hombres fueran inocentes, sino que a todas luces sus superiores conocían tales manejos. A nadie podía caberle en la cabeza (a menos que el cerebro dejase mucho espacio libre dentro de la cavidad craneana) que el mismísimo Comandante no estuviera al tanto de todo el asunto.

Evidentemente se trató de una operación de Estado, como muchas más que hemos presenciado; una operación destinada a procurar de preciosos dólares al gobierno cubano… Nadie en su sano juicio podía aceptar tal locura, tamaña farsa, tremenda broma de pésimo gusto. Sin embargo, mucha gente perdió el juicio en esos meses… Se hacían los locos, para decirlo en buen cubano; admitieron a pies juntillas la mentira judicial pero, ¿qué otra cosa podían hacer? Yo tampoco decía en voz alta lo que pensaba, lo comentábamos entre los amigos, nada más.
Lo discutíamos como uno de los tantos temas que por entonces nos interesaban: las tetas de Fulanita o la fiesta de mañana, la proyección de Metrópolis o el concierto de Carlos Varela, no sé… Se discutía mucho, pero nada se decía: ¿Cómo expresar la ausencia de expresión; ésa que silencia al individuo y lo vuelve zombi parlante?)

Después viví en El Cerro, en un minúsculo apartamento a unas cuadras de la Biblioteca Nacional, donde por cierto trabajé: restauraba libros. Olvidé decir que entre los quince y los diecisiete años fui aprendiz de fotógrafo, primero en Juventud Rebelde y luego en Granma (además de adentrarme en lo que, con algo de autoelogio, se da en llamar fotografía artística). Edité junto con algunos amigos una pequeña revistita fotocopiada dedicada al rock (unos pocos ejemplares, nada más), y comencé a escribir. Debo decir que todo esto lo hacía con la mayor ingenuidad del mundo, no como parte de un plan maestro sino con la espontaneidad del antojo. Me interesé por las vanguardias artísticas, culturales, estéticas, y también, claro, por las ideológicas y políticas. Me hundí en los ismos, he de admitirlo. Empecé a dedicarme al diseño gráfico, al tiempo que hacía fotografía, componía música y escribía pésimos poemas "abstractos". Me hice buen lector y poco a poco, editor.

En 1996 salí de Cuba, un año después de la muerte de mi madre y a diez de mi llegada a La Habana -mi hermano salió de Cuba justo después de la muerte de Hilda. Salí con el corazón hecho mierda y las ideas más revueltas que cuando llegué: había vivido desde los doce hasta los veintidós años ahí. Me hice en Cuba: la amé y la odié como sólo se puede amar y odiar algo valioso, algo que es parte fundamental de uno...

Ahora vivo en la ciudad de Oaxaca, en México, alejado voluntariamente de la comunidad cubana en este país, y del exilio en general -debo admitirlo, me harta la sola idea de dedicarme a hablar de Cuba: me interesan tantas cosas! Soy diseñador, editor, a veces promotor cultural o crítico de la cultura, según el caso. Colaboro con algunas publicaciones culturales o políticas; sigo componiendo música y me involucro en discusiones artísticas. Estoy editando una revista cuyo número 0 está pronto a aparecer (se llama El Ocio Internacional y aparecerá en papel y en internet a la vez -ya les avisaré): una revista dedicada al análisis y la discusión cultural; y además, escribo una novela, La inmortalidad del cangrejo, de la cual llevo unas 280 cuartillas. (En 1996 publiqué un librito titulado Diario de Yo -que para colmo ni siquiera es un diario-, texto que pronto pondré en red por si a algún despistado le interesa… La publicación corrió a cargo de una pequeñísima editorial hoy desaparecida y hasta donde yo sé, no se vendió un sólo ejemplar, lo que aumenta mi orgullo anticapitalista... jejeje!)

En cuanto a mí... ¿qué puedo decir? Sólo soy un egoísta que aspira a ser un hombre libre. Un egoísta que sabe que el Egoísmo nos pertenece a todos y que éste ha de ser solidario si se quiere pleno: en otras palabras, que mi libertad sólo es válida si la tuya también lo es, si mi libertad no aplasta tu libertad ni la tuya a la mía... Como decían los "Pistols: And I am an anarchist..."

(Publicado en la web de la Unión Liberal Cubana el 14 de julio de 2006).

Foto: Valeria Gentile, Flickr.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Delfines abstractos


Por Raúl Rivero

La canalla del barrio y las esquinas, los tertulianos ríspidos de las tiendas vacías de los bateyes y los rebeldes de opereta de la intelectualidad, dicen ahora que la cantera de cuadros del partido comunista produce más artistas y pensadores que los burócratas del Ministerio Cultura y la Unión de Escritores.

Esa broma es el patrón para identificar a Radio Bemba. Gracias al sistema del runrún popular -anterior al telégrafo y a las palomas mensajeras- recorren los nombres de Roberto Robaina, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque las ciudades y los caseríos de un país donde internet es un lujo para gobernantes y extranjeros.

Se describe a Lage y a Pérez Roque todavía en sus mansiones, rodeados de los recuerdos de los viajes y los encuentros con dirigentes de alto nivel de naciones lejanas. Allí, en la soledad del plan pijama, con los teléfonos muertos y las agendas coaguladas, en la meditación sobre el pasado, el presente y el porvenir.

Azorados, con un sobresalto que apenas les permite ramonear en un libro porque pensar y darle vuelta a los asuntos de los últimos meses es parte del castigo. Más allá del regreso a la sombra de donde los sacó un día la misma mano que hoy los devuelve a la oscuridad y los pasa al olvido.

El caso de Roberto Robaina es diferente. El ex canciller se dedica al arte. Se sabe de sus triunfos en Buenos Aires, en la galería Jakim, donde exhibe esta semana para el público argentino una colección de sus cuadros abstractos en los que pueden verse bestias y girasoles.

Los cubanos de cartilla de racionamiento y bicicleta china lo recuerdan por sus chaquetas de salsero, sus discursos veloces (llenos de esdrújulas) y por hablar de Cuba como si fuera una propiedad privada, un islote desierto, regalo de un pariente caprichoso y querido.

Lo sacaron del cargo en 1999, acusado de presentarse ante funcionarios extranjeros como un entusiasta promotor de cambios. Tres años después se consideraba un revolucionario que podía recuperar la confianza, pero más tarde comenzó a vender sus cuadros en Miami y en Madrid. Y abandonó esa esperanza.

La gente de allá adentro pone vasos de agua bajo la cama, va a misa, le rocía aguardiente y le da dulces a los santos para que los artistas ocultos que tienen altos cargos renuncien y se vayan todos a pintar, a escribir o a meditar a sus casas.

Siempre será mejor para el país un artista mediocre que un talibán.

(Publicado en El Mundo el 6.4.09)

lunes 16 de noviembre de 2009

Urinoterapia

orinando por jokagui18.

Por Ramón Díaz-Marzo

Sea porque el período especial se está convirtiendo en "magna lección de historia," sea porque los cubanos somos un pueblo abierto al proceso, no se sale de un asombro para entrar en otro, ante la flexibilidad con que nos adaptamos a situaciones extremas. Y es que recientemente en la ciudad de La Habana se ha desatado, espontáneamente un sistema terapeútico, que de continuar popularizándose provocará el cierre de todas las farmacias con sus usuales medicamentos.

