Google
 

lunes, 25 de octubre de 2021

Una plegaria por Cuba



La compleja, dramática y enigmática realidad cubana necesita una carga especial de lucidez y coherencia a la hora de examinarse y de recibir el beneficio de una buena reflexión.

Muchos autores le entran cuchillo en mano al tema, pero muy pocos con la pericia necesaria para que los lectores puedan hacerse un juicio certero de lo que está pasando y de lo que pueda pasar en aquella isla, en los días presentes y en lo que debe de ser el porvenir, una etapa de la historia que no se sabe nunca cuándo empieza ni cuando termina.

Yo paso con frecuencia por las piezas que considero más agudas y suelo encontrar reseñas de valor y análisis profundos acerca de la actualidad y el futuro cubano. Hay hombres y mujeres justos y muy bien preparados que se meten con rigor en el asunto y nos dejan a los lectores un retrato bastante abarcador de la vida de Cuba de hoy y de mañana.

Considero que ahora mismo, una las notas más certeras están escritas por el sacerdote Rubén Orlando Leyva Pupo, quien trabaja en la localidad habanera de Santiago de Las Vegas. El hombre considera que las protestas del pasado 11 de julio en el país “fueron el golpe final a 62 años de miedo y silencio servil” y que es el mensaje claro de que los ciudadanos cubanos desprecian y no quieren comunismo.

‘Somos una población vulnerable, desnutrida y que padece hambre y en general no está vacunada. Los medios de comunicación estatales mienten con impunidad, defendiendo la línea del partido comunista por absurda que sea’, asegura el religioso cubano en un artículo publicado el 23 de agosto en el periódico Washington Examiner.

Leyva Pupo recuerda a los que están en el poder y que gobiernan con tanto descontento, que los hijos de Cuba no quieren comunismo, una importación desastrosa de los soviéticos a quienes ni siquiera les funcionó. ‘Queremos una Cuba en manos de cubanos y no en manos de ninguna dictadura. Una Cuba donde todos sus hijos puedan venir en compañerismo a la mesa sin que nadie llame a otro traidor, gusano o escoria’, afirma el sacerdote en su trabajo.

“Nosotros, los hijos e hijas de Cuba, no nacimos para tanta vileza”, dice el cura y añade “debemos confesar ante Dios cualquier odio y mezquindad de nuestra parte, si ha habido alguno, y luego retomar las riendas de nuestra historia y poner fin a esta larga pesadilla. Dios, Patria, Vida y Libertad para Cuba. Esta es mi humilde oración de hoy. Viva Cuba libre.”

Raúl Rivero
Blog de la Fundación Nacional Cubano-Americana.

Foto: Rubén Orlando Leyva Pupo el día de su ordenación como sacerdote en La Habana el 26 de septiembre de 2020. Tomada de la web de la Hermandad de Caballeros y Damas de la Santísima Trinidad.

Mensaje del padre Rubén Orlando Leyva Pupo en su muro de Facebook el 1 de agosto de 2021

CUBA ESTÁ MURIENDO, no podemos cerrar los ojos ante la crudeza de esta realidad. Hay gente muriendo en los hospitales y en los centros de aislamiento por falta de medicina. En Cuba no hay siquiera lo más elemental, como analgésicos, antibióticos o vitaminas. El pueblo desnutrido y sin vacunar va enfermando en una población muy vulnerable, por el hambre y la pésima nutrición. Los medios de comunicación mienten impunemente, guardando el discurso oficial permitido por el Dueño Absoluto de la nación: el gobierno, el único partido, el comunista, el estado, las fuerzas armadas (todo ello es la misma cosa).

No existe un apoyo concreto por parte de la comunidad internacional. Tristemente este trago amargo de fatalidad que se eterniza desde el triunfo del mentiroso y camaleónico dictador en el 59, es un trago que nos toca a todos los hijos de esta amada Isla, estemos dentro o fuera de ella. Me preguntan muchos si hay esperanza... Yo creo que sí, que siempre hay una esperanza. Una esperanza de que toda esta pesadilla pasará, que estos 62 años de silencio y miedo corderil ya han acabado con el pasado #11J .

Que Cuba tiene ahora la oportunidad de escribir una nueva historia, Cuba tiene ahora la oportunidad de ser valiente y dar un giro en esta ruta tan accidentada. Cuba tiene el chance de retomar el camino que nunca debió abandonar, de una República democrática y realmente libre en su participación política, social y económica. Las fuerzas armadas y policiales tienen el chance de unirse a aquél a quien deben servir y no reprimir, al Pueblo. El gobierno actual tiene la oportunidad de procurar un legado y futuro diferente para las generaciones nuevas, que contemplan con claridad y repugnancia la ineficacia de una ideología del odio y la no-libertad, enquistada en el poder. Los que ostentan el poder político, militar y económico en Cuba tienen ahora la oportunidad de acabar de enterrar este sistema obsoleto, absurdo y oscuro que es el Comunismo y que está dando las últimas pataletas. Por favor, no prolonguen más este fatídico letargo que está aniquilando las vidas, las familias, y lo poco que queda de valores y esperanza en Cuba.

Seamos todos juntos los protagonistas de una Nueva Cuba, con verdaderos derechos, con libertad de emprendimiento, con libertad económica, con sueños y sonrisas en los labios y los corazones. Acaben de reconocer, ustedes que gobiernan en medio del descontento popular, que el marxismo no es querido por los Hijos de la Patria, que el comunismo es una importación nefasta de los soviéticos, que ni a ellos les resultó. Aprendan a valorar todo el legado invaluable de los verdaderos héroes y próceres de Cuba. Hay tanta riqueza política que aprender de los forjadores de la Nación y de la República, y a la vez, tanta energía y capacidad en las nuevas generaciones que son los que deben estar al frente del País que deseamos.

Esta Cuba que anhelamos ya puso sus fundamentos en los corazones de todos los cubanos que han clamado angustiosa y calladamente por la LIBERTAD durante más de 60 años, y que ahora ya han decidido sacar del pecho este clamor amargo y dulce a la vez, de una vez y por todas.

A los que me preguntan si hay esperanza en Cuba... Sí, les respondo que sí, que nos corresponde a todos armarnos de esta #ESPERANZA para levantar nuevamente la Nación. Una Cuba "con todos y para el bien de todos", una Cuba donde no reine más la ideología, donde todos quepan, donde las calles sean de todos, donde el poder no oprima ni reprima, ni golpee. Una Cuba donde el límite de la libertad sea la caridad y el derecho ajeno, donde nadie tenga que esconderse o bajar la voz para expresar lo que piensa y cree correcto. Una Cuba donde haya verdadera participación política y donde se pueda emprender con libertad. Una Cuba, en fin, en manos de los cubanos y no más de ninguna dictadura. Una Cuba-Casa-Madre, donde todos sus hijos puedan volver a su seno y a la intimidad de su mesa, sin que ninguna carne ose llamar a su hermano "traidor" o "gusano" o "escoria". Los hijos de Cuba no hemos nacido para esa vileza.

Es el tiempo de reconocer personalmente ante Dios nuestra mezquindad, si la hubo, y retomar las riendas de nuestra historia, para poner cada cosa en su sitio y terminar ya con esta desgastante pesadilla.

Viva Cuba Libre! Dios, Patria, Vida, Libertad para Cuba, esta es mi humilde oración a nuestro Señor Jesucristo y a su santísima Madre. Amén. #patriayvida #Cuba #Libertad #Covid19 #SOSCuba

lunes, 18 de octubre de 2021

Mi primo Yuri cumplió 60 años



Desde el 15 de junio, Lázaro Yuri Valle Roca se encuentra detenido, primero en Villa Marista y después en el Combinado del Este. En agosto, supe de mi primo Yuri por una información publicada en Radio Televisión Martí y dos en Diario de Cuba, una el 31 de agosto y otra el 3 septiembre.

Como no pude llamarle ni enviarle un email a la cárcel para felicitarlo el 26 de agosto, día de su cumpleaños, escribí esta nota que envié a una treintena de amigos y decidí subir a mi blog. Con ella recuerdo también a su madre, Lydia Roca Antúnez, mi prima más cercana, fallecida en 2013, y a su abuela, mi tía Dulce María Antúnez Aragón, fallecida en 1995.

Mis abuelos Francisca Aragón y Luis Antúnez tuvieron ocho hijos (Avelino, Mario, Luis, María Luisa, Dulce María, Cándida Rosa, Teresa de Jesús y Alejandrina del Carmen, mi madre). Todos se criaron bajo el mismo techo, la finca Sebastopol, en Tuinucú, Sancti Spiritus. Siempre estuve muy cerca de mis tíos y primos maternos. Los Antúnez, mulatos blanconazos, de origen campesino, muy unidos y se caracterizaban por ser burlones, como muchos los espirituanos. También por su longevidad: tres murieron con más de 80 años y cinco con más de 90.

