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viernes, 19 de junio de 2009

Confesiones periodísticas (III)

Por Tania Quintero


Mi curriculum laboral se había iniciado en agosto de 1959, como mecanógrafa a las órdenes de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, a quien puede verse en la foto tomada en 1945 por Ed Clark, de la revista Life. O sea, que en 2002, cuando hago este relato, tendría 43 años de trabajo, que se tiraron por la borda y no me han reconocido. No cobro jubilación, no cobro nada, no tengo ningún derecho social, ni sindical, no tengo nada, nada.

Aquí estoy, ya llevo siete años en el periodismo independiente. Escribo todo lo que se me ocurre, critico al sistema y a veces también a la disidencia y al propio periodismo independiente, porque es la libertad que uno se ha ganado. Una corresponsal en La Habana del Sun Sentinel, que tiene 30 años y es puertorriqueña, me decía por teléfono que ella no entendía eso que dicen los disidentes cubanos que "hemos conquistado un espacio". Y le respondí:

-Mira, hemos conquistado un espacio porque yo misma he estado detenida, me han hecho un acto de repudio frente a mi casa, han registrado mi domicilio, me ha visitado la Seguridad del Estado, me han amenazado, me han cortado el teléfono, me han vigilado y he continuado escribiendo.

Y uno sigue haciendo las cosas y, bueno, pasa el tiempo y ellos lo ven a uno con cierto respeto. Como en el capítulo de estas confesiones mencioné, en 1991 mi hijo fue detenido por la Seguridad del Estado. Estuvo dos semanas en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado. Para que no fuera enjuiciado mediaron Enrique Román, entonces presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, y Carlos Aldana, quien en ese momento era considerado el número tres del régimen. Entre 1975-79 Aldana había estado en Angola como jefe de propaganda de las tropas cubanas y en septiembre de 1992, cuando se encontraba al frente de los departamentos ideológico y de relaciones exteriores del partido comunista, fue abruptamente separado del cargo. Después de su destitución fue nombrado director de un balneario de las fuerzas armadas en Trinidad, provincia de Sancti Spiritus.

Iván tambien es periodista independiente. Escribe para Encuentro en la Red y para la página de la Sociedad Interamericana de Prensa. Su fuerte es el deporte, pero también es muy bueno escribiendo crónicas sociales y artículos políticos. Cuba Press, el grupo de Raúl Rivero, se fundó el 23 de septiembre de 1995 y yo envié el primer trabajo unos días después, el 12 de octubre. Iván también se incorporó desde el principio. Nunca había escrito ni una carta. Aprendió sobre la marcha y ahora Raúl dice que es uno de los que mejor escribe.

La detención de mi hijo en Villa Marista va a provocar que yo, a la larga, pierda mi trabajo en la televisión: dejé de ser una periodista "confiable". A Iván lo detuvieron junto con tres muchachos más del barrio, estaba ajena a todo, la Seguridad pudo probar que yo estaba al margen de sus andanzas. Me dijeron que ellos pintaban carteles antigubernamentales, todavía a ciencia cierta no sé qué hacían. En la Seguridad del Estado me interrogaron y me enseñaron varias pancartas y al oficial le dije: "Eso no lo hizo mi hijo, porque él tiene faltas de ortografía y, ademas, ésa no es su letra. No lo estoy defendiendo, simplemente le estoy diciendo la verdad". Bueno, la cuestión es que no lo enjuiciaron, ni a él ni a los otros tres.

Fíjense que yo comienzo en el periodismo independiente en septiembre de 1995 y a mí no me expulsan del ICRT hasta el 4 de abril de 1996. Había consultado con un abogado y me había dicho: "No, no, tu te vas todos los meses a cobrar tu salario, ellos son los que tienen que decirte que no puedes cobrar más o qué va a pasar contigo". Recuerdo que en marzo del 96 a mí se me hacía muy dificil ir a cobrar, porque hablaba por Radio Martí, públicamente disentía e iba a cobrar mi salario, algo que en cualquier país democrático no es un delito, pero en Cuba sí. Pero el abogado había insistido en que no dejara de ir, que fueran ellos quienes me lo negaran.

Cuando uno da ese paso de disentir, empieza a tener situaciones con vecinos, amigos, familiares, personas que parecían ser muy allegadas y te encuentras que de pronto cogen miedo y te dan la espalda. Pero también descubres personas que tu no considerabas tan cercanas, con quienes no te unían grandes vínculos y se te acercan y te dan la mano. Pasar de creer en la revolución a dejar de creer en ella es un proceso y lo primero que uno tiene que hacer es canalizarlo interiormente. Porque si uno psíquicamente no está preparado es muy difícil.

Soy periodista, simplemente. No me considero oficial ni nada. Trato de estar siempre bien informada de la actualidad mundial y también de lo que ocurre dentro del país y en las filas de la disidencia. Me limito a visitar a las personas que no temen recibirme, personas que me ayudan, que saben que no tengo un centavo y me prestan o dan dinero o un poco de comida, porque están sensibilizadas con mi situación.

