Google
 

lunes, 31 de enero de 2011

Jugar a matar


Por Iván García

Ahora mismo, el enemigo personal de Edna es el Xbox. Madre soltera de 43 años, ella creyó resolver el gran problema de las escasas opciones recreativas para su hijo, pidiéndole a sus parientes en Miami que le enviaran un soberbio y sofisticado equipo de videojuegos de Microsoft.

“Pensaba que mi hijo Michael, de 11 años, podría estar más tiempo en casa. Él era adicto a los videojuegos y en un mes a veces pagaba hasta 50 pesos convertibles (60 dólares) para que jugara en el piso de un vecino que alquilaba su equipo a un “chavito” (un dólar) la hora”, cuenta Edna.

La buena idea ha devenido en adversidad. El chico se conecta con Xbox desde que llega de la escuela. No hace vida social. Junto a sus amigos, que vienen en racimo a sentarse en la sala, toman los mandos para jugar compulsivamente a juegos ultra violentos que proliferan en el mercado.

A Michael poco le interesa la escuela. En horas de clases, no se concentra en los estudios y se la pasa hablando de la última versión de algún sanguinario videojuego. O escapa hacia la casa, para mejorar sus habilidades asesinas a la hora de matar virtualmente.

El objetivo de Michael es ser el mejor ‘killer’ entre sus colegas del barrio. Según Edna, a ratos, se ha levantado en plena madrugada y lo ha visto atrapado con el Xbox.

Las manías de su hijo le preocupan muchísimo. Lo lleva a la consulta de un sicólogo, quien sin éxito intenta desintoxicarlo de la adicción. Tanta violencia virtual le está pasando factura a Michael. Se ha vuelto un chico impulsivo y de pocas palabras.

Los videojuegos no constituyen un problema grave en Cuba, como suele suceder en países del primer mundo. Pero es un fenómeno a tomar en cuenta.

La industria del ocio es un negocio que estremece. Mueve 48 mil millones de dólares al año, que dejan sin aire los 8 mil millones que se invierten en el cine. Y apunta gastar más plata. Según tanques pensantes, analistas y expertos en el tema, a la vuelta de un lustro esta industria podría convertirse en la séptima en importancia, sólo superada por la de armamentos, drogas, prostitución, casinos, alimentos y medicinas.

Geográficamente, Cuba está más cerca de Estados Unidos de lo que Fidel Castro hubiese deseado. A pesar de ser una nación embargada comercialmente por los americanos, y desde hace 51 años gobernada de forma autoritaria y negando un puñado de libertades, el último grito de la tecnología estadounidense llega enseguida a la isla.

Tal es el caso de los ordenadores Apple, el Iphone o los Xbox de última generación. También llegan los peores y más violentos videojuegos. Muchos niños y adolescentes los consumen a destajo.

Algunos padres no creen que tanto fanatismo virtual sea dañino. Puede que así sea. Pero la adicción a juegos de sangre y muerte ha provocado no pocos sucesos trágicos en Estados Unidos.

En Cuba la violencia juvenil no llega a esos extremos, pero calladamente ha ido aumentando. Debido a las innumerables carencias materiales, siempre habrá que tener un ojo avizor en las consecuencias dañinas que en los menores pueda producir la adicción a videojuegos violentos.

Edna no piensa que su hijo sea capaz de coger un cuchillo afilado de la cocina y apuñalear a cualquiera. Aunque cuando observa su comportamiento agresivo tiene sus dudas. Nunca se sabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario