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jueves, 9 de febrero de 2017

Arnaldo Ramos Lauzurique (III) El dilema de la libreta de abastecimiento


El régimen cubano, como el enamorado indeciso, se la pasa deshojando la margarita entre la disyuntiva de mantener o eliminar la libreta de racionamiento.

Mientras, patrocina una seudopolémica en los medios nacionales, donde pocas veces hay un análisis documentado, utiliza sus canales para saber lo que piensa la gente. Y la realidad es que el grueso de la población no quiere oír hablar de la eliminación del ya vetusto documento, vigente desde marzo de 1962.

La actitud popular pudiera parecer paradójica, ya que "la libreta" como se le denomina, es ante todo un efectivo medio de control y pareciera que, como el perro, reclama plañideramente su dogal antes de salir de paseo.

Pero es que "la libreta" ofrece una parte de la alimentación a bajos precios. Y no se puede olvidar que el 83 por ciento de la población, unos 9,3 millones de personas que nacieron después de 1958, o que tenían hasta 9 años en esa época, no conocen otra forma de comercio y distribución de alimentos.

La eliminación del racionamiento podría traer tensiones sociales agudas, adicionales a la ya tensa atmósfera económica y social imperante y lo más probable es que el régimen opte por dejar las cosas como están. La indecisión es la peor de las decisiones y a la larga se comprobará.

Según cifras oficiales, en 2007 la población consumía 3,288 kilocalorías (Kc) per cápita diarias, de las cuales 449 correspondían al consumo social, fundamentalmente obtenidas en comedores obreros, a muy bajos precios y ahora amenazados de desaparecer. Del resto, 2,839 Kc, el 58 por ciento (1,655 Kc) se ofrecían por la cuota normada a un costo mensual de 37 pesos. Y el 42 por ciento (1,184 Kc) debían adquirirse a precios liberados por un importe estimado de 132 pesos, en total 169 pesos.

Para expresarlo más claro, por la cuota normada, la población obtenía el 58 por ciento de los nutrientes, con el 22 por ciento del dinero que destinaba a ellos, mientras el 42 por ciento comprado en los mercados, en moneda nacional y en divisas, representa el 78 por ciento del gasto.

Quiere ello decir, que de eliminarse la libreta, si permanecen las condiciones presentes, los gastos de la actual cuota normada se elevarían cinco veces para una persona al mes: de 37 a 185 pesos, que representaría un incremento de 148 pesos. Y el gasto total mensual en alimentación para una persona sería de 169 a 317 pesos.

Para la población, estos 317 pesos per cápita mensuales en alimentos, sumarían al año 42,743 millones pesos, que habría que comparar con sus ingresos totales. Los ingresos totales de la población al año, alcanzan un estimado de 53,868 millones de pesos, compuestos por 25,625 millones en salarios, 4,140 millones en otros ingresos de los trabajadores, 3,950 millones en pensiones, 1,203 millones de asistencia social, 2,950 millones que sería el equivalente de los estímulos en divisas y 16,000 millones como equivalente de las remesas familiares, salarios en divisas y otros emolumentos de intelectuales, técnicos, etc.

Con un gasto en alimentos de 169 pesos mensuales per cápita, la población gastaba en total al año 22, 787 millones de pesos, el 42 por ciento de sus ingresos, un nivel ya muy elevado. Con la eliminación de la libreta gastaría 42,743 millones de pesos, el 79 por ciento, un nivel que ya podría calificarse de sofocante. Ese análisis no tiene en cuenta los distintos estratos de la población, que se pueden clasificar en tres tipos de grupos familiares.

Grupo 1.- Los que dependen exclusivamente de salarios, pensiones, estímulos y otros ingresos, sólo en moneda nacional (CUP) que comprenden aproximadamente 2 millones 226 mil núcleos familiares de los 3,5 millones existentes, y unos 7 millones 145 mil 600 personas, para un 64 por ciento de la población. Los ingresos promedios mensuales de este tipo de núcleo son aproximadamente de 819 pesos, que equivalen a 255 pesos por persona, por lo que se verían imposibilitados de adquirir los alimentos necesarios por 317 pesos, al no existir libreta y sin poder acceder al resto de artículos y servicios necesarios para la vida. Este sería el grupo más vulnerable, y abarca casi dos tercios de la población.

Grupo 2.- Comprende unos 574 mil núcleos familiares, con alrededor de 1 millón 842 mil 500 personas, que cubre el 16 por ciento de la población, el cual, además del salario y otros ingresos en moneda nacional, dispone de estímulos en divisas. El ingreso mensual de este tipo de núcleo sería de 1, 229 pesos que sería de 383 pesos por persona, por lo que tendría un excedente por persona de 66 pesos sobre los 317 necesarios para adquirir alimentos. Las personas de este grupo tendrían que sacrificar una parte de los nutrientes para cubrir mínimamente otros gastos.

