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viernes, 4 de marzo de 2016

Rembert Egües: "Soy de mi tierra, soy de Cuba" (II y final)


-Tuve una suerte del carajo en esos años, tengo algunas de esas grabaciones en casa y te puedo hacer una copia. Chico, estoy haciendo un ejercicio grande de memoria con esta conversación, me dice Rembert Egües.

Volvemos al sitio del aeropuerto donde nos habíamos acomodado la primera vez. Por suerte, nadie ocupó nuestros asientos. Cada vez que se oye la voz de la anunciadora se arma revuelo entre los pasajeros. Servimos otra ronda de ron y volvemos a llenar los vasos con hielo. Quedan al menos otras cinco horas de espera. "Pasar una noche en un aeropuerto es muy estresante y si además hay un frío de ésos que ponen al mono triste que ni chifla ni sopla es más duro aún. Está bueno el ron", comenta Rembert, y prosigue su relato.

-Termino el servicio militar en la Marina y entro a trabajar en el Centro Nacional de la Música que dirigía Julio Bidopia y es entonces cuando se inicia mi carrera como compositor exitoso en los festivales musicales de Cuba y de la antigua Europa socialista. Aquellos festivales los coordinaban y dirigían Rafael Somavilla o Roberto Valdés Arnau, dos profesionales de prestigio en la música, amigos de mi papá y con los que también había estudiado, pero con sus características y enfoques sobre la vida y la música distintos a los míos. Al primer festival que va un tema mío es al de Sopot, en Polonia, que era un evento de mucho prestigio. Lo cantó Beatriz Márquez, se llama Perdóname este adiós. La canción la habíamos presentado fuera de concurso en el Festival del Creador Musical de ese año, 1975.

-Con ese tema, Cuba gana por primera vez un premio en orquestación. Me entero en la calle porque una persona me felicita, yo estaba ajeno a la noticia. Dos meses después me envían la Festival de Dresden, en la RDA, donde vuelvo a ganar premio en orquestación y Argelia Fragoso gana el premio en interpretación. Dos premios en tres meses. Al año siguiente voy al Festival Orfeo de Oro con Farah María que gana el gran premio. A ese festival llevé un arreglo complicado, pues era para gran orquesta y coro y además iba Irakere. Te imaginas, todo el escenario lleno de músicos, se llama Concierto en tres temas y está escrito por Chucho Valdés, Juan Almeida y yo. Entonces alguna gente decía: "Si quieres ganar un premio en esos festivales, dale la tarea a Rembert".

-Eso me convirtió en el 'músico cubano del socialismo'. Pero los premios fueron también en otros festivales del mundo, hasta el último premio que fue nuevamente en Sopot, donde fui el único ganador de dos premios en la misma categoría de orquestación. Esos festivales se acabaron junto con el campo socialista y yo seguí mi camino en la música, ganando otros premios y discos de oro y platino en Europa. Eso me dio la medida de lo centrado que estaba en mi trabajo como músico y como orquestador.

-El último premio que gané en Cuba, fue en un Guzmán también con Beatriz Márquez como cantante. Por esa fecha, había sido designado director de la orquesta del Gran Teatro de La Habana lo que me enfrentó a empeños mayores, como escribir y dirigir música para el Ballet Nacional de Cuba. Pero los premios siguieron persiguiéndome, no es falsa vanidad. Escribir música para ballet es muy complicado, exige grandes recursos creativos y sobre todo cultura, porque el ballet combina muchas disciplina.

-De los ballets que he escrito vivo orgulloso de Muñecos que tiene coreografía de Alberto Méndez y además de haber sido premiado en Tokio en 1978, está en el repertorio de grandes compañías del mundo. Gracias al ballet volví a ver a mi madre casi veinte años después cuando fuimos a Washington. Escribí música para otros ballets, pero ninguno ha sido tan exitoso como Muñecos. Estaba trabajando con la orquesta del Gran Teatro y el ballet cuando Manuel Octavio Gómez me pide que escriba la música del filme Patakín y para El Señor Presidente, lo que me devolvió al cine nuevamente.

