Google
 

lunes, 8 de junio de 2015

Gilberto Ante, un fotógrafo olvidado (I) - Dos testimonios y un tango



En febrero de 2015, Antonio Ante López, hijo del fotógrafo Gilberto Ante Morales (Manzanillo 1925, La Habana 1991), luego de haber leído en mi blog que recordé un par de anécdotas relacionadas con su padre, de cuando en varias ocasiones fuera el fotógrafo que en Bohemia me asignaran para realizar reportajes, en agradecimiento, me envió por email un centenar de fotos hechas por Gilberto en los primeros años de una revolución a la cual este manzanillero inquieto dedicara una parte de su vida y después ésta le relegara y olvidara.

También me dio un valioso testimonio personal, pero no me mandó ninguna foto de su padre. Quien sí me hizo llegar una foto fue Évora Tamayo, humorista cubana que desde hace años vive en Nueva Jersey. Es de todo el colectivo del semanario Palante, es demasiado pequeña, no tiene calidad y en ella apenas se distingue Gilberto.

Testimonio de Évora Tamayo

Tania, cualquier persona que haya conocido solamente cinco minutos a Gilberto Ante no podrá olvidarlo. Imposible olvidar a Gilberto.


Fue a pagar sus pecados de honestidad a Palante. Allí nos encontramos y como en las peliculas, fuimos felices de tenerlo. Acostumbrados al 'yes man', el impacto que nos causó Gilberto fue incomparable. Decía lo que sentía.


Su voz era una denuncia contínua, lenta y letal a la corrupción que había en la revista Bohemia. Y si quieres, puedes entender que esa corrupción se repetia a nivel nacional. Lo acusaron de loco. 'Gilberto está loco'. O 'Gilberto está bebiendo mucho'. Pero lo que decía no era cosa de locos.


Lo quisimos muchísimo. No sabes, Tania, cómo quisimos a Gilberto en Palante. Excelente fotógrafo, eso no está en el tablero. Un profesional de larga vida.


Para Gilberto fue un castigo enviarlo a Palante. Para nosotros un privilegio tenerlo en nuestro colectivo. Pese a todo, no dejó de ser un tipo divertido, gracioso, carismático…. Ése era el Gilberto que mataron en Bohemia. Sí, me acuerdo muchisimo de Gilberto Ante. Otra víctima de un sistema aberrante.

Testimonio de su hijo Antonio

Mi padre nació en Manzanillo el 27 de enero de 1925. Siempre quiso ser fotógrafo, pero no disponía de medios para realizar su sueño. En la década de 1940, mientras trabajaba como cortador de caña, decidió simular un accidente laboral. Se adentró en el cañaveral y se cortó el índice y el pulgar de la mano izquierda. Recibió una compensación y con ese dinero se compró su primera cámara fotográfica, una Roliflex de 120, y los implementos necesarios para montar un laboratorio. Recibió la influencia de su padrastro, el poeta manzanillero Manuel Navarro Luna (1894-1966). Aunque trabajó en la revista Orto (mensuario de difusión cultural fundado en 1912 en Manzanillo), por esa época se ganaba la vida haciendo fotos familiares, de cumpleaños, bodas y bautizos.


Alentado por Celia Sánchez, en los años 50 fue colaborador del Movimiento 26 de Julio. En once oportunidades fue detenido y nos vimos obligados a trasladarnos a Holguín, donde vivimos hasta el 1 de enero de 1959, cuando nos mudamos para La Habana. A solicitud de Celia, trabajó en la sección de prensa del Palacio Presidencial y también en los periódicos Hoy y La Calle. Fue fundador de la revista Verde Olivo, fundada por el Che, y durante 25 años trabajó en la revista Bohemia. Como fotorreportero cubrió la limpia del Escambray, la batalla de Playa Girón, el sabotaje al vapor La Coubre y la Crisis de Octubre. Acompañó a Raúl Castro en la fundación del PURSC (Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba) por todas las provincias orientales. Ya no era joven cuando fue reportero de guerra en Angola y Etiopía. No hubo suceso importante en Cuba a partir de 1959 que no quedara detenido en el tiempo con su cámara fotográfica.


Mi padre falleció el 28 de noviembre de 1991. Tuvo cinco hijos, de los cuales dos no lograron vivir mucho tiempo por ser hemofílicos. Recientemente falleció mi hermano mayor, solo quedamos dos hijos, Pablo que vive en Estados Unidos desde 1989 y yo que resido en Cuba. Han transcurrido 24 años de su muerte y su obra fotográfica ha quedado totalmente olvidada en su patria.


Dolores López fue su única esposa. Su matrimonio duró 46 años. Cosas del destino: los dos murieron en 1991. Mi madre en el mes de abril y mi padre en noviembre, de un paro cardíaco. Cuando digo que murió en el olvido no estoy exagerando. De la revista Bohemia nadie asistió al velorio ni al entierro. Él se jubiló porque prácticamente lo obligaron. Mi padre siempre fue un hombre irreverente, rebelde y no se quedaba callado ante nada ni nadie. Dijo unas cuantas verdades que molestaron en aquellas maratónicas 'asambleas de rectificación de errores y tendencias negativas', celebradas por todo el país en 1990-91.


