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lunes, 19 de abril de 2021

Memoria personal de 1968

Los primeros meses del año 1968 fueron una suerte de apogeo de la herejía cubana. Del 4 al 11 de enero se celebró el Congreso Cultural de La Habana, al que asistieron más de 500 intelectuales de casi todo el mundo, atraídos por la experiencia de un socialismo diferente al de Europa del Este y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El evento abordó como tema central “el colonialismo y el neocolonialismo en el desarrollo cultural de los pueblos”.

La capital cubana vio aparecer en ese contexto a personalidades como David Alfaro Siqueiros, Mario Benedetti, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, André Gunder Frank, Jorge Semprún, Susan Sontag y Víctor Vasarely, entre muchos otros. En el discurso de clausura del evento, Fidel Castro dijo: “Porque no puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”. Y después: “Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la ‘Excomunión’ (risas) y, desde luego, tampoco el de la ‘Santa Inquisición’; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico”.

Pocas semanas más tarde, el 13 de marzo, en otro discurso, en la Universidad de La Habana, Fidel Castro lanzaba la Ofensiva Revolucionaria, un golpe demoledor a todos los negocios privados: “¿vamos a hacer socialismo o vamos a hacer timbiriches”? Seguidamente, dijo: “Hay que decir con toda claridad que no tendrán porvenir en este país ni el comercio ni el trabajo por cuenta propia ni la industria privada ni nada”.

El proceso fue bastante rápido. De acuerdo con fuentes oficiales, se intervinieron 55.636 pequeños negocios, entre ellos 11.878 bodegas, 3.130 carnicerías, 3.198 bares, 8.101 establecimientos de comida (restaurantes, puestos de fritangas, cafeterías, etc.), 6.653 lavanderías, 3.643 barberías, 1.188 reparadoras de calzado, 4.544 talleres de mecánica automotriz, 1.598 artesanías y 3.345 carpinterías. Fue, en definitiva, otra vuelta de tuerca al proceso de centralización de la economía y un apuntalamiento de la idea de que el Estado podría cubrir con eficiencia servicios básicos hasta entonces en manos privadas, de la frita y la minuta al zapatero remendón.

Ese año se estrenaba en el cine Radio Centro, hoy Yara, el filme Peppermint Frappé, del director Carlos Saura, protagonizado por Geraldine Chaplin y José Luis López Vázquez, un nuevo tanto a favor del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y de su director, Alfredo Guevara. El hecho no hacía sino expresar la voluntad de poner a disposición del público cubano el cine occidental y universal, no solo el de los países socialistas, después de una polémica con viejos cuadros del Partido Socialista Popular (PSP), los mismos a los que había aludido, sin mencionarlos por sus nombres, el Che Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba (1965) al pronunciarse contra el llamado realismo socialista.

La película causó furor entre los jóvenes, no solo por su aire de modernidad europea en una cultura en el fondo bastante provinciana, sino también por su música, una tonada homónima del grupo español de rock-pop Los Canarios, formado en Las Palmas de Gran Canaria y con la inconfundible voz de su cantante, Teddy Bautista. A diferencia de los grupos peninsulares promocionados por la radiodifusión nacional, con excepción de Black is Black de Los Bravos, Los Canarios no cantaban rock en español sino en inglés, la lengua del enemigo. Otra creación suya, Get on Your Knees, entraría en las fiestas de aquellos jóvenes de la secundaria Rubén Martínez Villena, que en ese mismo 1968 marcharon de nuevo a la Escuela al Campo, pero esta vez no a Ciego de Ávila, sino a El Chico, en el Wajay, cerca del Aeropuerto, para trabajar en un proyecto llamado el Cordón de La Habana.

Concebido en 1967, el Cordón fue otro de los experimentos de aquella primera década, y alcanzaría su clímax durante 1968-1969, este último bautizado “Año del Esfuerzo Decisivo”. Se trataba de un cinturón agrícola alrededor de la capital, que en uno cinco años la abastecería de leche, queso, mantequilla, carne, frutas, cítricos… y con cortinas rompevientos para que los ciclones no interrumpieran el flujo productivo. El Cordón tenía una superficie cultivable de alrededor de 30 mil hectáreas. Unas 19 mil irían sembradas de frutales y gandules con café intercalado.

Su fuerza de trabajo fundamental la integraba un ejército urbano compuesto por trabajadores de los servicios, burócratas, profesionales, secretarias, estibadores, estudiantes… “Estamos en el Cordón”, podía leerse a menudo a la entrada de oficinas y centros de laborales habaneros. Tributaban a una expresión nueva en el vocabulario criollo: “De Cara al Campo”, lo cual implicaba, en esa lectura, que de ahí para atrás al campo se le había dado la espalda. Esa cara incluía la capacitación de mujeres para operar 1.300 tractores Gordon GM-4, comprados a Italia, y más conocidos entre los cubanos y cubanas de entonces como Piccolinos. “La agricultura es para el revolucionario lo que la montaña para el guerrillero”, rezaba una valla filmada por uno de los noticieros de Santiago Álvarez.

Pero lo de los muchachos de la secundaria Rubén Martínez Villena era llenar de tierra unas bolsitas negras de polietileno para sembrar café caturra, según entendidos “una planta de la variedad Borbón, la cual tiene una mutación de un solo gen que causa que la planta crezca más pequeña (enanismo)”. Es originaria de Brasil, bastante extendida en Centroamérica, de altos rendimientos, con una densidad de 5 mil plantas por hectárea, pero sensible a enfermedades como la roya del cafeto.

El campamento de El Chico no tenía las clásicas barracas, sino pequeñas casas de campaña de lona multicolores en las que cabían pocas literas, lo cual sirvió, de rebote, para reforzar las afinidades electivas entre los movilizados. Las autoridades lo definían como “mixto”, pero varones y hembras estaban, desde luego, separados. A esas alturas todavía primaba la idea de la virginidad antes del matrimonio. Por eso se iba al cine a “apretar”, palabra que designaba al sexo sin coronación, lo mismo en Radio Centro viendo el estreno de Lucía, del joven director Humberto Solás, que al fondo del primer balcón en el cine Astral con Humo de Londres, película dirigida y actuada por el cómico italiano Alberto Sordi. De ahí los muchachos salían, inevitablemente, con dolores testiculares.

Tal vez por eso no se reportaron en aquel campamento incidentes de sexualidad, más allá de algunos encuentros furtivos que, por lo mismo, no llegaron a ligas mayores. Las noches eran de música, pero ya no solo la que salía de la radio portátil. En los bancos del campamento empezaron a aparecer muchachos con una o varias guitarras interpretando melodías de la 'Dobliu', del programa Nocturno de Radio Progreso y de Radio Cordón de La Habana, en especial de Los Brincos y Fórmula V. También las de un joven que en 1967 había debutado en Música y Estrellas y componía cosas raras. En un Noticiero ICAIC Latinoamericano de 1968 aparecía trovando una canción sobre la guitarra (un homenaje a Sindo Garay) y tenía un programa de televisión titulado como una de sus canciones: Mientras tanto.

Una de las que tocaban en El Chico se llamaba Hay un grupo que dice, y emprendía la defensa de lo diferente ante la incomprensión e incluso la risa de otros. El clásico problema generacional: iba del pelo largo y los pantalones 'tubo' a las maneras alternativas de ver la vida respecto al poder. No mucho después de regresar del campo, dos de los muchachos fueron al apartamento de Jorge Gavilondo Cowley (Chicago 1949-La Habana 2021) a escuchar un álbum doble con cubierta blanca en el que la voz gangosa de un Beatle afirmaba sin tapujos que la felicidad era un arma tibia.

El café caturra, como el Cordón, fracasó. Según los expertos, las plantas que sembraron en aquellas bolsitas de nylon no echaron alas porque los gandules y otros árboles, destinados a darles sombra, se tragaban todo el oxígeno del suelo.

Alfredo Prieto
On Cuba News, 2 de marzo de 2021.

Videoclip de La canción de la trova, de Silvio Rodríguez, realizado en 1968 para el Noticiero ICAIC dirigido por Santiago Álvarez.


lunes, 12 de abril de 2021

Mis recuerdos de marzo de 1960



Fidel Castro dijo por primera vez "Patria o Muerte" el sábado 5 de marzo de 1960, en el sepelio de las víctimas por la explosión del buque La Coubre, en un acto celebrado en la esquina de 12 y 23, Vedado, muy cerca del Cementerio de Colón.

Desde agosto de 1959 yo trabajaba de lunes a domingo, con un salario de 47 pesos mensuales, como única mecanógrafa en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular (PSP). Ese sábado, 5 de marzo, fui a trabajar y como en la sede del PSP no había radio ni televisor, no escuché ni vi el acto. El primer Patria o Muerte para mí pasó totalmente inadvertido. A partir de ese día, Fidel cogió pa'l trajín el Patria o Muerte, y pegara o no, lo empezó a decir al final de sus discursos. La palabra Venceremos se la añadió tres meses después, el 7 de junio de 1960, cuando clausuró un congreso del gremio de barberías y peluquerías en el teatro de la CTC (Central de Trabajadores de Cuba).

A propósito de la CTC. Con el movimiento obrero siempre me sentí identificada, tal vez porque en mi niñez conocí a dos grandes líderes sindicales, los dos asesinados en 1948, Aracelio Iglesias y Jesús Menéndez, a cuyo multitudinario entierro me llevó mi madre. Aún no había cumplido los 6 años y nunca había visto a tantas personas como en el sepelio del "general de las cañas", así nombrado por el poeta Nicolás Guillén en la Elegía que le dedicó. Pero a quien tuve la dicha de tratar de cerca fue a Lázaro Peña (1911-1974), líder indiscutible de la clase obrera cubana.

Mi lugar de trabajo en el Comité Nacional del PSP era en el salón de reuniones, donde se encontraba la biblioteca y de la cual también me ocupaba. Pero continuamente tenía que desplazar la mesa de metal con rueditas y la máquina de escribir Remington, a la oficina que quedaba al lado, que era la de Lázaro y él compartía con su mujer, la compositora Zoila 'Tania' Castellanos y dos dirigentes sindicales, Rafael Ávila y Carlos Fernández R. Una oficina donde costaba concentrarse a la hora de mecanografiar: al ser la más cercana a la entrada, era muy visitada por sindicalistas. Muchas veces, con Lázaro y Zoila y en ocasiones también con su hijo Lazarito, de siete u ocho años, regresaba a mi casa con ellos, en el auto que manejaba Adalberto. El matrimonio Peña-Castellanos vivía en un apartamento del edificio Areito, en Infanta y Manglar, a unas diez cuadras de mi casa, en Romay entre Monte y Zequeira (en el edificio Areito vivía también Bola de Nieve, a quien tuve oportunidad de saludar).

Ya cumplí 78 años, sigo teniendo buena memoria, y me parece recordar que fue después de aquel congreso de barberos y peluqueros, en el cual Fidel al Patria o Muerte le agregó Venceremos, cuando reparé en el numantino lema, y que con el paso del tiempo se volvió un eslogan que al igual que el propio Castro y su revolución, fue perdiendo carisma, emoción, sentido.

De lo que sí me acuerdo bien fue de las dos explosiones del buque francés La Coubre en un muelle del Puerto de La Habana, alrededor de las 3 de la tarde del viernes 4 de marzo de 1960. En ese momento me encontraba mecanografiando en la oficina de Blas Roca: además de secretario general del PSP, Blas era tío político mío, esposo de mi tía Dulce Antúnez, cuñado de mi madre Carmen y ex jefe de mi padre, quien durante veinte años fue su guardaespaldas. Estaba pasando en limpio los arreglos que Blas le estaba haciendo a su libro Los Fundamentos del Socialismo en Cuba, que en 1960 se iba a reeditar. Blas iba arrancando las páginas de un ejemplar y sobre ellas hacía correcciones, si eran muchas, las hacía aparte, en una hojita de esos blocks de papel gaceta que en las quincallas vendían, sus preferidos para escribir. Su letra, diminuta, era legible.

