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lunes, 30 de agosto de 2010

María Luisa Gómez Mena. Una mecenas a la que hay que reivindicar (IV)

Anecdotario
Por Antonio J. Molina*

El escultor Alfredo Lozano, que tanto admiraba a María Luisa, me contaba cuentos de ella. María Luisa Gómez Mena, mujer que nunca conocí pero que tanto aprecié. Hoy cuento tres de esas anécdotas que, siguiendo una supuesta cronología, se podrían titular de la siguiente manera: En el sepelio de Doña Lala Falla, Fidelio Ponce y los cuadros vueltos a comprar, y Con Bola de Nieve en guagua hasta el Teatro América.
En el sepelio de Doña Lala Falla
Según Lozano, María Luisa le contó que cuando murió Doña Lala Falla, la aristocracia de La Habana se reunió en su mansión del Vedado. Allí se organizó el velatorio. La cámara mortuoria estaba tapizada con orquídeas blancas y en el ataúd aparecía la muerta con los brazos desnudos cruzados sobre el pecho. La Condesa de Revilla de Camargo, a regañadientes, llevó a su sobrina María Luisa Gómez Mena al velatorio.
En medio del cuchicheo de las mujeres la tía comenta: “Fíjate qué buena idea que le han dejado los brazos tan bellos de Lala afuera”. Y la sobrina apostilla en clara voz que todas oyen: “Ay tía, tienes razón, y como lo más lindo que tú tienes son las tetas te las voy a dejar afuerita”. Dicen que las señoras se abanicaron nerviosamente, como para ahuyentar con aire las palabras que no debieron ser pronunciadas.

Fidelio Ponce y los cuadros vueltos a comprar
Un día llega a casa de María Luisa el cubano Fidelio Ponce de León. Fidelio Ponce era aquel excepcional pintor vanguardista, bohemio, alcohólico y tuberculoso, autor de una personalísima obra poblada de seres espectrales y alargados, sugeridos con empastes blanquecinos y suaves evocaciones de color. Ella le compraba todo lo que el pintor le llevaba.
Ese día, a media voz, Fidelio le dijo: “'María Luisa, quiero llevarme ese cuadro que me compraste para retocar algo que quiero hacer”. Ella le dijo riendo, “llévatelo”. Apenas salió el pintor con el cuadro María Luisa llamó a su mayordomo y le ordenó que siguiera a Fidelio: “donde lleve el cuadro a vender usted le da el doble al que se lo compró y me lo trae”. Ella conocía que ya eso había sucedido antes.

Con Bola de Nieve en guagua hasta el Teatro América
Esta es la sabrosa anécdota de un día que Bola de Nieve -el cantante, compositor y pianista cubano de Guanabacoa- visita a María Luisa, quizás para pedirle algún apoyo a una obra o presentación que él iba a hacer en el Teatro América. Él le llevó unas olorosas azucenas que ella, poco a poco, se las fue prendiendo del cabello como una diosa india.
María Luisa le preguntó: “¿Para dónde vas ahora?”. “Voy al América, a ensayar”, le contestó el músico. “Pues yo te acompaño”, le dijo ella. Él matizó: “Pero yo voy en la guagua”, y ella, tan campechana, le aseguró: “Pues te acompaño en la guagua”. Y así fue.
María Luisa Gómez Mena se fue en la guagua con Bola de Nieve, y detrás iba su lujoso automóvil con chofer incluido que la recogió cuando la guagua paró cerca del Teatro América. Todo esto lo supe por Alfredo Lozano. San Juan, noviembre de 2009.

*Antonio J. Molina (Sancti Spiritus, Cuba, 1928). Reside en Puerto Rico desde 1962. Escritor de varios libros, folletos, dramas, cuentos, poemarios, ensayos y canciones, dirigiendo recientemente cortometrajes. Es pintor, crítico de arte y asesor cultural de distintos organismos. Preside el Museo Casa del Libro y pertenece al Cuerpo Consular de Puerto Rico. El Rey de España le concedió la Orden de Isabel la Católica en 1992.

Foto: México, diciembre de 1950. María Luisa Gómez Mena posa ante el retrato que le hiciera el pintor mexicano José Moreno Villa.

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