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domingo, 31 de octubre de 2010

Blanca Rosa Gil, una leyenda del bolero


Por Arturo Arias-Polo

Blanca Rosa Gil asegura que cantará "todo lo que el público le pida'' durante su concierto en el Teatro Manuel Artime, en Miami. Un reto difícil cuando se tiene una trayectoria de más de medio siglo, 45 discos, premios y miles de fanáticos que aguardan su retorno para escucharla en Sombras, Cristal, Hambre y un sinfín de títulos que despiertan nostalgia en los amantes del bolero. Con ella se presentará Annia Linares, también cultivadora del género y que aguarda el momento de conocerla.
"¡Ya pasé a ser una leyenda!'', dice Blanca Rosa en tono burlón mientras organiza sus recuerdos con la ayuda del boricua Tony Figueroa, su esposo desde hace 38 años, con quien vive en Caguas, Puerto Rico. Él es su compañero del ministerio evangélico que crearon tres décadas atrás.
Directa, sencilla y libre de esas poses que distinguen a ciertas divas del ayer, la cantante cubana confiesa que el 26 de agosto cumplirá 73 años, y que antes de comprometerse con Figueroa, lo pensó bastante porque se trataba de un hombre diez años menor que ella. Tampoco niega que para alcanzar la armonía con su pareja atravesó por un camino espinoso.
"El era muy fiestero y yo lo seguía en sus juergas para no perderlo. Pero un día, después de una actuación en Barcelona, le pedí al Señor con todas mis fuerzas que me lo cambiara'', evoca en alusión a aquella súplica que tuvo un efecto mágico. "Cuando Tony gritó el nombre de Jesús nos abrazamos llorando y me prometí servir a mi Dios por la obra que había hecho con él. ¡Dios me quitó uno y puso otro!''.
Lejos de lo que muchos piensan, el debut de Blanca Rosa Gil no fue en Cuba. Su despegue profesional ocurrió en el programa de la televisión venezolana Humo y fantasía, siendo apenas una adolescente.
"Yo tenía 15 años cuando viajé a Caracas acompañando a mi prima Katy Rentería, que era bailarina del Ballet Folklórico de Venezuela. Y un día de su cumpleaños el empresario Arístides Borrego me escuchó cantar y decidió lanzarme en la televisión'', recuerda. Poco tiempo después, el productor Gaspar Pumarejo la descubriría en un centro nocturno caraqueño y no tardaría en invitarla a cantar en Cuba en 1957.
Para el investigador musical Cristóbal Díaz Ayala, "la clave del éxito de Blanca Rosa radicó en su juventud, su dominio escénico, su voz afinada y la sensualidad que imprimía a sus interpretaciones''. Cualidades que se aprecian en una versión de Vuélveme a querer grabada por Gil en los estudios de la emisora cubana Radio Progreso en 1959, que el musicólogo incluyó en su proyecto 100 canciones del milenio, en el año 2000.
"No puedo decir que me costó trabajo abrirme paso en Cuba porque entré con el pie derecho'', agrega la intérprete, cuyo decir desafiante se impuso en las vitrolas gracias a Besos de fuego, Besos brujos, Quiero hablar contigo y una lista interminable de boleros que grabó para el sello Moliner. Para colmo, el mote de "la muñequita que canta'', inventado por Pumarejo, disparó la popularidad de la cantante a tal extremo que no tardó en compartir escenarios con figuras de la talla de Benny Moré.
"Aunque al principio de mi carrera era admiradora de Olga Guillot y La Lupe, siempre traté de imponer mi estilo'', aclara. "Lo del movimiento de las manos vino mucho después, cuando se lo vi a unas bailarinas en Hawaii''.
En 1960, en pleno apogeo de su fama, la cantante se marchó de Cuba, vía México. Allí fue recibida por la legendaria Lola Beltrán, su madrina artística, y no tardó en presentarse en el programa Cita con Pedro Vargas y grabar un par de discos. A los dos años, tras la firma de un contrato con el sello Velvet, la vocalista se estableció en Miami.
"Durante más de 30 años el contacto con mis padres se redujo a llamadas telefónicas y algunos encuentros en otros países. En 1991 regresé a La Habana de incógnito por la gravedad de mi madre'', recuerda Blanca Rosa, nacida en Perico, Matanzas, y criada en la barriada habanera de El Naranjito.
"La alegría de reencontrarme con mi familia después de tantos años evitó que me deprimiera mucho más en aquella visita''.
Es la hermana menor de las cantantes Rita y Mercedes, quienes ejercen sus carreras respectivas en La Habana y Miami. Blanca Rosa, hija de su primer matrimonio, es la madre de Natalia, su nieta de 5 años que ya despunta como artista.
El concierto del teatro Artime, estará producido por Rosy Saavedra y Maribel García, de Señales Productions, y la cantante contará con el respaldo de una orquesta de ocho músicos dirigida por Dyron Orta y Humberto Upierre. Antes de la función, el público podrá adquirir Blanca Rosa Gil. Ayer y hoy, su producción más reciente, así como Abrazando mis recuerdos, el nuevo trabajo discográfico de Annia Linares.
"Me han dicho que Annia Linares es muy buena cantante. Ya nos conoceremos en el ensayo'', dice la bolerista a manera de despedida, sin descartar la posibilidad de que hagan juntas alguno de sus éxitos.
El Nuevo Herald, 17 de junio de 2010

