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lunes, 25 de septiembre de 2023

Respuestas al Miami Herald

El 31 de julio de 2023, al día siguiente del fallecimiento de mi primo Vladimiro Roca Antúnez en La Habana, por correo electrónico la periodista Nora Gámez Torres se comunicó conmigo y después de darme las condolencias, me preguntó si quería responderle un cuestionario. Le dije que sí. A continuación, sus preguntas y mis respuestas, en español. Al final, la respuesta mía que publicaron en Miami Herald.

Cómo era Vladimiro en el trato personal, cómo era su carácter? Ustedes mantuvieron una relación cercana?

-Mi primo Vladimiro Roca Antúnez era una persona sencilla, de carácter campechano, conversador, jovial, dicharachero. En mi infancia mantuve una relación muy cercana con él y sus tres hermanos, Lydia, Francisco y Joaquín, también hijos de Blas Roca y Dulce Antúnez. Vladimiro y yo éramos contemporáneos, él nació en La Habana el 21 de diciembre de 1942 y yo un mes y pico antes, el 10 de noviembre de 1942, también en La Habana. A los dos nos pusieron nombres rusos, aunque el suyo, Vladimiro, fue 'cubanizado', al no aceptar ser inscripto en el registro civil como Vladimir.

Qué cree usted que lo llevó a convertirse en un prominente opositor habiendo sido hijo de Blas Roca?

-Durante muchos años, antes de 1959, Blas Roca fue el secretario general del Partido Socialista Popular (PSP) y mi padre, José Manuel Quintero Suárez, fue su guardaespaldas y todos los días iba a almorzar a casa de Blas, en Estada Palma 107, Santos Suárez, donde vivía una hermana de Dulce, la esposa de Blas, llamada Carmen y de la cual mi padre se enamoraría. Todo esto para decir que tanto Vladimiro como yo nos criamos en el seno de una familia que a pesar de ser comunistas, criaron a sus hijos para que el día de mañana fueran ciudadanos que pensaran con su propia cabeza. Y por eso cuando mi primo se percató del rumbo de la 'revolución socialista', se apartó de ella y se hizo opositor en 1991.

Cómo era la relación de Vladimiro con Fidel y Raúl Castro? Los Roca y los Castro eran cercanos? Se supo en algún momento la reacción de Fidel a las actividades opositoras de Vladimiro?

-Sobre esas preguntas no puedo responder con objetividad. Lo que sé, porque entre agosto de 1959 y febrero de 1961 trabajé como la única mecanógrafa que tenía el Comité Nacional del PSP, en Carlos III y Marqués González, que aunque Fidel Castro decía que la 'revolución cubana era verde como las palmas', en realidad era como la gente decía en la calle, que era un melón: "verde por fuera y roja por dentro", pues a cada rato Aníbal Escalante me llamaba a su oficina, me sentaba ante su máquina de escribir y me dictaba mensajes dirigidos a 'Alejandro', el seudónimo de Fidel Castro.

-Más de seis décadas después y luego de leer el libro El Soviet Caribeño, de César Reynel Aguilera, sin temor a equivocarme considero que Blas Roca, más allá del paripé de Raúl Castro, de enterrarlo en el Cacahual, algo que en vida hubiera tajantemente rechazado, porque él quería ser enterrado en la tierra, de ser posible debajo de una mata en el patio de su casa, no fue el comunista del PSP más cercano a los Castro. Los más cercanos fueron Fabio Grobart, Osvaldo Sánchez, Flavio Bravo y Ramón Nicolau, entre otros que conocí y ahora recuerdo. Fidel reaccionó a las actividades opositoras de Vladimiro ordenando que en el juicio que el 1 de marzo de 1999 le hicieron a los cuatro integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia, a él le condenaron a 5 años, mientras que el resto (Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés) cumplieron sanciones menos severas.

Por qué usted cree que Vladimiro se quedó en Cuba?

-Vladimiro se quedó en Cuba porque formaba parte esa hornada de opositores, activistas y periodistas independientes que quieren luchar por la libertad y la democracia de Cuba sin abandonar definitivamente su patria, como lo han hecho Martha Beatriz, Gómez Manzano y los fallecidos Félix Bonne Carcassés, Arnaldo Ramos Lauzarique y Gustavo Arcos Bergnes. O como Oscar Elías Biscet y actuales presos políticos como Félix Navarro y su hija Saily, José Daniel Ferrer, Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, entre otros.

Por último, si pudiera comentar un poco sobre la vida de Vladimiro, lo que estuvo haciendo en los últimos años sería muy útil.

-Me fui de Cuba en noviembre de 2003 y perdí el contacto con Vladimiro. De sus actividades sabía lo que publicaban medios independientes. Quien sí se mantuvo en contacto con él fue Tania Díaz Castro, periodista independiente que al igual que Luis Cino, Iván García, Rolando Rodríguez Lobaina, Camila Acosta, Víctor Manuel Domínguez, Jorge Enrique Rodríguez y Alberto Méndez Castelló, entre otros, siguen reportando desde la Isla.

Cómo quiere que la identifique en la historia? Prima de Vladimiro Roca y periodista independiente exilada en Suecia?

-Tania Quintero, periodista independiente exiliada en Lucerna, Suiza, prima de Vladimiro Roca y también de Lázaro Yuri Valle Roca, detenido desde junio de 2021 y condenado a seis años de privación de libertad.

En esa edición del Miami Herald publicaron tres opiniones sobre Vladimiro Roca: la del disidente y ex preso político Héctor Palacios, la de John Suárez, director del Center for a Free Cuba y la mía, que a continuación pueden leer, en inglés:

What could have pushed someone with a communist upbringing and name to oppose Castro's comunnist revolution?

-"Both, Vladimiro and I grew up in families that, in spite of being comunnists, raised their children to become citizens who could think with their own minds", said Tania Quintero, Roca's cousin and a journalist who had to seek exile in Switzerland for her writings criticizing the Cuban government. "And that's why when my cousin realized the direction of the 'socialist revolution', he turned away from it and became an opponent en 1991".

-Another family member, Lázaro Yuri Valle Roca, one of Blas Roca's grandchildren, also became an independent journalist and government critic and is currently serving a six-year prison sentence in Cuba. Quintero said Roca didn't want to leave the country because he was committed to fighting for freedom in Cuba. She described him as a talkative and jovial person.

Foto: Vladimiro Roca en 1994. Tomada del Miami Herald.

lunes, 18 de septiembre de 2023

"No luché por una dictadura familiar"


En diciembre de 2018, el disidente Vladimiro Roca Antúnez, hijo del fallecido líder comunista Blas Roca, concedió una entrevista a la agencia AFP, en la que, entre otras cosas dijo, que "la revolución murió hace mucho tiempo, ahora lo que hay es un régimen dictatorial".

Por sus ideas políticas contra el castrismo, sufrió prisión desde 1997 hasta 2002 en la cárcel de Ariza, Cienfuegos. Nacido en 1942, el opositor recalcó que él había luchado por una revolución democrática, “y no por una dictadura familiar, que es lo que se ha establecido en Cuba”.

Roca, uno de los fundadores y actual presidente del Partido Socialdemócrata de Cuba, no ha sido reconocido por el gobierno de la Isla, afirmó que "ya la juventud está cansada, no cree en nada de esto" y añadió que "es posible que cuando Raúl Castro muera, todo termine, porque los que lo siguen no están dispuestos a arriesgarlo todo por algo que no tiene futuro”.

CiberCuba, 27 de diciembre de 2018.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Dos habaneros nacidos en 1942

Vladimiro y yo nacimos en La Habana de 1942, un año marcado por un mismo signo: el asedio de las tropas nazis a Stalingrado durante la Segunda Guerra Mundial. Dulce Antúnez, la madre de Vladimiro, era hermana de Carmen, mi madre. En 1942 las dos salieron embarazadas, y dieron a luz con un mes de diferencia: mi madre el 10 de noviembre y mi tía el 21 de diciembre.

El nombre de Tania me lo puso mi tía Dulce, pero no estoy segura si fue ella la que decidió ponerle Vladimiro a su tercer hijo. Lo que si sé que fue en honor de Vladimir Ilich Lenin. Desconozco por qué a mi primo desde pequeño lo llamaron Pepe, apodo con el cual es conocido por parientes y amigos.

A su padre Blas Roca, esposo de mi tía Dulce, le deciamos Paco (hasta 1963, Blas fue secretario general del Partido Socialista Popular, PSP). Por su parte a mi padre, José Manuel Quintero, un mulato alto y obeso, nacido en Palmira, Cienfuegos, su familia le decía Manolito y sus allegados le llamaban 'el gordo Quintero'. De oficio barbero, desde la década de 1930 el trabajo principal de mi padre era cuidar la vida del máximo dirigente del PSP.

Junto al secretario René López y el chofer Fiallo, el guardaespalda Quintero, formó parte de un equipo incondicional a Blas Roca, un zapatero nacido de una familia muy humilde en Manzanillo y que por méritos propios, ocupó altos cargos en la politica nacional, antes y después de 1959. Blas, como mi padre, se distinguían por su carácter flemático, ecuánime, sereno. También por hablar despacio y en voz baja. Fuera el adversario que fuera, no perdían la compostura ni los buenos modales.

A partir del 26 de julio de 1953, cuando después el asalto al cuartel Moncada, el PSP tuvo que pasar a la clandestinidad, mi padre fue barbero ambulante a tiempo completo, pero continuó en contacto con Blas, quien hasta el 1 de enero de 1959 permaneció escondido en La Habana sin ser descubierto.

En ese ambiente político hostil, Vladimiro, sus hermanos Lydia, Franciso, Joaquín y yo crecimos, igual que otros primos maternos. La persecusión del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) y del Buró de Represión de Actividades Anticomunistas (BRAC) alcanzó mi hogar, pero fue más violenta en la casa de mi primos, los cuatro hijos de Blas y Dulce. En el Museo de la Revolución, en el antiguo Palacio Presidencial, había una foto de una de las tantas veces que gendarmes armados registraron la vivienda de los Roca-Antúnez en Estrada Palma 107, Santos Suárez. En primer plano aparecía mi tía Dulce Antúnez.

Tanto Vladimiro como yo procedemos de familias que se caracterizaban por tener sangre fria, ser realistas y emocionalmente fuertes. Desde agosto de 1959 y hasta febrero de 1961,cuando me incorporé al tercer contingente de Maestros Voluntarios Conrado Benítez en el Campamento La Magdalena, Minas del Frío, Sierra Maestra, trabajé muy cerca de Blas como mecanógrafa, en el Comité Nacional del PSP, en Carlos III y Marqués González, Centro Habana.

Pasaba en limpio textos de los principales dirigentes comunistas: Juan Marinello, Aníbal Escalante, Carlos Rafael Rodríguez, Flavio Bravo, Secundino Guerra, Lázaro Peña y Blas Roca, entre otros. Recuerdo que en 1960, Bas cogió una edición de su libro Los Fundamentos del Socialismo en Cuba, fue desprendiendo las hojas y sobre ellas fue actualizándolo. Para poder concentrarse en la reedición del libro, Blas trabajó varias semanas en una casa alquilada en la playa de Guanabo, al este de la capital. Con un chofer y un escolta, uniformados de verde olivo, me mandaba las páginas que debía mecanografiar. En dos ocasiones fui personalmente a Guanabo, a revisar con Blas las cuartillas mecanografiadas.

Entonces, no había cumplido los 18 años, ganaba solo 46 pesos al mes y trabajaba de lunes a domingo, sin horario. En esos dos años estuve muy cerca del 'tío Paco'. La última vez que hablé con él fue en 1978 o 1979, cuando le pedí unas palabras sobre Lázaro Peña para un trabajo que iba a ser publicado en la revista Bohemia, junto con los testimonios de Lazarito y Aila, los dos hijos del reconocido líder sindical. Blas falleció el 25 de abril de 1987 y su cadáver fue velado en la Base del Monumento a José Martí, en la Plaza de la Revolucion. A la hora del entierro, vi a mi primo Vladimiro. Iba vestido con un traje azul y nos dimos un abrazo.

A Vladimiro no volví a verlo hasta agosto de 1994, cuando un periodista español, conocedor de nuestro parentesco, quiso que lo llevara a su domicilio. Ya Vladimiro era un reconocido disidente y yo todavía era periodista oficial. Ese año fui una o dos veces más a su casa. Pero no fue hasta que me convertí en periodista independiente de Cuba Press, agencia fundada el 23 de septiembre de 1995 por Raúl Rivero, que comencé a visitar regularmente a mi primo Vladimiro en su casa del Nuevo Vedado.

Su vida, como la mía, siempre había girado alrededor de la política y aunque nunca militamos en el partido comunista, ni Vladimiro ni yo éramos indiferentes a lo que pasaba en nuestra patria y en el mundo. Estar informados, leer, hablar con la gente, intercambiar criterios, conocer interlocutores con otros puntos de vista, era tan necesario para nosotros como alimentarse o dormir. A partir de 1996, nuestras conversaciones fueron más habituales y personalmente o por teléfono hablábamos de los temas más variados.

Después que Vladimiro fuera arrestado el 16 de julio de 1997, en una ocasión lo visité en Villa Marista, cuartel general del Departamento de Seguridad del Estado, donde en distintas celdas se encontraban también detenidos y sometidos a procesos de investigación, los otros integrantes del Grupo de Trabajo de la Disidencia (Martha Beatriz Roque Cabello, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés), considerados presos de conciencia por Amnistía Internacional.

Vladimiro, Martha, René y Félix tuvieron la osadía de redactar un análisis profundo de la situación económica, política y social de Cuba que titularon "La Patria es de Todos" y que ha tenido más repercusión que el documento que les sirvió de motivacion: el proyecto que sería discutido en el V Congreso del Partido Comunista en octubre de 1997.

Tania Quintero
Publicado en Cuba Free Press el 22 de agosto de 1997 con el título Mi primo Vladimiro.
Foto: Mientras naciones de Europa y otros continentes estaban involucradas en la Segunda Guerra Mundial, un lluvioso 4 de julio de 1942, en el Paseo del Prado de La Habana se celebraba el Día de la Independencia de Estados Unidos. En la imagen, tomada del Facebook Vintage Cuba, tres obreros de la Standard Oil Company of Cuba llevan una pancarta donde se lee: "Prestaremos todos nuestros esfuerzos para que triunfen las democracias". En 1942, en las afueras de la capital cubana, se inauguraba la residencia del Embajador de Estados Unidos en la isla, como pueden ver en esta galería de fotos.

lunes, 4 de septiembre de 2023

Pepe, mi primo contemporáneo


Buscando las fotos que en diciembre de 2012 hiciera Lázaro Yuri Valle Roca para la entrevista que mi hijo, el periodista independiente Iván García Quintero, le realizó por sus 70 años a mi primo Pepe -como en la familia le decíamos a Vladimiro Roca Antúnez, fallecido el 30 de julio de 2023 en La Habana-, encontré el video que encabeza este post y que diciembre de 2014, le grabara Yuri, el primer sobrino que tuvo Pepe, a raíz de un evento en el cual Pepe participó en México junto a otros disidentes cubanos y que, según comentarios habaneros, "dejó a todo el mundo con la boca abierta, de las cosas que dijo".

Encontré otra entrevista, la que le hicieron en Martí Noticias durante un viaje a Miami en abril de 2015. También, este correo que envié a un amigo en septiembre de 2018: "Ayer vi la entrevista de Palenque Visión que salió en CubaNet y como sabía que hacía tiempo habían entrevistado a Vladimiro, indagué y me enteré que inicialmente fue enviada a Martí Noticias, pero después de varias semanas, a los realizadores les notificaron que rechazaban el material. La persona que me lo dijo, lo consideró un insulto, por tratarse del testimonio de un opositor que forma parte de la historia de la lucha contra el castrismo".

Decidí iniciar así este recordatorio a mi primo Pepe, porque él, como yo, formamos parte de una misma raíz materna, la de los Antúnez, donde sus miembros siempre hemos dicho lo que pensamos. Pepe y yo nacimos en 1942 (él el 21 de diciembre, yo el 10 de noviembre). Tanto sus padres, Blas Roca Calderío y Dulce Antúnez Aragón, como los míos, José Manuel Quintero Suárez y Carmen Antúnez Aragón, no nos educaron para que un día fuéramos simpatizantes o militantes del Partido Socialista Popular (PSP), sino para que pensáramos con nuestras cabezas, no temiéramos a las opiniones discrepantes y nos sintiéramos ciudadanos libres e independientes, al margen de nuestras creencias ideológicas, políticas o religiosas.

Las hermanas Dulce y Carmen salieron embarazadas en la misma época, en la década de 1940. Entonces no se sabía el sexo de los bebés. Mi tía Dulce le dijo a mi mamá que si era hembra le pusiera Tania, nombre ruso muy popular que cuadraba con las simpatías que los viejos comunistas del PSP le tenían a la Unión Soviética, en esos momentos en guerra contra Hitler y el nazismo alemán. Un mes y pico después, cuando mi tía dio a luz a su tercer hijo, quiso ponerle Vladimir, en honor a Lenin, pero en el registro civil se negaron. Ante la insistencia, aceptaron cubanizarlo y le añadieron una o. Desde esa fecha, su nombre fue Vladimiro Roca Antúnez. Lo que nunca llegué a entender por qué, si no se llamaba José, desde niño le apodaron Pepe.

Con la muerte de Pepe, de los cuatro primos con los que me crié, solo me queda Francisco, Paquito, que sigue viviendo en La Habana, cerca ya de los 90 años. Mi prima Lydia falleció en 2013 y de Joaquín no puedo precisar, solo sé que murió en Estados Unidos. En la edad adulta estuve muy vinculada a Lydia, pero en mi infancia, con quien más jugué fue con Pepe, a pesar de que yo era una niña tranquila y él muy travieso, en particular en la etapa en la que Blas y Dulce, sus cuatro hijos, la abuela Pancha y la prima Sonia Ramos vivieron en Estrada Palma 107, Santos Suárez.

Era una hermosa casona, de planta baja, con jardín, portal, sala, saleta, comedor, cocina amplia, cuatro habitaciones, dos baños, sótano, un patio grande con dos matas de mango macho y un pasillo lateral por el que podías llegar al patio y entrar por la puerta trasera de una vivienda ideal para jugar los niños. A Estrada Palma 107 iba una o dos veces a la semana con mi madre, quien ayudaba a su hermana Dulce en las faenas domésticas, antes y después de la clandestinidad del PSP (26 de julio de 1953 - 1 de enero de 1959). Desde El Cerro, donde vivíamos, hasta Santos Suárez, íbamos y veníamos en la ruta 14.

Como yo tenía miedo de los animales, desde que llegaba, Pepe se las arreglaba para buscar una lagartija, una rana o un pajarito para asustarme. Pero cuando se encaramaba en la mata de mangos, me regalaba alguno que estuviera maduro. El "taller" de Pepe radicaba en el sótano, al cual no me gustaba ir por sus continuos "inventos", ya fuera una trampa-caza ratones o una "sopa" de paloma que algún muchacho del vecindario había matado con un tirapiedra. Una vez, mi madre y yo nos pasamos unos días en la casa que Dulce y Blas alquilaban en verano en Guanabo. Y a Pepe se le ocurrió enseñarme a montar bicicleta, pero la calle que escogió era bastante elevada. Terminé cayéndome y raspándome rodillas y piernas.

Casi todas las familias tienen problemas, desavenencias, encontronazos... La de los Roca-Antúnez no es una excepción. En determinado momento, mi primo Pepe se alejó de su familia materna. Pero cuando mi tía Dulce Antúnez se enfermó y mi prima Lydia se la llevó a vivir con ella a su casa en Nuevo Vedado, Pepe habló con su hermana Lydia y le pidió que le dijera a su madre que quería pedirle perdón, que si podía ir personalmente a pedírselo. Mi tía Dulce respondió que ya ella lo había perdonado, que ella quería por igual a sus cuatro hijos, al margen de su forma de pensar y sus comportamientos. A partir de ese día, ella no desayunaba hasta que Pepe, que vivía a dos cuadras, no llegara y le diera el café con leche, con pan o galletas.

Mi tía Dulce murió a los 86 años, el 25 de abril de 1995. La velaron en la funeraria de Zapata, no faltaron sus cuatro hijos (Lydia, Francisco, Vladimiro y Joaquín), sus nietos (Yuri, Ernesto, Alejandro y Vivian, entre otros), sus hermanos residentes en La Habana (María, Cándida, Carmen y Luis) y sus sobrinos (Orlando, Moisés, Sonia y yo). Un velorio y un entierro tomado por la Seguridad del Estado.

Tanto Iván como yo le hemos dedicado espacio a Pepe en nuestros tres blogs. De todos los posts, he seleccionado uno publicado en septiembre de 2011, donde además de Pepe y la opositora Martha Beatriz Roque Cabello, en primer plano aparece mi primo Yuri, encarcelado desde el 15 de junio de 2021 y que ojalá pronto sea liberado.

Tania Quintero

lunes, 28 de agosto de 2023

¿Se quiere una mayor libertad que la de elegir el momento de la partida?

Cuando usted lea este artículo yo estaré muerto. "Vivir es un derecho, no una obligación", dijo Ramón Sampedro, un español que había quedado tetrapléjico tras un accidente en la playa. Su vida, su lucha por que se le permitiera acceder al suicidio asistido y su muerte fueron interpretadas en el cine por Javier Bardem en el filme Mar adentro.

"Don Carlos, ¿regresa a vivir a España?", me preguntó, extrañado, un vecino de la avenida Brickell, donde vivía en Miami. "No. Me voy a morir a España", le respondí amablemente, con una sonrisa, y seguí mi camino. Al fin y al cabo, viví 40 años en Madrid, mi intención era residir nuevamente en mi apartamento frente al parque de El Retiro, tengo la nacionalidad española y creo firmemente en la eutanasia y en la muerte asistida, como, afortunadamente, piensa más del 70 por ciento de los españoles.

Este artículo lo comencé a escribir en Miami a inicios de 2022 y lo concluyo dictándolo, ya que actualmente tengo grandes dificultades para escribir. En ese momento, antes de que se me informara de un diagnóstico más severo, llegué a la conclusión de que no permitiría que el Párkinson que padecía desde hacía unos años me arrebatara más facultades. Para entonces, ya me había quitado la capacidad de improvisar oralmente, pero no la de escribir. Parece que el cerebro aloja las dos facultades en diferentes sitios. En cualquier caso, todo iría empeorando.

En marzo de 2021, el Congreso de los Diputados español aprobó la Ley de la Eutanasia por 202 votos a favor, 141 en contra y dos abstenciones. Es uno de los países que la tiene -en Estados Unidos hay suicidio asistido, pero solo en diez estados y el distrito de Columbia de los 50 con que cuenta la Unión Americana. Bélgica, Holanda, Nueva Zelanda, Luxemburgo, Suiza, Portugal y Canadá han legislado sobre la eutanasia y la muerte asistida. Es poco. Son casi 200 naciones reconocidas por la Organización de Naciones Unidas.

El 3 de abril de 2022 había cumplido 79 años en Miami. Fue la edad en que murió mi padre del corazón, el 7 de marzo de 1992. Mi madre murió a los 83 años de una operación "sin importancia" (menos para ella, claro) en el año 2000. Según la admirada neuróloga italiana Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina (1986), los hijos, grosso modo, deben sacar la cuenta de lo que esperan vivir promediando la edad de la muerte de los dos padres, pero agregándoles un 10%, producto de los adelantos médicos.

A mí me salían 88 años. Es demasiado. Creo que iniciar el octavo inning, como dice mi amigo Jorge Sonville, es más que suficiente. Es toda una provocación. Mi hermano menor, Robert Alex, un brillante médico con quien discutí la fórmula de Levi-Montalcini, era un escéptico de esta hipótesis. Alegaba, con buenas razones, que esos promedios no servían de mucho. Él murió a los 69 años en medio de la epidemia de Covid-19. Su deceso ocurrió el 1 de agosto de 2020. Entonces no existía la vacuna. Yo le llevaba casi ocho años. Pero Ernesto, mi hermano mayor, nacido en octubre de 1940, aún está vivo. De los tres, es el más resistente a las adversidades de la vida.

El propósito de este artículo es estimular el debate sobre la eutanasia: mi posición es apoyarla siempre que sea una elección voluntaria. De la misma manera que se donan los órganos en vida, creo que bastaría consignarlo por escrito o designar a una persona para que tome las decisiones en caso de que sea materialmente imposible asumir esa responsabilidad.

Así fue cómo, al llegar a Madrid en octubre de 2022, entregué en la Sanidad Pública el documento en el que se establecen los cuidados y tratamientos de salud en situaciones extremas. Gracias al asesoramiento desde el principio de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) he podido, con el respaldo incondicional de mis seres queridos, superar todos los pasos burocráticos que exige una ley garantista. De ese modo, comencé el proceso legal que ha culminado en la aprobación de la prestación de ayuda para morir en mi caso, ya que, de acuerdo con lo que establece la Ley, cumplo todos los requisitos de padecimiento grave, crónico e imposibilitante. Hasta el final del camino cuento con la asistencia de profesionales de la Sanidad Pública.

Por si fuera poco, una resonancia magnética realizada en el Hospital Gregorio Marañón concluyó que en realidad padezco Parálisis Supranuclear Progresiva (PSP), un Párkinson atípico y más agresivo. Eso explica mi acelerada falta de movimiento ocular impidiéndome leer y escribir, además de las crecientes limitaciones para expresarme verbalmente.

Mi vida diaria, en la que la lectura, la escritura y la expresión oral han sido mis señas de identidad, se borran de un día para otro. Desde hace mucho mi cuerpo tampoco me acompaña.

He vivido en un país, España, por 40 años, en el extremo occidental de Europa, del que se decía, injustamente, que los españoles sólo entendían a fustazos. Y no era verdad. La democracia y la libertad están al alcance de cualquier pueblo que se lo proponga. He regresado en el ocaso de mi vida. Aquí he cumplido 80 años. El último de mi existencia gracias a la Ley de Eutanasia.

¿Se quiere una mayor libertad que la de elegir el momento de la partida?

Cumplo mi deseo de morir en Madrid, la ciudad que amo y en la que he compartido tanto junto a Linda, mi adorada mujer en las duras y en las maduras. Lo hago gozando todavía de la capacidad de expresar mi voluntad de ejercer mi derecho a finalizar mi vida de una forma libre y digna de acuerdo a mis creencias. No le doy más la lata, querido lector. Adiós.

Carlos Alberto Montaner
Nota.- Esta es la última carta del periodista, escritor y ensayista cubano fallecido el 29 de junio de 2023 en Madrid. Fue difundida de forma póstuma por Firmas Press, agencia que él fundó en abril de 1984. Como La Guantanamera era una de las canciones preferidas de Carlos Alberto Montaner, por eso al inicio de este post puse el video del final del concierto que Celia Cruz, Tito Puente, Johny Pacheco y La India, entre otros músicos, ofrecieran en Connecticut en 1999. A título personal, a mi amigo Carlos le dedico este video, de la noche que Joan Manuel Serrat cantó Para la libertad, del poeta Miguel Hernández, nada más y menos que en el teatro Karl Marx de La Habana, la ciudad donde Carlos y yo nacimos. Ocurrió el 26 de enero de 1997, año en que por última vez Serrat viajó a Cuba (Tania Quintero).

lunes, 21 de agosto de 2023

Mi admirado Montaner


“Miente como un zascandil el que diga que me oyó llamar a un cubano vil por no pensar como yo".
José Martí, 1889

Corrían los primeros años de la década de 1980 y recién había yo cumplido un año de prisión por salida ilegal del país. Era un paria, uno de esos cubanos públicamente identificados como “contrarrevolucionario” por el régimen.

Irónicamente, ese estatus me dio acceso a un activo intercambio clandestino de literatura anticomunista. Así pude leer clásicos como La Nueva Clase de Milovan Djilas, La Gran Estafa de Eudocio Ravines, y 1984 de George Orwell, entre muchos otros que añadieron fundamento intelectual a mi rechazo del marxismo.

Una de las lecturas que disfruté entonces fue una recopilación de artículos periodísticos originalmente escritos durante la década de 1970 por Carlos Alberto Montaner, un exiliado cubano residente en España. Me gustó mucho su estilo mesurado y objetivo, en un castellano culto sin ser pretencioso, salpicado de un humor que anunciaba su origen cubano. Me llamó particularmente la atención por la agudeza de su análisis un artículo sobre la intervención militar cubana en Angola.

Por entonces, la mayoría de los expertos fuera de Cuba consideraban a Fidel Castro un mero soldado del imperio soviético, cumpliendo órdenes del Kremlin en beneficio del marxismo internacional. Para mi sorpresa, Montaner comprendía la realidad -después confirmada por historiadores y testigos– de que era Fidel Castro quien había arrastrado a los soviéticos a sus aventuras africanas en beneficio de su imperio personal.

Posteriormente pude reafirmar una y otra vez esa lucidez de Montaner en sus comentarios semanales por Radio Martí. Desde la distancia de un ya largo exilio, demostraba un dominio sorprendente de la realidad cubana y una comprensión cabal de la naturaleza del régimen castrista. Cuando el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, liderado por Ricardo Bofill, salió a la luz pública en 1988, fue Montaner el primer exiliado en reconocer la legitimidad de la nueva oposición al castrismo.

Sus comentarios radiales y sus columnas en El Nuevo Herald reafirmaron mi inclinación hacia el liberalismo clásico como ideología política. Su incansable –e internacionalmente influyente– activismo político en pos de la democracia en Cuba lo convirtió en uno de los peores enemigos del castrismo, y le costó desde difamación sistemática (agente de la CIA, terrorista) hasta bombas por correo.

Cuando salí de Cuba en 1992 tuve el privilegio de conocerlo y comprobar que Carlos Alberto Montaner no solo era un lúcido periodista y comentarista político, sino que además era un excelente ser humano, sencillo, generoso, y de probada integridad personal. No puedo recordar ninguna ocasión en la que haya discrepado seriamente de una opinión suya, hasta que anunció públicamente su intención de votar por Joe Biden en las elecciones presidenciales, a contrapelo de la mayoría de sus correligionarios exiliados.

Comparto muchas de las críticas de Montaner al Sr. Trump, sea en temas de políticas como de personalidad, tanto que voté en su contra en 2016, pero los últimos cuatro años me hicieron considerarlo el mal menor. Intercambiamos un par de mensajes sobre el tema, pero estaba claro que nuestra percepción de las alternativas en las elecciones de 2020 era diferente, así que nos deseamos suerte mutuamente como hacen las personas civilizadas.

