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lunes, 2 de enero de 2017

Mi tía Dulce (I)



Introducción de Tania Quintero Antúnez

Por casualidad, en el blog de mi primo segundo Lázaro Yuri Valle Roca, descubrí el post que en junio de 2016 le dedicó a su abuela Dulce María Antúnez Aragón, madre de mi prima Lydia Roca Antúnez, la madre de Yuri, fallecida el 26 de septiembre de 2013.

Dulce era hermana de mi madre Carmen. Mi madre y mi tía Dulce estaban embarazadas en la misma época. Mi madre dio a luz el 10 de noviembre de 1942 y mi tía Dulce el 21 de diciembre. Yo me llamo Tania por mi tía Dulce y al hijo que tuvo un mes después que yo, ella quería ponerle Vladimir, pero en el registro civil no lo aceptaron, por ser un nombre extranjero. Entonces le puso Vladimiro. Las Antúnez (María Luisa, Dulce María, Cándida Rosa, Alejandrina del Carmen y Teresa de Jesús) fueron cuatro mujeres de armas tomar. Tuvieron tres hermanos (Avelino, Mario y Luis), pero ellas eran las que llevaban los pantalones.

Mi tía Dulce tuvo cuatro hijos (Lydia, Francisco, Vladimiro y Joaquín) me acordé que después del 26 de julio de 1953, Blas Roca y toda la plana mayor del PSP tuvo que pasar a la clandestinidad. Blas estuvo escondido hasta el 1 de enero de 1959, el SIM, el BRAC y Ventura le habían puesto precio a su cabeza. Como mi padre había sido su guardaespaldas desde los años 30, a cada rato se aparecían en nuestra casa, en Romay 67, Cerro. Ellos sabían que mi padre sabía donde se escondía Blas, pero todas las veces que le detuvieron, nunca le torturaron para que delatara. Es que desde que mi padre le metió un trompón a Caramés, jefe de la policía de La Habana, en los jardines del Capitolio, se hizo respetar. Ocurrió que mi padre estaba esperando que Blas terminara una de las sesiones de la asamblea constituyente de la Constitución de 1940 y en eso Caramés se acercó a él y se tiró con una gracia.

Mi padre, José Manuel Quintero Suárez, un mulato de 6 pies y 200 libras, era de muy poco hablar. Por respuesta le metió un trompón y lo tiró al suelo. A Blas estuvieron todo el tiempo buscándolo, pero no lo encontraron. Y Blas no solo no salió de La Habana, si no tampoco del municipio 10 de Octubre. La persona que atendió a Blas fue mi tía María, cuyas hijas, mis primas Teresa y Sara Monteagudo ya eran mujeres y ella pudo permanecer también escondida, cambiando de casa constantemente. Si en algo los comunistas fueron buenos fue en el dominio de las reglas del clandestinaje.

Mi tía Dulce visitaba a Blas una vez al mes o cada dos meses, según la situación en ese momento. Solía pasarse 24-48 horas con Blas, entonces mi madre Carmen y yo nos íbamos para su casa, en Estrada Palma 107, Santos Suárez. Mis primos eran de ampanga, sobre todo Vladimiro, el que hacía más maldades. Con mi madre se portaban mejor y no la mortificaban tanto preguntándole qué iba a cocinar. Pero cuando estaba su madre en la casa, cuando se acercaba la hora de almuerzo o comida, empezaban a preguntar qué iban a comer y mi tía Dulce, riéndose, les respondía: "Pan con culo y sopa de pinga". Así eran las Antúnez.

Introducción de Lázaro Yuri Valle Roca

Escudriñando entre algunos documentos que dejó en custodia a sus hijos mi difunta madre Lydia Roca Antúnez (1935-2013) encontré la biografía hecha por ella de su madre, mi abuela, Dulce María Antúnez Aragón (1908-1995), en la que narra todas las vicisitudes que transitó junto a su esposo Blas Roca Calderío (1908-1987) con el que estuvo casada casi toda su vida, hasta que con el consentimiento de Raúl Castro, los divorciaron, no estando mi abuelo en su pleno juicio, debido a una trombosis que afectó su cerebro dejándolo hemipléjico. Después, a mi abuelo Blas lo casaron con su secretaria Justina Álvarez, boda a la que asistió solo un miembro de nuestra familia, mi tío Vladimiro Roca junto a Raúl Castro.

Mis abuelos, comunistas convencidos, luchaban por cambiar el sistema de corrupción de algunos presidentes de aquellos tiempos, y entre otros logros, consiguieron la legalización del Partido Socialista Popular (PSP) el 13 de septiembre de 1938 y que se realizara la asamblea constituyente que proclamó la Constitución Libre y Soberana de 1940. Algunos militantes del PSP llegaron a ser senadores y otros representantes en el Congreso de la República de Cuba.

El periódico HOY y los sindicatos agrupados en la CTC conformaban la estructura del PSP, gracias a que nunca fueron desmantelados totalmente los instrumentos democráticos y constitucionales, hasta que triunfó la Revolución de 1959 que derogó la Constitución de 1940 y hasta 1976 dirigió el país con un gobierno provisional y sin Ley Fundamental, convirtiendo a Cuba en una dictadura dinástica.

Mi intención no es hacer una disertación sobre este tema, si no homenajear a mi abuela Dulce y a mi madre Lydia, dos sacrificadas y corajudas mujeres que me dieron vida, valores, conocimiento. A través de la biografía de Dulce María, ustedes se darán cuenta que no hay diferencias en lo que nosotros los opositores, activistas y periodistas independientes luchamos y demandamos en estos tiempos. También, por qué soy periodista independiente y por qué me puse del otro lado de la línea impuesta por la dictadura castrista.

Lo que no dice mi madre en esta biografía, es que los integrantes de la familia Roca-Antúnez, producto del divorcio de mis abuelos, fuimos vejados, humillados, estigmatizados, éramos lo peor... Mi abuela Dulce murió en un hospital sin atención por parte de instituciones que supuestamente deben atender a ex combatientes, como también hicieron con mi madre. Los familiares las cuidamos, nos mantuvimos a su lado y siempre las recordaremos con amor.

Biografía de Dulce María Antúnez Aragón, redactada por Lydia Roca Antúnez

Dedicada a todos aquellos hombres y mujeres humildes, siempre olvidados, sin rostro y sin nombres en el tiempo, que forman ese maravilloso conglomerado que es el pueblo, con los que Dulce María convivió, luchó, y aprendió.

He tratado de reflejar, a través de la historia de mi mamá, lo que puede la constancia, la fuerza de voluntad, la honradez, el amor a sus semejantes.

Pienso que el amor a la Patria y a sus semejantes, el amor a las mejores tradiciones familiares fueron motivos suficientes para hacerla como fue.

Es muy difícil hacer un resumen de tantos años de vida agitada y larga, pero con la biografía de mi mamá me he propuesto demostrar lo siguiente:

- Cuando te traces una meta, no la abandones.
- Aunque encuentres muchos escollos en tu vida, no desmayes en lograr tus objetivos.
- Sé paciente.
- Ama y respeta a tus semejantes.
- No tengas pena de decir que no sabes algo, aprende del que más sabe y quiere ayudarte.
- Aprende a transmitir a tus hijos los valores mejores del ser humano.

Espero haber logrado mi propósito.

Muchas noches, a pesar del cansancio que tenía luego de realizar los trabajos del día, la joven Dulce María se ponía a pensar si siempre iba a ser criada en una casa de alguno de los "bueyes de oro" de Sancti Spíritus.

Ella extrañaba el trabajo de las recogidas de tabaco en el mismo Sancti Spíritus, faena que aprendió con Pedro, su abuelo materno, después de la muerte de su padre. Tenía entonces 22 años. Estando en las escogidas ingresó en Defensa Obrera Internacional, una organización que daba ayuda a los familiares de presos políticos, hacíamos visitas a la cárcel, recogíamos ropas, dinero, comida, todo lo que pudiera ayudar a los presos y a sus familias.

