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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Vestirse en Cuba cuesta caro



Desde hace algún tiempo, con el aparente propósito de recuperar la elegancia en la población, el gobierno ha iniciado una serie de actividades como ferias, pasarelas, y secciones de modas en programas de facilitación social.

Al mismo tiempo, como parte del proceso de actualización del modelo económico cubano, que contempla aplicar otras formas de gestión empresarial no estatal, ha permitido la apertura de una serie de tiendas. Por solo citar un ejemplo, tenemos el proyecto Modas Café, ubicado en la céntrica esquina de San Rafael y Consulado, que en altos precios en pesos convertibles, vende ropa femenina, diseñada y confeccionada en el propio establecimiento.

La cultura del buen vestir en nuestra población empezó a desaparecer a partir de la década del 60 con la escasez de ropa y de tejidos. Con la instauración de la libreta de racionamiento, los cubanos se uniformaron, y no solo de verde olivo. Lo mismo en ropa de hombre que de mujer, los colores y motivos se volvieron repetitivos, y en su mayoría inadecuados para nuestro clima.

¿Quién no recuerda encontrarse frente a frente, lo mismo en el cine que en la cola del Coppelia, con una o más personas con la misma camisa, la misma blusa, o una prenda hecha de la misma tela?

Me cuenta Amelia, una vecina, que su hermana era muy presumida. Cierta vez compró el corte de tela que le tocaba por la libreta, y lo guardó un tiempo. Cuando por fin se hizo su vestido, y se lo estrenó para ir al teatro, regresó llorando, porque una mujer en la guagua iba vestida con la misma tela, ya vieja y desteñida.

En Cuba desaparecieron los tejidos de algodón de fabricación nacional y también prendas tradicionales como la guayabera. Los pantalones de dril y los trajes fueron demonizados, junto con la elegancia y las buenas costumbres, bajo el ignominioso apelativo de “rezagos de la burguesía”. Se le fue inculcando a la población que la moda era algo trivial.

De vuelta al presente, del 8 al 18 de junio último se celebró en Pabexpo la feria comercial Cuba es Moda, con empresarios de la isla, de Italia y España, entre otros. Según la información de Granma, del martes 9 de junio de 2015, el objetivo de este evento era buscar oportunidades que contribuyeran a diversificar la presencia de textiles, calzado, cosméticos y confecciones varias en el mercado nacional.

Pero a medida que continuamos leyendo vimos que el verdadero objetivo era desarrollar la industria de la moda con capital foráneo. Para ello se realizaron seminarios, talleres, desfiles de modas, presentaciones de productos y servicios, con el fin de promover nuevos acuerdos comerciales e identificar socios potenciales.

Resulta que ahora, en 2015, el gobierno castrista necesita capital foráneo para levantar la industria textil cubana, que antes de 1959 estaba llamada a ser una de las más importantes ramas de nuestra economía. En aquel entonces existían en el país cuatro fábricas de tejidos de algodón, una de cuerda de alta tenacidad, cinco de tejidos planos de rayón, dos de cintas, cuatro de tricot, una de lana y casimir, cuatro de toallas, una de tejidos de tapicería y sobrecamas, diez de medias y calcetines, y otro gran número de pequeñas fábricas de tejidos y confecciones de punto de algodón y rayón.

La textilera de Ariguanabo era la pionera del ramo en Cuba. Fue fundada en 1931 por Dayton Hedges. Estaba ubicada en la zona pantanosa de Cayo La Rosa, Bauta, que luego se convirtió en una extensión de tierra firme donde muchos de sus obreros vivían en casas construidas por la compañía y no pagaban alquiler, ni electricidad, ni agua.

En esta gran industria se fabricaban hilazas de algodón, rayón y tejidos de algodón como lienzo, opal, poplín, guarandol, dril fino y mezclilla. Los sacos para envasar mercancía, de algodón o rayón, se elaboraban en la propia textilera, de donde salían para los principales almacenes del país.

Esta fábrica trajo gran prosperidad al pueblo de Bauta, de donde procedía la mayoría de sus trabajadores. Ya en 1950 se pagaba un peso y 13 centavos por hora, y se trabajaba ininterrumpidamente, en cuatro turnos de seis horas.

Antes de 1959, las telas y los accesorios eran baratos, y con mucha frecuencia las tiendas de ropa hacían rebajas. Hoy las telas están carísimas y su venta es en divisas. También escasean los accesorios y las buenas costureras.

Pero hace mucho tiempo que los cubanos, que antes disfrutábamos de la elegancia, prescindimos de la moda, pues a la hora de vestirnos la necesidad nos obliga a ponernos lo que cada cual haya podido conservar en su ropero. En el pasado, muchas mujeres sabían coser, aunque también había excelentes modistas profesionales.

Al Estado igualmente se le hace difícil promover el buen vestir dentro de la población porque tiene un competidor con todas las de ganar: la venta clandestina de ropa importada, que además de ser menos cara y mejor confeccionada, está más cerca del gusto de la mayoría.

Y no olvidemos la ropa reciclada -ropa de segunda proveniente de otros países- y que se ha convertido en la primera opción para cubrir las necesidades de una población que apenas tiene para comer.

Gladys Linares
Cubanet, 21 de julio de 2015.
Foto: Venta de ropa reciclada en Dolores y 16, Lawton, hecha por la autora.

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