Nuestro desacuerdo, aunque serio, no cambió en absoluto mi opinión sobre la lucidez, decencia y honorabilidad de Carlos Alberto Montaner. En los últimos meses he leído numerosos comentarios lamentables sobre Montaner como resultado de su decisión. Algunos han intentado razonar con argumentos, pero desafortunadamente la mayoría son meros insultos y ataques personales.

Quisiera creer que se trata de la labor de ciberclarias castristas, pero temo que hemos aprendido poco de ese régimen, experto en denostar y difamar a sus oponentes para desacreditar una idea que se saben incapaces de rebatir con razonamientos.

En contraste con nuestra era republicana, el castrismo entronizó una cultura política infantil e intransigente donde quien no coincide cien por ciento es traidor y anticubano. Al final no se trata de quién tiene la razón, sino del derecho fundamental a opinar y debatir en un ambiente de respeto.

Si algún día queremos convivir en libertad, tenemos que aprender a tolerar opiniones diferentes. ¿No es acaso esa libertad de escoger, esa decencia fundamental de la convivencia democrática la que hace de la democracia un sistema superior al que rige en Cuba hoy día?

Sebastián Arcos Cazabón
Cubanet, 11 enero de 2021.
Nota de Tania Quintero.- Sebastián Arcos Cazabón es hijo de Sebastián Arcos Bergnes y sobrino de Gustavo Arcos Bergnes. Ver entrevista que Jaime Bayly le hiciera a Sebastián Arcos Cazabón hace cinco años.

lunes, 14 de agosto de 2023

El Carlos Alberto Montaner que yo conocí

En 1993, una amiga que llevaba varios meses viviendo en Madrid tuvo oportunidad de hablar con Carlos Alberto Montaner.

En un momento de la conversación ella le dijo: "Conozco una periodista cubana que ha leído artículos tuyos, dice que comparte tus puntos de vista, pero que cuando se vive afuera, es fácil escribir sobre Cuba".

Lejos de molestarle, al prestigioso periodista, escritor e intelectual que acaba de fallecer en España, le gustó aquella espontánea sinceridad. Le preguntó el nombre de la periodista, si tenía teléfono y podía llamarla a La Habana. Así empezó mi amistad con Carlos Alberto. Con una llamada, en 1993, cuando yo todavía era periodista oficial, dos años antes de que Raúl Rivero leyera mi nombre entre los fundadores de la agencia de prensa independiente Cuba Press, el 23 de septiembre de 1995.

En marzo de 2002, sonó el teléfono de nuestro apartamento en la barriada habanera de La Víbora. Mi mamá, de 86 años, lo cogió y sin preguntar quién era, dijo que yo había ido a casa de una vecina a buscar un pomo de agua fría, porque teníamos el refrigerador roto. La persona no dejó ningún recado ni volvió a llamar. Dos meses después, el periodista independiente Ricardo González Alfonso, me llamó para que pasara por su casa. Por suerte, en la avenida Santa Catalina podía coger la ruta 69 o la 79, que me dejaban a una cuadra del domicilio de Ricardo en Miramar. Carlos Alberto había enviado 500 dólares para que compráramos un refrigerador nuevo. Pero mi madre no llegó a verlo: falleció el 15 de abril de 2002.

Entre los documentos que el 9 de abril de 2003, el entonces canciller Felipe Pérez Roque presentó en una rueda de prensa ante corresponsales extranjeros, para justificar la oleada represiva desatada por Fidel Castro en marzo y abril de 2003 y que ha quedado conocida como Primavera Negra, ante las cámaras de la televisión nacional, Pérez Roque dos veces leyó, pausadamente, esta nota fechada el 22 de marzo de 2001 y dirigida al disidente Osvaldo Alfonso: "Muy pronto te llamarán unos amigos españoles de alto nivel para hablar del Proyecto Varela. Sugerí cinco nombres: Payá, Alfonso, Arcos, Raúl Rivero y Tania Quintero. Va un fuerte abrazo y una revista Encuentro. Carlos Alberto Montaner".

Tras las contínuas amenazas de cárcel recibidas en mayo de 2003 por el agente Jesús Águila de la Seguridad del Estado, decidí pedir asilo político en Suiza. Debido a la feroz vigilancia y persecución, no pude decírselo a Carlos. Cuando en diciembre de 2003 él se enteró que estaba con mi hija y mi nieta mayor en un centro de solicitantes de asilo en Lucerna, a una persona que hablaba alemán le pidió que nos localizara para saber de nuestra situación. A partir de 2004, Carlos y yo nos comunicamos por email.

El 29 de enero de 2007 recibí un inesperado correo: "Querida Tania, voy a reeditar VIAJE AL CORAZÓN DE CUBA. La primera edición es de 1999. No tengo tiempo de revisar el libro (además de que odio releer mis papeles). En esta nueva versión le cambié el epílogo. El anterior era El día que murió Fidel Castro. En ésta he puesto Conversación en los funerales de Fidel Castro. Pero necesito un ojo cubano e inteligente, bien enterado de la historia, que me ayude a actualizar el libro, capturar gazapos, y que me proponga cosas o reformas imprescindibles dado el tiempo transcurrido. Firmas Press le pagaría a Tania Press por esa ayuda. No me propongas hacerlo gratis porque cuando aparezca una editorial que quiera publicarlo yo le voy a cobrar. Este lío, sin duda, te tomará unas cuantas horas de trabajo y aburrimiento, así que lo menos que puedes hacer es cobrar esa exigua cantidad. Te adjunto el mamotreto. Un abrazo, Carlos Alberto".

Por supuesto, no acepté que me pagara. Hice dos revisiones: la primera, seis correos que con el título de Notas, que fui enumerando, y la segunda, otros seis correos titulados 2da. revisión, que también enumeré. Once años años más tarde, el 27 de mayo de 2018: "Querida Tania, escribo mis memorias -hay que irse preparando para el final- y no recuerdo el nombre del abogado del PSP que me interrogó en el G-2 a fines de diciembre de 1960. Era un alto oficial del aparato. Pero sé que en algún momento lo mencionaste. El personaje debe haber muerto hace unos años y la conversación tuvo un momento interesante. Si te recuerdas, te ruego me lo digas. Un abrazo, Carlos Alberto". Ese mismo día le respondí:

"Querido Carlos, al abogado del PSP que conocí personalmente, porque antes del 59 iba a su casa en Luyanó cuando a mi padre lo detenían y no sabíamos dónde estaba, para que presentara un habeas corpus, fue al Dr. Aramís Taboada. Pero no creo que Aramís haya sido un alto oficial del G-2. Pensé que se había ido de Cuba y habría muerto en el exilio, pero rastreando en internet descubro que falleció en La Habana en 1985. Vinculado a la fundación del G-2 estuvieron los hermanos Escalona, que si mal no recuerdo eran dos, los dos militantes del PSP. De los dos, el más conocido era Arnaldo Escalona, a quien le decían Escalonita. En el 68, cuando la Microfracción, él y su mujer Hilda, fueron condenados a prisión. Cuando los excarcelaron se fueron del país, tal vez a Miami y no sé si aún viven. El que te interrogó en 1960 en el G-2 debe haber sido Arnaldo, que era abogado".

Al poco rato me contestaría: "Gracias, querida Tania. No fueron los Escalona (conocí hace años a Arnaldo y a su mujer Hilda en Miami). Fue un tipo que me mencionaste alguna vez por email. Raúl Rivero lo recuerda, pero no su nombre. Era alto, blanco (blanco cubano, o sea que en la vieja Sudáfrica lo fusilaban al amanecer) y entonces debía tener 50 años. Si de pronto un fogonazo de la memoria te sorprende, escríbeme, por favor. Mientras, dejo puntos suspensivos en el manuscrito y sigo con las memorias. Un abrazo, Carlos Alberto". (Sin ir más lejos, su libro de memorias, fue publicado en octubre de 2019).

En los 80 años que ya cumplí, no he conocído a nadie que con tanto empeño leyera todo lo que sobre su país le caía en sus manos como hacía Carlos Alberto. Disfrutaba mucho las crónicas de los periodistas independientes cubanos.

Cuando en octubre de 2008 en mi blog leyó Yandy y Niurkita, me escribió: "Querida Tania, si te mando un poco de plata ¿puedes hacérsela llegar a esos niños? Pobre gente, carajo. Un beso. CA". En enero de 2011, a mi hijo el periodista independiente Iván García Quintero, le diría: "Querido Iván, tu blog 90 Millas en el periódico El Mundo, ha sido una extraordinaria ventana para poder ver y entender la realidad cubana. Quienes somos tus asiduos lectores buscamos esos escritos ávidamente. Ojalá pronto las cosas cambien en Cuba que puedas publicar tus textos en una prensa libre dentro de la Isla. Un gran abrazo, Carlos Alberto Montaner".

El 5 de diciembre de 2021, una amiga de Carlos Alberto fotocopió y le envió Historia de una foto cubana, publicada el día anterior en Diario de Cuba. Ella había escrito: "Esta historia es muy instructiva sobre el desastre cubano. Sencillamente brutal. La sencillez de la narración me fascinó". Carlos Alberto me la reenvió con este comentario al margen: "Querida Tania, la sencillez de la narración también me fascinó. CA".

Ése fue el Carlos Alberto Montaner que yo conocí y al que siempre recordaré. Un hombre extraordinariamente sensible. Que nunca perdió su caballerosidad y sentido del humor. Capaz de dialogar y de opinar sobre cualquier tema o persona.

Tania Quintero
Foto: Carlos Alberto Montaner en Madrid en la década de 1990. Tomada de ABC Cultura.
Ver: Video de Jaime Bayly titulado El padre que yo elegí.

lunes, 7 de agosto de 2023

Se fue otro gran amigo



El 17 de junio, un día antes del Día de los Padres, fallecía en La Habana mi amigo el ingeniero José Ramón López, sobre el cual en mi blog pueden leer: Así viví el período especial; Mis vivencias con la comida china y Mi amigo López en la revista Bohemia.

