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viernes, 28 de agosto de 2015

Recordando a José Dolores Quiñones


Conocí a José Dolores Quiñones a mediados de la década de 1940, en el Sindicato de Músicos de Cuba, situado en San José y Campanario, La Habana. Yo comenzaba en las luchas autorales, y él ya había recorrido una parte del camino al que se enfrentan los autores noveles.

Era un hombre sencillo, delgado, de hablar pausado, mente positiva y con una gran fuerza espiritual. Siempre andaba con la guitarra a cuestas, a la caza de algún intérprete.

José Dolores me enseñó mucho de las circunstancias adversas que debía afrontar, todos los que como yo luchaban por dar a conocer su música, de hecho me dio infinidad de direcciones de importantes personalidades tanto nacionales como extranjeras.

Un buen día, recibí una carta de este simpático hombre, un compositor que tenía un sano entretenimiento: mantener correspondencias con sus amigos. Se encontraba en México donde residió unos años.

Pasado un tiempo me escribió desde Toulouse, Francia, donde estaba viviendo. En ningún momento de su agitada vida me dejó de escribir. En otra misiva me decía que en esa ciudad francesa iba a quedarse a vivir definitivamente.

Entre muchas cosas, me contó que hizo amistad en España con Antonio Machín, uno de los grandes de la música cubana y que en Italia conoció a famosos intérpretes. En todos estos países, Quiñones dejó un granito de sus inconfundibles melodías cubanas.

Por Francisco Escorcia, pariente cercano, sabía que él había estado varias veces en Cuba. Pero fue en la década de los 90 cuando nos vimos nuevamente. En aquella ocasión trajo a una de sus hijas, una jovencita muy bella y fue ella la que nos tiró una foto.

José Dolores tuvo hijos en Cuba, México y Francia. Cuando nos vimos, me dijo que había escrito dos libros sobre música cubana en francés y que a pesar del inconveniente del idioma, me los haría llegar (Nota de redacción: Uno de esos dos libros era Vestiges de l'héritage siboney. Folkore de Cuba. Paris, Barre & Dayez Editeurs 1995). Mientras esperaba los libros, recibí un correo del amigo Jorge Coya desde Los Ángeles para informarme que Quiñones se encontraba en un asilo de ancianos en Toulouse y allí había sufrido un accidente cerebro vascular.

José Dolores Quiñones vino al mundo en Artemisa, Pinar del Río, el 19 de marzo de 1918. Hacia el año 1944 salió de Cuba rumbo a México, donde desarrolló una amplia actividad artística, como guitarrista y como compositor.

Por coincidencias de la vida, nació en el mismo pueblo de la inolvidable e irrepetible María Teresa Vera y falleció en Toulose, la ciudad francesa donde nació Carlos Gardel.

Casi todas las creaciones de José Dolores Quiñones trasmiten un mensaje, así que no le fue difícil conseguir que destacados intérpretes cantaran sus canciones.

Camarera del amor, Que me hace daño y Vagar entre sombras, fueron tres números a los cuales Benny Moré les puso alma, corazón y vida.

Los aretes de la luna y El vaivén arrullador quedaron inmortalizadas en la voz de Vicentico Valdés, acompañado de la Sonora Matancera.

Vendaval sin rumbo fue todo un éxito en las voces de los cubanos Celio González y José Tejedor y del mexicano Javier Solís.

La inconfundible voz de Tejedor también recreó otros números de Quiñones: Un lirio en el lago, Al comprender y No te burles.

La canción del dinero fue popularizada por Rolando Laserie.

Matías Pérez sobre un famoso personaje habanero, fue grabada por Celia Cruz.

Mi cocodrilo verde es interpretada con dulzura por el brasileño Caetano Veloso y por la italiana Sabrina Di Stefano Y con sabrosura por Celia Cruz.

Entre otras canciones de José Dolores que han sido grabadas por distintos intérpretes se encuentran Sol nocturno, Levántate, Sin Dios no hubiera nada, Odio que crece y Sin una despedida.

Según Mario A. García Romero, por uno de los hijos de José Dolores Quiñones nacido en Francia llamado Jean Luc Quiñones, supo que su padre había fallecido el 28 de marzo de 2008, en el asilo Saint Lys, de la ciudad de Toulouse, Francia.

La muerte de este creador ha sido una perdida irreparable para el acervo musical cubano y yo he perdido un amigo cordial.

Senén Suárez (1922-2013)
Cubarte, 10 de mayo de 2008.
Leer también: Para saber de un bolerista muerto y Falleció el filósofo del bolero.

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