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lunes, 12 de diciembre de 2016

La difícil vida del hijo de Zenaida Manfugás


Desengañado y desmoralizado profesionalmente. Triste. Cansado en cuerpo y alma. Al otro lado del teléfono no había felices onomatopeyas, ni motes, ni apodos. La mayor celebridad televisiva del deporte en España hablaba a media voz, con el verbo entrecortado y a años luz de su proverbial guasa.

"Soy Andrés Montes. Estoy bastante mal. Esto no lo había vivido yo en 30 años de profesión. Daría para escribir tres libros", me comentaba el locutor en íntima confesión tras su adiós televisado de La Sexta. A los diez días, otra funesta despedida: se largaba de esta presuntamente maravillosa vida en extrañas circunstancias.

Murió solo, sin audiencia. Rodeado de monitores y decodificadores de pay per view. Acompañado por sus 5 mil CDs. Arropado por la soledad de sus carísimos equipos de música Bang&Olufsen. La cercanía de los dos adioses puso en marcha un funesto silogismo: presa de la desolación por su caída del pedestal televisivo, ¿Montes se habría quitado de en medio?

"Lo del suicidio no lo veo. Andrés sabía que cualquier día se podía ir de este mundo. Hipocondríaco, con sus pastillas siempre encima, la diabetes, la tensión... Por su delicadísima salud, él decía que era una 'bomba andante'. Por eso, cuando ocurrió la repentina muerte de Antonio Puerta, el jugador sevillista, telefoneó a sus hijos para decirles que los quería mucho. Creo sinceramente, además, que se había vuelto a ilusionar con la nueva etapa que podría emprender en Veo7, Marca y ElMundo.es, aunque no tenía nada firmado", comenta un íntimo.

¿Se tiró por la calle de en medio, desesperado y arruinado por su afición al póker por Internet? "Se echaba sus partiditas, sí. Durante el Eurobasket de Polonia decía: 'Me voy a la cama. Unas manitas y a dormir'. No creo que eso le llevara al descalabro económico. Y menos al suicidio. Sus familiares allegados, por boyante situación económica, ni siquiera lo hubieran permitido".

¿Qué mató a Andrés Montes? ¿Qué acabó con el speaker de la pajarita? ¿Con el buda al que todos querían tocar la calva en los estadios al ritmo de tiki taka? Los resultados concluyentes de la autopsia se conocerán en tres semanas... Si el juez o la familia no se oponen. Montes había superado un cáncer, le faltaba un riñón, era diabético y en el pecho tenía tres cornadas de la ganadería bypass. Y encima se calentaba su rasurada cocorota con cualquier minimo roce con compañeros o amigos: con él o en su contra, sin grises.

Las dos últimas semanas de vida de Montes fueron de aúpa, "aunque estaba saliendo de la pesadilla", aclaran. El mal sueño se refiere a un desconocido divorcio con La Sexta. Me sugirió que le pidieron hacer campaña a favor del PSOE tras el asesinato de Isaías Carrasco, matado por ETA el 7 de marzo de 2008, a dos días de las elecciones generales; arremeter contra Sogecable -inmersa en la guerra del fútbol con Mediapro- y hacerle la puñeta a Ramón Calderón, ex presidente del Real Madrid. Y añadió que, al no plegarse, las altas esferas de la cadena le pusieron la cruz.

Su repentina salida dejó flecos colgando. "Me deben dinero de la publicidad. Estoy a la espera de que me lo paguen". En concreto, 30 mil euros, según pudo saber el reportero. Montes ganó 600 mil euros por tres años y quería ganar más que Lobato, cara de la Fórmula Uno. El otro calvo de la tele cobra más en un ejercicio que Montes en tres.

La modestia no era su fuerte. Vanidoso, estaba al tanto de todo cuanto se decía y escribía sobre él. María, su compañera sentimental desde 1999, templaba su carácter ciclotímico. Ella, ángel de su guarda, lo halló muerto en su domicilio en Chamberí. Eran cerca de las seis de la tarde del 19 de octubre de 2009. El locutor yacía en la cama. Vestía pijama y llevaba unas ocho horas sin vida. Sangre en la almohada. Seguidamente, revuelo de cinco coches de polícia.