Doce días después, el 29 de junio, en Madrid se iría, otro gran amigo, Carlos Alberto Montaner. Cuando el 4 de mayo leí Mi última columna, en un block donde voy anotando las cosas pendientes, puse su nombre. Poco después, a raíz de la participación del escritor César Reynel Aguilera en el programa ¿Hay esperanza para Cuba?, al autor del libro El soviet caribeño, le envié el siguiente correo:

"César, me enteré de los llamados 'Tigres de Asia" por un artículo de Carlos Alberto Montaner. Debe haber sido a fines de los 90, llevaba tres o cuatro años como periodista independiente y de la entonces Sección de Intereses, un auto con un chofer, cubano, una vez por semana nos entregaba ejemplares de El Nuevo Herald y de las revistas Times y US News & World Report. Carlos Alberto escribió unos cuantos artículos sobre países, procesos y transiciones que a pesar de la censura en Cuba, los cubanos leíamos, sobre todo en la década de 1990. Fue uno de los primeros que se enteró que yo había solicitado asilo político en Suiza, donde en su opinión funcionaba el mejor sistema democrático del mundo. Si mal no recuerdo, en 2005 o 2006, me pidió que le contara sobre el sistema sanitario suizo, muy distinto al de Estados Unidos. Por cierto, a Carlos le debo una carta. Como sabes, por su enfermedad de Parkinson, ya dejó de escribir".

Pero lo fui dejando de un día para otro. Y se fue sin haberle dado conocer el respeto, cariño y agradecimiento mío y de mi familia, en particular de mi hijo Iván, también periodista independiente. Pensé que Carlos Alberto iba a vivir más.

Mensaje del hijo de Carlos Alberto en Facebook

I am heartbroken to inform you that my father, Carlos Alberto Montaner passed away peacefully in his home, surrounded by his loved ones, after battling a neurodegenerative disease Thursday the 28th of June in Madrid, Spain. I want to thank the professionals of the Spanish Public Health System, the Asociación Derecho a Morir Dignamente (Dying with Dignity Association), and all the family and friends who have shown him so much love and affection in the final stretch of a prolific life advocating for the defense of individual freedoms. His farewell will be intimate and private.

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Con el corazón roto, les informo que mi padre, Carlos Alberto Montaner falleció plácidamente arropado por su familia el jueves, 29 de junio en Madrid, España. Ha fallecido en su domicilio de modo apacible y acompañado de sus seres más queridos tras enfrentar una enfermedad neurodegenerativa. Le doy las gracias a los profesionales de la sanidad pública española, a la Asociación Derecho a Morir Dignamente y a todos los familiares y amigos que le han manifestado tanto afecto en el tramo final de una prolífica vida marcada por la defensa de las libertades individuales.

Su despedida será un acto íntimo y privado.

Correo de mi hijo Iván García Quintero desde La Habana

Tania, aunque esperada, muy dolorosa la muerte de Carlos Alberto Montaner. Con sus artículos de opinión y libros de análisis, probablemente fue el cubano que mayor incidió en varias generaciones de intelectuales jóvenes de la Isla que posteriormente se enrolaron en la disidencia pacífica y el periodismo sin mordaza. Saludos, Iván.

En 2010, para mi libro Periodista, nada más, Carlos Alberto escribió el epílogo: Tania Quintero: Una voz que faltaba. El prólogo, Tania, palabra de mujer, es de Raúl Rivero, otro gran amigo, fallecido en Miami el 6 de noviembre de 2021.

Tania Quintero

lunes, 31 de julio de 2023

Los edificios altos de La Habana

La década de 1950 protagonizó un gran cambio en el perfil de la capital cubana. En muy pocos años, la ciudad comenzó a sumar grandes torres de apartamentos, oficinas y hoteles que marcaron nuevos hitos en la perspectiva general capitalina. Los nuevos rascacielos constituyeron una actualización en términos arquitectónicos muy celebrada por especialistas y por la sociedad.

Paralelamente se construía un mayor número de viviendas y edificios públicos de una o pocas plantas, que supieron resumir también el talento artístico de los arquitectos cubanos y la gran pericia que había en el uso de materiales como el hormigón armado. Sin embargo, las grandes torres tuvieron un poderoso impacto a escala urbana, por lo que fueron percibidas como el principal símbolo de una urbe moderna.

En décadas anteriores ya habían comenzado a incorporarse importantes edificios altos en la ciudad. Recuérdese, por ejemplo, el Banco Gómez Mena (1918), en Obispo y Aguiar; el inmueble de la Compañía Cubana de Teléfono (1927) en Águila y Dragones, y el Hotel Presidente (1928), en Calzada y G. Sin embargo, la firma del Decreto Ley de la Propiedad Horizontal, el 18 de septiembre de 1953, estimuló e hizo muy lucrativa la concepción de varias plantas en una misma propiedad para la venta o alquiler.

Los edificios altos tuvieron una presencia fundamental en El Vedado, donde destaca el tramo de litoral comprendido entre las calles L y O. Allí se concentran varias torres de apartamentos que protagonizaron una carrera en altura, constatando también la tendencia a multiplicar estas estructuras a la manera de las grandes ciudades modernas que, si no se hubiera cortado abruptamente por el cambio político de 1959, hubiera terminado por perfilar una Habana muy distinta a la de hoy.

Allí se encuentran, por ejemplo, el edificio FOCSA (1954-1956) de 28 plantas, y el Someillán (1957), de 32 plantas. El primero ha sido muy celebrado por la eficiencia con que fue construido y concebido: con un diseño muy funcional de apartamentos tipo, con circulación horizontal diferenciada, parqueo soterrado para 500 vehículos y áreas de jardines y recreación que aprovechan tanto las espectaculares vistas de la última planta como la gran superficie del cuerpo inferior que ocupa toda la manzana, donde se colocaron múltiples servicios y calles peatonales interiores. El Someillán, por su parte, aún tiene el alarde de ser el edificio más esbelto de Cuba, considerando la relación que existe entre el ancho del inmueble y su altura.

Solo en El Vedado, pudiera continuarse con una larga lista de edificios altos de excelente diseño y vistosas fachadas. En ellas los balcones suelen ser uno de los elementos más atractivos y creativos, que establecen ritmos y contrastes con el resto de la superficie. También resulta muy peculiar el uso de quiebrasoles, mosaicos decorativos y persianería empleada muchas veces a tamaño de puntal. Más allá del litoral, estos inmuebles ocuparon distintos lotes en vías principales como Línea, 23, L, G, Paseo y 12.

Algunos fueron reconocidos con la Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos de Cuba, como el edificio del Retiro Odontológico (1955), en 1956; y el del Seguro Médico (1956-1958), en 1959, ayudando a consagrar la carrera de su arquitecto Antonio Quintana, quien también fue el autor del edificio de 20 plantas de 25 y G. El primero de los tres es empleado hoy por facultades de la Universidad de La Habana, como la de Economía; y el segundo, es la sede del Ministerio de Salud Pública.

En 1967, este arquitecto construyó en Malecón y F, el que durante mucho tiempo fue el último edificio alto construido en este contexto. Este edificio experimental de viviendas, ha sido criticado y alabado a la vez. Su principal interés está en su sistema constructivo prefabricado y en la forma en que trabajó los espacios de circulación vertical y horizontal con el objetivo de favorecer la privacidad de los vecinos y la ventilación cruzada en las viviendas.

En la década de 1970 se incorporaron en casi todas las ciudades cubanas anodinas torres de 12 o más plantas realizadas con sistemas constructivos prefabricados de procedencia soviética. A la crítica de su diseño se incorpora la de su emplazamiento, pues con frecuencia irrumpieron en entornos de alta cualificación urbana. En espacios tan distintos como Nuevo Vedado en La Habana, o la plaza mayor de Ciego de Ávila, alteraron la armonía del entorno constructivo y social.

En la década de 1990, cuando el país se abrió al desarrollo del turismo como alternativa ante la profunda crisis económica, se hicieron grandes inversiones en nuevos hoteles, muchos de los cuales fueron altas torres ubicadas junto al litoral que permitían desde cada planta disfrutar del paisaje caribeño. Entre los primeros en La Habana, estuvieron el Neptuno (1991) y el Meliá Cohiba (1993). Aunque mejor valdría mencionar el hotel Meliá Santiago de Cuba (1991), como uno de los mejores ejemplos de su época, obra de José Antonio Choy y Julia León.

Puede afirmarse que desde entonces, los nuevos rascacielos cubanos han sido exclusivamente hoteles o condominios para extranjeros, como el edificio Atlantic (2007) construido en 1ra y D, Vedado. Actualmente, las principales inversiones constructivas del gobierno están dirigidas a la incorporación de nuevos hoteles en la capital, muchos de los cuales son edificios altos: como las dos torres de 26 pisos del Grand Aston (2022), en 1ra y E; el Gran Muthu (2023) con 27 pisos, en 3ra y 70, Miramar; el que está en ejecución en 1ra y B (Vedado) y que tendrá unos 30 pisos; o el colosal hotel de 25 y K, aún en construcción y que tendrá 42 plantas.

Ninguna de estas obras ha sido proyectada por arquitectos cubanos, a pesar de su probada capacidad, talento y voluntad de acometer inmuebles de tal magnitud. Hace más de una década, José Antonio Choy y Julia León, habían proyectado un estupendo hotel para el lote de Prado y Malecón, exhibido en la XIII Bienal de Arquitectura de Venecia después de ser incluido en la plataforma Backstage Architecture 2012 como uno de los proyectos más relevantes del año a nivel mundial. El gobierno cubano, en cambio, concedió el diseño y ejecución de este hotel a una firma extranjera, que en 2019 inauguró un inmueble que no alcanza la belleza ni los valores del proyecto de Choy-León.

La nueva arquitectura que está variando el skyline capitalino es por tanto ajena, y no ilustra el quehacer de los arquitectos cubanos contemporáneos. Tampoco incorpora obras de arquitectos internacionales reconocidos que puedan prestigiar la ciudad. Anónimas compañías extranjeras asumen la autoría, y como en algunos casos también se ha prescindido de mano de obra nacional, la obra no ha significado una oportunidad para la generación de empleos. De esta forma, las nuevas adiciones como la torre de 25 y K (visible desde múltiples puntos de la capital y que empequeñece al antiguo Havana Hilton (1958), luego Habana Libre, ícono arquitectónico habanero), son percibidas como un desacierto y no como un progreso.