2 comentarios:

  1. Blanca Rosa nunca cantó "Besos Brujos" en Cuba. Triunfó en 1959 de la mano de Pumarejo y pronto grabó para Modiner su primer single con la orq. de Moisés Alfonso que traía "Ya no estás" y "No me vendo". Antes de eso, había grabado un single (que yo sepa el primero que grabó) para el sello Panart: "Romance Azul" y "Qué se yo" con la orq. de Osvaldo Estívil. Poco después grabó el single Modiner "Sombras" - "Besos de fuego" que la consagró definitivamente. Y así grabó un total de 6 singles que se editaron en su único LP comercializado en Cuba "SOMBRAS" Modiner 1002. En realidad grabó un segundo LP en 1960 pero en Cuba sólo se comercializaron 3 singles de ese LP que fueron verdaderos éxitos sobre todo "Cristal" "Pero vete lejos" y "Una tarde cualquiera". Su vertiginosa carrera duró muy poco porque a finales del 60 se exilia en México y graba para el sello Peerless con la orq. de Memo Salamanca el éxito "Aquel rosario blanco" que ya había sido grabado en Cuba por Amelita Frades en 1960. Yo tengo 2 LPs de esa época en México pero al oirlos se echa mucho en falta los magistrales arreglos de Severino Ramos y Joaquín Mendívil que, a mi juicio particular, fueron uno de los catalizadores de su enorme popularidad en Cuba. Recuerdo haber leído en la revista Show que el problema de "la nueva cantante" era que solía "gritar" un poco. Cosa que a mi me parece cierta pero que se disimulaba mucho en las victrolas que entonces divulgaban sus singles en toda Cuba. Nada de esto que digo lo he leído en ninguna parte. Brota de mis más entrañables recuerdos de esta grandísima cantante que fue mi primer ídolo. Soy coleccionista de discos y tuve el privilegio de haber comprado casi todos sus discos en Cuba, aunque era muy difícil hacerlo porque sus discos se agotaban no más salir al mercado. Recuerdo con mucha emoción el día que compré "Mi triste condena" - "Dolor en tinieblas" y "Pecadora" - "Acerca el oído" en la Casa de los Tres Quilos que entonces estaba en Reina y Belascoaín.

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  2. Estoy buscando una canción de Blanca Rosa Gil que grabo en un sencillo de 45 rpm. Si la tienen, comuníquense a mi correo echeona@hotmail.com | La letra versa así:

    Sabes una cosa, que ya no extraño.
    Porque he comprendido este absurdo amor.
    Porque fui tan tonta, cuando me dejaste.
    Que quede consumiéndome en fuego y dolor.

    Sabes una cosa, que ya no extraño,
    Porque he comprendido lo inmensa que soy,
    Me siento sublime, porque soy sincera.
    Porque liberada, de tu esencia estoy.

    Mírame a los ojos, ya no te verás.
    Ahora soy feliz, no te quiero más.
    Mírame a los ojos, y veras mi alma.
    Platicando al viento, que canta y que canta.

    Mírame a los ojos, ya no te verás.
    Ahora soy feliz, no te quiero más.
    Mírame a los ojos, y veras mi alma.
    Platicando al viento, que canta y que canta.

    Sabes una cosa, que ya no extraño.
    Porque llevo dentro la gloria y la paz.
    Porque es tan hermosa, esta vida mía.
    Que ya ni recuerdo tu inmensa maldad.

    Sabes una cosa, que ya no extraño.
    Porque ahora veo la cruel realidad.
    Porque soy dichosa, al saber que fuiste.
    Tan solo un momento triste y nada más.


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