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lunes, 18 de julio de 2016

Dora Alonso: "Yo creo en la naturaleza y en el bien"



Hice varias entrevistas a Dora Alonso. De hecho, propiciaba conversar con ella, ir a sus presentaciones de nuevos títulos o ediciones y recuerdo haberla conocido de niño, pero ya profesionalmente, cuando laboraba como voluntario en Tribuna de La Habana.

Fue en un viaje a Güira de Melena y, con los recuerdos prendidos de cada palabra, entonces Dora me habló de su primer novio, un líder obrero desaparecido muy joven; de sus inicios como autora y su experiencia vital tan polifacética. Íbamos juntos en un ómnibus y aquel jovencito se robó su compañía. Ella prefería a los jóvenes. En todas sus dedicatorias de entonces solía poner: “para mi joven y querido Enrique”.

Coincidiendo con su novena década de vida, Dora Alonso -la autora para niños considerada más emblemática por muchos dentro de toda la serie literaria infantil cubana-, publicó por la editorial Gente Nueva la primera edición de su última obra: Juan Ligero y el Gallo encantado, en un bello volumen que ilustró Eduardo Muñoz Bachs y fue presentado en el Feria Internacional del Libro de La Habana.

Noticia tan agradable para su público infantil, que se renueva en cada generación de cubanos, sirvió en aquel momento de pretexto para visitar su apartamento de Playa, en 31 A, entre 30 y 26, donde la aclamada escritora había residido por espacio de 53 años y en el cual se atesoran aún sus múltiples ediciones, que ya rebasan los dos millones 300 mil ejemplares en quince idiomas, algunos de ellos tan exóticos para nosotros como el turco, el griego, el checo y el vietnamita.

Cubana y capricornio de pura cepa, nacida el 22 de diciembre de 1910 en Máximo Gómez, Matanzas, y fallecida en La Habana el 21 de marzo de 2001, en esta entrevista que ya tiene más de una década, Dora Alonso confiesa modestamente que sus libros pudieron ser mejores y que le han ido saliéndole al paso con cada hecho de su larga vida. En realidad, solo se vanagloria de haber tenido una vida rica en experiencias humanas, marcadas por alegrías, sueños, anhelos, esperanzas y hasta episodios terribles para cualquier persona, episodios que el tiempo, en su devenir implacable y sorpresivo, le ha deparado en esos noventa años.

Como un museo, su estudio atesora estantes con libros, cuadros, objetos de arte, piezas de cerámica, plantas, y hasta la célebre Giraldilla, símbolo de la ciudad, una de las condecoraciones recibidas a su sostenido quehacer literario y aportes a la cultura nacional.

En Juan Ligero y el Gallo encantado se advierte la benéfica herencia de obras anteriores como El cochero Azul y El Valle de la Pájara Pinta, pero aquí la imaginación se desborda con más fuerza, la voz del narrador se libera y, si antes podía hablarse de un realismo ingenuo, ahora resulta evidente que -en la aventura de este niño marcado desde su nacimiento para vivir una experiencia mística de autocrecimiento y un largo viaje iniciático hacia el mundo de la noche (imaginación, fantasía, tradición, mito, leyenda)- hay un despliegue mayor de recursos que colindan con el realismo mágico o lo real maravilloso. En definitiva, esta entrega es un agradable paseo por la magia, que será tan agradecido por un menor como por el más exigente adulto.

Lo que le hace bien al cuerpo, el alma regocija…

-Yo aprovecho muchísimo el folclore, el cuento tradicional que el niño conoce a través de generaciones y lo que hago es mezclar todo: elementos, personajes, situaciones.

-Terminé de escribir Juan Ligero y el Gallo encantado, que es una historia muy pintoresca y surrealista entre el 97 y el 98. Hace años que no escribía cuentos, casi cinco, desde que publiqué lo último, que fue el volumen Escrito en el verano.

