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jueves, 8 de diciembre de 2016

Zenaida Manfugás, piano virtuoso en pie de guerra (III y final)


Son sólo algunos hitos recorridos por Zenaida Manfugás durante sus años en Cuba, tiempos de privilegio para la pianística cubana, al poder contar en la primera línea con dos grandes nombres femeninos que significaban competitivo virtuosismo ante el instrumento: la propia Zenaida e Ivette Hernández, cuya carrera era igualmente exitosa y prometedora. De raíces sociales diferentes, al parecer ambas compartían, además del origen guantanamero y la pertenencia a una misma generación, la pasión por el estudio riguroso, un talento inusual y una salvadora y colosal cultura.

Pero la Manfugás sentía que la sombra larga del racismo y la discriminación social no la abandonaba, a pesar de que los cambios socio-políticos que se habían iniciado en la Isla podrían haber sido para ella esperanzadores: si bien había logrado lo que parecía ya una quimera -tocar sobre el escenario del antiguo Auditorium-; disfrutaba del reconocimiento a su talento y maestría también en el orden académico, imaginaba, en cambio, que el camino hacia otros sueños y propósitos se mostraba tortuoso y generoso en obstáculos. Otra vez.

Quienes están cerca de ella en esos años, se refieren a un angustioso período en el que, en paralelo a éxitos y reconocimientos, a apreciaciones propias y contradictorias de las nuevas realidades en Cuba, intenta siempre enfrentar lo que considera deméritos y provocaciones en su contra, pero sobre todo, encara la obsesión por recuperar la comunicación física con el hijo que había dejado en Madrid, lo que cada día se le hace más complicado tras largos años de mutua separación, y por al aislamiento práctico de Cuba respecto al mundo y a su propia situación económica, que nunca pudo transgredir los límites de la precariedad No será fácil elegir entre estas circunstancias para saber cuál pesó más en su elección: todas y cada una pudo haberlo sido.

Lo cierto es que en 1970, Zenaida decide regresar a Madrid. Llega con inmejorables credenciales profesionales y la expectación ante su regreso a los escenarios españoles. El salón de Tapices de los Reales Alcázares de Sevilla registra el concierto de la pianista cubana el 12 de mayo de 1971 con motivo del evento V Mayo Musical Hispalense, donde interpreta la Sonata en Re mayor, de M. Clementi, la sonata Siciliana de J.S. Bach,laAppasionata Op. 57 No. 23 de Beethoven, dos Impromptu de F. Schubert; Andante Spianatto y la Gran Polonesa Brillante, Op. 22, de F. Chopin; dos danzas afrocubanas (Y la negra bailaba y Danza Lucumí), de Lecuona; y de Villa-Lobos, Kankikis (danza indígena) y O Polichinelo. De ese concierto, el crítico Enrique Sánchez Pedrote escribiría: “Zenaida Manfugás es una extraordinaria pianista. Asombra sus enormes posibilidades técnicas, su mecanismo sin igual que le lleva a no cometer ni el menor fallo en los más inverosímiles pasajes, la corrección y limpieza del estilo pianístico del cual hace gala. Toda la actuación de la gran artista estuvo bajo este signo feliz y extraordinario(…).Las ovaciones y los gritos de entusiasmo resonaron en el salón de Tapices, obligando a la pianista a ofrecer fuera de programa, una sonata de Scarlatti; La maja y el ruiseñor, de Granados; la Malagueña, de Lecuona y un Zapateo (danza popular cubana) en arreglo de la propia concertista.”

La situación personal de la Manfugás en España en esos años no habría sido la que ella misma esperaba y puede intuirse si, teniendo en cuenta el nivel que ya había alcanzado, nos detenemos en una breve y minúscula nota aparecida en el diario La Vanguardia Española el 18 de septiembre de 1971, donde se reporta su participación en un concurso internacional de piano organizado por el Conservatorio Municipal de Ourense, en Galicia y en el que participaban, junto a la cubana, veintidós pianistas de Europa, Asia y América.