Para poder dedicarse a la reedición de su libro, el tío Paco, como mis primos maternos y yo le decíamos, había alquilado una casa en la playa de Guanabo, al este de La Habana. Ese tiempo lo pasó acompañado por un chofer y un escolta. Cada dos o tres días, Blas mandaba al chofer a recogerme y llevarme a Guanabo, a revisar las cuartillas mecanografiadas. Si encontraba alguna errata, tenía que mecanografiarlas de nuevo. Si no, se quedaba con ellas y me entregaba nuevas hojas enmendadas. La oficina de Blas se encontraba a la izquierda, al final de un pasillo, en la primera planta de la sede del PSP, en un edificio de cinco pisos en Carlos III y Marqués González. En la misma acera radicaba el periódico Revolución, situado entre un antiguo almacén de tabaco -creo que de la marca H. Upmann- y una cafetería en la misma esquina de Oquendo. Hoy, el periódico de los comunistas cubanos desde 1938 hasta 1965, quedaba a pocas cuadras en la calle Desagüe, casi al lado de la CTC.

De pronto, aquella tarde del viernes 4 de marzo, dos grandes estruendos tumbaron objetos y libros de un estante y cerró de golpe la amplia ventana. El puerto quedaba relativamente lejos, pero las explosiones fueron tan fuertes que se sintieron en la Habana Vieja, Centro Habana y Cerro. Enseguida empezaron a escucharse sirenas de ambulancias, carros de bomberos, patrullas de policía... Bajé corriendo a la calle, el tráfico se había interrumpido en Carlos III, Belascoían y Reina, vía por donde subían las ambulancias rumbo al Hospital de Emergencias, a unas tres cuadras de la sede del PSP. Crucé la calle y me acerqué al hospital. Como las ambulancias no daban abasto, a muchos heridos, calcinados, moribundos, los trasladaban en el primer vehículo que encontraban. En eso, una camioneta dobló con tanta velocidad hacia el cuerpo de guardia, que el hombre que llevaban en la parte de atrás, todo quemado y sin piernas, se cayó. Estaba aún con vida y se escuchaban sus gritos. Una escena dantesca.

En 2015, uno de los hijos del fotógrafo Gilberto Ante, ex colega mío en la revista Bohemia y de mi amiga Évora Tamayo en el semanario humorístico Palante, me envió cientos de fotos de su padre. En uno de los tres posts que le dediqué a Gilberto, rememoré la explosión de La Coubre y aproveché para mencionar la relación de Ante con el Che, el primero en llegar al antiguo muelle de Arsenal, actualmente muelle La Coubre.

Por haber nacido en el seno de una familia comunista, en mi infancia y adolescencia sufrí la represión de la dictadura de Fulgencio Batista (10 de marzo de 1952 a 31 de diciembre de 1958). Con solo 17 años comencé a participar en el desarrollo del proceso revolucionario y entre otras muchas vivencias, fui testigo del concubinato de Fidel Castro con los líderes comunistas del PSP (cuento detalles en la serie de cinco posts titulados Harry Potter y la revolución escatimada, publicada en mi blog en junio de 2009). Y aunque nunca fui militante del PSP, la UJC o el PCC, desde mis modestos, pero necesarios puestos de mecanógrafa, oficinista, maestra y/o periodista, siempre me consideraron una persona fiable, discreta, honrada, laboriosa y responsable: nunca llegaba tarde ni faltaba a mi trabajo, a no ser por un asunto importante, insoslayable. Tampoco puse reparos si tenía que quedarme dos o tres horas más de mi horario laboral o tener que ir un día feriado o un domingo (en aquella etapa, se trabajaba los sábados). La mayor parte de mis 37 años de vida laboral en Cuba (1959-1996) fueron en organismos políticos y periodísticos.

Entonces, si yo con una historia dentro del proceso revolucionario, he sido capaz de reconocer que fue una estafa, que el socialismo nunca se construyó y que Cuba ha vivido de paripés y consignas como "Patria o Muerte Venceremos", no puedo entender que 'cuadros' nacidos después de 1959, como Miguel Díaz-Canel (1960) o 'voceros' como Rosa Miriam Elizalde (1966), vivan tan despistados y desconectados de la realidad de un pueblo con una generación que no conoció ni a Camilo ni al Che y no tiene empatía con los 'históricos' de la Sierra Maestra.

'Cuadros' y 'voceros' que se suponen son los continuadores de "la revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes" (proclamada por Fidel Castro el 16 de abril de 1961), y a quienes jamás se les ve haciendo colas en panaderías, agromercados, carnicerías, farmacias y tiendas por pesos o divisas, caminando por las calles y aceras llenas de baches, esperando una guagua o un almendrón en paradas abarrotadas, hablando con la gente de a pie o recorriendo cualquiera de las decenas de barrios marginales que hay en La Habana y en el resto de las provincias. 'Cuadros' y 'voceros' que se han quedado detenidos en el tiempo, desfasados, anquilosados.... Sin percartarse que el sueño se acabó y que el "primer país socialista de América" descansa en paz, como Fidel Castro, principal culpable del desastre nacional.

Si después de 62 años de fracasos no se pasa página y con urgencia no se emprenden cambios profundos en la economía y se democratiza la nación, en Cuba, además de hambruna, enfermedades y muertes, en cualquier momento se puede producir un estallido social.

Tania Quintero

Foto: Al no encontrar una imagen de la Avenida Carlos III en 1960, seleccioné una reciente. A la izquierda, se ve el edificio de cinco pisos donde radicó el Comité Nacional del PSP entre 1959 y 1962. A la derecha, en primer plano, donde hay un reloj, el edificio de la Gran Logia de Cuba y más alejado, el la antigua Compañía Cubana de Electricidad, hoy sede del Ministerio de Energía y Minas. Tomada de El Güije.

lunes, 5 de abril de 2021

A propósito de la canción Patria y Vida



Sarah Moreno, periodista de El Nuevo Herald, me invitó -junto a un grupo de intelectuales cubanos- a responder unas preguntas relacionadas con la reacción del régimen cubano a la canción Patria y Vida.

Uno de los ataques que ha usado el gobierno cubano y sus representantes es sacar la raza de Yotuel Romero: lo llaman “negrito limpiabotas”, “jinetero”. Me interesa saber tu opinión sobre este tema y, si es posible, poner un poco en contexto la discriminación que viven los negros cubanos en la actualidad.

-Vayamos por partes: el castrismo, desde sus inicios ha sido un régimen racista, sexista, homófobo y, simultáneamente, poseedor de un inmenso talento para vender -dentro y fuera de la isla- un producto específico: la Revolución Cubana, así con mayúsculas. Creo que su único cambio radical ha sido en materia lingüística y en el campo de la propaganda. Sirva de ejemplo el hecho de que aún muchos de sus detractores, para marcar un antes y un después, se refieran “al triunfo de la Revolución” o que gran parte de la prensa internacional todavía use el título de “presidente” al hablar de Fidel Castro, Raúl Castro o su delfín, Miguel Díaz-Canel.

-Por cierto, ese “negrito”, endilgado a un hombre hecho y derecho que pone el pecho -simbólica y literalmente- para reemplazar el funesto “patria o muerte” con “patria y vida”, recuerda al término racista boy, usado en inglés, por los supremacistas blancos estadounidenses para referirse a los afroamericanos y negros de este país. Cuando no te quitan la humanidad, te infantilizan. Y, si pueden hacer ambas a la vez, se quedan más felices.

-Hago este preámbulo pues no tengo recuerdos de mi vida anteriores a la primera vez en que me lavaran el cerebro con ese cuento de la buena pipa. Durante toda mi infancia, crecí sabiendo que, si no fuera por Fidel -porque insistían en que usara su nombre de pila, que el apellido castrador creaba distancia-, mi destino estaría por siempre conectado al betún y el cepillo. Entiéndase que no denigro la profesión de zapatero o limpiabotas: la denigraban -y aún lo hacen- quienes me la presentaban cual círculo del infierno dantesco. Fíjate si eso de asustarnos a los cubanos negros y mestizos con aquello de que sin Castro seríamos limpiabotas es sistémico y más viejo que el hambre, que lo incluí en Apuntes en blanco y negro , un ensayo publicado en 2009 en la revista Caleta, gracias a la gestión de Enrique del Risco, editor de aquel número especial dedicado a Cuba.

-Ese racismo revolucionario me ha acompañado desde que tuve uso de razón: mi padre biológico -quien ocupara una variedad de cargos de alto rango en la diplomacia cubana- se separó de mi madre durante su embarazo porque su familia “no quería hacer trenzas” y no les hacía ninguna gracia criar al negrito. (Romay es mi apellido materno; el paterno lo usé en mi escritura hasta 1998 y me lo extirpé -ya sé que suena melodramático- al obtener la ciudadanía estadounidense hace unos quince años). En la universidad, el padre de mi novia -otro comunista declarado que pasaba por blanco, como mi padre biológico- prohibió nuestra relación por igual motivo. No en balde, mi primera novela que, a pesar de lo que piensan muchos de sus lectores, no es autobiográfica, tiene de protagonista a un joven cubano que comparte conmigo generación y raza y malvive con su sueldo de profesor de secundaria, mientras es acosado por la policía, que lo tilda de “ciudadano con características”: el eufemismo que usaban conmigo a diario, desde el patrullero, para llamar “a la planta” y verificar si yo -o el protagonista de mi novela- le debía cuentas a la justicia. Esto jamás lo hicieron con mis amigos blancos, a quienes ni les pedían el carné de identidad.

-Uso estos ejemplos anecdóticos pues los sufrí en carne propia y ni los perdono ni los olvido. Pero de racismo estructural está llena la historia del totalitarismo cubano. Esa “deuda de gratitud”, ese “impuesto revolucionario” que se nos aplica a los afrodescendientes en la isla es de una crueldad sin límites. Esto no tendría que ponerlo en letra de molde, pero lo hago: a mí el castrismo no me hizo persona, como tampoco hizo persona a ningún negro cubano o a ninguna negra cubana. Nadie te puede hacer persona, del mismo modo que nadie puede hacer a un limón un cítrico. Esto es una perogrullada, pero, por lo visto, hay que aclararlo: naciste siendo persona. Si luego el régimen se encarga de quitarte tu humanidad o limitarla o silenciarla, eso dice más del gobierno que de ti. (Por igual motivo, ahora en los programas escolares en Estados Unidos se habla de “esclavizados” en lugar de “esclavos”).

-Salgo del ámbito personal y te recuerdo varios ejemplos descorazonadores de este siglo. No olvidemos a Lorenzo Copello, Bárbaro Sevilla y Jorge Martínez, los tres jóvenes negros enjuiciados, sentenciados (en 2003) a muerte y fusilados, nueve días después de su infructuoso intento de secuestrar una lancha para escapar de la isla, en un hecho en el que no se derramó una gota de sangre y nadie resultó herido. Ahí está Carlos González, alias Pánfilo, a quién el régimen condenó (en 2009) a dos años de prisión por decir frente a una cámara que en Cuba “lo que hace falta es ‘jama’”. También parte el alma el caso de Orlando Zapata Tamayo, quien se declaró en huelga de hambre para exigir que esa dictadura racista, de la que tú y yo pudimos escapar, lo tratara con dignidad. Zapata Tamayo murió en una mazmorra de Fidel Castro y sus mayorales, luego de pasarse 85 días sin comer.