Esto se refuerza por el hecho de que las nuevas torres son ajenas a las necesidades constructivas del país, a sus recursos económicos o a su adecuada planificación, y a la demanda turística de la capital y tipo de turista que la frecuenta. En otras palabras, se percibe como una dilapidación de los recursos urgentes para otros servicios vitales de la sociedad, sin que se visualice ningún beneficio a corto ni a mediano plazo.

Yaneli Leal
Texto y foto: Diario de Cuba, 14 de mayo de 2023.

lunes, 24 de julio de 2023

La ruralización (castrista) de La Habana

Según el arquitecto Nicolás Quintana, "existen La Habana Colonial, La Habana Republicana y La Habana Totalitaria. Las primeras fueron sumamente creativas, y la Republicana fue, además, de una capacidad constructiva extraordinaria. En la tercera etapa, el Estado usurpó a la sociedad la labor de hacer ciudad. Por lo tanto, el mayor problema urbanístico que enfrentaremos es recuperar la actitud positiva de hacer ciudad en un ambiente de libertad expresiva. La remodelación de La Habana no debe ser impuesta desde arriba, sino surgir del pensamiento y sentimiento de la sociedad, interpretados por sus urbanistas".

La ruina urbanística de La Habana no es un accidente. Los más de sesenta años de abandono de toda una ciudad responden a una política descabellada del Máximo Líder poco investigada. En lo invisible, la industria y las inversiones no existen. El declive urbano se ignora, la mano de obra especializada desaparece, el planeamiento urbano brilla por su ausencia. En lo visible, el pavimento se hace tierra, las paredes se cuartean y desmoronan, los techos se derrumban, las tuberías se pudren, las aceras se rajan, el piso se quiebra, las construcciones se desploman dejando montañas de escombros que nadie recoge. Brotes de hortalizas invaden los jardines. La hierba crece en las calles. Chivos, perros, gallinas y cerdos pululan las avenidas de barrios otrora modelos. Aparecen ranchones de guano, carretones tirados por burros, tractores circulando por las calles del Vedado y sopones cociéndose en parterres ocupados por indigentes.

El habanero de a pie vive en medio de una realidad desoladora, semiagreste y opresiva.

El urbanista Paul Dobraszczyk en el libro The Dead City: Urban Ruins and the Spectacle of Decay, menciona tres causas generales que contribuyen al descalabro urbanístico. Veamos cómo estas aplican en el caso de la capital de Cuba. Primero están las causas naturales, como inundaciones y huracanes. La inclemencia del tiempo siempre es un peligro para La Habana, ciudad con cara al mar, en medio de la ruta de los huracanes del Mar Caribe. Pero las tormentas que pasaron por la Habana no dejaron una secuela de destrucción notable en la capital durante la república. Le siguen las causas sociales como revoluciones, incendios y vandalismo. Aquí entran proyectos de redefinición urbana después de la destrucción por violencia generalizada (lo cual no aplica dentro de la férrea realidad totalitaria). Por último, existen causas económicas y urbanísticas que conducen al deterioro físico progresivo de las construcciones y la infraestructura. Ahí sí La Habana se lleva el premio mayor.

Los apologistas del castrismo justifican la crisis de la conservación urbanística durante la década del 60 como «necesidad de desvío de recursos contra el peligro de una invasión americana». Echan la culpa al 'bloqueo'. ¿Y la década siguiente y la subsiguiente? No es que Castro no tuviera dinero en los años 70 para tratar de preservar La Habana. Lo tendrá a chorros a partir de 1972 cuando se firman los acuerdos del CAME y la URSS manda 11 millones diarios de dólares a Cuba. El gobierno de Castro despilfarra mucho de ese dinero en empresas bélicas descabelladas en Angola y Etiopía. ¿Cuándo se ha dado un esfuerzo coordinado de parte del Estado dueño-de-todo por limitar el desgaste de la infraestructura en Centro Habana o en La Habana Vieja?

En "Echar a perder: análisis del deterioro", el urbanista y profesor de MIT Kevin Lynch explora el abandono como otra causa de la decadencia citadina. Pero el tipo de abandono que investiga significa no habitar. Lynch no menciona el renglón pertinente, que es el abandono urbanístico deliberado por antipatía y como política de Estado. ¿Y quién mencionaría semejante cosa? Esa es precisamente nuestra tesis y La Habana primorosa es un ejemplo nefando. A partir del triunfo de la revolución en 1959 ocurre algo insólito e imprevisto.

En menos de diez años, el castrismo hunde el país en una miseria inexplicable. De nuevo, la desgracia no es causada por epidemias, como la gran hambruna de Irlanda en el siglo XIX; o por la guerra civil en la España posrepublicana; o por una crisis medioambiental, como Etiopía en los años 80. La miseria de Cuba es una miseria autofabricada y autoimpuesta.

Imaginemos el paso del tiempo sobre las desatendidas construcciones habaneras. Los sesenta, los setenta, los ochenta, los noventa, el milenio. ¿Cuándo jamás se realizó un trabajo de carpintería o albañilería para recuperar lucetas, ventanas, remozar arcadas en las plantas altas de las casonas de Centro Habana, restaurar la belleza de los balcones de la calle Reina o del Paseo del Prado, renovar la herrería original o las tejas de arterias ricas en fachadas y balcones como Egido y portales de Galiano? ¿Se dio mantenimiento a aquellos bulevares llenos de tiendas festivas en San Rafael y Neptuno? Hoy son ruinas lastimeras. ¿Cuándo se acató el daño a la infraestructura de La Habana Vieja de las «añadidas» barbacoas perpetradas por migraciones provenientes del campo, destruyendo más (aun sin querer) lo ya destruido? Preguntas ácidas ante el absurdo del castrismo.

Alguien aludirá los proyectos de renovación emprendidos por la Oficina del Historiador de La Habana. Y si bien el esfuerzo es encomiable, las realizaciones ejecutadas constituyen un porciento ínfimo de las necesidades reales de la capital en ruinas. Rafael Fornés, arquitecto y profesor de la Universidad de Miami y Notre Dame de Indiana, cuenta la experiencia de uno de sus viajes a La Habana en 2016 en compañía del arquitecto y diseñador italiano Massimo Scolari:

-Fuimos a La Cabaña, porque Massimo es un amante de las fortificaciones antiguas. Al final de la visita me apuntaba que muchos de los restauros sobre la piedra estaban mal hechos. Los encargados saben que muchas renovaciones son defectuosas, algunas incluso terminan peores. Imagínate un empaste mal hecho que termine pudriendo la muela. Una colega cubana me contaba que el tratamiento de restauración de las piedras de La Cabaña ha hecho más daño a la construcción que 400 años de erosión. Esto tiene que ver con los materiales invasivos no orgánicos que se emplean. Por ejemplo, usan pinturas de acrílico en las paredes de las construcciones del siglo XVII-XIX, en lugar de usar lechada de cal. Ahí tienes la antigua Manzana de Gómez, hoy Manzana Kempinsky. El hotel se estrenó a bombo y platillo, pero la reconstrucción de la planta baja en 2017 da pena. Desbarataron la belleza de las galerías originales y dejaron un patio inhóspito. Incluso el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara hizo un performance por la desaparición del busto de Mella. No se respetaron las ornamentaciones originales y las terminaron con materiales baratos. Una chapucería.

Corre el año 1959. Cuba es el cuarto país de mayor urbanización de América Latina con un 35 por ciento de la población viviendo en zonas urbanas (actualmente Cuba no llega al número 17). La Habana es centro de energía vital, con el 70 por ciento de las industrias y el 90 por ciento del comercio pasando por su puerto. Solo un 6 por ciento de la población vive en solares.

¿Cuál es el atractivo de La Habana? Una ciudad bendecida por el litoral sinuoso, clima templado, una superposición de estilos arquitectónicos bien representados y un urbanismo de cuadriculación racional y elegante. Tanto el cubano como el extranjero emigran a La Habana porque es la ciudad más importante de la isla. El 75 por ciento de la industria nacional, excluyendo el azúcar, se encuentra aquí.

El sueño de Fidel Castro de ruralizar La Habana se remonta a La historia me absolverá (1953). Desde entonces promete: "El gobierno revolucionario resolvería el problema de la vivienda rebajando resueltamente el cincuenta por ciento de los alquileres, eximiendo de toda contribución a las casas habitadas por sus propios dueños, triplicando los impuestos sobre las casas alquiladas, demoliendo las infernales cuarterías para levantar en su lugar edificios modernos de muchas plantas y financiando la construcción de viviendas en toda la Isla en escala nunca vista, bajo el criterio de que si lo ideal en el campo es que cada familia posea su propia parcela, lo ideal en la ciudad es que cada familia viva en su propia casa o apartamento."

La Reforma Urbana, aprobada el 14 de octubre de 1960, aparenta implementar una política de igualdad social que, sin embargo, fracasa estrepitosamente en menos de una década. Así lo cuenta el poeta y periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado (La Habana, 1946-207):

-En el mismo 1959, el gobierno revolucionario dictó la rebaja general de los alquileres al 50 por ciento, medida que obviamente contó con el apoyo de los beneficiados y la inconformidad de los perjudicados. ¿Quiénes eran estos propietarios? No todos ni mucho menos eran grandes casatenientes ni ricachones platónicos. Había familias de modestos recursos que habían invertido sus arduos ahorros en fabricar una o dos casitas o un pequeño pasaje a cuya renta confiaban su vejez. La medida fue popular sin dejar de ser arbitraria, y desestimuló las nuevas inversiones. A partir de la Reforma Urbana quedó estrictamente vedado el acceso del capital privado en el sector de la edificación de viviendas, ya totalmente en manos del estado, quien también se hacía cargo de las casas de los núcleos familiares que se marchaban a Estados Unidos. Si bien casi un 50 por ciento de la población se convirtió en dueño de las propiedades, los edificios de apartamentos en La Habana (que constituían la mayoría de las construcciones de Centro Habana), fueron privados de mantenimiento. El castrismo nunca implementó un sistema administrativo que se hiciera cargo del sostenimiento de los miles de edificios de apartamentos o multiviviendas de la capital. Se prohibía la compraventa de viviendas. Únicamente se autorizaba la permuta de viviendas de valor semejante. La aplicación de esta ley generó por un lado, la inflexibilidad ante el cambio de demanda de vivienda y por otro, el desarrollo de un mercado negro (para lograr la compraventa de la vivienda). Como todo en el castrismo, lo que parecía bueno resultó caduco e inoperante.