En abril 30 de 1972, en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, la Manfugás es presentada por la organización Juventudes Musicales dentro del ciclo de solistas internacionales que transcurre con un repertorio que incluye obras de Scarlatti, Beethoven, Brahms, Kabalewsky, Schostakovitch, Ginastera y Granados. Repetiría en el mismo escenario el 1 de mayo, interpretando obras de Scarlatti (tres sonatas), Beethoven (Sonata No. 3 Op. 31), Brahms (Variaciones sobre un tema de Paganini, segundo volumen Op. 31), Paganini (Capricho No. 24) Kabalewsky (Sonata No. 3), Shostakovitch (diez de los veinticuatro Preludios Op. 34) Ginastera (Tres danzas argentinas); Granados (Requiebros y Goyescas) para terminar en encore con Cinco sonatas de Castilla, de Joaquín Rodrigo, y por supuesto, con Lecuona. El crítico Sánchez Pedrote repetiría elogios al desempeño de la Manfugás.

Una breve nota en la sección Panorama Gráfico del diario ABC el 3 de junio de 1973 reseña el “resonante éxito” de Zenaida en el concierto extraordinario celebrado en el Teatro María Guerrero, de Madrid, a beneficio de los niños necesitados. De septiembre de 1972 a septiembre de 1973 la Manfugás hace del Café Concierto Beethoven, en la calle Núñez de Balboa 37, en Madrid, su espacio concertante, donde se le podía escuchar con regularidad, según las notificaciones y anuncios que publica el diario ABC. En el repertorio alternaba obras de Lecuona, Villa-Lobos, Ginastera, Granados, Mussorgsky, Chopin, Clementi, Milhaud, Brahms, Cervantes, Liszt, pero en su edición del miércoles 24 de octubre de 1973 ese periódico anunciaba “última semana de existencia del Café Beethoven”: sobrevenía el cierre del sitio.

La prensa española no permite saber si a partir de esa fecha, Zenaida Manfugás pudo realizar otras presentaciones en España. En lo personal no consigue recuperar la relación con su hijo Andrés, ya quinceañero. Al parecer, no está satisfecha con su situación profesional, pues entiende que no logra su espacio en el ámbito pianístico ibérico. Así las cosas, en 1974 viaja a Estados Unidos, donde decide fijar su residencia.

Con 42 años comenzaría una etapa nueva y hasta definitiva para Zenaida Manfugás, pero no muy distinta a las que ya había vivido. Para ella los puentes serían inseguros sobre aguas siempre turbulentas, y propiciadoras de insatisfacciones que a veces le parecían insalvables, aunque no por ello indignas de sus sonadas batallas personales. Se instala en New Jersey e intenta continuar su vida musical. En octubre 1975 las puertas del Gramercy Arts Theatre, de New York se abren a sus recitales de piezas latinoamericanas y del repertorio español. Casi de inmediato se iniciaría la temporada de la compañía Spanish Theatre Repertory con la puesta en escena de Doña Rosita La Soltera, de Federico García Lorca, dirigida por René Buch, que transcurrió del 13 de noviembre de 1975 al 31 de mayo de 1976 con 44 representaciones, y un elenco en el que la Manfugás figuró como pianista de esa puesta en escena.

Algunas fuentes afirman que ella regresa a Cuba por última vez, en viaje breve, en 1979, pero algunos músicos cercanos no pueden confirmar este hecho. Sólo dando por buena la información que aportan algunas fuentes puede entenderse que Zenaida Manfugás haya podido regresar a La Habana ocho años después de haberse marchado: sus excelentes relaciones personales con algunas autoridades cubanas le habrían propiciado una especie de salvoconducto que le permitía entrar y salir del país cuando lo deseara. En aquellos años quien abandonaba la Isla debía suponer que lo hacía para siempre, y un regreso en tales circunstancias era impensado, salvo excepciones, y aunque su caso lo era, vale decir que la Manfugás no hizo uso de tales prerrogativas, y la de 1979 fue su única y última visita a su país.

Ese mismo año, en lo que parece sería su primera presentación relevante en Estados Unidos ofrece un recital el 27 de octubre 1979 en el Alice Tully Hall, la sala de música de cámara del Lincoln Center en Nueva York. Le sucederían conciertos y recitales puntuales, entre ellos, su aparición en el primer concierto de la Miami Symphony Orchestra el 24 de septiembre de 1989 en el Rotunda Court del Colonnade Hotel de Coral Gables, compartiendo el rol de solista junto al bajo cubano José LeMatt, evento que debió ser repetido el fin de semana siguiente ante la demanda de quienes tuvieron que enfrentar el aviso de sold out. Se mantiene impartiendo clases en el Kean College, de Elizabeth, New Jersey. Viaja a España en 1998 y allí, el 14 de junio ofrece un concierto en el Ateneo de Madrid auspiciado por la Comunidad de Madrid, interpretando obras de Bach, Beethoven, Lizst y Lecuona.

