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lunes, 2 de noviembre de 2015

Mi amigo López en Bohemia



Lo bello y funcional resumido en formas, nacido de muy poco, que aparecía en la versión cubana de la revista estadounidense Mecánica Popular, fue un imán para las generaciones nacidas en la Isla a partir de los años 60 del siglo XX. En un país rodeado de carencias materiales, pero también de abundante ingenio, Juventud Técnica devino llama de la creatividad.

Desde el principio ocupó un nicho del conocimiento desierto en el panorama nacional. Luego de manosear incansablemente sus páginas, gente de Cuba toda se afanaba por reproducir las novedades que proponía. Era común encontrarse a alguien “fajado” con un montón de tablas para imitar un librero, o el juego de cuarto allí mostrados. Hasta los niños se disputaban con los padres el último ejemplar, tras los pasatiempos, anunciados en una etapa por un personaje de traje oscuro y bigotes de manubrio.

Con más o menos lectores fieles y dándose a conocer entre los ahora jóvenes, su público de siempre, Juventud Técnica cumple medio siglo de existencia gozando de una salud envidiable. Sin embargo, su colectivo inconforme trata de espantar el más mínimo achaque, comprometido con los orígenes y la historia de esta necesaria revista científico-técnica popular.

Valiosas serían las vivencias de todos los que en distintos momentos tuvieron la responsabilidad de guiar a Juventud Técnica, pero si algunas no debieran faltar en este repaso son las de José Ramón López Rodríguez, el creador y primer director. Apenas supo vía telefónica el interés de Bohemia por entrevistarlo, este hombre locuaz adelantó un aluvión de recuerdos.

En los primeros días de agosto de 1964 López Rodríguez había terminado la carrera de ingeniería eléctrica, pero cada día se dirigía a la Universidad de La Habana para cumplir sus deberes como secretario general de la Juventud Comunista, presidente de la Asociación de Estudiantes de la Facultad de Tecnología, y director de la Empresa de Publicaciones. Responsabilidades que simultaneaba con la presidencia de las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ).

Entonces, para las BTJ López ideó hacer un boletín (para fundar publicaciones periódicas había que pedir permisos oficiales). Se lo comentó a Antonio Núñez Jiménez: “Me dijo te apoyo, pero hace falta que llegue a todos lados y la gente no se quede aislada. En el proyecto me siguieron Jesús Álvarez, estudiante de Medicina, y Joaquín Melgarejo, director de la enseñanza técnica”.

José Ramón rememora: “Para el primer número cada uno de ellos hizo un trabajo y yo el resto, el editorial, un panorama científico, un artículo de fondo, y la biografía de un técnico o científico famoso del mundo. Además, incluí el buzón técnico (a fin de que los lectores realizaran preguntas). También dediqué espacio a las caricaturas acerca de la emulación entre las BTJ, realizadas por Virgilio Martínez, y a otras secciones tituladas ¿Conoce usted este elemento? y Hágalo así, con instrucciones prácticas de cómo trabajar con poco esfuerzo y buena calidad”.

Cuenta López que también realizó el emplane.“La portada y contraportada eran las mismas de la revista suiza Sulzer. Solo cambié el nombre por el de Juventud Técnica”.

Tan pronto la edición pionera salió de la imprenta, López, llevó un paquete a la reunión del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, al cual pertenecía. “Antes de que empezara la reunión la repartí. Miguel Martín, el secretario general, anunció mi propuesta como primer punto de la agenda, y solo preguntó: ¿Cuándo sale el segundo número?, evoca hoy, todavía halagado con aquella decisión.

La tirada inicial fue de 4,700 ejemplares. En su machón reza como fecha de nacimiento junio de 1965, aunque por alguna causa se estableció oficialmente la del 21 de julio del propio año, y cada aniversario ha sido celebrado ese día. Pero tal inexactitud es tema para historiadores.

Con el fin de poner la revista en el plan de producción, y garantizar once números más, López pidió a su secretaria que le hiciera un contrato “entre yo y yo mismo, de una parte como director de la Empresa de Publicaciones de la Universidad de La Habana y del otro como responsable de las BTJ”. Pero para publicar mensualmente Juventud Técnica debió esperar.

“Me vanaglorio de haber logrado ocho números, en medio de una gran cantidad de dificultades. Pese a ello, poco a poco aumentó el número de páginas de 24 a 48 y se llegaron a imprimir más de 10 mil ejemplares”, señala.

Según su fundador, la revista apenas alcanzaba para circular entre los integrantes de las BTJ; y se repartía por las bibliotecas, escuelas politécnicas y a los dirigentes de la UJC. Aunque no daba alcanzaba para venderse en la calle, llegaba a otras personas, sobre todo a los cacharreros, quienes la perseguían.

José Ramón López condujo los destinos de Juventud Técnica durante diecisiete meses, hasta el número 13. “En lo adelante seguí colaborando, con mayor frecuencia en los años 80 cuando la dirigió Homero Alonso. En aquella época hicimos un número especial dedicado a la computación, para el cual reunimos a más de cuarenta especialistas, y tiramos 250 mil ejemplares”.

“Fundé Juventud Técnica con la intención de lograr una revista práctica, y defiendo ese espíritu por el que tuvo un éxito enorme”, enfatiza López. Hoy, se mantiene como integrante del Consejo Asesor de la publicación, y confiesa alegrarse de que continúe viva.

Bárbara Avendaño
Bohemia, 31 de agosto de 2015.
Foto: José Ramón López conversando en su casa con la periodista. Realizada por Martha Vecino.

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