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lunes, 6 de abril de 2015

Las primeras presas políticas cubanas (IV) Vivian de Castro



Vivian de Castro

Testimonio tomado del libro Todo lo dieron por Cuba, de Mignon Medrano, Miami, 1995.

Viviana Fernández Rodríguez, popular actriz de radio y televisión de la CMQ, tenía una extensa trayectoria profesional en México, donde era admirada y públicamente conocida como Vivian de Castro. Madre de dos hijos, la llegada de Fidel Castro al poder fue fuente de honda preocupación en su vida. Buscó asesoramiento político entre personas más experimentadas que ellas, como el Dr. Alvaro de Villa, destacado intelectual y autor teatral.

Vivian comenzó a conspirar con varias organizaciones y casi sin darse cuenta, accedió al pedido de una colega, China Lee, de ocupar su lugar y subir al Escambray para entrevistarse con los insurrectos que tenían dificultades con el suministro de los armamentos. Su asociación con grupos del clandestinaje le había permitido visitar casas donde estaban escondidas armas que podrían hacerse llegar a los alzados. Se convirtió en una mujer arriesgada. Era vistosa, de palabra fácil, reconocida por el público: ante las autoridades no tenía el perfil típico de una clandestina.

Era el contacto ideal para no levantar sospechas. Tras un breve incidente que demoró su reunión con un joven que la acompañaría y que posteriormente fuera fusilado, el 3 de ooctubre de 1960 logró subir al Escambray y entrevistarse con Osvaldo Ramírez, líder de la operación. Para protegerla, Ramírez le dio el sobrenombre de 'Margarita'.

Producto de una delación, súbitamente, el grupo es emboscado, en lo que se conoció como "el primer cerco del Escambray". Acosados por una abrumadora mayoría, que incluía personal fresco traído de La Habana, se desata una violenta batalla, muchos alzados logran huir y otros son capturados. Vivian trata de adentrarse en la montaña con algunos alzados, pero alguien la agarra por el pelo y la obliga a esconderse. De los apresados, cinco son fusilados, incluyendo a Osvaldo Ramírez. Vivian es arrestada en Topes de Collantes.

La envían al hospital local, donde la mantuvieron varios días aislada, durmiento en el suelo, sin asearse y recibiendo una mísera comida al día. Después la llevan a la cárcel de Santa Clara y tras un violento interrogatorio que duró dos días, la encarcelan con presos comunes. A los dos días la llevan a juicio , junto con casi 200 hombres. La sentencian a 15 años. Al día siguiente, acompañada por un militar y otra presa, la trasladan a la prisión de Guanajay.

"Cuando me agarraron, a los guajiros les grité que yo era una artista y me identifiqué. Aquello corrió como la pólvora para disgusto de mis captores que comentaban: 'Ya todo el mundo sabe que Vivian de Castro fue apresada y eso no nos conviene'. Nunca se confirmó que había otra mujer. Me lo contó un guardia que me estaba cuidando y me dijo: 'Usted sí es bonita, la otra que está presa es fea'. Nunca la llevaron a juicio, quizás como era desconocida la desaparecieron. No sé qué hicieron con ella. Ya en Guanajay me concedieron la primera visita. Le pedí a mis padres y hermanos que sacaran a mis hijos de Cuba. Mi hijo mayor, de 12 años, se iría con su padre a México, donde vivía hacía años. Él era cubano, compositor y director de orquesta. El pequeño, de 5 años, quedaría al cuidado de mis padres y hermanos. Mi hermana me consideraba un 'pájaro de mal agüero' y se negaba a aceptar que yo pasaría largos años presa. Llegar a Guanajay y mirar aquellas ventanitas repletas de mujeres con las cuales tendría que compartir muchos años de mi vida tuvo un impacto imborrable en mí.

"Allí encontré amigas afines y otras no tan afines, pero todas nos ayudamos y nos mantuvimos unidas en la mala. Comulgáramos o no con ciertas actitudes, todas nos respetamos y nos respaldamos. Teníamos una cosa muy importante en común: el amor a la patria, el amor a la libertad. En mi grupo inmediato estaban Ana María Rojas, la Dra. Isabel Rodríguez, Lydia Herrera, Sinesia Drake, Esther Ferro, Mechito Rodríguez, María Isabel López, La Gallega, que vive en Australia y fue como una hermana para mí. Párrafo aparte es Pola Grau. De ella tengo un recuerdo muy especial, porque me dio valor y una gran lección estando juntas durante un castigo en Guanajay.

"Yo no era pobre paupérrima, pero nunca fui rica. Pola sí fue una mujer rica y hasta vivió en el Palacio Presidencial, cuando fue primera dama como sobrina del presidente Grau. Un día, sentadas frente a frente, nos entregan un plato de harina llena de gusanos, no había quien se la tragara. Las lágrimas me caían dentro del plato. Y Pola, que había comido en los mejores restaurantes del mundo, con la cabeza en alto y sin mirar el plato se tragaba una cucharada tras la otra. Fueron 10 años de castigos crueles, a veces unos más largos que otros, como el que duró tres años, entre el traslado a Baracoa y al regreso, el encierro en celdas tapiadas".

Cuando sale de la cárcel, se encuentra que su madre ha muerto, su padre está casi ciego y su hermano se ha apropiado de la casa y todas las pertenencias de ella y de su hermana. Le dice que Fidel se la había regalado, que ella ya no tiene nada. Sin hogar y sin familia, acepta irse a vivir con Ramón Rey (ex preso hijo de españoles a quien había conocido en prisión) y sus padres. Pero con la condición de no casarse en Cuba, para no complicar sus respectivas salidas del país.

Vivian llega a Miami en 1977 y sufre el rechazo de sus hijos. Y la salida de Rey de Cuba no se produce hasta abril de 1979 y cuando llega a Miami parece un espectro. En el aeropuerto, Rey le pregunta quién está primero, sus hijos o él. Ella le responde: "Te ganaste el primer lugar, porque mis hijos me han abandonado". Pero el distanciamiento y las constantes recriminaciones de los hijos atormentan a Vivian hasta el borde del suicidio. Con un valor extraordinario, ella es la que rompe los lazos y renuncia a todo vínculo con sus hijos. Es entonces cuando comienza a rescatarlos.

Los años de cárcel fueron años de maltratos y sufrimientos para Vivian, pero para sus hijos fueron tiempos muy duros también, sin su madre, con una familia fragmentada, sin orientación. Poco a poco, Vivian y su hijo mayor residente en México con su esposa e hijos, han emprendido un largo camino de comprensión y respeto mutuo.

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