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miércoles, 2 de diciembre de 2015

Las Mulatas de Fuego


El pasado mes de agosto, parece ser que el día 19, en La Habana falleció Meche Montané, probablemente la última de las fundadoras de Las Mulatas de Fuego, estirpe femenil que acuñó, en la música, el baile y el espectáculo, más que un estilo, diríase que un concepto, una verdadera marca con denominación de origen.

Absolutamente controversiales en su inocente desparpajo, jóvenes preciosas y desinhibidas, cada una de ellas encontró cabida en un esquema donde ser bella no era la única carta de triunfo: había que cantar y bailar, y hacerlo muy bien.

Rumberas en cuerpo y alma, mulatas y de fuego siguieron siendo siempre, mantuvieron la tradición y la frescura, incorporando las novedades que cada época exigía, propiciando en definitiva el reciclaje indetenible con el reemplazo sistemático de las que salían a probar fortuna en solitario, a cumplir sueños prometidos, a aplacar su vida constituyendo familia, o simplemente por que ya, ya estaba bueno de tanta rumbantela!

Quienes tuvieron que ver con su espectáculo en todas las etapas de su carrera, se aseguraron de que siempre así fuera: podían negociar el formato flexible en cuanto a número de integrantes, pero lo innegociable era su esencia.

Su creador, el coreógrafo Roderico Neyra, Rodney, había asumido las limitaciones de su enfermedad y las deformaciones que tal padecimiento iban ocasionando en su cuerpo, y finalmente había aceptado que ya nunca más bailaría.

Admitido para trabajar en el Teatro Fausto, en el mismo corazón del Paseo del Prado, es aquí donde Rodney crea y presenta la primera pieza de su carrera como coreógrafo: una revista basada en la rumba y que él tituló Las Mulatas de Fuego, cuyo cartel integraban seis bailarinas de cuerpos espectaculares, tres cantantes femeninas y una juvenil guarachera que proyectaba una potentísima voz, y respondía al nombre de Celia Cruz.

Rodney recogía y recreaba lo que había aprendido en sus años de bailarín y coreógrafo en el Shanghai, el controversial teatro de variedades, que en el Barrio Chino de La Habana sublimó las bondades del vernáculo y lo tentador de un temprano porno que hoy sería ridículamente inocente, aderezado con nuestra infaltable música.

Trascendía así el modelo que había acuñado el cabaret Edén Concert, el más famoso de los años 30 y que todavía hoy puede apreciarse en el filme Tam Tam o El origen de la rumba, de 1938, para entregar un espectáculo de mayor dinamismo y economía de recursos, pero con un impacto arrebatador e inmediato en el público.

“El elenco de Las Mulatas de Fuego cambió muchísimas veces, muchas de sus integrantes se convirtieron, como solistas, en verdaderas estrellas, pero la impactante y primaria energía, y la racialidad intrínseca en sus coreografías, hicieron posible que el show mantuviera su validez por muchos años. El culto a Rodney comenzó aquí”, aseguraba Ofelia Fox en sus memorias sobre el cabaret Tropicana, refiriéndose a Las Mulatas de Fuego. Su creador mantuvo firmes sus riendas, incluso en sus días de gloria como alma creativa de los shows de Sans Souci, primero y Tropicana después.

No he podido hallar consenso en cuanto a los nombres de sus fundadoras: Bobby Collazo, fuente privilegiada donde las haya, por haber sido partícipe, asegura que “en 1947 en el Teatro Fausto de La Habana, la producción Serenata Mulata de Bobby Collazo, actuando como coro seis mulatas llamadas De Fuego, dirigidas por Roderico Neyra. Cantan en la producción Celia Cruz, Xiomara Alfaro y Elena Burke". Y páginas después acota: “El grupo conocido por Las Mulatas de Fuego, creación de Roderico Neyra empieza a tomar fuerza artística y taquillera. Eran las primeras mulatas: Marta Castillo, Mercedes 'Meche' Montané, Olga Socarrás, Mercedes 'Meche' Lafayette, Caridad Hernández, Beba Álvarez, Fina Suárez, Anita Arias, Olivia Ilymany y Lidia".

El cronista Rafael Lam, por su parte, difiere de Collazo al excluír a Hernández, Álvarez, Suárez, Ilymany y Lidia, y como bailarinas incluye a Sandra Taylor y Olga Sotolongo, a la vez que remarca que Celia Cruz estuvo también entre las fundadoras como guarachera, Vilma Valle como cancionera y Elena Burke como cantante y bailarina. Lo cierto es que fueron muchas y diferentes Las Mulatas de Fuego a lo largo de su existencia. Además de las mencionadas, recordamos a Omara Portuondo, Julia Borrel, Migdalia Hidalgo, Lilia y Amelia Álvarez y Lina Ramírez, madre de los músicos Issac Delgado y Nelson Díaz.

Celia Cruz, por ejemplo, se dice que en 1948 arribó por primera vez a Caracas integrando Las Mulatas de Fuego. Sin contar a La Reina, muchas de las que pasaron por sus filas llegaron a ser figuras prominentes en la faceta artística que eligieron: Elena Burke y Omara Portuondo, como cantantes, ya convertidas en mito; Sandra Taylor y Martha Castillo, como vedettes destacadas del cabaret Tropicana y la bolerista Vilma Valle.

Las chicas morenas dejaron su huella también en el cine cubano en tres filmes realizados en 1950, año prolífico para la producción cinematográfica en la isla. Formaron parte del elenco del filme Escuela de Modelos, dirigido en La Habana por el español José Fernández Hernández y guión compartido con Manuel de la Pedrosa. En los roles principales, Alberto Garrido, Federico Piñeiro y Zulema Casal, y en la parte musical, La Sonora Matancera, Las Dolly Sisters y el Trío La Rosa.

