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lunes, 19 de diciembre de 2016

José Luis Cortés: los siglos y los ciclos de la discordia


Los cuatros discos producidos en 1986 por José Luis Cortés, serían el parteaguas entre Irakere y lo que vendría después: NG La Banda y la mejor timba cubana, devendrían grabaciones de colección, adelantadas a su tiempo.

Vivíamos el año 1986 y para todos Irakere seguía siendo lo que era desde que Chucho Valdés lo creara en 1973: la mejor banda de Cuba… y cuidado!!! Ya se podía hablar entonces de una segunda generación, con la salida de Paquito D’Rivera y Arturo Sandoval, dos de los fundadores, y la entrada de Germán Velazco en saxo y clarinete; José Miguel Crego, El Greco, y Juan Munguía, en trompeta y fliscornio y José Luis Cortés, El Tosco, en la flauta… y luego en el saxo. La línea creativa de Irakere, marcada lógicamente por su director, se renueva constantemente, y para finales de la década de los 80, a Chucho le interesa mucho introducir cambios no sólo de músicos, sino también conceptuales “buscando un mayor acercamiento a los medios electrónicos, incluyendo las computadoras, un poco a la manera de Miles Davis.”

Por su parte, la nueva hornada de los Irakere tenía un líder espontáneo en El Tosco, quien no sólo quería y lograría ser un virtuoso más en aquella banda perfecta, sino que quería más: una mayor experimentación no sólo con las sonoridades más vanguardistas sino también con la tradición de la música popular cubana, con la mirada puesta en complejas armonías y la utilización de los metales al estilo de las bandas norteamericanas que llevan en ese momento la voz cantante en el funky, como Earth, Wind and Fire, en una palabra: El Tosco quería dar fe de la existencia de una nueva generación.

Cuatro discos de vinilo LP hoy poco conocidos podrían ser el deslinde de tales intenciones, el antes y el después de la timba tal como la conocemos y concebimos hoy. Algunas fuentes señalan el año 1987, pero los discos indican que fueron grabados todos en 1986. Y ciertamente, debe haber sido ese año cuando José Luis Cortés y Germán Velazco, santificados por su amiga y compañera de estudios musicales Ana Lourdes Martínez Nodarse, productora musical, directora coral y, en ese momento directora de música de la EGREM a cargo de las grabaciones, traspasaron el umbral del número 410 de la habanera calle San Miguel donde aún están los Estudios EGREM (antes Panart).

No sabemos si Chucho nada sabía, pero otros 'Irakeres' acudieron al llamado de Germán y El Tosco: Carlos Averhoff, Carlos Emilio Morales, Jorge Alfonso, El Niño, Juan Munguía, José M Crego, El Greco, quienes también aparecerán en la nómina de los futuros discos, junto a otros instrumentistas y cantantes, nombres que van desde los pianistas Gonzalo Rubalcaba, Ernán López-Nusa y Miguelito Núñez, el bajista Feliciano Arango, los drummers Calixto Oviedo, Frank Bejerano y Osmany Sánchez, hasta las voces de Tony Calá, Anabel López, Aymeé Nuviola, Pedrito Calvo y Luis Téllez, entre otros.

No sabemos, ni nadie recuerda en qué orden se grabaron los temas de los cuatros discos LP resultantes de aquellas enfebrecidas sesiones: sólo tenemos el orden numérico de las referencias de cada uno de ellos. Si nos atenemos a ese ordenamiento secuencial, los primeros discos serían Siglo I a.n.e. (LP-4340 Areíto) y Siglo II a.n.e. (LP-4351 Areíto) y su diseño carece de notas o textos explicativos. Sin embargo, en los siguientes –Abriendo el ciclo (LP-4385 Areíto) y A través del ciclo (LP-4386 Areíto)- la casa productora decide incluír notas discográficas, pero no las diferencia demasiado y en ambos fonogramas aparece este mismo texto, firmado crípticamente por El Productor:

“La presentación de la nueva generación de músicos cubanos, algunos de sólida formación académica, y otros surgidos de la práctica en agrupaciones musicales cuyo repertorio fundamental incluía los géneros más importantes de la música cubana bailable, es uno de los logros alcanzados en este larga duración de la EGREM. El trabajo artístico desplegado por jóvenes compositores como José Luis Cortés y Germán Velazco en la selección de un sólido material musical que apoyara la idea de dar una nueva dimensión en la concepción de lo que debe ser la música cubana de la actualidad; ha superado por su calidad lo que hasta el momento se ha realizado en esta línea de producción musical. Los registros más brillantes en los instrumentos como la trompeta, la flauta y los saxofones tenor, alto y barítono han sido hábilmente utilizados por los orquestadores, quienes con el uso de combinaciones armónicas muy actuales y figuraciones rítmicas difíciles en su ejecución, han logrado un nuevo matiz en las obras interpretadas.”

A partir de aquí, las notas se diferencian únicamente en la mención a los cantantes en ese proyecto que denominan Todos Estrellas (Orestes Roque, Puchungo, Raúl Santoys y Luis Téllez en el LP Abriendo el ciclo y Tony Calá junto a Pedrito Calvo en A través del ciclo.) En ambos fonogramas las notas terminan agradeciendo la colaboración de Gonzalo Rubalcaba, Juan Munguía y Frank Bejerano.