Del portal No. 31 de la calle Espronceda salía con traje de mortaja la mayor sensación catódica de los últimos años. Una policía embarazada pidió avisar a los hijos con celeridad. Sin embargo, Orson y Nelson, 16 y 14 años, se enteraron por internet. "¡Yo también me quiero morir!", gritaba, fuera de sí María, derrumbándose sobre su sobrino. Estaban juntos desde 1999. Ella, coruñesa, es titular de varios pisos en zonas nobles de Madrid y A Coruña. Atiende negocios familiares y tiene relación con los allegados de Amancio Ortega, propietario de Inditex, el Imperio Zara. De hecho, la casa que ambos habitaban era suya.

María también mimaba la débil anatomía del speaker. Quizás en las últimas semanas había vuelto a fumar, quizás tanto exceso gastronómico, quizás tomaba demasiada Coca-Cola... Como siempre, la música funcionaba como sedante de su angustia. "Era cauto, pero estaba haciendo planes de futuro y se le veía moderadamente feliz", relata Antoni Daimiel, su compañero y casi hermano, durante una década en la NBA de Canal Plus.

En el momento de ser incinerado en Tres Cantos, se dieron cita amigos y colegas de profesión, advenedizos, sus esposas, sus dos hijos y la mujer que lo crió, su madre a efectos emocionales. En el tanatorio faltó la mujer que lo trajo a este mundo.

La repentina muerte del locutor abrocha una vida de película. Porque las trágicas despedidas no son nuevas para este castizo criado en la madrileñísima calle Hortaleza. Con 11 años murió su padre. Con 13, él y su madre se separaron para siempre.

Como en una novela de Agatha Christie, los progenitores se conocieron en un tren en Venezuela. Ella, Zenaida González Manfugás, pianista cubana, nacida en Guantánamo en 1932, con la piel como la noche. Él, Antonio Montes Seoane, comerciante vigués, de acá para allá con negocios en Maracaibo y Caracas y una joyería en el terruño. Vienen a España, nace Andresito, la relación se rompe y ella se refugia con su hijo en el madrileño barrio de Argüelles. En las estrecheces del Madrid de los 50, la mujer se halla ante una encrucijada. Decide abrirse paso en Cuba con giras y ovaciones. El precio: dejar a su hijo a cargo de otra madre. Puso un anuncio en el periódico: "Se necesita puericultora".

Al reclamo acudió Lorenza, Lore, una mujer fuerte y menuda, con amor por los críos, profesionalidad y dedicación absoluta. Segoviana, del gélido pueblo de La Losa, se ganaba las lentejas como practicante y enfermera. Caribeña y segoviana pactaron cómo trazar el futuro del niño. Lore lo educaría y Zenaida buscaría gloria por esos escenarios de Dios, con la promesa de volver cuando sus compromisos artísticos se lo permitieran. Regresó. Pero el muchacho había crecido. Demasiado.

Corría el año 1969 cuando Zenaida, Lore y Andrés se reencuentran en Madrid. "Ella esperaba un Frédéric Chopin y se encontró un paria", comentaba Montes a sus íntimos. "Mi madre se marchó a Cuba a luchar por la revolución. Creo que vive, pero no tengo mucho trato. Tampoco tengo hermanos, ni contacto con otros familiares", me detallaba Andrés en 2006. En la casa donde se crió en Madrid, encima de una vieja televisión, una foto del bebé Andrés Antonio dedicada de su puño y letra: "A mi verdadera madre, Lore".

