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viernes, 20 de febrero de 2015

Margarita Lecuona, compositora blanca de dos grandes temas negros



Además del centenario del nacimiento de Jorge González Allué (Camagüey 1910-2001)), autor de Amorosa guajira, en 2010 se cumplieron cien años del nacimiento de otra relevante compositora cubana, Margarita Lecuona (La Habana, 1910-New Jersey, 1981), quien perteneció a una saga de especial importancia en nuestra música. Me refiero a aquella de la cual también forman parte los hermanos Ernestina y Ernesto. No obstante, el vínculo familiar que los unía no era muy cercano: el papá de Margarita era primo hermano de éstos.

Todos los investigadores coinciden en dar el 18 de abril como fecha de su nacimiento. Sin embargo, en una entrevista que le realizó Arturo Ramírez en 1942, y que apareció en la revista Carteles, la compositora le dice que nació el 6 de mayo. Su padre era diplomático de carrera y cuando ella tenía tres años fue nombrado cónsul en Nueva York, ciudad donde Margarita residió con su familia. A los siete, realizó un nuevo viaje, esta vez a Europa, donde su padre prestó servicios en Lisboa y Sevilla. A su vuelta a Cuba, y tras una corta estancia en Nueva York, el papá es destinado a Boston, pero esta vez Margarita se quedó en La Habana.

Margarita le contó a Arturo Ramírez que su padre poseía un gran sentido musical y estimuló en ella el gusto por las manifestaciones artísticas. Desde pequeña tocaba guitarra de oído, y cuando tuvo ya un buen dominio práctico de ese instrumento se matriculó en los cursos que la eminente guitarrista Clara Romero de Nicola iba a impartir en la Asociación Pro Arte Musical. Paralelamente, allí tomó clases de danza con Nicolai Yarvorsky y de canto con Julio Lacignani. Y también formó parte del cuadro de declamación de Guillermo de Mancha.

Tras separarse de Pro Arte en 1938, Yavorsky abrió su academia particular y Margarita continuó tomando clases con él. Intervino además en algunos ballets dirigidos por el bailarín ruso y tuvo a su cargo el papel principal en Carnaval, de Schumann, que se representó en el Teatro Nacional. En esos años intervino como actriz en obras de Jacinto Benavente (Rosas de otoño), Gregorio Martínez Sierra (Canción de cuna) y los hermanos Álvarez Quintero (Las flores, Pipiolo, La reja).

Para un Festival del Lions Club, celebrado en el Teatro Fausto, creó una coreografía a partir del Canto siboney de Ernesto Lecuona. En colaboración con la emisora radial CMQ formó una academia de danza, aunque como ella misma declaró, su carrera musical la obligó a apartar a un segundo plano su labor como bailarina, coreógrafa y profesora de danza. Con ella, por cierto, tomó clases de baile Rosita Fornés, poco después de haberse presentado, en diciembre de 1937, en la Corte Suprema del Arte.

Al referirse a su participación en todas esas actividades, Margarita comentó: "Eran inquietudes de mi temperamento, no encaminado todavía por la verdadera senda". Esa senda era, naturalmente, la música, en la cual se inició por esa misma época. Debutó en 1930 cuando interpretó Soñadora, un bolero que había compuesto al comenzar sus estudios de guitarra. Acerca de ese tema, le expresó a Arturo Ramírez: "Lo que se llama pegar no pegó. Aunque en realidad, entonces mi actividad artística todavía era cosa de juego". Retomó luego esa actividad y en 1933 estrenó Boca que miente, que cantó a dúo con Lily Batet. En los años siguientes logró ir abriéndose camino como intérprete de canciones propias y de otros autores, y cuando dejó la academia de CMQ tenía firmados contrato por tres años.

En esa década y cuando aún era una veinteañera, Margarita Lecuona compuso los dos temas suyos que han alcanzado más amplia difusión: Babalú y Tabú. Se trata de dos clásicos del repertorio afrocubano, al cual ella también aportó Negro gangá y Mersé la mulatita. Esas canciones corresponden a una etapa en la que el público de la Isla había empezado a reclamar a los compositores e intérpretes la incorporación de la herencia africana, hasta entonces excluida de nuestro canon musical.

Son, recordemos, los años cuando Nicolás Guillén publica sus Motivos de son y Alejo Carpentier su Ecue-Yamba-O. Y en el campo de la música, los de trabajos como los de Alejandro García Caturla y Amadeo Roldán, además de los de González Allué, a partir de poemas de Guillén, y Grecia Domech (Y mi negro está cansao), entre otros.

A partir de las grabaciones de Miguelito Valdés y Antonio Machín, Babalú se convirtió en un gran éxito y Margarita Lecuona pasó a ser reconocida como una compositora de fama internacional. En particular, Valdés popularizó el tema en Estados Unidos, donde llegó a ser uno de los artistas latinos mejor pagados en el Nueva York de los 50. Quienes lo vieron, cuentan que interpretaba Babalú de un modo deliciosamente cómico, recreando una posesión. Tanto se le relacionaba con esa canción, que durante un tiempo se lo conoció con el sobrenombre de Mister Babalú.

