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lunes, 7 de diciembre de 2009

Lo que la Revolución nos dejó (V)

CUBA - Gente por Manolo Marrero.

Por Iván García

La medicina es gratuita para la ciudadanía. Pero no goza de buena salud. Tenemos muchos y buenos médicos, pero los hospitales dan grima. La cosa cambia cuando se trata de la atención en dólares a turistas y visitantes. Los extranjeros disponen de una red de clínicas como Cira García o el centro de rehabilitación La Pradera. Fue precisamente aquí donde se intentó desintoxicar al futbolista argentino Diego Armando Maradona. El tratamiento de El Pibe fue de primera, similar al que le hubieran ofrecido en cualquier sociedad capitalista desarrollada.

Desde hace años, Cuba pone a disposición de los extranjeros que lo puedan pagar, tratamientos antidrogas. Era la época en que se creía que el flagelo mundial no afectaría al hombre nuevo pronosticado por el Che. Pero las drogas llegaron y jóvenes menores de 20 años se volvieron adictos a la marihuana, cocaina, alcohol y sicotrópicos. Fue en enero del 2003 cuando públicamente se reonoció el mal y se lanzó la Operación Coraza . Capos locales fueron arrestados y encarcelados. Pero las víctimas, los consumidores, están al pairo.

Una minoría de adictos recibe tratamiento. Otros, la mayoría, no acude a desintoxicarse. Por temor. Aunque la legislación actual no sanciona a los consumidores, éstos no se confían y piensan que podrían parar en la cárcel. Leonel, 24, se ha sometido a varias terapias, pero siempre vuelve a las drogas. Y cada vez con más fuerza. Sus padres están desesperados.

Los alcohólicos son más numerosos que los drogadictos, pero menos que los fumadores (31,9 por ciento de la población). Según el doctor Ricardo González, especialista en el tema, entre un 5 a 6 por ciento de la población padece de alcoholismo. Para un investigador que prefirió el anonimato, “esa cifra es demasiado conservadora: en estos momentos sobrepasa el 15 por ciento”. Y ya se sabe que el hábito de fumar es tan dañino como el de beber.

Si a Leticia, 27, maestra de primaria, le dieran a escoger tres cosas para llevarse al otro mundo, sin dudas escogería su perro salchicha, el último libro de Gabriel García Márquez y su título de licenciada en pedagogía. Contrario a algunos jóvenes que estudian magisterio para escapar del servicio militar o para quedar bien con sus padres, desde pequeña Leticia quiso enseñar.

Sus problemas cotidianos eran muy similares a los de la mayoría. Ir todos los días al trabajo luego de un magro desayuno, por lo regular consistente en pan con mayonesa, café o un jugo de frutas. De su modesto ropero escogía vestidos recatados de algodón. De regreso al hogar, hacía faenas domésticas, cenaba frugalmente y después de terminar el noticiero y aproximadamente hasta las 11 de la noche, se sentaba a preparar las clases del día siguiente.

Era una excelente maestra. Pero ya no puede ejercer. Una tarde, a fines del 2000, sintió dolor en el hombro izquierdo. Se untó pomadita china y se tomó una duralgina. Logró dormirse y cuando despertó notó que lo tenía ligeramente inflamado. El dolor había cedido, pero tenía molestias en la axila. Su mamá le dijo que era por el desodorante y le auguró una golondrina . Se lavó bien debajo de los brazos y no se puso desodorante ni nada que le pudiera irritar. No se preocupó más y siguió su vida normal.

Al cabo de una semana el dolor arreció. Apenas podia levanter el brazo. Parecía que tenía un pedazo de carbón ardiente. Fue al policlínico. El médico de guardia miró la zona adolorida y le dijo que era bursitis. Le indicó indometacina, reposo de ese brazo y bolsas de agua caliente. Siete días después, al no tener mejoría, fue al médico de guardia de un hospital, quien después de reconocerla diagnosticó hombro congelado . Le dio un certificado por 15 días, en vez de indometacina le recetó ibuprofeno y le indicó una radiografía. La citó para dos semanas más tarde.

Pero Leticia no volvió. Los dolores eran insufribles y la hinchazón alarmante. Su familia decidió llevarla a un hospital ortopédico. El especialista la reconoció exhaustivamente y se percató que aquello no era bursitis ni hombro congelado. La ingresaron y le hicieron una biopsia. Cuando estuvo el resultado la remitieron con urgencia al hospital oncológico: tenía un Sarcoma de Erwing.

Leticia no ha vuelto a dar clases. Probablemente no pueda ejercer la profesión que tanto ama. Ha transcurrido un año y los malos momentos de quimioterapia quedaron atrás. Perdió su abundante y rizada cabellera y sin complejos sale sin pañuelo a la calle, aunque ya el pelo le ha vuelto a crecer. Leticia era militante de la juventud comunista, pero después de lo vivido, ha puesto su fe en Dios.

Foto: Manolo Marrero, Flickr

3 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho esta historia, es la realidad cubana al 100%.

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  2. Segun la Association of American Physicians and Surgeons, mas de 75% de los medicos cubanos que llegan a los EE. UU-estoy hablando de los educados por la Revolucion-y que han tomado examenes para ejercer su profesion en este pais han fracasado en los esfuerzos. Peor aun ni llegan a la talla para ser enfermeras en los Estados Unidos.
    Casi todo lo que se ha oido acerca del sistema de salud en Cuba ha sido falso. Cuando hay estudios independientes acerca de los farmaceuticos cubanos casi siempre han sido violaciones de copyright o placebos.
    Segun los estudios del American Association of Physicians and Surgeons la muerte de ninos cubanos entre el 1 a 4 anos de edad es altisimo. Estoy convencido que la baja tasa de mortalidad infantil tiene que ser resultado de abortos cuando hay indicaciones de alto riesgo. CS

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