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miércoles, 11 de julio de 2012

Un Krishna suizo en La Habana


Por Tania Quintero

El pasado 16 de mayo, el periodista independiente Víctor Manuel Domínguez en Cubanet publicó El Comandante Krishna pierde su batalla en La Habana. No sé si fue el propio personaje quien decidió autodenominarse 'comandante' o el grado militar se lo dieron los cubanos.

Este Krishna no es de la India. Es suizo y se hace llamar Ananda Krishna Röösli, pero su nombre verdadero es Stefan Röösli. En internet se localizan fotos de la comunidad donde vive, y varios videos, uno de ellos de su estancia en Lisboa, en octubre de 2011.

Me imagino que a un tipo tan raro muchos cubanos, y también muchos portugueses, le hayan puesto la etiqueta de 'loco'. No puedo asegurar que Röösli tenga todos los tornillos en su lugar, lo que sí puedo decir que en Suiza he visto a unos cuantos como él.

Unos siguen unas creencias, otros, otras. Viven en sus casas o en comunidades y realizan actividades públicas o privadas. Las autoridades se lo permiten, siempre y cuando sean pacíficos, no corrompan ni utilicen a menores de edad y no molesten a la ciudadanía con su atípica forma de vida. Y es su problema si por eso se enferman y mueren. En el mes de abril, una suiza falleció, por creer que se podía alimentar del sol.

Son minoría quienes en Suiza siguen religiones y teorías estrafalarias. Suelen hacerlo por exotismo o porque encuentran aburrido residir en una nación tranquila y ordenada. Les gusta ir a la contra, vivir a su aire, vestirse a su manera. Se sienten libres y quieren ser distintos, no desean seguir normas civilizadas de convivencia, como la mayoría de los 8 millones de habitantes de una sociedad desarrollada como es hoy Suiza.

Con la llegada de la primavera, pero sobre todo en los meses de verano, es cuando más excentricidades se ven. Tipos con extrañas indumentarias, a menudo cochambrosos y descalzos, aunque también a suizos jóvenes les gusta aprovechar el buen tiempo para caminar sin zapatos por las calles.

Entre los suizos estrambóticos, hay algunos con más dinero que otros, pero todos, cuando les apetece, sacan de la gaveta el pasaporte, recogen sus matules, reservan en una agencia de viajes y se largan. A marear la perdiz en cualquier parte.

En Suiza no hay metro, lo que hay son terminales de trenes. En las principales, en Zürich, Berna, Ginebra, Basel, Lucerna... hay tiendas, cafés, restaurantes, panaderías y dulcerías, entre otros servicios. Son lugares por los cuales a diario pasan miles de pasajeros, nacionales y extranjeros. Siempre andan apurados y no tienen tiempo para ponerse a ver a nadie cantando o tocando instrumentos musicales.

No sé en otros cantones, pero en Lucerna, donde vivo, a los 'homeless', drogadictos, prostitutas y loquibambios les dejan estar en calles y parques, si no perturban el tráfico, ni el paso de peatones y no molestan a los vecinos en determinadas horas. En Suiza es sagrado el horario de descanso, en particular de quienes al día siguiente tienen que levantarse temprano para ir a trabajar o estudiar. De lunes a viernes, entre las 10 de la noche y 6 de la mañana, no están permitidos los ruidos. Si se quiere hacer una fiesta, es obligado pedir permiso, se lo dan, para fines de semana o feriados y sólo hasta las 12 de la noche.

También en Suiza ocurre como en otros países, que hay ciudadanos que viajan a otras partes del mundo a hacer lo que no pueden o no deben en su país. Y se van a Tailandia, a acostarse con menores. O a Brasil, a tomar caipirinha y bailar samba. O a Cuba, pensando que van a encontrar un pueblo revolucionario, feliz y contento, y se encuentran lo que el 'Comandante Krishna' se encontró en La Habana.

Foto: Víctor Manuel Domínguez.

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