Yuri no solo heredó esa forma de ser jodedora, también una risa estruendosa a la cual Juan Juan Almeida, muy amigo de Yuri, se ha referido en más de una ocasión en su programa Juan Juan al Medio, donde ha alertado del peligro que corre Yuri porque es un preso del general Alejandro Castro Espín, el único hijo varón de Raúl Castro y Vilma Espín y que según Juan Juan, Alejandro odia a Yuri, a sus hermanos y a su familia y, sobre todo, no soporta esa risa estruendosa del nieto mayor de Blas Roca, a quien en 2017 Yuri recordó en su blog.

Por su amor hacia los suyos y su carácter alegre y campechano, Yuri siempre fue, y sigue siendo, muy querido por toda su familia.

Tania Quintero

Foto: Yuri, con apenas 2 años, "jugando ajedrez" con uno de los escoltas de su abuelo Blas.

lunes, 11 de octubre de 2021

Adalberto Álvarez y la foto que nunca tuve



Hoy lamento no conservar una foto con Adalberto Álvarez. Una imagen que atestigüe que lo conocí. No es producto de ningún exabrupto superficial o de los llamados de la vanidad. Simplemente he pensado en las tantas veces que lo tuve cerca, lo entrevisté y nunca le pedí tomarme una foto junto a él, como sí hicieron otros colegas. Nunca me detuve a pensar por qué no lo hice, por qué no dejé memoria de cualquiera de esos instantes. Hoy, cuando me levanto con la noticia de su muerte caigo en cuenta de que tal vez de tanto tenerlo cerca -él tan accesible para casi todos- pensaría que tendría el tiempo, todo el tiempo para hacerlo, y de paso declararle mi admiración.

Es cierto que desde adolescente mis intereses musicales estaban anclados a músicas foráneas, que durante mi etapa de “metalero” llegué incluso a tomar distancia de la música popular cubana, a asegurar que esos ritmos no corrían por mis venas. Todo eso mientras ponía esa distintiva pose de rockero furibundo. Pero, ya se sabe, los años ponen todo en su lugar y nos regresan siempre al sitio donde crecimos, donde están ancladas nuestras raíces y nuestros muertos y donde, sin saberlo, nos impregnamos de una identidad cultural que nos sobrevivirá cuando seamos una montaña de polvo.

Adalberto, ese sonero mayor, acaba de morir en La Habana a los 72 años. Con él también morimos un poco más los cubanos. Realmente pensé mucho antes de poner esa frase, pero si lo colocamos en perspectiva no encuentro otro significado a la partida de alguien que fue como otro miembro de esa familia de los afectos que tenemos nosotros, los cubanos de cualquier generación, los cubanos que vivimos por decisión propia o por extravío en la Isla, o los cubanos que se establecieron en cualquier parte de ese mundo, que vemos cómo nos fragmentamos por la pérdida de familiares o artistas que han construido nuestra vida y nuestro imaginario más vital.

¿Quién era Adalberto sino esa figura que estaba ahí siempre para los cubanos, que sabía muy bien cómo se movía el espíritu de este país aunque a veces entrara en ese trance de la creación y se alejara del mundo para después regresar y decir en canciones todo lo que debía ser dicho en ese lenguaje muy particular del son y la música popular?

Cada vez que conversamos me saludaba con esa camaradería campechana de cualquier cubano. Él no se creyó el significado de los aportes que entregó a la historia de la música cubana, o sea, a los cubanos. Su obra la construyó sin aspavientos, con esa tranquilidad muy característica que fue otro de los sellos de su carrera. Pero Adalberto en su primer círculo creativo y familiar era prácticamente un volcán.

Una vez le pregunté sobre la creación de ¿Y que tú quieres que te den?. Estábamos en una conferencia de prensa en la presentación de uno de sus discos. Él no tenía mucho tiempo para extenderse más allá del guión establecido. Debía marchar para otro de esos compromisos que le hacían cada vez los días más cortos. Me dio su número y y lo grabé en un móvil que perdí en una guagua tumultuosa. Le pregunté a la musicógrafa Rosa Marquetti cómo localizarlo y ella enseguida me devolvió su teléfono. Lo llamé para coordinar la entrevista diciéndole que quería conversar con él al menos dos horas para tratar de crear un perfil que cubriera su vida desde que dio su primer paso en la música. Me hizo un par de bromas y me dijo que le diera unos días que estaba en pleno proceso de grabación, que la haríamos luego.

Postergué durante meses la conversación y sobrevino la pandemia, los inauditos niveles de contagios y llegó, también, su muerte. Rosa, nuestra valiosa investigadora, publicó la noticia en la mañana. Pensé de pronto en todos esos momentos en los que conversé con él, en que publiqué tres o cuatro notas sobre temas muy puntuales de su obra y me reproché que nunca, por esa seguridad que tuve en que siempre estaría ahí, lo llamé para tratar de que me contara su vida, que también pertenece a todos los cubanos.

No recuerdo bien qué edad tenía cuando escuché por primera vez su himno. ¿Y que tú quieres que te den?. La canción fue, digamos, un terremoto en la música cubana, el cual tampoco estuvo exento de miradas sospechosas o polémicas. Muchos artistas populares han sostenido su obra sobre la fe religiosa. Han dedicado a los santos, a nuestros santos, varias de sus más conocidas canciones, que con el tiempo se han convertido en uno de los sellos y ganancias culturales de la cultura de la Isla. Adalberto abrió nuevos caminos para la religiosidad en la cultura nacional al imbricarla a mayor escala en la contemporaneidad de la música cubana. Grabó una canción que de forma muy explícita y rompedora habló sin tapujos de lo que somos y también de nuestras manquedades, estereotipos y poses ante la sociedad.

Unió a todos los cubanos con un tema que fue uno de los retratos de la sociedad de la Isla. ¿Y que tú quieres que te den? pasó de ser un himno de Adalberto a convertirse en un emblema de la música cubana y lo más importante, un emblema de pueblo. En el tema tiene tanto peso el motor de la música como esa notable sabiduría impregnada en el texto. Ahí está Cuba, o una buena parte de Cuba para no ser absolutos. Ese dibujo al lienzo de lo que somos lo creó Adalberto con esa sapiencia con que escribió su repertorio y le dio cuerpo a otros temas que surgieron de su convivencia con el pueblo, con los estratos más populares, con la gente que lo reconocía en la calle y le pedía fotos y un abrazo. Casi nunca se negó. Solo lo hizo cuando el reloj le dictaba pautas que no podía dejar de cumplir. Pero siempre le devolvió al pueblo el respeto y la admiración que le profesaban.

Lo demostró una vez más cuando condenó de forma contundente los hechos de violencia durante las protestas el pasado 11 de julio en varias provincias de Cuba . «Me duelen los golpes y las imágenes que veo de la violencia contra un pueblo que sale a la calle a expresar lo que siente pacíficamente. Más allá del pensamiento político está el derecho humano», dijo el sonero y muchos cubanos le agradecieron sobre todo el humanismo de sus palabras.

Es bien conocido su trabajo con orquestas fundamentales en la historia de la música cubana: Son 14 y Adalberto Álvarez y su Son. Los aportes que entregó con ambas fueron considerables. Contribuyeron de forma decisiva a la renovación de la música popular cubana y de la escena bailable. En el escenario Adalberto estaba pendiente, sin que muchos lo notaran, de dos tremendas orquestas populares. La que dirigía y esa otra que formaban los bailadores al ritmo de la música que calentaba la noche. Detrás del escenario, en cualquier esquina, se podía notar su observancia del público. Tenía un increíble don para dirigirse directamente a los cuerpos para que se movieran al compás del ritmo que había heredado y revolucionado. Y cuando veía que a los pies del escenario su música no llegaba a fondo era capaz de enderezar la orquesta (la que dirigía) y poner el pie en el acelerador para que el público volviera literalmente a entrar en cintura.

No es fácil ser un líder en la música popular cubana. Como en todas las músicas llenas de grandes nombres hay personalidades muy diversas entre sí. Pero Adalberto era también de alguna forma un ámbito de convergencia, una figura que sabía encontrar los rasgos en común entre todos para lograr su objetivo, que no era otro que llevar la música popular cubana lo más lejos posible, sin discriminar todo lo que pudiera aportar y sin dejar de estar cerca de ese pueblo que como dijo recientemente: “Se le debe respeto porque fue el que lo hizo grande”.