-Presta atención también a cómo el régimen de Díaz-Canel se ha ensañado con el Movimiento San Isidro compuesto en su mayoría visible por jóvenes negros y mestizos, todos nacidos después de 1959. Este dato es importante, pues el régimen los marginalizó y ahora los critica por considerarlos “marginales”. Mira la violencia con la que el aparato policial y sus secuaces, a decir de Maykel 'Osorbo' Castillo en la canción del momento, “violaron [su] templo”.

-Pero con esto no creas que hay que declararse abierta, oblicua o tangencialmente opositor para que la maquinaria represiva castrista te pase por encima si eres negro y tocas una nota discordante. Ahí tienes el caso de Roberto Zurbano, quien perdió su empleo estatal por escribir (en 2013) un artículo de opinión en el New York Times en el que declaraba que “en el siglo XXI, ha quedado en evidencia que la población negra está insuficientemente representada en universidades y en las esferas de los poderes políticos y económicos, y sobrerrepresentada en la economía informal, en la esfera criminal y en los barrios marginales” en Cuba.

-Por último, y precisamente por la prevalencia de lo que en inglés se conoce como misogynoir —portmanteau que combina misoginia y el vocablo francés noir (negro)—, más allá del acoso constante a la activista Berta Soler, de las Damas de Blanco. los casos de represión y violencia contra mujeres negras y afrocubanas no han tenido la misma difusión en los medios de prensa que los de los hombres. Habiendo dicho eso, piensa en los miles de mujeres negras cuyas vidas fueron arruinadas porque se les acusó de “jineterismo”, en un país en el cual quienes leen este texto viven al margen de la legalidad, pues no les alcanza el mísero salario estatal para poner un plato de comida en la mesa y, por tanto, se ven obligados a delinquir de un modo u otro. (En los 90 yo vendía, a cinco dólares, unos cakes de cumpleaños, que hacía en olla de presión, en los bajos de mi edificio en Belascoaín y Neptuno. También vendía pinturas de mis amigos de la facultad de arte del Pedagógico a turistas babosos que venían a la isla buscando paisajes de cocoteros y mulatas).

-Quiero dejar claro que el único jinetero aquí es el castrismo, que se la ha pasado mendigando al mejor postor -desde la distante y extinta Unión Soviética a la derruida Venezuela-, y que ha coqueteado a conveniencia con cualquier país capitalista que le dé crédito o se preste a mirar para otro lado cuando acusamos al régimen de una lista de desmanes que tiene más dígitos que el mismísimo carné de identidad.

Otro argumento que me llamó la atención, lo usó Carlos Alzugaray. Dijo que esos músicos “habían sido educados en Cuba”. Un tema que, tanto tú como yo, que nos educamos allí, hemos visto esgrimir cuando se trata de alguien que piensa diferente. Igualmente, quisiera escuchar tu opinión sobre esta cantaleta.

-En un artículo que me publicara El Nuevo Herald (en 2016), comparé a Cuba con Westworld, aquel documental de HBO. No exageré. Ambos parques temáticos tienen en común varios aspectos, pero destaco que los pensamientos de sus nativos “les llegan a través de unos algoritmos meticulosamente calculados; en ninguno de los dos sitios las mentes esclavas pueden pensar fuera del guion oficial. En los dos lugares, la memoria de los súbditos es borrada al final de cada episodio (para que puedan repetirse)”. Con esto -me cito una vez más- y te digo “que ver y entender el código Castro y haberme desprogramado de su doctrina es mi mayor logro. El hecho de que escriba esto demuestra que soy un error en el sistema. Fui adoctrinado para ser un robot que debía diseminar propaganda castrista a los cuatro vientos. Pero me liberé”. Mi mayor proeza intelectual ha sido, precisamente, desaprender aquella “educación gratuita” del castrismo, que, dicho sea de paso, ni nos educó ni nos salió gratis.

-Tu pregunta está conectada también a esa potestad que se ha atribuido el régimen de la isla de decidir quién es cubano y quién no; prerrogativa que, en este caso, se extiende a quién es artista y quién no. En un noticiero reciente, uno de los locutores, de cuyo nombre no quiero acordarme, refiriéndose a Maykel Osorbo y El Funky -residentes en la isla- dice que “no tienen obra reconocida”. Esto lo hizo a modo de insulto, pero debería tomarse como un cumplido. Con igual entusiasmo y similar borrador, hace veinte días, la página web de Casa de las Américas eliminó de su portal los artículos y la existencia de Legna Rodríguez Iglesias y de Abel Sierra Madero. Como mismo eliminaron a Celia Cruz del diccionario de música cubana y a Guillermo Cabrera Infante de las bibliotecas en toda la nación. (Producto de estas prohibiciones estatales, a Celia y a Cabrera Infante los descubrí en el exilio, y eso es otra de las tantas cosas que jamás le perdonaré al castrismo).

Por último, la canción Patria y Vida ¿qué significa para ti como escritor cubano exiliado?

-Patria y Vida me ha provocado un sinfín de alegrías. Las enumero según me vienen a la mente. Pero, en la premura, sospecho que recordaré otras tantas. Lo primero y más importante: no cuenta una mentira, no suelta una palabrota. Y esos dos elementos me permitieron incluirla en mi currículo. El próximo lunes, comenzaré todas mis clases con: “Eres tú mi canto de sirena”. (Del mismo modo que el castrismo se ha encargado de colarse en cuanto programa universitario le dé cabida, desde que regresé a la docencia, me puse la tarea de presentar a mis estudiantes “la historia verdadera, no la mal contada”). Bueno, tanto me gustó la canción que inmediatamente la saqué en la guitarra y di un breve tutorial, en mi blog y en Instagram, de cómo tocar los acordes y sus respectivos arpegios.

-Otra cosa que me encanta es que tiene a Díaz-Canel y sus amanuenses echando espuma por la boca, porque esta no se la esperaban, luego de décadas de adoctrinamiento y terror de estado. Los tiene muy mal ver a siete negros -para quienes, en teoría, se hizo esa “Revolución”- enfrentándoseles públicamente y reclamando sus derechos, el fin de la dictadura y ese anhelo de una Cuba en la que prime la idea de “patria y vida”, que es la antítesis de su funesto “patria o muerte”. No en balde, Granma, Cubadebate y el resto del avispero castrista andan tan revueltos. ¡Mira toda la tinta que han gastado en demonizar a sus autores!

-Por último, les agradezco infinitamente a Yotuel Romero, Descemer Bueno, Gente de Zona, Maykel Osorbo, El Funky y Luis Manuel Otero Alcántara que hayan usado sus respectivas plataformas para darle voz a ese sueño de todos: una Cuba posible, un país del cual no haya que huir por desavenencias ideológicas con su gobierno.

Hypermedia Magazine, 1 de marzo de 2021.

Nota.- Hasta el 8 de marzo de 2021, el video oficial de Patria y Vida, que encabeza este post, tenía más de 3 millones 200 mil entradas en You Tube.

lunes, 29 de marzo de 2021

Hoteles cubanos antes de 1959



Antes de 1959, en Cuba el turismo se explotó más que nada por su lado malo. La promoción de las bellezas naturales de la Isla y de su patrimonio histórico-cultural quedaba en segundo plano frente a la combinación fascinante de ron-juegos de azar-mujeres en que se asentaba su publicidad.

La idea de convertir a La Habana en una suerte de Montecarlo de América se manejó por primera vez en la década de 1920 y a partir de ahí y sobre todo en los años 50 el desarrollo turístico del país se centró en la aspiración de hacer de esta ciudad la capital del juego en América.

En el libro A la hora del coctel en Cuba, publicado en 1928, su autor, Basil Woon, a los potenciales viajeros hacía estas sugerencias: "Usted puede beber todo lo que desee, probar suerte en la lotería y perder lo que estime pertinente en el casino". Y aclaraba que no era necesario portar el certificado de matrimonio si se viajaba en pareja y que el visitante podía “mirar provocativamente a las bellas señoritas cubanas”.

La ley seca, que entre 1920 y 1935 prohibió el consumo de bebidas alcohólicas en Estados Unidos, impulsó a muchos estadounidenses a visitar la Isla. Antes, en 1919, el presidente Mario García Menocal firmó la ley que reglamentaba los juegos de azar. En 1915 se había inaugurado el hipódromo Oriental Park, en Marianao, y a partir de 1925 la sociedad Sindicato Nacional Cubano, encabezada por dos norteamericanos que eran además los propietarios del Hotel Sevilla, operaba ese campo de carreras de caballos y el Casino Nacional, también en Marianao. Antes de la apertura del Hotel Nacional en 1930, los hoteles habaneros de lujo eran el Sevilla y el Almendares. Entre los de primera clase se encontraban Inglaterra, Plaza, Telégrafo, Florida, Ritz...

A fines de la década de 1940, la capacidad hotelera era de poco más de 5,800 habitaciones. De ellas, 4,000 estaban en la capital. En una provincia como Matanzas, incluida Varadero, se registraban solo 504 habitaciones. Muchas de esas edificaciones eran inadecuadas y obsoletas, como se reconoce en un Decreto Presidencial de mayo de 1948. La construcción de nuevas instalaciones se mantenía prácticamente estancada pese a que el número de turistas pasó de 114,885, en 1946, a 188,519 en 1951. Después del golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, Cuba se abre a los intereses de la mafia de Estados Unidos. Hasta 1958, en el país se habían construido o remodelado 3,152 capacidades de alojamiento. En 1959, el Directorio Hotelero consignaba 125 hoteles, con una capacidad total de 7,728 habitaciones.

Es en esos años cuando se construyen los hoteles Internacional de Varadero (1950), Rosita de Hornedo (1955), St John’s (1957), Capri (1957), Riviera (1957), Habana Hilton (1958), Deauville (1958) así como el Copacabana y el Chateau Miramar. Y se remodelan el Nacional, Comodoro y Plaza. De todos ellos, solo hubo capital foráneo en las edificaciones del Internacional (Varadero), Riviera (Vedado) y Deauville (Centro Habana). El resto se construyó con capital cubano. La construcción del Hilton (hoy Habana Libre) fue costeada con el dinero de la Caja del Retiro Gastronómico y sucesivos créditos estatales. De los 12 millones de dólares que se invirtieron en el Riviera, el Estado aportó la mitad y la suma restante se cubrió con bonos que adquirieron inversionistas cubanos, canadienses y norteamericanos. La mafia, que hizo de ese hotel su cuartel general en La Habana, aportó 400 mil dólares. Ni un quilito más.

En algunas de esas instalaciones, como el Capri, en 21 y N, Vedado, el casino era más importante que el alojamiento y la sala de juego era la parte más lucrativa. Por el alquiler de esos salones se pagaban unos 25 mil dólares anuales tanto en el Capri como el Riviera y el Nacional, sin contar que el casino sufragaba por lo general el espectáculo y las orquestas del cabaret.

Los planes no se quedaban en esos hoteles. Eran más ambiciosos. Comprendían los hoteles Montecarlo (657 habitaciones) en Santa Fe y Habana-Fontainebleau, en El Vedado, con 550. Otro hotel, de 500 habitaciones, se edificaría donde ahora está la heladería Coppelia, en L entre 23 y 21, La Rampa. Uno más, con 600 habitaciones, estaba previsto levantar en las áreas del actual parque deportivo José Martí.

