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lunes, 28 de mayo de 2018

El crimen de Humboldt 7 (I)



Esta es otra oportunidad de esclarecer los hechos de aquel 20 de abril de 1957 y que al parecer aún no han quedado despejados. Para nadie existen dudas de la traición de Marcos Rodríguez Alfonso, Marquitos; todos están de acuerdo en que él fue el delator. Las diferencias de criterios surgen por la demora en ser descubierto y si en ese atraso hubo apoyo de personas e instituciones. Unos párrafos escritos por el crítico de cine Juan Antonio García Borrero pueden dar idea del problema: "¿Cómo es posible que algo juzgado públicamente, y transcurridas cuatro décadas, pueda seguir fomentando tal cantidad de preguntas?"

A pesar de los dos juicios celebrados para ventilar los hechos y haberse publicado todo en la prensa, incluyendo mi libro Víctima o Culpable, el misterio continuó. Una vez concluido el libro se lo di a leer a tres personas conocedoras del tema. Uno, el más importante de ellos por su participación en los hechos, Julio García Oliveras, dijo, "sí, ahora es que entiendo lo que sucedió"(1). No se quedó ahí, habló con Zuleica Romay, entonces presidenta del Instituto Cubano del Libro, para la publicación de la obra. En cambio, Guillermo Jiménez Soler y Marta Jiménez, también participantes directos en el caso, dijeron que no.

Una reiteración del autor recibió el rechazo de este lector. "Había más pasión en los acusadores que pruebas en sus manos. Estaban seguros de quién era el confidente, pero por disímiles razones no podían demostrarlo". El lector me envió un correo con sus consideraciones: "La demora durante años para hacer justicia, se explica por el irrestricto apoyo disfrutado por Marcos Rodríguez de parte de Joaquín Ordoqui Mesa y otros dirigentes y militantes del antiguo Partido Socialista Popular (PSP), a pesar de las advertencias del Directorio Revolucionario (DR)". Con esa frase sentenciosa era más que suficiente para considerarse dueños de la verdad. La particularidad de esta conferencia radica en esos dos pareceres, surgidos durante el juicio, en 1964, y después su continuación. En la memoria histórica de los cubanos el caso pasó a ser conocido como El crimen de Humboldt 7. Desconocimiento u opiniones interesadas sobre lo sucedido aquel fatídico día han sido las encargadas de convertir El crimen de Humboldt 7 en un misterio que nos acompaña hasta hoy.

Al parecer, resultó insuficiente lo explicado y las dudas persisten, incrementadas, además, por esas dos razones: Desconocimiento u Opiniones interesadas. Con mi exposición pretendo ayudar a desentrañar el supuesto misterio de Humboldt 7. Las demoras en descubrir la traición se debieron a no tener las evidencias para acusarlo y no por haber sido ayudado, como se afirma. El tiempo transcurrido va desde el 20 de abril de 1957, momento de ocurrir los hechos, hasta el 10 de enero de 1961, instante de la detención de Marquitos en Praga. Transcurrieron 3 años; 8 meses; 3 semanas (1,361 días). Y según el lector, la causa se debió al irrestricto apoyo recibido. Sobre estos dos puntos versará mi trabajo.

Después del asalto al Palacio Presidencial algunos de los sobrevivientes, trataron de ponerse a salvo. En el caso de Fructuoso Rodríguez Pérez, Juan Pedro Carbó Serviá y José Machado Rodríguez, Machadito, vagaron durante 38 días hasta llegar a Humboldt 7. Joe Westbrook Rosale no pasó por las mismas vicisitudes, al encontrar refugio desde el primer momento en casa de su novia Dysis Guira. Después de vagar durante algunos días consiguen el apartamento de Humboldt 7, obtenido por otro joven revolucionario, Eugenio Pérez Cowley, con el conocimiento de Marquitos. Cuando llegan al lugar en la madrugada de aquel 20 de abril de 1957, se encuentran a Joe Westbrook en compañía de Marquitos. Una discusión entre Carbó y Marquitos es la causa de la delación. Haber herido su autoestima es la motivación del traidor para ir a ver a Esteban Ventura Novo. Y la de este esbirro, obtener ascenso en su oficio, destacándose en asesinar a revolucionarios. Aquel día, a las 5:50 p.m., son asesinados los cuatro hombres. Tres días después, Marquitos se asila en la Embajada de Brasil, donde se encontraban miembros de otras organizaciones revolucionarias.

Dos meses más tarde parten hacia un país centroamericano. Luego de permanecer un tiempo en Costa Rica, Marquitos es invitado por Dysis Guira a visitar Argentina, donde se ha refugiado. En diciembre de 1957 llega a México y allí permanece un año. En ese país conoce a los dirigentes comunistas Joaquín Ordoqui y su esposa Edith García Buchaca. El 28 de enero de 1959 regresa a Cuba y un tiempo después viaja a Praga para disfrutar de una beca de cine. En la capital checa coincide con la delegación militar de Raúl Castro. Es designado para acompañar al comandante Pilón y a otros militares a Francia, acción manifiesta de no existir sospecha sobre Marcos Rodríguez. En los casi dos años que Marquitos estuvo en Praga no se hicieron gestiones para traerlo a Cuba. ¿Por qué? Faltaba la convicción, no había ningún elemento probatorio de su delación.