El remedio no es nuevo, quizás tenga su origen en las tinieblas de los tiempos, pero oficialmente es al doctor Hahreman, de origen alemán, a quien se le conoce la creación y propagación de la homeopatía. La homeopatía se basa en el siguiente postulado: "lo semejante se cura con lo semejante." Significa que la enfermedad que padezca un cuerpo tiene su contrario en el cuerpo mismo que la sufre.

No por casualidad, un equipo de científicos norteamericanos en estos momentos realizan experimentos con "vacunas personales" contra el cáncer. Han declarado que el cáncer de un paciente puede combatirse con una vacuna fabricada con elementos naturales del propio organismo enfermo.

El hecho colectivo que voy a reseñar viene ocurriendo desde el pasado año. Se trata de la urinoterapia. Una modalidad de la homeopatía, según ciertas revistas y libros. Se dice que una taza de orina bebida en ayunas durante un determinado tiempo es una panacea que cura y previene multitud de males. Y era lógico que no se le prestara atención a la susodicha urinoterapia, como tampoco a la escaloterapia, si es que también existe como modalidad de la homeopatía. Quizás, a lo sumo, las analogías eran con el quimérico principio en la física del "móvil perpetuo": utopía que pretendió construir en siglos pasados, fantásticos artefactos mecánicos capaces de producir un movimiento perpetuo, sin necesidad de energías exteriores.

Mas por el momento, y aunque a los cubanos les sea realmente imposible convertirse en dioses, ya son varias las personas que me han confesado que por las mañanas beben en ayuna su propia orina, y dicen experimentar un cuerpo más fortalecido, más capacitado para soportar la espantosa realidad de nuestro "móvil perpetuo", más conocido como período especial.

(Publicado en Cubafreepress el 26 de septiembre de 1997).

Foto: jokagui18, Flickr.

viernes 13 de noviembre de 2009

La música de mi juventud

RCA Victor Radio model BRX 151, 1930s / 1950s por galessa's plastics.

Por Tania Quintero

Aunque mi vida no era la típica de una joven estudiante habanera, porque mi familia materna estaba volcada en la lucha contra la dictadura de Batista, no era ajena a lo que le gustaba escuchar y bailar a los de mi generación. En nuestra casa, en la barriada del Cerro, no teníamos televisor ni tocadiscos, por lo que yo estaba al tanto de las preferencias musicales por la radio y por las amiguitas que poseían tocadiscos, donde podíamos escuchar vinilos sencillos o de larga duración con las canciones de moda.

En mi época, casi todas las muchachas sentíamos la misma predilección por la música americana que por la cubana. Más o menos igual que ahora, sólo que entonces las emisoras difundían los últimos éxitos en Estados Unidos, y una vez por semana, el hit parade. Tuve la suerte de coincidir con el nacimiento del rock and roll, y cada vez que teníamos un rato libre, movíamos el esqueleto al compás de Bill Haley & His Comets y Elvis Presley. Siempre con balerinas y faldas acampanadas, con una o dos "paraderas" (sayuelas) debajo.

También nos gustaban las canciones de Frank Sinatra, Nat King Cole, Bing Crosby, Dean Martin, Doris Day, Rosemary Clooney, Frankie Laine y Mario Lanza; los arreglos orquestales de Glenn Miller, Benny Goodman y Ray Coniff; las interpretaciones del excéntrico pianista Liberace, y los temas de películas: Laura, Té y simpatía, Tres monedas en la fuente, Cantando bajo la lluvia, Marcha sobre el río Kwai, Picnic, Algo para recordar y Love is a Many Splendored Thing.

Cuando una adolescente cumplía 15 años, la tradición era celebrar una fiesta. Si la familia tenía pocos recursos, la celebración se hacía en su hogar o en el de un pariente o amigo. Si se tenían más posibilidades, en algunos de los muchos clubes y sociedades recreativas existentes. Ya fuera una fiestecita de quince modesta o por todo lo alto, lo que nunca faltaba era el vals, bailado por la quinceañera con su padre y catorce parejas más. Por ello, tengo que incluir los valses vieneses entre la música de mi juventud. El Danubio Azul y Cuentos de los Bosques de Viena, de Johann Strauss, eran los más reproducidos.

En la escuela pública donde hice la enseñanza primaria, además de clases de música, tuvimos que preparar bailes para despedir el curso. En una ocasión nos disfrazamos de cowboys y la música de fondo fue country. En otra, vestidas de mexicanas, danzamos con Noche de Ronda. Cuando salimos de "gitanas" lo hicimos acompañadas de La Zarzamora. Mi primera actuación en un fin de curso escolar fue a los seis o siete años, con una bata blanca que en la parte superior tenía un gran vuelo con un pasacintas en rojo. Nos movimos al son de la Habanera Tú, de Eduardo Sánchez de Fuentes.

De los artistas europeos, nuestros favoritos eran la francesa Edith Piaf y el italiano Domenico Modugno, aunque a mi me fascinaba la música compuesta por Nino Rota para los filmes La Guerra y la Paz, La Strada y Las Noches de Cabiria. De los latinos, el uno lo tenía el chileno Lucho Gatica. La música española, mexicana y argentina tenía miles de seguidores en la Isla, en su mayoría adultos e inmigrantes. Igual ocurría con la opereta, la zarzuela y los shows en cines, teatros y cabarets. Los más jóvenes teníamos que conformarnos con programas televisivos como el Casino de la Alegría y cintas musicales con Fred Astaire, Leslie Caron, Cyd Charisse, Esther Williams, Marilyn Monroe, la brasileña Carmen Miranda o el cubano-catalán Xavier Cugat.

No eran exactamente programas musicales, pero en la radio había espacios cuya música fue decisiva en el mantenimiento de la audiencia. Uno de ellos, dedicado a narrar sucesos sangrientos, estaba a cargo de Joseíto Fernández, quien después alcanzaría fama mundial con una versión de Guajira Guantanamera. El otro era conducido por Clavelito, un espiritista que cantaba: "Pon tu pensamiento en mí...". Inolvidable la musicalización de radionovelas como El Derecho de Nacer (su autor, el periodista, escritor y músico santiaguero Félix B. Caignet, entre otras canciones compuso Frutas del Caney); de dramatizados como Divorciadas y de aventuras como Los Tres Villalobos o Rafles, el ladrón de las manos de seda.

Los amantes de la música clásica tenían posibilidad de acudir a los conciertos en el Auditorium, en Calzada y D, Vedado, o en el Teatro Nacional, hoy García Lorca, en Prado entre San Rafael y San José. O de oírla por la emisora CMBF, desde su fundación en 1948 dedicada a trasmitir clásicos universales y del patio. Me hubiera gustado haber asistido a uno de esos conciertos en el Auditorium o el Nacional, pero si quería deleitarme con Chaikovsky, Beethoven o Chopin, tenía que sintonizar la CMBF en nuestro viejo RCA Victor.

Lo que sí presencié en varias ocasiones fueron las retretas, en el Parque Central, La Punta o el Parque Maceo. Las mejores eran las ofrecidas por la Banda Nacional de Conciertos y la Banda de la Policía. Con particular cariño recuerdo las presentadas los 20 de Mayo, la efemérides patriótica más importante que teníamos. Hasta el más pobre ese día trataba de estrenarse una muda de ropa, costumbre que se repetía el 31 de diciembre, para recibir el nuevo año con vestimenta nueva. Los parques principales en las ciudades cabeceras de provincia tenían una glorieta, nombre del lugar donde las bandas municipales de música tocaban las retretas. En su repertorio sobresalían marchas, pasodobles y composiciones de Antonio María Romeu, Ernesto Lecuona, Alejandro García Caturla, Julián Orbón, Eliseo Grenet, Moisés Simmons y José White. Tampoco olvido las retretas en el Parque Serafín Sánchez de Sancti Spiritus, cuando iba de vacaciones a la tierra de mis antepasados maternos.

De los músicos callejeros por La Habana, lo más recordado son las parejas de cantantes masculinos, que en una parada subían a una guagua (ómnibus) o un tranvía, y en la otra se bajaban. En esos minutos, con un par de maracas y claves, entonaban una guaracha o un sucu-sucu: "Ya los majases no tienen cuevas Felipe Blanco se las tapó..." Antes de bajarse, pasaban la gorra. La recaudación dependía de los medios, reales y pesetas echados por los pasajeros. A ellos se debe el slogan "Coopere con el artista cubano". Junto con otras medidas arbitrarias decretadas por los barbudos en 1959, los cantantes "guagüeros" de un solo tajo fueron eliminados. En bares y restaurantes de categoría solían cantar dúos, tríos y agrupaciones de pequeño formato, tradición que se ha mantenido y enriquecido con los músicos que por su cuenta deciden buscarse unos chavitos tocándole a turistas. Son los llamados "soperos". Los Aires Libres del Prado databan de los años 30, el más renombrado fue el situado en la esquina de Prado y Dragones, afuera del Hotel Saratoga, famoso por su servicio gastronómico y música en vivo. No alcancé a ver ese Aire Libre, pero sí los que hubo en la acera frente al Capitolio, con mesas y sillas al estilo parisino.

En mi infancia, la música cubana había vivido un verdadero boom con el mambo, creado en los 40 por Dámaso Pérez Prado. Hasta que en 1953 Enrique Jorrín puso a toda Cuba a bailar con La Engañadora. Con ella nació un nuevo ritmo: el chachachá. En los solares, los reyes eran el guaguancó y la rumba de cajón. Los más viejos continuaban sus citas domingueras para "echar un pasillo" de danzón y danzonete. Cuando en febrero llegaban los carnavales, arrollábamos con la comparsa del barrio, que en mi caso, era una de las más famosas de la capital, Los Marqueses de Atarés. Cuando a lo lejos los sentíamos, nos parábamos en la acera, a esperar que llegaran y arrollar con ellos una o dos cuadras.

Los bailadores de verdad preferían irse los fines de semana a los jardines de las cervecerías La Polar y La Tropical, ambos situados en Puentes Grandes. En una ocasión fui de chaperona con una prima, cuyo novio era un gran bailador de casino: las ruedas de casino arrasaban en mis tiempos. Tanto en La Polar como en La Tropical, además de cerveza y malta embotellada y fría, se comían unas riquísimas empanadas gallegas. Eran sitios hermosos, tranquilos y bien cuidados, a los cuales no sólo se acudía para bailar, también para pasar el domingo con la familia.

Algunos optaban por locales cerrados, no demasiado alejados de sus domicilios, como las sociedades Jóvenes del Vals, Las Águilas, Unión Fraternal y otras similares, que sábados y domingos ofrecían carteles con orquestas populares. Allí los socios podían bailar en un ambiente respetuoso y sano, muy distinto al de los "bailables" masivos ideados por los funcionarios municipales de cultura después del 59, y que en carne propia padecí en los veinticuatro años que residí frente a la Plaza Roja de la Víbora, sobre todo cuando programaban a Elio Revé y su Charangón.

En mis años mozos, el bolero se mantuvo en alza. Donde había una vitrola, no faltaba uno de esos bolerones sobre celos e infidelidades, los favoritos de borrachos y acongojados. Mis boleristas eran Olga Guillot, Fernando Alvarez, Blanca Rosa Gil y Vicentico Valdés. A las muchachas nos gustaban y mucho, todas las canciones de Benny Moré y su Banda Gigante y las de Celia Cruz con la Sonora Matancera, así como los números que lanzaban las orquestas América, Aragón y Riverside y el Conjunto Casino, por donde pasaron voces del calibre de Roberto Faz, Orlando Vallejo, Roberto Espí, Celio González, Nelo Sosa y Laíto Sureda, entre otros.

Pero si algo venerábamos, era la música de nuestros padres y abuelos: Sindo Garay, Manuel Corona, Eusebio Delfín, Miguel Companioni, Trío Matamoros, Orquesta Anacaona, Paulina Alvarez, María Teresa Vera, Dúo Los Compadres, Celina y Reutilio, Coralia y Ramón, Rita Montaner, Esther Borja, Isolina Carrillo, Bola de Nieve, Celeste Mendoza, Barbarito Diez, Pío Leyva, Tito Gómez, Lino Borges, Tejedor y su Grupo, Arsenio Rodríguez, Arcaño y sus Maravillas, Panchito Rizet, Ñico Membiela, Sexteto Habanero, Septeto de Ignacio Piñeiro y Cheo Belén Puig.

Por la vinculación de mi familia a la emisora Mil Diez, tuve oportunidad de escuchar desde sus inicios las canciones que integrarían un nuevo movimiento, el feeling, una forma más libre de hacer y decir el bolero. Si hay una música identificativa de mi juventud, ésa es la que hacían los creadores e intérpretes del feeling: Angel Díaz, José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Frank Emilio, Marta Valdés, Omara Portuondo, Moraima Secada, Aida Diestro y Elena Burke.

Foto: galessa's plastics, Flickr

miércoles 11 de noviembre de 2009

Happy Birthday!


Ya Lady Googla en su blog tuvo a bien recordar que en 2009, entre otros aniversarios, arribaríamos a dos muy particulares. Al respecto, en diciembre le dedicó un post y en enero otro. El aniversario nuestro, como escribiera Luis Cino, es tan redondo que espanta.
El octogenario barbudo como la estilizada muñeca tienen infinidad de detractores. Pero ella sigue siendo una de las muñecas preferidas por las niñas de todo el mundo, incluyendo las cubanas, que se vuelven locas con una Barbie a pesar de la "batalla de ideas".

Por Tania Quintero

File:Barbie 1959 First Editions.jpg

Las primeras, un poco feúchas, con trajes de baño acorde a la moda de la época de su lanzamiento, el 9 de marzo de 1959.


Andy Warhol no pudo sustraerse al glamour de la rubia flaca y cabezona. Nueva York, 10 de febrero de 1986. Foto de los archivos de la revista Life.


