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lunes, 15 de febrero de 2016

La huella de Papito en la Chepín Chovén


Ya no está con nosotros Gilberto Aguilera Caballero, Papito, como cariñosamente le llamaban músicos, familiares y amigos en Santiago de Cuba, ciudad en la que se ganó el respeto y la admiración del pueblo, como saxofonista, integrante de la Chepín Chovén, la orquesta del sabor o por haber sido un ser de alma hermosa.

El texto a continuación, titulado Una leyenda del chepín-son, es de la autoría de Manuel Gómez Morales, Manolito, amigo y admirador de Papito, es un acercamiento a su vida y obra (Miguel A. Gaínza).

Después del huracán Sandy, que en 2012 azotó Santiago de Cuba, buscó una postura y la plantó en el cantero destruido frente a mi casa. Temprano en la mañana la regaba y al atardecer repetía el ritual.

A medianoche, casi al inicio del 8 de septiembre de 2015, día de la Virgen Caridad del Cobre, patrona nacional, falleció. ¿Falleció? Prefiero escribir murió, una diferencia tonal más cercana a los sentidos de la vida: fallecer entraña demasiado tecnicismo si se considera el concepto de Mario Benedetti.

Murió Gilberto Aguilera Caballero, Papito. Dos señas de identidad lo marcaron hasta el final: ser oriundo de San Luis, donde nació el 25 de noviembre de 1946, y pertenecer a los Aguilera.

Vendedor de frituras en su niñez, aportaba algo a su casa. Después vendría el tiempo de inflar pulmones, saber administrar el aire y emboquillar, aprender del papel pautado y perfeccionar la técnica. A partir de entonces fue la encarnación del saxofón. Creció con las presentaciones y giras de la otrora Banda del Ejército Oriental, donde montó temas clásicos de música cubana, entre ellos de Juanito Márquez.

Muy bien lo conocieron en las estribaciones y el entorno de La Caoba, Casa de Tabla, La Loma de la Sierra, La Fama… Saxo en mano y con piquetes improvisados, alegró familias y comunidades de la serranía. También integró las formaciones Luisín y su combo e Inspiración, por sólo citar algunas de las cuales fueron testigos los clubes nocturnos santiagueros. Su momento cumbre fue su ingreso a una nueva y definitiva Chepín Choven, la orquesta del sabor.

Desde la humildad compartió con los grandes de esta agrupación, sus fundadores. Aquel saxo comenzó a tocar piezas como Son mis bodas de oro, El platanal de Bartolo, Vamo a tumbar los cocos, La Reina Isabel... toda una constelación de nuestro panorama musical.

Papito fue un apasionado defensor de músicos precursores, como Electo Rosell Horrutinier, más conocido por Chepín, y Bernardo Chauvin Villalón, cuyo nombre artístico era Chovén, los dos fundadores de la mítica orquesta Chepín Chovén.

Auténtico paladín de la cultura popular y tradicional, fue amigo de conjuntos, solistas paradigmáticos y clubes danzoneros, con los cuales actuó en carnavales, semanas y jornadas de la cultura, galas, conciertos y giras, incluidas dos a Francia e Italia.

Vivió para la orquesta Chepín Chovén, fue su salvador en momentos de trance y ruptura, su historiador, su escudo, su lanza. Archivo caminante de conocimientos que nunca guardó secretos y abrió su piel al sol. A infinidad de músicos Papito los aconsejó, adiestró y formó. Y hoy muestran una trayectoria rutilante.

Su vocación magisterial la extendió fuera del quehacer cultural. Fue un trabajador social genuino, de los que ya apenas existen. Conflictos y problemas en su vecindario los hacía suyos y le daba increíbles soluciones personales. De ello pueden dar fe las barriadas de Los Olmos, Los Hoyos, Sueño... Lástima quienes no desearon escucharlo, asumir sus consejos, pobres aquéllos que alguna vez lo lastimaron con palabras, ojalá puedan enmendarse a sí mismos.

Aquel árbol plantado después del ciclón, creció en el cantero, frente a mi casa. Ahora, temprano en la mañana mi hija lo riega, y al atardecer repite el ritual. Desde mi mesa de trabajo me llegan los acordes de Son mis bodas de Oro y pienso que Gilberto Aguilera Caballero, Papito, ha “emboquillado” la raíz de un árbol que ya es de todos.

Miguel A. Gaínza y Manuel Gómez Morales
Sierra Maestra, 12 de septiembre de 2015.

Video: La Orquesta Chepín Chovén interpreta Son mis bodas de oro, de Electo Rosell, en el patio de la Casa del Caribe de Santiago de Cuba, en julio de 2011. El saxofonista de pelo canoso es Papito.

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