Doña Esther, la señora de la casa donde se había colocado como empleada doméstica, era una mujer muy distinguida y fina. Su esposo, Pedro Mencía, 'el buey de oro', como le decían, era abogado y trabajaba para todos los terratenientes y dueños de centrales de la zona. El matrimonio tenía cuatro hijos: dos varones y dos hembras jimaguas. Dulce María tenía que atender a los cuatro mientras estaban en la casa. Cuando se iban para la escuela, limpiaba, lavaba, ayudaba en la cocina, planchaba y con yarez tejía cestas, alfombras y portacazuelas. Con dos agujas o crochet, tejía sobrecamas y puntas de manteles. También zurcía y pegaba botones.

Cuando los niños llegaban de la escuela, debía ayudar a bañarlos, servirles la merienda, cuidarlos hasta la hora de comer y prepararlos para que se acostaran. Aunque el trabajo en la casa de los Mencía era agotador, siguió incorporada a Defensa Obrera Internacional y de alguna forma a la escogida de tabaco.

A menudo, Dulce María recibía la visita de un primo que estaba involucrado en el trabajo sindical y era el que la mantenía al tanto de las luchas sindicales y le llevaba propaganda, manteniendo nexos con otros compañeros. En la casa pensaban que era un enamorado y solamente podía verlo dos veces por semana, por las tardes, unos quince o veinte minutos, a través de la reja del jardín. Así se fue adentrando en las luchas obreras y sindicales.

Estaba consciente de que al morir su padre, su familia había quedado un poco desamparada. Sus hermanos sabían trabajar en el campo, pues ayudaban a su padre. Las hembras eran diestras en las labores de la casa. Con solo 9 o 10 años, ayudaba a su madre como “recibidora”, una especie de partera natural, sin estudios profesionales. En los partos que asistió a su madre, nunca tuvo problemas: no se murieron ni la madre ni la criatura, ni hubo complicaciones de hemorragias o infecciones. También ayudaba a su padre en el campo, ordeñando, cuidando los animales de corral, recogiendo tabaco, frutas, viandas. O con las colmenas, en el desmoche de palmas, ayudándole en el techado de la vivienda y en la tienda que había en la casa.

Sus padres participaron en la Guerra de Independencia. La madre, Francisca Aragón, como mensajera y el padre, Luis Antúnez, se incorporó al Ejercito Libertador, bajo las órdenes de Serafín Sánchez, con quien se decía estaba emparentado. Antúnez también peleó en la tropa de Antonio Maceo. Su padre llevaba el apellido de la madre: ella y sus dos hermanas eran negras libertas y llevaban el apellido del antiguo amo.

La finca de sus padres se llamaba Sebastopol y quedaba cerca del pueblo, de Tuinucú. Sembraban tabaco (que se vendía en la bodega que tenían en una parte de la sala y el portal), frutas, malanga, plátano, yuca, boniato. Tenían varias vacas, puercos, gallinas, patos, guanajos. De una parte de la finca, su padre cedió un terreno para abrir una escuela, en la cual los ocho hermanos aprendieron a leer y escribir. Sebastopol quedaba separada de otras fincas por cercas de piedras y almácigos. Las relaciones con sus vecinos eran muy buenas y algunos fueron padrinos de algunos de los ocho hermanos. Sus padres, Luis y Francisca, ayudaban a los vecinos en sus faenas, entre ellos habían isleños (españoles nacidos en Islas Canarias). Los abuelos maternos eran españoles.

