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sábado, 21 de enero de 2012

Así viví el "período especial" (X y final)


Por Tania Quintero

Por los días en que preparaba este trabajo para subir al blog, Cubaencuentro.com divulgaba que un equipo de investigadores de la Universidad John Hopkins, Estados Unidos, y otro de la Universidad de Cienfuegos, Cuba, luego de estudiar los efectos del “período especial” en la Isla, habían concluido que éste había sido beneficioso para los cubanos. Pueden leerlo aquí.


Desconozco las informaciones y estadísticas utilizadas por dichos investigadores y si libremente pudieron pesquisar y entrevistarse con cubanos que padecieron -y muchos todavía padecen- las secuelas del “período especial en tiempos de paz”. Pero de lo que sí estoy segura es de que ninguno de ellos lo vivió in situ como lo viví yo, mi familia, mis vecinos, mis amigos...

Es excelente montar bicicleta todos los días. Pero cuando se ha podido desayunar y cuando por lo menos se puede hacer una buena comida caliente al día. Es excelente cuando se tiene una bicicleta adecuada a tu peso y tamaño; cuando se dispone de un casco protector, luces, chalecos fluorescentes y otros aditamentos que te garanticen un mínimo de seguridad en la vía, sobre todo cuando pedaleas de noche en calles oscuras o semioscuras.

Según cifras extraoficiales, entre 1991-2001, década crucial del “período especial”, habría sido considerable el número de ciclistas fallecidos, heridos o con traumatismos de diversa intensidad, como consecuencia de accidentes de tránsito que hubieran podido evitarse.

A diferencia de China, Vietnam y Holanda, entre otras naciones, la población cubana no ha sido educada para utilizar la bicicleta como medio casi obligado de transporte diario. En Suiza, por ejemplo, a los niños desde pequeñitos no sólo se les enseña a montar bicicleta, sino a conocer las leyes del tránsito. Las velos son muy usadas por tratarse de un vehículo no contaminante del ambiente, algo que también me parece estupendo.

Pero en el caso de Cuba, el aporte ecológico es escaso: el número de autos particulares, además de obsoletos es insignificante; y porque lo que las bicicletas no ensucian, lo ensucian y en grado superlativo, esos mismos autos viejos, así como los ómnibus y camellos, que circulan por las calles soltando monóxido de carbono a tutiplén (en 1987, hice un programa televisivo sobre el tema, Veneno sobre ruedas se titulaba).

Antes de 1959, a los niños, solían regalarles velocípedos y bicicletas por Navidad y Día de los Reyes, y éstos las utilizaban en sus ratos libres como distracción o deporte. Después que el ejército de barbudos llegó, mandó a parar, todo comenzó a desaparecer y lo que quedó a ser destruido, las bicicletas se convirtieron en un objeto anacrónico. Al no venderlas más, las existentes fueron rompiéndose y sólo unas pocas en toda la Isla lograron sobrevivir al paso de la desidia y del tiempo.

Las bicicletas socialistas llegaron en 1990, junto con el “período especial”: primero las chinas, para vender a estudiantes y trabajadores en moneda nacional, y después las capitalistas, que se podían adquirir tras la despenalización del dólar, en julio de 1993. Como ya escribí, con la reapertura en 1994 de los mercados libres campesinos, comenzó a mejorar la situación alimentaria y, con ella, los ciclistas a poder comer mejor y aumentar un poco de peso. Hasta entonces, parecían anoréxicos pedaleando.

Dudosa, al menos para mí, es la afirmación de que mermaron los casos de diabéticos. No sé cómo esto se produjo, porque al cubano siempre le gustó comer postres y dulces, y al no poder tenerlos, empezó a tomar agua con azúcar, prieta o blanca, dos, tres, cuatro veces al día (la famosa “sopa de gallo”). Muchas personas por desayuno tomaban cocimiento de hojas de naranja, limón, salvia, romerillo o cualquier otra planta o yerba de agradable sabor. Ese “té” lo tomaban caliente, bien endulzado, y así poder comenzar el día con “suficiente energía”.

La falta de vitamina A y de Beta-caroteno afectó la vista de una cantidad indeterminada de cubanos y a otras, como fue mi caso, se los agravó. Las neuritis y polineuritis no fueron un invento: todavía muchos no han podido recobrarse del daño causado a su organismo por la no ingestión de vitaminas ni minerales.

Casos de estreñimiento, hemorroides y otros trastornos intestinales se presentaron en aquellas personas cuyo organismo necesitaba consumir aceite vegetal dos o tres veces por semana como mínimo.

La ausencia de calcio en la dieta diaria ocasionó que las ya deficientes dentaduras de los cubanos comenzara a tener más caries y problemas odontológicos. Y no fueron aislados los casos de personas, más o menos viejas, a quienes se les empezaron a caer dientes y muelas. La falta o disminución de calcio también debe haber afectado en los procesos de cambios de dentición en los niños que tuvieron la mala suerte de nacer entre 1991 y 2001 y no pertenecer a familias “condólares”.

En mi opinión, las dos peores consecuencias del 'período especial en tiempos de paz fueron:

- La enorme cantidad de niños bajos de peso y talla que a partir del “período especial” empezaron a nacer (años después trataron de remediar la situación distribuyendo a estos niños una cuota extra de arroz, frijoles, pastas, aceite...

- Y aunque mucho antes de esa época las mujeres comenzaron a tratar de aliviar la escasez y penurias que la revolución les trajo teniendo un solo un hijo, si acaso dos, fue durante el “período especial” cuando las cubanas dijeron NO y dejaron de parir: si salían embarazadas, se hacían un aborto. El resultado es bien conocido: el decrecimiento y envejecimiento de la población.

Todo ello al margen de depresiones y divorcios; aumento de la violencia doméstica y callejera, y de los índices de tabaquismo, alcoholismo, prostitución, juego ilícito, corrupción, actividades delictivas, suicidios y de muertes evitables, como la del doctor Desiderio García.

Video: Carros antigos - Cuba - Triciclos. Subido a You Tube el 20 de junio de 2009 por ranimiro100.

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