Vuelve al Lincoln Center el 3 de noviembre de 1999 para un recital con obras de Albeniz, Granados y Lecuona, mientras que el día 24, en el Wertheim Concert Hall Performing Arts, en Miami, interpreta obras del compositor de Malagueña, en tributo a su centenario. Con una excelente reacción de la crítica, el Arts Development Center de Miami acogió el 17 de diciembre de 2000 un recital de la Manfugás con un interesante repertorio: la Sonata Op. 31 # 3 de Beethoven; tres lieders de Schumann con arreglos de Lizt; Estudio P. 104 en Si bemol y el Rondó Caprichoso, ambos de Mendelssohn; el primer movimiento del Concierto en Do menor para dos pianos de Bach (junto al pianista cubano Jesús García Rúspoli); de L. Gottschal: Pasquinade y Souvenir de Andalucía; una jotaaragonesa y como encore, el danzón La Mora.

Ese mismo año el Centro Cultural Cubano de New York la distingue con la Medalla Ignacio Cervantes, cuyo palmarés inaugura la pianista. Viaja a Argentina y se presenta el 10 de noviembre de 2001 en el festival que respalda la famosa pianista Martha Argerich y lo hace como solista junto a la Orquesta Estable del Teatro Colón dirigida por Roberto Tibiricá e interpretando Rhapsody in Blue de G. Gershwin.Vuelve a España en 2002 e imparte clases en el Conservatorio Reina Sofía.

En 2005 se produce un hito importante en su carrera cuando se presenta en el Weill Recital Hall del Carnegie Hall de New York. Son sólo algunos de los muchos conciertos y recitales que realizó Zenaida Manfugás en Estados Unidos, España y otros países europeos, al tiempo que mantiene su actividad docente como catedrática de Historia de la Música del Kean College de New Jersey. El 24 de noviembre de 2010, Zenaida Manfugás recibe un homenaje organizado por la Fundación Apogeo en el Centro Cultural Cuba Ocho, en Miami, y en el que la actriz Ana Viñas leería unas palabras de elogio, que la propia pianista aderezaría con incisivas interrupciones y comentarios en tono de humor y recuento de su vida.

Siempre ha sido unánime el criterio acerca de la excelencia estilística y la cuidada técnica de Zenaida Manfugás, de la amplitud y complejidad de su repertorio, de su habilidad para cambiar de estilos con naturalidad dentro de un concierto o recital, del sello personal que imprimía a la ejecución de los clásicos cubanos. Otra cualidad excepcional y asombrosa que la caracterizó era su prodigiosa memoria, de lo que dan fe varios testimonios.

El pianista cubano Huberal Herrera, que asegura fue su amigo, caracteriza a Zenaida como una intérprete muy segura, con una memoria extraordinaria, fuera de lo normal, que le permitía memorizar complejas obras no delante del piano, sino desde la lectura de la partitura. “Se aprendía las partituras de conciertos completos y cuando llegaba al piano ya se las sabía de memoria. Era una cualidad asombrosa en ella, y que resistió el paso del tiempo”. Más que el resultado de un entrenamiento, la memoria de Zenaida Manfugás parecía ser una cualidad orgánica innata enmarcada junto a otras manifestaciones de singularidad que podrían explicar su indiscutible talento y hasta algunos rasgos de su controversial carácter.

Tras su salida definitiva de Cuba, Zenaida Manfugás nunca logró insertarse en los circuitos comerciales de la pianística internacional, a los que llegaba tarde, sin aparente capacidad competitiva frente a colegas más jóvenes; no logró hacerse de un público entendido y entusiasta en New Jersey y New York -donde además no pudo ganar el apoyo del sector afroamericano, tan ensimismado en su propia y rica cultura. Miami tampoco le ofreció la calidez a su pianismo y el apoyo que necesitaba: esta ciudad “le ha resultado un poco difícil” en cuanto al reconocimiento de su talento, habría dicho alguna vez, según señaló el crítico Daniel Fernández en El Nuevo Herald.

Tampoco consiguió Zenaida que alguna casa discográfica se interesara en hacerla entrar a un estudio de grabaciones y registrar el sonido de su excelente pianismo. Al parecer, la única vez que lo hizo fue en La Habana, cuando aún vivía en Cuba y sobre lo cual algunas fuentes consultadas aseguran que la Manfugás habría grabado una serie de piezas del repertorio clásico cubano para un disco en proyecto, que nunca vio la luz, pero lo cierto es que a día de hoy los archivos de EGREM, dan cuenta únicamente de la existencia de sólo dos contradanzas, Los ojos de Pepa y La Tedesco, grabadas en los estudios Areíto de la calle San Miguel a finales de los 60 (no hay datos exactos sobre las fechas).

