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lunes, 16 de mayo de 2022

Recordando a Raúl Rivero (III)




De Cubafreepress rescatamos Sin pan y sin palabras, crónica de Raúl Rivero escrita en agosto de 1999.

En una celda del hospital militar Carlos J. Finlay de La Habana, en ayuno, enferma y negada a hablar, está pasando este verano Martha Beatriz Roque Cabello.

Con su silencio que ya dura tres semanas, como su abstinencia de alimentos sólidos, ella reclama los beneficios que le pertenecen y establece el Código penal cubano.

Quiere que se le haga la liquidación de los dos años que lleva en prisión porque su condena a tres años y medio está pendiente, y de hacerse firme ya podría otorgársele la libertad provisional.

Martha solo se comunica mediante pequeñas notas que escribe en letra rápida, nerviosa, porque se ha declarado en "silencio por la ironía".

Está enferma de úlcera estomacal, se deteriora por día, baja de peso y se ve depauperada, dicen los familiares que la visitan bajo la estricta vigilancia de un instructor.

Sin embargo, está de buen ánimo y escribe en esos papeles diminutos: "Voy a continuar hasta el final".

¿Cuál es el delito de esta mujer que vive -en un escenario cerrado, oscuro y agónico- los tormentos del hambre y el dolor y la soledad, con el silencio ahora añadido?

¿Será una terrorista empedernida, experta en mecanismos minuciosos que prepara trampas para un ser humano, como si se tratara de un cordero pascual?

¿O la taimada falsificadora que preparó la estafa en una empresa de la clase obrera? ¿Será la autora de un crimen pasional, con deslizamientos y alevosía, escalamiento y nocturnidad?

Preguntarlo hiere, como hieren los olvidos preparados. Es una economista que -junto a otros tres cubanos- examinó, estudió y reflexionó sobre la sociedad en que vive y luego escribió y publicó el resultado de ese análisis en un documento que titularon La Patria es de Todos y fue redactado en junio de 1997.

Ahí está Martha, sola con el murmullo de su bolígrafo barato sobre el papel, contenida, Pero en disposición de usar los instrumentos que toma de las circunstancias, del entorno en que la tienen.

El texto que ayudó a redactar sí está libre y anda por Cuba y por el mundo, y se mueve en y hacia los cuatro puntos cardinales, porque las ideas no necesitan leyes, no creen en puntos fronterizos ni en cadenas. Y entran y salen y se posesionan (o no) de palacios y calabozos.

Martha Beatriz Roque Cabello cerró la región del sonido provisionalmente. Solo deja que las palabras escritas le lleven al mundo exterior el mensaje de una mujer lúcida y paciente que este verano está enferma y silenciosa en la celda de un hospital militar.

Raúl Rivero

Cubafreepress, 11 de agosto de 1999.

Foto: Martha Beatriz Roque Cabello en 1999. Tomada de Wikipedia.

lunes, 9 de mayo de 2022

Recordando a Raúl Rivero (II)




De Cubafreepress rescatamos País de papel, crónica de Raúl Rivero escrita en julio de 1999.

La nomenklatura, los medios de comunicación y grupos de adoradores del santoral comunista protagonizan ahora mismo en Cuba un acto de ilusionismo conturbador, que consiste en vivir en un país imaginario, en una nación que ellos inventan cada amanecer.

Es el terreno ilusorio de funcionarios, burócratas y pícaros que permutaron el convulso territorio nacional por un archipiélago truculento, que sacan de los bolsillos de las guayaberas, de la Samsonite, de los despachos refrigerados y de los manuales de Constantinopla.

Es un país aséptico, compacto, grávido de victorias y realizaciones, sin flora ni tierra ni manantiales, hecho de ráfagas constantes de oratoria, de mares de tinta, cadencias guerreras y paralizado en imágenes del pasado.

Es una nación hilarante y terrible, viva artificialmente junto a la verdadera, la dramática, la sombría, la violenta, la dura, la compleja y desconcertada Cuba.

Sucede que el mismo día que grandes sectores de la población viven las angustias de las mesas desnudas, se anuncia en un periódico que la provincia de La Habana, "tiene acumulada un promedio de 357 gramos de hortalizas por habitante, o sea, 57 por encima de lo establecido por la FAO".

Mientras la televisión pasa tres culebrones colombianos, uno cubano y otro melodrama japonés, otro medio despliega este conmovedor titular: "¡Cultura, qué despegue!"

Se debate el problema de los mercados asiáticos de la langosta, y un funcionario llama a elevar la pesca y la eficiencia. Eso es un asunto del país de papel porque en el auténtico, al ciudadano que sorprenda la policía con una langosta, viva o muerta, va a parar a la cárcel o se le impone una multa delirante.

En la Cuba de tinta todo marcha según los planes, todo es perfecto y orgánico, el repertorio de consignas crece, los héroes se agigantan en su quehacer diario y los noruegos comienzan a aceptar su fracaso porque tienen menos médicos por habitante.

En la de verdad, los planes fracasan, hay corrupción, la gente rechaza las consignas, está aburrida de los héroes y no quiere saber de Noruega ni de la FAO cuando se enferma o tiene hambre.

En esa isla de ficción se odia a muerte al enemigo y las heridas, las guerritas fratricidas y las escaramuzas y contiendas se reabren a cada rato para que vuelva a brotar la sangre y se mantenga la tensión y la discordia y la división de la familia y el encono.

En la Cuba real se pide paz, reconciliación, reencuentro, remedio, alivio, tranquilidad, se reclama no olvido sino reflexión, se añora una atmósfera de reunificación y convivencia.

Ahí está ese país falso que se enciende con el furor de los discursos, de la letra inocente y la palabra dócil y que se desvanece y se apaga con la cercanía y el contacto.

Y aquí la otra, en las brasas de julio, anónima, plural y soñadora.

Raúl Rivero

Cubafreepress, 20 de julio de 1999.

Foto: Havana 1999 del francés Xavier Anaise. Tomada de Havana Times.

lunes, 2 de mayo de 2022

Recordando a Raúl Rivero (I)


Al cumplirse seis meses del viaje final de mi amigo, el poeta y periodista Raúl Rivero (Raúl Rivero (1945-2021) - Desde La Habana), he querido recordarlo con cinco posts en mi blog, donde en sus quince años de fundado se han publicado texto suyos o sobre él.

La primera carta que Raúl Rivero recibió en la Prisión Provincial de Canaleta, en Ciego de Ávila, se la envié yo. Por ello fue a mí a quien por vez primera escribió. Utilizó el mismo sobre pequeño, amarillento, que le había puesto dentro de mi carta. El sello era de 75 centavos, cinco veces el valor requerido y en tonos sepias aparecía Antonio Maceo. En dos hojas arrancadas de un cuaderno, sobre tenues líneas azules y respetando el margen izquierdo, con un bolígrafo de tinta azul, escribió Raúl: 

Querida Tania:

Hace unas horas recibí tu carta y, en realidad, me dio mucha alegría. Algunas de las preguntas que me haces ya están respondidas porque Blanqui (su esposa Blanca Reyes) te habrá contado. En efecto estoy escribiendo poemas, generalmente de amor y de ex amor porque este es un sitio donde los recuerdos –buenos y malos- te visitan a voluntad. A veces hago textos poéticos con asuntos ingeniosos, literarios, sobre escritores, porque me paso muchas horas leyendo. He leído o releído textos importantes como La guerra y la paz, del viejo Tolstoi y El maestro y Margarita. La Antología de la poesía colonial (que yo le envié) fue un éxito. Me gustó mucho y junto al libro de Gastón Baquero los tengo como los más importantes de mi biblioteca particular.

Aquí en la prisión hay una biblioteca bastante bien surtida que utilizamos normalmente. He vuelto sobre la narrativa cubana del siglo XIX.

También escucho diariamente muchos sonidos de lugares queridos de mi infancia, porque estoy como comentas con Iván (mi hijo) en una especie de Viaje a la semilla. Tenemos un pequeño radio que escuchamos noticias por la mañana y, a veces, también las mesas redondas. Recibimos el diario Granma. En general, como te habrá contado Blanqui hay un trato respetuoso y profesional para los que estamos aquí. Claro, son condiciones difíciles, sobre todo los largos periodos de las visitas que comienzan ahora, pero, bueno, eso es lo que nos ha tocado.

No me acordé del aniversario de la desaparición de nuestro amigo Jesús, pero me acuerdo mucho de él, de su hijo, de Carlos.

Me alegro que sigas de abuelita al frente del comedor obrero de la Víbora y te recuerdo que sólo la realización de tus planes te librará de tu función al frente del fogón.

Te ruego que sigas ayudando a mi familia como hasta ahora y te lo agradezco mucho. También la selección de los libros. Espero que Pepe (José Prats Sarios) no me envíe próximamente Papillón. ¡Qué personaje!(Prats le había enviado El Conde de Montecristo).

Me le das un gran abrazo a Iván, a quien por prejuicios de viejo nunca le había dicho que lo admiro mucho profesionalmente. Besos para Tamila (mi hija) y para la negrita (mi nieta), que debe ser el motor básico de tu empeño.

Espero tu respuesta porque una carta de alguien siempre es muy importante, pero de alguien como tú es muy especial. Muchos besos, Raúl

Video: María Karla Rivero Veloz, hija de Raúl Rivero y de la actriz Coralita Veloz, se emociona al hablar de su padre. Publicado en ADN Cuba en julio de 2020. Cinco días después del fallecimiento de Raúl en Miami, el 6 de noviembre de 2021, Maka, nombre artístico de María Carla, en el espacio Esto no tiene nombre de Tu Miami TV, le dedicaría un programa.

lunes, 25 de abril de 2022

Cuba, ciudades en cuarto menguante



La Habana sumó un año a sus siglos el 16 noviembre de 2021. Su ejemplo capital revela en el urbanismo y la arquitectura de todo el país una realidad que debería ser otra. "La ciudad sonríe mientras cree ver la luna / reflejada sobre un plato vacío. / Duele esta ciudad cuarto menguante, / pero más este siglo que no sabe besar sin close up", dice un poema de Yenys Laura Prieto a La Habana. Bien podría ser a Trinidad, Baracoa y cualquier ciudad cubana a la vez.

Cuando las ciudades duelen los especialistas buscan un diagnóstico. "Es la resaca, término relativo a la ebriedad" de los últimos 60 años, dice el arquitecto Juan José Díaz Martínez ((20+), CEO y Fundador de OASYC, un despacho de Arquitectura y Construcción. Es algo peor. La resaca es solo el anuncio, la advertencia de la enfermedad que tarde o temprano llegará si lo malos hábitos persisten. Este es el caso. Los órganos Arquitectura y Urbanismo del cuerpo Ciudad ya están afectados.

