Google
 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Lo bueno, lo malo y lo feo de la música cubana (II y final)


El 4 de mayo de 2013 inicié una serie de reflexiones referentes al trabajo de la industria de la música en Cuba, enunciando algunos elementos vitales para acercarnos a “por dónde transitamos hoy con la música cubana” y quizá, por la manera concreta y directa en que lo manifesté, merece una segunda parte que aborde otros elementos que deben conocerse para comprender exactamente donde está lo bueno, lo malo y lo feo…

En esa primera parte, abrí espacio para hablar sobre el creador musical, la comercialización, el conocimiento de nuestra música alrededor del mundo, su calidad irrefutable y las limitantes de nuestra industria para expandirse en un mercado “hecho”.

Sin embargo, creo que algunos apartes habría que hacer también para descubrir el trabajo de los medios de difusión en Cuba, su papel en la defensa de esa industria y su relación con ella. Y ahí encontramos un desfase, ya que no necesariamente hay una intención lógica en los medios de reflejar la obra grabada por la industria discográfica (hablo tanto de la televisión como de la radio).

Un aparente divorcio hace que muchas veces el disco esté en las tiendas y no en las emisoras, precisamente cuando más necesaria es la difusión de los temas que podrían asegurar ventas. Muchos han sido los casos a la inversa, en que un tema se pone viejo en la radio y aún no ha sido grabado definitivamente por la disquera o simplemente no existe el soporte en las tiendas para aprovechar esa difusión en bien de la comercialización.

Pero cuando el artista es quien, según su selección personal, se encarga de lo que quiere y del momento para trasmitir su música, ocurre lo malo; ya que su deseo de que se conozca públicamente lo que está grabando no lo detiene ni el contrato más férreo y el exceso de entusiasmo puede derrumbar todo un plan de marketing que intentaba el éxito futuro.

Son detalles que se escapan precisamente no sólo por la falta de cultura en el proceso que tienen nuestros artistas, sino del resultado de esperar sin éxito el necesario sincronismo en las acciones con su industria, donde el más mínimo detalle puede atrasar lo previsto.

Hoy en internet resulta muy fácil localizar ciertos sitios donde usted, a modo de radio, elige lo que quiere escuchar. En sitios como Pandora, usted elige de sus buzones, en los que convergen tangos, boleros, blues, jazz, bossa nova y las mil y una variantes musicales al alcance de un pago por mes. Pero no tenemos alcance mayoritario a internet. ¡Qué malo!

Y no hablé del bloqueo en la pasada parte porque es una verdad absoluta las afectaciones que trae a nuestra industria, sobre todo en términos tecnológicos y de información; pero también he visto llamar bloqueo a la más absoluta ignorancia o falta de creatividad ante la solución de un problema, en casos en los que con acciones inteligentes se pudiera haber suplido ciertas carencias.

Los productores discográficos tenemos muchos baches. La mayoría hemos salido de las escuelas de arte, con una formación excelsa de origen musical, pero nada de marketing, publicidad y comunicación, lo que redunda en discos musicalmente excelentes, pero muchos con muy poco atractivo en el mercado.

Hoy no basta con hacer buena música: es imprescindible comunicar una idea atractiva. O encaminarla con un plan de promoción ingenioso, que logre captar, si no mayorías, al menos un público potencial, incluso desde lo más difícil de la creación musical, porque un disco almacenado no existe. Y eso es muy malo.

Debe haber un esfuerzo encaminado a la superación, en todos los sentidos, del trabajo de nuestros grabadores, excelentes técnicos, que se desviven porque las grabaciones se escuchen bien y sólo al dar un salto en el espacio y compararnos se escuchan mal, pues la tecnología a veces no ayuda, pero tampoco a veces los conceptos que se manejan, la ausencia de referentes a mano y la improvisación como salida.

Ése es un primer paso al rechazo de la música cubana en otras latitudes, donde el oído está adaptado a escuchar otro empaque; sólo los más avezados empresarios comprenden que ese mismo material, bien masterizado, cobra valores universales y podría estar al alcance de otros públicos. Sólo esos se lanzan a la aventura de perpetuar nuestra música en otras zonas del mundo. No son muchos, pero sí son muy buenos.

Por igual, creo que los productores merecen confrontación en áreas tan delicadas como la mercadotecnia; sólo ellos podrán entenderla y adaptarla al lenguaje artístico (salvando las distancias del mercadeo de cualquier otro producto no cultural).

