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lunes, 14 de marzo de 2016

Las mil congojas de Juan Pablo Miranda



Juan Pablo Miranda es el autor de Mil congojas, una de las canciones más sentidas de la música cubana, se interprete como un bolero en la voz de Omara Portuondo; un instrumental por el pianista Rubén González o la versión del trío Los Guaracheros de Oriente.

No fue su única canción conocida. También compuso Solo por rencor y Qué difícil es, popularizados por Vicentico Valdés; Cielo y sol, interpretado por la orquesta femenina Anacaona, Algo de tí, Sin reservas, Seguiré sin ti y Retazos de dolor, entre otras.

Algunos registran su nacimiento en la ciudad de La Habana y otros en Jaruco, pueblo en las afueras de la capital. Lo que sí es cierto es que el también flautista vino al mundo el 15 de octubre de 1906.

Ya en la adolescencia, sus padres lo emplearon como aprendiz de carpintería. Pero muy pronto un hecho inesperado lo colocó en los quehaceres de la música para el resto de su vida.

Según cuentan, Juan Pablo Miranda entró un día a una sala de cine cuando todavía las películas eran silentes. En el vestíbulo encontró una orquesta integrada por viejos músicos, a excepción del flautista, que era prácticamente un niño. La juventud de aquel instrumentista lo dejó tan maravillado, que ya no le interesó ver el filme.

De regreso a su casa, le confesó a su madre que quería ser músico y en particular flautista. Ella le compró los libros necesarios y lo puso a estudiar con el profesor Miguel Junco, en la década de 1920.

Unos años después debutó en público como flautista de la orquesta del cabaret Casino de La Lisa y antes de concluir esa década fundó su propia agrupación, que llevaba su nombre y ofrecía actuaciones en cualquier sitio posible. Sin embargo, terminó por trabajar con otras orquestas, porque la difícil situación económica del país no le permitía sostener la suya.

Juan Pablo Miranda transitó por agrupaciones de prestigio consolidado como la orquesta de Ismael Díaz y la López-Barroso. Precisamente su estancia en esta última le permitió hacer amistad con el cantante Abelardo Barroso, quien después brillaría con la Orquesta Sensación.

En la década de 1940 se incorporó a la Orquesta de Everardo Ordaz y luego a La Maravilla del Siglo, de la que fue su director. También trabajó con Joseíto Fernández, el autor de La Guantanamera.

Los años 50 aportaron el furor del chachachá, cadencioso género creado por el maestro Enrique Jorrín, y por entonces Juan Pablo Miranda se convirtió en el flautista de la Orquesta Sensación, con la que grabó varios discos y en 1957 viajó a Venezuela.

Un tiempo después organizó su propia orquesta, la Riviera, que amenizaba las cenas del cabaret Tropicana. Más tarde y con la muerte de Alfaro Pérez, no solo asumió la flauta, sino también la batuta de la orquesta Siglo XX, agrupación danzonera en la que permaneció hasta su jubilación a principios de los 80.

Juan Pablo Miranda tuvo un rico desempeño en la flauta, que por suerte quedó registrado en numerosas grabaciones gracias a las múltiples orquestas por las que transitó.

El también flautista Joaquín Oliveros dijo sobre el virtuosismo de Juan Pablo Miranda como instrumentista: “Fue uno de los flautistas improvisadores del danzón y el chachachá, dos conceptos distintos. Su flauta era de un sonido pequeño, pero redondito, melodioso, agradable. Con su estilo lograba su objetivo en una orquesta que en su tiempo hizo historia.”

Juan Pablo Miranda fue considerado uno de los grandes flautistas de su época. Algunos estudiosos aseguran que cuando abandonó la Orquesta Sensación, su director tuvo que “tapar” la ausencia de sus ejecuciones flautísticas con tres metales: Generoso Jiménez en el trombón, Enemelio en el saxo y El Negro Vivar en la trompeta.

Además de flautista y director de orquesta, Juan Pablo Miranda está considerado uno de nuestros más grandes compositores de boleros. Concebido en 1932, Perversa gratitud fue el primero de ellos, pero sus obras más conocidas llegaron en los 50 para integrarse muy pronto al repertorio de Vicentico Valdés, Fernando Collazo, Rolando Laserie, Paulina Álvarez y Elena Burke, entre otros intérpretes.

La también compositora Marta Valdés nos recuerda en un artículo que el antológico bolero Mil congojas data de 1952. Y que brilló primero en la interpretación de Los tres ases y luego en una grabación de José Antonio Méndez para la RCA Víctor, de México.

La joven cantante Yaíma Sáez incluyó Mil congojas en su primer disco, perpetuando así el recuerdo de aquel muchacho que descubrió la flauta en manos de otro muchacho y nunca más se quiso separar de ella.

Juan Pablo Miranda falleció en La Habana en 1986. Al último bolero que compuso lo tituló Mi canción inconclusa.

Grisell Chirino Martínez
Radio Habana Cuba, 19 de noviembre de 2015.

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