Google
 

domingo, 25 de octubre de 2009

Pagando las consecuencias


Por Tania Quintero

A simple vista o a través de informes, las secuelas de una alimentacion deficitaria hace rato comenzaron a sentirse en la mayor de las Antillas. Un informe de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO), dado a conocer el 16 de octubre de 2002, señalaba que el 17 por ciento de la población cubana estaba subnutrida. La cifra representaba a un millón 900 mil personas.

La publicación se refería al período 1997-1999, por lo que se puede suponer que la cantidad ahora sea superior, ya que en los últimos tres años la situación económica en Cuba, lejos de mejorar, ha empeorado, principalmente en 2000-2001. A ello hay que agregar adversidades climáticas severas que han afectado a la Isla (huracanes, sequías, inundaciones).

En otro documento, divulgado dos días antes, una delegación del Programa Mundial de Alimentos (PMA) que en junio de 2002 visitó las provincias orientales, tuvo en cuenta una valoración efectuada por el Instituto Nacional de Nutrición e Higiene Alimentaria, donde se expresaba que la dieta promedio en esas provincias aportaba menos del 80 por ciento del nivel mínimo recomendado de proteínas; menos del 90 por ciento del nivel recomendado de grasas y una cantidad insuficiente de vitaminas y minerales para mantener la salud.

El estudio del PMA abarcó los 54 municipios que conforman actualmente las cincos provinciales del oriente del país: Granma, Holguín, Las Tunas, Santiago de Cuba y Guantánamo. Antes, en 1999-2000, el PMA conjuntamente con el Instituto Nacional de Planificación Física había realizado una investigación titulada “Vulnerabilidad e inseguridad alimentaria en cinco provincias orientales”, con el siguiente saldo: 33 municipios eran muy vulnerables, 11 vulnerables y 10 ligeramente vulnerables a la seguridad alimentaria.

La realidad en 2002 indica que tal inseguridad es aún más profunda y ha continuado el descenso de consumo de proteínas, grasas, vitaminas y minerales. Según el oficialista diario Granma, durante su intervención en la ultima Asamblea Nacional del Poder Popular, Fidel Castro se refirió a una investigación acerca de “las causas que ocasionan limitaciones y retraso mental en los niños, estudio que se lleva a cabo en la capital y las provincias de Granma y Sancti Spiritus, territorio donde no sólo se trabaja en materia de prevención, sino también de soluciones inmediatas”. (Extraoficialmente ha trascendido un plan, puesto ya en práctica, para preparar nuevos genetistas y dedicar los ya existentes a esas pesquisas).

Fidel Castro igualmente se refirió a las meriendas de "alta calidad nutricional" entregadas a estudiantes de secundaria básica en Pinar del Río; a los esfuerzos para que los niños de la enseñanza primaria consuman yogurt de soya y a la inversión hecha en Ciudad de La Habana para incluir vegetales frescos en el menú de los comedores escolares capitalinos. Y subrayó: “La revolución ha cumplido con sus planes de elevar el nivel de vida de los campesinos así como del resto de la población y lo seguirá haciendo”.

La madre de Hernán, un joven de 24 años, no acusó a Luisito, de 20, por intentar agredir con un machete a su hijo en una riña callejera. “Luisito, el pobre, además de huérfano, es fronterizo”, argumentó.

“Fronterizos” llaman en Cuba a las personas con bajo coeficiente de inteligencia y con limitaciones mentales más o menos notables. Su retraso no suele exteriorizarse fisicamente, por lo que es común toparse con “fronterizos” en cualquier sitio y a veces en puestos de trabajo relativamente importantes.

-El que limpia en mi trabajo es “fronterizo”, dice Tamara, oficinista.

“Fronterizo” es también Mayito, uno de los tres hijos de una señora que todos los domingos asiste a misa en una iglesia de la barriada habanera de la Víbora. “El único problema es que él no puede beber, porque se vuelve agresivo y violento”. Mayito tiene 38 años. “Fronterizas” son Irene (26) y Magdalena (46), madre y abuela de dos niños que cada mañana toman en la esquina de su casa el ómnibus con destino a una escuela especial para los pequeños.

No por gusto estas escuelas se han multiplicado en los últimos tiempos. Tampoco por gusto se ha incrementado la preparación de profesores y personal técnico especializado. No hay manzana donde no viva una persona necesitada de asistencia psiquiátrica, sea por stress, depresión, neurosis, paranoia o esquizofrenia.

Albertico ya cumplió los 11 años y todavía no habla. Emite unos extraños sonidos guturales. No se sabe exactamente cuál es su trastorno. A la cuadra donde vive Albertico suele venir de visita, dos veces al año, una niña de Sancti Spiritus que tampoco habla: se comunica mediante alaridos.

Cerca vive René, 50 años. Padece de claustrofobia. Ya ni siquiera se asoma a las ventanas. En los bajos del mismo edificio, a Karina y Yoandra, veinteañeras las dos, les han diagnosticado enfermedades mentales distintas. Karina nació con un defecto congénito y Yoandra sufre las secuelas de una meningitis. Cada día sus madres las llevan a sus respectivas escuelas especiales. (Los casos más severos reciben la visita de un maestro en su casa). Anita ya cumplió los 30 y nació con Síndrome de Down. Es muy espabilada y acostumbra a repetir en voz alta todas las malas palabras aprendidas en la escuela especial a la que diariamente asiste. Sus padres la tuvieron ya mayores.

Desde hace décadas, los cubanos se alimentan escasa o incorrectamente. La inmensa mayoría de la población come para saciar el hambre y llenar el estómago. Pocos son los que conciben la alimentación como sinónimo de salud. Ignoran que la calidad de vida empieza por la boca.

Bajo es el porcentaje de la ciudadanía que consume alimentos enriquecidos o toma suplementos vitamínicos. Por lo regular, quienes tienen acceso al dólar son los que pueden desayunar, almorzar y comer. Quienes tienen familiares en el extranjero son los que logran una dieta más balanceada y rica en nutrientes esenciales. Al hijo de Reinaldo, obrero de la construcción, le han detectado inflamación en el colon debido a las largas horas que el niño, de 10 años, pasa sin ingerir alimentos.

A las enfermedades derivadas de la desnutrición y la subnutrición se suman los malos hábitos alimenticios de dos generaciones que han crecido y vivido en medio de escaseces y crisis económicas. Deberán pasar varias generaciones antes de que los males se puedan corregir y una población más saludable comience a surgir.

El aumento del consumo de tabaco y alcohol, las malas condiciones de muchas viviendas con problemas de agua potable e incluso de ventilación, se añaden a las consecuencias de una prolongada alimentación deficiente. Pero por encima de esas realidades, lo que más influye sobre la ciudadanía es la frustración y la incertidumbre, la falta de estímulo y de perspectiva. No ya para el próximo año, sino para el día siguiente.

(Publicado en Cubaencuentro en diciembre de 2002).

Foto: therealcuba

1 comentario:

  1. En un blog alternativo cuyo autor no se identifica, lei que hay en Cuba blogueros que estan a favor de la contrarevolucion. Supongo que esta persona cuyo nickname es islamiacu. sea de esos que comen bien. Sus hijos deben tener sus cuatro comidas al menos diarias, o vive, -sino que es parte de- bajo la sombra del papaestado. Ojala que esta persona pase las mismas calamidades que nos ha tocado a la mayoria de los cubanos de a pie. Otro Gallo cantaria.

    ResponderEliminar