-Sí, porque yo debuté con 16 años cuando Sara Gómez me pidió la música para su documental En la otra isla y habían pasado veinte y cinco años. Escribir música para el cine tiene sus encantos y sus complejidades. Aunque es una música por encargo, no limita la creatividad, pero tiene exigencias y códigos y aquí regresa a mi vida el haber trabajado con Felipe Dulzaides, que dominaba el repertorio de los temas clásicos del cine norteamericano. En esa memoria musical y el buen gusto que me había formado encontré los primeros recursos. Después vino la saga de Vampiros en La Habana, donde me divertí muchísimo. Tu sabes que yo he salido en todas las películas en las que he trabajado, siempre como músico, incluso hasta hay una caricatura mía en Vampiros. Es curioso, pero menos en la pintura, en lo demás me defiendo.

-En esos mismos años dirigí importantes orquestas del mundo como la del Lincoln Center de Nueva York o la del Teatro Bolshoi en Moscú, entre otras. Estaba logrando el sueño que me propuse cuando comencé a estudiar música: orquestar, componer y dirigir. Así, un buen día llegue a París con Mayra Caridad Valdés para hacer algo que siempre me ha gustado también aunque no ha sido mi fuerte y ser pianista acompañante y repertorista, que son dos tareas tan difíciles como las anteriores para las que tenía la preparación de la escuela del maestro Dulzaides.

-Aux Trois Mailletz alguna vez debes haber escuchado ese nombre, ¿no? Es una sala de París, de las más importantes. Allí comenzó mi carrera parisina en la música y la segunda mitad de mi vida personal y profesional. Te hablo de 1989 cuando cumplía 40 años y veinte y cinco de haber tocado por vez primera como profesional. Te sirvo otro trago, queda otro vaso con hielo. Esa sala me contrató como director musical para sus espectáculos y sus artistas, por lo que debía establecerme en París a trabajar y a vivir sin dejar mi puesto como titular de la Orquesta del Gran Teatro y te puedo decir que conté con toda la comprensión posible de las autoridades cubanas que me permitieron asumir esas funciones sin contratiempos ni suspicacias.

-Y así estuve trabajando hasta que sucedió el accidente que me tuvo la borde de la muerte. Y con el accidente vinieron algunas acciones poco profesionales y hasta dolorosas que me dañaron más que las operaciones que tuve que enfrentar. Sin dar una explicación me cesaron como director de la Orquesta del Gran Teatro sin respetar la ley, pues yo estaba mal de salud y con todas las garantías de que estaba representando la cultura cubana en aquel lugar. Y así pasó con muchas cosas. Estaba en una gran disyuntiva: si regresaba a recuperarme en Cuba perdía los derechos judiciales. Tengo una alegría que llevo dentro y es que mi familia sintió siempre el apoyo de la gente cuando ocurrió el accidente y durante todo el proceso que vivimos. A esas personas que fueron muchas, nunca he podido agradecerles de otra manera que no sea haciendo más y mejor música.

-Tú sabes que yo soy francés y no fue porque lo pedí. Un buen día el gobierno francés me hizo francés por su libre decisión y se lo agradezco porque en mi persona reconocen a la cultura de mi país. La mitad de mi vida profesional ha transcurrido en Europa, en París, fundamentalmente, y me ha ido bien, honestamente. He escrito la música que he querido, he ganado premios importantes en el mundo discográfico con discos de oro y platino y he producido discos de cantantes que han alcanzado la fama más allá de Francia y desde allí he expandido mi trabajo a otros lugares. He seguido haciendo música para cine, para el cine francés. En eso soy afortunado, muy afortunado.

-Hasta que una importante productora de shows y musicales llamada Índigo Productions me pidió hacer una obra basada en la música cubana y que contara una historia a través de la música. Así nació Soy de Cuba.