Los proyectos igualmente incluían instalaciones hoteleras en Soroa y Trinidad. Ya el 31 de diciembre de 1958 se había inaugurado el Hotel Colony en Isla de Pinos y se había iniciado incipiente desarrollo turístico en Cayo Largo del Sur. Los planes eran tan vastos en Cuba y en particular en La Habana que contemplaban construir en una faja de terreno sobre el mar a todo lo largo del Malecón.

Entonces el turismo se concentraba en la capital y, en muy menor medida, en Varadero e Isla de Pinos. La capital disponía de más de 50 hoteles -cuatro de ellos de lujo- con 4,900 habitaciones y 9,800 capacidades. En Varadero no pasaban de 700 las habitaciones e Isla de Pinos, a lo sumo, solo podía acomodar a unos 200 visitantes. En 1956, cerca de 223 mil turistas extranjeros vacacionaron en Cuba en 1956., 272 mil lo hicieron en 1957, pero en 1958 la cifra descendió a 212 mil. La mayoría de los veraneantes eran ciudadanos residentes en los Estados Unidos.

Ciro Bianchi Ross
Apuntes del cartulario, 23 de enero de 2021.

Foto: Hotel Nacional en 1930. Tomada de Cubadebate.

Ver también: Hotel Nacional, auténticamente cubano (Hotel Nacional: auténticamente cubano - YouTube).

lunes, 22 de marzo de 2021

La destrucción del hotel Neptuno-Tritón




Fueron cerca de 10 millones de dólares los que el grupo Gran Caribe, empresa estatal perteneciente al Ministerio de Turismo (MINTUR), en 2015 destinó a la reparación integral del complejo hotelero Neptuno-Tritón, pero, a juzgar por las 281 calificaciones de “pésimo” más las 105 de “malo” que ha recibido la instalación en TripAdvisor, poco de ese dinero fue usado en hacer las reformas que se anunciaron aquel año y, quizás, ni siquiera las anteriores a esa fecha.

De 573 opiniones de clientes que se pueden leer en TripAdvisor, apenas ocho lo califican como “excelente”. Y es que no solo se trata de la mala atención que recibieron del personal de servicio ni de la falta de higiene generalizada sino, además, de la destrucción de techos, escaleras, paredes, pasillos y mobiliario, que a gritos hablan de cuán prolongado ha sido el abandono.

Hoy el Neptuno-Tritón, como buena parte de los hoteles en Cuba, es prácticamente inhabitable o al menos no se corresponde con la categoría que ostenta debido al grado de deterioro. Las torres, de 22 pisos y 240 habitaciones cada una, fueron levantadas en principio con financiamiento del “campo socialista” de Europa del Este y su Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) a mediados de los años 70, y fueron el primer gran hotel construido en La Habana por el régimen comunista después de 1959.

Pero, aun en medio de la bonanza económica de la era soviética y los préstamos financieros recibidos de países ajenos al bloque comunista, sobre todo del gobierno español a finales de los años 80, la construcción tardó más de una década en terminarse debido a “problemas de presupuesto”, de acuerdo con la información divulgada en la prensa oficialista de la época. Así la torre Neptuno terminó siendo inaugurada en 1991, en medio de la debacle político-económica que Fidel Castro bautizó eufemísticamente como Período Especial, pero que en realidad alcanzó proporciones de hambruna, tanto así que aún hoy muchos cubanos sufren por las marcas psicológicas, físicas y sociales que esos años dejaron como secuelas.

Lo cierto es que, en medio de la vorágine constructiva relacionada con la celebración de los XI Juegos Panamericanos en la Isla, del endeudamiento y la ruina financiera que estos provocaron, el Partido Comunista, empeñado en promover a Cuba como destino turístico, decidió concluir el proyecto de las “torres gemelas” de Miramar sin miramientos y a toda velocidad, lo cual, según opinión de varias personas vinculadas a la obra, repercutió en la calidad de la edificación. Como consecuencia, a inicios del nuevo milenio, los bloques habitacionales, afectados más por la chapucería, el abandono y la cercanía al mar que por el paso del tiempo, ya habían sido declarados con severos daños estructurales que, de continuar, podrían desembocar en el derrumbe total.

“En el año 2003 se aprobó un presupuesto de ocho millones de pesos (dólares) para la rehabilitación”, afirma el ingeniero civil Reinaldo Maza, vinculado al proyecto original y da más detalles: “El dinero era de una donación de España que también incluía la rehabilitación del Hotel Comodoro que no recuerdo bien si también recibió entre ocho y diez millones, que fue cuando se comenzaron a hacer los bungalows, pero en el Neptuno-Tritón no se hizo absolutamente nada más allá del cambio de los ventanales, algunos aires acondicionados y las áreas exteriores. Las estructuras quedaron tal cual. Era un trabajo muy complejo, costoso, por la altura de los dos edificios. Las empresas constructoras que podían hacerlo, como Bouygues (Bouygues Batiment International), que entonces comenzaba en Cuba, estaban totalmente en la construcción de hoteles para los militares en los cayos y en Varadero. A alguien del MINTUR se le ocurrió que era mejor emplear ese dinero en hacer más bungalows en el Comodoro".

"El dinero lo aprueban y con la misma se va en otros proyectos de Gran Caribe”, asegura un antiguo empleado del hotel:.“Desde que trabajo aquí he visto más de una vez que llegan, ponen los andamios, las grúas, pasan los meses, los vuelven a desmontar cuando el salitre los pica y no pasa nada. Dicen que el daño es tan grande que es mejor demolerlo y hacer otro”. Pero ni una cosa ni la otra: ni demolición ni rehabilitación. Y aunque los presupuestos para la ejecución han sido regularmente asignados, casi al instante se esfuman.

“Lo que pasa es que son presupuestos asignados a mantenimiento y no a inversiones. Por tanto deben usarse en el año”, explica un funcionario de la Dirección Económica de Gran Caribe: “Si dentro de ese año no se usa, no importa si es por un problema ajeno a la empresa, ese dinero es reintegrado al presupuesto del MINTUR, y sin dudas de allí pasa al Estado, para usarse en asuntos que probablemente no tienen que ver con turismo. Así fue hasta el 2017 tanto para mantenimiento como para inversiones. Por eso nunca asumen la rehabilitación como una inversión sino como mantenimiento, porque se sabe que el plazo expira”.

El mismo funcionario continúa con la explicación de los mecanismos por los cuales el dinero desaparece: “El presupuesto de inversiones no vence, o mejor dicho, tiene mucho más tiempo para ejecutarse. En el caso del Neptuno, del Habana Libre, incluso de hoteles nuevos como el Packard, todos tienen el mismo problema, cuando no se ejecuta el presupuesto de mantenimiento este no se acumula, sino que se pierde. Con esas trampas se ha jugado todo el tiempo. Se ingresa dinero para reparaciones, se deja pasar el tiempo, y el dinero se usa en otra cosa. O se dice que fue usado en mantenimiento porque se compra un poco de pintura, algunos muebles, que muchos terminan en casa de alguien o en el mercado negro. La justificación es el vencimiento del plazo. Es la parte cubana la que está obligada al mantenimiento y la que debería asumir el financiamiento como única dueña del hotel, pero en la práctica, como Cuba no tiene fuentes de financiamiento externo, es la parte extranjera la que consigue los préstamos financieros para que hagamos lo que mejor sabemos hacer, desvestir un santo para vestir otro”.

De acuerdo con la información publicada de manera dispersa tanto en la prensa como en diversos trabajos académicos relacionados directa o indirectamente con las inversiones para el turismo en la Isla (véase nota 1 al final del reportaje), al menos entre los años 2000 y 2019, tanto el Ministerio del Turismo en representación de todos sus grupos hoteleros, como Gaviota S.A. —perteneciente al Grupo Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA)—, Habaguanex y la Constructora Puerto Carena (las dos últimas de la Oficina del Historiador de La Habana hasta que fueron absorbidas por GAESA a mediados de 2016), habrían recibido al menos la suma de más de 1.850 millones de dólares por concepto de donaciones y préstamos financieros cuyo propósito era la rehabilitación de la planta hotelera fundamentalmente en la capital cubana.

Debido a que el régimen cubano no permite el acceso a los datos, y a que en Cuba no existen leyes que obliguen a las instituciones y funcionarios públicos a la transparencia informativa, se trata de un estimado que pudiera quedar muy por debajo de la realidad, más cuando hemos decidido dejar fuera del cálculo varias sumas importantes como, por ejemplo, las aportadas por el Fondo Saudí para el Desarrollo. Ese Fondo, presente en la Isla desde 2010 hasta la actualidad, se ha mantenido inyectando préstamos y donativos que oscilan entre los 30 y 200 millones de dólares anuales, fundamentalmente destinados al desarrollo de la infraestructura hidráulica en la Isla (indispensable para el crecimiento de la industria del turismo) pero, además, a las obras del llamado “Plan Maestro” de la Oficina del Historiador de La Habana, donde están incluidas las labores de reparación del conjunto arquitectónico del Malecón.

No obstante, vale señalar que un edificio emblemático como el Hotel Deauville, aunque enclavado en la zona, no parece haber sido beneficiado, puesto que la edificación, perteneciente al grupo Gran Caribe del MINTUR, integra desde hace años la lista de los hoteles peor calificados. Algo que no sorprende, en tanto se pudiera afirmar sin temor a las generalizaciones, que la totalidad de los hoteles en Cuba, incluyendo instalaciones emblemáticas como el Hotel Nacional, Habana Libre, Meliá Habana, incluso “joyas” como Paradisus los Cayos, de Meliá; y Gran Packard, de Iberostar, no cumplen con los altos estándares con que son promovidos por los turoperadores dentro y fuera de la Isla, ya no solo por el servicio que brindan sino por el penoso estado de mantenimiento que exhiben y sobre el que se reiteran quejas, reclamos y denuncias.

Aunque el Grupo Gran Caribe promociona el Hotel Neptuno-Tritón como “una magnífica elección para los viajeros que visiten La Habana” por su precio “económico”, la cercanía al mar y su ubicación en la barriada de Miramar, la realidad es que la mayoría de los huéspedes coinciden en calificarlo como “pésimo”. El usuario de TripAdvisor nombrado Paratecle, de España, alojado en el lugar en enero de 2021, escribió: “No se cumplían las medidas anti COVID (no temperatura, empleados sin mascarillas) falta de higiene, falta de mantenimiento, insectos en la habitación”. Marisa H, en la misma página en junio de 2020, calificó el lugar como “asqueroso”: “El hotel tiene cuatro ascensores, solo funciona uno, sin aire acondicionado, horrible. (…). La habitación sucia, llena de bichos, carcoma, migas de pan, comida, está muy descuidado todo en general. La ducha no era ducha, es una manguera (porque no tienen más). Las toallas estaban amarillas, llenas de agujeros”.

Vicente Danni F, de Colombia, y Caridad F, de España, alojados en el hotel en enero y febrero de 2020, también se quejaron del estado de los ascensores, del servicio recibido y recomiendan la reparación general de los edificios: “Pésimo servicio. Si desea ir a Cuba nunca nunca haga la reservación online, no hay garantía (…). Los que reciben en la puerta están todo el tiempo conectados con el teléfono celular y hablando entre ellos, luego al sexto día preguntan muy agresivos: ¿ustedes están alojados? Porque nunca antes los vi. (…) La comida en la mañana de mala calidad. Tres ascensores rotos por años, y el que funcionaba dejó de hacerlo por dos días. Este hotel necesita cambiar sus empleados y la reparación general del lugar”. Carmen Y Perez, de Estados Unidos, escribió en enero de 2020: “La gran estafa. (…) El aire acondicionado hace mucho ruido, tiene cuatro ascensores de los cuales solo funcionaba uno. El último día de mi estancia se rompió el único que funcionaba por lo cual tuve que bajar 21 pisos y al momento de poner una reclamación nadie quiso dar la cara. Estoy muy decepcionada de este hotel, no se lo recomiendo a nadie”.