“El Tosco” es uno de esos músicos que hoy sienten que se les fue un amigo, que consideran que este golpe para la música cubana es imperecedero. Me lo dice temprano en la mañana cuando me devuelve una llamada telefónica. “Nosotros venimos de la era de Cubanacán (Escuelas de Arte), estudiamos juntos. Él llevó la música cubana a los alumnos que estudiamos la música clásica, algo que estaba prohibido, aunque algunos digan que no. Nos mostró la enorme valía del son entre otras de nuestras músicas. Recientemente fundó La alianza, donde nos reunimos varias de las grandes orquestas cubanas, para seguir defendiendo nuestras raíces”.

“El Tosco” me recuerda que Adalberto es el sonero cubano más versionado internacionalmente. Me lo dice cuando repasa los grandes méritos de su colega en una mañana que se le ha hecho aciaga. Le pregunto sobre la relevancia de ¿Y que tú quieres que te den?. El líder de NG la Banda me responde rotundamente: “Es un clásico de nuestra época y de la historia de la música cubana. Lo fue, lo es y lo será para la eternidad”.

“El Tosco” reflexiona sobre su propio trabajo para luego ofrecer una mirada de Adalberto como director de orquesta y amigo. “No es fácil el trabajo de director de orquesta. Pero él siempre salió con la frente en alto. Fue hombre, amigo, padre. Tenía todos los atributos admirables que puede tener un hombre y un músico. Su ética y su forma de ser, entre otras cosas. Teníamos pendiente grabar varios temas para La alianza, pero ahora lo haremos en su memoria con mucha más fuerza y dedicación.

No creo que Adalberto desde ese olimpo que comparte con otros grandes de nuestra música esté conforme con que se diga que hoy Cuba llora. El dolor, se sabe, está y estará por siempre en su familia, y en esa otra familia que tuvo entre los cubanos, que al menos podemos unirnos en la memoria en esos cantos y en esas ruedas de casino que movieron las noches de las escuelas al campo y los preuniversitarios durante la llamada “recreación”. Cuba, en este momento sobre todo le agradece por haber hecho de su destino la creación, la defensa del son de la llamada salsa y otros géneros que estuvieron en su repertorio y en esos conciertos históricos a lo largo del país.

Nunca he sabido dar ni un paso al ritmo de cualquier género popular. Soy lo que se dice un “patón”. No podía ocultar mi envidia cuando mis compañeros de aula ligaban frente a mí con muchachas con las que yo soñaba en silencio. Lo hacían al ritmo de la música popular cubana, de Adalberto y otros grandes artistas de la Isla. Hoy ellos están casados con algunas de esas muchachas que conocieron bailando los temas del “Caballero del Son”, mientras yo, por el ineficaz ritmo de mis pies, tuve que escudarme en que era “friky” para ocultar mi eterna ineficiencia en las pistas. Nadie sabe cuánto habría agradecido poder bailar esas canciones que recorren nuestra sangre, aunque no lo sepamos, para que mis noches en aquellas escuelas al campo no terminaran hablando de cualquier cosa o con la walkman en los oídos, mientras de soslayo veía los besos furtivos logrados gracias a Adalberto.

Cuando escucho ¿Y que tú quieres que te den?, me remito directamente a Rojitas. Su voz marcó tendencia en la orquesta y definió también durante una época su sello. El cantante, otra de esas figuras imborrables en la muisca cubana, se mantuvo atento desde el primer momento a la evolución de la enfermad de Adalberto y su fallecimiento lo ha golpeado hondo. Me lo dice hoy mientras repasa su trayectoria junto a su colega y maestro.

“Mi entrada a la orquesta de Adalberto Álvarez y su Son marcó el inicio de la popularidad, el ser conocido nacional e internacionalmente. Aunque ya yo venía haciendo carrera en la trova con Evocación, en el pop rock con Oasis, nada se comparó al momento en que salieron los temas La novia de un amigo mío, ¿Y que tú quieres que te den?, Dale como es, ¿Qué te pasa mami?, Vivir lo nuestro, entre otros que se convirtieron en hits, éxitos totales que marcaron una época y una generación. ¡Qué honor para mí haber sido la voz de tales éxitos!”

Rojitas recuerda que Adalberto le colocó delante uno de los más grandes retos de su carrera al presentarle ¿Y que tú quieres que te den?. Su voz hoy está completamente ligada a ese himno, “controversial a impresionante”. “Cuando me dio el tema, sabíamos que teníamos en las manos algo diferente, incluía un rap, algo novedoso. Además de tener un tema controversial para la época. Recuerdo llegar a mi casa y meterme en mi cuarto a estudiarlo con detenimiento, construir las improvisaciones que han quedado para siempre como parte de la canción y luego grabarlo en unas horas en el estudio de la Egrem de la calle habanera de San Miguel y a la semana ya estaba en todas las listas de éxitos de la radio cubana. Impresionante”

Con los años tras salir de la orquesta, Rojitas mantuvo vínculos con Adalberto a quien no ha dejado de considerar el “maestro”. “Mis relaciones con el maestro siempre fueron buenas. Él fue a ver mi orquesta el día de su debut en el Palacio de la Salsa, luego yo lo entrevisté en dos ocasiones cuando fui conductor de los programas Tiempos y Montado en el aire. Compartimos varias veces en eventos. Estuve invitado por él en el homenaje que se le hiciera en 2019. Y actualmente estábamos en comunicación para el nuevo disco en producción del maestro (La segunda vuelta) en donde canté un tema como invitado y teníamos previsto otros".

Adalberto no tuvo tiempo para ver estrenado La segunda vuelta, que reúne a otros grandes exponentes de la música cubana y latina. Era otro de sus proyectos más esperados y me dijo que tenía depositadas grandes expectativas en el álbum, en el que compartía además con su amigo Gilberto Santa Rosa. No recuerdo la última vez que vi al maestro. Fue en algún momento antes de esta pandemia a la que resistió con todas sus reservas hasta que perdió la lucha cuando ya todos pensábamos que saldría airoso como lo hizo en otros tantos lances de la vida.

No dejo de lamentar esa foto que no tengo junto a Adalberto, tampoco conservo una junto a Juan Formell. No hay otra razón que lo explique. Muchos cubanos hemos pensado que esos músicos estarían ahí para siempre porque crecimos con ellos, porque son parte de nuestra identidad desperdigada, porque creíamos que estarían ahí para toda la vida, que eran eternos, y bien visto lo son, porque ellos y su música nos sobrevivirán para siempre.

Michel Hernández
On Cuba News, 1 de septiembre de 2021.
Foto de Adalberto Álvarez hecha por Kaloian. Tomada de On Cuba News.

lunes, 4 de octubre de 2021

Sergio Pérez, el psiquiatra cubano que duramente criticó al castrismo


La mañana del domingo 29 de agosto, fallecía a causa del Covid-19, el psiquiatra y fundador de la Red Mundial de Suicidiólogos, Sergio Pérez, informaba el doctor Alexander Jesús Figueredo Izaguirre, quien fuera expulsado como médico por ser "contrarrevolucionario".

"Las ciencias médicas en Cuba y en el mundo acaban de perder uno de los más grandes médicos psiquiatras que hayan podido existir", señala Figueredo y pedía que la noticia fuera dada a conocer. "Es lo único que pido por otro médico enterrado en lo oscuro por su ideología".

La muerte del galeno se suma a las estadísticas oficiales del Ministerio de Salud, que desde que inició la pandemia y hasta la fecha registraba 5.144 fallecimientos y 640.438 casos positivos por el coronavirus SARS-CoV-2.

El doctor Pérez empleó sus redes sociales como un canal para manifestar su postura crítica sobre el Gobierno cubano. "Los peores enemigos de cualquier gobierno son sus funcionarios corruptos, ineptos, indolentes y demagogos", expresó en un post el 17 de agosto pasado. Siempre contundente en sus aportes, como cuando refutó las palabras de Miguel Díaz-Canel de 'ponerle corazón a Cuba': "A Cuba hay que ponerle libertad, igualdad y fraternidad. A Cuba hay que ponerle alimentos, medicinas, viviendas dignas, agua potable, buenas carreteras, transporte, refrigeradores y ventiladores a precios módicos, pues son necesarios, no son lujos en un país caluroso. A Cuba hay que ponerle esperanzas y bienestar".

En mayo pasado, Sergio Pérez renunció a la Sociedad Cubana de Psiquiatría en solidaridad con el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara, quien durante 29 días fuera retenido en el hospital Calixto García sin poder comunicarse con sus amigos y solo se le vio a través de videos manipulados, que difundió la Seguridad del Estado. Pérez pidió a las autoridades esclarecer lo que sucedía con el artista.

Hasta poco antes de ser ingresado en terapia intensiva en el hospital Carlos Manuel de Céspedes de Bayamo, Granma, provincia a al este de La Habana, lamentó que "en Cuba lo que más hay, es No hay", en alusión al desabastecimiento y la crónica falta de recursos.

En 2016, el psiquiatra, nacido en Bayamo en 1953, lanzó un contundente mensaje al régimen al señalar: "Mal anda un país cuando una prostituta tiene más libertad que un médico". Entonces estimó que su situación no cambiaría y seguiría "aislado profesionalmente, controlado y fiscalizado por el Ministerio de Salud", tras negársele salir del país en varias ocasiones para participar en eventos internacionales de su especialidad.

14ymedio, 29 de agosto de 2021.

Nota.- El video que encabeza este post, el doctor Sergio Pérez lo subió al canal que tenía en You Tube el 24 de junio de 2021. Ver también sus comentarios titulados Sabemos que hay problemas y La crítica. Su último video tiene fecha del 16 de agosto, trece días antes de morir. Habló solo un minuto para decir que Facebook lo había sancionado 24 horas porque a un cubano le dijo que "era un asco de cubano" y que según Facebook eso genera odio.

lunes, 27 de septiembre de 2021

Lydia Cabrera, cubana blanca que dedicó su vida a los negros



Lydia Cabrera Marcaida nació en La Habana el 20 de mayo de 1899. Hija del historiador cubano Raimundo Cabrera, debido a su naturaleza enfermiza, durante su niñez no asistió casi nunca a la escuela, por lo cual estudió principalmente con tutores en su propia casa. La joven hizo sola el bachillerato y luego tomó cursos de posgrado.

En 1913 comienza a escribir la crónica social de la revista Cuba y América bajo el seudónimo de Nena. Viaja a Europa en 1925 y en 1927 fija su residencia en París, ciudad en la que matricula pintura, su gran pasión adolescente, en L'École du Louvre, graduándose tres años más tarde. Allí publica, traducidos al francés por Francis de Miomandre, sus Contes nègres de Cuba (1936), basados en relatos oídos de viva voz durante su infancia y en investigaciones durante una estancia de dos meses en Cuba. Estos cuentos habían aparecido indistintamente en revistas europeas como Cahiers du Sud, Revue de Paris y Les Nouvelles Littéraires. En París establece una profunda amistad con la escritora venezolana Teresa de la Parra, a quien acompaña hasta su muerte.

Lydia regresa a Cuba en 1938 y continua en una labor que, al alejarse cada vez más de la ficción literaria, deriva hacia el estudio de la cultura afrocubana en sus aspectos lingüísticos y antropológicos. Fue iniciada en el folklore afrocubano por Fernando Ortiz y se convierte en una de las continuadoras más celosas de la labor del gran etnólogo cubano. En 1942 publica una traducción suya de Cahier d'un retour au pays natal, de Aimé Césaire (Regreso al país natal), ilustrada con dibujos de Wifredo Lam.

La primera edición en español de Cuentos negros de Cuba se publica en 1940, en La Habana, y en 1948 apareció su segundo libro de ficción, Por qué.. cuentos negros de Cuba, traducido también al francés por Francis de Miomandre (1954). Trabajos suyos son publicados en Orígenes (1945-1954), Revista Bimestre Cubana (1947), Lyceum (1949), y después de 1959 en Lunes de Revolución y Bohemia.

Estos textos, junto a su tercer volumen de relatos, Ayapá: cuentos de Jicotea (1971), otorgan relieve literario y constituyen un documento sumamente valioso del concepto vital de las manifestaciones primitivas de una civilización: la afrocubana. Sus cuentos abarcan desde los relatos míticos hasta las anécdotas humorísticas y exploran temas como el universo africano y sus orígenes, los animales personificados y su mundo, el africano y su relación con los dioses, los animales y la naturaleza, así como la cosmovisión africana, su destino y sus por qué. Su fuente puede ser de inspiración africana, afrocubana o criolla, según los factores que modelan cada relato.

En El Monte (1954), Lydia Cabrera se dedica por completo a estudiar los orígenes de la Santería, nacida de la mezcla de las deidades del panteón Yoruba con los santos católicos. Este texto es considerado como un hito fundamental de los estudios de las religiones de origen africano en Cuba y el resto del Caribe. Incluso los propios practicantes lo han asumido como una especie de Biblia de la Santería. Anago: vocabulario lucumí (1957), es un estudio del lenguaje lucumí y su adaptación al español.

En 1955, publica su recopilación de Refranes de negros viejos y, en 1958, La sociedad secreta Abakuá, en que dialogan las dos principales raíces culturales: la española y la africana. En éste último libro, defiende el criterio de que "la cultura no es el grado máximo de instrucción y refinamiento que logra alcanzar un pueblo, sino el conjunto de sus tradiciones sociales".

Resulta significativo que en sus primeros libros etnológicos, publicados entre 1954 y 1958, comenzando con El Monte, la autora recoge los más importantes fundamentos antropológicos, religiosos y culturales del legado afrocubano. Para ello tiene que ganarse la confianza de sus informantes, los cuales guardan celosamente el secreto de sus rituales, mitos y costumbres. Por otra parte tuvo que desarrollar una profunda investigación de campo que la llevó a moverse por numerosos pueblos y ciudades, sobre todo por La Habana, Trinidad, Las Villas y Matanzas. Para ella, lo importante consistía en desentrañar "la huella profunda y viva que dejaron en esta isla, los conceptos mágicos y religiosos, las creencias y prácticas de los negros importados de África durante varios siglos de trata ininterrumpida".

En 1960, Lydia Cabrera se traslada a vivir en los Estados Unidos. Allí, después de varios años sin escribir, retomó sus labores investigativas y publicó Otán Iyebiyé, las piedras preciosas (1970), al que siguió el ya mencionado Ayapá en 1971. Después de algunos años en España, nuevamente regresa a Estados Unidos, donde preparó varias antologías de su obra y asesoró a investigadores y académicos. Falleció en Miami el 19 de septiembre de 1991, a los 92 años.

Biografía tomada de EnCaribe, enciclopedia de historia y cultura del Caribe.

Foto: Lydia Cabrera con la iyalocha Odedei, en la barriada habanera de Pogolotti, Marianao, probablemente a fines de los años 30 o principios de los 40. Tomada de La afrocubanía de Lydia Cabrera.

Ver: Video de la conferencia sobre Lydia Cabrera impartida en 2013 en la Casa Bacardí de Miami por Mariela A. Gutiérrez, principal especialista de la obra de Lydia Cabrera y profesora titular del Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Waterloo, Ontario, Canadá. Dura 50 minutos.

lunes, 20 de septiembre de 2021

Lydia Cabrera o la felicidad (II y final)



Lydia Cabrera es el escritor feliz; la que no escribe: oye y apunta. Desconoce la angustia de la página en blanco. Nada que ver, por ejemplo, con los artificios verbales de un Sarduy, esos magníficos triunfos de la voluntad donde la Forma va arrebatando, milímetro a milímetro, espacio al informe vacío. En ella todo se mueve, por el contrario, en sentido inverso: los negros son "los verdaderos autores".

Muy significativo, a propósito, es el episodio de la nganga Camposanto Medianoche, que aparece en el prólogo de El monte. Resulta que un brujo que, años atrás, se había negado a la petición de la etnógrafa de fotografiar la prenda ("hasta la fecha, santeros y paleros son inflexibles"), un día se apareció en su casa con el caldero en un saco, alegando que "el espíritu que en éste moraba le había manifestado que quería retratarse y que estaba bien que la 'moana mundele' guardase su retrato". Una buena metáfora para la obra toda de Lydia Cabrera, la delicadeza con que se acerca al mundo negro a partir de ese arte de la escucha que de tanta paciencia requiere.

En 1957, Lydia acompaña a Pierre Verger en un viaje a través de Cuba. Para el libro que recoge las fotos realizadas por el etnógrafo francés, publicado en París en 1958, ella escribe una breve introducción, disponible en español, inglés y francés. Allí la geografía física del país ocupa casi todo el espacio, y la reseña histórica culmina, significativamente, con la etapa colonial: "Tras una intervención de dos años, el 20 de mayo de 1902, se inauguró, regida por una constitución propia, la actual república de Cuba".

Cuando uno hojea ese volumen editado casi en las vísperas de la revolución de 1959, viene enseguida a la mente el contraste con The Crime of Cuba, el reportaje de Carleton Beals ilustrado por las fotos Walker Evans, que denunciaba la penetración norteamericana en la economía y la política de la isla. Si las instantáneas de Evans, tomadas unos meses antes de la revolución del 33, parecen captar algo de la convulsión histórica que estaba en el aire, en las de Verger predomina la belleza calma del paisaje y de la arquitectura; no aparece la "cuestión social" ni la inquietud política; nada se adivina de la tormenta.