Empezamos por simplificar los conceptos: "La arquitectura es el arte y la técnica de concebir, diseñar y construir edificaciones que funcionen como hábitat para el ser humano, ya sean viviendas, lugares de trabajo, de recreación o memoriales". El urbanismo, una disciplina muy cercana, "se encarga de la comprensión, conceptualización y mejoramiento de las ciudades".

La enfermedad urbanística y arquitectónica de las ciudades cubanas se nota más porque tuvieron una salud de hierro. En el ensayo Arquitectura y urbanismo en Cuba (1902-2008): 56 años de construcción y 50 años de destrucción, el arquitecto cubano Nicolás Quintana asegura que las cuatro primeras décadas del siglo XX convirtieron a La Habana en un "producto de la libertad plena dada a la creatividad individual: es su resultado utilitario-estético".

El trazado de La Habana es herencia de la Península Ibérica. "Igual que sucedió con el urbanismo, la arquitectura de España se convirtió en el filtro a través del cual llegaron a Cuba las tradiciones mediterráneas: greco-romanas e islámicas", resume Quintana. Para finales de la década de 1940 y en los 50, ya la ciudad estaba buscando "una arquitectura que el cubano pudiera identificar como propia, transparente en su mensaje y en su contenido", escribió Quintana, quien realizó sus últimos años como docente en una universidad de la Florida. Después de aceptar y absorber los distintos estilos, los arquitectos cubanos se proponían buscar algo más parecido al calor y a la gente. No tuvieron tiempo.

Una inmensa mayoría de estos profesionales, reconocidos internacionalmente, graduados de la Universidad de Columbia en Nueva York o de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana, cuyo currículo se basaba en el sistema de la École des Beaux-Arts de París, se vio forzada al exilio. La Revolución se vanaglorió de expulsar a los profesionales y técnicos "burgueses" en casi cualquier especialidad. Con ellos se iban también sus conocimientos. "La arquitectura residencial es un álbum de tendencias que describe a la comunidad con nuevos paradigmas en constante renovación, según el estilo de vida de las personas que la habitan, para una existencia más llena de significados", expresa el arquitecto Juan José Díaz Martínez.

A partir de 1959 se pueden identificar tres formas fundamentales de urbanización residencial: los proyectos sociales, ejecutados por el aparato gubernamental, los experimentos de construcción en colectivo y el desarrollo por esfuerzo propio. El único ejercicio saludable de la arquitectura revolucionaria se le reconoce al Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV). Presidido por Pastorita Núñez entre 1959 y 1962, el INAV construyó con cierta identidad y bienestar repartos de viviendas aisladas o conjuntos pequeños y medianos de edificios de apartamentos: las llamadas 'casas de Pastorita'.

"Este quehacer no ha sido superado en calidad de ejecución y diseño por ningún otro plan de construcción de viviendas sociales desarrolladas en Cuba con posterioridad", aseguraba en 2015 un texto sobre las 'casas de Pastorita' que forma parte del proyecto de investigación número PR-0470 titulado Más de cien años de la vivienda social en Cuba, cuyos resultados también tributan al proyecto Diccionario de arquitectos cubanos, ambos patrocinados por la Facultad de Arquitectura del Instituto Superior Politécnico José A. Echeverría. A partir de entonces "se dispuso que la arquitectura fuera solo construcción, despojándola de toda expresión estética", escribió Quintana. La Habana pasó a destacarse por "la creación de ruinas como expresión de la nueva cultura". El escritor Virgilio Piñera lo intuyó y tuvo miedo, mucho miedo.

Un ejemplo de mala praxis está en las obras de las microbrigadas impulsadas en 1970 por Fidel Castro. A un colectivo de trabajadores se les pedía que abandonaran su profesión por uno o dos años, para dedicarse a construir el edificio donde vivirían. Ahí está Alamar, una copia de carbón a mano alzada con diseños importados del bloque socialista. Castro elogiaba sus bondades de "comunidad cien por ciento proletaria". Era muy conveniente que estos obreros encontraran allí su significado. En la práctica, las cuatro funciones urbanas (vivienda, trabajo, recreación y transporte) chocan todavía en una caótica y desgastante relación. Por lo menos tienen una funeraria. En los años 90 llegaron las "casitas de bajo costo". Cuando la preocupación está solo en "las estadísticas de la masividad en la construcción y se abandonan los valores artísticos de la Arquitectura, esta deja de existir", dice Juan José Díaz Martínez. Masividad rima con populismo y culto a la personalidad.

¿Qué pasa a nivel familiar? Se hace casi imposible priorizar criterios estéticos cuando otras necesidades básicas no están cubiertas. Solo la funcionalidad de un hogar puede tomarle décadas a una familia cualquiera y quizás nunca lo termine. Osmel Matos, ingeniero mecánico, trabaja incansablemente porque, además, le gusta su profesión. Lleva 19 años construyendo su casa mientras vive prestado en el hogar de sus padres. Cuando no le falta cemento, le faltan áridos, acero o madera. La mayoría de las veces le falta el dinero, porque sus dos hijos y su esposa tienen que vestirse y comer todos los días.

Según Díaz Martínez, si miramos el mejoramiento de los espacios destinados a infraestructura comercial y social, la indiferencia es una variable a tener en cuenta. De otra manera, no se explica la cantidad de obras inconclusas. Entre esas obras menciona "el Instituto Superior de Arte, el Palacio de Convenciones, la Ciudad Universitaria José Antonio Echeverría, que se quedó en Instituto. Y más cerca a nuestros días, la zona franca de Habana In Bond, que de zona franca solo tuvo los almacenes, la gerencia y la aduana. También el puerto del Mariel, iniciado con la constructora Odebrecht, de Brasil, envuelta en corrupción y sobornos para conseguir contratos; dejaron de dragar la bahía e iniciaron directamente la construcción del puerto, por lo que ahora no pueden acceder los mega barcos porta contenedores."

Díaz Martínez, quien trabajó en la Dirección de Proyectos de la Oficina del Historiador de La Habana, reconoce que hay "buenos ejemplos donde la iniciativa privada ha rescatado bellos edificios, renovando poco a poco la vida de la ciudad, como es la zona de la Loma del Ángel en La Habana Vieja". Sin embargo, otros espacios como "el restaurante Moscú, la termoeléctrica de Tallapiedra y tantos edificios joyas de nuestra arquitectura están abandonados y/o en estado ruinoso; hasta parcelas como la del antiguo Edificio Alaska, en 23 y N, en La Rampa, o la manzana del Hospital Infantil Pedro Borrás, al pasar de los años continúan siendo un espacio en blanco con un recuerdo gris en nuestra ciudad".

En la Deutsche Welle, el arquitecto y urbanista Julio César Pérez Hernández dijo en 2016 que que "La Habana puede salvarse", en referencia a su Plan Maestro para La Habana del Siglo XXI. Se trata de un proyecto de rescate de la capital, surgido en 2001-2002, durante el Loeb Fellowship que Pérez Hernández realizó en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Harvard (es el único cubano con ese título). El plan tendría que enfrentar "en lo arquitectónico, el creciente deterioro físico del patrimonio edilicio; en lo urbanístico, la obsolescencia de la infraestructura y riesgo de transformación o pérdida de la traza urbana y un comportamiento social inadecuado; en lo ambiental, la contaminación derivada del mal manejo de futuras inversiones y, en lo social y cultural, un desequilibrio irreversible."

Pero el Plan Maestro de Pérez Hernández no es algo nuevo, afirma Rafael Muñoz, uno de los arquitectos cubanos que proyectó el Hotel Meliá Habana. "Desde mis años de estudiante, en los 80, he visto propuestas más o menos similares. Propuestas hechas por la Universidad, por la gente de la Maqueta de la Ciudad, por la Empresa del Metro de La Habana. Teoría y teóricos no han faltado en Cuba. Probablemente todos los arquitectos cubanos sepan cuál es la solución y a dónde debemos llegar, pero el problema sin solución hasta el momento es el cómo hacer realidad esos planes o esos deseos de salvar la ciudad."

En una galería de doce fotos que puede verse en la Deutsche Welle, de forma desglosada se muestran algunos de los muchos problemas de la "Ciudad Maravilla", título que le otorgó en 2016 la organización suiza New 7 Wonders. El problema número uno sigue siendo la grave situación del fondo habitacional. A inicios de 2021, el déficit habitacional de Cuba estaba cerca de las 900 mil viviendas. A este mal se suman los inmuebles en regular y mal estado y el hacinamiento de familias de tres y más núcleos bajo un mismo techo.

El dicho "el que se casa, casa quiere" es una quimera. Un matrimonio joven por lo general no puede aspirar a tener su propia vivienda. Vive con sus padres, abuelos y hasta se suman sus hijos. Pared con pared por todas partes. Divisiones intermedias. Unas tejas de zinc por donde debía entrar la luz y el aire. Una escalera que desciende de un tercer piso hasta cortar la acera.

En 2008 el arquitecto Nicolás Quintana calculó que solo para enfrentar la situación de la vivienda en Cuba harían falta más de 50 mil millones de dólares. "Un cuadro realmente pavoroso que tomará años salvar, luego del retorno a la democracia, al respeto a los derechos humanos y a la libre empresa", apuntó. Para Rafael Muñoz, ni siquiera se trata de convencer a los políticos de que La Habana debe ser salvada, porque "nadie, absolutamente nadie se negaría a tener una ciudad renovada con todos sus servicios, humanamente agradable y sustentable. Es el altísimo costo monetario que ese esfuerzo implica lo que impide que esos sueños se vuelvan realidad".

Como en otras esferas, las prohibiciones y limitaciones a las iniciativas privadas, pilares del progreso de Cuba antes de 1959, se notan en el deterioro de "la arquitectura posrevolucionaria, por ser de las siete artes la única que no se puede censurar", afirmó el arquitecto Julio Herrera en una de las entregas de Desidia en Cuba, una serie de imágenes que publica en Twitter. Para Juan José Díaz Martínez, es la iniciativa privada la que puede desarrollar una ciudad. "El Estado solo debe regular y legislar con transparencia y flexibilidad; limitarse a la evaluación de propuestas de nuevos proyectos urbanos, ya sean desarrollados por empresas de proyectos de arquitectura o estudios privados de arquitectura, ambos en igualdad de condiciones."

Pedro Machado, un emigrado cubano que trabajó en la construcción, señala que "ya en Cuba se han probado las microbrigadas, los contingentes, el esfuerzo propio, el bajo costo, y el resultado casi siempre ha sido un desastre. Un cubano que se para por primera vez en medio del Bayside en Miami, mira para arriba los edificios, mira para abajo los botes en la marina, los restaurantes, siente la música y dice ¡caramba! ¿todo esto es privado? Cuesta trabajo procesar que todo eso sea fruto de la industria del Real Estate, de la iniciativa privada, que nada es del gobierno y que todo funciona. Libertad es lo que hace falta en Cuba y no tanta muela y controladera."