Sara M, de España, en diciembre de 2019 lo calificó como “basura de hotel”, y agrega: “Mejor dormir en la calle. Instalaciones pésimas, sucias y deterioradas. La gente de recepción muy antipática y los porteros del hotel unos pesados con las mujeres. El desayuno muy básico y con hormigas en el embutido. El baño de la habitación un horror, con tuberías abiertas. La nevera no funcionaba, el balcón mejor no apoyarse en la barandilla. Muebles viejísimos y una puerta que conectaba con la habitación de al lado por la que se oía todo. En resumen, una pocilga. Nada aconsejable”. Una opinión coincidente es la del huésped identificado como Trulibola: “¿Puede haber algo peor? Por favor no vayan. ¡No ocurrió una tragedia en ese hotel todavía de milagro! ¡Parece abandonado! No salgan al balcón. Deficiencia en barandas y en estructura. Si están en el piso 18 suban por las escaleras. El ascensor está súper exigido. ¡Desastroso! ¡Como positivo es que van a vivir una experiencia única que no se van a olvidar más, ja!”. Fecha de la estancia: enero de 2019.

Pero no solo el Neptuno-Tritón y el Habana Libre, ambos de Gran Caribe, se encuentran en esa situación de abandono. En TripAdvisor hay reportes similares sobre el mantenimiento y los servicios de hoteles emblemáticos como el Nacional, el Sevilla y hasta de los “ultra lujosos” Gran Hotel Manzana Kempinski y Gran Packard. Sobre estos dos últimos no abundan las malas referencias, pero sorprende que, siendo instalaciones consideradas como de cinco estrellas plus, una treintena de huéspedes los hayan calificado de “malo” y medio centenar como “pésimo”.

Sobre el Iberostar Grand Packard, en marzo de 2020 la usuaria de TripAdvisor Elisa Enríquez, de España, escribió: “La limpieza no era perfecta para un hotel de esta calidad. Había polvo acumulado por las esquinas, detrás de la puerta y debajo de la cama. En un hotel de cinco estrellas estos detalles no deberían ocurrir. La habitación tiene que estar impecable. La ducha tenía un poco de moho en las juntas de las baldosas, las orillas de los grifos y la orilla de la mampara. El aseo olía un poco a caño por falta de ventilación. En la terraza había excremento de pájaro acumulado de días. La ropa de cama tenía alguna mancha (…). Los cristales de la zona de desayunos estaban sucios y también los de la piscina”. Por su parte, el usuario Paradise24288981841 escribió en enero de 2020: “Hotel lujoso con cosas para mejorar. Los cuatro días de alojamiento la temperatura del agua de la habitación estuvo tibia, a pesar de los reclamos no pudieron solucionar el tema, incluso nos ofrecieron cambiar de suite pero en los dos casos el agua tampoco estaba caliente, con lo cual deduzco que era una falla de todo el hotel”.

Otro hotel con problemas, administrados por la cadena Meliá en acuerdo con Gran Caribe, además del Habana Libre, es el Meliá Habana, señalado como “malo” y “pésimo” por más de 200 usuarios de TripAdvisor, y con una calificación de 45 puntos en la escala de 100. La usuaria identificada como Lia señaló en agosto de 2019 que la instalación necesitaba “una reforma URGENTE”: “Tendrían que hacer una GRAN reforma, le urge mucho. Hay paredes de la planta cinco que se están cayendo. No fue económico, pagamos un dineral y los resultados no fueron los esperados”. Ese mismo mes, Carlos Pérez, de México, escribió: “Pésimo hotel. El peor hotel en La Habana. El gerente en turno es una persona sin criterio. Viaje desde México y recibí pésimo trato, incluso discriminatorio. Prefieren al turista europeo. La persona en la recepción no se preocupa por dar un buen servicio. Si vienes a Cuba, mejor elige otras opciones”. Ari, huésped de España, opinó en enero de 2020: “Me esperaba más. Decepcionante en muchos aspectos. (…) Había goteras en el baño que se colaban a través de uno de los focos oxidados del techo (…). De seis ascensores en determinados momentos del día solo funcionaban dos por lo que para bajar se podía tardar más de 15 minutos”.

Otro de Meliá que no escapa a las quejas es Paradisus los Cayos, en Cayo Santa María. Vendido como “un paraíso en el Caribe”, varios comentarios en TripAdvisor hacen dudar: Patri-T-21, huésped de Argentina, dijo en febrero de 2020: “Malísimo. Realmente una desilusión enorme. El hotel es bastante nuevo, desde afuera parece lindo, pero al entrar deja mucho que desear. El lobby es amplio pero triste y con mal olor. La atención pésima. (…) El comedor espantoso. Antes de llegar ya se siente el olor a verdura podrida y al entrar el olor es muy feo, falta de ventilación y limpieza. Los platos no los lavan, se nota que los sumergen en agua y eso es todo, quedan sucios, con restos de comida y en general mojados. La comida, si a uno le quedan ganas de comer, es regular, en cinco días, o sea 10 comidas, solo tres fueron buenas”. Arlet G, de España, escribió en febrero de 2020: “Es una falta de respeto tanta pasividad de los directivos de este hotel ante los problemas. (…) Estando embarazada casi me electrocuto en la ducha, hoy 15 llego al bufé y ni yogurt pude encontrar, ni refresco ni nada que poder ingerir, hasta los mismos trabajadores se quejaban pues no tenían con qué trabajar, no había azúcar ni siquiera para endulzar un poco de leche”.

Si no ha sido en las rehabilitaciones anunciadas regularmente en la prensa cubana ni en el buen aprovisionamiento de los hoteles y el cuidado sistemático de estos, entonces ¿en qué se han empleado los fondos asignados? Mauricio Olivera, exfuncionario de Cubanacán S.A., diplomático y que, además, ocupó diversas responsabilidades en el Ministerio de Turismo entre los años 80 y 90, asegura que cabe la posibilidad de que los presupuestos se hayan utilizado en la construcción de nuevos hoteles.

“Cuando en los años 90 Fidel decide fomentar el turismo, toda la planta hotelera de Cuba estaba en ruinas y me imagino que siga así. Los (Juegos) Panamericanos se habían chupado todo el dinero que quedaba de cuando los soviéticos; en esa misma fecha Meliá estaba por Varadero levantando el (hotel) Sol Palmeras, todo al mismo tiempo, soltando dinero como locos, y de ahí se iba una gran tajada para los Panamericanos y también para lo que no eran los Panamericanos”. Y especifica: “Los Panamericanos fueron lo que después fue la Batalla de Ideas. Agujeros negros que se tragaron todo el dinero que entró. Todas eran tareas de Fidel. Y con él los Osmany Cienfuegos, los Otto Rivero, pero era Fidel el que decidía lo que pasaba con el dinero. Tenía habilidad para sacarle el dinero a cualquiera, prometer y después hacer lo que le daba la gana. Ese estilo de trabajo, al antojo, el ‘ah, porque me da la gana’, es el mismo estilo de trabajo en los ministerios cubanos, en las empresas. No dudo que pidan dinero para reparar, lo dejen podrirse un año en una cuenta y después lo saquen para hacer otra cosa que les sirva para pedir más dinero. Es lo que hacíamos todo el tiempo en el MINTUR”, afirma Olivera.

Por su parte, un directivo de la representación de Iberostar en Cuba, que aceptó conversar con CubaNet bajo condiciones de anonimato, reconoce que gran parte de los presupuestos y créditos concedidos a la Isla por bancos españoles, a pesar de haber sido gestionados por la parte extranjera, no terminan cumpliendo la función para la cual les fueron solicitados. “El convenio es de administración, es al propietario del hotel, la parte cubana, a quien corresponde el mantenimiento y cualquier otro gasto en ese sentido. Nosotros sabemos los problemas de financiamiento que enfrenta el gobierno cubano, por eso es que ayudamos con la solicitud de los créditos, con los préstamos, hasta con la renegociación de las deudas, pero lo que ha estado sucediendo es responsabilidad total de la parte cubana.

"Además, de eso hay burocracia por los cuatro costados… para la importación, el pago de impuestos, la contratación de personal y de las empresas constructoras donde no decidimos en lo absoluto. Logramos hace poco una licencia de importación que nos ha permitido mejorar, pero aún hay problemas sin resolver, el dinero para mantenimiento no se acumula cuando no se usa, ¿por qué no? ¿Por qué se desvía para otras cosas? ¿Por qué no se ejecuta si aquí sobran las empresas (constructoras) que pueden hacerlo? Pero hay que contratar a la que ellos digan, y eso es absurdo porque es la misma empresa con más compromisos que capacidad”, dice el directivo de Iberostar.

En el Informe Económico y Comercial —tanto en el de 2019 como en el de 2020—, elaborado por la Oficina Económica y Comercial de España en La Habana, se advierte a los ciudadanos españoles de los riesgos que deben enfrentar cuando invierten en la Isla. En los documentos no solo se habla de los propósitos eminentemente políticos que rigen las decisiones del Partido Comunista en lo relacionado con las inversiones extranjeras, sino también de los problemas con la importación de insumos, la exportación de bienes y servicios, la selección de los socios comerciales, la búsqueda de suministradores en el mercado internacional y la aprobación de proyectos, incluidos los de la Zona Especial de Desarrollo Mariel.

Pero lo más importante en cuanto al tema que nos ocupa es que hace énfasis en la alta probabilidad de que las deudas contraídas por la parte cubana nunca sean saldadas, así como las retenciones de capital en los bancos cubanos. La agencia de calificación Moody’s, en la actualidad continúa evaluando el riesgo de Cuba como “Caa2 estable”, lo que coloca al país en la categoría 7ma. de “Riesgos Substanciales”.

Desde finales de 2015 en Cuba se están produciendo impagos a los proveedores. Numerosos contratos están sufriendo importantes retrasos en su cobro, de modo que tan solo en el balance del empresariado español en Cuba, a comienzos de 2019 se estimaba el volumen de la deuda en torno a los 300 millones de euros. Anteriormente, en noviembre de 2015, España había alcanzado un Acuerdo de reestructuración de la deuda a corto plazo por un importe de 201 millones de euros, de los que se condonaron 118 millones y otros 40 millones de euros pasaron a integrar un Fondo de Contravalor de Deuda.

Otros informes y estudios, algunos incluso realizados por instituciones académicas de la Isla, también señalan estos y otros “agujeros negros” de la economía cubana dentro de los cuales se pierde el rastro de los presupuestos asignados a las instituciones estatales, lo que afecta por igual a los fondos administrados por las instituciones de gobierno, en especial a la llamada “Contribución Territorial para el Desarrollo Local” (CTDL), que tan solo en el año 2018 fue de unos 1.000 millones de pesos (en aquel momento en paridad con el dólar), pero en la práctica no significaron absolutamente nada en tanto no cumplieron su función de tributar al desarrollo de los municipios, es decir, fue dinero recaudado por el pago de impuestos, cobro de multas y otros que, casi en su totalidad, se perdió.

