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miércoles, 6 de enero de 2016

Julio Gutiérrez: silencio y olvido (I)



Ahora que Omara Portuondo ha vuelto a grabar Magia Negra, a poco más de cincuenta y cinco años, y en fonograma homónimo, los temas de su primer disco -sin duda uno de los mejores de su larga carrera- el nombre de su gestor, productor y director musical, Julio Gutiérrez, sale a la luz desde la desmemoria, olvidado sin explicación posible.

Hablamos no sólo del excelente pianista que fue, sino también de uno de los más grandes arreglistas cubanos de todos los tiempos, de uno de los grandes directores al frente de orquestas que acompañarían las grabaciones y actuaciones de cantantes insignes, y en lo que su labor tampoco sería menor.

Lo mismo puede decirse de su trabajo autoral, donde sobresalen obras tan conocidas como Inolvidable, Llanto de luna, De ti enamorado, Un poquito de tu amor y Desconfianza. Parecería que, aunque su nombre recorre transversalmente una etapa importantísima de nuestra música, su imagen física se esfuma en el recuerdo y, escurridiza, apenas aparece en la prensa y en trabajos musicográficos de las últimas cincuenta décadas.

No suele justipreciarse la enorme contribución de Gutiérrez a los resultados alcanzados en este primer fonograma de la otrora Novia del Feeling, hoy Diva del Buenavista Social Club. Insisto en su labor directriz en la concepción y concreción de Magia Negra y con ello, en su cuota de responsabilidad en el ascenso de la Portuondo a una dimensión superior en su debut discográfico como solista, cuando al momento de la grabación aún formaba parte del ya famosísimo Cuarteto D’Aida.

La propia Omara reconoce que fue de Julio Gutiérrez la idea de producir este disco-joya. Pocos podrían haberlo hecho mejor: es evidente que los temas seleccionados por Gutiérrez demuestra su amplio conocimiento del cancionero cubano: Noche cubana (César Portillo de la Luz), Qué emoción (Orlando de la Rosa), No puedo ser feliz (Adolfo Guzmán), y Llanto de Luna (del propio Gutiérrez). Del repertorio norteamericano, representado por verdaderos clásicos interpretados en español por la Portuondo, gracias a una feliz idea del propio Gutiérrez: That Old Black Magic-Magia Negra (Harold Arlen), El hombre que se fue (The Man That Got Away, de H. Arlen en versión de Gutiérrez) y Caravan (Ellington-Tizol). Los excepcionales Ogguere (Gilberto Valdés) y Andalucía (Ernesto Lecuona), y hasta de lo más inmediato que se gestaba en el ámbito musical cubano, al incluír a una muy novel autora entonces: Marta Valdés, con su imprescindible No hagas caso.

Se sabe que Gutiérrez encargó los arreglos a otros músicos y que él mismo asumió también de manera genial el piano. No hay certeza ni recuerdos sobre el staff completo que acompañó a la Portuondo y a Gutiérrez en estas grabaciones, realizadas en el estudio de Radio Progreso, en el edificio de la emisora en Infanta y 25, La Habana. Marta Valdés ha comentado: “Emociona de verdad escuchar los movimientos armónicos o los solos de Julio Gutiérrez al piano, la transparencia del bajo de Salvador Vivar, la promisoria trompeta de El Negro, la audaz presencia en semejante repertorio del acordeón que ejecuta Eddy Gaytán. No me aventuro a asegurar los nombres de otros músicos que, según mi parecer, asumen otras partes. Casi me atrevería a asegurar, según mi percepción muy personal, que en la guitarra se escucha a Carlos Emilio Morales (no me inclino a pensar en Pablo Cano).”

Cristóbal Díaz Ayala afirma: “Tanto Julio (Gutiérrez), como el resto de los compositores jóvenes de los años cuarenta aprenden una lección de Lecuona: para tener éxito hay que componer, pero muchas veces hay que crear y hacer el intérprete, y Julio crea, sobre todo en los años cincuenta, a muchas cantantes, como Enma Roger, que después se va a Puerto Rico; Elena Burke, Omara Portuondo, Olga Rivero, Eva Flores". Como el vino añejado, al revisitar Magia Negra tenemos siempre la certeza de estar ante una obra cumbre en la discografía de Omara Portuondo y uno de los discos más completos jamás realizados en Cuba.

Julio César Gutiérrez Caiñas nació el 18 de enero de 1918 en Manzanillo, pero muy pronto se trasladó a La Habana. Antes había iniciado sus primeros pasos en la música, dominaba el piano desde temprana edad y con 14 años creó en su ciudad natal un pequeño grupo, cuyo nombre y huella se resisten a aflorar en el recuerdo brumoso de la época. En una gira que la orquesta Casino de la Playa realizaba por la antigua provincia de Oriente, conoce por esos años a Miguelito Valdés, quien entonces integraba la banda, y éste le aconseja que vaya para La Habana. Lo escucha y en 1940 logra concretar el viaje.

