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lunes, 28 de octubre de 2013

La Maricutana


Onorio Montás, quien creció en el barrio de San Juan Bosco junto a su madre y hermanos, recuerda perfectamente a Radhamés Reyes Alfau en los años 50, cuando el saxofonista, director y arreglista de La Voz Dominicana residía en la Avenida Francia esquina Rosa Duarte.

En un edificio de cuatro apartamentos, Reyes Alfau vivía en la segunda planta. Allí, en el silencio de la noche de una ciudad que cenaba a las siete, este músico de oficio se recogía a las diez para arrancar a las siete del día siguiente. Debajo, en la primera planta, ocupaba un apartamento la familia de Fantina Sosa, entonces estudiante del Colegio María Auxiliadora quien por las tardes practicaba el piano con la madre de Tania Báez. Un músico de la Orquesta San José rentaba otro de los apartamentos.

En el vecindario, el buen amigo Manolín Peña, los Dipp, Pappaterra, Perallón, Plinio Pina Peña, los Muñoz, las Perrota, los Catrain Bonilla, Monina Solá, los Aybar Castellanos, Luis Chanlatte Baik, los Caro, Bonetti, Mario Medina, los Schotborgh, Vilalta, Mejía, D'Alessandro, Cordero, Gazón, los de la Casa Vapor. y Johnny Morales, mi compañero de escuela. También se localizaba el Hospital Internacional, la Cruz Roja y los colegios Don Bosco y María Auxiliadora.

A Onorio, Reyes Alfau le parecía un banilejo (tacaño) blanco, con su pelo negro brilloso y sus bigoticos bien arreglados. Caminaba por las calles del barrio rumbo a su centro de trabajo, llevando debajo su portafolio con arreglos musicales. La casa de Víctor Ruiz, saxofonista de la San José residente en la calle San Juan Bosco, era punto de encuentro de Reyes Alfau, Papa Molina y el trompetista Manolo Pacheco.

Radhamés Reyes Alfau, el autor de La Maricutana, nació en 1923 en Mao (así le llaman a Santa Cruz de Mao, municipio cabecera de Valverde, provincia situada al noroeste de República Dominicana; la palabra mao es de origen taíno y significa 'tierra entre ríos'). Recibió formación académica con los maestros Emilio Arté y Gabriel del Orbe. En la versión de la rumbosa orquesta de Napoleón Zayas, resuena esa Maricutana de mi niñez lejana. "No vuelvo a pescar/ una noche clara/ Se me fue la liza/ después de agarrarla/¡Ay Tana!, la Maricutana/ ¡Ay Tana!, la Maricutana/ Me picó una avispa/ me picó una araña/ A que no me pica/ la Maricutana".

Y yo veo a Fefita, mi madre, bailándola, cantándola, dando palmadas alegres, regocijándose con Tana, la Maricutana. Actuaba para su pequeño, que era yo. Todo el mundo la interpretaba: Damirón y Chapuseaux, Billo Frómeta, Alberti, Morel, Solano, Toño Rosario, Toros Band, Juan Colón & Manuel Tejada, Alberto Beltrán, Joseito Mateo, Francis Santana y hasta el cubano Benny Moré.

Reyes Alfau, reclutado por La Voz Dominicana, fue saxofonista de la Orquesta Melódica y creó la Orquesta de Saxofones, por él dirigida. Como a Bienvenido Bustamante y a Papa Molina, su talento lo llevó a formar parte del exclusivo elenco de arreglistas de la otrora emisora oficial de radio.

"Su virtuosismo era tan grande que tenía la osadía de poder orquestar de un día para otro un repertorio. Esta hazaña la hizo cuando arregló ocho canciones. En eso, indudablemente, era un genio", nos refiere Rafael Solano, quien compartió con Reyes Alfau la producción del LP conmemorativo del 75 aniversario del grupo empresarial E. León Jimenes S.A., y en la que participó también como orquestador el trompetista Héctor de León (Cabeza).

En La Voz Dominicana, señala Fabio Herrera Roa, Reyes Alfau armó una producción especial de merengues con la participación de Isidoro Flores, las Hermanas Cruz y Tavito Peguero, en la que destacan los audaces acoplamientos de los metales, particularmente los trombones.

Un hito inicial en su carrera internacional fue el exitoso portafolio de arreglos que se llevó Alberto Beltrán a La Habana en 1954. Todas las composiciones que Beltrán grabaría con la Sonora Matancera eran dominicanas: Aunque me cueste la vida, de Kalaff; El negrito del batey, de Díaz y Guzmán; Todo me gusta de ti, de Estévez; Ignoro tu existencia, de la Mota; Te miro a ti, de Bodden y Enamorado, de Balcácer, entre otros.

Con los conjuntos de Fellito Parra y Casino, Beltrán llevaría al acetato los boleros Nuevas ansias y Te doy mi amor, así como el merengue La amanezca. Con una orquesta dirigida por Billo Frómeta ensamblada por Bebo Valdés en La Habana, en 1958 Beltrán grabó Fiesta Cibaeña y A tu lado, temas de Reyes Alfau.