“Hay una cosa importante en todo esto y es lo que nosotros llamamos el ‘milagro Gaviota’, y es cómo en menos de 20 años Gaviota se convirtió de la nada en el grupo empresarial hotelero más poderoso”, advierte Mauricio Olivera. Y agrega: “Su nacimiento fue cuando el MININT cayó en desgracia y la batuta de los dólares pasó a las FAR, su crecimiento fue en los años de la famosa Cuenta Única, y su apoteosis fue precisamente cuando se cogen el BFI (Banco Financiero Internacional). Es casi una coreografía”. Directamente relacionado o no con lo que ha estado sucediendo en décadas, lo cierto es que la cadena hotelera del Grupo de Turismo Gaviota S.A., administrado por las Fuerzas Armadas de Cuba, fue creada en 1988 y ya para el año 2016 se había convertido en el principal grupo hotelero cubano con cerca de 30.000 habitaciones de cuatro y cinco estrellas, y con un plan de crecimiento que, aún con los problemas de financiamiento que dice afrontar el Gobierno cubano, plantea construir más de 50.000 habitaciones más para el año 2025.

En tal sentido, el Ministerio de Turismo ha anunciado en su Estrategia de Desarrollo para el año 2030, “proyectos de inversión intensos” para ampliar la capacidad de alojamiento hasta alcanzar más de 100 mil cuartos nuevos para el 2030, de los cuales unos 30 mil serán construidos con capital extranjero. Para lograr esta ambiciosa meta se requerirán, según algunos expertos, aproximadamente 33 mil millones de dólares en nuevas inversiones, pero de las rehabilitaciones de los viejos hoteles nada se ha dicho en concreto.

Cubanet, 15 de febrero de 2021.

Foto: Las dos torres del Hotel Neptuno-Tritón, en Calle 3ra. y 76, Miramar, La Habana. Tomada de CubaNet.

Ver imágenes (Inversiones hoteleras en Cuba: dinero que se esfuma (cubanet.org)) del estado en que se encuentran algunas habitaciones.

lunes, 15 de marzo de 2021

Hotel Habana Libre: la casa del terror



Indiscutiblemente el Hotel Habana Libre, por su arquitectura y ubicación, es uno de los edificios más icónicos de Cuba. Sin embargo, para numerosas personas que han tenido la experiencia de hospedarse allí en algún momento de los últimos diez años, la instalación administrada por el grupo español Meliá Hotels & Resort es una verdadera “casa de los horrores”.

Miles de opiniones negativas junto a las malas calificaciones otorgadas por los usuarios en el sitio web TripAdvisor, y publicadas entre los años 2012 y 2021, pudieran ubicarlo en los primerísimos puestos de los peores hoteles del mundo, a pesar de ser promovido como uno de los más representativos, confortables y lujosos de la Isla, tanto por Meliá como por el gobierno cubano.

Palabras como “decepción”, “terror”, “deprimente”, “abandonado”, “sucio”, “sobrevalorado” y “decadente” han sido las más abundantes en los cerca de 5.000 testimonios sobre experiencias personales de huéspedes del Habana Libre. Aquí hemos seleccionado algunos, pero todos pueden ser leídos ahora mismo en Internet. Incluso varios de ellos están respaldados por imágenes que dan cuenta del desastre que acontece en ese famoso lugar de la capital cubana.

El usuario de TripAdvisor nombrado Mir M, de Argentina, escribió esta opinión en septiembre de 2020: “NO VOLVEREMOS JAMÁS. Un hotel horrible, oloroso, atención PÉSIMA. Sábanas y toallas olorosas, las alfombras manchadas (…), realmente un ASCO todo. Jamás volveremos a Cuba, fue lo peor que pudimos hacer. El desayuno una porquería. Gente, NO VAYAN, se arrepentirán, es tirar el dinero”. Fecha de la estancia: febrero de 2020.

Otro usuario, Arm, también de Argentina, escribió: “Profunda tristeza. El hotel casi en ruinas como toda La Habana (…), pero lo peor es el derrumbe moral y anímico de la gente que atiende, es evidente que los turistas ya no son bienvenidos, solo interesa cuántos CUC dejan de propina, malos gestos, pésima atención, no hay ducha caliente en un cinco estrellas. No vuelvo nunca más ni lo recomendaría. Los cubanos deberían replantearse si quieren vivir de recibir turistas, su único tema de conversación es salir de la Isla ‘pal norte’”. Fecha de la estancia: abril de 2020.

La usuaria Silvia V emitió su criterio en TripAdvisor: “Si querés pasarla mal, alójate en este hotel. Pagué por un hotel de cinco estrellas y nos dieron habitaciones de dos estrellas. Humedad en la habitación y pasillos, con rajaduras en paredes. Baño oscuro, con un techo feo, el agua tarda un montón para calentarse. Ventanales sucios. SI VAN, ALÓJENSE A PARTIR DEL PISO 20 (…). A partir del piso 19 empieza la zona tenebrosa”. Fecha de la estancia: enero de 2020

Sallyann F, huésped de Reino Unido, opinó: “Les doy una estrella y eso es ser generoso. ¿Por dónde empiezo? Nos alojamos en este hotel en nuestro viaje de tres días a La Habana. La primera noche nos fuimos para nuestra cena en el restaurante; el personal parecía miserable, la comida estaba fría (…). Nos dieron una habitación en la novena planta, vistas estupendas, pero desafortunadamente la habitación necesita una reforma, la ducha no funcionaba bien (…). La unidad de tocador tenía la puerta que se había perdido (…). No me alojaría aquí de nuevo”. Fecha de la estancia: marzo de 2013.

JasMoon1001, también de Reino Unido, escribió: “El PEOR hotel de cinco estrellas en que he estado. En general los hoteles en La Habana no son muy buenos, pero esto era malo desde el momento en que entré (…). Defraudados, frustrados y molestos. La noche se pone peor, al poner mi cabeza en la almohada para dormir, podía oír una tormenta como sonido que venía de los ascensores. En general se puede oír a la gente hablando cuando van a sus habitaciones en el pasillo”. Fecha de la estancia: marzo de 2013.

Las anteriores son valoraciones que coinciden en no recomendar el Hotel Habana Libre ni siquiera para cortas estadías, e incluso demandan el cierre inmediato de la instalación. Lo más interesante es que son opiniones emitidas en el lapso de tiempo de casi una década durante la cual no se han ejecutado las obras de mantenimiento y restauración que regularmente fueron anuncias entre 2011 y 2019 en la prensa estatal cubana, tanto por parte de los gestores del inmueble como por su propietario, el Grupo Empresarial Gran Caribe, perteneciente al Ministerio de Turismo de Cuba (MINTUR).

Es lo que hemos preguntado a directivos, funcionarios y trabajadores vinculados al Hotel Habana Libre pero, al mismo tiempo, es la misma interrogante que hemos recibido como respuesta la mayoría de las veces, sin que nadie pueda explicar cómo es posible que con más de 70 millones de dólares aportados por Meliá al presupuesto del MINTUR para las reparaciones entre los años 2011 y 2019, según lo avalan los reportes aparecidos en la prensa oficialista de la Isla, el deterioro del edificio ha ido empeorando, al punto que hoy de las 572 habitaciones con que cuenta el hotel, apenas unas 100 estén en servicio, y de estas solo una veintena pueda ser calificada como “óptimas”, de acuerdo con los datos obtenidos en el lugar.

A pesar de que tanto la gerencia del hotel como los directivos de Gran Caribe rechazaron ser entrevistados por periodistas de un medio independiente, hemos podido acopiar información de diversas fuentes que testimonian lo que ha estado sucediendo. Evelaine García, quien fuera trabajadora de la Dirección de Inversiones de Gran Caribe entre los años 2002 y 2008, señala que a pesar de la reparación capital de finales de los años 90 e inicios del 2000, cuando el grupo hotelero español Guitart asumió la dirección del Habana Libre, muchos elementos constructivos que son fundamentales no estuvieron entre las prioridades, de modo que las obras apenas resultaron un maquillaje, más aún por emplearse materiales de mala calidad.

“Se hizo a la carrera con lo que había a mano, contrarreloj porque era Periodo Especial. El capital lo aportó Guitart y se embarcó con eso. Como a los dos años (Guitart) recogió y se fue porque no daba la cuenta, entonces Meliá se quedó con el Elefante Blanco por un compromiso con Fidel (Castro) porque en realidad el hotel le ha dado más pérdidas que ganancias (…). Fueron más de 80 millones de dólares que se usaron en ampliar las habitaciones, reduciendo las terrazas e instalando los ventanales de cristal, las escaleras de incendio en los laterales, reemplazando las máquinas de aire acondicionado, las alfombras, puertas, todo menos las tuberías, el sistema eléctrico y de ventilación. Todo eso quedó tal cual, como estaba cuando se inauguró en los años 50, y ahora se han encontrado que cuesta más repararlo que hacer un hotel nuevo”, dice García.

Un funcionario de Meliá, entrevistado por CubaNet, afirma que han sido varias las reparaciones proyectadas entre los años 2011 y 2019, pero todas se han convertido en “misión imposible” debido a que la parte cubana les impide no solo contratar la empresa adecuada para ejecutar las obras con la calidad requerida —la que Meliá seleccione— sino, además, cerrar el hotel para realizar los trabajos en la magnitud que se necesita, debido al estado precario de la edificación.

“La reparación no le corresponde a Meliá, porque no es el propietario del hotel y eso no está en el acuerdo con el MINTUR. A nosotros solo nos corresponde la administración, la gestión, atraer clientes y solicitar la ayuda financiera usando como garantía la marca. Atraer clientes, bien. Es Meliá. Lo malo ha sido retenerlos. Es algo que se ha vuelto difícil por las malas condiciones que existen, deterioro del mobiliario, humedad, problemas de electricidad, abastecimiento y bombeo de agua, plagas de cucarachas. Hay pisos que hemos tenido que clausurar completos. Hoy hay más de diez pisos totalmente fuera de servicio. De seis ascensores funcionan tres, a veces dos o ninguno. Unas veces porque están rotos, y otras porque hay normas absurdas de ahorro de electricidad impuestas por la parte cubana que nos obligan a eso, debido a que el hotel no es rentable. Pasa igual con el sistema de aire acondicionado, con el servicio de agua caliente. Las quejas de los huéspedes llueven y no podemos hacer mucho. Ofrecer disculpas y ya. A pesar de que no nos corresponde, nosotros hemos destinado en diez años más de 70 millones de dólares a mantenimiento. Entre 2011 y 2015 fueron 40 millones, y de 2018 a ahora, cerca de 30 millones entregados al MINTUR”, asegura el funcionario.

La destrucción ha alcanzado tal magnitud que incluso los propios trabajadores del hotel temen a que en cualquier momento ocurra un desastre similar al acontecido hace unos meses en el Hotel Meliá Habana, cuando la caída de uno de los ascensores provocó la muerte de una persona. “Los mecánicos vienen, certifican los ascensores en ‘buen estado técnico’, pero se sabe que no es así. Aquí nada funciona bien. Lo que hacen es sacar piezas de un lado para arreglar el otro porque todo aquí es viejo, muy viejo, pero de cambiarlos nada. Pintura y dale echando”, comenta una camarera del hotel.

“No dudo que un día alguien se electrocute o muera aplastado por un trozo de techo. Yo quisiera que tú vieras cómo están los pisos del cuatro hasta el 15, es una cascada de agua lo que cae, las paredes no las puedes tocar por los corrientazos que dan, son charcos y charcos de agua por todos lados, las puertas hinchadas, parece el Titanic cuando se hundía”, advierte un trabajador de la instalación.

