Google
 

jueves, 29 de septiembre de 2016

Rescatando a Don Aspiazu de las arenas del tiempo


En 1932, Carlos Gardel filma la película Espérame en los estudios que Paramount poseía en Joinville, Francia. Dirigida por el realizador francés Luis Gasnier y basada en un libreto de Alfredo Le Pera, llevaba música compuesta por el mismo Gardel, Marcel Lattes, un pianista francés, que después falleciera en el campo de concentración de Auschwitz, y el músico cubano Don Azpiazu.

En la cinta, Gardel interpreta Por tus ojos negros, que no es una rumba, si no una habanera, género musical que surgió en Cuba en la primera mitad del siglo XIX. La canción tiene autoría de Aspiazu y de los argentinos Carlos Lenzi y Alfredo Le Pera.

En aquellos tiempos, el tango era prácticamete el dueño de París, y músicos de otras tierras llevaban sus ritmos tratando de imponerlos. Los cubanos fueron los más afortunados, en particular fue el pianista y director de orquesta Don Azpiazu. Su resonante éxito en la capital francesa motivó a Gardel y sus colaboradores a incluirlo en la película con su Orquesta Típica Cubana (así figura en los títulos).

Anrtes, el 20 de noviembre de 1932, el escritor cubano Alejo Carpentier afirmaba en la revista Carteles que la orquesta de Don Aspiazu era una obra maestra, "con ella nos pusimos en la vanguardia de la música latinoamericana. Y viene a desalojar definitivamente la música americana de los dancings parisienses. ¡Con decir que, actualmente, en el cabaret de los Campos Elíseos que ha contratado a Don Aspiazu, el público bosteza cuando la orquesta de jazz y la de tango se hacen oír, en espera de que los cubanos revienten un son bien criollo! ¡Ha muerto el jazz! ¡Viva el son!”.

Justo Ángel Azpiazu Pradera, más conocido como Don Azpiazu, nació en Cienfuegos, ciudad situada al sureste de la isla de Cuba, el 11 de febrero de 1893. A diferencia de la mayoría de los músicos populares, procedía de una familia pudiente, conectada con el poder político y apasionada por la música. Santiago, su padre, era ingeniero civil y músico, y su madre, Waldina Pradera, maestra y aficionada a la música. Su abuelo José llegó de España en 1840 y fue coronel y ayudante auxiliar del General Máximo Gómez. Su bisabuelo fue músico y había tocado con la reina Isabel II de España.

Tuvo un solo hermano, Eusebio Santiago, cuyo nombre artístico sería Mario Antobal. Siendo niños fueron enviados a los Estados Unidos, donde pasaron la mayor parte de su infancia. Justo estudió piano, composición y a los ocho años tocaba el acordeón. Era ya un adolescente cuando regresa a Cuba y lo matriculan en una escuela militar con el objetivo de encaminarlo en esa vida, pero es expulsado por desobediencia.

En 1927 se casa con una hija del general José Braulio Alemán, participante de la Guerra de Independencia. En ese momento, su hermano Eusebio era secretario de la presidencia en el gobierno de Menocal. Como regalo de boda, Eusebio le nombra Cónsul de Cuba en Guatemala. Pero no llegó a viajar a ese país, por un golpe de estado al presidente guatemalteco. Entonces, Justo no podía imaginar que estaba destinado a difundir la música cubana en el mundo.

Regresa a Cuba y trabaja en la Cuban Telephone Company (fundada el 18 de julio de 1909, la compañia fue nacionalizada por el Gobierno Revolucionario del 3 de marzo de 1959). A mediados de la década de 1920, Aspiazu funda la orquesta Havana Casino y con ella se presenta en el Almendares, aristocrático hotel cinco estrellas de la capital. Con su orquesta, Aspiazu emprende una gira por toda la isla, sin mucha resonancia. Un tiempo después decide viajar a Estados Unidos. Y el sábado 26 de abril de 1930 debuta con la Havana Casino ante un público casi totalmente anglosajón en el Palace Theatre de Broadway, Nueva York, considerado el teatro de la música latina.

Si bien muchos músicos cubanos ya se escuchaban en la Gran Manzana, Azpiazu fue el primero en lograr un resonante éxito. Havana Casino era una agrupación de música bailable, sus 14 músicos, vestidos con coloridas camisas que tocaban trompetas, trombones, saxos, tuba, piano, bajo y una sección de percusión típicamente cubana, con instrumentos exóticos para la época: maracas, claves, güiros, bongós, timbales. Por si no bastara con tanta novedad, un grupo de bailarinas agitaban sus caderas al compás de la sensual rumba.

El cantante era Antonio Machín, anunciado como el Rudy Vallée cubano. Con la Havana Casino, Machín interpreta números que luego fueran muy famosos, como Amapola, Mamá Inés, Marta y Aquellos ojos verdes, de Nilo Menéndez que luego formaría parte del repertorio de las big bands de jazz. Those Green Eyes es uno de los temas cubanos más versionados, en inglés, español o como instrumental.

Ese día, por primera vez, Azpiazu introduce en Estados Unidos la auténtica música cubana bailable y sus instrumentos típicos al público neoyorquino que colmaba el teatro. La función culminó con Antonio Machín cantando el pregón El manisero, de Moisés Simons. Con una lata en la mano, Machín lanzaba cucuruchos de maní, mientras pregonaba: "Maní, maní, si te quieres por el pico divertir, cómete un cucuruchito de maní...".

Cuenta la leyenda que El manisero electrizó al auditorio, y se convertiría en uno de los más grandes sucesos en la historia de la música cubana. Causó una verdadera sensación en aquellos años de la depresión económica en los Estados Unidos. Después sería grabado por reconocidos músicos, entre ellos Red Nichols, Duke Ellington y Louis Armstrong.