-Y mi regreso por temporadas más largas a mi casa de la Habana Vieja. Y es curioso porque nunca me fui del país. Había gente que me veía en la calle, gente buena y gente mala, y me preguntaban cosas increíblemente absurdas, conclusión que no te ven y te asumen como emigrado.En esas temporadas habaneras vi que todo había cambiado y que era un desconocido para muchos músicos y para una parte del público, tanto yo como mi obra profesional.

-Necesitaba reinsertarme nuevamente, que es más difícil que comenzar una carrera. No creo haberlo logrado y realmente estoy concentrado en este espectáculo donde todo es cubano de verdad. Sí, porque he visto de todo en el mundo referido a Cuba, pero son unos desastres en todos los sentidos. Desde hace cinco años estamos presentándonos a lleno total en muchas ciudades y parece que lo hemos hecho bien pues la gente no se aburre.

-Quiero reinsertarme en la vida musical cubana y alguna cosa he logrado, pues entre ensayos y presentaciones estoy escribiendo y produciendo la música para una película cubana que dirige Santana, el de los videoclips, así me lo presentaron y me ha dado mucha alegría, pues me ha permitido recrear música cubana de los primeros cincuenta años del siglo pasado. Además, salgo en una escena. En la próxima que haga seguro me dan un papel más importante que el de músico.

-Estoy conversando con algunas discográficas cubanas para hacer un disco con mi música. Hace casi treinta años que no hago un disco en Cuba con mi música, he hecho discos con mi música para cantantes de otros países, en el estudio de la calle San Miguel, el que tiene goteras, pero un sonido que envidiarían algunos de los mejores estudios del mundo. Hablo de magia sonora. Espero que eso rinda sus frutos. También estamos intentado presentar el show en La Habana, sería un gran sueño. Pero hasta el presente se ha quedado en la voluntad nuestra y de los productores.

-Al mundo del disco llegué también por Felipe Dulzaides, con el debuté arreglando y produciendo. He llevado al disco música de Amadeo Roldán cuando rescate su ópera Manita en el suelo, que se había perdido, produje discos para muchos cantantes en los años 80, pero estoy fuera de ese mundo en mi país y realmente me interesa que conozcan mi música otros compatriotas. Hacer discos es una caja de sorpresas, puede ser que lo hagas con mucho amor y no resulte o que resulte y se convierta en un suceso, como me ocurrió con los discos de Danny Brillant que alcanzaron ventas astronómicas, sobre todo Havana que llegó a ser Disco de Platino. Danny me agradece haber conocido La Habana y los estudios de la calle San Miguel, pero sobre todo la música que escribí para él y su orquesta.

-También está la música que compuse para figuras como Brigitte Bardot. París ha sido una buena experiencia, al menos en mi caso, pero creo que lo es también para otros compatriotas que andan por allá, no importa que triunfen o no. La experiencia y la vivencia cultural y humana enriquecen a todo artista. Me acaba de entrar un mensaje de Nicolás, nuestro productor con noticias de la siguiente ciudad… esta cosa de la tecnología es increíble y tiene unas posibilidades enormes, pero también sus riesgos. Yo me he vuelto un devoto de la tecnología y de sus beneficios. Lo ha cambiado todo, la forma de ver y hacer la música, sus dinámicas…

-Cuando comencé mi carrera profesional necesitaba, además del piano, grandes cantidades de papel para trabajar. Ahora se trata de tener la computadora y los programas adecuados y a componer… Cualquiera con dominio de la tecnología puede intentar hacer música, es posible, pero hay principios, herramientas como la armonía y la forma que si no las dominas, no haces nada trascendente. Puede ocurrir una excepción, pero no es la media. Eso hace que coexista buena música y mala música y que por momentos, la mala se imponga en el gusto de la gente. Siempre ha habido buena y mala música, lo que ahora hay otros resortes que hacen que se deforme el gusto de la gente y es muy fácil deformar, formar lleva tiempo, energía esfuerzos.