En mayo de 2000 eran presentadas en Nueva York las dos versiones de la Liberty Barbie Doll, diseñadas por Bob Mackie. Foto: Dave Allocca, Life.


El aumento de niñas y adolescentes seguidoras de la NBA motivó a la Mattel, empresa fabricante de Barbie, a lanzar en 1998 su primera colección de muñecas y complementos dedicados al baloncesto. Foto: Ted Thai, Life.


La colección Princesas comenzó en 2001, con el lanzamiento de la Barbie-bailarina de Cascanueces. Foto: Ted Thai, Life.

Oscar de la Renta también viste a Barbie

Su puesta de largo tuvo lugar en febrero último, durante la Semana de la Moda de Nueva York, cuando 50 diseñadores diferentes vistieron a Barbie, entre ellos, Dior, Armani, Calvin Klein, Carolina Herrera, Versace y Oscar de la Renta (foto).


Hace rato que las Barbie dejaron de ser blancas y rubias. Hoy se pueden encontrar en los más diversos roles y de todas las etnias y religiones...


...incluida la musulmana!


Aunque ninguna tan hermosa como

esta Barbie fabricada en la India.


Las hay azafatas, playeras, ecologistas... pero que yo sepa, a la Mattel no se le ha ocurrido todavía vestir a una Barbie de verde olivo ni con una camiseta del Che. Ojalá no se le ocurra.

lunes 9 de noviembre de 2009

El secreto de Matusalem


Por Pedro Navarro

España es el mayor mercado europeo para los productores de ron, el segundo mundial muy cerca del líder, Estados Unidos. Claudio Alvarez, presidente del prestigioso ron Matusalem lo tiene muy en cuenta, y por ello estuvo de gira por España, para consolidar el millón de botellas que su prestigiosa marca colocará en la tierra de sus abuelos. Como decía Serrat en Mediterráneo, tenemos alma de marineros, y pocas bebidas se han asociado tanto al mar, a la libertad, a la pitaría, e incluso, a la libertad, como el ron.

Matusalem se ha ganado un nombre dentro del mercado de las bebidas. ¿Cuál es el secreto?

-Supongo que nuestro método de producción, desarrollado en el siglo XIX, por los emigrantes españoles en Cuba, que fueron los que crearon el ron tal y como hoy se conoce, entre ellos mi bisabuelo. Además, nosotros particularmente, empleamos el llamado método Solera de añejamiento, es decir, el mismo utilizado en Jerez para la producción de crianzas. Nuestros reservas de 7, 10 y 15 años, no salen nunca antes de tiempo de la bodega. Esto añade calidad a nuestro producto, pero limita nuestra producción.

El ron siempre ha sido una bebida con connotaciones románticas. Su consumo se ha ligado a piratas, a guerrilleros latinoamericanos, e incluso, a iconos como Hemingway.

-Más que de otro sitio, ese romanticismo viene, precisamente, del efecto Cuba. Esta isla paradisiaca siempre ha sido asociada al tabaco, al ron y a las mujeres bonitas. Así, cuando llegó la revolución era normal ver a Fidel y al resto de guerrilleros con un habano en la boca y una copa de ron en las mano.

Sin embargo, fueron precisamente éstos los que motivaron la salida de Cuba de su familia.

-La verdad es que mi padre y mi abuelo nunca llegaron a conocer la Cuba post-fidel. Tras la expropiación, fue mi abuela la que decidió tirar del carro y llevarse la producción a Bahamas. Años más tarde, cuando yo cogí el poder, decidí trasladar la empresa a la República Dominicana, porque era quizás el lugar más parecido a Cuba que conozco, por su clima, su ambiente y su gente. Eso sí, la fórmula que empleamos sigue siendo exactamente la misma. Por eso en las botellas se mantiene la leyenda 'Originario de Cuba'.

¿Espera volver algún día?

-Eso es lo que todos los exiliados queremos. Existe un cubanismo muy fuerte. Yo me marché de allí muy pequeño y sigo añorando la isla. Incluso mis hijos, que nacieron ya fuera, dicen que son cubanos. Esperemos la vuelta de la libertad de empresa.

En los últimos años, diversas campañas gubernamentales han intentado reducir el consumo de alcohol. ¿Cómo las recibe su marca?

-Uno quiere que su producto sea tomado de forma responsable. El problema es que los jóvenes no perciben que hasta que empiezan a sentir los efectos. No puedes prohibir los coches porque haya gente que conduzca a 150 kilómetros hora, pero debes enseñar que es lo correcto. Sea dicho que tampoco un gran tomador.

El lema de su última campaña publicitaria, Forever Old, hace referencia a varios aspectos. Primero a las bondades del ron añejo, después, a que las cosas buenas no pasan de moda. ¿También a que no es una bebida para que los jóvenes se hagan cubatas en los botelleos?

-Nuestro reserva de 7 años es bastante competitivo, por precio y calidad a la hora de mezclar. Incluso el de 10 años puede ser adecuado para un cóctel superior.

Entonces, ¿es un crimen echarle cola a un reserva 15 años?

-No diré que es un crimen, porque mis clientes son libres de tomarlo como ellos gusten, pero es verdad que yo lo prefiero solo.

¿Solo o con hielo?

-Hay varias formas de tomarlo. Una puede ser solo, en una copa en un vasito corto, otra, con un hielo, algo que permite disolver mejor los aceites y sacar más el sabor de la madera.

Mi hermana ha puesto copas durante años y todavía se pregunta por qué la botellas de reserva no llevan dosificador.

-Lo introdujimos en algunos países como Japón, porque, si no, los nipones tenían la sensación de que la bebida podía estar adulterada, pero finalmente, hemos decidido volver a los orígenes ya que nuestras botellas se cerraban originariamente con un corcho.

(Publicado en La Verdad, España, el 26.3.09)

Foto: EFE



viernes 6 de noviembre de 2009

Amores Lejanos


Por Ciro Bianchi Ross*

¿Sabía usted que era cubana la mujer que inspiró a Saint-John Perse -Premio Nobel de Literatura en 1960- su célebre poema “A la extranjera”? ¿Que el gran amor de Ernest Hemingway en La Habana fue una mulata llamada Leopoldina, y que el escritor la inmortalizó en una novela con el nombre de Liliana, la Honesta? ¿Que una de las últimas amantes del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo fue una rumbera cubana? ¿Qué el boxeador Kid Chocolate tuvo amores con actrices como Pola Negri y a Misttinguette? ¿Que José Raúl Capablanca se casó con una princesa rusa auténtica y que Alfonso de Borbón, el primogénito de Alfonso XIII y tío del rey Juan Carlos, renunció a su derecho a ocupar el trono de España para casarse con la cubana Edelmira Sampedro? ¿Que Miguelito Valdés sostuvo una relación con Patricia Hill, la llamada reina de la mafia, que vivía obsesionada con el diente de oro que lucía el cantante?
¿Que el jefe mafioso Meyer Lansky tuvo mujer cubana durante años y que la llevó consigo cuando salió definitivamente de Cuba en 1959? ¿Que Ava Gardner, “el animal más bello del mundo”, como le llamaba su amigo Hemingway, se entregaba aquí a auténticos maratones sexuales y que aunque tenía amantes blancos más o menos fijos, se las arreglaba siempre para colar algún que otro negro en su suite del Hotel Nacional? ¿Que era cubana la “marca de fábrica” de los mellizos de Tongolele? ¿Que el teatrista Gerardo Fullera León se llevó una tarde a la cama a Margarita Duras, la autora de Hiroshima, mi amor? ¿Que el dictador Fulgencio Batista vivía enamorado de Rosita Fornés, la mujer más deseada de Cuba?