Según el escritor y etnomusicológo John Storm Roberts, autor entre otros, del libro The Latin Tinge: The Impact of Latin American Music on the United States, el atractivo de la orquesta Havana Casino residía en la manera de tocar, en la manera de hacer la música cubana con un sonido único y peculiar, con un sello característico y auténtico con maracas, claves, güiro y bongó, congas y timbales, arsenal de la percusión cubana que dejaría una huella permanente -y para siempre- en la música a nivel mundial.

Don Aspiazu fue el primer músico cubano que presentó esos instrumentos típicos en los Estados Unidos. También fue precursor del llamado latin jazz, o jazz afrocubano o afrolatino. Y tuvo mucho que ver en la introducción de la percusión cubana en las orquestas sinfónicas de medio mundo, una percusión extravagante y llena de matices, con zumbidos embrujadores, caricias de seda herida, como decía el crítico musical francés Émile Vuillermoz.

Azpiazu y su orquesta fueron los primeros en poner de moda en Estados Unidos la música cubana, sobre todo la rumba, que prendió muy fuerte durante la década 1930-1940, al extremo de que muchas orquestas neoyorquinas ya establecidas, le agregaron la palabra Havana a sus nombres. Don Aspiazu contribuyó a abrirle el camino al catalán-cubano Xavier Cugat, quien cambió su orquesta de tango por una de música tropical.

Parte del triunfo de Azpiazu se debió a que, sin dejar de usar auténticos arreglos cubanos, hizo su música accesible al público estadounidense, al mezclarla con jazz e incorporar a Chick Bullock y Bob Burke (a continuación pueden escucharlo en Marianna), para cantar en inglés, mientras que Antonio Machín lo hacía en español.


Las presentaciones en Nueva York de Azpiazu y su orquesta Havana Casino no fueron tan importantes por lo que interpretaron, si no por la forma en que lo interpretaron. Por vez primera, Aspiazu trasladó al público estadounidense la auténtica música cubana bailable, usando instrumentos que se iban a generalizar tanto que, en ocasiones, se ha olvidado que su origen es cubano.

Si bien la fama de El manisero no ocurrió de la noche a la mañana, sí fue a consecuencia de la versión de Azpiazu. El tema ya era conocido en Cuba desde noviembre de 1927, a través de la cantante Rita Montaner, y en mayo de 1930 Azpiazu lo registra para el sello RCA Victor. Pero el disco no fue puesto a la venta hasta noviembre de ese año, porque los ejecutivos de la RCA temían que El manisero sonase demasiado extraño a los oídos anglosajones.

Guy Lombardo, director de una de las orquesta bailables más populares del momento, dijo que El manisero nunca podría convertirse en un tema bailable popular. A Lombardo se le sumaron otros músicos, a los cuales les disgustó en un primer momento. Pero el público tuvo la palabra final, y a principios de 1931 El manisero se había convertido en un éxito nacional en los Estados Unidos.

A ello contribuyó el editor de música Edward B. Marks, muy enfocado en la música latinoamericana y que décadas atrás había ayudado a imponer el tango en Estados Unidos al editar las primeras partituras tangueras. Marks resolvió el problema del rechazo por parte de los directores de orquestas mediante la edición de una “versión simplificada” en tiempo 4/4. Como consecuencia, las grabaciones hechas por famosos -y otros que no lo eran tanto-, comenzaron a proliferar, pero la versión de Azpiazú siguió siendo la más brillante. Y si bien el éxito monumental de esas grabaciones de El manisero provocaría una avalancha de canciones cubanas, sus interpretaciones fueron altamente americanizadas.

De ahí que el éxito de Don Azpiazu fuera tan importante, pues siendo el estilo de su orquesta mucho más cubano que el de sus imitadores norteamericanos, ayudó a que el público tomara conciencia sobre el verdadero lenguaje musical de Cuba. Lo triste en esta historia, donde es muy posible que la rumba no hubiera barrido en los Estados Unidos sin el aporte de la orquesta Havana Casino, fue que Aspiazu nunca se benefició de lo que había logrado.

Durante sus estancias en Nueva York, Aspiazu se presentó con regularidad en salas de bailes, especialmente en el Rainbow Room, compartiendo cartel con la pulida y brillante The Casa Loma Orchestra, una de las primeras integrada totalmente por músicos blancos. De carácter obstinado y fogoso, Aspiazu siempre rechazó los estereotipos raciales. Incluso se dice que perdió su trabajo en el Rainbow Room, por negarse a tocar sólo música cubana y relegar los temas norteamericanos a la orquesta Casa Loma.

Luego de una larga gira por el exterior, en 1939, al volver nuevamente a Nueva York, para grabar y filmar unos cortos musicales, descubre que la escena musical latina había cambiado demasiado. Ese mismo año regresa a Cuba, se presenta una temporada en el hotel Sevilla Biltmore de La Habana y en 1940 se retira.

El 20 de enero de 1943, cuando Aspiazu fallece de un ataque al corazón, su papel de introductor de la auténtica música cubana en los Estados Unidos había sido olvidado.

Lamentablemente olvidado, si se tiene en cuenta que Aspiazu también fue el primer director de una orquesta donde tocaban músicos negros, blancos y mulatos, rompiendo la barrera del color en los Estados Unidos.

Un olvido que no puede ocultar otra realidad: Aspiazu no solo fue, por mucho, el responsable de la introducción de la música cubana en los Estados Unidos, sino el que sentaría las bases del actual jazz afrocubano.

El nombre de Justo Ángel Aspiazu Pradera se ha perdido en las arenas del tiempo. Corresponde rescatarlo a las nuevas generaciones de cubanos y cubanoamericanos.

Tania Quintero, con informaciones tomadas de internet.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada