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miércoles, 13 de febrero de 2013

Recordando a Fernando Álvarez


Acababa de regresar de una gira por Puerto Rico, cuando a Fernando Álvarez le detectaron un cáncer. Murió en La Habana el 22 de agosto de 2002, unos días después del fallecimiento de su amiga Elena Burke, otra de las grandes voces del bolero y con quien en más de una ocasión cantó a dúo.

En la isla borinqueña lo adoraban. "En 1959 -escribe Elmer González, de Radio Universidad de Puerto Rico- el bolerista cubano Fernando Álvarez (1927-2002) grabó el disco Este es Fernando Álvarez (Gema 1113), su segundo LP dedicado enteramente dedicado al bolero. Su fraseo algo atrás de las acentuaciones rítmicas, su timbre suave de tenor y su repertorio “filinesco”, cautivaron a los jóvenes antillanos de la época quienes encontraron en Fernando un favorito para escuchar, para soñar y para dejar volar la imaginación en alas del amor y el dolor cantados. Uno de esos jóvenes caminaba diariamente por las calles del barrio Trastalleres en Santurce, Puerto Rico, musitando siempre un bolero, soñando con la posibilidad de hacerse famoso como Vicentico Valdés, Cheíto González o de formar parte de un trío de voces y guitarras como Los Tres Ases y por supuesto, entusiasmado con la cosecha de boleros de Fernando".

Ese joven era Andy Montañez, quien en octubre de 2012, en el Conservatorio de Música de San Juan, le dedicara un concierto. “Cuando canto boleros me voy a mis comienzos cuando era adolescente. Fernando fue una persona que me gustó siempre, por su estilo de cantar y por su feeling (sentimiento)”.

Cada vez que alguna de las glorias de la música cubana muere, resida en Cuba o en el exterior, medios caribeños y latinoamericanos le dedican espacio. Si en junio de 1995, cuando se fue Vicentico Valdés, El Tiempo de Bogotá dijo que 'se fue a buscar los aretes de la luna en el cielo', en agosto de 2002 publicó una nota titulada Dos gardenias para Fernando Álvarez. "Fernando Álvarez -como Elena Burke- todo lo que cantaba lo volvía feeling. El bolerista cubano se distinguió por su voz serena, un timbre grato, una dicción clara y un repertorio seleccionado acertadamente. La sangre cubana y mexicana de sus progenitores se unió en la criatura que nació el 4 de noviembre de 1927 en Santiago de Cuba". Probablemente esta interpretación de Dos gardenias, de Isolina Carrillo, haya sido una de las últimas.

De los varios videos que en You Tube se localizan de Fernando Álvarez, he escogido Humo y espuma. Me gustó porque está 'graficado' con fotos de los años 50, lo que quiero agradecer a René Espí, de The Feelin Club de Madrid, que en febrero de 2010 lo subió a You Tube junto con una información que vale la pena reproducir:

"Humo y espuma (1956), del compositor santiaguero Rolando Solórzano Rabí, nos recuerda el intenso feeling que por naturaleza poseen los llamados 'boleros de victrola'. En infinidad de melodías dominaron la ciudad desde aquellos antológicos traganíqueles que no cesaban de reproducir, en bares y cantinas, lo más popular. Así el estilo de Fernando Alvarez causaba sensación en febrero de 1956, recién incorporado al popular Conjunto Casino. El progresivo sonido de este conjunto (muy característico en su tipo, ligado rítmica y armónicamente a fenómenos distintivos del jazz como el swing y el bebop) fue arreglado por músicos vanguardistas como el Niño Rivera, Alberto Armenteros, Pepé Delgado, Peruchín, Manolito Menéndez, Frank Emilio, Ernesto Duarte, Paquito Echevarría y Rolando Baró, por sólo citar algunos.

