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lunes, 5 de julio de 2021

De la vida de Juan José Portillo (I)



Cuando supe que al abuelo de Yolanda Portillo, cantante nacida en Herencia, Ciudad Real, Castilla La Mancha, España, que un buen día descubrió el bolero y el feeling cubano (en este blog, el pasado mes de junio le dediqué cuatro posts) lo habían fusilado en 1943, a través de su familia, quiero rendirle homenaje a los cientos de miles de españoles fusilados, mutilados, desaparecidos y exiliados antes, durante y después de la Guerra Civil Española, una guerra de la que tanto en mi niñez habanera escuché hablar y llegué a aprenderme la letra de algunas canciones republicanas que muchos cubanos de mi época tarareaban como Ay, Carmela.

Del libro Vida, Camino y Luz que en 2017 finalmente publicara, después de varios años escribiéndolo, Juan José Portillo Sánchez-Aguilera, el niño que en 1943 quedó huérfano junto con su hermano, copio lo que contó sobre su progenitor, Juan José Portillo Gallego:

Mi padre, a quien no tuve la suerte conocer mucho, era un hombre fuerte, de estatura normal, ojos grandes, cara redonda y barba espesa; simpático, alegre y con un gran respeto hacia los demás. Hay muchas cosas que un hijo puede adjudicar a un padre como es lógico. Algunas de estas cosas que digo de mi padre son de escritos suyos y de dichos de personas que me lo tienen contado, que llegaron a conocerlo y por supuesto, de mi misma madre, Concepción Sánchez-Aguilera Medina.

Lo recuerdo entre la edad de dos, tres y cuatro años, de fabricarme juguetes en la cárcel con sus escasos medios, de cogerme en sus brazos y de comerme a besos junto a las rejas de la prisión donde se encontraba por defender un ideal que nadie, sólo Dios, sabe si estaba equivocado, puesto que los hombres ya sabemos que pocas veces estamos en lo cierto.

Murió fusilado por ametrallamiento a la mismísima edad de Cristo, con 33 años resplandecientes, una madrugada del 12 de marzo de 1943.

Sé también que murió en gracia de Dios, por sus escritos que obran en mi poder, dejando dos hijos huérfanos, mi hermano con tres años y un servidor con mis escasos cuatro años, junto a una viuda, mi pobre madre, inofensiva, de la que tendré ocasión de hablar en este testimonio de mi vida. A mi madre mucha gente de nuestro pueblo la ha conocido, otros no, fue una mujer sencillísima, callada, analfabeta y pequeña, al igual que yo.

No tenía lujos, puesto que no se los podía permitir, también era trabajadora, buena madre, leal, honrada, fiel e inteligente, y con todo lo que un hijo, fiel a su madre, pueda escribir. Quien la conoció sabe que no me propaso ni un solo ápice, ya que ahora, tras su muerte, y ya en la morada de Dios, veo muchísimas más cualidades que en su vida terrenal no había apreciado.

Pese a las duras condiciones carcelarias, el padre Juan José se las agenció para enviarle cartas y postales a su esposa, madre de sus dos hijos.

Mi querida esposa,

Cuatro letras para que sepas por ellas que sigo igual pues mi deseo es de que vosotros estéis bien en unión de nuestra querida madre, hijos y demás familia, gracias a Dios.

Concha, recibí la tuya con fecha del 13 del corriente y por ella quedo enterado de todo cuanto me dices. Con respecto a lo de Manuel, Atana y Martín pues les dices que a mí no me han puesto fecha, pero lo que sí es cierto que cuando pasó eso con esos personajes, estábamos en Ciudad Real que ellos también se acordarán, que estuvimos cinco días y yo digo que estos días fue cuando pasó, según nos enteramos después de estar en el pueblo.

Concha, también te digo que te acerques en casa de mi prima Isabel y le dices que haga por darte eso pues me interesa mucho, así es que la que venga que me lo traiga, así es que no lo eches en el olvido.

También te digo que me ha dado enfado que no te haya dado los cacharros la mujer del forraje, pero en fin qué vamos a hacer, que sea lo que Dios quiera pues todos los llevábamos siempre.

Concha, hoy mismo me comunico con la hermana de Ruperto, que me ha dicho que quedábais muy bien, también ella te dirá que me ha visto.

También le digo a tu hermano Sabino que como está su chico, pues me supongo que ya estaba bien, como es mi deseo, para ver si ya puede venir a ver a su amigo.

Concha, sin otra cosa más por hoy, muchos besos para nuestros queridos hijos, recuerdos para tus hermanos, tu hermano, su mujer y sus chicas, Mariano, sus chicas, para ti, Jesús y para todo el que pregunte por mí de este tu esposo, tú recibes un fuerte abrazo colmado de besos en unión de nuestra querida madre e hijos de este

Juan José Portillo
Ciudad Real, 18 del II de 1943.

Esa postal, fechada el 18 de febrero de 1943, fue la última que pudo enviarle a su esposa antes de ser fusilado el 12 de marzo de 1943.

Tania Quintero

Foto: Sentado, Juan José Portillo Gallego. De pie, Antonio Merino Iniesta, marido de María Dolores, la hermana de Concha, como era conocida Concepción Sánchez-Aguilera Medina, la esposa de Juan José. Cortesía de la familia.

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