Menos aun en la introducción de Lydia Cabrera, donde Cuba se presenta como naturaleza arcádica, donde no hay "ni fieras, ni una sola alimaña de las que creó el diablo, que le impida [al hombre cubano] tenderse a dormir confiado en pleno campo solitario, al amor de las estrellas", pero sí tierras que "además de la mejor caña de azúcar, producen las frutas más dulces y perfumadas del mundo. Bastará con nombrar el mamey de pulpa rosada como el fuego, el anón, la guanábana, los plátanos, nísperos, aguacates y cocos, 'que dan de beber y comer en una misma pieza', la piña, según Oviedo coronada por la naturaleza para reinar sobre todas las demás frutas".

Poco después, esa estampa de paradisíaca felicidad sería destrozada por los demonios de la historia. "La Revolución, la Revolución realiza su trabajo de prisa; la Revolución trabaja rápido y avanza rápido", decía Fidel Castro el 31 de diciembre de 1960, y esa prisa hecha programa era, desde luego, lo opuesto al "tenderse a dormir", la tradicional "indolencia cubana" inseparable de cierto imaginario colonial: Viaje a La Habana (1844), de la Condesa de Merlin; "En la hamaca"(1870), de Diego Vicente Tejera; La siesta (1888), de Guillermo Collazo. Lo opuesto, asimismo, al "remanso colonial" de la quinta San José, que al decir de María Zambrano mostraba "en una perfecta continuidad la vida cubana en su más puro estilo, sin desmentirse a través de sus dos centurias".

Ahora la continuidad tendría su desmentido; a la memoria, se oponía el futuro, el tiempo futuro que con voracidad inaudita había que recobrar. Un cataclismo, bien lo sabían los griegos, es justo eso: inundación de futuro que amenaza el hilo de la memoria. Carleton Beals estará, por cierto, entre los que saludan a la revolución (Cuba: transformación del hombre, Casa de las Américas, 1960, incluye un breve testimonio suyo); Lydia Cabrera entre los que experimentan la revolución como una calamidad. Calamidad: lo que nos cae encima.

La "tristeza del destierro" planea como una sombra en sus escritos del exilio, pero el insomnio y la melancolía no acabaron con la felicidad de su escritura. La memoria no es inconsolable sino consuelo y bálsamo en los espléndidos Itinerarios del insomnio, librito donde la arcadia colonial toma forma en la evocación de un entrañable reducto de tradición, a salvo de los cataclismos de la historia y del ruido de los automóviles. De Trinidad de Cuba, dice:

"Adonde siempre me encaminaba el insomnio es a ella, a su tranquilidad inmutable, a su puro silencio lleno de antiguos rumores; y me encuentro en la calle del Lirio, del Rosario, de Jesús María, Real del Jigüe, del Cristo o San Procopio, viendo pasar los burros cargados de maloja o de botijas de leche, las sombras de los vianderos, y a las 'dulceritas' de antaño, a Caridad y a Má Merced que llevan en cajas de límpidos cristales cubiertos con una servilleta impecable de largos flecos en los bordes, almíbar en tazas de bola, merengue, jaleas, dulce de coco, de leche, de naranja y de guayaba en cajitas de papel".

Duanel Díaz Infante
Diario de Cuba, 14 de febrero de 2012.
Foto: Orlando Jiménez Leal.
Leer también: Honoring Lydia Cabrera's Story.

lunes, 13 de septiembre de 2021

Lydia Cabrera o la felicidad (I)




Nota.- El 19 de septiembre de 2021 se cumplen treinta años del fallecimiento de Lydia Cabrera (Lydia Cabrera - Wikipedia, la enciclopedia libre), una de las más importantes etnólogas cubanas de todos los tiempos. Por ese motivo, reproducimos tres posts que sobre ella hemos publicado en este blog. TQ.

Se ha señalado que en Cuba no hay tradición de escritores de derecha o conservadores, solo alguna que otra excepción como el injustamente olvidado Alberto Lamar Schweyer. Pienso, por mi parte, que en cierto sentido el escritor cubano más propiamente contrarrevolucionario es Lydia Cabrera. Aunque más conocida que Lamar Schweyer, la autora de El Monte está, por cierto, mucho más al margen de cualquier grupo o tradición intelectual cubana que él. Éste procede del "minorismo", al que queda vinculado, aunque sea polémicamente; Lydia Cabrera, en cambio, es ajena a esos debates generacionales, nada tiene que ver las actitudes renovadoras de aquellos años veinte donde surge, al calor de protestas y manifiestos, una cultura cubana de izquierdas. Nada, o poco, con el vanguardismo de la revista de avance, pero tampoco con el catolicismo de Orígenes.

El Monte no parece tener modelos ni antecedentes, tampoco descendencia. Más que a los letrados latinoamericanos posteriores a la independencia, desvelados en la constitución del orden republicano, recuerda a cierto tipo de escritura colonial, la de los cronistas, esa escritura híbrida, con sus glosarios de especies americanas y sus relatos intercalados, sus ilustraciones sorprendentes y sus graciosas estampas, anterior al surgimiento de la autoridad propiamente literaria a fines del siglo XIX, que no por gusto es contemporánea de la cristalización de la ciencia etnológica en los primeros trabajos de Ortiz. Acaso la última gran obra del costumbrismo cubano, El monte se publica en los cincuenta, pero da la impresión de que pudo haberse escrito décadas antes.

Si el pasatismo de los origenistas, con su idealización del siglo XIX y su culto a los padres fundadores, es sentimental, se diría que Lydia es ingenua: escribe como fuera del tiempo, como si la historia misma no existiera. Los Cuentos negros remiten al mundo intemporal de la fábula y la leyenda, a la eternidad y universalidad de la naturaleza humana: la envidia, la astucia, la avaricia, la enfermedad y la muerte… Son pocas las referencias históricas en esos relatos; cuando las hay, son a la colonia. No la colonia de los horrores de la plantación, sino una más amable, patriarcal; a la obra de Lydia Cabrera parece subyacer algo de "arcadia colonial", esa idealización de la colonia que compartía con su amiga venezolana Teresa de la Parra, y que puede encontrarse en la siguiente cita:

"En las clases altas, a los esclavos domésticos se les quería como a miembros de la familia. Esto en las de más alta alcurnia. Creo que es harto sabido el lugar que la vieja 'criandera' ocupaba en el hogar, su autoridad sobre los niños de la casa, sin exceptuar al Niño y a la Niña que eran sus amos. Paternalismo, diríamos despectivamente hoy, pero aquel mutuo afecto que los unía hacía honor al siervo y ahora daría envidia a los nuevos esclavos de un moderno implacable régimen esclavista." ("La influencia africana en el pueblo de Cuba").

Desde esa perspectiva conservadora, la independencia misma era un cataclismo; la revolución, entonces, venía a ser una segunda hecatombe, una que venía a destruir lo que quedaba del pasado colonial.

Aunque, según se dice, fue su cuñado Fernando Ortiz quien la llevó por primera vez a las ceremonias ñáñigas, el mundo de Lydia Cabrera es esencialmente distinto al de Ortiz; más cercano, acaso, al del brasileño Gilberto Freyre. En Casa grande y Senzala, su reconstrucción nostálgica de la cultura precapitalista del Nordeste brasilero en los tiempos de esplendor del azúcar, Freyre evoca la riqueza del mundo oral de los esclavos domésticos que transmitían cultura a las niñas blancas analfabetas y, particularmente, la figura del ama de leche que mastica la comida antes de dársela al amito de la casa, como mastica el idioma, y lo suaviza todo. En la obra de Lydia es crucial esa figura de la negra criandera, como advirtiera agudamente María Zambrano en su reseña de los Cuentos negros:

"La raza de piel oscura es la nodriza verdadera de la blanca, de todos los blancos en sentido legendario. Lo ha sido de hecho desde la esclavitud y verdadera libertad del liberto de esta Isla de Cuba donde las gentes de más clara estirpe fueron criados por la vieja aya de piel reluciente, cuyos dichos, relatos y canciones mecieron, despertando y adurmiendo a un tiempo, su infancia. Y así la venturosa 'edad de oro' de la vida de cada uno se confunde en la misma lejanía con 'el tiempo aquel' de la fábula, ¡felices los que tuvieron pedagogía fabulosa! Quizá ese vínculo de amor por la vieja aya, por el mundo que rodeó a su infancia de leyendas sea el secreto que a Lydia le ha permitido adentrarse en el mundo de la metamorfosis que a la par es el de la poesía y el de la primera infancia. Memoria, fiel enamorada que ha proseguido su viaje a través de las zonas diversas en que cosas y seres danzan."