De licitaciones, desarrolladores, contratistas, constructores, prestamistas y vendedores está lleno el negocio de los Bienes Raíces o Real Estate en los países desarrollados. Pueden incluir propiedades, terrenos, edificios, derechos aéreos sobre el terreno y derechos subterráneos debajo del terreno. Como término comercial, bienes raíces también se refiere a producir, comprar y vender propiedades. Es un motor fundamental del crecimiento económico, así que es capaz de afectar la economía en Estados Unidos o China. Sería también un motor de crecimiento para la economía cubana.

En Estados Unidos existen regulaciones federales, estatales y locales. El gobierno de las ciudades designa áreas para el desarrollo urbano sobre las que pesan normas diversas, sobre todo de salubridad y medioambientales. "Por ejemplo, si en cierto terreno habita un murciélago en peligro de extinción, no otorgarán permiso para su desarrollo. Las ciudades del siglo XXI están forzadas a asumir un compromiso con el medio ambiente. Hoy no se concibe una ciudad sin edificios que regulen activamente el intercambio de energía, que aumenten el confort de sus habitantes con cosas tan simples como el uso legislado de aislamiento térmico en sus fachadas. Esas leyes ni siquiera existen en Cuba", advierte Rafael Muñoz.

Una vez cubiertas todas las regulaciones, comienza no solo la construcción, digamos, de uno o varios condominios de viviendas, sino toda la infraestructura a su alrededor. Eso quiere decir que habrá viales, redes hidráulicas, parqueos, áreas verdes, mercados, centros comerciales, oficinas de servicios de salud, gimnasios, recreación. Cualquier obrero puede disfrutar entonces de un inmueble, ya sea en calidad de inquilino o de propietario. Esos inmuebles tendrán aire acondicionado/calefacción, agua potable fría o caliente, alarmas contra incendios, teléfono, internet.

Hablamos de un país desarrollado porque Cuba también podría garantizar estos servicios básicos en un contexto urbano si estuviera administrada de una forma diferente, por gobiernos diferentes, con valores diferentes. Sin ánimos de exaltadas comparaciones nacionalistas, podemos mencionar que las casas Villa Jabón Candado, construidas en diferentes pueblos a lo largo de la Carretera Central de Cuba y obsequiadas como estrategia comercial por la compañía Crusellas, fueron las primeras que en América utilizaron la energía solar como método para calentar agua, y estamos hablando de la década de 1930.

El obrero mencionado, que trabaja como chofer en Estados Unidos, a diferencia del ingeniero, el médico o el maestro cubano, no tendrá que preocuparse porque a sus hijos les falten el vasito de leche, los vegetales, las frutas y la carne. Trabajará para que siga siendo de ese modo. Lógicamente, ese chofer no podrá, por lo general, comprar al contado una vivienda. Tendrá que llevar una vida organizada, demostrar estabilidad en sus ingresos, pagar deudas menores para ser digno de créditos mayores, ser confiable para que los bancos le presten el monto de una hipoteca, cuyo pago mensual no debe exceder el 30 por ciento de lo que gana en el mes. Un sinnúmero de situaciones adversas y hasta injustas pueden acontecerle al chofer. Algunos nunca tendrán una vivienda propia o pudieran perderla. Pero con trabajo y orden en sus finanzas, ese chofer, mientras liquida mensualmente una deuda persistente de hasta 30 años, vivirá dignamente con su familia.

Hace justo cien años, cuando terminó el segundo período del gobierno de Mario García Menocal -una época con una encomiable labor constructiva, si damos crédito a los historiadores, la gestión gubernamental, complementada con la iniciativa privada, había resultado en innumerables viviendas, comercios, oficinas, hospitales, escuelas, parques y monumentos. Entonces se remodelaron, por citar unos pocos ejemplos, el Hotel Inglaterra, el Teatro Tacón, los hospitales de Pinar del Río, Santa Clara y el Calixto García, nombrado para la ocasión en honor al general mambí. Se amplió la Manzana de Gómez y el Malecón llegó hasta la Calle G. Se construyeron las Quintas de Salud del Cerro, el Hospital Freyre de Andrade en Carlos III, el edificio de la Aduana, el Muelle de San Francisco. Cines, parques y clubes sociales en distintos puntos de la ciudad fueron estrenados entonces. La familia del presidente se mudó al recién inaugurado Palacio Presidencial. Le erigieron monumentos al general Antonio Maceo y al hundimiento del Maine.

La estatua de bronce del Alma Mater comenzó a presidir la Universidad de La Habana y Dulce María Loynaz recién había publicado sus dos primeros poemas. Las obras de pavimentación, alcantarillado y acueductos, junto a las demás edificaciones, tenían la intención de proyectar una ciudad capital que estuviera a la altura de su tiempo. El país había pasado de tener 1.572,797 habitantes en 1899, a 2.889,004 en 1919. Pocas obras de desarrollo y muchas bases de destrucción posterior se le atribuyen al gobierno corrupto de Alfredo Zayas. De todas formas, pavimentó las principales vías de Manzanillo, creó el Jardín Botánico de Santa Clara, construyó el Acueducto de Bejucal y el Estadio de la Universidad de La Habana.

El otro gran salto en el desarrollo urbanístico se dio en la época de Gerardo Machado: escuelas técnico-industriales, de comercio, de enseñanza superior y elemental, hospitales de provincias, fábricas de productos que no eran los tradicionales azúcar y tabaco, preocupación por el medio ambiente. Con el Gobierno de Machado se terminó de construir el Capitolio Nacional y se inauguró el servicio aéreo entre La Habana, Miami y Cayo Hueso. La construcción de la Carretera Central, 1.179 km con una base de concreto y una capa de asfalto a un costo de 110 millones de dólares, facilitó también la urbanización de pequeños pueblos a su paso. El machadato construyó el Presidio Modelo de la Isla de Pinos, numerosas obras en Matanzas y el Palacio de Justicia de Santa Clara, así como obras de acueducto, alcantarillado y pavimentación en esta ciudad. Fue durante la administración de Machado que se contrató al arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier para el plan de urbanización de la capital. Se llamó Proyecto del Plano Regulador de La Habana y sus alrededores y lo ejecutaron profesionales cubanos y franceses.

Bajo este plan se hizo la alineación y ampliación de la entrada del Puerto de La Habana y la modificación del Paseo del Prado. Se construyeron nuevos repartos y avenidas como la del Puerto, la de las Misiones y la Quinta Avenida. Se levantaron pabellones para ferias y quedaron a disposición de los habaneros parques como el Maceo, el Central y el Campo de Marte o Parque de la Fraternidad. También por esos días, el joven Lezama Lima, estudiante de Derecho, sería de los primeros en subir y bajar con sus pasos neobarrocos la monumental escalinata de la Universidad de La Habana.

Mientras, la empresa privada construía los edificios Bacardí y Compañía Cubana de Electricidad; el Centro Asturiano, el Habana Biltmore Yacht and Country Club, el Auditorio de Pro-Arte Musical y los hoteles Nacional y Presidente. Aunque incomparable con las de Menocal y Machado, la presidencia de Ramón Grau San Martín dejó obras como el edificio Radiocentro-CMQ -comenzando así el desarrollo de La Rampa- y la Vía Blanca que uniría la ciudad de La Habana con Varadero. También construyó parques, colegios, hospitales y viviendas de interés social.

La bonanza económica de la década de 1950 permitió la realización de numerosos proyectos, sobre los cuales la empresa privada tuvo mayor protagonismo. Se terminó el último tramo del Malecón y se construyeron la Ciudad Deportiva y todos los túneles de La Habana, trayendo un mayor acceso y desarrollo de las áreas suburbanas, y crecimiento hacia el este. En esta década se construyó, por mencionar unas pocas obras, la Plaza Cívica de la República con su Monumento a José Martí, la Terminal de Ómnibus de La Habana, la Biblioteca Nacional, el Ministerio de Comunicaciones y el Teatro Nacional.

Con capital privado quedaron edificados los hoteles Habana Hilton y Riviera y el edificio Partagás. También se construyó uno los clubes nocturnos más famosos de su época, el Cabaret Tropicana, escenario de los grandes de Cuba, hasta donde llegó Pedro Vargas y el Unforgettable de Nat King Cole. "Durante las décadas de los 40 y los 50 se realizaron innumerables proyectos por la empresa privada, complementando la labor del Estado, para así poder darle viviendas a una población que aumentaba en rápido crecimiento", resume el arquitecto Nicolás Quintana.

Cien años después del Gobierno de Menocal, los Anuarios Estadísticos son laberintos de números entre categorías y subcategorías. Del último, por ejemplo, si se suma la cantidad de viviendas terminadas entre 2015-2020 da como resultado 174.813. La Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba no dice cuántas de ellas están ocupando los damnificados de ciclones, los que han permanecido por décadas en "albergues" o los que habitan en un "llega y pon" sin derecho a agua y electricidad.

De lo que se sabe es de calamidad: el hospital infantil del Vedado Pedro Borrás, representativo de la arquitectura cubana, fue demolido en 2015 porque desde su clausura en 1988 no se encontró incentivo para repararlo; un tornado terminó de derrumbar cientos de viviendas que ya venían derrumbándose; una casa cayó sobre una abuela y su nieta en Playa; un edificio cobró la vida de un transeúnte en el Cerro; un balcón mató a tres niñas en Jesús María. Y así las cosas con la tugurización y la estática milagrosa. También se sabe de la construcción de hoteles o la remodelación de inmuebles para el turismo. A finales de 2017, el entonces ministro del sector, Manuel Marrero, había dicho que planeaban tener listas más de 100 mil habitaciones en toda la Isla para 2030.

En La Habana, por lo menos siete nuevos hoteles de lujo y otros doce estarían siendo reformados. Fuera de la capital salió ya a relucir el hotel Meliá Trinidad Playa, categoría Cuatro Estrellas Plus, y el hotel de lujo Mystique Casa Perla by Royalton, en Varadero. "Estos hoteles en Varadero y los que en La Habana construye el GAE (se refiere el arquitecto Juan José Díaz Martínez al Grupo de Administración Empresarial del Ministerio de las Fuerzas Armadas, o sea, el monopolio militar GAESA), en medio de la pandemia, son de capital privado. ¿De quién?, no sé, pero del Estado cubano no es". Cuba sí desarrolla infraestructuras y sí utiliza capital privado. Para el beneficio del turismo y de unos pocos privilegiados.

