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miércoles, 10 de febrero de 2016

Lázaro Valdés, el último pianista de Benny Moré


Lázaro Oscar Valdés fue el último pianista de Benny Moré, de 1958 a 1963. Músico de estudios superiores, es director de orquesta, compositor, orquestador e investigador de la música y el folclor.

Nació en la barriada habanera de Cayo Hueso, donde crecieron y se desarrollaron muchos de los integrantes de la dinastía musical de los Valdés: Oscar, Alfredito, Vicentico, Marcelino, Lázaro Oscar y Lazarito, director de la orquesta Bamboleo, Oscar el cantante y percusionista de Irakere y su hijo Oscarito, ya fallecido.

Visito a Lázaro Oscar en su hogar de la calle Subirana, entre Clavel y Santa Marta, al lado de donde vivió Abelardo Barroso y Benny Moré, dos de los mejores cantantes de Cuba. Su casa radica en Pueblo Nuevo, La Victoria, zona de La Habana muy efervescente en la década de 1950.

Empecemos por Benny Moré...

-Hablar de Benny es hablar de palabras mayores. Antes debo decirte que yo nací el 17 de diciembre de 1940 y en 1946 residí con mi padre en México, donde él tocaba con José Sabre Marroquín, quien llegó a ser director musical de Lucho Gatica. En México conocí al Benny, había dejado al conjunto Matamoros y se quedó en la ciudad, grabando con Pérez Prado. Yo viví ese gran momento. Ya en La Habana, en 1958, el trombonista Generoso Jiménez me recomendó para su Banda Gigante. Debo aclararte que el Benny tuvo dos orquestas: una a partir de 1953 y otra en 1958.

¿Cómo valora la condición musical de Benny?

-Siempre me impresionó su tonalidad vocal, su ritmática, era una estrella. Dominaba la clave y el ritmo, solo con eso, su experiencia y genio, le bastaba para ser el director de la banda más resonante y el músico y mejor cantante de su estilo cubano en toda América. Tenía lo que tenía que tener.

¿Cómo era el Benny en los ensayos, grabaciones y presentaciones?

-En la preparación de sus grabaciones lo decidía todo, con el apoyo de su orquestador. Podía dictar magistralmente los arreglos, con acordes y todo, sabía lo que quería. En las presentaciones en público, cambiaba todo en medio de la actuación. El clima emocional que lograba no lo alcanzó nadie en el mundo. Se acercaba al oído de los instrumentistas, del pianista, de la base ritmática y ya la banda era otra cosa. Como cantante era entonado y muy afinado de oído absoluto, te lo aseguro yo. Eso que hacía nada más que lo puede hacer un genio sobrenatural como fue el Benny.

¿Viajó con él?

-Fuimos a tocar en 1960 a Miami y no admitió que lo situaran en otro hotel, aparte de los músicos.

Y como persona, ¿qué me puede decir del Benny?

-Adoraba a su madre, ella asistía a sus presentaciones, le fabricó su casita como se lo prometió. Le prestaba dinero a sus músicos y luego no les cobraba. Sus presentaciones eran muy correctas. La película que le hicieron no se corresponde con la verdad.

¿Qué recuerda de sus últimas presentaciones?

-La actuación en el último festival Papel y Tinta de 1963, frente al Capitolio fue apoteósico, lo más grande. Las presentaciones en el Salón Mambí, en el parqueo de Tropicana, fueron de leyenda.

Cuando fallece el Benny, ¿que hizo?

-Lázaro Peña, que era secretario general de la CTC y esposo de la compositora Tania Castellanos, me pidió que continuáramos con la banda y me designaron su director.

¿Dirigió otras orquestas?

-Sí. Sabor de Cuba, después de la salida de Bebo Valdés, trabajamos en el teatro Martí con Pous y Sanabria. En esa etapa escribí música para libretos de Enrique Núñez Rodríguez, tarea difícil.

Otras experiencias laborales y musicales...

-Dirigí el Departamento Técnico de Música del Consejo Nacional de Cultura, junto con Ricardito Egües, hijo de Richard, flautista de la Aragón, evaluamos cerca de 500 músicos. En la década de 1970 fundé el grupo T con E, con el cual recorrimos todo México. También trabajé en el Cabaret Parisién del hotel Nacional, con un espectáculo que posteriormente se presentó en Martinica y México.

Y de su preparación musical...

-A partir de los 8 años estudié con varios maestros y también en el conservatorio de Marianao. Después, con Rosario Franco realicé estudios superiores. Rosario había estudiado en Nueva York con el pianista chileno Claudio Arrau y era hija del historiador José Luciano Franco. Olvidé decir que toqué en las orquestas Ilusión y Fraternal.

Hábleme de su padre Oscar.

-Papá era el mejor conguero de banda de Cuba, tocó en la Orquesta de Música Moderna y en Irakere. Fue cantante y percusionista y trabajó con Cheo Belén Puig, Julio Cuevas, Septeto Cauto, Julio Gutiérrez, Mario Romeu y para Gaspar Pumarejo en la televisión.

¿Qué hace actualmente?

-Dirijo el grupo Son-Jazz, fusión de lo cubano, lo afro y el jazz.

Veo que tiene dominio de nuestro folclor.

-Soy Olu (babalao), sacerdote de Orula, lo máximo en la religión yoruba.

Pero usted parece deportista...

-Soy cinta negra 4to. dan de judo, he preparado deportistas que han tenido buenos resultados olímpicos.

¿Ha escrito sobre sus investigaciones?

-Publiqué un libro sobre el origen y las raíces del son, se difundió en México y Panamá.

¿Qué opina de su hijo Lazarito, director de Bamboleo?

-Está muy bien encaminado, Bamboleo es una de las bandas triunfadoras de la salsa cubana, su composición Ya no hace falta, se convirtió en uno de los éxitos más sonados de los años 90.

¿Cómo va la música cubana?

-Nosotros. los músicos de hoy, tocamos diversos estilos musicales, pero aconsejo a los nuevos músicos que mientras no dominen la auténtica y genuina música cubana. la de los tumbaos y montunos, no pueden considerarse verdaderos músicos cubanos.

-Es muy lamentable que un músico cubano actual no domine y comprenda la gran música nacional, la que se admira y aprecia en todo el mundo.

Rafael Lam
Salsa.ch, 11 de marzo de 2015.

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