-La gente se equivoca con la literatura para niños. El niño tiene una percepción viva, latente, a través de la imaginación. El niño sabe dónde está el equilibrio y la belleza, la ternura y la delicadeza, la fantasía y la poesía. Al niño se le puede dar casi todo, pero hay que ver cómo se lo transmites.

Es casi inevitable preguntarle lo que ha significado para usted escribir para niños.

-Cuando uno se da cuenta de que hay libros y se leen, es entonces que sabe la vigencia de estos y ahí comienza el momento de pensar. He tenido la suerte de que a mi edad “la azotea siga clarita” y puedo seguir escribiendo y pensando. Me alegré mucho por la edición de El Cochero Azul en la editorial Norma de Colombia, que lo distribuirá en todo Estados unidos y Sudamérica y, sobre todo, porque es de mis libros aquel que lleva más implícito el espíritu patriótico y hasta revolucionario del cubano y el que más ha gustado a los niños.

-Juan Ligero y el Gallo encantado es una historia más fantástica, se remonta al Caribe; y El Valle de la Pájara Pinta, también le sigue los pasos, por su comunicación con los niños, el despliegue de fantasía, la ternura, el amor hacia la naturaleza y los animales. En definitiva, cuando escribes asumes un compromiso con quienes pueden leerte y con los niños este compromiso es superior.

Sería magnífico que Juan Ligero y el Gallo encantado y otras obras suyas de gran aliento poético como El Valle de la Pájara Pinta, El Cochero Azul, Ponolani fueran adaptadas a medios expresivos de mayor difusión (televisión, radio, cine, dibujos animados)…

-Esa experiencia solo la he tenido con Las Aventuras de Guille, de la cual se hizo una adaptación para televisión hace algunos años. Creo absolutamente necesario que se estimule y se revitalice aún más la literatura infantil y juvenil cubana. Es la base para el futuro, para que las flores crezcan mañana. A los niños hay que darles libertad, sencillez, amor.

Sin embargo, siendo usted quien es, El Libro de Camilín se publicó después de más de doce años en una editorial. Agua pasada, esa prosa poética de tan fina sensibilidad humana, nunca se ha reeditado, Ponolani, un libro de memorias, singular y tierno, aunque más favorecido, solo conoce tres ediciones y se podría enumerar textos y textos, suyos y de otros autores. Creo que obras semejantes deberían reeditarse, reimprimirse constantemente para que quienes vienen naciendo las conozcan.

-Así lo creo. El cochero Azul tiene alrededor de 400 mil ejemplares y soy afortunada porque, en total, mis obras sobrepasan una tirada de dos millones 300 mil ejemplares en 15 idiomas, desde lenguas universales como el inglés, el francés, el portugués, el italiano y el español hasta otras.

¿Cuánto existe de la Dora que fue niña, en sus propios libros para los pequeños?

-Por fuera, yo era un gallito. A los diez años yo dirigía un equipo de pelota. Era una niña fea, con muchos granos, sin voz. La maestra de la escuela pública, la señorita Amelia, siempre me daba el personaje de la princesa y, en cambio, yo le pedía el de la esclava, porque era el que me iba mejor. Me sentía más libre como una niña pobre y desarrapada, que vestida de princesa. Eso lo cuento en mi Carta al Patito Feo, que escribí cuando se planeaba aquel libro llamado Cartas a Fantasía.

Apuesta usted, evidentemente por la literatura. ¿Cree en ella?

-Yo me voy a morir algún día -bastante lejano, acota sonriente-,, pues ya me paseo con todos mis años a cuestas por este milenio. Creo tanto en la vida que, después, voy a ser siempre algo, aunque sea una bibijagua. Yo creo, por encima de todas las cosas, en la naturaleza y en el bien.

Enrique Pérez Díaz
Cubarte, 21 de marzo de 2014.
Foto: Tomada del periódico Girón de Matanzas.


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