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viernes, 13 de mayo de 2011

Periodista, nada más (I) Cita en el Palacio de la Revolución


Por Tania Quintero

-No te pongas nerviosa. El comandante te va a recibir en su despacho, me dijo Chomy.

-¿El comandante?, respondí.

Era el martes 12 de mayo de 1986. Entonces no era usual que Fidel Castro recibiera a periodistas cubanos. Y menos en su oficina del Palacio de la Revolución.

Previamente Chomy -doctor José M. Miyar Barrueco, médico de profesión y entonces secretario del Consejo de Estado y de su presidente- me había dicho que me estaban localizando desde el día anterior. Habían dejado el recado en mi casa. Pero yo no estaba con deseos de responder ninguna llamada. Ni aunque fuera de parte de Fidel Castro.

El domingo 10 de mayo había sido el Día de las Madres. Y por todo regalo en mi casa había habido un cake (tarta) de 10 pesos, de los que por esa época vendían por la libreta de racionamiento, a razón de uno por núcleo familiar (vigente desde 1962, la libreta o cartilla de racionamiento ha mantenido a la población cubana con una ración mensual mínima de alimentos subsidiados por el Estado). Encima, el motor del edificio se había roto y el fin de semana me lo había pasado cargando cubos de agua desde la cisterna hacia nuestro apartamento en el primer piso.

Al día siguiente, lunes, me fui a trabajar a Prensa Latina, donde hacía un mes laboraba en prestación de servicios, en la redacción del Cono Sur. Mi salario (250 pesos, 10 dólares al cambio actual) como reportera de los servicios informativos de la televisión, lo seguía cobrando por el ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión).

Esa semana tenía el turno de 1 de la tarde a 7 de la noche. Por el teléfono del director de Prensa Latina me localizaron del Consejo de Estado y fui autorizada a marcharme. Eran cerca de las 2 de la tarde y la cita era a las 6, en la oficina de Chomy.

Por suerte, en 1986 todavía se podía depender del transporte público. Había guaguas (ómnibus). Cogí la ruta 2, que nacía en 25 y N, al doblar de Prensa Latina. A las 3 estaba en mi casa. Y a las 5 saliendo rumbo a la Plaza de la Revolución.

Sin nerviosismo ni temor entré al despacho. Una habitación espaciosa y clara. Se podía prescindir de la iluminación artificial. Una pared encristalada permitía entrar la luz diurna. Cerca de allí estaba su buró. Me llamó la atención un recipiente con caramelos, señal de que recientemente había dejado de fumar y a cada rato -supuse- se chupaba uno. “A lo mejor me brinda alguno”, pensé.

Había cuadros, plantas, sofás, mesitas y butacones. Un despacho sobrio, pero elegante. La decoración probablemente databa de cuando vivía su secretaria, Celia Sánchez, quien durante toda la lucha guerrillera en la Sierra Maestra había estado al lado de Fidel y después de 1959 fue su secretaria. Ella le imprimió un mismo estilo a todo el Palacio de la Revolución.

Para llegar hasta allí desde la oficina de Chomy, caminé por un largo pasillo. Chomy iba conmigo. Al final, en un cuarto, estaban los escoltas, tres o cuatro, no recuerdo bien, vestidos de verde olivo. Sobre una mesa se veían las metralletas. Por una puerta accedimos al despacho.

Dentro, de pie, se encontraban, Fidel Castro, Pepín Naranjo, su ayudante, y el recién nombrado presidente del INTUR (Instituto Nacional de Turismo y Recreación), Rafael Sed Pérez. Nadie me había registrado ni pasado ante ningún detector de metales. Al menos que yo me hubiera dado cuenta.

Seguramente había cámaras ocultas, pero no me percaté ni me importó. Me consideraba tan pacífica como el color de la vestimenta que llevaba puesta.

No era ropa de marca ni a la moda. Aquel día me vestí acorde al 'cuban way of life'. El pantalón, de lienzo blanco con galones azules en los laterales, era un regalo de Raúl Castillo, diseñador negro que yo había promocionado desde un espacio sobre moda y diseño que semanalmente publicaba en la sección económica de la revista Bohemia.

El blusón, blanco también y de algodón, en un lado tenía unas flores azules pintadas a mano. Me lo habían obsequiado en la Textilera Ariguanabo, una vez que fuimos a grabar Conversando, espacio televisivo del cual yo era guionista, conducido por la presentadora chilena Mirella Latorre, viuda del periodista Augusto Olivares.

El conjunto lo complementaba con unas sandalias de tela de falla azul y tacón de cuña, Made in Brazil. El bolso, tipo jolongo, era de hule azul, igualmente 'brasileiro'. Presentes que antes de irse me dejaban amigas brasileñas. En una jabita (bolsita) de nailon de la UNICEF llevaba papeles de trabajo.

Mañana:
Fidel Castro no deja hablar.

Foto: Panoramio. El hoy Palacio de la Revolución fue construido en 1953-1957, por los arquitectos José Pérez Benitoa & Sons. De estilo modernista cubano, con influencia del racionalismo alemán, su función original era ser sede de los Palacios de Justicia, Tribunal Supremo y Fiscalía General de la República. Actualmente alberga a los Consejos de Estado y de Ministros y al Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

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