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jueves, 9 de marzo de 2017

Mary Anne, la madre inmigrante de Donald Trump



Es de esperar que las contradicciones entre lo dicho y la realidad sean cuantiosas en el caso del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, 70 años.

Empezando por su madre, que no vino de visita a Nueva York con la intención de pasar unos días de vacaciones, como se ha esgrimido a modo de versión oficial, sino que llegó para quedarse huyendo de la pobreza de la isla escocesa en la que el destino quiso que naciera.

Mary Anne MacLeod, entonces una joven delgada de 17 años y buen parecer, se subió a un barco en 1930 con 50 dólares como único capital, cargada con la esperanza de encontrar un trabajo limpiando casas en alguna parte del país. Eso de acuerdo a documentos revelados por el diario independentista escocés The National y que explican el verdadero relato de lo sucedido con la joven MacLeod.

Su historia nada tendría de malo, o de corriente, si no fuera por lo incendiario de las declaraciones de Donald Trump durante la campaña presidencial. Trump entró con fuerza en la arena política tildando a los inmigrantes mexicanos residentes en Estados Unidos de violadores y asesinos, unas palabras que no solo le costaron el rechazo de millones de personas alrededor del mundo, sino unos cuantos contratos con marcas que inmediatamente quisieron desvincularse de su nombre.

Puede ayudar a explicar el hecho de que el mandatario haya defendido el cuento de las vacaciones, alegando que el amor de MacLeod con el empresario Fred Trump fue un romance a distancia y que su madre no pasó ningún tipo de penurias, aunque en realidad estuvo trabajando como una empleada doméstica durante cuatro años en Nueva York.

Sin duda, un asunto incómodo para un hombre que aún sostiene que "la influencia de trabajadores foráneos ayudan a bajar el nivel de los salarios, mantiene el desempleo alto y hace difícil para familias americanas pobres y de clase trabajadora -incluyendo a inmigrantes y sus familias- el ganarse un sueldo de clase media".

Pero, le guste o no, su madre fue una de ellas. Fue de esa ambición por salir de Escocia, la misma que tienen millones de mexicanos indocumentados por tener una vida mejor, la que hizo posible su existencia y todo su recorrido posterior, desde el imperio en el mundo de la construcción hasta su victoria en las elecciones del pasado ocho de noviembre.

Hasta ahora, el pasado migratorio de la madre de Trump había estado envuelto en misterio. Se creía que la joven conoció al empresario nacido en el Bronx en ese presunto viaje de vacaciones, un encuentro que facilitó su hermana Catherine. Los presentó durante una fiesta.

El resto de la versión de la familia Trump asegura -respaldada incluso por un biógrafo del nuevo presidente- que MacLeod regresó a su Escocia natal y que desde allí mantuvo la relación con el empresario hasta su matrimonio en 1936. Todo ello pese a las notables diferencias económicas entre ambos. Trump ya era entonces un inversor importante en el sector inmobiliario de Queens, el barrio donde desarrolló gran parte de sus negocios. Ella, en cambio, venía de un hogar humilde de diez hermanos con un padre que trató de sobrellevar los años de la Primera Guerra Mundial y los de posguerra con dignidad.

Malcolm MacLeod, el padre de Mary, era pescador, después se encargó de la oficina postal y acabó regentando una pequeña tienda en sus últimos años de vida. Aunque estaban mejor que la media, la situación en la isla Lewis, al norte del Reino Unido, era de escasez. La Gran Guerra dejó mil muertos y los años posteriores fueron especialmente duros.

La opción de América se antojaba como una salida más que digna, especialmente para la gente joven de la isla. A favor contaban además con las laxas leyes migratorias de Estados Unidos, un país de acogida para todo el que viniera con una actitud "moralmente aceptable", con especial inclinación hacia los países del Occidente de Europa.

Antes de los años 20 no existían limitaciones numéricas para los inmigrantes llegados de distintas partes del mundo y en 1929, un año antes de la llegada de la madre de Trump, se declaró una amnistía para los miles de ciudadanos que habían ingresado al país sin la "autorización debida". En esa época de hacer un poco la vista gorda, llegó MacLeod con la intención de no regresar.

Claro y cristalino lo pone en sus papeles de inmigración al llegar a Nueva York, justo un día después de alcanzar la mayoría de edad y tras nueve de travesía cruzando el Atlántico. Respondió que "no" en la sección en la que le preguntaban si tenía intención de regresar a su país de origen". En ese mismo documento escribió "criada" como su oficio.

De esa forma, la madre del presidente de Estados Unidos ingresó al país de manera legal, declarando además que deseaba convertirse en ciudadana y quedarse allí por el resto de sus días.

Trump no sólo ha tratado de ocultar la historia de su madre, la empleada doméstica e inmigrante que huyó de la miseria de otros países con la que no parece solidarizarse en absoluto, sino la de un escándalo familiar. Su tía Catherine, que viajó a la isla de Lewis en 1930 y facilitó el viaje de Mary a Nueva York, fue el centro de un escándalo familiar por un embarazo fuera del matrimonio que la obligó a abandonar el pueblo.

Al parecer, los primeros años de Mary Anne en Nueva York fueron complicados. La progenitora del mandatario republicano consiguió trabajo en casa de una familia rica en las afueras de Nueva York, pero perdió su trabajo como consecuencia de la depresión que sacudió al país en 1929.

Antes de casarse con Trump y dedicarse a labores benéficas, ya en una situación económica muy diferente, Mary Anne volvió a Escocia en 1934 de visita. Después y a lo largo de los años, la esposa del constructor de origen alemán regresó a su pueblo natal, Tong, en la isla de Lewis, a charlar con los locales -en gaélico por supuesto-, y a acudir a misa de los domingos. MacLeod, nacida en 1912 y fallecida en 2000 a los 88 años de edad, era una mujer querida y respetada en su tierra.

No se puede decir lo mismo de su hijo, el ahora presidente de Estados Unidos. Mucho antes de aspirar a la Casa Blanca, en 2008, Trump decidió hacer una parada en el lugar de nacimiento de su madre y visitar a los primos que todavía tiene en Escocia, tres en total.

Durante ese viaje dijo que ya había estado en el pasado en Escocia, cuando tenía 3 ó 4 años, pero que no recordaba prácticamente nada. Pese a su vínculo con las frías tierras británicas y el legado familiar, Trump permaneció exactamente 97 segundos en la casa en la que su madre pasó su infancia y parte de su adolescencia.

"He estado muy ocupado. Estoy construyendo puestos de trabajo por todo el mundo, y ha sido muy, pero muy difícil encontrar tiempo para volver. Ahora me parecía el momento apropiado puesto que tengo el avión. Estoy muy contento de haberlo hecho y volveré de nuevo", declaró.

Quién sabe si lo hará contando su versión o la verdadera, sustentada por los documentos de inmigración de su madre que ahora han visto la luz con motivo de su estreno como Presidente.

Pablo Scarpellini
El Mundo, 21 de enero de 2017.
Foto: Mary Anne MacLeod, la madre de Donald Trump, en 1932. Tomada de El Mundo.

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