El usuario de TripAdvisor identificado como Andrea Jara escribió: “Una experiencia nefasta. Quiero comentarles mi lamentable experiencia en el hotel Tryp Habana Libre. El día 27 de enero a las 23:00 horas aproximadamente acudimos al hotel después de cenar en un restaurante que estaba en el exterior. Un trabajador llamado Camilo le impidió la entrada a mi pareja, ya que él pensaba que era de nacionalidad cubana. Mi pareja estaba hospedada en el hotel obviamente, le comentamos que era de nacionalidad española y él empezó a reírse con tono despectivo y también con racismo. Camilo me indicó que el nombre de mi pareja no estaba en la lista, yo le indiqué dónde estaba su nombre junto con los nuestros y él me empezó a decir que no era él. Después de tenernos a la espera durante 20 minutos, al final nos dejó pasar porque vio cómo mi pareja iba a poner una hoja de reclamaciones. Ni siquiera se disculpó, ni Camilo, ni el director general del hotel por la ofensa y la molestia que nos ocasionó”. Fecha de la estancia: enero de 2020

Cynthia, otra huésped, opinó en febrero de 2020: “PÉSIMO HOTEL, LO PEOR. (…) Los recepcionistas que nos atendieron, horrible, no daban explicaciones de nada, no se sabían expresar, no hablaban claramente (…). Tuve problemas al ingreso, la habitación no estaba lista en el horario correspondiente y cuando ya podía pasar a la habitación (…) fuimos al área de ascensores y resulta que tenían dos ascensores habilitados para 25 pisos. La demora era eterna para llegar a la habitación. Después fuimos a utilizar la ducha y, sorpresa, no había agua caliente. Y no hubo hasta que nos fuimos”.

Y continúa la misma usuaria: “(…) Todos los huéspedes con que nos encontrábamos reclamaban, no hacía falta siquiera hablar el mismo idioma para entender la molestia de todos y la cero capacidad de resolución del hotel, habían franceses, uruguayos, argentinos, españoles, todos diciendo que era el peor hotel en donde se habían quedado. Además nos enteramos que el problema del agua no era solamente de esos días, sino que llevaban tiempo teniendo esos dramas. No recomiendo para nada Tryp Habana Libre”. Fecha de la estancia: enero de 2020.

La huésped María Fernanda L dijo: “NO VAYAN. Todo es de 1990. ROTO. SUCIO. DESCUIDADO. La pileta da depresión. El comedor es horrible. Parece un hospital. La habitación estándar tiene el baño pésimo. La pintura cachada. Las sillas rotas. Acolchados de 30 años. Cortinas transparentes viejas, deshilachadas y la limpieza la realizan por la tarde, a las 18 horas”. Fecha de la estancia: enero de 2020.

Por su parte, Gustavo Aguirre denunció en TripAdvisor: “ME ROBARON EN ESE HOTEL. Me hospedé en el hotel los días 19 y 20 de noviembre de 2020. Salí a recorrer la ciudad con mi señora y mi hijo y cuando volví me faltaba una tablet de mi habitación. Hice el reclamo en Atención al Cliente y no me dieron respuesta. Me fui decepcionado del mismo. Malísima atención de absolutamente todo el personal… paredes con humedad… cucarachas en las habitaciones, y además de eso LADRONES! DEVUÉLVANME EL DINERO DE LA TABLET QUE ME ROBARON! Si tienen un poco de dignidad y respeto devuelvan el valor del objeto que me faltó de la HABITACIÓN. La no. 1103”. Fecha de la estancia: noviembre de 2019. (Hasta el momento no ha obtenido una respuesta de la dirección del hotel).

El usuario dariosincler escribió: “CADA AÑO QUE PASA ESTÁ PEOR. Nos alojamos en dos oportunidades, la primera vez cuando llegamos a Cuba la habitación no tenía aire, no funcionaba y no disponía de agua caliente”. Fecha de la estancia: junio de 2019.

Ignacio D, huésped de nacionalidad española, dejó su testimonio: “Horrible. Rellenan las botellas de agua del desayuno con agua del grifo. Estuvimos cinco días en el hotel Tryp Habana Libre y la verdad que la experiencia no podía haber sido peor. Nada más llegar, nos metieron en una habitación desastrosa, con muebles de hace 50 años destrozados, sucia, sin agua caliente. A la mañana siguiente protestamos y nos dieron una habitación de las nuevas. La limpieza seguía siendo deficiente. Lo peor lo vivimos en el desayuno, después de días de estar enfermos y extremando precauciones nos dimos cuenta de que las botellas del agua del desayuno las rellenan; notábamos un sabor extraño pero no sabíamos si el agua embotellada allí es así, nos dimos cuenta que los camareros al terminarse se las llevaban de vuelta a la cocina con mucho cuidado y al volver verificamos que los tapones estaban sin precinto. Al preguntar, nos dan la peregrina explicación de que son los cocineros quienes se las abren para que ellos verifiquen… ¿Quéeee? (…) Lo comentamos con otros huéspedes y también estaban enfermos. Están jugando con la salud de sus clientes, es algo muy grave que vamos a reclamar en España. Sinvergüenzas. Huid de este hotel”. Fecha de la estancia: octubre de 2019.

El usuario Rodrigo Araya comentó en el mismo foro: “Las cucarachas del baño y el olor a humedad son puntos a mejorar en las habitaciones. El punto negro fue la pérdida de unos audífonos AirPods en la habitación, tenemos la certeza que fue el lugar en que se perdieron. Estamos a la espera de novedades, aún pensamos que podrían aparecer. Nuestros datos quedaron en la recepción. Estuvimos entre el 1-3 de octubre, mi nombre es Rodrigo Araya, desde Chile”. Fecha de la estancia: octubre de 2019.

Para la usuaria Isabel L, de España, el Hotel Habana Libre es una “pesadilla”: “Madre mía ¿por dónde empiezo? Lo de este hotel no tiene nombre. Check in: Lento y personal antipático. Habitación: Sábanas con lamparones, cucarachas. Baño: atascado y sucio todo. El hotel está hecho un asco. La moqueta está asquerosa, huele fatal, me quedé en un piso 21 con otras siete personas una HORA Y MEDIA. Mi marido tuvo que bajar los 21 pisos con la maleta y mi hijo y yo arriba esperando. De seis ascensores funcionaba uno. De hecho, una chica perdió el vuelo. Llamábamos a recepción y nadie hacía nada. En el restaurante las cucarachas andaban a sus anchas. De verdad, solo queríamos salir de allí. El buffet de chiste. La peor comida que he probado, hasta el pan. No lo recomiendo en absoluto. Que terminen de ‘arreglarlo’ y luego nos saquen el dinero. Muy muy mal”. Fecha de la estancia: agosto de 2019.

Marce P, de Chile, opinó en enero de 2020: “Vacaciones del terror. Realmente decepcionada, el hotel completo olía a humedad, hongos por todos lados, muros, pisos, alfombras y techos, de todos los ascensores solo uno estaba disponible; para acceder a la habitación había que pasar por un pasillo de servicios francamente salido de una película de terror, las habitaciones antiquísimas, mala calidad de las camas, cortinajes sucios, el agua casi no calentaba en la ducha, el baño tenía cucarachas, las toallas un desastre, el frigobar no tenía ni agua, lo peor. En el desayuno, uno de los panecillos tenía un pelo enorme. Sin duda no recomendable”. Fecha de la estancia: noviembre de 2019.

El usuario 156jessicad156, huésped de Argentina, escribió el 9 de septiembre de 2015: “La Torre del Terror. Qué horror este hotel. El lobby es lindo y agradable… pero ya al subir a los ascensores se siente lo que se viene. Todos rotos, sucios, como de un hotel abandonado. Al bajar en el piso nueve el olor a humedad de las alfombras (…) es realmente asqueroso. La habitación muy descuidada, con una limpieza muy superficial, al igual el baño. Tiene caja de seguridad pero no te advierten que es con cargo de 2 CUC por día. Sin dudas… ¡NO VAYANNNNNN!”. Fecha de la estancia: agosto de 2015.

Los precios por noche de las habitaciones del Hotel Habana Libre, de acuerdo con las numerosas páginas que lo promocionan, oscilan entre los 85 y 255 euros. Cantidades que debieran corresponderse con la categoría de cuatro estrellas que hoy ostenta la instalación, luego de haber sido calificada como cinco estrellas durante más de cuatro décadas. De hecho, aún el logotipo de la empresa en páginas como las de Meliá y Gran Caribe conservan las cinco estrellas y, como hemos podido comprobar directamente visitando los lugares, hasta en los burós de ventas, al menos en Cuba, se les oferta a los turistas extranjeros como un sitio de altos estándares. “Se ha propuesto un ajuste de los precios de acuerdo con la situación que tenemos pero no hemos sido autorizados”, afirma bajo condición de anonimato una trabajadora del hotel vinculada al Departamento de Economía.

“Se necesita una autorización del Ministerio de Finanzas y Precios, pero no ha sido aprobada, así que se sigue cobrando como si fuera un cinco estrellas (…). Se rebajó la categoría a cuatro estrellas pero los precios son los mismos. Meliá tiene y a la vez no tiene que ver con eso. Pudiera presionar para que se haga, pero no lo hace. La política de ellos ha sido siempre no incomodar al Gobierno, hacer lo que le dicen. Incluso con el salario de los trabajadores. Aquí la gente sigue cobrando peor que en cualquier lugar. Se salvan los que reciben propinas pero, por ejemplo, las auxiliares de limpieza, las camareras, los cocineros, seguridad y servicios en general tienen salarios de llanto, por eso se dan constantemente los hechos de robo, de habitaciones sucias, los malos tratos. Los trabajadores o se roban lo que pueden para revender por ahí o se cansan y se van”, afirma la entrevistada.

“Ha habido robos en las habitaciones, pero no son tantos como dicen. Es verdad que se pierden cosas pero no es tan así”, comenta un trabajador del hotel: “La verdad es que pagan muy mal a los trabajadores para lo que ganan ellos (Meliá) por las habitaciones. Un precio que jamás yo pagaría, no tanto porque no me alcance el dinero sino porque aquí solo sirven las habitaciones de arriba, del piso 20 para arriba, las otras están deprimentes, las cucarachas te caminan por arriba; hace unos meses hubo una extranjera que se rajó la mano con el borde de un azulejo. Las únicas que sirven son las habitaciones que repararon arriba, y para que te den una tienes que pagar 20 pesos (dólares) por encima y cuidado no tengas que darle otros 50 al carpeta, si no te mandan para las malas”, advierte el empleado.

Sobre estas realidades también nos ofrece su testimonio Pavel Cisnero, quien trabajó hasta junio del año pasado como recepcionista del hotel. Actualmente está desempleado a causa de la ola de despidos relacionados con la pandemia de COVID-19.

“En la última reparación solo habilitaron las habitaciones de los pisos de arriba y, por supuesto, la suite Castellana donde estuvo Fidel (Castro) cuando triunfó la Revolución, el resto quedó tal cual. Se hizo el lobby y algunas áreas de restaurantes, la discoteca pero el otro desastre, el más grande, sigue ahí. Los turistas que llegan se mandan para las habitaciones estándar. Si se quejan entonces se cambian, si no, se quedan en las que les tocó. Para reservar una habitación Premium tienen que pagar 20 dólares por encima del precio normal, y como son pocas, el de la recepción se las da a quien entienda. El que pague se las lleva. La gente piensa que a uno le pagan un buen salario pero en realidad es una miseria, obligatoriamente uno tiene que luchar la propina, buscar el extra. Yo nunca lo hice, pero supe de recepcionistas que alquilaban las habitaciones cerradas por su cuenta. Para matar (tener sexo ocasional) y eso”, asegura Cisnero.

