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lunes, 14 de septiembre de 2015

Cuba, país de bailadores


Es indiscutible que Cuba ha sido productor de muchos ritmos bailables, lo que es natural en una nación que podría considerarse la más bailadora del mundo. Pero La Habana es donde más se “movía el esqueleto”. No solo se bailaba solamente en la parte vieja, El Cerro, Jesús del Monte, Vedado y La Víbora, también en Rancho Boyeros, Miramar y Marianao y otros barrios de La Habana. Por toda la ciudad y sus alrededores existían muchos lugares que servían de entretenimiento y a los cuales también se podía acudir a bailar:

Existían grandes asociaciones mutualistas españolas que tenían espaciosos salones y ofrecían bailes para socios e invitados, como el Centro Asturiano, Centro Gallego, Artística Gallega, Sociedad Curro-Enríquez en Santos Suárez y el Casino Español, sin contar los clubes sociales donde se realizaban grandes fiestas, casi todas privadas.

Entre esos clubes figuraban Los Yesistas, próximo a Carlos III; Unión Fraternal, uno en la calle Revillagigedo y otro en los altos del Teatro Nacional, en el Paseo del Prado; la Sociedad Unión Club, en Neptuno y Zulueta; La Taberna San Román, en San Pedro y Oficios, por la Avenida del Puerto; el Salón Atenas, en Prado y Neptuno, esquina que inspiró a Enrique Jorrín para su chachachá La engañadora; Hotel San Luis, en Belascoaín y Lagunas, y la Marquesina del Hotel Saratoga, en Prado y Dragones.

También era impresionante el número de clubes nocturnos que tenían orquestas para bailar, como el Palermo Club, en Amistad y San Miguel; National Nigth Club, en San Rafael y Prado, con dos shows diarios y dos orquestas; Las Vegas, en Infanta y Humboldt; Tony’s Club, detrás del Capitolio; Bar-Club Prado 260, en Prado 260. En el hoy municipio de Rancho Boyeros se localizaban el Río Cristal Club, Reloj Club, Mambo’s Club, Bambú Club, con dos shows nocturnos y donde bailó Tongolele, Night and Day y Night Club Mulgoba, en el reparto del mismo nombre.

El mítico Alí Bar, en Dolores y Lucero, Lawton, donde muchas veces cantó Benny Moré; Sierra Nigth Club, en Concha entre Cristina y Vía Blanca, con dos shows diarios y dos orquestas; Alloy Nigth Club, en la calle Fábrica, Luyanó; Morocco Club, Paseo del Prado 402; Intermezzo Bar, Refugio 111; Johnny’s Bar-Club, Virtudes 58; Pan American Bar-Club, Ayestarán 235 y el Zombie Club, en la calle Zulueta.

De los cabarets podemos citar: Sans Soucí, en Arroyo Arenas; con dos orquestas cada noche y dos producciones internacionales; Hotel Sevilla en Prado y Trocadero; Los Troncos, en Galiano entre Ánimas y Trocadero; Topeka, en la Avenida de Rancho Boyeros; La Campana, Infanta y San Martín; Tokio en San Lázaro y Blanco, y Las Vegas, en Infanta y Humboldt.

En otras zonas de la capital también existían locales donde se solía bailar. En Miramar, el Balneario Casino Deportivo, Club ESSO, Club Comodoro, Hotel Copacabana, Boulevard Room, Saigón Club, y Johnny’s Dream Club, en La Puntilla. Los diferentes clubes privados de Miramar ofrecían bailables todas las semanas.

En Marianao se encontraban los famosos y populares Jardines de la Tropical, el Casino de La Lisa y el Casino Rivolí. Considerado el night club más bello del mundo, el cabaret Tropicana tenía dos salones, el Edén Concert, conocido como Un Paraíso Bajo las Estrellas y el espectacular Arcos de Cristal. Igualmente en Marianao se podía bailar en el Niche Club, la Taberna de Pedro, el Rhumba Palace, Cabaret Panchín, Cabaret Pennsylvania, con dos shows cada noche; Mi Bohío, el Biltmore, en Jaimanitas, Selva Club's en Pogolotti, donde único se podía bailar con Arsenio o Felix Chapottin, la viva expresión de la música criolla, sin menospreciar al Conjunto Casino.

Aún quedan otros: Choricera Club, un centro rústico con mesas de madera sin pintar y piso de tierra, del famoso El Chori, que ofrecía unos espectáculos con tambores batá que atraía a turistas extranjeros y actores como Marlon Brando; Barrilito Club, Flotante Club y el Quibú, situado detrás de la Universidad de Villanueva, cerca de la playa de Marianao, junto al arroyo del mismo nombre. En la barriada de Buena Vista, en la Calle 31 entre 46 y 48, Marianao quedaba el Buena Vista Social Club, cuyo nombre se haría mundialmente famoso gracias a viejos músicos.

En El Vedado encontramos el Club Sherezada, en los bajos del edificio Focsa, en 17 y M; Rocco Club, en 17 y O; La Red, en 19 y L; El Gato Tuerto, en 19 y O; La Zorra y el Cuervo, en 23 y O; Super Club La Rue, en 19 y H, y los cabarets de los siguientes hoteles: Parisién y Arboleda Room, del Nacional; el del Vedado en O entre 23 y 25; Copa Room del Habana Riviera; Salón Rojo del Capri, Caribe del Habana Libre; Bar-Club Cortijo del Flamingo, el Willie’s Club, en 21 y N; Atelier, en 17 Y 6; Johnnie’s 88, en O entre 23 y 25; Montmartre Night Club, en P y 23; Embassy, en 23 y 26; Maxim’s Club, en 3ra. y 10; Club 21, en 21 y 22; Nigth Club Sayonara; Club El Jhonny en 3ra. y A; Edén Club, en 23 y O; Eloy Club, en Línea, entre I y H, y el Bar-Club Turf, en Calzada y F (aunque la publicidad aclaraba “ambiente refinado” no dejaba de ser de los más oscuros).

El listado es muy extenso y dudo que muchos lo lean, he querido poner los nombres y en muchos casos las direcciones para autentificar los datos. Hubiera sido más simple poner la cantidad, pero considero que una cifra es solo una cifra y no garantiza la existencia de tantos lugares donde se bailaba. Aún quedaría mencionar los de las playas Guanabo, Santa María del Mar, Regla, Guanabacoa…. pero ya sería demasiado…

En estos listados he tratado de tener en cuenta solo los lugares en que se bailaba. Si por casualidad algún lector recuerda haber asistido a uno de estos sitios y no vio baile, eso no quiere decir que nunca se bailó. A finales de los años 50, La Habana tenía abiertas más de 100 salas acondicionadas para bailar. Desde 1920 hasta 1950, siempre hubo una gran cantidad de bailadores, quienes demandaban lugares donde se pudiera bailar a gusto. Después de conocer este listado creo que no queden dudas de que era, la capital cubana de Cuba, la ciudad más bailadora del mundo.

Si bien es cierto que algunos de los lugares mencionados solo estaban al alcance de personas de alto nivel económico, también es cierto que había lugares para todos los gustos y bolsillos, y que en La Habana y en toda Cuba, el que no bailaba era porque era un “patón” o un “pasmao”.

Derubin Jacome
Cuba en la memoria, 25 de enero de 2013.
Video: Bailando en La Tropical, del CD homónimo de la orquesta de Adalberto Álvarez y su Son.

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