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viernes, 25 de septiembre de 2009

Ir a La Habana


Por Tania Quintero

En mi infancia, cuando alguien iba de compras decía "voy a La Habana". Más o menos lo entendía cuando lo decían mis tías, residentes en barriadas alejadas del centro de la ciudad, pero no cuando nuestras vecinas usaban esa expresión, pues vivíamos al doblar de la calle Monte, una de las que contaba con más tiendas.

La Habana de mi niñez y adolescencia figuraba entre las principales metrópolis del mundo, al lado de Nueva York, París, Londres, Milán, Buenos Aires, Barcelona... Era una capital cosmopolita, visitada por artistas y cantantes famosos, y donde se podía adquirir lo último, fueran autos, electrodomésticos, relojes, vestidos, trajes, calzado, perfumes... Entonces no se habían puesto de moda las boutiques, pero varias de sus tiendas por departamentos eran de primera categoría, como El Encanto,Fin de Siglo,Ultra o la joyería Cuervo y Sobrinos, aún existente en España y otros países.

Las más importantes arterias comerciales se encontraban en las calles Galiano, San Rafael, Neptuno, Obispo, Monte, Reina, Belascoaín... Cualquier cubano podía pasear por ellas y entrar a sus tiendas. Y pagar con pesos, la moneda nacional. Tampoco tenía que dejar la cartera o el bolso a la entrada, como ahora tienen que hacer quienes entren a mirar o comprar en una shopping.

Todavía hoy, muchas habaneras cuando van a las tiendas dicen "voy a La Habana". Porque pese a su abandono y decadencia, La Habana sigue siendo una urbe apreciada por sus habitantes y conservando cierto glamour para los viajeros.

Foto: George Skadding, 1952, Life

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