En Cuba hay médicos e investigadores cuyos nombres dan la vuelta al mundo. Y escritores, actores, deportistas, compositores, intérpretes, realizadores cinematográficos… En esa relación de famosos, por una razón u otra, quedan siempre fuera los amantes. Y amantes y grandes amadores y donjuanes y mujeres que amaron o se dejaron amar los hay aquí por montones dignos de figurar en la galería más selecta.

La relación, de ser cronológica, comenzaría con Leonor -o Inés o Isabel- de Bobadilla, la esposa de Hernando de Soto, el afiebrado explorador que luego de haber jugado al ajedrez con el Inca Atahualpa, que era su prisionero, buscó sin encontrar, en 1539, en la Florida, la fuente de la eterna juventud. Soto gobernó la Isla a partir de 1537 y cuando partió a su aventura dejó a doña Leonor al frente del gobierno. Aunque el historiador Pezuela dice que esa autoridad fue “puramente nominal”, el caso es que nunca antes ni después una mujer desempeñó aquí tamaña responsabilidad.

Cuenta la leyenda que todas las tardes subía la señora a la torre del primitivo Castillo de la Fuerza a atisbar en el horizonte el regreso del marido. Pero Hernando de Soto jamás volvió. Murió en la Florida y sus compañeros lo enterraron en el lecho de un río para evitar que los indios profanaran su cadáver. Un siglo después los habaneros, en recuerdo de doña Leonor, que esperó y esperó y quedó a la postre sin respuesta, hicieron fundir en bronce la imagen de una mujer que porta en su mano izquierda la Cruz de Calatrava y la colocaron en lo alto de la torre de homenaje del Castillo con el fin de que indicara a los navegantes la dirección del viento. La llamaron La Giraldilla y simboliza a La Habana.

Demos ahora un salto en el tiempo. El 16 de mayo de 1874 contraen matrimonio en la ciudad central de Santa Clara, Luis Estévez y Romero y Marta Abreu. Él es un distinguido abogado -con bufete en la calle Obispo, 27- y profesor de la Universidad. Ella, una de las mujeres más acaudaladas de Cuba, benefactora de esa ciudad y sólido sostén económico de la causa de la independencia, a la que hace cuantiosas donaciones, como aquellos cien mil pesos que puso en manos del Partido Revolucionario Cubano al enterarse de la muerte de Maceo. Instaurada la República, Luis Estévez fue su primer vicepresidente, pero inconforme con la política de Estrada Palma, renunció a ese cargo en 1905 y volvió, junto con su esposa, a instalarse en París. Allí Marta enfermó. Cuando falleció, el 3 de enero de 1909, Estévez debió ser internado en una clínica siquiátrica, y justo un mes después del deceso, en un gesto dramático y desolado, se quitó la vida con un pistoletazo. Tal era el carácter de Marta, tal su temple, que la gente decía que Luis Estévez fue vicepresidente de la República y vicepresidente de su casa.

Y con Marta Abreu se relaciona “la extranjera” de Saint-John Perse, pues esta enigmática mujer, cuya verdadera identidad se mantuvo oculta durante cuarenta años, era su sobrina Rosalía Sánchez Abreu. Lilita le decía su familia. Lil le llamaba el poeta que, al evocarla ya casi al final de su vida, en 1975, confesaría que “nunca tuve relaciones parecidas con otro ser”.

Lil y el escritor francés se conocieron en 1932 y “A la extranjera” fue el regalo de despedida que el poeta le hizo cuando, años después, se separaron por última vez, en Washington. Sin embargo, Perse no olvidó nunca a la cubana y todavía en 1953 le hacía llegar este mensaje: “Quisiera que ella sepa que permanecerá para siempre en lo mejor de mí mismo, que ella es mucho de mí mismo, que mi corazón sigue emocionándose cuando pienso en ella, y que el lazo que existe entre nosotros seguirá siendo para mí, quizás contrariamente a lo que ella siente, excepcional hasta mi muerte”.

La muchacha estaba casada, al menos desde 1928, con un sujeto llamado Alberto Henralix o Henrahx, que de las dos maneras aparece escrito en las guías sociales de la época.

Fue un amor a primera vista el de Alfonso de Borbón, Príncipe de Asturias, y Edelmira Sampedro (en la foto). Se vieron una noche en un cinematógrafo de la ciudad suiza de Lausana y se enamoraron.

Todo lo tuvo en contra la joven pareja desde el comienzo. La familia real española no aceptó el noviazgo, y Edelmira debió sufrir bien pronto las presiones de los enviados de Alfonso XIII, ya exiliado en París, que privó al hijo de sus cinco automóviles, redujo sensiblemente su mesada y lo obligó, en definitiva, a renunciar a su derecho a la sucesión. Ningún miembro de la Casa Real asistió a la boda, en Lausana, el 21 de junio de 1933, y las invitaciones que el ya Conde de Covadonga cursó a amigos y conocidos, le fueron devueltas “con sentimiento".

Los celos desmedidos de Edelmira, por un lado, y la hemofilia que aquejaba a Alfonso, por otro, harían muy difícil la vida en común. Rompe la pareja sus relaciones una y otra vez, pero se reconcilia siempre hasta que en 1937 ella lo acusa de tener otra mujer. Es el fin. En Nueva York, Alfonso pedirá la anulación el matrimonio, y Edelmira, en La Habana, el divorcio.

La acusación de Edelmira tenía, esa vez, una base real. Alfonso estaba viéndose en secreto con otra cubana, la modelo Martha Rocafort. Se casarían en La Habana, en junio de 1937. ¿Llegó Martha a ese matrimonio impulsada por el amor o por el interés?

Un familiar cercano suyo confesó a este periodista que, aunque no descartaba la posibilidad de atracción física, se inclinaba más por lo segundo que por lo primero. Y de una opinión más o menos similar fue Zenobia Camprubí, la esposa de Juan Ramón Jiménez, que siguió en La Habana las peripecias de la relación. “Ojalá sean felices, escribió Zenobia en su diario, pero parece un matrimonio de conveniencia”.

Amor o interés, esta relación duró muy poco. En septiembre, tres meses escasos después de la boda, Martha solicitó el divorcio. Se negó a soportar las crisis alcohólicas de Alfonso que desencadenaban lo peor de su carácter y lo llevaban a crudas agresiones verbales y a la violencia física.