La lista de cantantes y agrupaciones que han hecho versiones de Babalú es de las que quita el hipo. Para dar una idea, aquí anoto algunos nombres: Toña La Negra, Stanley Black, Elena Burke, Orquesta Casino de la Playa, Bola de Nieve, Las Rubias del Norte, Orquesta de Cheo Belén Puig, Bobby Carcassés, Annia Linares, Orquesta de Xavier Cugat, Jorge Negrete. Otro que la grabó en 1946 fue Desi Arnaz, quien en opinión de Gustavo Pérez Firmat, carecía de conexión alguna con una comunidad de creyentes e hizo una marcada comercialización del tema. Y Merceditas Valdés la cantó cuando ganó el primer premio en la Corte Suprema del Arte (interpretó también La negra Merced, de Ernesto Lecuona).

Babalú ha sido incluido además en la banda sonora de filmes como Radio Days, Mrs. Doubtfire, Rat Race, Two Girls and a Saylor, Os Monstros de Babaloo, Silent Movie y Havana Rose. E incluso el canadiense Michael Bublé tomó el nombre de esta composición para titular uno de sus primeros discos compactos.

Similar difusión ha tenido Tabú. Fue estrenada por Eugenia Zuffoli, italiana nacionalizada española y una de las grandes damas de la escena de ese país. La cantó en 1934, en un concierto que dio la Orquesta Sinfónica de La Habana en el Teatro La Comedia, ocasión en la cual contó con arreglos de Gonzalo Roig. Los Lecuona Cuban Boys la incorporaron a su repertorio y durante su gira por Europa lograron con ella un notable éxito.

Entre los otros artistas que han grabado Tabú figuran Omara Portuondo, Izumi Yukimora, Artie Shaw, Kronos Quartet, Pérez Prado, The Tokyo Cuban Boys, Bebo Valdés, la Orquesta de Luis Arcaraz, Stan Kenton, Ska Cubano y Desi Arnaz. La Paul Taylor Dance Company la utilizó para crear una de sus coreografías y se puede escuchar en películas como Night at the Golden Eagle, Krippendorf’s Tribe y Filme de amor.

Según algunos, Margarita Lecuona escribió Tabú inspirándose en un antiguo esclavo, muy viejo, que conoció de niña y que le narraba cuentos. La propia compositora, sin embargo, se encargó de desmentir esa bonita explicación: "Nada de historias. Surgió, como todas mis canciones, porque sí, sin estímulos, ni anécdota interesante, ni nada". Contó también que tras componerla, guardó silencio por largo tiempo, cerca de cuatro años que según ella, fueron los más oscuros de su vida. El motivo: "un noviazgo, un matrimonio, un divorcio".

Pero la obra de Margarita Lecuona está muy lejos de reducirse a esas dos composiciones. Su catálogo supera los 300 títulos. Varios de ellos tuvieron una magnífica acogida, en especial, boleros y temas románticos como Nuestro amor, Señor, dime por qué, Ya te puedes ir, Cariño bueno, De nada vale, Tú lo eres todo, En confianza, Mi último amor, Otoño, Cuando me quieras, Por eso no debes y Eclipse. Las dos últimas se consideran entre lo más logrado de la cancionística cubana de ese período. A Margarita también se deben guarachas como Contentura y Mi muñeco.

En la década de 1940, la compositora desarrolló una intensa actividad como intérprete y consiguió situarse entre las artistas mejor pagadas por emisoras como CMQ. A partir de 1942 pasó a contar con su propio conjunto, las Lecuona Cuban Girls, integrado por Alicia Yanes (guitarra y segundo), Coralia Burguet (guitarra y primo), Josefina Levinson (instrumentos típicos y falsete) y ella (guitarra y cantante). Se presentaron en Sans Souci, el Hotel Sevilla y los teatros Encanto y Campoamor, así como en la radio. El propio Ernesto Lecuona las elogió y pronto firmaron contratos para actuar en el extranjero.

En 1946 Margarita intervino en la película chilena Música en tu corazón, al lado del dúo Sonia y Myriam. Al año siguiente se casó con el actor argentino Pepe Armil (José María Armillas). Pasó entonces a residir en Buenos Aires, donde vivió ocho años y durante los cuales se presentó en Chile, Bolivia, Perú y Brasil. En 1955 regresó a La Habana por unos meses y realizó actuaciones en televisión, emisoras de radio y teatros. En esa ocasión dio a conocer algunas de sus composiciones más recientes: Amor Caribe, No hace falta decirlo, Canción de las palmas y Cuartito rosado. A su vuelta a Argentina formó el trío Babalú, con los cubanos Michel Montes y José Casino. En la década de los 60 se radicó en Estados Unidos, donde murió.

Con estas líneas he querido recordar en su centenario a la creadora que nos dejó tantas canciones hermosas y memorables. Aquella mujer que aprovechaba cualquier rato libre para escaparse a Varadero, arreglar su jardín o darle un paseo a su perro Tabú. Y que confesó que su única y verdadera senda era, "por el corazón, por la mente, por la voluntad, por el gusto, por mi vida toda, la música".

Carlos Espinosa Domínguez
Cubaencuentro, 11 de junio de 2010.
Publicado con el título La prima lejana de los Lecuona.
Foto: Margarita Lecuona. Tomada del blog Songbook.

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