Repiten ese mismo año en el filme cubano Rincón Criollo con Blanquita Amaro, como figura principal. La dirección musical estuvo a cargo de Obdulio Morales, con cuyo conjunto Las Mulatas intervienen en el tema Tingo Talango, contando también con la participación especial de Paquita de Ronda y Juan José Martínez Casado. Otros importantes músicos completarían la nómina del filme, como Celia Cruz, Celina y Reutilio, Manolo Fernández, Fernando Albuerne, el Trío Los Panchos y el Conjunto Típico de Ñico Saquito, entre otros.

Y terminan el año en muy recordada escena con Celia Cruz y La Sonora Matancera, en el filme Una gitana en La Habana, junto a Paquita de Ronda, Candita Quintana, Armando Bringuier, y en la parte musical, Pedro Vargas, el Trío Servando Díaz y Las Hermanas Márquez. Las coreografías estuvieron a cargo de Rodney, quien seguía dirigiendo a las fogosas morenas. El 26 de marzo de 1951, doce cines de la capital exhibían las imágenes esplendentes de Las Mulatas de Fuego en el celuloide. Ante el éxito, aparecieron grupos sucedáneos con formatos similares, como Las Mamboletas de Gustavo Roig, Las Hermanas Benítez, y otros, que si bien tuvieron cierta popularidad, no pudieron igualárseles.

La incursión de Las Mulatas de Fuego en el cine cubano se produce en los mismos momentos en que triunfaban en México las rumberas blancas, figuras imprescindibles en un tipo de cine que en ese país y también en Cuba, ganaba éxitos. Ninón Sevilla, María Antonieta Pons y Amalia Aguilar serían las cabezas de un fenómeno que marcó esa cinematografía, pero que también limitó al acceso de las rumberas cubanas mulatas y negras a esa industria, a pesar de que doce años antes una mulata china cubana, Estela, fuera la pionera en llevar la rumba a las pantallas mexicanas.

Tras estas incursiones en el cine, Las Mulatas de Fuego inician una gira de tres años por México y varios países de Centro y Sur América y que incluyó la República Dominicana. Regresan en 1954 y comienzan una larga temporada en el Bambú Club, en la Carretera de Rancho Boyeros, a poca distancia del centro de la ciudad. En ese momento eran cuatro: Fello, Meche (Mercedes Montané), Lina Ramírez y Julita. Pero Meche no duraría mucho, pues a finales de año ya estaría en Madrid formando la pareja de baile Juancito y Mechita, y es sustituída por Lilia Alvarez. Más tarde, Meche bailaría también con el gran Rolando Espinosa, el mismo que hizo memorable pareja con Anisia, otra gran bailarina. En 1955 seguían en el Bambú, como parte del elenco de Fiesta en La Habana, show dirigido por el coreógrafo Luis Trápaga.

En 1956 se produce un impasse en la dirección de Rodney, y por breve tiempo, encontramos a Facundo Rivero al frente de Las Mulatas. Continúan presentándose con frecuencia en países latinoamericanos. El Alloy’s Club las recibe, en formato de trío, en 1957, y en 1958 se les pudo ver en el Cabaret Venecia, de la ciudad de Santa Clara (hoy Villa Clara) junto al afamado Cuarteto D’Aida. Un año después, las recibe el cabaret Sierra de la ciudad de Caracas, donde se presentan con los cantantes María Luisa Chorens y Carlos Argentino.

En abril de 1960 Alipio García las contrata para el show de su cabaret Alí Bar, junto a los cantantes Ñico Membiela, Alfonsín Quintana y Roberto Jaramil, y en agosto ya están en México, anunciándose profusamente como parte del espectáculo con Celia Cruz y La Sonora Matancera, presentándose en el Terraza y en el cabaret Los Globos, entre otros. Siempre bajo la dirección de Rodney, que había viajado con ellas, se mantienen en México durante 1961 y permanecen fieles a su director de toda la vida, hasta que Rodney muere en ese país en los tempranos sesenta.

Sólo entonces dejaron de existir como lo que habían sido desde 1947. Se desperdigaron por el mundo las que en esa fecha eran todavía mulatas de fuego, unas regresaron a Cuba, algunas se reinventaron en otras tierras, las anteriores preservaron los mejores recuerdos de aquellos años tremendos, pero el mito las trascendió. Tan fuerte fue el concepto que en 1947 desarrolló su creador, Roderico Neyra, que Las Mulatas de Fuego se convirtieron en un referente obligado para los shows de cabaret, que de manera inquietante llega hasta nuestros días.

Pareciera que la fiabilidad del modelo y el éxito probado de un espectáculo de tal naturaleza, propició durante décadas su recreación arquetípica y un tanto acomodaticia, como si no hiciera falta una mayor creatividad e ingenio para trascenderlo y adecuarlo a lenguajes más contemporáneos, a las exigencias de nuevos tiempos. Más allá del cabaret, numerosas agrupaciones musicales han repetido hasta hoy el esquema en sus presentaciones fuera de Cuba, apelando a un sentido de lo popular y de la cubanía que ubican con insistencia en la racialidad y la sensualidad de unas caderas en movimiento.

Estos apuntes, que las homenajean, no demeritan, sin embargo, el destacable lugar que corresponde a Las Mulatas de Fuego en la representación del imaginario que ha acompañado a la música popular cubana a través del tiempo, sin límites geográficos y, en definitiva, a la universalidad de su éxito desde siempre. Más allá del tiempo nos dejaron el fuego.

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana
31 de agosto de 2015.

Ver fotos de las Mulatas de Fuego en Desmemoriados.

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