Me parece que es justo esta centralidad de la memoria lo que mantiene a Lydia Cabrera fuera de la antinomia de civilización y barbarie, tan medular en la constitución de los estados nacionales en América Latina. En la tradición cubana, ese discurso ilustrado pasa desde Saco ("¿Quién no tiembla al pensar en el enjambre de africanos que nos surca?") a los letrados autonomistas y, ya en la República, a los de Cuba Contemporánea, pero sobre todo se realiza en Ortiz del Hampa afrocubana. Aunque más joven que él, se diría que espiritualmente Lydia es anterior; anterior a la dicotomía entre lombrosianismo y negrismo, la criminalización positivista del negro y su idealización vanguardista, el primer Ortiz y el segundo.

Es sabido que el giro en el pensamiento de Ortiz se enmarca en la crisis general de la Cuba de la década del veinte, cuando se redefine la identidad nacional a partir de una cierta aceptación de la marginada población negra por la élite blanca. En esta coyuntura, Ortiz saluda a comienzos de los treinta la poesía "mulata" (Nicolás Guillén, Eusebia Cosme) como un anuncio de la liberación del "tesoro escondido por la presión infame de la esclavitud": la total asimilación nacional de este rico legado, cuyas más notables expresiones son la música y el baile de los negros, implicaría la superación definitiva de una enajenación que para él sólo puede ser vencida por la atracción erótica amestizadora. El motivo de las nalgas de la negra (que él llama "la metáfora nalgar"), recurrente en la poesía negrista, es leído por Ortiz como la metonimia de un goce que preside el abandono, simbólico y efectivo, de la opresión esclavista.

En el proyecto de nacionalización de lo negro hay, así, una clara consciencia de ese "pecado original" de la nación que fue la esclavitud, y el propósito de exorcizarlo en el espacio integrador, incluso redentor, del afrocubanismo. En mi opinión, poco hay en Lydia Cabrera de esa conciencia histórica de los letrados nacionalistas. En su imagen de Cuba como "un país en que la raza blanca dominante convivió armoniosamente con la negra" ("Las religiones africanas en Cuba") se esfuma la violencia del entrepuente y el barracón, por no hablar de la masacre de 1912, mucho más problemática para los intelectuales republicanos en tanto se produjo ya fuera del orden colonial, es decir, la violencia no recayó sobre súbditos sino sobre ciudadanos.

En El monte, Lydia Cabrera reconoce que la influencia africana sobre la población blanca es "hoy más evidente que en los días de la colonia", pero no emite juicio. "Ha sido mi propósito ofrecer a los especialistas, con toda modestia y la mayor fidelidad, un material que no ha pasado por el filtro peligroso de la interpretación, y de enfrentarlos con los documentos vivos que he tenido la suerte de encontrar."

Aunque su concepción del negro como niño, habitante de ese mundo mágico del que el hombre blanco se habría alejado, está en consonancia con el interés por las culturas africanas con el que tuvo contacto durante su larga estancia en París, Lydia Cabrera no es primitivista. Al menos no en el sentido más vanguardista, ese que informa las aventuras radicales de ciertos surrealistas fascinados por el vudú o los cultos mexicanos. Si ese primitivismo, muy influido por las ideas sobre la "decadencia de Occidente" tan en boga en el período de entreguerras, tiende a celebrar lo irracional de la cultura africana como una fuente de vitalidad, a Lydia lo que le fascina del mundo negro es más bien su poesía. Nada que ver con un Artaud persiguiendo en los ancestrales ritos tarahumaras una salida de la cárcel de la subjetividad burguesa. Si semejante primitivismo está ligado a la noción moderna de literatura como "experiencia de los límites", Lydia parece a salvo de ese tipo de conciencia infeliz.

Duanel Díaz Infante
Diario de Cuba, 14 de febrero de 2012.
Foto: Mitra Encyclopedia

lunes, 6 de septiembre de 2021

Sobre los viejos comunistas y sobre mí



"A mí me gustaría saber más de las negociaciones de Blas Roca con Fulgencio Batista cuando los comunistas del PSP (Partido Socialista Popular) se incorporaron al gobierno de Batista en la década de 1940 y su papel en la redacción de la Constitución de 1940. También de las broncas de Blas, que imagino fueron muchísimas, con Fidel, así como un juicio histórico objetivo de por qué los viejos comunistas y los sindicatos liderados por Lázaro Peña se los entregaron a los barbudos de la Sierra Maestra", me preguntó un amigo residente en República Dominicana después de leer Blas Roca y Dulce Antúnez, dos cubanos de a pie, publicado en este blog el lunes 2 de agosto de 2021.

A modo de una primera respuesta, copio el párrafo final de Harry Potter y la revolución escatimada, un testimonio sobre los 19 meses que trabajé como mecanógrafa en el PSP que publiqué en mi blog en junio de 2009 y en agosto de 2021 reproduje en cuatro partes con el título Recuerdos hilvanados:

"La historia de las relaciones entre los viejos comunistas y los hermanos Castro esta aún por escribir. En el libro Fidel, el desleal, el francés Serge Raffy especula al respecto, pero deben ser investigadas y comprobadas algunas de sus afirmaciones, particularmente las referidas a supuestos contactos entre Fidel Castro y Fabio Grobart desde los años 40. No lo dudo, solo digo que están por comprobar. Sesenta y dos años después de la llegada al poder de los barbudos, me sigo cuestionando por qué los dirigentes y militantes del Partido Socialista Popular, quienes habían fundado y consolidado un partido comunista dentro del capitalismo, dentro de gobiernos más o menos democráticos y que ellos mismos, con más o menos imperfecciones, en sus organizaciones y publicaciones hacían valer la libertad de expresión y las discrepancias tenían cabida, no vieron, no intuyeron, la personalidad egocentrista de Fidel Castro ni el peligro que su poder absoluto representaba para el país. ¿Es que no lo vieron o no lo quisieron ver?".

En una segunda respuesta, debo aclarar que nací y crecí no solo en el entorno de Blas, su mujer, mi tía Dulce, y sus cuatro hijos, mis primos Lydia, Francisco, Vladimiro y Joaquín, si no también muy cerca de otras familias comunistas y sus hijos, como los de Joaquín Ordoqui y Aníbal Escalante, con quienes en mi niñez participé en actividades infantiles organizadas por el movimiento femenino, sobre todo por la paz, algo común en Cuba después de la Segunda Guerra Mundial. También los hijos de los viejos comunistas estábamos muy identificados con la Guerra Civil Española, como escribí en El blog de Tania Quintero: De la vida de Juan José Portillo (I)

A diferencia de mis primos y de los hijos de los dirigentes del PSP, soy la única que en 1959 trabajó directamente con ellos y pude conocerlos más allá de las relaciones personales y familiares, porque no es lo mismo visitar sus casas, participar en cumpleaños y conocerlos dentro de sus hogares, que trabajar seriamente con ellos, mecanografiándoles sus escritos, incluidas las actas de las reuniones del comité nacional del PSP, que las tomaba a mano Flavio Bravo y yo las pasaba en limpio. Entonces tenía 17 años, los asuntos políticos no me eran ajenos, pero como las actas de las reuniones y los mensajes que en su oficina me dictaba Aníbal Escalante para 'Alejandro' (Fidel Castro) eran estrictamente secretos, cuando los terminaba de teclear ya los había olvidado. A nadie, ni siquiera a mi padre, jamás comenté lo que allí escribía, leía o escuchaba.

Si en 2005 decidí contar esos 19 meses de mi vida (publicados en mi blog en junio de 2009 y reproducidos en agosto de 2021), fue por insistencia de mi amigo Canek Sánchez Guevara, que en paz descanse. Ese testimonio, son vivencias, anécdotas, con cierto valor histórico-periodístico, pero insuficientes para hacer un análisis profundo sobre el comportamiento político de los viejos comunistas del PSP antes y después de 1959.

A fines de 2002, uno de los planes que tenía era sentarme a conversar con Edith García Buchaca, que vivía cerca de la casa de mi prima Lydia en Nuevo Vedado. También, revisar cartas, papeles, documentos, fotos, de Blas Roca y mi tía Dulce Antúnez, conservados por Lydia en su cuarto. Pero la llegada de la oleada represiva en marzo de 2003 cambió no solo mis planes, también mi vida. Desde la distancia poco puedo hacer.