Aunque se dice que, en su temprana juventud, pasó una temporada en la ciudad oriental de Santiago de Cuba, el generalísimo Trujillo jamás logró que se hiciera realidad su caro anhelo de que lo invitaran a visitar la Isla de manera oficial. Vivía obsesionado con todo lo cubano: era cliente de la mueblería La Moda, de La Habana; se vestía con sastres cubanos y eran cubanos los médicos que lo atendían. Gran bailador, presumía de Don Juan y gustaba que sus romances y aventuras amorosas fueran de dominio público porque, a su juicio, confirmaban su virilidad.

Trujillo tuvo también una amante cubana, la rumbera Silda. El autor de esta página vio una foto suya en la revista habanera Show. Tenía la piel color canela y una figura espectacular… Pese a los elogios que en esa publicación se le prodigan, nunca levantó cabeza en la vida nocturna capitalina: la competencia era mucha. En Santo Domingo, sin embargo, logró notoriedad, si no por su arte, sí por su relación con el dictador, que un día, tal vez para quitársela de encima, la envió a España a fin de que filmara una película. Y en Madrid la sorprendió el ajusticiamiento del sátrapa, el 31 de mayo de 1961. Pero Silda no quedó abandonada a su suerte. Un jeque árabe, petrolero y millonario, cargó con ella.

¿Y lo de Batista y Rosita? Lo cuenta la propia vedette en sus memorias. El dictador cubano la acosó durante largo tiempo y cuando se hizo pública su relación con el actor Armando Bianchi, la persecución se extendió a los dos. El asedio iba desde multas por insignificantes infracciones de tránsito y largas retenciones en estaciones de policía hasta presiones por parte de agentes del servicio secreto y consejos de personas aparentemente ajenas al asunto que instaban a la actriz y cantante “a portarse bien”. El hostigamiento subió de tono cuando Rosa, en 1957, se estableció en España por motivos de trabajo. El gobierno cubano le prohibió entonces que sacara a su pequeña hija del país.

“Batista me hizo daño con eso, mucho daño”, dice ella en sus recuerdos.

En Islas en la corriente, Hemingway traza esta descripción de Liliana, la Honesta:

“Tenía una hermosa sonrisa, unos ojos oscuros maravillosos y espléndido pelo negro (…) Tenía un cutis terso, como un marfil color olivo, si tal marfil existiera, con un ligero matiz rosado…”

Liliana la Honesta se inspira en un personaje real, una prostituta que hacía la vida en el bar-restaurante Floridita, de La Habana. Se hacía llamar Leopoldina, -tal vez no fuera ese su nombre verdadero- y el gran escritor norteamericano mantuvo con ella un amor clandestino que se extendió a lo largo de muchos años.

Antonio Meilán, barman de ese establecimiento, que la conoció mucho y fue testigo mudo de aquel romance, la recordaba todavía en 1992. Contó entonces a este periodista:

-Una mulata fina, elegante, bellísima con su sonrisa deslumbradora, sus piernas larguísimas, las caderas rotundas, los pechos breves y aquel rostro en el que se agolpaban toda la picardía y la gracia de la cubana.

Y añadió:

-¡Eso sí era una hembra! Tenía el diablo en el cuerpo…

Leopoldina murió de cáncer, en 1951. Hemingway corrió con los gastos del sepelio. Y fue el único hombre que la acompañó hasta la tumba. Ese día, en el Floridita, bebió más de lo habitual. (Publicado en el blog Barraca Habanera el 23 de noviembre de 2006).

* El periodista cubano Ciro Bianchi Ross es columnista del diario Juventud Rebelde y colabora en las más importantes revistas cubanas. Ha publicado los siguientes libros: Las palabras de otro; Voces de América Latina; Un hombre en la noticia; Tras los pasos de Hemingway; Yo soy el chef; García Lorca/Pasaje a La Habana; La oreja de Dios; Oficio de intruso; Así como lo cuento y Memoria oculta de La Habana, entre otros títulos. En 1992 obtuvo el Premio Latinoamericano de Periodismo José Martí, y en 1999 el Ministerio de Cultura lo galardonó con el Premio de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro por la obra de su vida.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Instantes de una ciudad

Kids on Prado por designwallah.

Alegre muchachada por el Paseo del Prado; uno de los miles de perros callejeros y el malecón, con su muro y sus arrecifes. Una cafetería por divisas, el estadio del Cerro, el edificio donde se encuentra El Cinecito, la tienda Variedades de 23 y 10 (otrora Ten Cent del Vedado) y dos cabinas telefónicas. Tres de los muchos carteles diseminados por la capital; medios atípicos de transporte; inmuebles habaneros, e imagen final de libre interpretación.

Stray dog in the rain por designwallah.

Daydreaming on The Malecon por designwallah.

Off El Malecón por designwallah.

Café O'Reilly por designwallah.

Behind home plate por designwallah.

Cine Cito - Calle San Rafael por designwallah.

Was: Woolworth's por designwallah.

DSC_4448 por designwallah.

Foto-Estudio Cezanne por designwallah.

Tel. W. 9115 por designwallah.

Office Work Schedule por designwallah.

Taxi! por designwallah.

Mototaxi por designwallah.

Habanera ~ Bucanero por designwallah.

A touch of colour por designwallah.

Contemplation in Parallel Lines por designwallah.

A café as art project por designwallah.

decay por designwallah.

Farmacia Neptuno 514 por designwallah.

Shuttered and Locked por designwallah.

Fotos: designwallah, Flickr

lunes 2 de noviembre de 2009

Testimonios de un corresponsal


Por Tania Quintero

Sábado 6 de junio de 2009. Numerosas personas se arremolinan ante uno de los pabellones de la Feria del Libro de Madrid. Para las 8 de la noche está señalado el lanzamiento de Los funerales de Castro. Asisten su autor, Vicente Botín, excorresponsal de TVE en Cuba, y los periodistas Vicente Verdú y Lluis Bassets, prologuista del libro. En declaraciones a la agencia EFE, Botín había expresado que en Cuba, en cualquier momento, puede producirse un estallido social. Y en La Razón publicaba Cuba tiene hambre: el legado de Fidel.

Unas semanas antes, en El País con sorpresa había descubierto el artículo Fidel Castro: tres entierros y un funeral.

La sorpresa no había sido por el título, sino por la persona que lo había escrito y quien apenas seis meses antes veía por el Canal Internacional de TVE reportando desde la Isla. Gracias a una amiga común, pude entrevistarlo vía digital.

Primeramente, Vicente, me gustaría que se presentara a los lectores.

- Nací en Burgos, Castilla y León, pero estudié Periodismo, Ciencias Políticas y Sociología en Madrid. En 1967 y hasta 1972 trabajé en la Revista SP, semanario de información general. Fui corresponsal volante en Latinoamérica, con sede en Chile donde, entre otros trabajos, realicé varias entrevistas al presidente Salvador Allende. En 1972 comencé a trabajar en Televisión Española, donde me he desempeñado en diversos programas y viajado por todo el mundo, especialmente por Latinoamérica, donde he realizado más de un centenar de reportajes para programas como Informe Semanal y En Portada. En 1999 fui nombrado corresponsal de TVE en el Cono Sur, con sede en Buenos Aires, hasta diciembre de 2004. Después sería enviado a La Habana.