En cuanto a las viviendas de calidad, construidas antes de 1959 y usurpadas a los patrimonios familiares, están en su mayoría en manos del Estado. Se entregan a militares de alto rango o funcionarios del Gobierno que pueden disfrutarlas mientras no caigan en desgracia. Las familias de la casta mayor pueden lucrar en Airbnb con ellas; como el sonado caso de la nieta de Raúl Castro y su mansión en Miramar.

GAESA, el consorcio militar-gubernamental construye también tiendas recaudadoras de divisas y bulevares para comercio minorista. No le interesan los viales; sigue inconclusa la Autopista Nacional. Las instalaciones sanitarias y deportivas que quedan en pie dan deseos de llorar. Los parques infantiles son amasijos de hierros y desilusiones. Entre las Siete Maravillas de la Ingeniería Civil y Arquitectura en Cuba, sólo dos tocan la década del 60, las demás son anteriores. Una de estas obras es el Puente de Bacunayagua, que se comenzó a construir en 1956 y se inauguró el 26 de septiembre de 1960.

La otra obra es el Viaducto La Farola, construido entre 1964-1965. Comentarios callejeros en Baracoa y Guantánamo aseguran que al ingeniero de esta singular carretera no lo dejaron irse del país hasta que la terminó. En enero de 2020, ONU-Hábitat, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, reconoció la aprobación por parte del Consejo de Ministros de Cuba del Plan de Estado de Acción Nacional para la implementación de la Nueva Agenda Urbana (NAU) hasta 2036. Supuestamente, en concordancia con la NAU, "la política urbana cubana promueve desarrollar estructuras compactas que garanticen el máximo aprovechamiento del potencial de crecimiento interno de las ciudades y demás asentamientos; incrementar las densidades; optimizar las redes técnicas y servicios existentes; y fomentar la recuperación y crecimiento del fondo habitacional".

¿Qué quiere decir esto en términos prácticos y de bienestar humano? "Nada, no quiere decir nada", asegura Juan José Díaz Martínez: "El ejemplo lo tenemos en la ciudad a la vista pública: hoteles buscando el cielo, viviendas cayéndose, redes de saneamiento colapsadas (…). Solo hay que caminar por la ciudad para ver los sumideros pluviales, las rejillas de drenaje, se ven totalmente obstruidos; uno de ellos es el de la esquina del hotel Riviera en Vedado. Las redes deben someterse a una restauración capital y sustitución de tramos que presentan grietas en los conductos. Otorgar subsidios a particulares para arreglos o para la construcción de una casita no es la solución porque no conseguirán una vivienda confortable y digna, pues dejan su suerte de la mano de albañiles sin acceso a una buena solución de arquitectura que maximice los recursos locales a su alcance. Tampoco es solución aventar a las personas dentro de instalaciones portuarias abandonadas, bellas estructuras, para que con esfuerzo propio las intervengan y subdividan a gusto, sin tener en cuenta, por desconocimiento, las condiciones imprescindibles que hacen a una vivienda al menos saludable; ya a partir de aquí podemos hablar de Arquitectura", considera Díaz-Martínez.

¿Cómo se pueden llevar las palabras a hechos concretos? Para Díaz Martínez, "hay que abrir espacios de participación y actuación ciudadana con los promotores estatales de las políticas y los arquitectos e ingenieros junto a las personas de a pie a las que nos debemos. El gobierno, a través de Proyectos de Desarrollo Local y otras fuentes de financiamiento, debe ejercer como promotor de desarrollos inmobiliarios para el sector social, que aquí incluye desde el obrero hasta el médico. Es mediante licitación pública y transparente, abierta al escrutinio público, que deben elegir tanto a los arquitectos como a la constructora que desarrollará las viviendas y demás servicios de corte social".

Cuando esta política urbana habla de "estructuras compactas" quisiéramos pensar en la mini casa prefabricada de Elon Musk, pero la imagen que llega a la cabeza es la de un cuatro por cuatro con barbacoa: el otrora baño de un edificio de 1904 convertido en casa dentro de un solar de la calle Amargura, en La Habana Vieja. Cuando se habla de "incrementar las densidades" asusta la idea de una Habana hongkonizada. Dice Martín Caparrós que en Hong Kong el contacto entre el hombre y el suelo es muy escaso, nada que ver con La Habana. Dice también que Hong Kong vende obstinación. ¿Quién va a querer más de eso para La Habana?

En septiembre de 2021, el programa Mesa Redonda de la televisión estatal anunciaba la apertura de un nuevo organismo de la Administración Central del Estado, el Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo, que sustituiría al Instituto de Planificación Física (IPF). El general Samuel C. Rodríguez Planas, presidente del IPF, que asumiría también la dirección del nuevo organismo, dijo que la decisión respondía al perfeccionamiento del modelo económico y social. Otras dos funcionarias del IPF dijeron que se pretendía elevar la gestión y credibilidad y que los municipios serían las instancias más fortalecidas con el supuesto cambio. "Es el mismo organismo y hasta con el mismo nombre, solo que con más palabras. Lo siguen dirigiendo las mismas personas guiadas por el mismo proceso de pensamiento, o de la ausencia de este quizás", dice Díaz Martínez. Nadie sabe qué pensaría hoy Eliseo Diego en la Calzada de Jesús del Monte, que es la de 10 de Octubre, la misma calzada con otro nombre. Seguro notaría que están aún más frágiles las tablas del sueño.

La esperanza de jóvenes profesionales de la Arquitectura se truncó en febrero de 2021, cuando esta importante especialidad quedó dentro del listado de prohibiciones para el sector privado. Para Díaz Martínez, el desarrollo urbanístico y arquitectónico depende de la apertura a la iniciativa privada, de "un espacio oficial dentro de las actividades por cuenta propia. Digo espacio oficial, porque el espacio natural ya lo tenemos. Existimos y ejercemos y pagamos impuestos, pero no por concepto de Estudio de Arquitectura con firma reconocida como en las empresas de Arquitectura del Estado."

Permitir al cubano invertir en Cuba, sin limitar sus utilidades, fue otro de los requisitos que mencionó Díaz Martínez para que las ciudades comiencen por fin a recibir las inyecciones que necesitan. Pero no hay que engañarse, hace falta dinero, mucho dinero, y el sentido práctico de la resignación y la adaptación. "La arquitectura es un arte utilitario y es el arte más caro", recuerda Rafael Muñoz, quien lleva dos décadas viviendo en Alemania: "He tenido la oportunidad de ver el renacer de ciudades que fueron barridas durante la guerra. Dresde, por ejemplo, ha estado reconstruyendo por más de 30 años y aún no termina. Berlín ha reconstruido poco. Ni siquiera una economía como la alemana puede darse el lujo de rehacer la ciudad. Ellos han tenido que asumir con pragmatismo la reconstrucción y decidir qué debe ser demolido, qué debe ser recuperado y cómo se inserta la ciudad nueva dentro de la vieja".

José González Villoria, presidente del Colegio Nacional de Arquitectos de Cuba en el exilio, cree que la Isla "tiene un potencial enorme. Después de sanear las infraestructuras creo que en cinco años la ponemos como nueva", dijo en conversación con la autora. Graduado de Arquitectura en la Universidad de La Habana, González Villoria trabajó en el Ministerio de Industrias cuando era presidido por Ernesto Guevara. Entró como diseñador en la industria química y alimenticia, y luego pasó a dirigir el Departamento de Arquitectura de la industria pesada. "Llegué a tener 47 arquitectos e ingenieros a mi cargo", recuerda González Villoria, a quien no le gustó el rumbo que tomaba el país y lo abandonó junto a su familia en 1967. "Unos 600 arquitectos e ingenieros se fueron en esos años". González Villoria piensa que, si todo cambia de repente en la Isla, muchos más podrían regresar, ellos o sus descendientes y alumnos, con el conocimiento acumulado en todas partes del mundo para ponerlo en función de desarrollar el país.

A sus 89 años, González Villoria es un activo arquitecto registrado, contratista general y consultor de hotelería en varios estados de los Estados Unidos. A pesar del tiempo fuera de Cuba, desea tener la posibilidad de aportar, con proyectos realistas, lo mejor para su país natal. Es una buena señal el hecho de que a los habaneros que están fuera y dentro de Cuba les siga importando La Habana. Incluso en redes sociales han pedido cuentas por las acciones que la laceran. Fue el caso de la pavimentación del área verde en los últimos cien metros del paseo de la Calle G, frente al Malecón. Sucedió también con el muro de la Playita de 70, en Miramar, que las autoridades tuvieron que derrumbar varios días después de construirlo.

"Los habaneros hemos perdido gran parte de la ciudad. Es un hecho. No es posible recuperar la ciudad tal como fue. Tenemos que aceptar que, cuando al fin llegue el día en que podamos permitirnos recuperar la ciudad, el estruendo de los buldóceres que acometan las demoliciones va a ser la música de fondo por mucho tiempo", augura Muñoz. En medio del efímero jolgorio por la reanudación de relaciones con Estados Unidos, Julio César Pérez Hernández, quien estuvo viajando a Cuba por esos años con el propósito de comenzar a implementar su plan de rescate, dijo que "La Habana debe ser soñada, diseñada y concebida para el futuro".

Las voces de cambio de julio y noviembre de 2021 vinieron a confirmar que solo quedó en el entusiasmo ese ansiado cambio de mentalidad política en quienes dictan los designios del país. Hablar de urbanismo y arquitectura es hablar de belleza, firmeza y utilidad en el progreso y el arte; conceptos que alcanzan mayor plenitud en libertad. La Habana, Cuba entera, necesitan con premura un presente donde los poetas de este siglo no tengan más remedio que deslumbrarse ante ciudades de luna llena.

Yaiset Rodríguez Fernández
Diario de Cuba, 21 de febrero de 2022.

Video: Un ejemplo de la arquitectura moderna cubana son las casas que en las décadas de 1940 y 1950 se construyeron en las playas de Tarará y Guanabo, situadas en el litoral este de La Habana, también en zonas residenciales como Nuevo Vedado y Miramar. Notables viviendas en la capital y otras provincias fueron obra de arquitectas cubanas, a las cuales en este blog les dedicamos tres posts: primero, segundo y tercero y final.

lunes, 18 de abril de 2022

No deberíamos tener que salir de Cuba para sentirnos personas


Sentí desde el balcón de mi casa en La Habana el claxon del taxi que venía a recogerme para ir al aeropuerto. Antes de buscar el equipaje, fui a encender el televisor. Quise saber qué trasmitía el canal principal de la televisión cubana en el momento exacto en el que saldría de la isla por primera vez y por tiempo indefinido. Apreté el botón “on”, busqué el canal —en Cuba hay menos de una decena de canales y todos son del gobierno— y encontré un programa especial que conmemoraba los 63 años de la entrada triunfante a La Habana de Fidel Castro y su ejército rebelde.

