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lunes, 20 de enero de 2014

Isidro Benítez, creador del manaké



La historia de la música cubana tiene aún varias páginas en blanco donde algún día deberá comenzar a aparecer el nombre de Isidro Benítez.

Según testigos, momentos antes de morir, en Santiago, Chile, el 25 de agosto de 1985, Benítez levantó la mirada hacia una pared donde diversos certificados y diplomas hablaban de quién era y qué había hecho este fabuloso artista, del cual ni los mejores historiadores tienen aún muchas referencias.

Entre los documentos que colgaban en la habitación bastarían tres para comenzar a llenar esas páginas por escribir: Medalla de Oro de la Sociedad de Autores y Compositores de Argentina por ser socio fundador y por su Aporte a la Cultura Nacional (1974); denominación como “El Duke Ellington de América del Sur” por la maestría en la interpretación del jazz de ese virtuoso artista estadounidense con el que mantuvo una entrañable amistad y una larga relación de trabajo profesional, y la calificación de ser “Introductor de la Música Cubana en América del Sur”.

Este último calificativo era el que más amaba y al que hacía referencia con especial orgullo. Un orgullo que, según cuentan testigos y prueban documentos originales de la época, era totalmente justificado: la historia de la música cubana en América del Sur tiene un antes y un después con la llegada en 1926 de Isidro Benítez a Chile, tierra que lo acogería como hijo adoptivo y donde sobresaldría como músico y ciudadano ejemplar.

Isidro Benítez nació el 15 de mayo de 1900 en Manacas, poblado del municipio Santo Domingo, en la antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara. Tenía 26 años cuando llegó a la capital chilena con su agrupación Los Negros Cubanos. Su repertorio lo componían sones de la época y un ritmo y baile de su propia inspiración denominado 'saca un pie'.

Al 'saca un pie', Benítez lo transformó en la década de los 50 en el manaké, probablemente en honor a Manacas, su pueblo natal. Por primera vez esta versión de su ritmo y baile se interpretó en Chile y Argentina, donde alcanzó una gran popularidad.

El ritmo se expandió rápidamente por toda América del Sur, con la difusión principalmente a cargo de la compañía discográfica CBS de Buenos Aires, que organizó una orquesta gigante con el nombre de Los Manakenses para que Benítez grabara el nuevo ritmo cubano ya acogido por los bailadores.

Duke Ellington conoció el nuevo ritmo manaké a principios de1960, al visitar a su viejo amigo en Santiago de Chile. En una carta a su hermano Aniceto, residente en Cuba, Benítez le cuenta: “Duke al ver las partituras del manaké me dijo, ‘My brother, estás exactamente como los primitivos petroleros de Texas y Oklahoma, sentado sobre un pozo de petróleo y no te das cuenta. Te sugiero viajar de inmediato a Estados Unidos, donde tendrá mayor repercusión su lanzamiento. Te aseguro que el manaké es formidable por la atracción que posee ese ritmo y baile”.

El manaké creado por Isidro Benítez tiene su base en los tres elementos principales de la música cubana: ritmo, melodía y síncopa. El ritmo está presente desde el comienzo hasta el final, de modo que hasta el más torpe de los bailarines puede apoyarse en él todo el tiempo, porque se destaca perfectamente entre melodías y contracantos, mientras tanto la melodía está a cargo de los saxofones y la síncopa aparece todo el tiempo monopolizada por los metales.

En Cuba, a finales de los 80 e inicios de los 90, el manaké, como ritmo y baile, fue revivido de forma experimental con la asesoría y asistencia del prestigioso músico argentino-cubano Eddy Gaytán, quien fuera pianista y orquestador de Isidro Benítez entre 1950 y 1956.

Al examinar el manaké, Gaytán encontró en sus diseños metálicos los contrapuntos del mambo y también que los diseños rítmicos son similares al chachachá y otros géneros. Estas apreciaciones técnicas quedaron probadas cuando el manaké fue interpretado por una orquesta cubana, con arreglos musicales ajustados a los tiempos actuales y el baile fue interpretado por un grupo de danza de acuerdo con las instrucciones que dejó su creador, quien había diseñado además la coreografía.

De esa forma surgió una particular “salsa” cubana, con puntos de contactos muy pronunciados con la lambada, en cuanto a ritmo y coreografía del baile se refiere. Es importante subrayar que el mambo y el chachachá fueron creados a fines de los años 30 y principios de los 40, y la lambada en la década de los 80, mientras que el manaké de Isidro Benítez, tiene su origen en el ritmo 'saca un pie' de la década de 1920.

Lo anterior vincula a Isidro Benítez y su quehacer musical como intérprete y compositor a la actual música salsa, lo cual reafirma la influencia cubana en el popular género que tanto disfrutan los bailadores en diferentes partes del mundo. Dos elementos son importantes para profundizar en este vínculo: uno es cómo la prensa en Sudamérica definió a Benítez durante tres décadas y el otro, la composición de sus orquestas.

Desde su llegada a Chile en 1926 y los años 30, 40 y 50, Isidro Benítez fue reconocido por la prensa sudamericana como el introductor de la música cubana en América del Sur, y para formar sus orquestas en sus giras por Latinoamérica y el Caribe contrató a músicos de los diversos países en los que trabajó, dejando entre ellos la fuente de información técnica musical, sobre todo sonera, de la que indudablemente bebieron de una u otra manera quienes posteriormente comenzaron a componer salsa.