En aquella época yo era oficial de las fuerzas armadas y un día el director de Bohemia me pidió que fuera a verlo, y para sorpresa mía llevó a todo su séquito del partido y el sindicato. Ese montaje teatral era para pedirme que intercediera con mi padre, y le pidiera que dejara de ser menos explosivo y menos agresivo en sus planteamientos ante lo mal hecho. En aquel entonces, yo era uno de los tantos cubanos que estábamos ciegos y cada día nos alimentaban con croquetas ideológicas. Después de aquella farsa, intenté contarle a mi padre sobre esa reunión sin que él se diera cuenta, pero no tuve ni fuerza ni valor. Por aquellos días había muerto mi hermano pequeño y a papá lo trasladaron de la revista Bohemia para el semanario Palante, donde lo pusieron a copiar viñetas y caricaturas. Mataron así al fotorreportero que él siempre fue y se quitaron la piedra del zapato.


Sentí que se murió lleno de nostalgia, con una tristeza que intentó enmascarar en el alcohol, pero al final lo que hizo fue empeorar su salud. Para quienes como mi padre y como yo habíamos amado a la revolución y le habíamos entregado nuestra pasión y los mejores años de nuestras vidas, fue una decepción demasiado dolorosa y traumática. He perdido la fe en la política, casi todas las familias cubanas están divididas, la mitad geográficamente, con su gran componente de angustia y dolor. Antes, cuando decía estas cosas sentía que estaba traicionando a un hombre y a un ideal. Hoy no creo en ese ideal y mucho menos en ese hombre. Soy un cubano que ha encontrado en su familia y en los buenos amigos el sentido de la vida y la esencia de su filosofía. La política nos ha partido a la mitad. Ojalá algún día nos podamos sentar todos en la misma mesa de nuestro terruño a compartir el pan y el alma sin ninguna diferencia, sin ningún obstáculo y sin que nadie nos manipule ni nos imponga nada.


Mi padre era un ferviente apasionado del tango. Su infancia y adolescencia fue un calvario. Su madre, mi abuela, fue matrona de un prostíbulo y él salía de noche para no enfrentar las burlas de los muchachos. Su padre nunca le reconoció como hijo ilegítimo. Tuvo que limpiar zapatos, vender periódicos... La única que le dio amor fue su abuela materna. Creo que por eso le gustaba tanto el tango, porque le canta al dolor y tragedia. Pese a su existencia difícil, fue muy solidario, capaz de tender su mano a quienes lo necesitaran.


Era tanta su pasión por el tango que cuando falleció mi hermano menor, a los 20 años, de hemofilia, cuando regresábamos del cementerio, en medio de su llanto, empezó a cantar un tango que hablaba de ternura. Mi padre no era un hombre de mucho comer, pero le gustaban las sopas que hacía mi madre, las tomaba bien calientes. Por la mañana desayunaba café con leche y pan con mantequilla. Sus dulces preferidos eran los caseros, decía que le recordaban su infancia. Antes de salir para el trabajo se perfumaba como si fuera a una fiesta.


Trabajó como corresponsal de Bohemia en Santiago de Cuba y cuando salía con Juan Almeida a recorrer las zonas orientales en una avioneta, él se amarraba y casi se salía, para tomar vistas aéreas con su cámara. No tenía miedo a nada. Padecía de várices en las dos piernas y aún así, como fotorreportero, subió once veces el Pico Turquino. Tenía poder de movilización, ponía a las personas en función de sus fotos. Aunque fuera una sola foto, parecía que iba a filmar una película. Terminó el sexto grado y no tuvo más estudios, pero era un ferviente lector y un autodidacta incansable. Incluso se preparó y logró ingresar en la Universidad de La Habana para estudiar licenciatura en Historia, que no pudo terminar por la enfermedad y posterior fallecimiento de mi hermano pequeño. Durante sus 25 años en Bohemia, fue el fotorreportero que más portadas hizo para esa revista, también escribió algunos reportajes.


En 1977 fui uno de los tantos militares que cumplimos misión en Angola y en uno de esos viajes me encontré con Raúl Castro y, para sorpresa mía, me preguntó mi nombre. Cuando dije el apellido Ante quiso saber si yo era familia de Gilberto Ante y cuando le respondí que era su hijo, me dijo que mi padre era un torbellino como fotorreportero. Y me contó que durante los recorridos que mi padre realizó con él, además de fotógrafo era un movilizador de las masas y se convirtió en uno más de los que construyeron el PURSC en la región oriental. No solo me habló con cariño de mi padre, si no que me trajo una cerveza. En reciprocidad, le mostré la foto de mi esposa y mi hijo.

Al no tener una imagen de Gilberto Ante, del centenar de fotos que me envió su hijo, escogí una de las tres que le hizo a Benny Moré, un tipo campechano como Gilberto. Pero al contar su hijo algo que no sabía, que mi ex colega de Bohemia sentía pasión por el tango, quiero terminar el primero de los tres posts que esta semana saldrán en el blog, con Carlos Gardel cantando Cambalache, tango compuesto en 1935 por Enrique Santos Discépolo y que ochenta años después mantiene actualidad. Las buenas letras de las canciones son como las imágenes de los buenos fotógrafos: mientras más tiempo pasa, más valor adquieren.


Tania Quintero
Foto de Benny Moré hecha por Gilberto Ante probablemente en 1960.

2 comentarios:

  1. Excelente trabajo, gracias, lo reproduzco en mi blog.

    ResponderEliminar
  2. Qué bello post. El trabajo de Tania Quintero se destaca por la elegancia y claridad con que desarrolla los temas. Sus sujetos cobran vida, se pueden casi tocar... Es mucho lo que se aprende leyendo a la destacada periodista.
    Gracias.

    ResponderEliminar