-Me parece que estamos en un período de transición en la industria de la música, mira el disco, antes había que esperar a que saliera de la fábrica, llegara a la tienda o a la victrola. Ahora no. La informática hace que ese proceso se simplifique: se graba en la mañana y en la tarde ya está listo para difundir y vender. Pero muchas veces esa música, o seudo música es la que se impone, pero hay quienes trabajan y elaboran su música y corren la misma suerte a la hora de imponerse en el gusto.

-La informática también ha cambiado la cadena de difusión, pues todo se difunde indiscriminadamente, el criterio de selección es anárquico totalmente y eso se refleja en el gusto de las personas. Yo espero que en algún momento el orden regrese y con él, figuras necesarias a la música como los repertoristas y los orquestadores. Esa anarquía hace que lo efímero se imponga sobre lo que muchas veces tiene valores. Pero, te reitero pienso que estamos en una etapa de tránsito.

-Por cierto, debo revisar antes de regresar a La Habana los temas que escribí para la película de Santana. Componer tiene su magia, uno no sabe exactamente cuál es la fórmula para lograr el éxito, aunque no me quejo de los que he tenido. Estoy escribiendo música cubana de verdad, un mambo, un danzón y un par de boleros, más otras cosas que me pidió. Es una música muy noble y que bien hecha no pasa de moda. No soy un compositor en el sentido exacto de la palabra, conceptualmente hago canciones cuando me las encargan, no siempre estoy de ánimo o tengo la inspiración cuando me piden un trabajo. A veces las musas se toman su tiempo, hay momentos en que han sido semanas. Otras veces van a una velocidad que me sorprendo. También se trata de tener presente a quién se escribe, cuáles son sus posibilidades vocales y un sinnúmero de cosas que se deben tener en cuenta.

-He visto cantantes con excelentes voces y un repertorio pésimo y eso es fatal para su carrera. Eso mismo sentí cuando comencé a escribir este espectáculo que has visto, quería hacer una postal de mi país sin caer en actitudes chovinistas, quería hacer música cubana agradable a la gente y alejándome de los patrones que alguna vez han impuesto y tampoco quería que sonara a música de museo. Quería un sonido de Cuba y que cubriera algo más que el son y la rumba. La música cubana es más que eso. Creo que lo he logrado. Es mi postal de Cuba sin caer en cliché de negros, miserias y otras carencias.

-Somos un pueblo que tiene historias comunes al resto del mundo y queríamos enseñar otra postal. Cada ciudad y cada país vende su imagen y su postal. Yo soy cubano en todo momento. No importa que algunas personas no entiendan que una postal tiene un gran valor humano. Me gustaría definirme como un artesano de los sonidos, alguien a quien le quedan por escribir cuartetos, alguna que otra sinfonía, dirigir nuevamente ballet y por qué no, escribir algunas canciones. Mi vanidad me permite aceptar que algunos premios se me escapen, pero no me permite asumir otra identidad que no sea la cubana. Mi orgullo de cubano está por encima de los premios que me pueden faltar o que crea merecer. De que para algunas personas en mi país no existo o simplemente ignoran mi trabajo.

-Rembert Egües vive orgulloso de poder decir que la música ha sido siempre mi fuente de alimentación y que me ha permitido algunos placeres, entre ellos tener una familia hermosa que siempre me apoya. También de contar con la confianza de mis amigos, pero por encima de todo, de ser cubano. Yo soy de Cuba desde que me levanto hasta que mi día termina y así actúo en cada lugar. Emir, están llamando para nuestro vuelo. Las preguntas que tengas, cuando termine la función de mañana te las respondo, con lo que quede de este roncito.

Mañana volverá a caer el telón. París/La Habana, Junio de 2015.

Emir García Meralla
Cubarte, 30 de noviembre de 2015.

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