¿Permaneció mucho tiempo en Cuba como corresponsal de TVE?

-Casi tres años. Desde enero de 2005 hasta octubre de 2008.

¿Cuándo nació la idea de aprovechar la estancia periodística para escribir un libro?

- Cuando llegué a Cuba me di cuenta de que sabía muy poco sobre el país y la revolución, a pesar de todo lo que había leído y de mis dos estancias anteriores en la isla, en 1982 y 1984. En ese último año, 25 aniversario de la revolución, realicé una larga entrevista a Fidel Castro. Pero puedo decir sin rubor que no conocía a cabalidad la verdadera naturaleza del régimen ni las penosas condiciones de vida del pueblo cubano. Por eso comencé a escribir el libro, a los pocos meses de llegar, en julio de 2005.

-La mayoría de los libros que había leído sobre Cuba no reflejaban lo que yo veía a diario: la lucha por la vida, la doble moral para sobrevivir, la “resolvedera”, las infraviviendas, los derrumbes, los apagones, el problema del transporte, la mentira de la educación y de la sanidad, las fantasías de los periódicos y la televisión, los problemas de los disidentes y de los periodistas independientes, el enorme control de la Seguridad del Estado, el miedo, la parálisis de la gente, etc, etc. Por eso comencé a escribir el libro. Cuba era una “aldea Potemkim” una gran mentira oculta detrás de los discursos de Fidel Castro, y tenía que reflejarlo en un libro.

¿Tuvo muchas dificultades para hacer investigaciones y entrevistas?

-Nunca le dije a nadie que estaba escribiendo un libro. Tomé muchas precauciones para que la Seguridad del Estado no interfiriera mi trabajo. Encripté mi ordenador, del que nunca me separaba, hice muchas copias en USB y periódicamente, a través de amigos o familiares, enviaba a Madrid lo que tenía escrito. Mis investigaciones, entrevistas, búsqueda de documentación y lecturas, los realizaba en el marco de mi tarea diaria como corresponsal de televisión, sin insinuar siquiera que realizaba un trabajo en secreto.

¿En algún momento la Seguridad del Estado se percató de que estaba "metiéndose en camisa de once varas" y lo llamó a contar, como suelen hacer con todos los corresponsales extranjeros que "se van de rosca"?

-La Seguridad del Estado controla férreamente a los periodistas extranjeros, pero yo no les dí ningún motivo para que pensaran que estaba escribiendo un libro. Recibí muchas llamadas de atención por parte de "funcionarios" del Centro de Prensa Internacional, porque no les gustaron varias de mis crónicas televisivas, pero nunca sospecharon que estaba escribiendo un libro.

Como la corporación RTVE no acostumbra explicar por qué de pronto "desaparece" un presentador, locutor, periodista o corresponsal, no llamó demasiado la atención su relevo por Sagrario García-Mascaraque. Pero a mí, debo confesarle, me hizo sospechar de que algo pudiera haber ocurrido.

- Los corresponsales no desaparecen porque sí. Los contratos para cubrir una corresponsalía son anuales y se suelen renovar hasta un máximo de cinco años, a veces menos. Mi salida de Cuba y también la de mis colegas de Washington, Londres, París, Lisboa, Pekín, Bogotá, Jerusalén y Moscú, se debió al Expediente de Regulación de Empleo que realizó la empresa para prejubilar a los mayores de 52 años. No hay gato encerrado.

-De todas maneras, la mayoría de los corresponsales extranjeros en Cuba somos “conflictivos” para el Centro de Prensa Internacional, porque no nos sometemos a su chantaje permanente para pregonar los “logros” de la revolución, aunque procuramos no cruzar la invisible raya que traza la prudencia para evitar ser expulsados del país.

¿Podría mencionar algún ejemplo de las dificultades que enfrentan los periodistas, que como usted, se percatan de la realidad en que viven los cubanos?

- El control que ejercen las autoridades cubanas sobre los corresponsales en general, se agrava con los periodistas de televisión por una razón bien simple: las cadenas de televisión extranjeras no pueden utilizar medios propios de transmisión y tienen que enviar sus crónicas a través de la Televisión Cubana, que es la encargada de “subirlas” al satélite. Eso es ya de por sí una razón para mantener un cierto equilibrio y evitar que interrumpan la transmisión, que cuando quieren pueden hacer y que a mí me hicieron en algunas ocasiones.

-Es más eficaz una crónica posible que una crónica prohibida. Prefiero que se emitan imágenes de las Damas de Blanco jaleadas por las turbas, por ejemplo, con un texto más o menos “tolerable”, y no tener que “comerme” las imágenes sin que las vea nadie. El maximalismo es poco inteligente, más propio de quienes juzgan los hechos desde la distancia en lugar de batirse el cobre, como hacen muchos en la isla, a pesar de los zarpazos de la Seguridad del Estado.

-A los que desde fuera critican el trabajo que realizamos los periodistas extranjeros en Cuba y les exigen más compromiso, habría que decirles, con el mayor respeto, que quizás ellos deberían ser los primeros en comprometerse, al fin y al cabo es su país, y jugarse el tipo, vivir en Cuba y luchar por la democracia como hacen los disidentes.

Para quienes la mayor parte de nuestra vida transcurrió bajo aquel régimen totalitario, no nos fue difícil darnos cuenta de su perplejidad a la hora de reportar el cambio de mando el 24 de febrero de 2008. Me gustaría ahora conocer cómo vivió usted aquellos días y cómo ya en España recibió la noticia de las defenestraciones de Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, entre otros dirigentes que usted debe haber conocido.

-En una de mis crónicas dije (y no me censuraron) que en Cuba no se podía decir esa frase tan socorrida de “El rey ha muerto. Viva el rey” porque Fidel Castro, desde la sombra, seguía manteniendo el cetro. Y eso lo he dicho en todas mis crónicas y lo repito en mi libro. Quien manda en Cuba es Fidel Castro y su pobre hermano no puede realizar las “profundas reformas”, económicas por supuesto, que anunció y que no serían ninguna novedad, porque ya las puso en práctica durante el período especial (“son más importantes los frijoles que los cañones”), y que Fidel, con paciencia franciscana, las ha ido desmontando una por una.

-Las defenestraciones de Lage y Pérez Roque son una constante en todos los regímenes estalinistas. La revolución siempre devora a sus propios hijos y les exige, además, el supremo sacrificio de declararse culpables. Esas dos “muertes” son necesarias para Raúl Castro, quien tiene que rodearse de centuriones de su máxima confianza para no perecer en esa batalla sorda que libra contra su hermano. Veremos qué ocurre en el Congreso del Partido Comunista de Cuba, en noviembre. No hay que olvidar que el comandante sigue siendo Primer Secretario.

Una anécdota humana.

- Los cubanos son gente entrañable, muy cariñosos y afables… y resignados también. “No es fácil” es la muletilla que repiten y que me decían cada vez que les preguntaba que por qué no se rebelaban, por qué no salían a la calle a protestar, como en la España de Franco que había incluso cárceles para los curas contrarios a la dictadura. Aún así me siento muy orgulloso de haber conocido tanta gente buena y como anécdota, quiero decir que me siento muy feliz de haber facilitado la salida de Cuba hacia Miami de un buen amigo a quien poco después se le unió su mujer y su hijo, quienes pudieron escapar también gracias a un matrimonio de conveniencia.

