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miércoles, 25 de noviembre de 2015

La bella Chelito



Placetas. 12 de febrero de 1885. Acababa de nacer Consuelo Portela, hija de un matrimonio español que cumplía funciones militares en la colonia. Los padres y la recién nacida se embarcarían enseguida hacia la metrópoli, sin dejar más huella en la historia de Placetas.

Al paso de los años aquella niña -crecida, bellísima- volvió a Cuba y estremeció a la sociedad habanera. Consuelo Portela se había convertido en Chelito, una de las cupletistas más famosas y aclamadas de España.

En La Habana abarrotó como nunca los teatros Payret, La Alhambra y Molino Rojo. Había aglomeraciones en la entrada, antes de su presentación. Los hombres la esperaban a la salida, la seguían por las calles de la ciudad, le hacían regalos y hasta le proponían matrimonio.

La Chelito defendía tan bien su espectáculo de cuplés picarescos que otras empresas desvinculadas de la cultura comenzaron a aprovechar la imagen de la artista para vender sus propios productos. Así aparecieron cigarros Chelito, fósforos Chelito, corbatas Chelito...

Cuentan que el número de la cupletista que más furor provocaba en el público era La pulga, en el cual la cantante iba levantándose el vestido para encontrar y deshacerse de aquel insecto. Al ritmo cadencioso de la música, con una pose entre provocativa e ingenua, la Bella Chelito descubría zonas 'prohibidas' de su cuerpo: Hay una pulga maligna / que a mí me está molestando, / porque me pica y se esconde, / y no le puedo echar mano.

Así, era lógico que el Diario de la Marina, tan conservador y puritano, atacara a la artista española. Llegaron a compararla con un Satanás libidinoso. Pero un sector entusiasta de la opinión pública exaltaba su gracia escénica y le conminaba a continuar presentándose.

Durante los quince meses que estuvo en Cuba, Chelito viajó al centro de la isla para cumplir algunos contratos. Se presentó en el teatro La Caridad de Santa Clara y en Camajuaní. Quizás llevó también su espectáculo a Sagua la Grande y a Placetas, la tierra natal que siempre quiso conocer. Los relatos de la prensa no dejan dudas sobre las presentaciones de la cupletista. Fue aplaudida, y hasta amada, en todas partes donde la conocieron.

A pesar de su popularidad, en 1928 la Chelito volvió a ser Consuelo Portela. Se retiró de los escenarios y se dedicó a otras empresas económicas. Llegó a ser dueña de un cine y de algunos edificios.

En 1957, dos años antes de su muerte, un periodista de Bohemia la entrevistó en su casa madrileña. Esa vez, la mujer que había sacudido a la sociedad habanera de principios de siglo, confesó que por mucho tiempo el rey Alfonso XIII la amó con locura. Ella, en cambio, había amado a un cubano pobre.

"Cuba es la mitad de mi corazón", dijo también aquel día. Se despidió del periodista y le pidió: "Dígales usted a los cubanos que no me olviden, que no me olviden".

Carlos Alejandro Rodríguez Martínez
La Vanguardia, 19 de agosto de 2015.


Foto: Chelito en La pulga.

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