Tania Quintero

Foto: Uno de los muchos bonos que para recaudar dinero el PSP vendía a la población, cada persona daba lo que podía (10, 20 o 50 centavos). Este bono debe haber sido de la década de 1940, cuando María Argüelles se postuló para Representante y Manuel Luzardo para Gobernador. A los dos los conocí en mi infancia. Tomado de Cuba Collectibles.com.

lunes, 30 de agosto de 2021

Recuerdos hilvanados (IV y final)


Tensos fueron también los días por desbancar a David Salvador y su grupo de la dirigencia de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), cuya sede central quedaba muy cerca del periódico Hoy. En el centro de aquellas pugnas estaba Lázaro Peña, finalmente elegido secretario general de la CTC.

Lázaro tenía una voz ronca, no acorde con su carácter alegre y su sonrisa Colgate. Como casi todos los comunistas de la época, se vestía con guayaberas, de mangas largas o cortas, y cuando la ocasión lo requería, de traje, con cuello y corbata o sólo con el saco.

Desde la década de 1940, la clase obrera había tenido en Lázaro a su mayor representante. No fue el único: estaban también Aracelio Iglesias, portavoz de los portuarios, y Jesús Menéndez, líder de los azucareros. A los dos los conocí, a los dos los asesinaron en 1948.

El 22 de enero, cuando descendía de un tren en la estación de Manzanillo, a 800 kilómetros al este de La Habana, dispararon hasta acabar con la vida de Jesús Menéndez, al frente de la poderosa FNTA (Federación Nacional de Trabajadores Azucareros) y tratar así de detener importantes reivindicaciones conseguidas por Menéndez, como el llamado diferencial azucarero: al aumentar los precios de los productos estadounidenses importados por Cuba, los americanos se vieron obligados a elevar sustancialmente el importe del crudo cubano. En 1947 el diferencial alcanzó 37 millones de pesos, de los cuales 29 millones correspondieron a los trabajadores azucareros.

El 17 de octubre de 1948, Aracelio Iglesias fue acribillado a balazos mientras se encontraba en la sede del sindicato portuario, en la calle Oficios, Habana Vieja. Pistoleros pagados por compañías navieras foráneas a las cuales Aracelio se había enfrentado para conseguir mejores salarios y condiciones laborales, sobre todo después que fuera elegido secretario general de la Federación Obrera Marítima Nacional, decidieron eliminarlo del mismo modo gangsteril como ocho meses atrás habían eliminado a Jesús Menéndez.

La tercera esposa de Lázaro fue Zoila, más conocida por su nombre artístico: Tania Castellanos. Lázaro combinaba muy bien su faceta de dirigente político y obrero con la música y la vida cultural. En los primeros tiempos, los Peña vivieron en el edificio Areíto, en Infanta y Manglar. Más de una vez, cuando Adalberto, el chofer, me llevaba o traía de su casa, coincidí con Ignacio Villa, Bola de Nieve, vecino del inmueble.

A Bola lo recuerdo siempre impecable, gentil, con un paraguas negro. Otras veces lo vi caminando por Infanta y tengo la impresión de que siempre fue a pie al Monseñor, restaurante donde cada noche actuaba. Servían buena comida y tenía un bar acogedor, pero lo que realmente valía era disfrutar de Bola de Nieve tocando el piano e interpretando Chivo que rompe tambó, Vete de mí, Si me pudieras querer... Cualquier canción en su voz era un regalo. No ha nacido otro como él ni como Benny Moré, a quien mi padre nunca me dejó ir a ver actuar al Ali Bar. Decía que ése "no era sitio para señoritas".

Tania Castellanos y Lázaro Peña tenían muchos amigos en el mundo artístico, uno de los más allegados fue Pacho Alonso. Ya desde que el PSP fundara la emisora Mil Diez, en la década de 1940, la vinculación de los comunistas cubanos con la música, el arte y la cultura fue muy destacada. Lázaro era un negociador innato. Buena parte de la dictadura de Batista la había pasado primero en Praga, en la Federación Sindical Mundial, y después en México, en otra misión del partido.

Los más cercanos colaboradores de Lázaro en ese momento fueron Carlos Fernández R. y Rafael Ávila, sindicalista de buenos modales, pero Carlitos, como le decíamos a Fernández, era más ácido que un limón criollo. Tan berrinchoso como él eran los hermanos Escalante, enérgicos y nerviosos. Carlos Rafael, no tan pesado como prepotente. Los mas caballerosos: Salvador García Agüero, Juan Marinello y Fabio Grobart. Los más campechanos: Severo Aguirre, Antero Regalado, Ramón Monguito Calcines y, por supuesto, Blas Roca. el "tío Paco".

No sé cómo (me lo imagino) los del PSP se enteraron muy pronto de que los americanos nos iban a quitar la cuota azucarera y a continuación vendría una represalia (aún sin nombre, después sabríamos que se trataba del embargo decretado en marzo de 1962, aún vigente). Y allí me fui yo otra vez, a la oficina de Blas, ahora a mecanografiarle a Carlos Rafael tablas con decenas de cifras. Tenía que hacerlo con las hojas apaisadas, usando todo el tiempo el tabulador. El destinatario no lo sabía: también me lo imaginaba. Lo mío era ver, oír, mecanografiar y callar.

Los trajines de Joaquín Ordoqui y Osvaldo Sánchez pasaban por el verde olivo, por las nacientes Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior. Flavio Bravo y César Escalante tuvieron activa participación en la creación de las milicias. La ley de reforma agraria y la creación de la Asociación Nacional de Pequeños Agricultores (ANAP) fueron tamizados también en el colador del 'pesepé'. Los experimentados en el tema agrícola eran Romárico Cordero, José "Pepe" Ramírez, Antero Regalado y Severo Aguirre. De la vieja guardia provinciana, los más recordados son Juan Taquechel, de Santiago de Cuba, y Gilberto del Pino, camagüeyano. De los poetas, Nicolás Guillén, miembro del comité nacional del PSP, y el manzanillero Manuel Navarro Luna.

Cuando la extraña desaparición de Camilo Cienfuegos, en octubre de 1959, Navarro Luna estaba en La Habana. Por aquellos días me encontraba trabajando en la oficina de Lázaro, una de las más amplias y cercanas a la entrada porque era la más visitada. Una mañana vino Navarro Luna y me pidió que le pasara en limpio un poema que acababa de componer. Me dio el papel y cuando terminé, lo declamó. Lo más impactante para mí era aquella estrofa: "Tienes que estar muerto, tremendamente muerto, Camilo...". El poema apareció al día siguiente en el periódico Hoy. También el órgano del PSP publicaría la poesía que a Camilo le dedicara Guillén, mulato camagüeyano, irónico y peculiar.

Del ahora mítico Che Guevara mis primeras impresiones fueron las de una piedra en el zapato. Para referirse a él le llamaban "el argentino", no por desprecio nacionalista, sino como una forma de distinguirlo. Siempre que algo se estaba adobando o a punto de ir a la candela, aparecía una opinión distinta, la del Che. Por ello no es descabellado pensar que pronto la dirección máxima de la revolución quisiera deshacerse del atravesado argentino. Su paso por la revolución cubana fue breve, pero intenso: de 1956 a 1965. Nueve años.

Cuando las clases se reanudaron en la Escuela de Comercio me matriculé en la sesión nocturna. Así que hasta febrero de 1961, cuando me fui a pasar un curso de maestros voluntarios en Minas del Frío, Sierra Maestra, trabajaba mañana y tarde y por las noches, de lunes a viernes, estudiaba. Si no conseguía "botella" me iba a pie, por todo Carlos III hasta Ayestarán. La carrera de contador público la dejé en segundo año.

Si no caía ninguna tiñosa, los fines de semana me iba a la Biblioteca Nacional, entonces una maravilla, cuidada, con mobiliario nuevo. En la cafetería siempre pedía lo mismo: 'disco volador' (pan de molde tostado) de jamón y queso y batido de mamey. Otras veces iba al Palacio de Bellas Artes, a alguna exposición o curso (asistí a uno de arte precolombino) o a algún concierto en el Auditorium, en Calzada y D, Vedado, hoy Amadeo Roldán, y que ya no es la sombra de aquel emblemático teatro habanero.

Los contactos del PSP con comunistas de la Unión Soviética y de Estados Unidos, entre otros, databan de los años 30 y después de 1959 los mantuvieron y afianzaron. Pero en aquellos diecinueve meses sentí que eran más cercanos y naturales los vínculos con los latinoamericanos. El ejemplo más conocido fue la amistad de Blas con Luiz Carlos Prestes, del Partido Comunista de Brasil. La historia de su esposa, Olga Benario, quien murió en un campo nazi de concentración, fue muy conocida en Cuba.

Monguito Calcines era el encargado de las relaciones internacionales. A través de él conocí a un grupo de nicaragüenses que en 1960, después de una estancia en Cuba, viajaron a la República Democrática Alemana. Entre ellos se encontraba Carlos Fonseca Amador. Lo recuerdo alto, delgado, amable, con sus espejuelos de armadura negra y gruesos cristales (yo también era miope). El día de la despedida, los nicas me pidieron mi dirección. Se las di, pero nunca me escribieron.