Es necesario confrontar con productores de mayor experiencia en estos asuntos y, de veras, cambiar el sistema de hacer solamente música y no productos musicales. Nadie hace un disco para colocarlo en un estante: los discos se hacen para ser vendidos y siempre con la esperanza de que sean escuchados.

Lo cierto es que la falta de paralelismo en dichas acciones es fatal. Uno de los factores, el artista, defiende su presentación artística y el éxito de la misma y de su obra; el otro, la industria, defiende sus soportes y su inversión. Hoy, por suerte, se observa un entendimiento algo mayor sobre la necesidad de unir fuerzas entre las agencias de representación y las disqueras, tratando de que caminen juntas para perder el mínimo y lograr éxito completo.

Un artista en concierto, con su soporte en la mano (o en la tienda) y los temas sonando en el radio, todo a la vez… es buenísimo. Ya decía que la fuente de músicos en Cuba es inagotable; no alcanzan las emisoras, ni los canales de televisión, para difundir todo lo que se crea en Cuba en materia musical, tanto en audio como en audiovisual.

Sin embargo, hasta hoy no se ha decidido dar prioridad absoluta a la difusión de nuestra música en un solo canal, salvo en algún verano, o que en la radio existan opciones también solo para ella, sin mediar programas complicados, como una larga discoteca.

Sin lugar a dudas, resultaría un mecanismo muy eficaz de difusión que permitiría un conocimiento amplio de la música toda, y que también se trasmite oralmente a cubanos y visitantes que eligen comprar en Cuba la música de la que todos hablan en el mundo.

Revísense las listas de ventas discográficas y se observará que en primer lugar aparece la música tradicional cubana, conocida en todos los rincones del mundo desde hace muchísimo tiempo, y ésa no cuenta en nuestro esfuerzo de hoy. Después, la música bailable cubana, la de nuestras orquestas de fama nacional e internacional y, mucho más abajo, el resto de nuestras tendencias creativas. En ese mismo orden se consumen en Cuba por nuestro público; en ese mismo orden se recomiendan de forma espontánea al resto.

En resumen, en términos de comunicación, creo que faltan especialistas en esa disciplina para llevar con éxito los mensajes del quehacer musical de Cuba tanto al público nacional como al internacional, y hoy esa es la clave de todo. Es más fácil convertir músicos o investigadores de la música en publicistas que a la inversa, pues sería imposible en corto tiempo aprender la larga historia de la música y sus entre cuetos, todos dispuestos a servir para cualquier slogan, lema, marca, etc. Por ello está virgen el camino, ya que sólo unos pocos han accedido a tan específicos estudios. Y eso es malo.

Hoy la era apunta a que el músico se desate de sus intermediarios industriales y cree su propio público en una relación muy directa obra-intérprete/auditorio, porque ya resulta casi obsoleto hacer copias físicas de discos y lucrar a partir de este estilo.

El acceso al mundo online se extiende cada día más: los artistas accederán desde sus sitios a sus micro audiencias -como las llamó algún estudioso del tema -, y así podrán navegar en un negocio menos leonino, que asustaba cuando se escuchaba tan sólo que alguien vendió un millón de copias.

Hoy la clave es cómo llegar a esas micro audiencias, y para eso hay un camino lleno de creatividad y posibilidades, sobre todo en el área del marketing y la publicidad. Lo bueno es que lleguemos a ese punto con conciencia, preparación, responsabilidad y, sobre todo, creatividad, para salvaguardar el patrimonio musical nuestro. Entonces todo será muy bueno.

Elsida González Portal
Cuba Contemporánea, 12 de mayo de 2013.
Videoclip oficial de La Gozadera, con Gente de Zona y Marc Anthony. Dirigido por el cubano Alejandro Pérez, el video fue grabado en dos locaciones distintas: las escenas de Gente de Zona fueron hechas en La Habana y las de Marc Anthony en la zona colonial de Santo Domingo. No es primera vez que República Dominicana es escogida para videos musicales: en La Romana, ciudad a hora y media de la capital dominicana, Marc Anthony grabó en Flor pálida, canción de Polo Montañez (Pinar del Río 1955-La Habana 2002). Y en la Avenida Duarte esquina París, en el centro de Santo Domingo, Enrique Iglesias, Gente de Zona y Descemer Bueno filmaron Bailando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada