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lunes, 29 de agosto de 2016

Frank Sinatra, un hombre solo


En 1969, Frank Sinatra grabó una canción titulada A man alone para un disco homónimo, íntegramente escrito por el compositor y poeta Rod McKuen. A su vez, McKuen era uno de los crooners más oscuros del mundo, autor de una abultada discografía de discos cantados y, sobre todo, recitados; acababa de publicar In search of eros, subtitulado Amor y soledad en la era del erotismo, una deliciosa y reaccionaria apología del amor eterno en el siglo de la promiscuidad.

A la hora de componer para Sinatra, McKuen echó toda la carne en el asador y parió un fascinante disco conceptual sobre la soledad, que Frank acarició con su voz de oro, logrando las interpretaciones más jondas y crepusculares de su carrera. Acompañaban a la voz del crooner unos arreglos orquestales tremendamente sutiles, dirigidos y producidos por dos pesos pesados del género como Don Costa y Sonny Burke.

Canciones como Love’s been good to me o la propia A man alone también serían entonadas por su autor, pero en la voz de Sinatra alcanzaron una dimensión casi apocalíptica. Por aquel entonces, Frank era un hombre atormentado y se dejó el pellejo en el estudio de grabación:

"En mí tú ves a un hombre solo, tras la pared que ha aprendido a llamar «hogar», un hombre que aún camina bajo la lluvia esperando un nuevo amor. Un hombre que no se siente solo hasta que llega la oscuridad, un hombre que aprende a vivir… con recuerdos de noches que reventaron al amanecer. En mí tú ves a un hombre solo, que pasa los domingos solo, empinando el codo. Un hombre que sabe que el amor es más raro de lo que parece".

Para la ocasión, Sinatra grabó un videoclip donde aparecía (cómo no) solo y tristón en un pisito de soltero, vestido de manera informal, cantando ante la cámara A man alone y otros temas, demostrándonos con soberbia maestría, cómo se le cae la casa encima.

El tema A man alone está englobado, como ya hemos dicho, en un álbum del mismo título, una obra atípica en la carrera de Sinatra y por eso mismo incomprendida. El crítico Stephen Thomas Erlewine, por ejemplo, tachó las composiciones de McKuen de "lírica y musicalmente insustanciales"; y el público ignoró este árido disco de 'traditional pop' que incluye solo seis canciones (sin contar el reprise final de A man alone) y cinco melancólicos recitados en los que Sinatra, más que hablar, susurra.

Tampoco la portada es muy comercial que digamos, con un primerísimo plano del rostro del crooner carcomido por la penumbra y la angustia, anticipándonos lo que encontraremos entre los surcos. Hay algo casi maníaco en la soledad de asfalto que envuelve A man alone, algo que nos trae a la cabeza al guionista Paul Schrader, cuando decía por boca del taxista Travis aquello de "la soledad me ha perseguido durante toda mi vida, por todas partes, en los bares, en los coches, en las aceras, en las tiendas, por todas partes, no tengo escapatoria, soy el hombre solitario de Dios". La última frase, por cierto, la sacó Schrader del ensayo God’s lonely man de Thomas Wolfe, uno de cuyos párrafos dice así: "La soledad, lejos de ser un fenómeno raro y curioso, es el hecho central e inevitable de la existencia humana".

Cuando grabó A man alone, Sinatra tenía 59 años y, aunque se encontraba en plena madurez artística, enfilaba una profunda crisis personal. Tras más de dos años de tormentoso matrimonio, su divorcio de Mia Farrow lo sumió en una depresión que trató de exorcizar en obras como A man alone y, poco después, Watertown un extraño disco conceptual compuesto por Bob Gaudio que cuenta la historia de un hombre abandonado por su familia.

En una entrevista con la revista Life, Sinatra dijo: "Me gustaría no hacer nada durante los próximos ochos meses, quizá un año". Sus allegados apuntaban que el artista estaba harto de entretener a la gente y aburrido de cantar unas canciones que ya no le representaban. Por el contrario, las piezas incluidas en A man alone tenían mucho más que ver con el turbio momento que atravesaba Sinatra, de ahí que entone con tanto sentimiento cosas como Night, Empty is o la magistral Some travelling music, único momento del disco donde hay unas gotas de humor: "Un día encontraré una isla y allí me iré con un puñado de discos y un ukelele, y me sentaré a tocar, e incluso puede que me ponga a pensar sobre todas esas mujeres y ciudades que he dejado atrás".

Fragmento del artículo Un hombre solo, de Luis Landeira publicado en Jot Down en marzo de 2016.

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