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jueves, 17 de noviembre de 2016

Facundo Rivero o la carretera del Sans Souci


Facundo Rivero es otro de esos huecos negros en una cultura con problemas de memoria. Nacido en 1910 debutó como pianista en un teatro de Santa Clara hasta comenzar a tocar en orquestas de charanga, primero en la de Raimundo Plá y luego en la de Belisario López. Más tarde ingresó con su instrumento en el cuarteto Siboney, fundado en 1940 por la también pianista y compositora Isolina Carrillo (1907-1996).

Se iniciaba así una tradición actuante durante mucho tiempo en la música cubana con agrupaciones vocales como las de Orlando de la Rosa, las Hermanas Lago, Los Faxas, Las D' Aida, Llopiz-Dulzaides, Los Modernistas, Los Meme, Los Zafiros y el Cuarteto del Rey, entre otras, todas bajo el ala norteamericana, pero no por ello menos criollas, un clásico ejercicio de antropofagia cultural, como el feeling. En 1941 fundó su cuarteto, integrado por Mercedes Romay, Jesús Leyte, Welia Núñez y Abelardo Rivero. Por ahí también pasaron figuras como Elena Burke (1928-2002).

Facundo tiene en su expediente ciertos lauros. Uno consiste en haber vislumbrado y promovido el talento y la voz de Olga Guillot (1922-2010), una joven santiaguera que en 1939 se había presentado en la Corte Suprema del Arte junto a su hermana María Luisa, y ex integrante del Cuarteto Siboney. En 1945 la colocó en el Zombie Club, en la calle Zulueta 256, cerca del Sloopy Joe's. Al año siguiente la Guillot incorporaría en su repertorio Lluvia gris, versión en español del ya desde entonces clásico Stormy Weather, todo un éxito en aquella Habana de sonoridades, hedonismos y corrupciones auténticas; entonces fue nombrada “la cancionera más destacada de Cuba”. Otro, en ser el compositor de Quédate, negra, uno de los números con que Úrsula Hilaria Celia de la Caridad Cruz Alfonso, en breve Celia Cruz (1925-2003), inició su carrera en solitario en Venezuela.

En los 50, Facundo Rivero se presentó en los Estados Unidos, por entonces bajo la euforia del mambo. En 1953 actuó con su cuarteto en el Chateau Madrid de Nueva York, a dos cuadras del famosísimo Copacabana, y probablemente también lo hiciera en el Palladium y su gran salón de baile. Allí muy bien pudo haber conocido a Marlon Brando, un verdadero asiduo. Bajo el influjo de aquella locura social, ese año el pianista y orquestador puertorriqueño Joe Loco organizó una gira por la Unión, Mambo USA, a la que se sumó mucho de lo que brillaba y valía en el género. Una movida sin dudas redituable, porque al año siguiente se repitió incorporando a otros protagonistas, uno de ellos al pianista Facundo Rivero, junto a Machito y sus Afrocubans, Tito Rodríguez y varios sonados músicos del momento.

El percusionista ítalo-americano Jack Costanzo, más conocido por Mr. Bongo en los círculos jazzísticos de la época, fue una persona que se hizo a sí misma aprendiendo a tocar el bongó en su natal Chicago, pero en los años 40 viajó más de una vez a La Habana para perfeccionar su técnica, un camino de Santiago que también recorrieron otros: ir o no ir a la fuente viva era la cuestión. Trabajó en agrupaciones como los Lecuona Cuban Boys y con Stan Kenton, Nat King Cole, Frank Sinatra y Dámaso Pérez Prado. También tocó con Marlon Brando en descargas públicas y privadas.

Entrevistado a principios de este siglo por Erick González para Herencia Latina dijo del hombre del tranvía y el deseo lo que otros han dicho, aunque tal vez con un poco de irreverencia y distanciamiento: “para ser un aficionado, no tocaba mal. Era un verdadero adicto a la tumbadora”. Esto para diferenciarlo de James Dean y Gary Cooper, genuinos desastres en esos menesteres, pero tragados por la moda. Y testimonió un peculiar jam session en la casa de Brando en Los Ángeles. Le dijo a González:

"Fui a una fiesta en su casa en honor de Edith Piaff, una famosa cantante francesa. Él me invitó. Allí estaba también un pianista cubano llamado Facundo Rivero. Marlon Brando le alquiló esa casa a una actriz de cine llamada Ann Miller".

Es esto justamente lo que explica la reacción de Brando en la carretera del cabaret Sans Souci aquella última madrugada de febrero de 1956. Un momento de la entrevista que se sustenta en sí mismo, pero con todo de contextualización necesaria. Aquí el joven Cabrera Infante se está ejercitando en la técnica del iceberg:

En medio de la conversación, una máquina se detiene junto a la nuestra.

-¿Está ahí Marlon Brando?, pregunta alguien en español.

-No, no está Marlon Brando, responde Marlon Brando en español.

Pero dentro del auto desciende alguien y dice:

-¡Cómo no! Si es Marlon. Hey, Marlon, it´s me! Facundo.

Es Facundo Rivero. Marlon lo saluda con verdadera alegría.

Con esa anagnórisis que al fin lo libera de la pesadilla de otro fan, Brando manifiesta, de hecho, haber querido repetir una experiencia musical previa con el pianista al otro lado del Estrecho:

-Eh, Facundo, ¿dónde has estado? Te he buscado por toda La Habana. Quería que organizáramos un grupo para tocar un rato.

Facundo habla su mezcla de inglés y español, que no es ninguna de las dos cosas. A través de la ventanilla:

-¡Muchacho, hasta Pardo Llada lo dijo! Marlon Brando está buscando a Facundo Rivero.

Marlon Brando no sabe quién es Pardo Llada, pero el énfasis de Facundo es tan amplio que creo comienza a adivinarlo.

-¿Cuándo te vas?

-Mañana por la mañana.

-Es una lástima.

-Sí, es u-na pe-na, dice Marlon en español. Pero puedes venir por casa cuando estés en Nueva York.

Facundo lo promete y se marcha después de saludar a Dorothy Dandridge.

La entrevista concluye con lo que se inician muchas evocaciones de la estancia cubana de Brando -por cierto, la única documentada-, aunque las razones sean más complejas de lo que el propio actor le exterioriza a la Dandridge.

En la madrugada, Dorothy hace una pregunta y la respuesta revela el carácter de ese gran actor del cine y personalidad extraordinaria que es Marlon Brando:

-¿Qué te ha traído por La Habana?

-Estaba en Miami en asuntos de negocios y de pronto se me ocurrió comprar una tumbadora.

Alfredo Prieto
Siete días, 6 de abril de 2015.

Video: Escena del filme mexicano Mujeres sin mañana (1951) donde Facundo Rivero y su Cuarteto cantan y bailan el sucu-sucu Felipe Blanco, de Eliseo Grenet (La Habana 1893-1950). La mujer que se incorpora al baile es la actriz chilena Olga Donoso.

Ver a Facundo Rivero y su Cuarteto en Jelengue y María Cristina me quiere gobernar.


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