Tan temprano como 1970 se hace claro que la reforma urbana no funciona. Aquí enumeramos problemas básicos que aplican hoy:

-No hay mercados para materiales de rehabilitación y construcción (y el limitado y perseguido mercado negro no tiene garantías).

-No existen brigadas de rehabilitación que puedan contratarse, ni entidad cooperativa, ni cámara de artesanos encargada de supervisar a los auto constructores.

-No hay líneas de crédito para la rehabilitación y construcción, ni subsidios como parte de un programa de rehabilitación urbana (con la excepción del centro histórico administrado por la Oficina del Historiador de la Ciudad).

-No existe una «ley de propiedad horizontal» adaptada a las circunstancias particulares de La Habana (los comités de administración de cada uno de estos inmuebles no tienen personalidad jurídica para contabilizar y solicitar préstamos).

-La prohibición de compraventa de viviendas imposibilita jurídicamente la adaptación a las nuevas circunstancias, sea la reducción del consumo de la vivienda o cambios en el seno de la familia.

Volvamos a la ruralización. A nueve años del triunfo guerrillero, la dirigencia comunista choca cara a cara con el incorregible problema del enriquecimiento del individuo. La revolución, autoproclamada heredera del marxismo-leninismo, no puede de ninguna manera traicionar al tatarabuelo Carlos Marx en su libro Contribución a la crítica de la economía política. Comienza a gestarse el golpe demoledor a la -ya endeble- economía cubana. Me refiero a la llamada "ofensiva revolucionaria", donde se intervienen más de 55 mil 636 pequeños negocios, equivalentes al 33 por ciento de la economía del país. Es el proceso más inmisericorde de purificación ideológica de la historia del castrismo.

Para Castro, el trabajo del hombre no deberá exceder jamás el usufructo necesario para su mínima supervivencia. Más allá de esto, el trabajo definido como tal, desaparece y surge su clon perverso, el enriquecimiento ilícito. Pero todo enriquecimiento es por definición 'ilícito', pues resulta invariablemente en la explotación del trabajo del otro (la plusvalía marxista). La historia de los planes de desarrollo de la revolución a partir de 1968 refleja ese sueño de "conquista del comunismo" que se extiende hasta las "rectificaciones de errores" de los años 80.

Fragmento del discurso de Fidel Castro, con motivo de la inauguración de un pueblo en la periferia capitalina dentro del Cordón de La Habana en 1968: "... la ciudad siguió creciendo durante cuatro siglos, y con la instauración de nuestra seudorrepública a principios de siglo, unido al fenómeno de la intervención y la colonización por el imperialismo, se sumó todo el fenómeno del crecimiento de la ciudad, donde vinieron a residir todas las familias ricas del país: terratenientes, dueños de centrales azucareros, dueños de fábricas; y, en fin, por eso ustedes ven tantas casas lujosas por los alrededores de La Habana, donde hoy se albergan unos 70 000 estudiantes. Los ricos en Cuba construían casas verdaderamente suntuosas".

La Habana sostiene una mancha irreparable. Ser la gran ciudad de la colonia y después, durante la república, la capital de la burguesía criolla. 'El lujo' citadino (lo que otros llamarían simplemente arquitectura y urbanismo coherentes) es el reflejo de una debilidad moral. De ahí que, en los primeros años de la revolución, las otroras casas de la burguesía sean convertidas en albergues para becados (muchas fueron saqueadas). Con el tiempo, los revolucionarios terminan siendo los 'nouveau riche'. Aquellas edificaciones 'suntuosas', diseñadas por toda una generación de arquitectos cubanos durante la década de 1950, en repartos como Siboney/Atabey, El Laguito y Cubanacán, ya no albergan estudiantes. Ahora son 'zonas congeladas' de acceso limitado para personal diplomático, generales, 'pinchos' (dirigentes), en fin, la nomenclatura castrista y sus huéspedes de ocasión.

Castro ni siquiera entiende la importancia urbanística de una avenida o un parque, como queda demostrado en un discurso pronunciado en 1959 en el Colegio de Arquitectos: "Cuando se ha hecho una avenida no ha beneficiado al pueblo. Cuando se hace, por ejemplo, la Quinta Avenida de Miramar, tan hermosa, con sus flores, con su doble vía, ¿a quién benefició? Ha beneficiado a los que residen en aquella zona, ha beneficiado a los clubes que se habían apoderado de la parte costera, pero realmente no se podía decir que el pueblo se había beneficiado".

El castrismo le debe mucho a la ideología marxista (y no poco a Federico Engels). A Marx no le interesaba el urbanismo. Su pensamiento era abstracto. No así Engels, gran publicista del marxismo y mano derecha del autor de Das Kapital. En el ensayo Las grandes ciudades (1845), Federico explora objetivos urbanísticos específicos, como la morfología de las calles, el tamaño y la densidad de las viviendas, las condiciones sociales de sobrepoblación y contaminación ambiental en ciudades como Dublín, Manchester, Londres y Edimburgo.

Su conclusión es que el auge industrial capitalista (tipificado por Inglaterra en ese momento) no hace más que acentuar el cisma de depauperación entre campo y ciudad. El argumento se repite y amplía en Anti-Dühring (1877): "La abolición de la separación de la ciudad y el campo no es una utopía, también, en la medida en que está condicionada a la distribución más igualitaria posible de la industria moderna en todo el país. Es cierto que en las grandes ciudades la civilización nos ha legado una herencia de la cual es difícil deshacerse. Pero debe ser y será eliminada, por más prolongado que sea el proceso".

¿Cuál es la solución de Engels? La integración del campo a la ciudad como contención a la decadencia citadina. Precisamente, Federico propone la ruralización de la ciudad. Castro no es el único discípulo de Engels. Lenin admiraba la conjetura engelsiana de "abolir la antítesis entre la ciudad y el campo". De ahí que Stalin, alumno destacado de Lenin, adopte la hipótesis como parte del Primer Plan Quinquenal de la URSS (1928-1933), conocido como Kollektivizátsiya. La 'colectivización' agrícola forzada que convierte la agricultura en una "nueva industria". ¿El resultado? Un desastre humano y ambiental inconcebible. Millones de muertos, millones de desplazados y dos genocidios: el Helodomor ucraniano y la hambruna kazaja.

Ahora se comprende por qué Castro declara que La Habana debe pagar un precio: "La población de la Ciudad de La Habana se redimirá de esa especie de colonización a la que tenía sometido al resto del país. Porque La Habana más que la capital de Cuba era la metrópoli de Cuba; y ahora La Habana podrá ser la capital y no la metrópoli, porque dejará de ser una carga y se convertirá en una tremenda ayuda para el país. Es decir que La Habana tiene la misión y la obligación de ayudar al resto del país".

Urbanistas tomen nota, Castro se jacta de despotricar contra La Habana, mundana, sometedora del resto del país. Una capital en falta, 'estrecha' y sin un 'río grande': "En La Habana y sus alrededores hay una población acumulada de más de un millón y medio de personas. Además, los colonizadores de este país ubicaron en sus inicios, hace cuatro siglos, la Ciudad de La Habana en una de las regiones más estrechas del país, donde no había ningún río grande. Desde luego, hay el río Almendares, que es un arroyito. Los que sepan lo que es un río saben que no se puede llamar río al Almendares".

Una testigo de los hechos, la antropóloga Elizabeth Burgos, psicoanaliza la neurastenia creciente de Castro con la capital:

-A partir de 1959, La Habana es relegada al estatus de ente femenino al que se le aplica el discurso misógino destinado a las mujeres 'pecadoras', acusadas de llevar una 'mala vida'. A su atractivo, a su prestigio internacional y a su centralidad, se le adjudica la culpa de la decadencia de Cuba. Su protagonismo cultural, sus logros arquitectónicos, son silenciados y se centra el discurso político en el aspecto que privará como imagen: su vida nocturna, sus bares célebres y sus cabarets, sus salas de juego y, sobre todo, la prostitución. Acabar con ese foco de 'inmoralidad' se convierte en una forma de legitimación del proyecto revolucionario. Quienes coincidimos en aquel período en la isla, a mediados de los años sesenta, recordamos los largos monólogos nocturnos de Fidel Castro sobre la obsesión que lo ocupaba en aquel momento, que se originaba en el descontento por el desabastecimiento que comenzaba a castigar a la población. Se necesitaba un culpable, y La Habana, que ya ostentaba el signo de lo negativo, se le reprochaba consumir gran parte de los recursos que producía el país, mientras que ella no producía nada. Esa condición de mujer 'pecadora' de La Habana se tradujo en la voluntad de castigarla, de negarle los afeites y los cuidados necesarios para la preservación de la belleza y evitar los estragos del tiempo.

El arquitecto y profesor Rafael Fornés aporta otro ángulo al mismo asunto:

-Te diré que Castro odiaba la capital, e incluso tenía planes para demoler La Habana Vieja. He visto ese plan en el libro The Havana Guide: Modern Architecture 1925-1965, de Eduardo Luis Rodríguez. En la introducción se muestra una foto del plan para destruir el casco antiguo. Recién triunfada la revolución, Castro demuele El Mercado de Tacón, conocida como La Plaza del Vapor; monumental manzana de tres pisos en la calle Galiano, repleta de pequeños negocios; mientras los pisos superiores se destinaban a unas doscientas habitaciones. En su lugar construyen un parqueo espantoso. El conocido arquitecto Frank Martínez me contaba una conversación que tuvo con la persona responsable de esa demolición, Cesario Fernández, conocido como Zapatón. Cesario también quería demoler el Museo de Arte Colonial, frente a La Catedral, para según él "abrir la fachada de la plaza". Frank le dijo horrores. Otro golpe es cuando se cierra el Colegio de Arquitectos y se deja huérfana la profesión. Castro odia la arquitectura porque es una profesión elitista.