Otro dato interesante lo aporta José Pérez Lerroy, grabador y editor de larga experiencia en el medio radial y discográfico cubano, quien -sin poder mencionar títulos exactos- recuerda haber editado una serie de grabaciones que realizara la Manfugás, a instancias del Consejo Nacional de Cultura, durante la primera mitad de los 60, en el estudio de Radio Progreso bajo la dirección de José Ardévol, y que según conoció, tendría fines didácticos. Esas grabaciones no han sido encontradas ni identificadas a día de hoy.

Zenaida vio en el desinterés de la industria discográfica, una señal de premeditación: “No haber podido grabar discos profesionalmente impide que quedara registrada así mi música para la posteridad, pues las pocas grabaciones que tengo fueron hechas con una grabadorita miki-maus, no con un sello disquero en un estudio con todas las condiciones adecuadas”. Por ello se empeñó en que, al menos, quedaran esos cassettes que manos amigas grababan y se vendían en sus conciertos, hoy disponibles en formatos de CD y en las plataformas más universales de música digital, entre ellas iTunes.

Su vasto repertorio incluía obras de Beethoven, Musorgski, Mendelssohn, Bach, Scarlatti, Schubert, Gottschalk, Brahms, Villa-Lobos, Albéniz, Rodrigo, Falla, Granados, Debussy, Monsalvatge, Mozart, Shostakovich, Clement, pero su apego a los clásicos cubanos la hizo singular, más aún si fuese posible. Junto a las memorables interpretaciones de Marín Varona, Cervantes, Saumell, Anckerman, Roig, Gramatges, brilló como nadie el asumir de modo magistral y personalísimo el repertorio pianístico de Ernesto Lecuona, quien se dice encomió su desempeño. Asumió el danzón como una de las grandes conquistas para la pianística cubana, al devolvérnoslo con un lirismo, una rítmica, un sabor y un empaque tal, que al escucharla no se echa de menos al conjunto instrumental que caracteriza a este género musical. Su versión para piano de muchos de los clásicos de este género, así como de la Cecilia Valdés de Gonzalo Roig son ya referencias para los pianistas de la Isla.

En el concierto Tres pianos, tres intérpretes, celebrado en el Wertheim Center de la Universidad Internacional de la Florida ocurrió su última aparición en público, en la que alternó con Jesús García Ruspoli y su esposa Eugenia Ruspoli-Armengol. Era el 22 de mayo de 2011. A poco menos de un año, el 2 de mayo de 2012, a las 4. 30 de la tarde, en Elizabeth, New Jersey, donde había vivido desde 1974, fallecía a los 80 años de edad Zenaida Elvira González Manfugás, quien había nacido el 22 de febrero de 1932 en la ciudad de Guantánamo. La causa de muerte habría sido un ataque cardíaco o el cáncer que sufría desde hacía tiempo, aunque sin dudas, la repentina muerte de su hijo Andrés en 2009, a los 53 años, sin haber solucionado la distancia afectiva que les separó, debió resultar un golpe demoledor a la salud de la insigne pianista.

Pianistas jóvenes como Mauricio Vallina reconocen su influencia y magisterio en sus carreras, pero su obra y legado están muy lejos de ser difundidos y sobre todo, conocidos en nuestro país. Lo cubano y lo virtuoso en el pianismo de Zenaida Manfugás fueron precisamente su gran triunfo vital, escudo y arma salvadora, su puente, el único posible para transitar sobre las aguas turbulentas que en ambas orillas desde la realidad, y también desde su imaginación, se le hicieron siempre tangibles y amenzantes. En ello está su victoria.

Agradecimientos especiales al Maestro Ulises Hernández y a Iván Giroud. También a los Maestros Huberal Herrera, Mauricio Vallina y Elvira Santiago; al investigador y periodista Ramón Fajardo Estrada; al musicólogo José Reyes Fortún; a José Pérez Lerroy, Leonor Orozco Cutiño (Fonoteca de Radio Progreso), Doan Manfugás, Joan Cararach, Carlos Ferrera. Sin ellos no habría sido posible desentrañar los vericuetos de la vida y la obra de Zenaida Manfugás.

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, junio de 2016.

Ver fotos y datos en Desmemoriados.


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