Poco a poco, Dulce María se fue involucrando en las luchas sindicales y campesinas, le interesaba tanto lo que sucedía a su alrededor, que deció dejar el trabajo en casa de los Mencía. Volvió a la escogida de tabaco y se adentró aún más en las luchas sindicales.En enero de 1932 fue nombrada delegada al Primer Congreso Nacional Tabacalero, celebrado en Camajuaní. A partir de ahí se dedicó de lleno la lucha sindical. Se iniciaron sus vínculos con la política, aunque al principio no entendía muy bien aquello de un nuevo sistema económico, pero sí estaba segura de que la explotación a la que eran sometidos los obreros y campesinos cubanos, tenía que terminar. Y que eso correspondía a los trabajaban en fábricas, chinchales, cañaverales y despalillos. En el despalillo era muy hábil el tabaco que cosechaba y se vendía en la tienda de su casa, era escogido y despalillado por ella y su abuelo Pedro.

Después del Congreso Tabacalero, Dulce María continúo trabajando con los sindicatos en Placetas, Ranchuelo, Camajuaní, Remedios, Manicaragua... Apoyaba huelgas y asistía a mítines convocados por la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC) y a su vez participaba en actividades contra la tiranía machadista. Fue detenida en varias ocasiones y en una de ellas la enviaron al Vivac de Placetas, donde estuvo dos días en huelga de hambre junto a otros cinco compañeros.

Aprendió a hablarle a las mujeres de las escogidas y de los despalillos. Reclamaban mejores condiciones de trabajo, mejores salarios, respeto a las trabajadoras. Comenzó a destacarse como agitadora política. Eran tiempos muy difíciles: cada vez más se fortalecía el movimiento sindical, su organización se solidificaba y disponían de un gran instrumento: las huelgas. Empezaron a exigir menos horas de trabajo, les decían que recibían salarios miserables y que no se podía permitir mano de obra infantil en ningún puesto de trabajo.

En esos años, Dulce María se cortó el pelo a lo “garçón” y se puse el nombre de Esther, seudónimo por el cual era conocida toda la provincia de Las Villas. Como tenía la piel blanca, el pelo rubianco y los ojos verdosos, le pusieron el apodo de "Esther, la Rusa". A mediados de 1932 la envían a La Habana. Estando con Carmen Blanco (esposa de Isidro Figueroa) y Juan Blanco en La Habana Vieja, mimeografiando un boletín de Defensa Obrera Internacional -que debía distribuirse el 1° de Mayo de ese año- es detectada por la policía y logra escapar.

Regresa a Las Villas, donde la situación de la provincia y, en general en el país, no era nada buena. Había mucha hambre, miseria y represión. Pero a pesar del plan de machete, torturas, desalojos campesinos, asesinatos de líderes sindicales y políticos, la lucha se radicalizaba cada vez más.

A principios de 1933 la detienen y envían a la cárcel de Remedios, estuvo cerca de un mes y fue puesta en libertad bajo fianza. En noviembre de 1932 el Partido Comunista había lanzado un llamamiento titulado “Todo el poder para los obreros y campesinos apoyados en comités de soldados y marinos”, donde planteaba la verdadera revolución agraria y antiimperialista. En agosto de ese año, el Partido reafirma el llamado para crear Soviets locales. Para el mes de septiembre se constituye el Soviet del central Mabay, en Manzanillo.

Junto a Tomasa González y Antonio Falero, Dulce María formó parte de la creación del Soviet del central Nazábal siguiendo el ejemplo del central Mabay. El central Nazábal había sido fundado en 1932 con el nombre de Patricio, en la barriada El Santo, en el término municipal de Encrucijada, Las Villas. En esos momentos tenía capacidad para moler 250 mil arrobas de caña en 24 horas. En Encrucijada había dos centrales más, llamados Constancia.

En la ciudad de Santa Clara participó en las huelgas del Sindicato de la Aguja y en el boicot a la firma Trinidad y Hermanos en Ranchuelo. Es detenida por segunda vez en Remedios. El 12 de agosto de 1933, día de la caída de Machado, a ella y otros presos el pueblo de Remedios los sacó en hombros de la prisión. (Continuará).

Lázaro Yuri Valle Roca
La Habana, 30 de junio de 2016.

Foto: Dulce María Antúnez Aragón en su juventud.
Ver más fotos en el blog Yuri el contestón.

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