"Por esta razón no es de extrañar que precisamente durante la segunda mitad de los años 40, precisamente fuera el Conjunto Casino de los primeros en incorporar a su repertorio aquellas obras del feeling que muy pocos acogían por considerar sus textos excesivamente poéticos, y alejados de lo comercial. Autores como José Antonio Méndez, Luis Yáñez, Niño Rivera, Tania Castellanos, Nutmidia Vaillant, Juan Pablo Miranda y César Portillo de la Luz, entre otros, confiaron a Roberto Faz, Orlando Vallejo, Rolito Rodríguez y Roberto Espí temas que enseguida se hicieron imprescindibles como Quiéreme y verás, Soy feliz, Tú mi adoración, Ayer la ví llorar, Cielo y sol, Perdido amor, El jamaiquino, Cuando lo pienses bien, Refúgiate en mi, Cosas del alma, Átomo y Eres mi felicidad, entre otros.

"El personalísimo estilo de Fernando Alvarez (desarrollado junto al genial Benny Moré, cuando ambos pertenecían a la orquesta santiaguera del saxofonista Mariano Mercerón, y luego en la mítica banda gigante) no dejó de acompañarle hasta el final de sus días por escenarios de Cuba y Latinoamérica. El talentoso bajista, arreglista y compositor Descemer Bueno recogió, con su magnífica producción Sé feliz, las últimas gotas del feeling de este importante cantante que murió en La Habana el 22 de agosto del 2002".

En La Habana, la gente comentaba que Fernando Álvarez había sido rescatado del olvido por el presidente panameño Omar Torrijos, cuando éste visitara Cuba en enero de 1976. Según decían, Torrijos era fan de los boleros de Álvarez y aprovechó su estancia en la isla para conocerlo. Al parecer, Fernando habría sido relegado al olvido, igual que ocurrió con muchos músicos, compositores e intérpretes, como Carlos Embale, Ibrahim Ferrer, Compay Segundo. Rubén González y Pío Leyva, entre otros.

La anécdota de Torrijos no aparece en la entrevista que poco antes de morir le concediera a Waldo González Leyva. Pero no me extraña que hubiera sido verdad, cuando leemos algunas de las respuestas que Fernando Alvarez le dio al periodista cubano: "No soporta la adulonería. Odio a los halalevas, sí, a los chicharrones o guatacas. Escojo las gentes sinceras, nobles, de buenos sentimientos. Rechazo las que no tienen esas virtudes. Yo soy así. Y al que no le guste, allá él me da lo mismo". Y se autodefoine como una persona noble, amante de su familia y defensor de las buenas causas. "Siempre fui lo que soy gracias a lo que me enseñó mi familia: un hombre legal, honesto, que nunca, ni ahora, quise sobresalir haciendo daño a los demás ni creyéndome nada del otro mundo".

A la pregunta ¿y cómo quiere que lo recuerde su público?, dijo: "Como un humilde cantante de boleros". Anteriormente había confesado que no pudo estudiar música, ni siquiera recibió una clase en su vida. "Había mucha hambre y debíamos trabajar en lo que fuera. En el Parque Dolores y en otros lugares de Santiago, mis tres hermanos y yo hacíamos de todo: limpiar zapatos y autos, vender periódicos, lo que fuera con tal de buscar algún dinero para la casa, pues la cosa estaba dura de verdad. Con el tiempo, mi hermano Robertico sería bailarín y Eddy músico, tocaría con la Orquesta Sensación".

También sugerimos leer Fernando Álvarez, un cantante con un estilo personal, de Senén Suárez. Ahí encontrarán un listado bastante completo de su obra musical, entre ella sus boleros más conocidos como La noche de anoche, de René Touzet; Ven aquí a la realidad, de Ernesto Duarte (también conocida como Bájate de esa nube); No te empeñes más, de Marta Valdés; Venganza, de Alfredo Parra y Solo contigo basta, de Piloto y Vera.

El próximo post estará dedicado a Elena Burke. Mientras, les dejo con otro de los grandes éxitos del bolerista santiaguero, Verdad amarga, de la misma autora de Bésame mucho, la mexicana Consuelo Velázquez (1916-2005). En esa última entrevista, Fernando Álvarez dice que grabó Verdad amarga con la Orquesta Sabor de Cuba de Bebo Valdés, y que el pianista era su hijo Chucho. Algo que no debe extrañar si se sabe que Chucho a los 3 años empezó a tocar piano y a los 16 ya tenía su propio grupo.


Tania Quintero

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