Google
 

miércoles, 19 de agosto de 2009

Hot Couture


Por Tania Quintero

No me gustan los perfumes franceses: los encuentro demasiado penetrantes y fuertes. Prefiero los aromas suaves, cítricos o florales, de algunas fragancias de la firma brasileña O Boticário. Y para los hombres, el agua de colonia alemana 4711, la que siempre usaba mi padre.

Pero en Cuba tuve la suerte (o la desgracia) de a menudo ser obsequiada con perfumes franceses, los cuales prefería regalar antes de que se secaran en el escaparate.

En diciembre de 2002, una de las muchas personas a quien gracias a mi amistad con el entonces Cónsul de España en La Habana, Eduardo de Quesada (historia que en otro momento contaré) había ayudado a viajar a Galicia con sus dos hijos, para reunirse con su esposo, en agradecimiento por mi gestión, se apareció en mi casa con una caja de Hot Couture, de Givenchy, igual a la de la foto.

El frasco era precioso y hubiera querido conservarlo de adorno, pero la esencia tenía un fijador tremendo: te la echabas por la mañana y todavía por la noche permanecía el olor, que a mi me recordaba a Gabriela, clavo y canela, la famosa novela de Jorge Amado.A las amigas que me visitaban, antes de irse las invitaba a echarse Hot Couture.

Cuando del Cementerio de Colón me avisaron que para la exhumación de los restos de mi madre, el 16 de julio de 2003, debía llevar diez pesos, un paño blanco, talco y agua de colonia, decidí llevar el perfume francés.

En la zona donde iba a producirse la exhumación de una docena de cuerpos me esperaba Sebastián, sepulturero igual que su padre, Julio López (leer en este blog La casa de los muertos). No podía hacerme el trabajo, pero había buscado un colega enterrador, quien con esmero se ocuparía de la exhumación.

Cuando tocó mi turno, el hombre y yo nos paramos junto al deshecho ataúd de pésima madera donde en 2001 había sido enterrada mi madre y, al lado, la pequeña urna de mármol. Antes de empezar a colocar la osamenta, la vistió con el paño blanco, en este caso un pañal que había sido de mi nieta, bisnieta de la difunta.

Luego, cuidadosamente, fue limpiando los huesos con una toallita que había llevado y a medida que los iba colocando en la urna, los iba rociando con talco, un tubo de la marca Suchel comprado en una shopping por dos dólares. Una vez todos bien colocados, me pidió la colonia. Entonces le dí el frasco de Hot Couture.Como no es común que alguien lleve un perfume de calidad, vi su rostro de asombro. Le dije que no había problemas, que lo echara.

Mientras, cerca de donde estábamos, en una carreta tirada por un tractor, otro empleado iba colocando las urnas ya listas para trasladarlas al último osario abierto, situado en el otro extremo de la necrópolis. Pero el colega de Sebastián me dijo que esperara, y se fue al osario, conocido como Edificio 1, situado frente a esa área de panteones colectivos. Y allí descubrió un sitio, en lo último de una hilera de urnas.

Quedaba muy alto, a falta de escalera, cogió una de las tantas urnas que una vez contuvieron restos humanos y ahora yacían esparcidas y abandonadas por uno de los accesos laterales. Se subió y colocó la caja de mi madre al final, a menos de un metro del techo. Encima cupo la jardinera que Julio, el padre de Sebastián, me había hecho en 2001, y dentro, sin agua, las flores que había llevado.

Antes de darle el dinero que en estos casos se acostumbra dar, el sepulturero me pidió un favor. Pensé que me iba a decir que en vez de pesos cubanos le diera dólares, si tenía. Pero no, él lo que deseaba era echarse "perfume del bueno, del de verdad". Y así, sin lavarse las manos, varias veces apretó el spray. Se echó tanto, que sentí un vahido y por un instante pensé que me iba a desmayar.

Si no hubiera sido porque ya se lo había ofrecido a una persona que me había ayudado mucho durante la enfermedad de mi madre, se lo hubiera regalado a aquel simple, pero humano sepulturero vestido de azul.


3 comentarios:

  1. Tania,
    Te felicito por el buen gusto tuyo en perfumes y colonias. La 4711 es mi preferida tambien en su botella azul y dorada, aunque valoro la colonia de hombre Moustache de Marcel Rochas tambien. Siempre le decia a mis amigos que el agua de colonia es oriunda de esa ciudad alemana desde hace cientos de años, y que todas las otras son solamente copias. La 4711 la pones en un pañuelo hoy y 4 dias despues con solo humedecer el pañuelo ya tienes la fragancia otra vez. Felicitaciones.

    ResponderEliminar
  2. Senora Tania aunque soy cubana igual que usted y no tan joven como algunos cibernautas quiero decirle que siempre es un placer leer su blog asi como el de Ivan.
    Le agradezco sus palabras qeu cada dia me transmiten el sentir de muchos cubanos que quedaron en la isla con la anoranza de mi Cuba pasada que aunque yo llegue un poquito tarde para vivirla la conozco por mis padres y personas que como usted investigan y publican las bellezas qeu le han sigo negadas ha 5 generaciones de cubanos.
    De nuevo muchas gracias por hacer mi vida en el exilio cada vez mas cubana y enriquecer mi conocimiento acerca de mi pais para poderlo transmitir a mis hijos que tanto gustan de este medio de comunicacion(la computadora y el internet)

    ResponderEliminar
  3. Mi estimada Dona Tania siempre leo sus notas y me super encantan, soy de honduras. Hoy me gusto mucho lo que lei,le deseo mucha felicidad, imaginese nosotros aqui con panico escenico con nuestro problema politico que asaber como va a quedar. Saludos.

    ResponderEliminar