Anunciado por los metales vibrantes de la Sonora Matancera y acompasado por el piano rítmico del cubano Lino Frías, con su voz de pregón dulcero, Alberto Beltrán disparaba El 19 de Reyes Alfau: Oye/ lo que quiero decirte/ fechas hay en la vida/ que nunca podemos/ jamás olvidar/ Esa/ lo sabes alma mía/ la llevaré prendida/ en mi ser como ayer/ Aquel 19 será/ el recuerdo que en mí vivirá/ Ese día/ qué feliz, tan feliz/ Esa/ lo sabes alma mía/ la llevaré prendida/ en mi ser como ayer. En 1959, el estelar Vicentico Valdés consagra el bolero Te diré muchas cosas, de Reyes Alfau.

Con el advenimiento de los días convulsos de la transición después de Trujillo, en 1962 Reyes Alfau decidió probar suerte en la vecina isla de Puerto Rico, donde se radicaría por 25 años. Allí impondría su sello de calidad. Se convertiría en el zar del jingle empleado en la publicidad comercial, cotizándose como el mejor. Sería muy demandado por artistas para producir sus discos y por agrupaciones musicales para sus orquestaciones.

El 21 de noviembre de 1965, el Banco Popular produjo el homenaje a la música de Rafael Hernández, mientras el autor de Campanitas de cristal convalecía en el Hospital de Veteranos. Fue transmitido por cadena de radio y televisión. El programa estuvo a cargo de una orquesta de 28 músicos dirigidos por Reyes Alfau. Entre otros, participaron Bobby Capó, Myrta Silva, Gilberto Monroig, Ruth Fernández, Carmen Delia Dipiní, Chucho Avellanet, Tito Puente, Raúl Dávila, Los Hispanos y el Coro de la Universidad.

En 1966, la orquesta de Tito Puente, con arreglos de Reyes Alfau y la voz de Gilberto Monroig, se reúnen en el disco de larga duración La combinación perfecta, que registra dos piezas de su autoría: Es mentira y No lo niego. Con Nydia Caro en 1967 grabó Dímelo tú, primer álbum de la artista 'newyorkrican'. Ese año, salió otro disco de Gilberto Monroig, Concierto de amor, con arreglos y acompañamiento de la orquesta de Reyes Alfau, la misma con la cual produjo el LP La Música de Sylvia Rexach, interpretada por Tato Díaz y Carmen Delia Dipiní.

Fue responsable musical del LP Tú y mi canción, de la cantautora boricua Puchi Balseiro, con la Orquesta San José dirigida por Papa Molina. Con su propia orquesta, realizó el álbum New Feeling, en el cual la Balseiro interpreta su bolero No lo niego. Otros discos: Pepe Lara sings with la Orquesta de Radhames Reyes Alfau, con el vocalista de los Chavales de España. El LP Myrta Silva le canta al corazón, con arreglos suyos y de Bustamante. En 1968, Billo montó su merengue instrumental Mi casita, que figura en el álbum Carnaval con Billo.

En pleno apogeo de su carrera, Reyes Alfau soñaba con regresar a su país, me cuenta Francisco Catrain, quien en los 70 residió en San Juan en la pensión de Hazim, al lado del maestro dominicano. Anhelaba el reconocimiento de los suyos. Onorio Montás lo reencontró en Río Piedras en casa de la bailarina Ruth Garrido y su esposo Antón Cruz, donde se reunía con Guillo Carías y Cecilia García.

Papito Moreta, quien fuera cónsul de República Dominicana en Puerto Rico, recuerda el sentido del humor de Reyes Alfau. Antes, siendo un muchacho, la familia Rivera Damirón compartió una gran casa en la esquina de las calles Cervantes con Bolívar, con las familias de Guarionex Aquino y Reyes Alfau, los dos oriundos de Mao. La casa era frecuentada por Moisés Zouain, padrino de Checheo Rivera, un consagrado publicista con el cual Reyes Alfau anduvo de la mano cuando finalmente decidió retornar a su tierra, antes de radicarse en Miami, su última morada.

En mayo de 2006 se cerró el ciclo vital de Radhamés Reyes Alfau. Tenía 82 años y había sembrado ángeles musicales en las Antillas hermanas, que aún perviven. Sus magníficos arreglos de merengues instrumentales para big bands reforzadas con violines, pueblan mi memoria agradecida.

Una verdadera sinfonía vernácula. Un sonido limpio, profesional. Nada que envidiar a lo más sofisticado del mercado musical internacional. Hay que relanzar la obra de este maestro, para goce de nuevas generaciones y gloria de la República Dominicana.

José del Castillo
Diario Libre, 17 de noviembre de 2012.
Leer también: Marc Anthony regresa a la música afrocubana. Entre las canciones más conocidas de ese disco se encuentra Hipocresía, interpretada por Anthony a ritmo salsa. Compuesta por Giordano, Alfieri y Correa, fue la canción que en 1976, en versión balada, le daría fama mundial al grupo peruano Los Pasteles Verdes. Como merengue fue popularizada por el dominicano Rubby Pérez. Rubén Blades tiene un número con el mismo título, pero su letra es de contenido social.

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