La versión oficial sobre el caos que se vive en el Hotel Habana Libre, a pesar de las reformas que dicen estar realizando desde hace una década, se reduce al par de justificaciones que la dirección del establecimiento repite desde 2012, una y otra vez, sin variaciones ni asomo de vergüenza, en sus respuestas a las quejas de los huéspedes, sobre todo en el foro de TripAdvisor.

El Hotel Habana Libre, inaugurado el 19 de marzo de 1958, fue considerado entre los más lujosos de la Isla antes de la llegada de Fidel Castro al poder en 1959. Con 27 pisos, es uno de los edificios más altos de Cuba. Fue construido como hotel Habana Hilton, un convenio de Hilton International Hotels con la Caja de Retiro Gastronómico de Cuba, a un costo de 24 millones de dólares.

El 11 de junio de 1960 fue expropiado y pasó a llamarse Habana Libre. En la década del 90 del siglo pasado la edificación fue transferida al Grupo Hotelero Gran Caribe y se acordó compartir la administración con el Grupo Guitart Hotels, de España. En diciembre de 2000 la administración fue compartida con el grupo Hoteles Tryp, recién adquirido ese año por la cadena Meliá. Aunque en 2010 Melía vendió la marca Tryp por 32 millones de euros al holding estadounidense Wyndham Worldwide, con sede en Nueva Jersey, la firma española se mantiene como administradora del hotel.

Cubanet, 4 de febrero de 2021.

Foto: El Hotel Habana Libre, antiguo Habana Hilton, ocupa la manzana que comprende las calles L, M, 23 y 25, en La Rampa, Vedado. Tomada de Cubanet.

Ver imágenes (Hotel Habana Libre, la casa del terror (cubanet.org)) del estado en que se encuentran habitaciones y pasillos.

lunes, 8 de marzo de 2021

La continuidad fidelista: ¿cool, sexy y con swing?



En su afán por mantenerse aferrados al poder a como dé lugar, los mandamases de la continuidad fidelista han perdido, además del contacto con la realidad, todo rastro de cordura y coherencia. Van de disparate en disparate, de papelazo en papelazo.

Pero peor aún es la actuación de sus abyectos servidores de la prensa oficial, que no se cansan de decir despropósitos, como el joven periodista de Villa Clara que, hace varios días, dijo que la revolución tenía que ser cool y sexy para ganarse la voluntad de la gente en las redes sociales.

Óiganme, eso es más difícil que conseguir que la llamada Tarea Ordenamiento saque a flote a la economía cubana.

¿Cómo harán para lograr que la revolución sea cool y sexy? Porque, evidentemente, con los tweets de Díaz-Canel no es suficiente. Y ni hablar de las insidias, los improperios y las amenazas con profusión de faltas de ortografía de las ciberclarias.

Se me ocurre que, si de ser cool y sexy se trata, yendo de lo simple a lo profundo, como decía aquel bolerón de Osvaldo Rodríguez, los dirigentes, que son los que ponen la cara por esa abstracta entelequia que llaman “la revolución”, para empezar, deben ponerse a dieta, para bajar las panzas y poder -aunque no aspiren a imitar en gracilidad a la difunta Farah María-, moverse más ágiles, amén de mejorar su ropero, su dicción y sus modales, a ver si no los confunden con rufianes y charlatanes de feria.

Ese es el primer paso. Digo, para los menores de 80 años, los disciplinados y obedientes cincuentones y sexagenarios del relevo generacional continuista. Los mayores de 80 no tienen remedio. Que aprovechen el próximo congreso del Partido Comunista para jubilarse e irse a esperar su turno para el crematorio y luego el panteón o el mausoleo, en dependencia de su rango.

El segundo sería, despojándose de prejuicios y manías ideológicas, en vez de dar manotazos, aprender a escuchar, leer mucho, estudiar y dejarse asesorar por personas que sepan, aunque sea Abel Prieto (pero sin hacerle demasiado caso, que el tipo es demodé). Eso los mejoraría algo, los haría parecer menos patanes, pero, ¿dar una imagen cool y sexy de un régimen dictatorial de 62 años que cada vez hace más infelices y miserables a sus súbditos?

La revolución de Fidel Castro, que una vez fue fotogénica, envejeció muy mal. Y le falta dignidad para aceptar que fracasó.

Los barbudos con olor a pólvora y manigua, en 1959, resultaban sexys para burguesitas aburridas. Luego, enfrentados al Tío Sam, se disfrazaron de libertarios para seducir y ganarse el apoyo de los progres de medio mundo. Hoy, convertidos en ancianitos mezquinos, caprichosos y retrógrados que no consiguen ponerse al día con este tiempo que no entienden porque ya no es el suyo, solo engañan a los que siguen queriendo dejarse engañar.

Al jet set de la llamada “dirigencia histórica”, se sumaron generales convertidos en gerentes y tecnócratas de nuevo cuño. Muchos, emparentados entre sí y casi todos vecinos en sus barrios lujosos y segregados, comparten negocios y privilegios. Burgueses que tienen de astucia lo que les falta de clase, son más una oligarquía que políticos profesionales. Una casta rabiosamente conservadora, inmovilista, que para congelar el tiempo a su conveniencia y seguir embaucando habla el lenguaje de “la revolución” y mantiene sus señas de identidad: el desafío a los Estados Unidos, la fidelidad a Fidel Castro y la retórica socialista en el discurso.

Prometen “un socialismo próspero”, como si fuera posible componer el comatoso socialismo castrista con parches y tisanas, con mentalidad de bodeguero avaro y látigo de mayoral. Que le pregunten a mis paisanos, hambreados de solemnidad, ahora que con el ordenamiento eliminan “los subsidios indebidos”, se multiplican los precios y les siguen imponiendo trabas, si creen en el socialismo próspero que les auguran los mandamases.

Pero, allá por las alturas, de donde bajan, con terrible verticalidad, indiscutibles, abrumadoras, las "orientaciones de arriba”, no interesa lo que pensamos y queremos por acá abajo.

No sé cómo rayos se la arreglarán para, con disfraz cool y sexy chapuceramente diseñado por ciertos jóvenes musulungos domados por el partido único, engatusarnos y que nos traguemos el cuento de la factibilidad de un socialismo perfeccionado, con swing, que no sea chato y aburrido.

Al menos a mí, todo esto de la nueva imagen a la que aspira el régimen de continuidad me deja anonadado, confundido, sin saber qué pensar.

¿Cool, sexy? Siendo tan rico en vocabulario el castellano, no hay por qué recurrir al inglés. Sobran los calificativos para este régimen, que cada vez es más chapucero, absurdo, disparatado, acartonado, rufianesco, abusivo, amén de ridículo, papelacero y cheo.

¿Cool, con swing? ¿De qué hablan? ¿De jazz? ¿Cool, y también con sordina, como las trompetas de Miles Davis o Chet Baker? ¿La pachanga castrista con swing, como en la orquesta de Count Basie?

¡Qué babosada! ¡Aspirar a que los viejitos del buró político y el comité central y sus continuadores, típica “gente sin swing”, como diría Fito Páez, se comporten como un piquete de frikis, emos y durakos en el Parque de G!

Luis Cino
Cubanet, 9 de febrero de 2021.

Foto: Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel y su esposa Lis Cuesta. Tomada de CubaNet.

lunes, 1 de marzo de 2021

"El gran campeón"



Los gestos de desdén o disgusto que muestran cientos de bayameses ante el mofletudo rostro de un “servidor público” que aparece a diario en programas de la televisión provincial -por las calles sólo lo hace en temporada ciclónica, accidentes de tránsito, incendios, la inauguración de un hotel o en una efemérides local- se convierten en burlas o sarcasmos que los ventrudos y cogotudos “líderes” de la nación no saben digerir.

En la ciudad de Bayamo, capital de la provincia Granma, al primer secretario del partido en el territorio, Federico Hernández Hernández, muchos le llaman "El gran campeón", y no precisamente por la eficiencia al frente de una gestión que ha convertido a una de las regiones más fértiles del país en el paraíso de la escasez, ni por su destreza en solucionar los problemas de la pobre alimentación, el abasto de agua, el pésimo transporte o la balita de gas para cocinar.

El mote de “gran campeón” lo adquirió por la semejanza del diámetro de su cuello y la prominencia de su vientre con las de un toro que, por los resultados de la provincia Granma en ferias ganaderas a nivel nacional, alcanzó titulares en la prensa provincial y que fue sacrificado por cuatro matarifes casi a la vista de los habitantes de la ciudad.

Según muchos pobladores, cada vez que se cumple un aniversario del sacrificio furtivo del animal, Federico Hernández sueña con imponer un año más de prisión a los rufianes que acabaron con el mito de inmortalidad del invencible toro cebú. A esos bayameses, la frecuente presencia del obeso dirigente en la programación del Telecentro CNC Granma les recuerda al "gran campeón".

Pero no sólo en Granma la política gubernamental instrumenta prebendas que benefician a la cúpula de poder territorial, permitiéndoles darse la buena vida y engordar como chanchos frente a la crítica falta de alimentos y productos de primera necesidad de la población. No por gusto los secretarios del partido, gobernadores, el alto mando militar, la dirigencia de la ANAP (Asociación Nacional de Agricultores Pequeños) o la CTC (Central de Trabajadores de Cuba) a nivel provincial son objetos de burlas y sarcasmos en cada localidad.

Al caso del "gran campeón” Federico, en Granma, se le puede añadir el de la gobernadora de Camagüey, Yoseily Góngora, bautizada por un joven escultor de Nuevitas como la Venus de Willendorf (Venus de Willendorf - Wikipedia, la enciclopedia libre), debido a su desbordante masa corporal en medio de un contexto donde sus conciudadanos apenas tienen qué comer, pues los alimentos de calidad y otros productos se comercializan en dólares, moneda fuera del alcance de la mayoría de los camagüeyanos.

En agosto de 2020, Yoseily fue protagonista de un hecho que dejó un mal sabor entre los seguidores y detractores de su gordura y gestión gubernamental. Al activista José Luis Acosta Castellón lo detuvo la Seguridad del Estado por hacerle una caricatura y subirla a las redes sociales con el texto: “La gobernadora es tan gorda, que está buena para hacerla bistecs y darle de comer al pueblo hambriento de Camagüey”. El comentario fue considerado una amenaza de atentado por las autoridades de la ciudad.

De ahí que no quiero imaginar qué harían con quienes, cansados de hacer colas para comprar algo de comer, lavar, bañarse o vestirse, se insultan ante la obesidad del zar de la economía, Marino Murillo: le llaman "El globo del ordenamiento" como mismo apodan a Ulises Guilarte, secretario general de la CTC, "El capo de la masa sindical".

También los que pierden su tiempo en seguir las mentiras y unanimidades del Noticiero Nacional de la Televisión durante una reunión del Consejo de Ministros o una Sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular tienen tela suficiente por dónde cortar, de acuerdo al ancho del vestuario de quienes por su militante gordura parecen integrantes del cuerpo de baile de la compañía Danza Voluminosa, más que “servidores públicos” de la nación.

Por eso, si bien la calvicie, el color de la piel y otros rasgos personales de los dirigentes del país no son temas de burlas entre los cubanos de a pie, la gordura sí, porque, más allá de considerarse un lujo o un exceso, es sinónimo de corrupción, ventajas y deslealtad.

Moraleja: en el país de los flacos y la escasez, el gordo comunista no puede ser el rey.

Víctor Manuel Domínguez
Cubanet, 16 de febrero de 2021.

Foto: Federico Hernández Hernández, primer secretario del partido comunista en la provincia Granma. Tomada de CubaNet.