La madre que lo trajo al mundo aún vive y fue a luchar por Fidel Castro. Él tenía casi 3 años cuando el Che y los suyos entraban en La Habana. Entonces, junto con otros 26 cubanos residentes en España, Zenaida es reclamada por la madre patria. Nunca le dejaron mandar dinero a España y sólo envió una cubertería de plata. Medio siglo después, es una concertista reputada. Reside en Division Street, Elizabeth, estado de Nueva Jersey, y ha renegado del régimen.

Desde aquella lejana ruptura con el padre de Andrés no se ha vuelto a casar. Vive sola, consagrada a su piano. "Es un tema tabú, pero ella me mencionó a su hijo en alguna ocasión. Profesionalmente, tal vez quería encontrar algo mejor en su hijo, como que hubiera tenido otro talento. Quizá tras lo sucedido sea un buen momento para que ella regrese a España a dar conciertos", relata desde Miami su productor, Félix Romeo, a la cabeza de la compañía Sol Records Productions, con ganas de hacer caja con el folletín.

"Zenaida estuvo en España hace unos cuantos años. No recuerdo las fechas con exactitud porque yo trabajo con ella desde 2005", rememora Romeo. No miente. Según relata Antoni Daimiel, Andrés le comentaba que "cuando ella (su madre Zenaida Manfugás) viene a España, la Reina Sofía va a los recitales". Antillana virtuosa, tocó en Sevilla en 1971, en 1999, en Pozuelo de Alarcón y en 2002, dio clases en el Conservatorio Reina Sofía. Y en 2006 tocó en el Ateneo. Muchas escalas, ningún encuentro con Andrés.

Nunca conoció la cubana cómo su hijo, negro y huérfano, se crió en el corazón de Chueca. Andresito el diferente. El exótico. Y con un día a día con apreturas y sin una pela para billares. Lore las pasaba canutas para alimentar a su 'hijo'. Casi se le muere en una operación de apendicitis y un riñón ya no le funcionaba. Ni con todo el dolor del mundo el crío se quejaba. Los domingos iba a misa del brazo de su madre suplente. Tras darse la paz, los niños pedían tebeos: él sólo quería que le compraran el periódico deportivo Marca.

Fue educado en las Escuelas Pías de San Antón. Vivió en dos pisos de la calle Hortaleza, siempre de alquiler de renta antigua. Los años pasaban y por el patio de la casa se filtraba el sonido Motown, el quejido de Dylan y el lamento de Van Morrison. Por herencia materna, en el tuétano de Andrés corría la música.

Empezó con Pedro Pablo Parrado en Radio Cadena Española. Su labia e indomable estilo hicieron el resto. Siempre iba tieso de bolsillos y le fiaban hasta los sándwiches. Cuando tenía pasta, la fundía en camiserías como Zarauz, música, zapatos...

Se casó a principios de los 90 con Mercedes, una doctora a la que conocía desde niño. Se dieron el sí quiero en Gibraltar. Nacieron dos niños y luego llegó un divorcio de armas tomar. Hasta 1999 no encuentra la calma y el cariño. Junto a María, vive su exitoso periplo comentando la NBA. Y llega la oportunidad de su vida: comentar los Mundiales de fútbol y baloncesto en 2006.

El feliz matrimonio de Montes con La Sexta se rompe el 4 de septiembre. "La Sexta hizo un gran esfuerzo para que estuviera a gusto. Él actuaba libre, sin imposiciones. Era una relación abocada al fracaso y él lo sabía. Ficharon al personaje, no al periodista", explica César Nanclares, editor, compañero y amigo de Montes.

Indómito a las líneas editoriales de las empresas, temperamental y volcánico, inseguro, con una críptica manera de querer y siempre alineado en el bando de las causas perdidas, Montes quizá sólo pretendía cariño. Hace no mucho tiempo, el contestador de su móvil señalaba que era "un superviviente de Vietnam que combatió en la Colina de la Hamburguesa". Se rindió ante la muerte antes de tiempo. Descansa en paz, jugón.

Javier Caballero
Crónica, 25 de octubre de 2009.
Leer también: Andres Montes en Wikipedia y Mi amigo Andrés.

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