Una noche después estaba en Barcelona. Cuando llegué al apartamento donde iba a quedarme, solté las maletas y salí a la calle. Entré al primer lugar que vi abierto. Era un mercado pakistaní bastante pequeño, pero tenía todo lo que en Cuba se consideran lujos y que son tan difíciles de conseguir: huevo, café, aceite, pastillas de jabón, papel sanitario, cepillos de dientes. Tenían todo eso y mucho más.

Salí de Cuba principalmente para dejar de padecer la represión del régimen hacia mí por ser periodista independiente y por contar la realidad del país. Sin embargo, me fui también para dejar de vivir por un tiempo la inadmisible existencia que viven los cubanos hoy. Es difícil sobrellevar una cotidianeidad cuando se cruzan en el camino la falta de libertades y la carestía de la vida.

Desde hace más de cinco años había estado lidiando -como lidian todos mis colegas de la prensa independiente, los opositores, los activistas, los artistas- con el acoso y la persecución del totalitarismo cubano. Porque en Cuba es normal que, si decides alzar la voz para narrar lo que pasa en la nación, encima de ti caerá de manera abrupta y violenta toda la furia de un sistema diseñado para hacer callar a la fuerza a aquellos que se atreven a llevarle la contraria al régimen. A partir de ese momento, en tu vida comienzan a aparecer con frecuencia pasajes de secuestros exprés, interrogatorios policiales arbitrarios, amenazas de cárcel, prisiones domiciliarias, retención de pasaporte para impedirte viajar al extranjero, entre otros muchos.

A esa aura represiva que te rodea, se le suma el actual estado calamitoso del país que es igual de asfixiante. Después del sueño húmedo que se vivió en la isla tras el restablecimiento de relaciones entre Washington y La Habana durante la administración de expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, lo que ha venido es una cadena de sucesos que han dejado el nivel socioeconómico de la nación como un cementerio: Donald Trump y sus más de 240 sanciones comerciales y financieras, la pandemia y su consecuente extinción del turismo, las reformas económicas del presidente Miguel Díaz-Canel que intentaron salvar la economía cubana y terminaron sepultándola.

Esa cronología de hechos han provocado una escasez de alimentos, medicamentos y productos básicos en el país que solo se vio antes en la década de 1990, cuando Cuba quedó a la deriva de las ayudas comerciales del campo socialista de Europa del este tras derrumbarse la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La situación es tan límite en la actualidad que el propio gobierno declaró que la inflación de los precios es de más del 70% y el peso cubano, según Bloomberg, comenzó el año como la moneda del mundo más depreciada por su devaluación de 95.83%.

Aquí en Barcelona no sólo he encontrado todas las necesidades básicas que no hay en Cuba, sino que muchas de ellas tienen un valor inferior a lo que cuestan en la isla, un país cuyo gobierno lleva más de seis décadas jactándose de que toda su gestión es para mejorar el día a día del pueblo y que fuera de sus fronteras la vida es más dura y triste. Cuando es justamente todo lo contrario.

Mientras escribo esta columna, en Cuba siguen sucediéndose los juicios contra los manifestantes de las protestas de julio de 2021. En este proceso ya han sido encausadas 790 personas y 20 ya fueron sentenciadas hasta con 20 años en prisión. El régimen está condenando con penas excesivas a menores de edad, a ancianos, a personas inocentes que salieron a las calles con la intención de decir: “Basta, queremos un cambio en nuestras vidas”. Los activistas de la sociedad civil que han decidido ir a acompañar el dolor de esas familias destrozadas por la impunidad, están siendo reprimidos porque en Cuba ni siquiera hay espacio para la solidaridad ciudadana.

Fui como periodista a estas protestas para documentarlas, pero también grité Abajo la dictadura y Libertad. A mí también un agente vestido de civil intentó detenerme con golpes: por suerte logré escapar. Hoy podría estar siendo juzgado también sin haber cometido ningún delito.

Estoy en Barcelona a salvo y no dejo de pensar en cuándo llegará el fin de esta desgracia que vivimos los cubanos. Ojalá sea pronto. Para que ni uno más de nosotros tenga que salir de la isla para sentirse persona.

Abraham Jiménez Enoa
The Washington Post, 16 de febrero de 2022.

lunes, 11 de abril de 2022

De mi padre y los viejos comunistas


Leo en Cubadebate que falleció Manuel Hevia. Murió en La Habana, a los 75 años.

Por esa nota me entero que Hevia fue director del Centro de Investigaciones Históricas del Departamento de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior.

Hevia fue militante del Partido Socialista Popular (PSP) y fue un activo luchador durante la clandestinidad, igual que mi padre, José Manuel Quintero Suárez,

igual que Candia, el padre de Teresita Candia, que creo sigue siendo la esposa del general retirado Fabián Escalante. Desde los años 30 y hasta 1953, cuando

Por el asalto al cuartel Moncada el PSP pasó a la clandestinidad, mi padre fue el único escolta que tuvo Blas Roca, secretario general del PSP.

Mi padre nació el 21 de diciembre de 1909 en Palmira, Cienfuegos, solo cursó la escuela primaria y pronto comenzó a trabajar en una panadería, oficio al que su madre, mi abuela Matilde, una mulata blanconaza alta y corpulenta, se opuso: no quería que su hijo Manolito se pasara la madrugada haciendo pan mientras la gente dormía. No conocí a Manuel mi abuelo paterno (tampoco a Luis, mi abuelo materno, hijo de español y negra esclava), pero cuentan que mi abuelo Manuel era una buenazo, y la que siempre llevó los pantalones en la casa era Matilde, quien además de mi padre tuvo cinco hijos más: Máximo, Agustín, Adelaida (Lala), Victoria y Cuca.

Mis tres tías paternas eran costureras, pero Cuca era modista de alta costura y sus clientas eran mujeres ricas. En la salita de su reducido apartamento, en el Edificio Arcos, mi tía Cuca daba clases de corte y costura por el método de María Teresa Bello. Cuando en 1958 me sumé a la huelga estudiantil general y dejé de asistir a la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, donde estudiaba la carrera de contador, mi padre habló con ella para que me enseñara a coser. Tres veces a la semana, lunes, miércoles y viernes, de 2 a 4 de la tarde, iba a su casa. Cuca tuvo un solo hijo de su primer matrimonio, mi primo Wilfredo que fue jefe de tránsito de la policía provincial. Cirilo, el segundo marido de mi tía Cuca, era oficial del ejército de Batista, veía su traje colgado en el cuarto, pero nunca lo vi vestido de militar. Era un hombre callado, amable y risueño.

Los 24 y 31 de diciembre íbamos a casa de mi abuela Matilde en Luyanó, toda la familia confraternizaba, aunque unos fueran comunistas y otros batistianos. Matilde (muy distinta a Pancha, mi abuela materna, que tenía santos en su cuarto, rezaba a diario y no se metía en nada), en su casa nunca permitió discusiones políticas. Si había algún desacuerdo familiar, era obligado hablarlo con ella o entre hermanos. Tampoco permitía discusiones de ningún tipo, que se dijeran malas palabras, se hablara en voz alta o se escuchara la radio con el volumen alto. Todos los domingos iba con mis padres a Luyanó, a visitar a la abuela Matilde, mi madre se llevaba muy bien con ella y con sus cuñados. La ruta 10 o la 5 la cogíamos en la parada que había en la Esquina de Tejas, en la misma acera de la valla de gallos y el cine Valentino (hoy ahí hay dos edificios prefabricados). Nos bajábamos en la parada siguiente a la de Hijas de Galicia, entonces una clínica materno-infantil de los gallegos.

Como Matilde no quiso un panadero en la familia, le dijo a mi padre que tenía que aprender otro oficio. Mi padre se hizo barbero ambulante. Pelaba a los hombres en sus casas y en hospitales si estaban ingresados. Desde los años 40 y hasta 1959, compartimos el segundo piso del edificio situado en Romay 67 entre Monte y Zequeira, con dos familias más del PSP la del habanero Dubuchet y la del camagüeyano Gilberto del Pino. Pero en lo que era la antesala, un pequeño cuarto con una puerta independiente que daba a la escalera, Dubuchet y Gilberto aceptaron que mi padre pusiera allí una rústica barbería, con una banqueta alta, un espejo, una mesita donde tenía el maletín de barbero y otros útiles necesarios para pelar. Lo que no sé por qué en vez de decirle "la barbería", le decíamos "la oficinita".

El caso es que a partir de 1953, cuando el PSP pasa a la clandestinidad, "la oficinita" se convirtió en un centro conspirativo. Militantes que supuestamente iban a pelarse con el gordo Quintero, en realidad iban a dejar o recoger documentos, fuera la Carta Semanal o mensajes para que mi padre le hiciera llegar a Blas Roca, quien logró mantenerse escondido en La Habana desde 1953 hasta el 1 de enero de 1959. Una vez, estando uno de esos mensajeros en la sala de la casa, de pronto sentimos el chirriar de las gomas de tres autos que se detenían frente a nuestro edificio. Enseguida me asomo al balcón y veo que por el color beige son del SIM (Servicio de Inteligencia Militar), mi padre me da el papel que el hombre traía, me lo meto dentro del blumer, y apresuradamente lo sienta en la banqueta y empieza a pelarlo. El que toca en la puerta es Castaño, el jefe del SIM, quien a cada rato nos "visitaba". Venía con dos tipos, también uniformados, con sus pistolas en la cintura.

Un paréntesis. Antes de 1959, los militares, fueran de la policía, del SIM, el BRAC o del ejército, no me atemorizaban. Tampoco sus operativos ni sus registros, o tener que ir a casa del abogado Aramís Taboada, en Luyanó, a decirle que mi padre no había ido a dormir, que había ido a la estación de policía de Infanta y Manglar y me habían dicho que allí no estaba detenido, y que presentara un Habeas Corpus. Volviendo a aquel día. Le digo a Castaño y los dos uniformados que le voy a avisar a mi padre, que está pelando a un señor. Mi padre viene, los manda a pasar, Castaño le dice que llame al señor que está pelando, cuando viene, los dos uniformados registran a mi padre y al señor. No les encuentran nada. Da la orden que registren la casa. Un registro rápido, por el estante de los libros, debajo del colchón y la cama y dentro del escaparate, donde mi padre tenía su Colt 45 y debajo, la licencia que durante todo su vida tuvo para portar armas (después que mi padre murió, el 7 de octubre de 1966, entregamos la pistola y la licencia).

