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lunes, 19 de enero de 2015

Recetas para comer como un Papa



La cita es en la puerta de Santa Ana. Un par de guardias suizos con el uniforme azul controlan quién entra y quién sale de la ciudad del Vaticano. Junto a ellos, David Geisser, vestido de calle, hojea una publicación llamada Il mio Papaen la que, por un euro y bajo la apariencia de una revista del corazón, se cuenta cada semana la vida y milagros de ese fenómeno -espiritual y mediático- llamado Francisco. También Geisser, de 24 años, pretende aprovechar los focos que desde marzo de 2013 no han dejado de alumbrar la plaza de San Pedro.

Cuando, hace dos años, aterrizó en Roma para formar parte del Ejército del Papa -en el que solo se puede ingresar si se es suizo, católico, soltero y con un pasado tan limpio como una patena-, el joven alabardero de Su Santidad ya había publicado dos libros de cocina en su país y había llegado a ser comparado con Jamie Oliver, la estrella de los fogones británicos.

Así que Geisser, espabilado como él solo, vio el cielo abierto: ¿qué mejor ocasión que aprovechar su estancia en el Vaticano para publicar un libro de recetas con los platos preferidos de Jorge Mario Bergoglio y de sus inmediatos antecesores?

-Pasen por aquí. ¿Desean tomar algo?

David Geisser, delgado, alto, rubio, es tan amable ofreciendo un café en las dependencias de la Guardia Suiza como firme a la hora de evitar cualquier cuestión -¿qué misiones son más interesantes? ¿qué tipo de armas de fuego llevan?- que pudiese poner en peligro la seguridad del Papa.

Le basta con una sonrisa para dejar claro que la cita es para hablar de su libro: “Además de contar qué platos le gustan a los papas, he creado algunas recetas inspiradas en santos, lugares o símbolos religiosos. Por ejemplo, la dedicada a San Nicolás de Flue, el patrón de Suiza, solo es a base de hierbas”. Y eso, ¿por qué? “Porque pasó los últimos 20 años de su vida como ermitaño”.

También se podría decir que David pasó los primeros 20 años de su vida soñando con ser algún día guardia suizo: “Mi padre fue también guardia suizo, desde 1980 a 1982, con Juan Pablo II. Él estaba en la plaza cuando Ali Agca atentó contra él. Mi padre siempre me contó muchas historias de aquella época, me trajo a Roma varia veces, y yo miraba extasiado a los guardias suizos”. Ahora es uno de ellos, tal vez el más famoso: “Somos 110, prácticamente una familia”.

Bajo el título Buon Appetito: recetas, historia y perfiles y a través de 198 páginas llenas de fotografías con los platos, David Geisser desvela en su libro los manjares favoritos de los últimos tres pontífices y alguna que otra debilidad culinaria de otros importantes dignatarios del Vaticano. El plato preferido de Juan Pablo II eran los pierogi, una de las especialidades más típicas de la cocina polaca.

Se trata de una pasta rellena con carne de cerdo y legumbres parecida a los raviolis y que, sobre todo, comía en Navidad. Karol Wojtyla se hacía preparar sus platos favoritos por monjas polacas y solía poner fin a la cena con un pastel de manzana. Por su parte, y ya desde antes de ser elegido Papa, el cardenal Joseph Ratzinger era un asiduo cliente del restaurante La cantina tirolesa, a dos pasos del Vaticano, donde se dejaba servir platos bávaros. La mesa número seis aún sigue estando reservada para él, aunque Benedicto XVI ya no abandona el monasterio del interior de los muros vaticanos que eligió para “apartarse del mundo” tras su renuncia.

Pero, según logró saber el joven guardia suizo, Joseph Ratzinger aún sigue desgustando sus platos favoritos, como la wurtssalat, una ensalada de embutidos cortados en rodajas finas, acompañadas de tiras de cebolla y aderezadas con vinagre, aceite y sal. Benedicto XVI también siente una debilidad muy humana por el lechón asado y los pasteles de cereza espolvoreados con azúcar. Su sucesor en la silla de Pedro, Francisco, adora comer empanadas, siente debilidad por la llamada colita de cuadril -trozos de filete estofados- y su postre favorito es el dulce de leche.

En su trabajo de investigación para escribir el libro, David Geisser tambien revela los platos preferidos de otros importantes dignatarios de El Vaticano. El secretario de Estado, Pietro Parolin, amortigua los problemas de la Curia cuando le ponen por delante un plato de ñoquis al Vaticano, mientras que el arzobispo alemán George Gänsswein, famoso por su porte privilegiado y por ser el secretario personal de Joseph Ratzinger, confiesa su debilidad por la cocina italiana, en especial por el saltimbocca a la romana -un plato a base de ternera, jamón y salvia.

David Geisser cuenta que ya ha tenido ocasión de regalarle su libro -que por el momento solo ha sido editado en alemán- al papa Francisco y que espera que se traduzca a muchos idiomas porque, añade, es una obra pensada para ser puesta en práctica: “He cocinado cada receta al menos cinco veces, hasta quedar satisfecho del resultado final. Y, luego, otra vez más para hacer la fotografía. Para mí es importante que todo el mundo pueda hacer mis recetas, no solo los profesionales, y que todos los ingredientes se puedan encontrar en cualquier supermercado”.

Geisser dice que, a pesar de su juventud, tiene las cosas claras: “Casarme y formar una familia. Tengo una novia desde hace tres años. Es suiza. Y, a pesar de la distancia, nuestro amor sigue funcionando”. Dice que piensa seguir haciendo oídos sordos a los piropos. “Algunas turistas nos dicen de todo, pero de todo”.

Pablo Ordaz y Enrique Müller
El País, 15 de noviembre de 2014.
Foto: Portada del libro en alemán de Buon Appetito, recetas, historia y perfiles.

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