Su estancia en Cuba coincidió con la de un embajador español de izquierda, bastante amigo de la revolución y sus dirigentes. Ese hecho ¿fue una ventaja o un obstáculo?

-La postura del embajador de España en Cuba y la política del Ministerio español de Asuntos Exteriores no fueron un obstáculo para mi trabajo. Mantuve buenas relaciones personales con el embajador y con muchos diplomáticos, independientemente de su trabajo o de su compromiso con Cuba.

Ya para terminar, me gustaría que hiciera una valoración de la situación cubana a la luz de la actual crisis económica global, la nueva administración estadounidense y el cambiante panorama europeo e internacional.

- En mi libro Los funerales deCastro sostengo la tesis de que, a corto plazo, el objetivo de Raúl Castro, cuando se libere de la “tutela” de su hermano, será realizar reformas de tipo económico, al estilo chino o vietnamita, pero que, a largo plazo, los herederos de la revolución podrían intentar una salida “a la rusa”, es decir, “blanquear” el sistema con unas elecciones en las que al Partido Comunista de Cuba, travestido de Partido de la Nueva Cuba o algo por el estilo, no le resultaría difícil ganar unas elecciones para seguir controlando “democráticamente” al país y sus principales recursos, ahora en manos del holding GAESA, de las FAR. Los cubanos todos, los de dentro y los de fuera, están llamados a impedirlo.

Los Funerales de Castro tuvo buena acogida en España. Además de entrevistas para diversos medios, Vicente Botín fue invitado a impartir una conferencia en el Club Faro de Vigo. Una repercusión que se extendió a Miami y otras ciudades de Estados Unidos donde viven cubanos exiliados.


jueves 29 de octubre de 2009

Atrapados

Vistabana por jimy73.

Por Tania Quintero

Aunque el gobierno cubano no escatima recursos para dar al mundo la imagen de que somos un pueblo victorioso, llenos de esperanza y de fe en el futuro luminoso de la patria socialista, la realidad de la calle lo desmiente. Es la conclusión después de haber conversado con medio centenar de personas de diversas edades, ocupaciones, poder adquisitivo y postura politica.

Las entrevistas personales tuvieron lugar a lo largo del mes de julio de 1997. Por temor a represalias, ninguno de los encuestados autorizó a dar sus nombres. 25 personas eran negras o mestizas, 24 blancos y uno de origen chino. En el grupo había 30 hombres (la mitad eran solteros), y 20 mujeres (8 solteras, 10 casadas y 2 viudas). Las edades variaron entre los 16 y 70 años y la entrada promedio de 400 pesos, equivalente a 20 dólares, muy por encima de la media nacional. Profesionales eran 9; empleados estatales, 11; trabajadores por cuenta propia, 5; estudiantes de nivel medio superior, 14; amas de casa, 6; jubilados, 3, y desocupados, 2. De los 50, dos eran militantes del partido y dos de la juventud comunista.

No había ningún militar en activo, aunque 7 de los 30 del sexo masculino fueron combatientes en Angola o Etiopía. "Somos unos desesperanzados que estamos con los brazos amarrados en un callejón sin salida", dijo una jubilada de 70 años que cada dia amenaza a su familia con ahorcarse, "por lo obtinada que estoy de haber luchado tanto en la vida para ahora vivir sin poder comer lo que quiero y sin poder decir lo que siento". Para ella, como para el resto lo más enanejante no son las precarias condiciones de vida, sino tener que soportar la propaganda oficial con su retórica y sus consignas.

Una ama de casa, 51 anos, piensa que "este país es una locura, una farsa", si pudiera irse "mañana mismo me iba de esta Isla enjaulada".

Su esposo, más pausado, es trabajador por cuenta propia. En el hogar no faltan recursos -los dos tienen familiares en los Estados Unidos que regularmente les envían dólares-, pero ellos quisieran que al menos hubiera un mínimo de libertad en la prensa. "Mire, dice él, en el transcurso de cuarenta días en La Habana han matado a dos turistas europeos por móviles delictivos y la prensa aquí no ha dicho nada. Si hubiera ocurrido en la Florida hubieran repetido hasta la saciedad la noticia".

Lo de la difusión fue tópico que interesó a todos los entrevistados. Un obrero de la construcción, de 43 años, opina que la gente está hastiada de la manipulación diaria que la ideología partidista intenta hacer con lo que ocurre en el país y en el mundo.

Para un estudiante universitario de 19 años, "lo peor es que pocos son los que tienen acceso a periódicos y revistas extranjeras o tienen posibilidad de escuchar emisoras foráneas". Su novia, alumna de una escuela de arte, añade que "quisiéramos oír la BBC, Radio Exterior de España o la Voz de los Estados Unidos".

Con la caída de la URSS y el socialismo europeo, en Cuba dejaron de vender radios de onda corta. A partir de 1993, tras la legalización del dólar, comenzaron a venderlos, pero en estos momentos no se consiguen en el mercado nacional.

Un empleado de una tienda recaudadora de divisas, manifestó que en los radios ahora ofertados, no se puede coger la onda corta, sólo AM y FM. Una vendedora de maní preguntada al respecto, declaró que no sabe si eso es cierto pues ella no tiene acceso al dólar, pero sí que llevó su viejo VEF-206, de fabricacion rusa, al consolidado (taller estatal de reparación) y cuando fue a sintonizar la novela en Radio Martí, se percató que le habían quitado las bandas con esa frecuencia. Por qué no reclamó?, le pregunto. "Para qué, usted mejor que yo sabe que este sistema se ha hecho para que uno no pueda reclamar ni protestar".

Precisamente la condición de país desinformado y supercontrolado es lo que más enardece a los jóvenes nacidos después de 1967, año de la muerte del Che en la selva boliviana y quien entre sus metas tuvo la de formar un hombre nuevo.

"Nosotros tratamos de buscar un hueco, un respiradero que impida nuestra asfixia espiritual. Yo evito la mediocridad en que ha caído la sociedad cubana compartiendo con otros que, al igual que yo, piensan que Cuba hace rato se quedó detenida en el tiempo", confiesa un artesano de 26 años. Una amiga que le acompaña dice que trabaja en turismo, "lo que hace más llevadera mi existencia, pero interiormente me siento tan oprimida e infeliz como cualquier cubano".

Un taxista particular de 30 años piensa que lo peor de todo es la sobrevaloración que se le da a todo lo que sea extranjero. "Soy negro, de origen humilde y procedo de una familia que es comunista desde antes de 1959 y por eso puedo decirle que en estos momentos nadie tiene respuesta para nuestro futuro: ni el gobierno, ni la oposicion". En su criterio, porque "los gobernantes no quieren convencerse de que ya su cuarto de hora pasó y deben dejarle el puesto a otros, y los disidentes porque son víctimas de una represión brutal que los mantiene aislados, sin poder llegar a la gente".

(Publicado en Cubafreepress el 8.8.98)