Hevia, fallecido en La Habana en enero de 2022, fue uno de los militantes del PSP que se pelaba con mi padre. Después del 59, a mi padre le ofrecieron ser jefe de la policía en Marianao, pero lo rechazó. Lo que sí aceptó fue trabajar en el recién creado Departamento de Reeducación de Menores del Ministerio del Interior (MININT), que dirigía uno de los hermanos Quintela. Uno de ellos, Carlos se casó con Rosa Berre y emigraron a Estados Unidos por el Mariel en 1980. Quintela tuvo un programa campesino en Radio Martí y Rosa fue una de las fundadoras de CubaNet, web donde publicarían los primeros textos de los periodistas independientes de Cuba Press, creada por Raúl Rivero el 23 de septiembre de 1995.

Numerosos miembros de la Juventud Socialista (JS) como Fabián Escalante y mi primo Paquito (Francisco Roca Antúnez), desde su fundación en 1961, ingresaron en el MININT. De otros, como Fabio Grobart y Osvaldo Sánchez, se cuentan historias tenebrosas, vinculadas a la KGB. Pero de los viejos comunistas que formaron parte de los aparatos represivos del MININT, más nunca supe, a no ser de mi primo Paquito, de quien a fines de los 90, cuando mandó pa'l carajo al MININT y entregó su carnet del partido y sus medallas, fue que me enteré que había sido coronel de la inteligencia y uno sus subordinados fue Florentino Azpillaga. O de Fabián, que conocía desde niña y de sus altos cargos en el MININT sabía por la prensa oficial. Pero el destino de la inmensa mayoría de los militantes de la JS y el PSP fue muy distinto.

Ya a fines de los 60, muchos viejos comunistas se habían desencantado de Fidel Castro y su revolución, en voz baja lo comentaban entre personas de mucha confianza, pues los que se atrevieron a hacer algo más, como algunos de la llamada Microfracción, fueron a parar a la cárcel, incluido el cabecilla, Aníbal Escalante, quien hasta su muerte vivió bajo arresto domiciliario. Cuando en 1964 mi padre se enferma y no puede seguir trabajando, por nuestra casa en Romay pasaron ex compañeros, casi todos muy descontentos con Fidel Castro, el rumbo de su socialismo verde olivo y de su "revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes".

Mi padre, que siempre fue una tumba, nunca dijo lo que en su lecho de enfermo le comentaban sus ex compañeros, a favor o en contra. También lo visitó Blas Roca, para agradecerle su fidelidad y los años que él y su chofer, el negro Fiallo, y su secretario, el mulato René López, le dedicaron a cuidarlo a él y su familia. Y le preguntó que era lo que más le preocupaba. Mi padre le dijo que su hija Tania y su esposa Carmen, pudieran vivir en una casa en buenas condiciones (el edificio de Romay por la explosión del vapor La Coubre, en 1964, sufrió graves daños y fue declarado inhabitable y con peligro de derrumbe, hará diez años finalmente fue demolido). Blas le dijo que ninguna de las dos íbamos a quedar desamparadas. La pensión de viuda de mi madre era de 100 pesos, le escribí a Raúl Castro para que se la aumentaran, argumentando que mi padre fue un viejo luchador comunista y combatiente de la clandestinidad. De su oficina respondieron que no procedía. Un apartamento en buen estado nos lo dieron en la barriada de La Víbora, Diez de Octubre, en 1979, después de vivir quince años con el miedo de que en cualquier momento se podía desplomar una parte o todo el viejo edificio del barrio de El Pilar, Cerro.

Tania Quintero

Foto: Mi padre, José Manuel Quintero, en el centro de reeducación de menores del cual era director y que por lo menos hasta 1964 funcionó en Pino del Agua, Bayamo, actualmente capital de la provincia Granma, a unos 740 kilómetros al sureste de La Habana. Fue su último trabajo. Falleció en el Centro Benéfico Juridico, Cerro, el 6 de octubre de 1966 y fue velado en la funeraría Rivero, en Calzada y K, Vedado. Le mandaron tantas coronas que un carro de bomberos tuvo que llevarlas al Cementerio de Colón, donde fue enterrado, en la misma tumba donde reposaban los restos de Josefa Calderío, madre de Blas Roca, quien bajo un fuerte aguacero despidió el duelo.

Leer también: Carta de un cubano a la izquierda mundial y las tres partes de Memorias al rojo vivo: 1ra., 2da. y 3ra. parte y final.

lunes, 4 de abril de 2022

De mis vivencias como periodista



Después de leer en Diario de Cuba ¿Qué come Frei Betto, el asesor del Gobierno cubano para la educación nutricional?, decidí contar algunas de mis experiencias cuando en 1986-1991 fui realizadora de Puntos de Vista, un espacio de la televisión cubana que mezclaba opiniones de gente en la calle y especialistas sobre el tema abordado. De los programas que tuvieron repercusión recuerdo el de la pelota, la creatividad, los celos, el servicio militar, las telenovelas y la alimentación, una problemática tabú que en 1987-88 el ingeniero José Ramón López, nutricionista por cuenta propia, y yo intentamos abordar en seis Puntos de Vista, pero solo pudimos hacer tres (Vivir para comer, Comer para vivir y Algo más que comer). Aquella experiencia la conté en Comiendo para sobrevivir, artículo publicado el 26 de junio de 2002 en El Nuevo Herald. En 2009 lo reproduje en mi blog.

En la década de 1980-1990 conocí a decenas de brasileños, entre ellos a Frei Betto. Y pude constatar que casi todos los intelectuales, artistas y periodistas, si no eran vegetarianos o veganos, eran macrobióticos, pocos eran carnívoros. En esa época, en los restaurantes y hoteles habaneros había variedad y calidad en los alimentos ofrecidos en los menús. Así y todo, no comían cualquier cosa. En dos ocasiones fui invitada por el mismo brasileño a cenar en el restaurante del hotel donde se hospedaba. Las dos veces comió camarones a la plancha, la primera vez con mantequilla y limón y la segunda con aceite de oliva y ajo. En general, los brasileños que conocí no solían comer cosas fritas y preferían el pescado y los mariscos a la carne de res y de puerco, aunque cuando probaban el lechón asado les gustaba, igual que el congrí o moros con cristianos. También el potaje de frijoles negros, que en Cuba su elaboración es muy distinta a la feijoada, plato nacional en Brasil.

Frei Betto y los brasileños, ricos, de clase media o pobres, tienen libertad para comer y en su país, ni en los peores momentos de su historia reciente, ha faltado la comida. No es el caso de Cuba: a partir de 1959 y sobre todo a partir de marzo de 1962, cuando Fidel Castro implantó la libreta de racionamiento, todavía vigente, debido a la escasez de alimentos, las tres veces que los cubanos acostumbraban a sentarse a la mesa, a desayunar, almorzar y comer, primero se redujeron a dos veces, almuerzo y comida. Después a un solo plato caliente, por la tarde o noche. Hoy ni eso. Comer, tan imprescindible como beber agua para el ser humano, algo normal en cualquier nación, es el mayor dolor de cabeza de los cubanos desde hace más de seis décadas.

Al fraile dominico Carlos Alberto Libanio Christo (Belo Horizonte, 1944), lo conocí en casa del brasileño-cubano Helito Dutra, que se hizo famoso por haber sido esposo de la actriz Gina Cabrera, recientemente fallecida. Betto aún era desconocido por los medios oficiales cuando una tarde de 1981 conversé con él en un portal interior de la Iglesia San Juan de Letrán, en 19 entre J e I, Vedado, donde siempre se hospedaba en La Habana. Su libro Fidel y la religión (1990) lo lanzaría a la fama. Por cierto, durante la oleada represiva de 2003, el único libro que no saqué de la casa fue el ejemplar de Fidel y la religión que Frei Betto me regaló, dedicado, pues no creí que le interesara llevárselo a los agentes de la Seguridad del Estado cuando fueran a registrar nuestro domicilio y llevarnos detenidos a mi hijo Iván García y a mí, periodistas independientes de Cuba Press (registro y detención que no se produjo, sí mi salida de Cuba el 25 de noviembre de 2003 rumbo a Suiza, donde vivo como refugiada política).

Nunca pensé que Betto cayera en los brazos del castrismo. Cuando ya yo era periodista independiente, un día me llamó el sociólogo Emir Sader, muy amigo de Betto y de Lula. Emir me invitó a tomar un café en el Hotel Inglaterra, frente al Parque Central. Quería saber si era cierto que después de veinte años había dejado de ser periodista oficial y me había convertido en independiente. Le dije que sí, le expliqué las razones de mi decisión y le hablé de la realidad en la Isla, francamente. Una actitud que me hubiera gustado haber visto en Betto, un servidor de Dios.

Pero Betto se ha dejado controlar por anfitriones que hace tiempo dejaron de ser representantes de una revolución "de los humildes, por los humildes y para los humildes", como proclamara Fidel Castro el 16 de abril de 1961, y se convirtieron en representantes de una dictadura, autocracia, totalitarismo o como prefiera llamársele al régimen verde olivo. En particular en estos momentos, cuando en Cuba la situación económica, política y social es la peor en 63 años, con cerca de mil presos políticos, cuando los cubanos y las cubanas con responsabilidades familiares, necesitan de personas que sincera y libremente se acerquen a hablar con ellos, en las calles, colas, en sus hogares, en sus barrios marginales, no esas visitas dirigidas, superficiales, para hacerse fotos y videos, como las que les preparan a los mandamases.

Lo que Betto está proponiendo en materia alimentaria es bueno, lo que ocurre es que cada ciudadano en cada país, debe tener tener la opción de elegir qué desea comer, porque le guste más, sea más beneficioso a su salud o es lo que su bolsillo le permite adquirir. Sobre el tema nutricional, otro intento mío y del ingeniero López sucedió en 1991. Lo conté en mi blog, en el quinto y último post de Brasil en mi vida:

Enero de 1991. Estaba concentrada en los preparativos de un programa televisivo sobre las bicicletas, cuando un viernes recibo una llamada de un uruguayo, comunicándome que en el hotel Las Yagrumas, en San Antonio de los Baños, a 20 kilómetros de la ciudad de La Habana, se hospedaba Tomio Kikuchi, de quien ya había oído hablar por las brasileñas Tamiko Shimizu y Mary Nobuko, macrobióticas las dos. Con el uruguayo quedé para al día siguiente, sábado, encontrarnos en la estación ferroviaria de Tulipán, Nuevo Vedado. Allí logramos tomar y malamente acomodarnos en un viejo tren cuya parada final era en San Antonio. Luego de caminar algunas cuadras, llegamos al hotel.

Tomio Kikuchi había nacido en Japón en 1926 y era once años más joven que el periodista Fernando de Barros, nacido en Portugal, pero también era delgado y de baja estatura. Los dos tenían la misma vitalidad y vestían informalmente. La diferencia de edad no se notaba. Lo que los diferenciaba era la raza y la temática: si el mundo de Fernando de Barros era la moda, el de Tomio Kikuchi era la macrobiótica.