El Tosco asume la mayor cuota de riesgo en estas producciones, pero sale victorioso: en los cuatro discos la dirección está a su cargo y es, además, el autor de todos los temas en ellos, a excepción de Punto Neutro y Siglo II de nuestra era (en el disco Siglo II a.n.e.) y Despedida (Primer ciclo) en el LP Abriendo el ciclo, y Despedida (A través del ciclo), este último en el fonograma homónimo, todos ellos con la firma de Germán Velazco. Sólo en el LP Abriendo el ciclo comparte el crédito de orquestador con Velazco. La producción fue compartida entre ambos. La grabación y mezcla estuvieron a cargo de José Antonio Rodríguez, con la asistencia de Alfredo Llanes y la fotografía y el diseño fueron responsabilidad de la prominente María Eugenia Haya, Marucha. Ana Lourdes insiste en mencionar a Iraís Huerta quien, afirma, tuvo mucho que ver, desde su trabajo en la disquera, con estas grabaciones y sus resultados.

A los melómanos y coleccionistas una aclaración importante: hasta donde sabemos estos cuatro discos nunca han sido reeditados en CD, y al parecer, tampoco están disponibles a descarga en iTunes (en Spotify no puedo verificarlo, porque nos avisan que el acceso no está disponible para nuestro país). Tampoco aparecen en Amazon. Por otra parte, parece que los metadatos consignan en el campo “intérprete” la vaga frase Todos Estrellas, como ocurre en algunas websites donde se hace referencia a estos LPs, sin ninguna mención a quienes los crearon (José Luis Cortés y Germán Velazco). Al parecer, la tirada de los LP no fue muy amplia y su distribución, limitada (Néstor Proveyer asegura que se prensaron 4,500 LPs) de modo que estamos ante verdaderas, aunque relativamente recientes, rarezas discográficas.

Algunos musicólogos señalan estos cuatro discos como el inicio de la timba en su etapa contemporánea. Chucho Valdés, por ejemplo, difiere un tanto, apuntando que incuestionables elementos de la timba se observan (escuchan) en su antológico Bacalao con Pan, de los inicios de Irakere, e incluso en Rucu Rucu a Santa Clara, pieza de notable popularidad de la autoría del propio José Luis Cortés que data de fecha muy cercana a la grabación de estos discos, y cuando el virtuoso músico era un Irakere más. Son, sin duda alguna, verdaderas joyas, un compendio de creaciones complejas y rupturistas que, escuchándolas ahora, lo único que añora el oído melómano es una remasterización a la altura de estos tiempos.

José Luis Cortés y la formación que realizó las grabaciones continuarían inquietos durante esos años 1986 y 1987, y realizarían otros discos más enfocados al trabajo de algunos de sus instrumentistas, en calidad de solistas, como Carlos Averhoff (Sólamente con amor LP-4373), Juan Munguía (Cartas de Estilo LP-4427) y José Miguel Crego El Greco (Esta es mi mecánica LP-4464), todos en clave de jazz; otros, destinados a acompañar a solistas que hacían sus carreras en otras formaciones o en solitario, como Mayra Caridad Valdés, Pedrito Calvo, Víctor Valdés y Miguel Angel Céspedes. De estos fonogramas verían la luz únicamente los de Averhoff y Pedrito Calvo (InténtaloLP-4553), pues las matrices de los demás dormirían -aún lo hacen- el sueño expectante en los archivos de la calle San Miguel. Todos, sin dudas, engrosan el rico palmarés de José Luis Cortés como productor musical.

De estos músicos y del ambiente de creación en que vivían esos años, saldría Nueva Generación, la banda que crearía Cortés, junto a Germán Velazco, teniendo como préambulo el cisma personal en Irakere (José Luis ha repetido hasta el cansancio que Irakere “es el mejor grupo que ha habido en Cuba desde los indios hasta mañana”, pero le tentaba lanzarse a esta nueva aventura); la decisión de Chucho Valdés de que El Tosco y Germán no continuaran en la banda a partir del 25 de noviembre de 1987 (la disciplina en Irakere era férrea, como debía ser; los ensayos, obligatorios, como debían ser, y los días tenían sólo veinticuatro horas!), y la inspiración irreversible de José Luis para pasar, en lo personal, a un capítulo superior en su vida, donde probara talento renovador y poder de convocatoria.

De ese nombre, y de la fuerza tremenda con que impactó el escenario musical en ese momento, devendría NG La Banda, con la guapería y certeza de su lema: LA QUE MANDA, plenitud rítmica y armónica, con el piano inconfundible de Pan con Salsa, el bajo espectacular de Feliciano Arango y con aquellos metales absolutamente inolvidables y demoledores: los metales del terror. Pero ésa, la de NG La Banda, es otra historia. Aquí hoy, sólo quise llamar la atención hacia esos discos olvidados, pero imprescindibles.

Agradecimientos al Maestro José Luis Cortés, Ana Lourdes Martínez Nodarse, Jorge Rodríguez y Vicente Prieto.

Rosa Marquetti Torres
Desmemoriados. Historias de la Música Cubana, julio de 2016.

Escuchar en Desmemoriados audios insertados y ver listado de discos.

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