En la capital, con su proverial generosidad, Miguelito lo ayuda. Julio asiste a clases de piano y violín en el Conservatorio Municipal de Música, y después logra entrar como pianista, por breve tiempo, en la propia Casino de la Playa, cuando Dámaso Pérez Prado abandona este puesto para marchar a México, iniciando el camino de sus éxitos en ese país. Con la Casino de la Playa se inicia probablemente su carrera como compositor al estrenarle la famosa banda las piezas Macurijes, Cuando vuelvas a quererme y Desconfianza así como varias congas, siguiendo la furia que este género había entronizado en las orquestas de formato big band, y cuyos ecos llegarían hasta el Nueva York de finales de los 30 y principios de los 40. La Casino de la Playa, sin embargo, había comenzado a decaer, con la salida de su pianista Dámaso Pérez Prado, a pesar de la presencia de Gutiérrez en su lugar y también como compositor, y de Cascarita, sustituyendo a Miguelito Valdés, voz ya exitosa en el contexto de la orquesta.

Según Cristóbal Díaz Ayala, Gutiérrez "empieza a aparecer en los conciertos de Lecuona, que es la otra ayuda que tiene el grupo de compositores nuevos, porque Lecuona los anima y los aconseja. En los conciertos, Julio estrena canciones ya clásicas en el repertorio cubano, como Inolvidable y Llanto de Luna”. Se trata de los memorables conciertos en los que Lecuona reunía seis u ocho pianos y junto a Gutiérrez estarían también los pianistas y compositores Bobby Collazo, Mario Fernández Porta, Orlando de la Rosa, Juan Bruno Tarraza, Felo Bergaza, Humberto Suárez y Fernando Mulens, entre otros.

En 1946 viaja a México junto a Bobby Collazo, explorando nuevos territorios para su quehacer. Regresa y forma su propia orquesta en 1948 y ese mismo año también acepta un contrato de la RHC como pianista, compositor y director de la orquesta de planta de la radioemisora. Era una jazz band al uso de la época y contó con un grupo de jazzistas, como los trompetistas Alejandro 'el Negro' Vivar y Nilo Argudín; los saxos altos Eddy Escrich y Mosquifín Urrutia y los tenores Emilio Peñalver y Rubén 'Perro chino' Morales; el contrabajista Fernando Vivar, y después su hermano Salvador; el gran baterista Daniel Pérez y percusionistas como Oscar Valdés y Rogelio Darias. Era normal que el repertorio de estas orquestas incluyera no sólo temas cubanos, canciones y boleros, sino también standards y temas populares de swing.

En la segunda mitad de la década de 1940, Gutiérrez es contratado para dirigir la orquesta de la radioemisora dominicana La Voz del Yuna, que transmitía en frecuencias de onda larga y corta para el área del Caribe. También en 1948 inicia con su orquesta una serie de presentaciones en Suramérica y México. Fue un año de mucha actividad, y marca el inicio de su vínculo con la cinematografía mexicana y cubana: su tema Un poquito de tu amor es incluído en la banda sonora del filme mexicano El angel caído, de Juan J. Ortega, rodado en Cuba y con las actuaciones protagónicas de Rafael Baledón y Rosita Quintana. La mayor parte de las piezas musicales eran de la autoría del mexicano Gonzalo Curiel, incluyendo la música original.

Al año siguiente, se le contrata para asumir en Cuba, junto con Laíto Castro, la dirección musical del filme argentino A La Habana me voy, destinado esencialmente a destacar la presencia de la vedette Blanquita Amaro en Buenos Aires y su empatía escénica con el cantante Tito Lusiardo, comediante gallego radicado en ese país. En el elenco musical figuraban la orquesta femenina Anacaona, el cantante argentino Héctor Palacios; el tenor mexicano Pedro Vargas, la cantante afrocubana Isa de Mendoza, y la orquesta Hermanos Palau, entre otros.

Una tercera incursión cinematográfica ocurre cuando su pieza No sé por qué te quiero se incluye en el filme cubano-mexicano Ritmos del Caribe, con notable presencia de música cubana de autores como Bebo Valdés, Justi Barreto, Otilio Portal, Silvestre Méndez, entre otros. En 1952 se llevan también al cine sus temas Mambo Oriental y Serenidad en el filme La Única, protagonizada por Rita Montaner.

A finales de los 40 e inicios de los 50 permanece varios años en Brasil y Argentina donde su labor creativa deja frutos inspirados y trascendentes como Inolvidable y Desconfianza, composiciones que, sin encuadrarse dentro del movimiento del feeling, representaron un cambio en cuanto al sentido y la poética de las letras en la canción cubana. Cuando regresa a La Habana, ya triunfaba el mambo y Gutiérrez demuestra su ductilidad para asumir los retos de la evolución rítmica. De esa etapa son sus boleros-mambo Un poquito de tu amor, Qué es lo que pasa, Así así y Pero qué te parece. Con el chachachá, ocurre lo mismo: lo asume de modo singular, adicionando, según Díaz Ayala, elementos de la canción romántica al nuevo ritmo, en varios discos con piezas como Romance en chachachá y Serenata en chachachá.

En 1952 dirige el Cuarteto de Julio Gutiérrez y realiza una gira por los Estados Unidos, entre cuyos integrantes se encontraba Miguel de Gonzalo, en reemplazo de uno de sus fundadores: Armando Bianchi. En la segunda mitad de la década de 1950, Julio Gutiérrez se dedicará esencialmente a la dirección al frente de la orquesta del teatro Astral, que primero había sido encargada a Adolfo Guzmán y luego a Armando Romeu; y también la del Canal 4 de televisión, convirtiéndose en la batuta de su orquesta de planta.

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cuba, 15 de octubre de 2015.

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