Brasil no es una nación que se caracterice por su veneración a las personas ancianas y longevas, por el contrario, tienen muy arraigado el culto a la juventud, la belleza y los cuerpos perfectos. Por ello me enorgullece haber podido conocer a dos hombres que, sin haber nacido en Brasil, dieron lo mejor de sí para que su gente estuviera mejor informada en materia de alimentación y vestuario.

En una entrevista a Gilberto Gil publicada en El País el 12 de enero de 2004, el cantante, compositor y entonces ministro de cultura, cuando el periodista le preguntó si seguía cuidando su cuerpo y su espíritu, respondió: "Ah, sí, con la ritmopráctica -una antigimnasia de origen oriental- todos los días, una hora, y una dieta macrobiótica. Es una compilación que ha hecho el maestro Tomio Kikuchi, un japonés que vive en Sao Paulo y trajo a Brasil el sistema dietético japonés desarrollado por George Oshawa, que se propagó por Estados Unidos y ciertas partes de Europa. Cada día, a partir de las siete de la mañana, hago mis ejercicios durante una hora. No soy un vegetariano fundamentalista, pero evito comer carne siempre que puedo. Por lo que siento, creo que estoy bien".

La macrobiótica se remonta a inicios de 1920. Su creador, el japonés George Oshawa (1893-1966), sistematizó antiguas teorías orientales, basándose en el principio del Ying (energía negativa, fría) y el Yang (energía positiva, caliente). En los años 50 dos de sus más aplicados discípulos, Michio Kushi y Tomio Kikuchi, partieron rumbo al continente americano. Kushi se establecería en Estados Unidos y Kikuchi en Brasil. Más que dieta alimentaria, la macrobiótica es una actitud hacia uno mismo y hacia otros, hacia la sociedad y el planeta.

Con esos conceptos bajo el brazo llegó Tomio Kikuchi a Cuba en enero de 1991, apenas un año después de la implantación del período especial. Con las mejores intenciones, el profesor Kikuchi pensó que podría aportar su granito de arena para que la población cubana se afectara lo menos posible tras el desabastecimiento y agudización de las penurias, consecuencia, en primer lugar, de la debacle del socialismo en Europa y, en segundo, por los reiterados y pésimos resultados de la economía y la producción de alimentos y artículos de la industria ligera nacional.

En esas circunstancias difíciles, ¿quién era la persona idónea ante la cual Kikuchi pudiera argumentar su tesis y mostrar sus experiencias?

Fidel Castro, por supuesto. Si el presidente cubano se mostraba receptivo e interesado en la macrobiótica, ésta se podría llevar a cabo en la empobrecida isla. Si no, pasaría inadvertida, como finalmente ocurrió. Así funcionan las cosas en Cuba.

Mi amigo, el ingeniero José Ramón López y yo, hicimos lo posible e imposible por lograr que Castro recibiera a Kikuchi. No lo conseguimos, pese a tener como mediadores a personas de su entorno muy interesadas en el tema. Lo que sí conseguimos fue prepararle a Kikuchi un modesto programa e interesar a unos cuantos amigos en la macrobiótica. Organizamos dos conversatorios, uno en el Instituto de Alimentación, Higiene y Epidemiología y otro en el Museo Nacional de Bellas Artes. Con grandes dificultades, López consiguió arroz integral, vegetales y otros alimentos sanos y nos invitó a almorzar en su casa a Kikuchi y a mí.

Además de estos encuentros, de la estancia de Tomio Kikuchi en Cuba quedó una entrevista que le hice para el noticiero de televisión y un material que posteriormente López preparó y rústicamente imprimió y del cual en algún lugar de La Habana debe quedar un ejemplar.

Tania Quintero

Foto: La autora y el periodista brasileño Luiz Fernando Mercadante. Hotel Riviera, junio de 1986.

lunes, 28 de marzo de 2022

Antonia Eiriz, pintora del reparto Juanelo


En la década de 1970, Antonia Eiriz impartió un cursillo de papier maché para niños, los sábados por la mañana, en el Museo de Artes Decorativas, en 17 y E, Vedado. Matriculé a mi hija Tamila, que tendría unos 6 o 7 años. A Iván, un año menor, me lo llevaba conmigo para el trabajo (entonces se laboraba los sábados), que ahora no recuerdo si era en el Departamento de Relaciones Internacionales de la UJC, en 17 y J, o en el Comité de Solidaridad con Vietnam, Cambodia y Laos, en I entre 15 y 17, Vedado. No conocí a la pintora, pero cuando en 1962-63 di clases de lunes a viernes, de 7 a 10 de la noche, a antiguas empleadas domésticas (criadas), en una escuela situada en La Cuevita, barrio marginal del municipio habanero de San Miguel del Padrón, varias de las alumnas, casi todas negras o mulatas, hablaban de Antonia con mucho cariño y respeto (Tania Quintero).

La gente quería a Antonia Eiriz. Lo confirma este texto encontrado en internet:

"Cariñosamente llamada Ñica, esta pintora cubana vivió, desde su nacimiento el 4 de abril de 1929, en el reparto Juanelo, San Miguel del Padrón, en la casa situada en Pasaje Segundo entre Piedra y Soto. Su humilde vivienda de madera, fue reparada y convertida en una suerte de museo. La bordea un muro donde el arte popular ha dejado su huella de colores, en flores y mariposas.

"Una de las salas de la casa acoge cursos y talleres que estimulan la creación popular. En años alternos se realizan dos salones: uno de expresionismo, y otro de papier maché, con muestras que se mantienen expuestas buena parte del año. Fue ardua la labor comunitaria emprendida por Antonia Eiriz, cuando se formaron diversos creadores populares, sobre todo en la artesanía del papier maché. Ninguna pieza se parece a otra es parte de su encanto.

"El impacto de la labor sociocultural de Ñica brindó a la zona un sentido afectivo de comunidad, unida en una tarea creativa y común. Al fondo de la casa, en la última habitación, se agrupan objetos personales de la artista, entre ellos muebles, fotografías, una vitrina con accesorios personales, incluso sus espejuelos, pinceles, medallas. Pequeños cuadros exhiben los primeros trabajos de sus tiempos de estudiante en San Alejandro".

El 15 de enero e 2022, CubaNet publicaba Antonia Eiriz, una artista incómoda en Cuba, escrito por el periodista y crítico de arte y de cine Alejandro Ríos, y que a continuación pueden leer:

Supe por la cuenta de Instagram del pintor y amigo Tomás Sánchez sobre la exposición Antonia Eiriz: el desgarramiento de la sinceridad, inaugurada el pasado mes de diciembre en el Palacio de Bellas Artes de La Habana. Aunque Tomás, quien fuera discípulo de Antonia, felicita a la institución que hizo posible la muestra, así como a su curador Roberto Coba, no deja de reconocer que es algo tarde para este tipo de tributo.

Tuve la suerte de conocer a la mítica creadora durante su exilio en Miami, que, por cierto, no es mencionado ni en ditirámbicas introducciones a la exposición, ni en la escasa cobertura de prensa recibida en la isla. Solíamos encontrarnos y conversar durante ilustrativos recorridos por galerías de Coral Gables convocados una vez al mes. Nos unía el hecho de que mi cuñada de origen ruso, Lidia Golovliova Ríos, había sido su alumna en el aprendizaje del arte del papier maché, en el reparto Juanelo, donde tenía su escuela-taller.

La otra circunstancia de enlace con Antonia, a mi favor, era la amistad que compartíamos, como familia, con su coterráneo y admirador el maestro Umberto Peña. El curador de la muestra en La Habana reconoce que en la Florida la artista disfrutó de dos importantes exposiciones: Antonia Eiriz: Tributo a una leyenda, en el Museo de Arte de Fort Lauderdale (1995), y Antonia Eiriz, una artista y su público, en la Torre de la Libertad, Miami Dade College (2013).

Le faltó agregar que, durante la temporada en el exilio, entre 1993 hasta su muerte repentina en 1995, la pintora experimentó una nueva ola de creatividad, donde no renunció jamás a su estética provocadora. De hecho, el especialista subraya que su curaduría se refiere a los complejos años 60, cuando los cuadros emblemáticos de Antonia, de una figuración expresionista abundante en monstruos, pesadillas, rostros insondables, tribunas amenazantes, masas humanas condenadas y maldecidas, interpretaron el desasosiego provocado por la dictadura que arreció su represión contra miembros de la clase artística opuestos a su redil ideológico.

Recuerdo la profunda emoción y el orgullo que me causó la exposición del Miami Dade College, donde laboraba a la sazón, con aquellos grandes cuadros en los salones de la histórica Torre de la Libertad, por donde comenzara la épica del exilio cubano, como ventanas abiertas a una isla tan presente en el imaginario de la artista que no dejaba de estar atribulada por los mismos fantasmas de los años sesenta. Antonia era de una conversación muy criolla, aguda, terrenal, pero aquellos cuadros se elevaban al olimpo universal en franco diálogo con Goya, Bacon y Ensor, entre otros genios del arte.

Durante el comienzo de tan exitosa carrera, en vez de recibir el elogio de sus contemporáneos, los más mediocres, aquéllos que dependían de las migajas castristas, decidieron mancillarla por su traducción irreverente de la realidad cuando se dieron cuenta que la artista no cedería un ápice en su poética abisal y reveladora, como otros que terminaron rindiéndose y traicionaron sus principios ante promesas y represiones.

Ahora la nota trucada del Museo de Bellas Artes que anuncia la exposición en La Habana resalta que la pintura de Eiriz lidió con los ataques terroristas a la revolución y excluye, de modo falaz, el cuerpo deslumbrante de la obra mayor. No sólo quieren blanquear su tumba, sino desacreditarla como la creadora consecuente con su tiempo que fue, acercándola a la doctrina, de donde se alejó siempre y contra la cual protestó en silencio cuando dejó de pintar en 1969, ante presiones intolerables.

Paradójicamente utilizaron una frase de Umberto Peña, otro artista silenciado en su país, quien luego tomara el camino del exilio, como pórtico de la exposición en La Habana: “Hoy sus pinturas, sus ensamblajes, sus tintas, nos interrogan, nos desafían, mostrando a las nuevas generaciones de artistas cubanos que solamente el gran arte enaltece, libera y perdura”.

Pidieron un minuto de silencio durante la inauguración y los congregantes en la tribuna del evento, trenzaron discursos eufemísticos y enrevesados, sin siquiera insinuar los arteros ataques que interrumpieron el decursar de su creatividad, debido a la intolerancia del régimen. Bajo todas las circunstancias de enrarecimiento que conlleva mostrar en La Habana una creadora excepcional que tuvo el valor de expresar su verdad y asumir las consecuencias, es importante, sin embargo, que las nuevas generaciones sepan de su existencia y permanencia con una obra que sobrevivió la ignominia de su tiempo y merecerá toda la reverencia de la Cuba libre del futuro, a la cual dispensó su arte imperecedero.