Otra cosa que quiero decir, es que cuando uno es disidente tiene que poseer un olfato o una intuición especial para poder mantener alejados a todos los informantes, colaboradores y agentes infiltrados por la Seguridad del Estado. Por eso es que ando sola y no quiero a nadie alrededor mío. Yo boté de mi casa a una supuesta amiga, pues me di cuenta que la mandaba la Seguridad, para saber cómo vivíamos, quién nos visitaba, cualquier cosa, para después ir a informarlo. Es muy difícil, sobre todo cuando uno sabe que dentro de los grupos de la disidencia y el periodismo independiente hay infiltrados de la Seguridad. Pero eso no lo hacen solamente en Cuba, también en Estados Unidos y en otros países donde hay exiliados cubanos.

La gente me respeta, no se me acercará, pero me respetan. Le pongo un ejemplo: en 1997 la Seguridad del Estado pidió a los vecinos que cuando yo pasara escupieran y a mí no sólo no me escupieron, sino que vinieron a decírmelo. También me dijeron que habían mandado a algunos vecinos de la cuadra a vigilarme, porque decían que yo tenía una computadora en la casa. Mucha gente ha ido perdiendo el miedo, pero les falta ese arranque final de valor, como el de los tres opositores de la foto: Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca (en el centro) y Guillermo Fariñas.


Es comprensible, todavía el régimen es poderoso y constantemente está haciendo demostraciones de fuerza y tiene todos los recursos para movilizar a las masas. Y muchos no se deciden a disentir porque sopesan y dicen "no, no puedo arriesgarme a quedarme sin trabajo, no tengo a nadie que me respalde, no tengo familia afuera que me ayude si un día me pasa algo". Saben que si a uno lo encarcelan, lo llevan a una prisión en el otro extremo de la isla. Cuando en Cuba condenan a alguien, condenan también a la familia.

Me comunico anónimamente, así como ando, vestida como cualquier mujer simple, sin alardear que soy periodista ni nada. A cada rato me veo obligada a coger autos de alquiler de diez pesos, porque el transporte público cada vez está peor, y ahí se habla y yo, callada, escuchando. En esos taxis particulares pueden caber hasta ocho personas, pero lo normal es que vayan cinco. A veces alguien dice: "En Cuba todo el mundo habla, pero nadie hace nada. Hablan y después se van a la Plaza y todo el mundo va a votar y ése es el problema que tenemos los cubanos, que hablamos aquí en los carros y en las casas, pero no hacemos nada". Entonces yo salto y respondo: "Un momentico, eh, eso será con ustedes, no conmigo. Me llamo Tania Quintero Antúnez, nací en La Habana el 10 de noviembre de 1942, toda mi familia fue comunista, era periodista del gobierno y desde 1995 soy periodista independiente, hablo por Radio Martí, por la BBC y otras emisoras internacionales, me llaman del Canal 23 y de todas partes y recibo en mi casa a toda clase de periodistas extranjeros, así que eso no va conmigo".

Nadie contesta, todos se quedan callados. Más de una vez lo he tenido que hacer y también en la cola de la carnicería, en el barrio todos saben quién soy y por eso mismo cuando alguien se pone a echar pestes del gobierno, en voz alta digo: "Comentarios no, por favor, hagan las cosas como hay que hacerlas, porque las cosas hay que decirlas de frente y sin miedo". Y doy media vuelta y me voy. Aunque soy míope, veo lo que tenga que ver y todo lo que pueda oir lo oigo. Mi nieta dice: "Abuela, tu siempre estás hablando con la gente en la calle". Y es verdad, siempre estoy queriendo saber la opinión de las personas. Regularmente visito a amigos que a su vez tienen a conocidos en el gobierno y así me entero de muchas cosas. O que viven en lugares céntricos o trabajan en empresas importantes y también por ahí obtengo información.

Ando mucho por las calles, a veces tarde en la noche, por ello pude escribir sobre los travestis. Hacía tiempo que no andaba a esas horas por La Rampa y me dí cuenta cómo había cambiado la ciudad, con tantas jineteras, homosexuales, travestis y policías.

En ocasiones vienen personas a mi casa y me cuentan cosas, porque por teléfono tienen miedo contármelo. Me considero una mujer totalmente libre. Mi nieta todavía no sabe estas cosas, ya las sabrá. No tengo ese conflicto interno, de tragar bilis todos los días, esa impotencia de callar y de aguantar. A fin de cuentas, todos queremos cambios pacíficos y no lo que hizo Fidel Castro para llegar al poder, de coger las armas y atacar un cuartel. Tengo la esperanza, y estoy segura, que mi nieta podrá disfrutar de otra Cuba. Aunque tenga yo que irme y llevármela, para que ella un día regrese después de haber estudiado y vivido en una sociedad libre y democrática.

Nota: Versión corregida de varias entrevistas telefónicas concedidas en 2002 al periodista argentino Fernando J. Ruiz, y que él posteriormente reprodujo en el libro Otra grieta en la pared, publicado en Argentina en 2003. Ya en Suiza, al leer el capítulo que me dedicó, "Tania, la periodista", me di cuenta que el texto, basado en la transcripción literal de las grabaciones, tenía un montón de errores. Y por ello decidí corregirlos y, de paso, mejorar y enriquecer mi testimonio. T.Q.

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