Algún tiempo después, recibe un mensaje del embajador brasileño en Cuba para que se vaya a otro país. El recado es interceptado por servicios de inteligencia amigos, quienes le informan a Osvaldo Sánchez y éste le advierte al comandante Ramiro Valdés sobre los pasos de Marquitos. Es mandado a detener y regresa preso a Cuba bajo los cargos de colaborar con el enemigo. Una observación importante para los que opinan que el PSP lo ayudó: los custodios de Marquitos en el viaje de regreso eran militantes del PSP. Durante dos años y medio permanece detenido y es interrogado en 5ta. y 14 y después en Villa Marista por oficiales de la Seguridad del Estado. Al no poderse obtener la culpabilidad de su traición la atención sobre él se relaja. En el consultorio de Villa Marista trabaja como ayudante de enfermero y juega pelota en su campo deportivo, pruebas de la falta de evidencias en su contra.

El interrogador Caldeiro le solicitó a su jefe, Hamel Ruiz, ser reasentado en otro caso al no poder obtener su confesión. Era necesario hacerlo confesar o liberarlo. Ese era el dilema que se le presentó a la dirección del Ministerio del Interior. La insistencia de Marta Jiménez y demás compañeros en ser Marquitos el traidor los inhibía de ponerlo en libertad. Liberarlo hubiera conllevado una opinión contraria al gobierno por apoyar al supuesto delator. Ante ese dilema, optaron por hacer un último esfuerzo. A finales de 1962 y principios de 1963, la jefatura de la Seguridad del Estado decidió redoblar el interrogatorio para obtener su confesión. Introdujeron en el caso al investigador Vicente Gutiérrez, antiguo militante del PSP. El impulso dado al caso comenzó a cambiar en una mejor dirección. Un tiempo después, Vicente Gutiérrez lanzó su primera conclusión: "Si todos los ocupantes del apartamento 201 de Humboldt 7 murieron asesinados en el acto, ¿quién pudo informarle a Ventura que Marcos se escapó? Tendría que ser Marquitos el delator".

Si la afirmación expresada por el lector ya mencionado fuera cierta: "La demora durante años para hacer justicia, se explica por el irrestricto apoyo disfrutado por Marcos Rodríguez", entonces no habría ocurrido que un militante del PSP hubiera llegado a esa conclusión. No obstante, alcanzado ese primer peldaño, era necesario conseguir su confesión. Vicente Gutiérrez y los dos interrogadores no descansaron en su empeño. Pensaron que Felipe Mirabal, ex segundo jefe del SIM, preso en La Cabaña, podría ayudar en el esclarecimiento; pero el recurso no funcionó y lo devolvieron a la prisión. No obstante, se siguió utilizando el ardid de existir alguien que lo identificara por haber estado en la reunión con Esteban Ventura. Pusieron a Marcos a escribir sobre los hechos más recientes de su vida y entonces encontraron algo que daría el impulso final al caso. Marquitos no hacía referencia a la discusión surgida aquella madrugada del encuentro en Humboldt 7. Vicente Gutiérrez lo explicó durante el juicio de manera esclarecedora: "La mentira se encontraba en que cuando él relata la visita al apartamento de Humboldt señala ésta como una visita cordial en la cual sostiene conversaciones amistosas con los compañeros. No refleja nada del incidente ocurrido y por tal motivo esto acrecienta las sospechas, que ya se hacen irrebatibles, de que él es el delator de Humboldt 7".

Es Vicente quien logra encontrar en la cobertura de Marquitos su punto más débil. Es necesario reiterar que el que lo descubre es un militante del PSP, quien escudriña los mínimos detalles del hecho. El Directorio Revolucionario sospechaba, pero no lo podía demostrar. Entonces, las dos interrogantes ya apuntadas: por qué pudo ocultar su traición y la participación de otras personas en ayuda de Marquitos quedan desechadas. Ahora, veamos la diferencia entre apoyo y protección.

Si la protección hubiera existido, entonces Ordoqui podría haber influido sobre Vicente Gutiérrez, antiguo militante del PSP. Algo importante a subrayar: existía una crítica velada al Gobierno Revolucionario. Porque si en realidad Ordoqui daba apoyo irrestricto a Marquitos también el Gobierno Revolucionario participaba en la componenda. Como dice el refrán, tan culpable es quien mata la vaca como el que le sujeta la pata.

Espacio Laical No. 13/2017

Foto: Vista actual del edificio situado en Humboldt 7, Vedado, lugar de la masacre ocurrida el 20 de abril de 1957. Tomada de Espacio Laical.

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