Quien me escribió fue un joven alemán que se acercó a ellos para practicar el español. La carta la recibí unos días antes de irme a la Sierra, en febrero de 1961. La guardé. No le respondí hasta el mes de junio, cuando regresé, con 130 libras de peso y el orgullo de haber subido tres veces el Pico Turquino. Mi amistad con aquel alemán se ha mantenido hasta el presente. Pero si en Alemania en todo este tiempo muchos cambios han ocurrido, en Cuba las cosas van para peor, desgraciadamente.

La historia de las relaciones entre los viejos comunistas y los hermanos Castro esta aún por escribir. En el libro Fidel, el desleal, el francés Serge Raffy especula al respecto, pero deben ser investigadas y comprobadas algunas de sus afirmaciones, particularmente las referidas a supuestos contactos entre Fidel Castro y Fabio Grobart desde los años 40. No lo dudo, sólo digo que están por comprobar.

Sesenta y dos años después de la llegada al poder de los barbudos, me sigo cuestionando por qué los dirigentes y militantes del Partido Socialista Popular, que habían fundado y consolidado un partido comunista dentro del capitalismo, dentro de gobiernos más o menos democráticos y que ellos mismos, con más o menos imperfecciones, en sus organizaciones y publicaciones hacían valer la libertad de expresión y las discrepancias tenían cabida, no vieron, no intuyeron, la personalidad egocentrista de Fidel Castro ni el peligro que su poder absoluto representaba para el país. ¿Es que no lo vieron o no lo quisieron ver?

Tania Quintero

Versión revisada y actualizada de Harry Potter y la revolución escatimada, testimonio publicado en cinco partes en este blog en junio de 2009.

Video: Ignacio Villa, Bola de Nieve, en Chivo que rompe tambó, que según algunos el origen de la canción es un proverbio afrocubano que dice que "chivo que rompe tambor, con su pellejo lo paga" y según otros, está basado en un hecho real ocurrido en Santiago de Cuba a mediados del siglo XIX.

lunes, 23 de agosto de 2021

Recuerdos hilvanados (III)



En 1959, en la planta baja del Comité Nacional y del Comité Provincial del ya extinto Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González, quedaba un local de conferencias. Allí se celebraban las Charlas de los Jueves. No me perdía ninguna. Fue mi primera escuela de 'comunismo'. Habían pasado seis años y ya había olvidado a Liu Shao Shi y su manual. Resuelta a zambullirme de cabeza en la doctrina marxista leninista, le pedí al "tío Paco" una relación de libros que debía leer. Me hizo dos listas: una contenía la literatura básica, elemental, y otra más avanzada.

A raíz de su muerte, el 25 de abril de 1987, doné al Instituto de Historia del Comité Central del Partido Comunista de Cuba los manuscritos de Blas Roca, entre ellos los dos listados para un autoadoctrinamiento que nunca seguí al pie de la letra.

Los comunistas no eran nuevos en la Avenida Carlos III: hasta julio de 1953 en esa misma cuadra y acera de la céntrica calle, habían tenido sus oficinas nacionales, pero tras la represión desatada por el asalto al cuartel Moncada, fueron obligadas a cerrarlas. Volvieron a abrirlas en 1959, pero no en el mismo sitio: el antiguo local había sido convertido en almacén de tabacos. En la misma esquina de Marqués González tuvieron la suerte de encontrar y poder alquilar una casona de dos plantas con amplios salones. La planta baja, con acceso directo a la calle, la destinaron para actos y conferencias como las Charlas de los Jueves.

Cuando se subía por la amplia escalera, en el primer piso, a la izquierda, estaban las oficinas nacionales y a la derecha las provinciales del PSP en La Habana, que entonces era una sola provincia. Su secretario general era César Escalante, hermano de Aníbal. Los Escalante provenían de una familia de raigambre patriótica. César, alto y delgado, no se parecía a Aníbal, más gordo y siempre con un sombrero tejano. En el carácter sí: los dos tenían fuertes personalidades. A César se debe la creación de la primera COR (Comisión de Orientación Revolucionaria), después devenida en DOR (Departamento de Orientación Revolucionaria). Charlas, folletos, propaganda: todo eso y más se le acreditaba a César y su equipo de colaboradores.

Los días previos a la ley de nacionalización de las compañías extranjeras, estadounidenses en su mayoría, en 1960, César tuvo una actividad febril, junto a otros miembros del comité nacional del PSP. Lo recuerdo ir y venir desde sus oficinas a las nuestras, serio, apurado. Fueron dos días con sus noches muy tensos y de mucho correcorre, con reuniones continuas, llamadas, idas y venidas, imagino que para deliberar con Fidel y Raúl. Y yo, claro, mecanografiando, cambiando párrafos, rehaciendo cuartillas.

El colofón sería un acto en el Stadium del Cerro (actual Estadio Latinoamericano), el sábado 6 de agosto de 1960. Por si no bastara su repercusión, tuvo un ingrediente mediático extra: en medio de su discurso Fidel Castro enmudeció. De aquella Ley trascendental, la imagen que me ha quedado es el caminar apresurado de César Escalante, Fidel afónico, los americanos encabronados y yo muerta de cansancio.

Si en aquel potaje la "especialidad" de César era la ideología, la de su hermano Aníbal era el rumbo político de la revolución. O al menos eso era lo que me parecía, pues Aníbal era el enlace entre la dirección nacional del PSP y Alejandro, seudónimo de Fidel Castro. Cada vez que un mensaje escrito debía ser enviado a Alejandro, Guerrero me hacía dejar lo que estuviera realizando y de prisa me llevaba para la oficina de Aníbal, situada entre la de Guerrero y Manolo Luzardo, al fondo del local.

En una Underwood situada en un rincón, Aníbal me mandaba a sentar, mientras él, dando zancadas de un lado a otro, empezaba a dictarme. Y yo tiquitiquitiquiti. Hacía una pausa y me decía:

-A ver, léeme qué has puesto ahí.

-Aníbal, puse lo que usted me dictó.

-Vamos, vamos, lee y no hables.

Y yo le leía. Si le parecía bien seguía dictando, si no, me hacía sacar el papel, él lo rompía y empezaba a dictar de nuevo. Aníbal me decía las comas, puntos y aparte, punto y seguido, aunque no se necesitaban demasiadas reglas ortográficas: siempre eran mensajes cortos, apremiantes.

Desde que veía a Guerrero venir hacia mí como un gallito culeco, para mis adentros decía: "Uf, ahí viene Guerrero para un corta y clava de Aníbal".

Ninguna de esas urgencias me causaban mayor preocupación. Era joven y aquellos dimes y diretes políticos no me quitaban el sueño. Joven, pero no tonta, me daba cuenta de que tenían razón los enemigos incipientes de la revolución cuando comenzaron a propagar que "la revolución era como un melón, verde por fuera y roja por dentro". Sin sonrojarse, Fidel los desmentía y aseguraba que era más verde que las palmas.

Sí, que las palmas del Soviet de Mabay: el 13 de septiembre de 1933, dirigidos por el comunista Rogelio Recio, los campesinos del ingenio Mabay, en el poblado del mismo nombre, en la antigua provincia de Oriente, decidieron unirse y fundar un gobierno popular, bautizado con el nombre de Soviet de Mabay; ese día, en lo más alto del central azucarero ondearía la bandera roja con la hoz y el martillo.

Por suerte, siempre que aparecía un corta y clava yo estaba ahí y no tomándome un café con leche en la cafetería al lado del periódico Revolución, en Carlos III y Oquendo o más arriba, en otra más pequeña, detrás de la Compañía Cubana de Eletricidad, donde por una peseta (0.20 centavos de peso) me tomaba una deliciosa limonada frappé. Esas salidas eran para merendar.

A donde solía escaparme era al periódico Hoy, a tres cuadras, en la calle Desagüe, o a la librería de Lalo Carrasco, enfrente. A veces iba con mi padre a tomar café con leche en Reina y Belascoaín y aprovechaba para comprar algunas de las delicias vendidas en una tiendecita aledaña: cremitas de leche de Cascorro, cucuruchos de Baracoa, raspadura, boniatillo, coquitos prietos o acaramelados, pasta de tamarindo, guayaba en barra, mermelada o casquitos, en fin, dulces cubanos tradicionales.

Tania Quintero

Versión revisada y actualizada de Harry Potter y la revolución escatimada, testimonio publicado en cinco partes en este blog en junio de 2009.

Foto: Calle Reina en los años 50. Tomada de Viejas fotos históricas de La Habana.