Nota de Tania Quintero.- El video que encabeza este post fue realizado por Oscar Suárez, ex colega mío en el ICRT, donde trabajé de 1982 a 1996, cuando me expulsaron por haberme declarado periodista independiente y "hablar por Radio Martí", considerado un delito.


lunes, 21 de marzo de 2022

Marbel en La Habana



En septiembre de 1954, la compañía española de aviación Iberia anunciaba por todo lo alto la adquisición de tres grandes y modernas aeronaves “Superconstellation”. Se buscaba reducir el tiempo de vuelo y mejorar la comodidad de las tres líneas que unían la ciudad de Madrid con Buenos Aires, Nueva York y La Habana. Los vuelos a la capital de Cuba ya se habían iniciado en 1949. Su éxito inicial se vio impulsado especialmente a partir de 1953 por la creciente demanda en ambas direcciones y, sobre todo, por las medidas de apoyo económico y desarrollo que llegarían mediante la firma del acuerdo de cooperación bilateral y ayuda entre Estados Unidos y España, conocidos como “Los Pactos de Madrid”.

En una de estas naves con destino a La Habana se subió, en 1954, el modisto español de alta costura Eusebio Roca Oller (1902-1969), conocido como Marbel. Viajaban con él un grupo de maniquíes a sueldo fijo, su equipo de colaboradores de la casa y toda la colección de esa temporada. Cien creaciones que abarcaban los cuatro momentos de representación social del día: trajes de mañana, de tarde, de cóctel y de gala, complementados, por supuesto, por todo un universo de accesorios imprescindibles en la moda femenina, según los parámetros de la etiqueta social de entonces; léase: sombrero, tocado, guantes, bolso e incluso estolas de visón, aunque en La Habana se superasen los treinta grados y rozasen el cien por cien de humedad.

De esta manera, Marbel seguía el ejemplo de la “hoja de ruta” de los modistos más consagrados del momento. Figuras como Christian Dior o Pierre Balmain habían encontrado en la alta sociedad habanera un nutrido y selecto grupo social dispuesto a pagar el alto importe de sus creaciones europeas.

Si bien es cierto que Cuba bebía del influjo socioeconómico de Estados Unidos, en cuestión de estilo, el modelo y la imagen a seguir era la europea; como en el ejemplo del lucimiento de pieles -hiciera o no frío-, donde ya no imperaba el factor de la necesidad frente a las inclemencias propias del frío europeo, sino de la exhibición del fasto estético, la belleza y la ostentación social. Esta traslación de usos y modas se extrapoló también a Nueva York, Boston, San Francisco, Buenos Aires y Río de Janeiro, los enclaves más importantes de la época; donde La Habana figuraba por derecho propio, desde el último tercio del siglo XIX, como una de las ciudades con mayor nivel económico y social de todo el continente americano.

Es cierto que no se puede comparar el desarrollo que había logrado La Habana como capital respecto al resto de la Isla. También es cierto que las élites representaban un porcentaje menor sobre el total de la población del país, pero en el caso de La Habana, además, contaba con un gran “peso” de población perteneciente a la clase media, lo que agilizaba y modernizaba la economía y permitía diferentes escalas de estilo de vida.

Todo esto incidió en que la sociedad habanera de los años 50 vistiera perfectamente a la moda, con gran calidad y variedad, acorde a lo que estuvieran dispuestos a pagar, ya que gozaban de un largo listado de establecimientos de moda y confección, así como de grandes almacenes especializados en alta moda y lujo.

Sobre este aspecto, Norka, la célebre maniquí cubana durante los años 50 y 60, con una larga trayectoria profesional a nivel nacional e internacional, especialmente recordada por ser maniquí en la Maison Dior de París y musa del fotógrafo Alberto Korda, manifestó en 2019 a tenor de que le preguntaran por la importancia de la moda en la sociedad cubana de entonces: “Cuba fue una plaza muy importante para la moda, durante los cincuenta del siglo pasado. Estados Unidos, Cuba, Argentina y México éramos una plaza para la moda en este continente. La cubana y el cubano se vestían muy bien y había de todo en función de las posibilidades económicas”.

Comprender y entender la época quiere decir ver con los ojos de esa época; por tanto, esta afirmación es clave para visualizar el desarrollo al que había llegado Cuba en esa década. No olvidemos que la sociedad media europea, incluidas las grandes capitales, durante el primer lustro de los años 50, todavía se estaba recuperando y reconstruyendo de la destrucción padecida durante la Segunda Guerra Mundial.

Marbel era consciente del poder y el valor que tenía la alta costura entonces: “La alta costura no es una cosa frívola, sino un trabajo creador, una riqueza en marcha, un estímulo y refinamiento social y hasta una atracción de turismo”, afirmaría ante la revista cubana La Mujer, conocedor de la oportunidad que significaba Cuba, no sólo para su crecimiento como modisto, sino para iniciar una consolidación internacional que tenía por objetivo el continente americano.

Así, desembarcaría de nuevo en La Habana en agosto de 1955, con las ideas muy claras y una agenda de clientas habaneras labrada, primeramente, en su Maison de Madrid (Calle Lista N° 25) que operaba desde 1942; ampliada gracias a ese primer viaje que había servido como “toma de contacto” un año antes.

El lujo en La Habana de 1955 caminaba principalmente por las calles Galiano, Reina, San Miguel y el bulevar de San Rafael. Joyerías, perfumerías, peleterías, sastrerías para caballeros, discurrían alrededor de los míticos almacenes El Encanto, que, tras progresivas evoluciones y mejoras, se habían consolidado como uno de los grandes almacenes de alta moda del Caribe. Frente a él, y en clara competencia, se encontraban los Almacenes Fin de Siglo; siguiendo esa encrucijada de calles, aparecía el almacén por departamentos Sánchez Mola.

Todos compartían un fin común: ofrecer la máxima calidad y exclusividad, y apostar -cuando no pelearse- por las firmas europeas mediante adquisición de licencias de venta y reproducción de modelos o compra directa, lo que les permitía atraer no solo a la élite cubana sino también a gran parte de la élite americana y del star system hollywoodense que frecuentaba la Isla, ya fuera por trabajo por placer.

La alta sociedad se dejaba ver en el glamuroso Sugar Bar, enclavado en el penthouse del Hotel Habana Hilton, inaugurado por el propio Conrad Hilton; o en el icónico edificio Focsa, desde cuya desafiante altura -era la segunda construcción en hormigón más alta del mundo en 1956- la élite habanera podía tomar el sol o cerrar un negocio, mientras una orquesta amenizaba las famosas pool parties tan en boga entonces. Solo hay que visualizar los primeros minutos de la película Soy Cuba (1964) para entender cómo era esa dolce vita previa al triunfo de la Revolución en 1959.

Los otros pilares sobre los que discurrían la abundancia eran el Country Club y el Habana Yacht Club. En este último, Marbel presentó en junio su Colección de 1955 ante ochocientas damas cubanas, según datos publicados en la prensa de la época, con gran éxito y eco mediático, a uno y a otro lado del Atlántico. Diez días antes, Christian Dior hacía lo mismo en el Country Club de La Habana. Así de alto era el listón, sobre todo si pensamos que, en la actualidad, las clientas de la alta costura no superan las dos mil personas, entre Europa, América y los Emiratos Árabes. Esto nos da una idea del altísimo nivel y del gran mercado que suponía La Habana, y por qué se desplazaban ex profeso los grandes creadores europeos.

El éxito fluía y se consolidaba para Marbel. En diciembre de ese mismo año, inaugura con una gran recepción su casa de modas en La Habana, en el distinguido barrio de El Vedado. Siguiendo su estela de celebrar por todo lo alto fechas célebres -ya fueran aniversarios, como la gran fiesta en Madrid en 1949 con motivo de sus veinticinco años en el mundo de la moda, o agasajar a sus clientas internacionales a su paso por Madrid, como podía ser María Félix cuando visitaba su atelier madrileño-, la fiesta de inauguración en La Habana fue un rotundo éxito. A ello contribuyó la ayuda, como maestra de ceremonias, de la esposa del ministro de la Marina de Cuba y, por supuesto, contar entre los invitados a lo más granado y selecto de la aristocracia, de la alta burguesía y de la intelectualidad cubana, como la poetisa Dulce María Loynaz (tres años más tarde, Marbel ofrecería un cóctel en su honor en su sede madrileña, a raíz de la visita de la poetisa a la capital española).

Marbel progresaba e invertía en esa Habana de mitad de los 50 y, a su vez, se dejaba influir por ella en sus creaciones: nombres para sus diseños, nuevos colores, tejidos más livianos, predominio de colores claros, amalgama de verdes “hasta veinte tonos de verde traigo de La Habana”, declaraba en la revista Textil, “trayendo de cabeza” a los fabricantes de telas que buscaban tintes en exclusiva para él, del mismo modo que un pintor juega e innova con los pigmentos a la caza de un nuevo matiz en el color que acentúe su expresividad.

Sin embargo, los sueños que Marbel imaginó y diseñó para vestir con nuevas y elaboradas creaciones a esa excelsa clientela tuvieron una vida corta. Cuatro años más tarde todo se diluyó en un despertar amargo. El triunfo de la Revolución supuso no solo el cierre precipitado y doloroso de su casa de modas de La Habana, sino que la gran inversión realizada arrastró a su otra casa de modas en Madrid, llevándolo casi a la quiebra y cobrando parte de su salud.

Su sobrino, José María Castells (Marbel Junior), quien había vivido de adolescente, junto a su madre y a su tío, ese periplo de casi un lustro en La Habana, volvía a Madrid y se ponía al frente del negocio. Habían perdido La Habana, pero debían rescatar de la ruina lastrada la Casa de la calle Lista 25, en el madrileño barrio de Salamanca. A pesar de que supo hacerle frente con trabajo, tesón y creatividad, ya nada volvería a ser igual.

Lydia García*
Hypermedia Magazine, 12 de diciembre de 2021.

Foto: Marbel leyendo las reseñas sobre la inauguración de su casa de modas en La Habana en 1955. Tomada de Hypermedia Magazine.

* Este artículo, así como los datos y nombres aportados, nacen gracias a la documentación propia recopilada alrededor de la moda y la sociedad cubana prerrevolucionaria que forman parte del archivo documental de la Colección López-Trabado, con el objetivo de arrojar luz e información sobre la cultura, el estilo y el modo de vida de la sociedad cubana dentro de ese puzzle vital que ha sido el siglo XX.