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sábado, 5 de febrero de 2011

Violencia doméstica: en Cuba también existe


Por Iván García

Ana, 25 años, es una excepción de la regla. Cuando hace unas semanas su marido le propinó una salvaje golpiza, se dirigió al hospital más cercano. Después de recibir doce puntos de sutura en la cabeza y la ceja izquierda, fue a la unidad policial y denunció a su esposo por malos tratos.

Ahora el marido de Ana, padre de su hija de 4 años, está pendiente de una causa judicial por la cual pudiese cumplir hasta dos años de cárcel. Pero en Cuba no todas las mujeres se deciden a denunciar los casos de agresiones físicas.

Y no son pocos. La violencia entre parejas se ha exacerbado. Un sociólogo consultado piensa que la estacionaria crisis económica y el tradicional machismo pudiesen ser las causas.

“Mire usted, hay una franja amplia de jóvenes matrimonios, que tienen que vivir en el mismo techo con cuatro generaciones diferentes. Apenas tienen intimidad. Súmele a esto, que el desempleo y la falta de futuro afecta en grado superlativo a la juventud”.

Es un elemento de peso. Cierto que el déficit habitacional es bestial. Y aún los que viven solos tienen una carga pesada. Recuerden que el 60% de las viviendas en la isla están en regular o mal estado.

Repararlas es casi un milagro. Al no tener moneda dura, esas parejas viven en condiciones precarias. Y el dinero que consiguen es para tratar de alimentarse lo mejor posible.

“Hace dos años, mi esposo y yo planificamos tener un hijo. Pero en las difíciles condiciones que vivimos, no es posible. Las discusiones entre nosotros se desatan por los motivos más simples. Gracias a Dios, él nunca me ha pegado”, cuenta Teresa, 29 años.

A la pregunta si ella lo denunciaría si recibiera maltratos corporales, reflexiona unos segundos y dice: “No, creo que le daría una oportunidad. Sé por la situación que está pasando. Sin trabajo, dinero y con escaso futuro”.

Como Teresa, muchas cubanas suelen ser condescendientes con sus maridos. Alegan que llevan varios años juntos, es el padre de sus hijos y es un buen tipo... cuando no está borracho.

Un oficial de la policía señaló que aunque han aumentado ligeramente las denuncias por malos tratos en las parejas, no son proporcionales a lo en realidad ocurr. Incluso, aseveró, el procedimiento policial no suele ser riguroso.

“Casi siempre hablamos con las partes implicadas, para que levanten la denuncia. Sólo cuando la mantienen, es que procedemos. Creo que entre marido y mujer, nadie se debe meter”, opina el oficial.

Los malos tratos no se limitan a los matrimonios. Es habitual ver a padres darles soberanas palizas a sus hijos cuando tienen un comportamiento incorrecto. En las familias, la violencia física va en aumento.

Ubaldo cumple 25 años de cárcel por matar intencionalmente a su hermano. Lo va lamentar toda su vida. Y por un motivo simple.

Al llegar una noche, borracho y hambriento, se percató que el hermano se había comido su cena. Se fueron a las manos y se golpearon con brutalidad. Ubaldo salió mal parado. Decidió tomar revancha. Dos días después, mientras dormía, lo acuchilló. Una sola puñalada. Certera y mortal.

No siempre se llega a desenlaces fatales. Pero en la tranquilidad de las noches habaneras, es habitual sentir una algarabía infernal debido a una riña en una casa o en la calle. Existen vecinos morbosos que lo disfrutan. Como un culebrón en tiempo real.

En Cuba, las estadísticas son secreto de Estado. Se desconoce con exactitud la cifra de sucesos violentos en el ámbito doméstico. Menos aún se sabe de la agresividad verbal, que hace rato forma parte de las relaciones entre los cubanos. Es lo más natural.

Imagen: Mujer llorando, cuadro del pintor colombiano Fernando Botero.

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