Grupo 3.- Incluye a quienes además del salario y otros ingresos en moneda nacional, reciben remesas en divisas desde el exterior, salarios en divisas por trabajos en corporaciones o en el turismo, o disfrutan de propinas y otros emolumentos en divisas, por ser artistas, escritores, médicos, profesionales, atletas u otros. Abarca 700 mil núcleos familiares con alrededor de 2 millones 247 mil personas, para un 20 por ciento de la población. Su ingreso promedio es de 2,646 pesos, que significa 824 pesos por persona, suficientes para cubrir sus gastos corrientes.

Concluyendo, de eliminarse la libreta, el 64 por ciento de la población se vería en una situación desesperada, otro 16 por ciento se encontraría en un estado muy apretado y sólo el 20 por ciento podría afrontarlo. Pero la situación necesariamente no tiene que ser así, porque los altos precios actuales tienen como base el bajo nivel de la oferta y el gobierno lo sabe, conoce las causas y pretende resolverlo sin ceder posiciones.

Ninguna nación en el mundo ha mantenido por tanto tiempo -48 años- un racionamiento. Después de la Segunda Guerra Mundial los países de Europa Occidental no tardaron mucho en eliminarlo. En los países socialistas de Europa, incluida la URSS, no llegó a la mitad de la década de los 50. China, con sus más de 1,300 millones de habitantes, no tiene racionamiento. El caso más reciente, Vietnam que salió de la guerra con Estados Unidos en 1975, y que a partir de 1979 tuvo que guerrear un año con los “camaradas” chinos, ya a finales de la década de los 80 había eliminado el racionamiento.

Los comunistas chinos y vietnamitas tienen una fórmula probada contra el estancamiento: la economía socialista de mercado. El guiño le debería resultar claro al régimen cubano: “Hay que ceder algo para conservar el país”.

Los asiáticos entendieron que unos cuantos cabezones, sentados en sus buroes, ni con ábacos, calculadoras electrónicas, ni las más poderosas computadoras, pueden sustituir el poder regulador del mercado, ni reaccionar automática y rápidamente ante las variaciones de la oferta, la demanda, los ingresos, las preferencias del consumidor, ni las contingencias que constantemente tiene que enfrentar la economía.

En lugar de ello, el régimen cubano ensaya una caricatura de reforma. Entrega tierras en usufructo, atestadas de marabú, para que esos finqueros produzcan lo que el Estado establezca, a los precios que éste fije para su entrega al propio Estado en cantidades predominantes. Las tímidas reformas no pueden cambiar la situación del campo cubano, incrementar la oferta de alimentos, ni lograr una disminución de los precios.

Tampoco se puede incrementar la producción agrícola sin resolver otros problemas de la economía. Es necesario resolver la debacle financiera del país y eso no se logra reduciendo al mínimo las importaciones necesarias, ni con una costosa e inoperante sustitución de importaciones, es necesario llevar a altos niveles las exportaciones, incrementar las inversiones foráneas e incentivar la actividad privada.

Sólo así se podrá incrementar la producción, el volumen de insumos para la industrias, la agricultura y el transporte, y la oferta de artículos nacionales e importados para la población.

Pero el régimen no quiere. Al testamentario (Raúl Castro) le da miedo, terror y espanto contradecir la última voluntad del moribundo (Fidel Castro). Lenin decretó que el socialismo derrotaría al capitalismo porque lograría una superior productividad del trabajo y eso es exactamente lo que no ocurrió.

Chinos y vietnamitas han tenido que ceder a la obstinada realidad, con los peligros que esto entraña para el sistema comunista, porque la economía de mercado, implica propiedad privada y ésta produce propietarios que no tardan en reclamar su cuota de participación en el poder.

Mantener el equilibrio del comunismo, con la economía de mercado, es caminar por una cuerda floja, que puede requerir de vez en cuando un sangriento Tiananmen, pero no queda más remedio, parecen compartir chinos y vietnamitas. La máxima dirigencia troglodita cubana prefiere, como se dice en Cuba, jugársela al “pegao”, es decir, el todo por el todo, que equivale a la larga al fracaso total.

Pareciera que todos estos comentarios se alejan de la cuestión inicial, la eliminación o no del racionamiento, pero todo forma parte de lo mismo. O el régimen inicia una apertura seria, o la población pierde su infinita paciencia, algo que ya está ocurriendo.

Se discute sobre la “libreta”, pero todos saben que no se trata solamente de eso, se trata de... Ya ustedes saben.

Arnaldo Ramos Lauzurique
El Mundo, 6 de junio de 2010.

Foto: Libreta de racionamiento. Tomada de Infobae.
Nota.- Arnaldo terminó de escribir este trabajo el 31 de mayo de 2010, un día antes de ser trasladado de la cárcel Nieves Morejón, en Sancti Spiritus, a la prisión 1580 en La Habana. Para escribirlo, al igual que otros textos redactados en sus siete años de presidio, utilizó utilizado la única información que en las cárceles cubanas permiten a un preso político: periódicos y revistas oficiales (TQ).

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