-Luego viene la destrucción de símbolos que representan esa Habana corrompida. Primero, la invasión de los guajiros a La Habana el 26 de julio de 1959. Pedían a la gente que los hospedaran en sus casas. En mi casa hospedamos a uno. Existe un libro de fotos de Mayito (Mario García Joya) de la ocasión. Después está la destrucción del monumento al Maine de Félix Cabarrocas en 1961. Castro manda derribar el águila de bronce y retira los bustos de McKinley, Leonard Wood y Theodore Roosevelt. Le sigue la destrucción del monumento a Tomás Estrada Palma en los años 70. Arrancaron de cuajo la estatua y quedaron los zapatos (que anclaba la estatua al pedestal). Incluso recuerdo a Eusebio Leal criticando la acción en la televisión nacional. Habían vandalizado el pedestal con grafiti. Dijo: "Cómo vas a pedirle a la gente que no vandalice si el gobierno ya ha vandalizado".

Para la mentalidad campestre de Castro, si el campo es el foco del desarrollo económico revolucionario, la ciudad debe convertirse en campo. El lema del Cordón de La Habana: "Quedará muy poca superficie en esta provincia que no sea agrícola". 1968 debió ser el Año de la Ruralización. El plan del Cordón de La Habana comienza el 17 de abril con un puesto de mando similar al de las Fuerzas Armadas, donde se imparten órdenes. Radio Cordón de La Habana transmite el boletín Noti Cordón (la primera actividad matutina de Castro, según cuenta la leyenda). Decenas de miles de personas, incluyendo estudiantes menores de edad, son volcadas a las llamadas tareas agrícolas de siembra de café caturra, recogida de viandas o limpieza de arbustos. La meta es convertir la ciudad en un centro gigantesco de producción agrícola.

A fines de 1968, Castro pasa revista de los logros en el Cordón. Se han sembrado 908 mil 389 árboles frutales; 39 millones 400 mil 613 matas de café, 13 millones 793 mil 110 matas de gandul y 2 millones 612 mil 913 de plantas forestales. Inesperadamente el proyecto fracasa cuando se descubre que las plantas de café no progresan debido a la plantación paralela del gandul, leguminosa destinada a dar sombra a la plantación, pero que absorbe todo el oxígeno de la tierra matando al cafeto. Pese al fuerte revés, la ruralización da otro paso adelante con la Ley 1231, llamada Ley contra la vagancia, promulgada el 15 de marzo de 1971. Conlleva la reconcentración de 218, 000 adultos para el trabajo forzado en las tareas de producción. Con una economía destruida por la intransigencia y la ineptitud, ¿no se hace claro que el trabajo forzado y el trabajo voluntario promulgados por el castrismo son mecanismos de coacción y control a gran escala?

El proyecto de microbrigadas de principio de los años 70 obedece al llamado del Máximo Líder a las empresas estatales y su fuerza de trabajo, a construir complejos de apartamentos para suplir la necesidad de la vivienda. Las empresas proporcionan la mano de obra mientras que el gobierno suministra los materiales de construcción. El 65 por ciento de todas las viviendas en 1972 y 1974 proviene de micro brigadas. Un 40 por ciento de las viviendas se erige alrededor de La Habana.

El coup de grâce de Castro: "En los campos no haremos edificios tan grandes, pero, desde luego, construiremos verticalmente más que horizontalmente. Y la política que se seguirá es preferencia al campo en la construcción de viviendas sobre la ciudad y preferencia por encima de todo a los obreros que trabajan en las granjas estatales, y progresivamente iremos también resolviendo los problemas de la vivienda de los campesinos. Es decir que el campo en la construcción tendrá prioridad sobre la ciudad. Y eso es muy lógico y eso es muy justo, no creo que nadie discuta eso (aplausos)".

Un chiste famoso entre residentes de Alamar a fines de los años 70 reza: En Alamar todo está construido menos la ciudad. Prefabricada, amorfa, aislada e impersonal, Alamar, para fines de los años 80, es un desastre urbano. Las calles han sido construidas detrás de los edificios (en vez de enfrente). El visitante camina en medio patios mustios y tendederas. Sin jardines ni áreas verdes, la urbanización, como conjunto, luce pavorosa. Actualmente, el 70 por ciento de los edificios de Alamar necesita reparaciones estructurales urgentes, debido a sistemas prefabricados deficientes. Las filtraciones constantes incrementan la humedad en las viviendas. Es común que a pocos años de terminada la obra, se revienten tuberías, se levanten los pisos y los techos cedan ante el peso del agua acumulada. El conocido urbanista Mario Coyula lo explica así: "Las viviendas construidas no contribuyeron a resolver el problema del deterioro y pérdida del fondo, en el mejor de los casos el de la cohabitación".

Para los años 90, el 14 por ciento de la población de la ciudad vive en barrios marginales, zonas insalubres, o viviendas en estado irrecuperable, el 20 por ciento de las unidades en La Habana carece de electricidad y agua potable. Cito un párrafo de un estudio sobre La Habana de los urbanistas españoles Antonio López Ontiveros y José Naranjo Ramírez:

-El abandono de La Habana, con el consiguiente proceso de tugurización … cuando La Habana Vieja sufre de un larguísimo período de inoperancia total, de inadecuación entre las políticas oficiales y la auténtica labor de protección y recuperación; todo ello conducirá a un proceso de ruina que, en muchos casos, ha sido irremediable. Porque hoy La Habana Vieja es una ciudad decrépita, una informe y dantesca acumulación de ruinas, el conjunto urbano más caótico que conocemos. ¿Cómo es posible que se haya llegado a este estado de cosas?

A mediados de los 90, durante el llamado 'período especial', en medio de condiciones pésimas de vivienda, se acelera la migración de oriente a occidente (también conocida como 'palestinización' de la capital). La crisis deviene tugurización: hacinamiento vivencial forzado en viviendas precarias en la periferia citadina, construidas con cartón, tablas, plásticos, techos de zinc, sin agua potable, servicios sanitarios ni luz eléctrica. Un estudio de René González Rego de la facultad de Geografía de la Universidad de La Habana arroja:

-Se puede afirmar que la capital cubana se ha estado convirtiendo en una urbe de inmigrantes, ya que si en 1977 el 41 por ciento del crecimiento poblacional se debía al saldo migratorio interno, en el período 1989-93 éste representaba el 74 por ciento del mismo (…) hay una tendencia a vivir en condiciones cada vez más precarias, sobre todo para los que migran en busca de trabajo (…) Los que arribaron entre 1990 y 1995, se asientan en barrios insalubres, fundamentalmente en los municipios periféricos de la ciudad, pudiéndose notar la problemática de la diferente percepción de las condiciones ambientales, ya que aún en estas condiciones precarias de vida, un 60 por ciento de los entrevistados manifiestan que han mejorado sus condiciones de vida y socioeconómicas de La Habana con respecto a sus lugares de origen.

¿Consenso desde la miseria? Lo peor de La Habana puede ser lo mejor para un oriental. De acuerdo a la periodista independiente Gladys Linares, en la capital cubana existen 65 barrios marginales en condiciones infrahumanas. Miles de miles de desclasados ocupantes de los 'llega y pon': "Sin derecho a trabajar legalmente, sin libreta de racionamiento ni acceso a servicios básicos como electricidad, agua potable o alcantarillado. Siempre con la zozobra de ser deportados hacia su provincia de origen. Sus hijos, habaneros por nacimiento, deben ser registrados en el domicilio legal de la madre, que claro está, no es en la capital. Mientras los comunistas no se cansan de hablar de justicia social. Ese es el drama que han vivido durante años más de 700 mil cubanos indocumentados en su propio país".

Otro factor de la tugurización es la nueva política de gentrificación del gobierno cubano (mantenido en secreto por razones obvias) de estimular la destrucción para construir hoteles de lujo, particularmente después de la pandemia de 2020. En el texto que acompaña el video sobre seis barrios que los turistas no visitan, el periodista independiente Mario Echevarría Driggs manifiesta: "Al que se le caiga la vivienda en la Habana Vieja o en Centro Habana, (va a) un albergue, pero ya tú sabes, bien lejito. Nada de reconstrucción de tu casa, nada de arreglar tu casa. Es triste lo que está pasando". Según Driggs, es práctica habitual del gobierno, de aprovechar el deterioro que sufren muchos edificios ubicados en zonas céntricas para levantar nuevos hoteles: "Prefieren que se te caiga el edificio y a ti ubicarte en un albergue".

De acuerdo a USA Today, entre 2000 y 2013, en La Habana se reportaron unos 3 mil 856 derrumbes parciales o totales de edificios, sin contar 2010 y 2011 cuando no se llevaron registros. Los derrumbes han empeorado la ya grave escasez de viviendas. Solo La Habana tuvo un déficit de 206 mil 000 viviendas en 2016, reportan cifras oficiales. Un artículo de Abraham Jiménez Enoa publicado en The Washington Post, deja constancia de la desgracia durante la pandemia:

-En la actualidad, 47 por ciento de todas las viviendas cubanas necesitan rehabilitarse o repararse y cinco por ciento está en peligro de derrumbe, declara un informe del Observatorio Cubano de Derechos Humanos. Dentro de toda esa debacle inmobiliaria que padece la isla, La Habana, la provincia con mayor densidad poblacional del país, es la de peores números (…) con 2.1 millones de habitantes, tiene un déficit habitacional de 185 mil 348 inmuebles, de los cuales deben repararse 83 mil 878 y reponerse 46 mil 158. Además, se necesitan 43 mil 854 hogares para personas que perdieron sus casas por derrumbes y se encuentran pernoctando en albergues estatales, así como 11 mil 458 viviendas más por el crecimiento habitacional de la ciudad.

La crisis es tan palpable que periódicos internacionales han optado por presentar un tipo de ensayo fotográfico, mostrando simplemente la degradación de la ciudad. El País hizo un dossier de 16 fotos, de Sanne Derks. Otro ensayo, del periódico británico The Guardian plantea: "El enfoque principal de este proyecto es documentar la pésima situación de la vivienda en La Habana Vieja, un reflejo del colapso generalizado del país. Algunas fuentes sugieren que el gobierno permite que los edificios se derrumben para poder comprarlos a bajo precio y convertirlos en infraestructura turística. Las voces de este reportaje revelan una realidad que se aleja de la imagen de un paraíso caribeño para mostrar edificios ruinosos entre ratas, chinches y cucarachas, con continuos apagones y falta de agua". (Recomiendo el ensayo fotográfico de Lucía Jerez).

¡Por fin, el sueño del Máximo Líder de ruralizar La Habana desprestigiándola, hecho realidad!

Alfredo Triff
El Estornudo, 17 de mayo de 2023.