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sábado, 15 de diciembre de 2012

Magdalena


Los 70 merodean a su alrededor. Como si fueran moscas ella trata de espantarlos. Teme a cada 21 de octubre, día de su cumpleaños. Es habanera cien por ciento, pero en la ciudad que la vio nacer no tiene nada más que a un hijastro. El resto de su familia está en Miami. En esa ciudad tiene bajo tierra a un hijo, fallecido en 1983 y su madre, que a los 93 años se le fue una tarde de junio de 1999.

Cada noche, antes de irse a dormir, le prende una vela a su virgen, Santa Bárbara. A Changó siempre le pide lo mismo, que le dé salud para poder encontrarse con su hija y nietos. Demasiados momentos duros ha pasado Magdalena.

Uno de ellos fue en julio de 1994, cuando supo que su hija, médica de profesión, se había echado al mar llevándose al niño, su único nieto, entonces con 10 años. En la embarcación también se fue una hermana suya, la única que le quedaba en Cuba.

Otro momento que Magdalena no quisiera recordar ocurrió 32 años antes, en 1962. Ella, su esposo y sus dos hijos tenían todo listo para irse a Estados Unidos. Las gestiones para viajar con su familia se las había hecho la organización católica de la cual eran miembros. "Nos íbamos huyéndole al comunismo de Fidel Castro. Vendimos muebles y pertenencias y con las maletas a punto de cerrar, ocurrió lo impensable, la Crisis de Octubre".

Un tiempo después, Magdalena se enteraría que en octubre de 1962 el mundo estuvo a borde de una catástrofe nuclear. "Pero para mí será siempre el mes y el año cuando nuestras vidas se frustraron". En contra de su voluntad, Magdalena y los suyos se vieron obligados a vivir en un sistema con el cual no estaban de acuerdo.

Durante unos años, algunos familiares de Magdalena simpatizaron con Fidel Castro. Sin embargo, a medida que se fueron desencantado con la revolución y sus eternas promesas incumplidas, se fueron yendo del país. "Todos se fueron. Y yo, la que nunca fui revolucionaria, mírame aquí. Vendiendo maní para sobrevivir. Sin esperanzas de poderme ir". Y confiesa que no tiene dinero, edad ni valor para irse en una balsa.

-Y los americanos, ¿no se han sensibilizado con su caso, teniendo allá a su única hija y su único nieto?, le pregunto. Sin dejar de envasar maní acabado de tostar en cucuruchos blancos de papel, Magdalena responde:

-Mejor que me calle. El año pasado me negaron la visa. Quería ver por última vez a mi madre viva -y no puede evitar que las lágrimas corran por su rostro.

Tania Quintero
Cubafreepress, 15 de octubre de 1999.
Foto: María Magdalena, cuadro del pintor español José de Ribera (1591-1652). Tomada de Wikipedia.

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