Otros testimonios identifican a Isidro Benítez también como el introductor de la rumba cubana en Brasil y Argentina, según comentaristas de la prensa especializada de los años 30 y 40. En 1930, el leído crítico Ulises Peti de Murat, residente en Buenos Aires, publicó un comentario titulado El éxito de la música cubana, donde señaló:

-Hace unos años, tanto Buenos Aires como el resto del mundo conocían bien poco acerca de la música cubana. Desde hace aproximadamente tres años la música cubana se ha impuesto en el mundo entero. Don Aspiazu y los suyos que graban para la Casa Víctor actúan triunfalmente en Europa y Estados Unidos. No es sin embargo, la única orquesta que ha triunfado. Entre nosotros introdujo esta música la orquesta de Isidro Benítez, gran instrumentista y compositor cubano.

-Ciertamente, su repertorio es variado e incluye todo género de música de jazz, pero su fuerte continúa siendo las rumbas, el son y otros hermosos ritmos típicos de Cuba. La música de esta isla ofrece una característica intermedia entre lo predominantemente melódico y el ritmo puro de raigambre negra. Su acentuación es profundamente sensual, llena de natural colorido, brillante por momentos.

En el Buenos Aires de hoy en día hay quienes todavía recuerdan a Isidro Benítez. Hace unos meses, cuando el historiador Cristóbal Díaz de Ayala donaba su colección de música cubana a la Universidad Internacional de Florida en Miami, se le preguntó sobre Isidro Benítez. Díaz de Ayala comentó que tenía muy poco, solamente una breve referencia de los años 50 en Cuba y reconoció que ése era un capítulo de la música cubana que estaba por investigar.

Posteriormente, Díaz Ayala contactó a varios de sus amigos y colegas en América del Sur, entre ellos el músico argentino Mario Clavell, quien le aseguró:

-Te diré que yo tuve la suerte de conocer (a Isidro Benítez) en mis primerísimos años, antes de mis comienzos en este mundo divino de la canción. Muchas veces aplaudí a ese negro fabuloso, gran músico que hacia vibrar a la concurrencia con su talento. He indagado a un querido amigo, ex ejecutivo de RCA Víctor, que sabe muchísimo de orquestas y de músicos de aquellos años. Me desvió -al no tener antecedentes- a un par de músicos, grandes amigotes míos y compañeros de mis primeros discos. Todos se acuerdan de Isidro Benítez. Todos saben que fue un valor fabuloso del jazz y especialmente la música tropical, pero nadie tiene grabaciones ni cómo ubicar datos. He leído un libro de jazz, de Walter Thiers, muy completo, y no hay una sola mención de Isidro. Es una pena, porque los recuerdos están. Muchos lo vieron y todos lo admiraron. Triste que una figura así haya sido como una estrella fugaz y se pierda su destello en este loco universo en que vivimos.

Eduardo Cruz

La Nueva Cuba, 29 de junio de 2003.

Nota.- Este artículo, originalmente titulado "Isidro Benítez, una historia por escribir" y publicado en el periódico La Opinión de Los Angeles, forma parte del libro 60 Años de la Música Cubana en América del Sur, que resume la investigación durante mucho tiempo realizada por el autor sobre Isidro Benítez.

Foto: Isidro Benítez, el elegante de la música cubana, con su orquesta en Montevideo, Uruguay, en 1938. Tomada de la web de Antonio Tansini.


Postdata.- EcuRed, la 'wikipedia criolla' le dedica un capítulo a Isidro Benítez... pero puso la foto de un hombre blanco, cuando Benítez era de la raza negra. Disparates aparte, en el foro Cuando calienta el sol encontré datos que vale la pena reproducir.

"Isidro Benítez es considerado como la punta de lanza de la penetración de la música y los instrumentos cubanos en la América del Sur, lo que llevó al Estado cubano a condecorarlo como pionero en la difusión de la música cubana en el extranjero. Al mando de su orquesta -espectáculo de música cubana y de jazz melódico-, Benítez se presentaba desde fines de la década de 1930 en las mejores boites de Santiago donde era anunciado como 'el notable compositor y director cubano de fama en Harlem'.

"Sin embargo, a su orquesta que estaba compuesta de tres trompetas, tres saxos, guitarra, piano, contrabajo, batería y crooner, todavía le faltaban los bongós, y los timbales para ser una perfecta orquesta afrocubana del Harlem. Había acompañado a Josephine Baker en su gira en Buenos Aires (1928), y su orquesta amenizaba fiestas sociales, recepciones, comidas, despedidas de solteras, cocktails, tea parties, matrimonios y kermesses, llegando a ser la más cotizada de la época.

"Entre 1942 y 1945 actuó en el célebre Salón Lucerna de Santiago de Chile, acompañando a cantantes como Leo Marini, Juan Arvizu y Raúl Videla. Acompañó a Leo Marini en sus primeras grabaciones para la Victor. Durante la década de 1950 dirigió la orquesta del Hotel Carrera en los famosos bailables de su Roof Garden, siendo su vocalista Mona Bell. También grabó algunos discos para la Victor, acompañando a cantantes como Claudio de Paul y Ruth Martínez. Tocaba el saxofón y el clarinete. Intervino en la película argentina Novio, marido y amante, estrenada en 1948, con la rumbera Amelita Vargas (La Habana, 16 de enero de 1928).

"Entre los números más conocidos de Isidro Benítez se encuentran Santo Domingo, Cuba bella, Viejos recuerdos, El manutara, María Boa, El palomo, No quiero más matrimonio, El espejo feliz, Tesorito, Piripiripipi, Chichito, María me quiero casar samba y Los cubanos son el diablo".

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